Disclaimer -- Los Personajes de esta obra no pertenecen a la autora del fanfic sino que son propiedad de Masashi Kishimoto, excepto personajes inventados.
Las cosas en cursiva son flashbacks, y las cosas entre comillas son pensamientos y en casos textos leídos.
Akatsuki no Shin Taiyô
Capítulo 9 - Búsqueda
Sólo con acercarse a la puerta del edificio, se vieron rodeados por un grupo de insignificantes bandidos y dos hombres, fornidos como armarios, salieron a su encuentro, liderando el grupo.
- Identificaos -dijo el hombre. Ninguno de ellos contestó, aún estaban observando el panorama que se había desplegado a su alrededor- ¡Identificaos o comenzaran las hostilidades!
- Que mal recibís a los invitados -dijo Kisame finalmente con una sonrisa burlona- Ve y dile a tu jefe que Hoshigaki Kisame le ha venido a ver.
Con un gesto de uno de los fortachones, un hombre se retiró y se adentró en el edificio. Se llevó una mano al torso, a la herida que tenía en él, la pasó y observó como su mano quedó manchada con un rastro de sangre. Aunque parecía menor que antes, aún seguía sangrando... No iba a coagular tan fácilmente. Después de unos minutos más, en los que nadie se movió del sitio, el hombre que se había marchado volvió y le susurró algo a uno de los fornidos hombres. Éste hizo un gesto con la mano y todos los que los rodeaban se fueron dispersando.
- Disculpen nuestra rudeza, pero de vez en cuando se pasa gente que amenaza nuestro negocio por aquí -dijo el hombre- No podemos arriesgarnos a nada.
- Nada, no pasa nada. Sólo guíanos ante él. -dijo Kisame intentando quitarle sarro al asunto.
Itachi miró de soslayo a Kisame. Conocía bastante bien al hombre de tez azulada, y sabía que no le había dado importancia porque ninguno había hecho nada amenazante. Si alguno de ellos hubiese intentado hacerles alguna cosa, Kisame se hubiese puesto a repartir golpes por doquier.
Recorrieron un largo pasillo y después subieron dos pisos, para finalmente recorrer otro pasillo hasta un despacho. Después que el hombre que les acompañaba llamase a la puerta, y que alguien del interior le diese paso, abrió la puerta y les hizo pasar dentro, quedando este fuera. El Uchiha miró sin demasiado interés el interior. Era una sala un poco desastrosa pero más bien cuidada, las lámparas iluminaban bien el interior, ya que la luz que entraba por las ventanas cada vez iba a menos. Detrás de un antiguo escritorio, un hombre de pelo corto negro les miró curiosamente. Primero posó su vista en Itachi y seguidamente en Kisame, entonces una sonrisa se dibujó en sus labios.
- Cuanto tiempo Kisame-san -dijo el hombre levantándose y gesticulando con las manos- Por favor pasen, siéntense
- Hacía mucho que no nos veíamos, Yuuhiro-san -dijo Kisame con media sonrisa.
- Exactamente, ha sido toda una sorpresa cuando me han venido a decir que Hoshigaki Kisame estaba aquí para verme -respondió este.
Mientras la charla proseguía entre "hacía mucho tiempo que no te veía" y "cómo va todo", Itachi se puso a mirar a su alrededor sin encontrar ningún tipo de consuelo en lo que sus ojos observaban. El sitio estaba lleno de mugre, y cada vez tenía más claro que no pensaba dejar que ese hombre le tratase.
Cuando quiso darse cuenta, las miradas estaban puestas en él. Después de unos segundos de silencio, Kisame se dio cuenta que el Uchiha no había estado muy atento, así que dedujo que debía andar un tanto perdido.
- Le decía a Yuuhiro-san, que veníamos por usted, Itachi-san -aclaró Kisame.
- Entonces si es así, deberíamos ir a la sala donde trato los pacientes Itachi-san -dijo Yuuhiro.
- Viendo el estado de esta sala, creo que soy reticente a que me trate -dijo Itachi, intentando sonar educado, pero conciso.
- Ah, ¿lo dice por el polvo y las condiciones de esta sala? -dijo Yuuhiro con un gesto sorprendido y seguidamente dibujó una sonrisa jovial en el rostro- No se preocupe, Itachi-san, aquella sala está más limpia que muchas de las salas de los hospitales de cualquier villa. Así que, si me acompaña...
No se vio con demasiadas opciones, se levantó y siguió al hombre, mientras que Kisame se quedaba en aquella habitación durante un rato más. Volvieron a cruzar el pasillo, volvieron a bajar las escaleras... Pero una vez abajo, bajaron una pequeña escalinata que se encontraba oculta a primera vista. Una única puerta era lo que había en aquel piso inferior. Yuuhiro sacó un manojo de llaves, y después de unos segundos buscando, encontró la que encajaba en el picaporte. Con un ruido sordo la puerta se abrió y Yuuhiro invitó a Itachi a entrar.
Era cierto, la habitación estaba impoluta y no tenía ni punto de comparación con la sala que había visto hacía escasos minutos. Pero aquella habitación no le acababa de gustar, el ambiente era gélido y había un fuerte olor a limpieza, como si todos y cada uno de los elementos de aquella sala hubiesen sido desinfectados. Más que una sala para tratar enfermos, a Itachi aquello le recordaba a un depósito de cadáveres... con el añadido que había algunas cámaras en los laterales.
- A veces nos traen muertos -clarificó el hombre, viendo que la vista de Itachi estaba posada en aquellas cavidades- Si tenemos que tratar con ellos a largo plazo, necesitamos que se mantengan en perfecto estado.
Apartó la vista de aquel sitio y permaneció delante de la puerta, dentro de la habitación, sin ganas de adentrarse demasiado. La explicación de Yuuhiro no había propiciado que el Uchiha se relajase. El hombre se puso unos guantes de látex y empezó a rebuscar en un cajón.
- Necesitaré que descubras la herida -dijo Yuuhiro. Repentinamente rió un instante- Obviamente, sino no podré curarle.
Un deje de enfurruñamiento cruzó el rostro de Itachi, aprovechando que aquel hombre estaba de espaldas. Había puesto como excusa el penoso estado del lugar y ahora se encontraba sin ningún argumento de peso para rechazar el tratamiento de aquel hombre. Se desabrochó la túnica de Akatsuki, notando como el gélido aire se colaba dentro, la dejó a un lado de una camilla metálica que le había indicado en un momento Yuuhiro. Haciendo que su sensación de frío aumentase, se quitó la camiseta y la dejó a un lado. Yuuhiro se giró y observó con tranquilidad la herida.
- Hah, se ve un tanto fea... Y no deja de sangrar. -dijo Yuuhiro acercándose y dejando unos cuantos materiales a un lado- Bien, ahora túmbese. Así podré trabajar mejor.
Itachi arqueó una ceja con cierta incredulidad... ¿Le estaba pidiendo que se tumbase sobre aquel metal? Si ya estaba pasando frío en aquella maldita sala, no quería imaginarse lo frío que iba a estar aquello.
- Tendrá que trabajar así porque no... -empezó Itachi.
Pero su frase fue interrumpida cuando el hombre tocó el cuello de Itachi y éste notó como por un momento la fuerza le había abandonado. Había sido como si todo impulso eléctrico que navegase por su sistema nervioso hubiese desaparecido. Su piel tocó el frío metal y maldijo internamente el contraste.
- Siento ser brusco, pero no le costaba nada... -dijo el hombre cogiendo un paño húmedo y empezando a limpiar la herida.
En poco tiempo, Yuuhiro cerró el corte en el torso de Itachi, mientras este miraba el techo sin ganas, con un brazo apoyado en su frente. Yuuhiro dirigió una mirada a lo que quedaba por tratar, aquella quemadura de aspecto horrible. La sangre coagulada se acumulaba en la piel quemada. Aquello no le daba buena impresión, ya había notado con anterioridad como algo extraño manaba de aquella quemadura. Pero al menos no desistía inicialmente de tratarla; concentró chakra en la palma de su mano, dispuesto a intentar una curación, pero antes que pudiese tocarla, Itachi se incorporó repentinamente y agarró la mano del hombre, impidiéndole acercarla. Yuuhiro se sobresaltó ante el hecho y miró extrañado al muchacho, que parecía turbado.
- Está bien, no voy a acercarme, sólo suélteme la mano -dijo Yuuhiro, viendo que el agarre aún seguía fuerte.
El moreno pareció reaccionar y soltó la mano de Yuuhiro bruscamente, seguidamente con la mano se secó una gota de sudor frío que le recorría el rostro. Yuuhiro se llevó un dedo al mentón mientras miraba el suelo, cavilando. Itachi no comprendía muy bien qué había ocurrido, pero había sido como si una descarga le hubiese sacudido cuando se acercó demasiado. Algo en su interior le decía que era porque aquel hombre estaba intentando acercarse, por eso cogió su mano.
- Muy bien Itachi-san, ya puede vestirse -dijo Yuuhiro quitándose los guantes.
No tuvo que decírselo demasiadas veces para que le hiciese caso. Se puso la camiseta sintiendo como aún estaba un poco caliente y agradeció la sensación. Seguidamente se puso la túnica y levantó la vista para mirar a Yuuhiro, que se había puesto delante de él.
- El corte está curado y no tardará mucho en cicatrizar -dijo Yuuhiro.
- Bien... y sobre lo otro... -empezó Itachi
- No me había dicho nada y aún así pretendía que yo le curase... -dijo Yuuhiro con el ceño fruncido. Itachi le miró con cierto desconcierto, así que el hombre supuso que no tenía conocimiento sobre el tema- Itachi-san, es peligroso tratar de curar maldiciones. Usted mismo lo ha comprobado inconscientemente, si mi chakra hubiese tocado la herida el dolor que hubiese llegado a sentir podría haberlo matado.
- Es decir que usted no puede eliminar esta maldición -dijo Itachi seriamente.
- No, sólo el que la hizo puede quitarla -dijo Yuuhiro cruzándose de brazos- Hay muchos tipos de maldiciones: las hay que avanzan rápido, las hay que avanzan lento. Pueden llegar a matar al cabo de años, o al cabo de horas... Pueden extenderse por el sistema, o pueden centrarse en un único punto... No sé cuál tipo tiene usted Itachi-san. Pero le recomiendo que se dé prisa en encontrar a quien se la hizo... Porque a cada momento que pase, irá empeorando hasta que su sistema no soporte el dolor. Y créame; he visto muchos casos, todos pensaron que lograrían aguantarlo, y todos acabaron deseando estar muertos.
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- Los detalles que tengo sobre ellos son escasos, un -empezó Deidara- Sé que visten túnicas negras con cierres blancos y también que llevan máscaras que tienen dibujadas como una cicatriz y como si algo brotase de ellas.
El hombre se quedó en silencio, mirando seriamente a Deidara, que ya había terminado la descripción. Sabía que la información que había dado era vaga y escasa en detalles... Pero era lo más que tenía.
- Oye, ¿qué libro me estás contando? -dijo el hombre seriamente, haciendo que Deidara se descolocase.
- ¡No es ningún libro, un! -dijo Deidara empezando a sentirse irritado- Ya le he dicho que son personas, ¿es que se está burlando de mí?
- No, no, para nada -dijo el hombre moviendo las manos intentando excusarse- Pero tal y como lo habías dicho sonaba libro... -Ante la mirada mosqueada de Deidara el hombre sonrió tensamente- Espérate un momento, mi hija tiene mejor memoria que yo. Nana, ¿puedes venir un momento?
De la trastienda una joven de pelo largo y castaño apareció, sus ojos negros se posaron en su padre y le miró interrogante durante unos segundos.
- ¿Y bien? -preguntó expectante la muchacha.
- Este chico busca a alguien... A ver, repite la descripción por favor -dijo el hombre, mirando repentinamente a Deidara.
- Visten unas túnicas negras, con cierres blancos. Llevan unas máscaras que tienen como una cicatriz dibujada de la que salen unas marcas -dijo Deidara a desgana.
La chica se llevó el dedo al mentón y se puso a mirar el techo, mientras cavilaba sobre la descripción que le había dado el muchacho. Pero por más que pensaba, no recordaba a nadie que hubiese pasado por aquel lugar que encajase con aquella descripción.
- Lo siento, pero no recuerdo nadie que encaje con esa descripción... -dijo la chica finalmente.
Las puertas de la taberna se abrieron y por allí vieron entrar un misterioso hombre con cola de escorpión, se acercó hasta la barra y clavó el aguijón en el suelo a escasos metros del taburete donde Deidara estaba sentado.
- ¿Hasta cuando piensas hacerme esperar? -dijo la voz ronca de Hiruko
- Lo siento, lo siento, un -dijo Deidara levantando las manos- Pero este hombre estaba intentando ayudarme a encontrar a nuestros amigos... Aunque sin demasiado éxito, un.
- Llevo un rato pensando en la descripción y me suena de haberlo leído antes en algún libro... -dijo la chica pensativamente.
- ¿En serio? -dijo Deidara sorprendido. Era la segunda vez que alguien decía que les sonaba de haberlo visto en algún libro... Aquello no podía ser simple casualidad- ¿Dónde?
- He leído muchos libros últimamente sobre sociedad: culturas, eventos, atentados... Y tengo la sensación que en alguno de esos había algo sobre unas personas que encajan en tu descripción -dijo Nana
- ¿Dónde podemos encontrar esos libros? -preguntó Sasori- ¿Los tienes tú?
- No, los he cogido prestados todos de una biblioteca que hay cerca de aquí -dijo la chica- Si queréis os puedo escribir en un papel como llegar hasta allí.
- Nos iría muy bien, un -dijo Deidara seriamente, levantándose de la silla.
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Cuando volvieron a la planta baja del edificio, uno de los hombres fortachones se acercó a ellos para comunicarles que Kisame estaba en el exterior esperando. Efectivamente, a la derecha de la puerta, apoyado en una pared, el hombre de tez azulada miraba al negro cielo con tranquilidad. Cuando ambos se acercaron, Kisame les dirigió la mirada.
- Vaya, por fin -dijo Kisame con media sonrisa- ¿Qué tal ha ido todo?
- Excepto la maldición, todo lo demás bien -dijo el médico, viendo que Itachi no decía nada y se limitaba a mirar a su alrededor impasiblemente.
- Gracias por todo, Yuuhiro-san -dijo Kisame- Nos volveremos a ver.
- Adiós Kisame-san, Itachi-san -dijo Yuuhiro haciendo una leve reverencia y observando como ambos partían calle abajo.
Esperó hasta haberse alejado un poco de aquel lugar. No era muy normal la prisa que llevaba, así que le intrigaba en cierta manera qué era aquello que propiciaba que Kisame hubiese decidido retomar el camino tan pronto.
- ¿Y bien?.¿Qué se cuece? -preguntó finalmente Itachi, viendo que Kisame parecía seguir con el juego de mantener el secretismo.
- No se le escapa ni una -dijo Kisame- Mientras estaba siendo tratado, estuve dando una vuelta por estas calles, dando la descripción de aquellos hombres. Resulté tener suerte, alguien no muy lejos de aquí tiene conocimiento de aquellos hombres.
- ¿Qué tipo de conocimiento? -preguntó Itachi.
- Sinceramente, no lo sé. No me han dado más información y decidí que era conveniente esperarlo a usted para ir a hacer un pequeño interrogatorio -dijo Kisame. Entonces se detuvo y señaló un hombre que estaba en un portal- Debe ser ese. Me dijeron que le avisarían de nuestra visita.
Con paso tranquilo se acercaron hasta donde aquel hombre estaba de pie, mirándolos con detención, analizándolos con la mirada. Una vez delante, el hombre siguió observándolos en silencio, Itachi miraba hacia otro lado y Kisame por un segundo comprobaba que la descripción encajaba con la que le habían dado. Cansado de sentir la mirada de ese hombre encima de él, le miró seriamente y el hombre, al poco, desvió la mirada hacia Kisame.
- ¿Son ustedes los que me han avisado que vendrían? -preguntó el hombre con una voz ronca.
- Así es. Estamos buscando a unas personas, y nos han dicho que usted sabe algo de ellas -dijo Kisame.- Nos gustaría algo de información
- Si es cierto que sé algo, intentaré ayudarles en lo que pueda. Parece que son conocidos de Yuuhiro-san -dijo el hombre llevándose la mano a la nuca.
- Sí, Yuuhiro-san y yo nos conocemos desde hace un tiempo -dijo Kisame.
- Siento mi poca hospitalidad. Pasen, no se queden fuera -dijo el hombre, cediéndoles el paso al interior del edificio.
Dentro había una amplia estancia, decorada con pocas cosas. El hombre les indicó que se sentaran en algunos de los sillones y se adentró en una cocina de estilo americano, en busca de algo para servir a sus invitados. Kisame aceptó la invitación del hombre y se sentó en un sillón. Itachi, reacio a adentrarse demasiado en aquel lugar, se había quedado a escasos metros de la puerta, apoyado en una pared, mientras iba pensando en lo que Yuuhiro le había dicho hacía minutos.
- Siento la espera -dijo el hombre y dejó unos vasos de té humeantes en la mesa- Beban si les apetece.
Kisame cogió un vaso y pegó un sorbo, aquel hombre hizo lo mismo, por su parte Itachi no se movió del sitio. Después de eso, aquel hombre les miró interrogantes.
- ¿Y bien?.¿Qué tipo de persona buscan? -preguntó.
- Verá, esta gente que buscamos van vestidos con túnicas negras cortas, abrochadas al cuello con unos cierres con bordes blancos -dijo Kisame- Llevan unas máscaras con un dibujo que se asemeja a una cicatriz y a algo que emana de ellas.
- ¡Ah, son esos tipos! -dijo el hombre, dibujando una expresión de sorpresa en su rostro. Viendo la pregunta escrita en el rostro de Kisame, prosiguió con su explicación- Verá, hará unas semanas, un grupo de delincuentes atacó el pueblo. Empezaron a saquearlo todo y, a pesar que habían pedido ayuda a una villa ninja, ésta aún no llegaba. Unos tipos que encajan perfectamente con la descripción que me ha proporcionado aparecieron y los dejaron para el arrastre. Todo el mundo los consideró sus salvadores.
- ¿Salvadores? -dijo con cierta ironía Itachi, mientras pensaba en la verdad detrás de aquella gente.
- Sí. Además, lo recuerdo porque al poco tiempo hubo mucho revuelo. Alguien estuvo buscando información sobre esa gente y se encontró que eran seguidores de un tipo de cultura que se creía extinguida -dijo el hombre
- ¿Qué cultura?.¿Puede explicarnos más sobre eso? -preguntó Kisame.
- No... Nadie sabe a ciencia cierta los detalles. Pero sí que sé en el libro en el que dicen que se encontraba. Eso sí, es un libro muy raro, dicen que solo existen dos ejemplares en todo el mundo -dijo el hombre con una pose sombría- El título es: "Culturas en declive"
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Estaba semi-tumbada en una silla, con los pies colgando en el aire y mirando por la ventana el cielo estrellado. Su pelo yacía sobre sus hombros, de color azul oscuro y sus ojos verdes permanecían inmóviles mirando el exterior. Unos pasos le hicieron desviar la mirada hacia el interior, allí un hombre de rasgos juveniles la miraba un tanto impaciente.
- ¿Dónde está Nanashi? -preguntó finalmente, con un deje de impaciencia.
- Le he dejado en la enfermería. Enoji le está curando -dijo la muchacha- ¿Tanto te preocupa, Takeshi? Primero me haces salir a buscarlo y ahora...
- No digas tonterías -dijo mirándola acusadoramente- Además a ti no te importa si me preocupo por él o no.
- Sólo era una pregunta... -dijo la chica, devolviendo la mirada hacia fuera.
La puerta del gran salón se abrió y un chico de cabellos rubios entró mientras miraba a ambos con curiosidad. Se desabrochó la túnica y la dejó tirada en una de las sillas, de mala manera.
- Hao, no deberías dejar tus cosas tiradas por cualquier parte -dijo Takeshi mirándole con el ceño fruncido.
- ¡Dios, Takeshi! Pareces mi maldito padre... -dijo el chico revolviéndose el cabello con una mano de manera estresada.
- Ruidoso... -dijo la muchacha.
- ¡Ah! Eres una aguafiestas amargada, Krea -dijo Hao haciéndole un gesto de burla. Seguidamente su rostro se tornó serio y se dejó caer en un sillón- Igualmente, yo no venía a eso...
- ¿Qué ocurre? -preguntó Takeshi.
- Minoru y Kubota... -dijo Hao cruzándose de brazos y mirando un punto lejano del suelo- Ambos están muertos.
- ¿Cómo? -preguntó Takeshi un tanto alarmado y Krea también miró a Hao con sorpresa.
- Lo que oyes. Parece que los localizaron y han podido con ellos. -dijo mirándolos seriamente- Si hubieseis visto los cadáveres... Están destrozados.
- ¿Akatsuki? -preguntó Krea devolviendo la vista al exterior.
- Estoy prácticamente seguro de ello. -dijo Hao, y seguidamente apretó el puño con ira- ¿Quién más sino? Sólo ellos nos han declarado la guerra.
- La pérdida ha sido grande... Pero no debemos dejar que den un paso más -dijo Takeshi con firmeza.
- Tenemos que llevar a cabo nuestros objetivos -dijo Krea.
- Por supuesto. Lo que nos jugamos es demasiado importante como para rendirse ahora por algo así -dijo Hao.
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Bueeeno, y otro capítulo más se fue. No sé qué comentar. El título no está muy rebuscado, pero como tampoco se avanza demasiado, tampoco sabía qué poner. Mmm, así que voy a contestar a la única persona que se digna a dejarme reviews para animarme. ;_;
Izu, ondie, pues no sé si era más corto, después lo miro xD Se duerme porque no puede seguir sin hacerlo XD No es porque quiera xD Con esos dos, que son tan bestias, me "gusta" describir las heridas por mucho asco que den xD reconciliación lol xD Kisame mono? JAJAJA XDDD Noow nanaki noo XD Juas xDDDDDD en serio? médico underground xDDDDD JAJAJAJA PELEA MATRIMONIAL RULS XDDDDDD Sigo pensando que Hidan sabe dónde tiene la aorta porque ya se la han cortado bastante veces. La olla está con las nuestras? o estaba? y cómo la dejaste escapar? xD Ah cierto, que eres más de Kaku xD Pues claro que sí, me gustan los momentos: me estás vacilando?! XD
Eso es todo (como siempre últimamente)
Baaai
