N. de la A.: Como todos ustedes son tan especiales trabajé súper rápido para poder terminar este capítulo antes de lo normal, ya que las vacaciones me van a robar gran parte de mi tiempo a fines de esta semana. :)

Capítulo nueve: "Arriesgarlo todo"

Yuki se sentía muy débil, pero siguió aferrándose a Kaname y presionando la cabeza contra el hombro del vampiro mientras Rido tomaba de su cuello. Para ella, esto no era necesariamente una violación, aunque sí era doloroso y tenía más miedo del que hubiera gustado admitir. Nunca había sido así con Zero. De alguna manera, con él había sido… placentero, para ser honesta, cosa que nunca quiso decirle al saber lo mucho que le afectaba todo el asunto. Sin embargo, no estaba completamente aterrorizada, ya que mientras estuviera cerca de Kaname todo estaba bien, incluso si el purasangre era incapaz de ayudarla. Se concentró en los latidos del corazón del joven sobre su pecho y en la calidez que irradiaban sus mejillas contra las suyas.

La ira de Kaname era una cosa tangible y palpable dentro de la habitación hasta tal punto que parecía hacer descender la temperatura a grados bajo cero y tragarse la luz como furiosas nubes de tormenta.

Yuki tiritó y lo abrazó más fuerte. El frío le llegaba hasta la médula de los huesos y la tormenta de furia la golpeaba tanto como a los demás.

─Kaname… ─susurró suavemente contra el cuello del joven en tono de súplica─ abrázame…

Recién en ese momento, al saber que no había nada más que pudiera hacer y dándose cuenta de que estaba incomodando a Yuki, Kaname dejó que las llamas de su ira se aplacaran un poco. Tenía las manos atadas sobre la cabeza, pero aún así la abrazó tanto como pudo con su voluntad y cuidado, presionando nuevamente su cara contra los cabellos de la muchacha mientras trataba de darle toda la fuerza y calidez que quedaba en su cuerpo debilitado.

─Perdón… perdón… ─murmuró con voz ronca. Ella no estaría aquí, pasando por esto, si no fuera por él. Arruinaba todo en lo que ponía las manos encima, incluso a esta flor pura y pequeña, cuya inocencia había tratado de proteger de todo, hasta de sus propios recuerdos.

Cuando Kaname se quedó quieto, en un gesto que Rido malinterpretó como derrota, su tío la soltó. Después de todo, no quería lastimarla y aunque la había dejado muy débil y con el cuello en terribles condiciones no la había puesto en ningún peligro serio. El que tenía que hacer eso, el que tenía que matarla, era Kaname. Ella era meramente un peón y Rido sólo estaba usándola para jugar.

Mientras se limpiaba la sangre de la boca con lentitud, Rido le hizo una mueca satisfecha a Kaname y asintió con la cabeza, dando media vuelta y llevándose a Ichijo atrás suyo.

─Es deliciosa, sobrino… no sabes lo que te estás perdiendo… ─se burló al irse, antes de cerrar la puerta a sus espaldas.

Kaname siguió abrazando a Yuki, aunque dadas las posiciones en que habían sido dejados, ninguno de los dos tenía muchas otras opciones que digamos. Se veía claramente que la joven había perdido mucha sangre y su pequeño peso descansaba laxo contra el muchacho.

─El cuerpo de Shiki no es purasangre, pese a que mi tío lo está poseyendo. No te puede hacer ningún daño duradero, Yuki… ─susurró con ternura y queriendo darle fuerzas. La cruda verdad, y eso lo sabía muy bien, era que el único que le podía hacer un daño inalterable era él.

Yuki suspiró suavemente contra el hombro del joven, sintiéndose mucho mejor ahora que estaban los dos solos, aunque todavía seguía un poco mareada. Esta sensación de debilidad se le pasaría, lo sabía por experiencia y ya no estaba tan asustada, al menos no por sí misma, ya que aún sentía un miedo amargo por lo que le podría ocurrir al purasangre.

─La próxima vez… muérdeme, Kaname ─murmuró mientras cerraba los ojos. Sabía que no lo haría ahora, teniendo en cuenta el estado de su cuerpo─ No estarías tomando nada que yo no quisiera dar y… prefiero morir antes que perderte─ la frase fue dicha en una voz tan baja que resultó casi inaudible. Pero Kaname la escuchó y sus ojos ardieron de una forma extraña y parpadeó para aclararse la vista.

La besó suavemente en el pelo y luego en la mejilla.

─Eso no va a pasar, querida… no te preocupes, todo va a salir bien, tú descansa ─Kaname logró juntar por ella la suficiente energía persuasiva como para hacer que Yuki se relajara entre sus brazos, a pesar de las circunstancias y a pesar de que él mismo casi no creía en sus propias palabras. Ella confiaba mucho en él y esta vez Kaname tenía miedo de finalmente probar lo poco que merecía esa confianza ciega. No sabía cómo los iba a salvar… a ninguno de los dos.


A Zero se le revolvió el estómago. Yuki estaba aquí… tenía que estar aquí. Y… ese sonido… él sabía muy bien que no lo había emitido ella, pero… Con la pistola en la mano comenzó a caminar hacia adelante.

─No tenemos tiempo de esperar hasta que la tormenta pare ni de ir a buscar ayuda. Yo voy a entrar.

No le importaba si ellos dos solos tenían que asaltar la casa, pero tenían que ingresar de alguna manera. Una parte del ex humano pensaba que Aido iba a tratar de detenerlo y el joven estaba preparado para sacárselo de encima e ir por su cuenta, si así lo requería la situación… pero el otro vampiro no hizo tal cosa, sino que igualó la velocidad de los pasos de Zero y lo tomó del brazo para guiarlo hacia la derecha, todavía abrazando las sombras de los árboles que goteaban y les servían de escondite.

─Yo estuve antes en este lugar. Fue hace mucho tiempo, pero conozco una entrada trasera que podría estar menos vigilada. Takuma me la mostró. Dijo que era una de las salidas que usaban de chicos con Kaname para escaparse de la casa sin que nadie se diera cuenta ─Aido no pudo esconder la mueca de preocupación que le pasó por el rostro ante su mención del joven Ichijo. No habían sabido nada de Takuma ni de Shiki desde que ambos no habían regresado a la escuela después de las vacaciones, aunque por lo menos ahora no quedaban dudas del paradero del primero. Francamente, a Aido le resultaba difícil creer que el alegre y descuidado vise presidente de la Residencia Luna hubiera traicionado a Kaname de propia voluntad, uniéndose a los planes que con toda seguridad había tramado su abuelo, pero si éste era el caso… entonces el noble no se inclinaría a tratarlo con misericordia, ni aunque Takuma hubiera sido obligado a participar en dicho complot.

A Zero, por otro lado, le resultaba extrañamente complicado imaginarse a Kaname de chico, a pesar de que cuando lo había visto por primera vez en la casa del Director se veía mucho más joven que ahora, incluso siendo mayor que él y Yuki. Estos pensamientos desaparecieron tan rápido como habían llegado mientras el ex humano seguía al aristócrata, quien lo guiaba por la periferia de los terrenos que se elevaban a medida que se iban avanzando por la empinada colina.

Se iban acercando a la mansión y entretanto los árboles se volvían más escasos y delgados a causa de la tierra cada vez más estéril e inhóspita. El suelo cubierto de musgo y empapado por el agua de lluvia se separaba de las rocas de granito como encías de dientes desiguales y ásperos. Estas piedras al principio les llagaban a las rodillas y en algunas partes eran tan altas que sobrepasaban las cabezas de los dos vampiros. El costado de la colina por el que avanzaban era un acantilado más que cualquier otra cosa, haciéndolo un camino muy poco usado. Sin embargo, los escondía muy bien y ambos jóvenes continuaron subiendo la dura cuesta sobre manos y pies.

Sin árboles que pararan el viento, la tormenta los azotaba como más libertad y las ráfagas hacían que la lluvia silbara por entre las rocas y usara sus mechones de pelo para pegarles en la cara, tirando con fuerza de sus sobretodos oscuros y llevando gotas de agua a sus ojos. Completamente empapados, los dos avanzaron en silencio y con mucho esfuerzo.

De vez en cuando, los rayos de un relámpago quebraban el cielo, obligando a los muchachos a quedarse inmóviles entre las sombras de lo que tuvieran más a mano para no ser descubiertos por alguna mirada casual desde la casa que ahora se erguía amenazadora frente a ellos.

Zero rápidamente se acostumbró a ponerse una mano sobre los ojos para evitar la fuerte luz y hacer que luego su visión normal regresara en menos tiempo una vez que se hubiera extinguido el relámpago. Tanto él como Aido podían ver perfectamente en la oscuridad, pero para su mala fortuna, sabían que esta habilidad también la poseían quienes estuvieran protegiendo la casa.

Parpadeando para hacer desaparecer los puntos blancos de su vista, Zero trepó y se deslizó como una serpiente por entre medio de las rocas resbaladizas y sueltas, mirando fijamente la espalda de Aido hasta poder acostumbrarse a la oscuridad. Al noble no parecían afectarle tanto los cambios de luminosidad y observó al ex humano por sobre su hombro y con impaciencia cuando éste tardó un poco en volver a moverse.

Para cuando llegaron a la cima, sus manos dolían por el frío y estaban raspadas y sangrando por haberse agarrado con fuerza a las piedras mojadas y ásperas, aunque ambos ignoraron estos hechos, ya que al instante los cortes habían empezado a sanar. Frente a ellos se erigía la oscura e imponente mansión Ichijo. A decir verdad, su forma era algo amenazadora, como una bestia fingiendo estar dormida para atraerlos a sus fauces. Zero había puesto la pistola bajo su camisa durante la larga subida, pero la volvió a sacar mientras caminaba con cautela hacia la casa.

Ahora, con las rocas a sus espaldas y un jardín extenso, vacío y prolijamente dispuesto que los separaba de la parte posterior de la vivienda, era cuando se enfrentaban con el mayor peligro. El agua de lluvia formaba profundos charcos en las losas y verandas y los árboles decorativos y pequeños arbustos danzaban como locos en el viento.

De repente, unas figuras negras aparecieron entre los árboles bailarines, formas que no eran ni plantas ni matorrales. Con la lluvia que confundía sus sentidos del olfato, ninguno de los jóvenes se dio cuenta que habían sido descubiertos hasta que esas sombras se les lanzaron rápidamente encima.

Zero elevó su arma pero Aido le bajo el brazo de un golpe.

─¡Eso va a atraer a todo el mundo!

El noble se había arrodillado, poniendo ambas manos sobre las rocas gruesas que pavimentaban el piso… y súbitamente, el suelo se puso blanco. Hielo salió del vampiro como una onda expansiva, congelando y solidificando la superficie en todas direcciones y transformando charcos en áreas vidriosas, traicioneras y terriblemente resbaladizas por la lluvia que caía sobre ellas con persistencia.

Zero tuvo que admitir que Aido tenía razón, entre menos atención llamaran, mejor; pero temía que cualquier posibilidad de tener el elemento sorpresa de su lado cuando entraran a la casa ya se hubiera desvanecido. El jardín sorpresivamente congelado lo agarró con la guardia baja, pero se recuperó con rapidez; no tenían tiempo que perder. La ola de agresores se volvió una avalancha de gente desordenada que caía, se tropezaba y patinaba sobre el terreno traidor.

Aprovechando la oportunidad, Aido y Zero se lanzaron a la lucha, revoleando sus puños y tratando de derribar a los guardias sin hacer demasiado ruido. Era difícil ver entre la tormenta y el caos, pero el ex humano al menos pudo notar que estos atacantes estaban vestidos de igual forma que los asesinos que habían ido a buscar a Kaname, como si para este punto necesitaran más pruebas de que Ichijo tenía algo que ver en todo esto.

Un grito de alarma se escuchó desde la casa y el corazón de Zero se le hundió hasta el estómago ¡Ya era demasiado tarde! En cuestión de segundos, el área iba a estar infestada de guardias.

Lo mismo pareció haber pasado por la cabeza del noble quien ,después de patear con fuerza a uno de los hombres que tenía más cerca, dirigió una rápida mirada a la mansión y luego al ex humano.

─¡La entrada de servicio, a la izquierda, atrás de las azaleas! ¡Encuentra a Yuki y a Kaname! ─le ordenó Aido, agarrando al ex humano por el sobretodo y prácticamente tirándolo hacia la dirección mencionada antes de darse media vuelta, dejando inconsciente a un vampiro de un golpe y recibiendo un gancho en el hombro bastante fuerte. El noble cayó al suelo, pero rodó justo a tiempo para evitar el filo de un sable y se puso rápidamente de pie. Su respiración estaba muy agitada y palpitaba en su pecho por el miedo y el esfuerzo. A decir verdad, había pasado demasiado tiempo siendo un alumno mimado en vez de haber estado en el gimnasio para desarrollar el poder que le deba su sangre aristócrata, aunque afortunadamente su gran determinación y habilidad natural por lo menos le servían de algo.

Zero se tropezó y patinó sobre el suelo resbaladizo, logrando recuperar el equilibrio al mismo tiempo que se daba cuenta lo que Aido pretendía. Mandaba al ex humano a la casa con la esperanza de que pudiera encontrar a los demás mientras él se quedaba atrás, peleando y creando la mayor distracción posible.

Por un momento, Zero no supo qué hacer. Aido ya estaba rodeado de una masa compacta de figuras negras y que al parecer no habían visto desaparecer al cazador en medio del caos. El noble luchaba con una velocidad impresionante, pero aún así recibió otro derechazo en las costillas que no pudo esquivar a tiempo y el ex humano casi regresó para ayudarlo cuando lo vio caer sobre una rodilla, en peligro de ser derribado frente a la desventaja numérica en la que estaba.

Pero Aido no era ninguna presa fácil y tomando la pierna de su atacante más cercano, puso la palma de la otra mano firmemente sobre el suelo y otra vez el hielo cristalino se formó a sus órdenes con una rapidez enceguecedora. Unas cadenas heladas atraparon los pies del vampiro que se había cruzado en el camino del noble y continuaron expandiéndose para hacer los mismo con las piernas de los demás. Eran demasiados como para poder inmovilizarlos a todos pero los enlenteció, ya que tenían que tirar con fuerza de sus miembros para liberarse, maldiciendo y gritando por la ira y la sorpresa. Ese momento de respiro fue lo que Aido necesitaba para volver a levantarse, exhausto y sangrando pero ni cerca de encontrarse derrotado.

Zero tomó una decisión, rezando porque el noble supiera lo que hacía y no terminara pagando por esto un precio demasiado alto. Dio media vuelta y corrió hacia la casa. En plena luz del día, Zero probablemente no hubiera podido diferenciar una maldita azalea de las millones de otras variedades de plantas que había en el jardín. De noche y en medio de una tormenta ni siquiera se molestó en hacer el intento, sino que buscó apresuradamente en la pared hasta encontrar en los últimos metros una puerta escondida y carente de cualquier posible obstrucción para que los sirvientes pudieran ir y venir sin molestar a sus superiores.

Mientras alcanzaba la entrada escuchó un grito a sus espaldas. No sabía si era de rabia o dolor pero definitivamente no había sido la voz de Aido. El aire explotó en una ola de viento helado y pedazos de hielo. Las gotas de lluvia se cristalizaron y pasaron a ser bolitas peligrosas y penetrantes de granizo que caían de los cielos. Zero frunció el ceño y poniendo los brazos arriba de su cabeza para protegerse de la metralla de artillería se dirigió a la puerta. Miró por sobre su hombro, tratando de ver a Aido pero los ardientes rayos de un relámpago desgarraron las altas nubes y la fuerte luz lo obligó a esconder la cabeza.

Abrió la puerta de un tirón y se metió adentro, cerrándola, trabándola y esperando que el rayo y las cosas que habían pasado ahí afuera hubieran evitado que alguien viera a dónde se había ido. Sinceramente, Zero rezaba por que al noble estuviera bien, pero sabía que ahora estaba por su cuenta. No tardarían en descubrirlo, así que tenía pocos minutos para encontrar a dos personas en una mansión en la que nunca antes había estado.

Si, claro. Era pan comido.

Pasándose una mano por el pelo plateado y casi congelado, el ex humano se sacó el hielo y agua que lo cubría. Comenzó a caminar por el pasillo, eligiendo una dirección al azar por el simple hecho de que se tenía que mover y para este punto todo valía. Se daba cuenta que estaba dejando rastros de agua por donde pasaba pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Lo único que le quedaba hacer era apurarse.

El cosquilleo en su nuca le volvió a llamar la atención y esta vez no trató de apagarlo, por más extraño e incómodo que fuera. Sabía que eso era lo que lo conectaba con Kaname y si lo podía usar entonces lo haría. Al principio sus pasos fueron vacilantes, pero su confianza fue creciendo rápidamente a medida que continuaba con su trayecto y se concentraba en el silbido palpitante de su sangre, dejando que lo guiará cada vez más adentro de las entrañas de la mansión desconocida.


Inquieto, Takuma caminaba por la habitación y miraba la ventana, preguntándose cuán terrible podría ser la caída hasta el suelo. Su cuarto estaba en la parte más alta de una de las torres de la mansión y cuatro o cinco pisos lo separaban del jardín que había debajo. Con Kaname, una vez habían salido por esa misma ventana, tratando de bajar agarrándose con sus garras a la pared. En ese momento había parecido una buena idea, ya que la habitación de Takuma daba a la parte posterior de la casa y había muy pocas probabilidades de que los vieran. Sin embargo, el noble se resbaló, Kaname intentó ayudarlo y ambos cayeron al piso. Él terminó con una concusión y el purasangre con un brazo roto en dos lugares, aunque las heridas se les curaron rápidamente. El castigo recayó sobre Takuma, a pesar de haber sido Kaname el de la idea. Ese tipo de cosas… habían pasado muchas veces, pero la naturaleza relajada y tranquila del rubio sumada al arrepentimiento silencioso de Kaname hacían que dichos incidentes nunca hubieran generado ningún problema serio entre los dos.

El joven se puso frente a la ventana y abrió las cortinas, observando cómo la lluvia oscura golpeaba contra el vidrio sobre el fondo opaco y negrusco del cielo nocturno. Kaname ¿realmente estás aquí? ¿Esta vez eres tú quien está en problemas? Intentaba decirse que estaba imaginando cosas. Ese sonido no pudo haber sido hecho por el purasangre. Estaba a punto de hacer algo precipitado y probablemente lo único que iba a conseguir era meterse en líos con su abuelo por andar persiguiendo sombras…

De repente, el vidrio se resquebrajó y el sonido de un golpe seco hizo retroceder al joven de un salto. La lluvia dejó de ceder frente a la ventana y sin previo aviso comenzó a chocar contra ella en forma de mil bolitas pequeñas y duras: la lluvia se había transformado inexplicablemente en granizo.

Una fina capa de escarcha congeló el vidrio roto como si una brisa ártica hubiera pegado contra el costado de la casa, helando incluso hasta a las gotas que caían del cielo. Segundos después, un relámpago de luz brillante y enceguecedora iluminó la extraña escena. El otoño ya se estaba acercando, pero todavía faltaba para la época de granizo o las heladas.

Los ojos de Takuma se abrieron de par en par y rápidamente abrió la ventana, sacando el protector que tenía contra la tormenta para poder asomar la cabeza, a pesar del clima raro y peligroso, y averiguar qué estaba pasando. Se puso las manos sobre la cabeza, cubriéndose sólo de forma parcial frente a los dardos filosos de hielo mientras forzaba la vista en medio de la tempestad. Igualmente, el granizo ya estaba parando, convirtiéndose otra vez en una fría lluvia que hacía que sus mechones de pelo castaño claro le pegaran en la cara.

Abajo, distinguió movimiento. A través del aguacero, su aguda vista le indicó que del otro lado de la casa, cerca del lugar donde la colina comenzaba a descender, había una especie de pelea. Gran parte del jardín había sido transformada en una escalofriante escultura de hielo, más propia de algún festival de invierno que de una tormenta otoñal. El pasto y el sendero de piedras brillaban con un color blancuzco mientras que de los árboles y arbustos, con sus hojas cubiertas de escarcha, colgaban estalactitas de agua congelada. Había sólo una explicación posible para tal explosión de hielo y Takuma estuvo más que seguro de ver por un segundo algo de pelo rubio y la imagen de una cara familiar.

¡Aido!

Aido estaba peleando con al menos siete de los hitokiri de su abuelo. Las figuras oscuras en el suelo mostraban que algunos ya habían caído, pero el noble parecía herido. Tenía la mano sobre uno de sus costados y al parecer era incapaz de ponerse de pie. Sus movimientos cada vez eran más lentos, torpes y desesperado y el bramante viento le llevó a Takuma la esencia de su sangre.

Los hitokiri eran una fuerza de elite que había servido a los Ichijo por generaciones. Por lo general eran prácticamente invisibles y se habían encargado de la seguridad de la familia desde que Takuma tenía memoria. Sin embargo, el joven nunca había visto tantos de ellos al mismo tiempo, por lo menos no en la casa.

Takuma no tuvo tiempo de preguntarse qué estaba haciendo Aido aquí ni por qué estaban peleando, ya que en ese mismo instante escuchó que la puerta se abría a sus espaldas. Los guardias habían escuchado cuando el vidrio de su ventana se resquebrajó y luego la corriente de viento que entró por ella y se apresuraron a entrar temiendo que la persona a la cual estaban a cargo de cuidar estuviera tratando de escaparse de su jaula.

Afuera, el noble vio cómo Aido hacía caer a uno de los hitokiri y cómo después no pudo evitar el golpe de otro. La dura patada lo mandó al piso y esta vez no tuvo tiempo de levantarse. Una lluvia de piñas y puntapiés, tan letales como despiadados, acorraló al joven aristócrata contra el frío suelo; los hitokiri no pensaban darle a su peligroso adversario el tiempo suficiente como para que causara más problemas. Aido, herido e incapaz de defenderse, se puso en posición fetal y se cubrió la cabeza con las manos mientras sus agresores lo hacían moco.

─Córrase de la ventana, amo Ichijo ─le advirtió a Takuma uno de los guardias que tenía detrás, pero el muchacho a penas lo escuchó. Se había quedado duro como una estatua por el terror de ver a uno de los hitokiri elevar su sable para luego clavarlo violenta y rápidamente. El grito de Aido casi no se oyó por encima del viento aunque ahora la esencia de su sangre se podía oler en el aire helado con muchísima más intensidad.

Takuma sintió que los cabos sinuosos que lo habían llevado hasta éste punto finalmente se habían unido, haciendo imposible una vuelta atrás. Sea lo que fuere que estuviera ocurriendo, era algo serio. Kaname estaba en peligro, Aido probablemente estaba muerto y quién sabe lo que le pudiera haber pasado a los demás mientras él no estaba. Incluso dejando el deber de lado, una parte de su corazón siempre había sido leal a su abuelo, así como a su responsabilidad y honor familiar. Pero ¿qué clase de honor era éste? No sabía exactamente lo que planeaba su abuelo… pero era él quien había traicionado la confianza de Takuma. Y el joven ya estaba harto. Ya no importaba lo que pudiera ocurrir después, ya no importaba si no tenía ningún lugar al que escapar o donde esconderse. Estaba harto de ser un peón y un prisionero en su propia vida.

Cuando el noble no respondió, los dos guardias se le acercaron para separarlo de la ventana por la fuerza, aunque nunca lograron ponerle las manos encima.

Takuma no se dio vuelta, sino que continuó mirando el vidrio y los nudillos que tenía sobre el borde inferior de la ventana se le pusieron blancos. Sin previo aviso, un relámpago emitió nuevamente su brillante luz, pero no afuera estaba vez. Los rayos entraron por la ventana abierta y pasaron a cada lado del aristócrata sin tocarlo y dándoles directo en el pecho a los dos guardias. Así como Aido podía controlar el hielo, Takuma podía controlar la energía.

Unos gritos terribles se escucharon detrás de él y ambos vampiros cayeron al suelo, con los ojos abiertos y unos agujeros que echaban humo sobre sus torsos. El olor distintivo de la carne chamuscada llenó la habitación.

El joven no miró lo que había acabado de hacer. Nunca antes había matado a nadie, no de esta forma. Cuando era chico… se había alimentado de humanos, por supuesto, como todos los demás de su familia. Pero no le había enseñado a pensar en eso como asesinato más de lo que un humano pensaba que ir al carnicero y llevarse un pollo recién degollado era matar. Desde ese entonces su manera de ver ese tipo de cosas había cambiado, pero ciertamente nunca antes había terminado con la vida de un vampiro. Se sentía algo descompuesto, pero resuelto. Ahora no había vuelta atrás.

Una ola de pasos apresurados que venían del piso de abajo le indicó a Takuma que los disturbios en sus cuartos habían atraído a otros, probablemente guardias y hitokiri. En el jardín, Aido había dejado de moverse y ahora yacía sobre el suelo congelado con una mancha carmesí expandiéndose por el hielo a la vez que se mezclaba con la lluvia. No le quedaba mucho tiempo y le llevaría demasiado abrirse camino a la fuerza para bajar hasta el otro lado de la casa. Podía oler la presencia cercana de los sirvientes y lacayos con los que había crecido y no quería tener que lastimar a ninguno.

Takuma saltó sobre el alfeizar de la ventana, respiró profundamente y se tiró a los brazos de la noche oscura y tormentosa, descendiendo en caída libre.


Kaname descansaba su cabeza sobre la de Yuki. Desde hacía un rato ella no se había movido ni había hablado y el purasangre se dio cuenta que estaba dormida. Las cadenas todavía lo sostenían, pero aún así trataba de abrazarla y contenerla tanto como le era posible. Intentaba idear un plan para sacarlos de aquí, pero estaba tan mareado, adolorido y débil que… a penas podía concentrarse o mantenerse despierto. Y la esencia de la sangre de Yuki, secándose en el cuello y hombros de la muchacha, la verdad que no ayudaba mucho tampoco.

De repente, sintió unas pulsaciones en la parte baja de su cuello. Hizo una mueca de dolor, cerrando los ojos con fuerza. Debido a cuán destrozada estaba esa área, los extraños latidos eran dolorosos. Sin embargo, no era una sensación desconocida. Era la forma que tenía de saber cuando Ichijo estaba cerca después de lo que le había hecho. Pero… esta vez era diferente. No se trataba de Ichijo, de eso estaba seguro aunque no sabía por qué. Y si no era Ichijo… entonces, tenía que ser la única otra persona que lo había mordido. Sin embargo, esa idea no tenía sentido ¿Zero? ¿Acaso Zero estaba acá? ¿Sería también un prisionero o…?

Aprovechando la oportunidad y sin tener mucho más que perder, Kaname buscó mentalmente la presencia del otro vampiro, esforzándose para alcanzarlo y enviarle una señal clara que pudiera seguir. Si Zero se encontraba en este lugar y no era un prisionero… entonces…


Una de las manos de Zero se le fue a la cabeza mientras sentía cómo la presencia de Kaname lo inundaba por completo. Esa sensación lo desorientaba, pero ahora por lo menos sabía con exactitud hacia donde estaba yendo. Siguiendo esa fuerte guía, encontró rápidamente la puerta secreta que se escondía detrás del tapizado al final del pasillo. Una vez que se hubo asegurado de que no había nadie en las cercanías, entró con cautela y bajó apurado las escaleras de a dos escalones. Lo que había sentido de Kaname en ese breve contacto no había sido nada bueno.

La puerta estaba cerrada, pero sólo con una traba externa que Zero no tuvo problemas en deshacer. Era claro que el objetivo de la habitación era evitar que la gente saliera y no que no entrara. Ya podía oler la esencia de la sangre de Kaname… y la de Yuki del otro lado. Con el arma apuntando hacia el piso, el ex humano abrió la puerta con un rápido empujón, entrando y barriendo el cuarto con su pistola. Estaba bastante seguro de que sólo había dos personas adentro, pero no se quería fiar de nada.

No se había topado con ningún percance en su camino por la mansión y eso lo tenía inquieto, por lo general la suerte nunca estaba de su lado. Al parecer había habido una especie revuelo en una de las torres y la atención de todos se había dirigido hacia ese lugar. Se había escuchado como si un rayo hubiera caído sobre la casa, o sobre alguien en su interior, teniendo en cuenta el olor a carne quemada que había traído el viento minutos después. Esa había sido la bendición celestial que lo ayudo a llegar sin ser detectado, pero aún así no confiaba en que la buena fortuna se quedara a su lado por mucho más tiempo.

Sin embargo, todos esos pensamientos de precaución momentáneamente desaparecieron de su cabeza cuando reconoció las dos esencias que tenía enfrente.

Kaname y Yuki estaba arrodillados sobre el piso, en el centro de la habitación. Kaname… estaba destrozado, completa y terriblemente. El corazón de Zero no era tan duro como para que tal imagen no lo descompusiera y preocupara profundamente al mismo tiempo. El purasangre colgaba de unas cadenas que lo agarraban de las muñecas y a primera vista, el ex humano pensó que Yuki lo abrazaba, aunque luego vio las cuerdas alrededor de sus brazos y se dio cuenta que estaba atada a él. A medida que se acercaba, notó la sangre que manchaba la fina tela del cuello y hombros del pijama de Yuki. Notó los cortes oscuros y distintivos hechos por un par de mordidas sobre su piel. Ella estaba pálida, no se movía y sus ojos estaban cerrados mientras yacía sobre Kaname… cuyos colmillos se asomaban en toda su extensión mientras miraba a Zero en silencio.

El arma del ex humano se elevó hasta llegar a la altura de la cabeza del purasangre de modo que los ojos de éste terminaran observando fijamente el final del cañón. Sí, Zero se daba cuenta que el vampiro había pasado por un tormento infernal y que se debía estar muriendo de hambre por las graves heridas que no parecían estar sanando. Pero eso no le daba derecho a hacer esto. No a Yuki. No en la opinión del ex humano. El miedo puso sus garras sobre el corazón del cazador, transformándose en ira para cuando llegó a reflejarse en sus ojos plateados ¿Y si Yuki estaba muerta? ¿Y si había tardado demasiado en encontrarla? Incluso aunque no hubiera sido así… ahora era tarde y ella nunca volvería a ser la misma. Sería una vampira y estaría acorralada en el mismo destino amargo en el que estaba él y sería tanto culpa suya como de Kaname. Quizás más suya porque la tendría que haber protegido…

Kaname podía leer con facilidad todas las cosas que se cruzaban por la cabeza de Zero y lo que creía que le había pasado a Yuki. Pero se limitó a mirarlo sin decir ninguna palabra mientras la pistola apuntaba en medio de sus ojos. Claro. Tendría que haber sabido que el ex humano iba a pensar inmediatamente lo peor de él ¿Qué se lo impediría? Kaname estaba muy cansado. Sin importar lo que hiciera siempre sería un monstruo para este muchacho. Y tal vez para Yuki también. Ya no sabía que pensar y por ahí tenían razón, especialmente si Rido e Ichijo eran grandes ejemplos de su raza. Pero después de la tortura que había soportado y que continuó soportando al resistirse en hacer justamente aquello de lo que lo acusaban los ojos de Zero, a Kaname no le importaba tener que explicarse ante Kiriyu o cualquier otra persona. No le importaba descubrir por qué dolía, por extraño que sonara, que Zero lo condenara con tanta rapidez.

─¿Viniste para matarnos, Kiriyu, o a rescatarnos? ─preguntó en voz baja y con un tono quebrado aunque inexpresivo.

Yuki se agitó contra el pecho de Kaname ante el sonido de su voz bajo su oído, pero sin despertarse del todo aún. Todavía estaba débil, aunque iba mejorando de a poco gracias al tiempo que tuvo para recuperarse. Por lo menos el movimiento le dijo al ex humano que estaba con vida.

─Vine para rescatar a Yuki… tú te puedes pudrir en el infierno ─dijo Zero, bajando el arma y arrodillándose detrás de Kaname para desatar a Yuki. En realidad no tenía la intención de dejar a Kaname así… pero en estos momentos esa era una idea atractiva… siempre y cuando no mirara con mucho detenimiento la espalda destrozada del purasangre mientras liberaba a la muchacha y siempre y cuando intentara en vano ignorar la profunda agonía que emanaba el otro vampiro y la forma involuntaria en que despertaba su simpatía y preocupación. No. Ni siquiera Kuran se merecía esto.

Kaname miró a su alrededor en silencio y sintió cómo se iban soltando los brazos de Yuki. Hizo una mueca de dolor cuando las manos de la muchacha y del ex humano rozaban y frotaban su espalda en el proceso. Estaba tan herido y traumatizado después de las largas semanas de tormento que no era capaz de darse cuenta si el cazador realmente había hablado en serio. Esperaba que Zero lo hubiera dicho sin pensar, como hacía siempre, pero no podía estar seguro y la idea de que lo dejaran atrás, otra vez a merced de Rido e Ichijo, le helaba la sangre ¿Que se pudriera en el infierno? Ya lo estaba haciendo.

─Ah… ─dijo por lo bajo, con un tono de voz débil y desamparado─ Entonces… ¿no serías tan amable de dispararme antes de irte, Kiriyu? ─murmuró.

Zero subió la cabeza de golpe e inclinándose a un costado miró a Kaname, aunque era obvio que el purasangre no estaba haciendo ningún chiste. De verdad le estaba pidiendo que lo matara en vez de dejarlo aquí, vivo. En los ojos rojos había un vacío que el ex humano no había visto nunca antes y un escalofrío le recorrió la columna. Ay, mierda…no podía irse sin Kuran viendo todo lo que había soportado. Si hubiera matado a Yuki entonces la cosa sería diferente, pero por lo menos ella estaba viva y Zero podía ser cualquier cosa excepto cruel y vengativo.

─Deja de hablar como un imbécil ─gruñó Zero con suavidad mientras se levantaba, poniéndose enfrente de Kaname y separándolo despacio de Yuki. La acunó gentilmente contra su pecho, dándole palmaditas en el cachete para tratar de despertarla.

─¿Yuki? Yuki… ─pronunció su nombre con ternura aunque también con preocupación. La podía cargar hasta afuera, pero sería mucho mejor si pudiera caminar sola. No sabía con qué se podían encontrar y la tormenta todavía era un problema.

Yuki se volvió a agitar.

─¿Kaname…? ─murmuró confundida y atontada. Sus ojos se abrieron después de algunos parpadeos y se dio cuenta de quién era el rostro que estaba mirando. Subió las cejas y dijo: ─¿Zero? ─su corazón saltó en su pecho y minutos después la alegría apareció en su cara─ ¡Zero!

Se giró, prácticamente lanzándose hacia él, envolviéndolo con sus brazos y dándole un abrazo sofocante. Zero le devolvió el gesto con suavidad y ella se separó de él, buscando a Kaname con la vista por todas partes. Tan pronto como lo vio supo que todavía estaban en la celda y probablemente también en peligro. La angustia pasó por sus rasgos una vez más al darse cuenta que las heridas del purasangre y toda esta situación no habían sido sólo una pesadilla como lo había creído en un momento.

Trató de ponerse de pie, pero aún estaba demasiado débil y terminó cayéndose al piso. Quiso alejar a Zero cuando empezó a ayudarla, rápidamente haciendo un gesto hacia Kaname.

─Ayúdalo a él. Lo tenemos que sacar de aquí ¡Ichijo y Shiki pueden volver en cualquier momento! ─imploró con urgencia.

Zero parecía totalmente confundido ¿Ichijo y Shiki? A principio, y por el contexto, pensó en el joven Ichijo, aunque un momento después se dio cuenta de que ella se refería al otro.

─No Shiki, sino mi tío, Rido Kuran. Está usando el cuerpo de Shiki como Shizuka usó el de Maria Kurenai ─la voz de Kaname hizo que la atención de los dos jóvenes se centrara en él. El purasangre intentaba levantarse a duras penas y finalmente lo logró, dejando las cadenas sueltas. Las cejas de Zero se elevaron ante esta nueva información, pero no hizo ningún comentario o pregunta. Éste no era el momento.

El ex humano tomó las esposas del purasangre, tratando de ver cómo estaban ajustadas.

─¡Ten cuidado! Dan unas descargas elec… ─comenzó a advertirle Yuki, pero su voz se apagó cuando Zero agarró las muñecas de Kaname, con cadenas y todo, dándolas vuelta y estudiando las esposas sin ningún efecto colateral.

─Fueron hechas para el uso de los cazadores de vampiros ─le dijo el purasangre a Yuki con una pequeña sonrisa en el rostro ante la sorpresa de la joven─ Rido y Asato necesitaban hechizos especiales para poder manejarlas, pero Kiriyu es un cazador, así que estos objetos le van a obedecer, siempre y cuando sepa cómo hacerlos funcionar.

Zero sabía que las esposas habían sido hechas por cazadores, había reconocido el diseño aunque no había pensado que repelerían a otras personas. No tenían ninguna cerradura o bisagra y la superficie no mostraba grietas de ninguna clase. Estaban selladas con el conjuro de las letras que tenían alrededor y sólo podían ser abiertas con la orden apropiada dicha por la persona que las había puesto o por otro cazador.

Sin embargo, el hechizo no era uno simple y el ex humano frunció el ceño mientras las estudiaba rápidamente, mirando el círculo en el piso y luego otra vez hacia las esposas. Estaba seguro de que estaban unidos y él iba a tener que ser cuidadoso con lo que iba a hacer. A pesar de contar con una fuerte sangre de cazador, su entrenamiento oficial había cesado cuando era chico y le tomó un par de minutos descifrar en qué orden necesitaba avanzar para resolver este problema. Era, probablemente, el hechizo más complicado con el que se hubiera encontrado en su vida.

Cuando se inclinó sobre las esposas, con la atención fija en ellas, Kaname se ladeó un poco y de repente, el ex humano pudo sentir el aliento del purasangre acariciando su nuca. El cuerpo de Zero se puso rígido instintivamente.

─No mordí a Yuki ─susurró Kaname con una voz imposible de leer─ Fue Rido, con el cuerpo de Shiki. Ella va a estar bien.

El otro vampiro se sobresaltó ante estas palabras inesperadas y subió la vista hasta encontrarse con la del purasangre. Estaba sorprendido y un poco molesto. ¿Por qué mierda Kuran no se lo había dicho antes? Maldito sea él y sus juegos estúpidos. Pero… Zero estaba aliviado y sus ojos se ablandaron un poco. Sabía muy bien lo que era tener hambre y caer en al tentación, y tenía que admitir que respetaba rencorosamente a Kuran por su auto control. De alguna manera, no dudó ni por un segundo que Kaname estaba diciendo la verdad.

─Qué bien, entonces creo que no voy a tener que matarte después de todo ─murmuró en susurro igualmente bajo.

Por un segundo, una ligera sonrisa se dibujó en los labios hinchados y lastimados del purasangre.

La mirada de Zero rápidamente volvió a las esposas y farfullando un par de palabras, puso su mano sobre el anillo de metal que las conectaba con la cadena. El anillo se abrió con un chasquido, separándose de las esposas y permitiendo que las manos de Kaname llegaran más abajo que su cintura por primera vez en semanas. El metal todavía mantenía sus muñecas unidas, pero ya no estaba sujeto a quedarse en un mismo lugar.

Sin embargo, Zero le levantó una palma para que se quedara quieto.

─No te muevas todavía, primero tenemos que descifrar esto ─dijo, señalando con la cabeza el círculo que había en el piso. El ex humano se arrodilló para mirarlo en detalle y Yuki se agachó para hacer lo mismo mientras Kaname los observaba. Se balanceó un poco, pero la sensación de tener por fin algo de libertad le daba una fuerza increíble. Se quería sacar las esposas y, bajando la vista, no pudo evitar notar cómo los cabellos de Zero pasaban por su cuello… así como lo roja que era la sangre que aún manchaba el pijama de Yuki… el vampiro inspiró profunda e intranquilamente. Con la llegada de un poco de esperanza el hambre estaba volviendo para vengarse. Que Dios lo perdone pero… las dos personas que estaba con él en la habitación se veían terriblemente deliciosas.

Antes de que pudiera controlarse, o por lo menos darse cuenta de lo que hacía, Kaname cayó sobre sus rodillas, enredando las manos en la camisa de Zero mientras el ex humano permanecía agachado y con la cabeza inclinada sobre las inscripciones que iba descifrando lentamente. El rostro del purasangre terminó descansando sobre el costado del cuello de Zero mientras su pelo y su aliento rozaban la piel del cazador. El movimiento fue tan repentino que el otro vampiro no tuvo tiempo de reaccionar y, en cambio, se quedó cautelosamente quieto, consciente de cuán cerca tenía la boca de Kaname.

─¿Kuran…? ─dijo despacio y en voz baja. Yuki los miraba, dura como una estatua.

El purasangre respiraba con dificultad. Estaba a punto de morder al joven. Y quería hacerlo, con todas las fuerzas de su alma. Yuki estaba fuera de la cuestión por completo, aunque a Zero no le podía hacer ningún daño duradero que no hubiera sido hecho antes. No había sido su intención terminar así y sabía que no tenían tiempo para esto, pero tenía tanta, tanta hambre… que era insoportable y doloroso.

Kaname tiritó y, separándose de Zero con esfuerzo, retrocedió para sentarse sobre sus talones. Necesitaban que Kiriyu permaneciera con vida, alerta y con fuerza. El purasangre estaba en muy mala forma y alguien tenía que proteger a Yuki y sacarlos de este lugar. Tampoco se olvidó de que el ex humano era el único que podía liberarlo de estas esposas anti-vampiros.

─Creo que tienes que poner las manos en algún lado del círculo para deshacer el hechizo ─dijo Kaname por lo bajo, como si se hubiera agachado para hacerle saber eso. Se puso de pie a duras penas; entre más lejos estuviera de los otros dos, mejor. En estos momentos, estar cerca de su persona no era algo muy seguro.

─Sí, gracias, ya sé como funciona ─contestó Zero con sarcasmo, mirando a Kaname precavidamente antes de volver a lo que estaba haciendo. Puso sus palmas en dos runas con forma triangular a los lados del círculo y, bajando la cabeza, murmuró algunas palabras que Yuki trató de comprender aunque no pudo. El joven dio un grito grave y levantó sus manos rápidamente cuando una cuchillada de dolor recorrió su piel. Se miró las palmas y vio que estaban rojas y quemadas con la figura de las runas. Sacudió la cabeza y las volvió a poner en el mismo lugar.

─Me parece que eso no era… ─farfulló mientras se descerebraba pensando en qué había hecho mal. Finalmente, hizo el intento otra vez pero con palabras distintas y las runas se iluminaron por un momento, para luego apagarse y casi desaparecer.

Satisfecho de que hubiera funcionado, Zero se levantó y trató de alcanzar las esposas de Kaname, que iban a ser la parte más complicada del rompecabezas, pero el horrible sonido de unos pasos que bajaban las escaleras los dejaron inmóviles.