¿Dónde están las malditas niñas exploradoras cuando las necesitas?
James se hundió más en los blandos cojines de su sofá y trató de desabotonar la blusa de Jennifer.
—Whoa —dijo Jennifer. —No podemos…
James sonrió misteriosamente y puso un dedo sobre sus labios. Empezó a besar el cuello de Jennifer. Ella olía como Fame y, extrañamente, a chocolate. La había amado desde sexto grado y ella sólo se había vuelto más atractiva con el paso de los años. Aunque, últimamente no se sentía igual estar con ella.
Mientras se besaban, la madre de James, Brooke, abrió la puerta principal y caminó hacia ellos, hablando en el pequeño móvil LG con tapa.
Jennifer retrocedió contra los cojines del sofá. —¡Ella nos verá! —susurró, rápidamente abotonando su blusa.
James se encogió de hombros. Su mamá les saludó sin verlos detenidamente y caminó a la otra habitación. Su mamá prestaba más atención a su Black Berry que a James. Debido a su horario de trabajo, ella y James no compartían mucho, además de las revisiones periódicas de tareas, notas sobre qué tiendas estaban con las mejores ofertas, y recordarle que tenía que limpiar su habitación por si alguno de los ejecutivos venía a su fiesta de cócteles y necesitaba usar el baño de arriba. Pero James estaba más que bien con eso. Después de todo, el trabajo de su madre era el que pagaba las cuentas AmEx de James -ella no siempre estaba robando cosas- y su costosa matrícula en el Rosewood Day.
—Tengo que irme —murmuró Jennifer.
—Deberías venir el sábado —James ronroneó. —Mi madre va a estar todo el día en el spa.
—Te veré en la fiesta de Noel el viernes —dijo Jennifer. —Y sabes que es bastante difícil.
James gimió. —Esto no tiene que ser difícil —dijo.
Ella se inclinó y lo besó. —Te veo mañana.
Después Jennifern salió, y James enterró su rostro en el sofá. Salir con Jennifer aún se sentía como un sueño. Antes cuando James era regordete y patético, él había adorado cuán baja y hermosa era ella, cómo siempre era muy agradable con los profesores y los chicos que eran menos geniales, y lo bien que vestía, no como una vagabunda daltoniana. A él nunca dejó de gustarle ella aún después de que se quitara los obstinados kilos de más y descubriera los productos para el cuidado del cabello. El año pasado en la escuela, él casualmente le susurró a Bradley Freed en el pasillo que le gustaba Jennifer.
James se sentía más enamorado de ella que nunca. Pero un sentimiento de vacío rondaba por todo su ser. Él aún no se lo había dicho -James había mantenido eso para él solo por años- pero ahora, estaba muy seguro de que ella también lo amaba. ¿Y no era el sexo la mejor manera de expresar el amor?
Ese era el por qué lo de la promesa de virginidad no tenía sentido. No era como si los padres de Jennifer fueran demasiado religiosos, y eso estaba en contra de todas las nociones preconcebidas que James tenía sobre las chicas. A pesar de cómo solía lucir, James se mantenía a sí mismo: con su cabello castaño brillante, cuerpo musculoso, y perfecta -estamos hablando de ninguna espinilla, jamás- piel, él era atractivo. ¿Quién no podría estar locamente enamorado de él?... Pero luego lo recordó:
La manera en cómo Carlos lo trató en el baño ese mismo día, lo había dejado desconcertado, él solo quería ayudar ¡Se besó con un desconocido en un baño público! Y la expresión de miedo en la cara de Carlos al enterarse que ese desconocido sería su profesor de inglés, al verlo tan asustado solo quería abrazarlo y decirle que todo estaría bien. Se sentía tan mal al recordar su pelea en el baño; lo afectó mucho a pesar de que era la primera vez, en tres años que se habían visto y la esencia de su amistad desapareció.
James llamó a su perro, Fox, a saltar sobre el sofá. —¿Me extrañaste hoy? —él chilló mientras Fox lamía su mano. James había solicitado que dejaran que Fox fuera a la escuela con él pero en Rosewood Day se negaron. Así que para prevenir la ansiosa separación, James le había comprado a Fox la más abrigada cama para perros que el dinero podía comprar y dejaba la televisión en el canal QVC durante el día.
Su madre se dirigió hacia la sala, aún con su traje hecho a medida y sandalias color café con tacón Kitten —Aquí está el sushi. —dijo la Sra. Diamond.
James la miró. —¿Rollos Toro?
—No lo sé. Traje un montón de cosas.
James se dirigió a la cocina, tomando el portátil de su madre y el LG zumbó
—¿Ahora qué? —ladró la Sra. Marin en el teléfono.
Las pequeñas garras de Fox sonaron detrás de James. Después de buscar en la bolsa, él sacó un pedazo de sashimi amarillo, un rollo de anguila, y una pequeña taza de sopa miso.
—Bueno, hablé con los clientes esta mañana —Su madre entró a la cocina. —Ellos estaban felices entonces.
James hundió delicadamente su rollo amarillo en alguna clase de salsa de soya y despreocupadamente lo pasó sobre un catálogo de Cuda. Su mamá era la segunda al mando en la empresa de publicidad de Filadelfia, McManus & Tate, y su meta era ser la primer mujer presidente de la firma.
Además de ser extremadamente exitosa y ambiciosa, la Sra. Diamond era lo que los chicos en Rosewood Day podían llamar una MILF —ella tenía cabello corto castaño, piel suave, y un increíble y flexible cuerpo gracias a su ritual diario de yoga.
James sabía que su madre no era perfecta, pero ella aún no entendía por qué sus padres se habían divorciado cuatro años atrás, o por qué su padre rápidamente empezó a salir con una mediocre enfermera de Emergencias en Annapolis, Maryland, llamada Isabel. Hablando de caer bajo.
Isabel tenía un hijo adolescente, Shane, y el Sr. Diamond le había dicho a James que podría quererlo. Unos meses después del divorcio, él había invitado a James a Annapolis por el fin de semana. Nervioso por conocer a su casi-hermanastro, James le pidió a Jett acompañarlo.
—No te preocupes, James —le aseguró Jett. —Vamos a superar a cualquiera que sea ese chico Shane—. Cuando James lo miró, dudoso, él le recordó a James su frase favorita: ¡Yo soy Jett y soy fabuloso! Y eso sonaba casi estúpido ahora, pero en aquel entonces James sólo podía imaginar lo que era sentirse tan seguro. Tener a Jett allí era como una capa de seguridad –para probar a su papá que él no era un perdedor que sólo quería escapar.
El día había sido una colisión de tren, de todos modos. Shane era el chico más guapo que James había conocido y su padre básicamente la había llamado cerdo en frente de Shane. El Sr. Diamond rápidamente había dado marcha atrás y dijo que era sólo una broma, pero esa había sido la última vez que James lo había visto… Y la primera vez que él se incitó a vomitar.
Pero James odiaba pensar sobre cosas del pasado, así que él raramente lo hacía. Además, ahora James podía comerse con los ojos a las citas de su mamá y no de una manera tan ¿será mi nuevo padre? ¿Y su padre le permitiría un toque de queda a las 2 AM y beber vino, al igual que su mamá lo hacía? Lo dudaba.
Su madre masculló en su teléfono cerrado y puso sus ojos avellana sobre James. —¿Esos son tus zapatos de ''regreso a la escuela''?
James paró de masticar. —Sí.
La Sra. Diamond asintió. —¿Recibiste muchos cumplidos?
—Sí, los recibí.
El teléfono de su mamá sonó de nuevo. Ella se abalanzó sobre él. —¿Carson? Sí. He estado buscándote toda la noche… ¿Qué diablos está pasando allí?
James sopló su flequillo y alimentó a Fox con un pequeño pedazo de anguila. Mientras Fox escupía sobre el suelo, el timbre de la puerta sonó.
Su madre ni siquiera retrocedió. Fox empezó a ladrar y su madre se puso de pie para cogerlo. —Probablemente son niñas exploradoras otra vez.
Las Niñas Exploradoras habían venido tres días seguidos, tratando de venderles algunas galletas para la hora de cenar. Ellas eran fanáticas en ese vecindario.
En cuestión de segundos, volvió a la cocina con un oficial de policía joven, con cabello castaño y ojos verdes detrás de ella. —Este caballero dice que quiere hablar contigo—. En el broche dorado del bolsillo de su uniforme, sobre su pecho, se leía WILDEN.
—¿Yo? —James se señaló a sí mismo.
—¿Eres James Diamond? —preguntó Wilden. El walkie-talkie en su cinturón hizo un ruido.
De repente James se dio cuenta de quién era ese hombre: Darren Wilden. Él había estado en último curso en Rosewood cuando James estaba en séptimo. El Darren Wilden que él recordaba supuestamente dormía con todas las chicas del equipo de salto y fue casi expulsado de la escuela por robar la clásica motocicleta Ducati del director. Y este policía era definitivamente el mismo chico -esos ojos verdes eran difíciles de olvidar, incluso si habían pasado cuatro años desde que él los había visto. James esperaba que Wilden fuera un stripper que Dak habían enviado como una broma.
—¿Qué es todo esto? —La Sra. Diamond preguntó, mirando largamente a su móvil. — ¿Por qué está interrumpiendo nuestra cena?
—Recibimos una llamada de Tiffany's— dijo Wilden. —Ellos te tienen en una grabación donde hurtas algunas cosas de su tienda. Las grabaciones de varias cámaras de seguridad del centro comercial te descubrieron fuera del centro comercial en tu auto. Seguimos la placa de licencia.
James empezó a pellizcar el lado interior de su palma con sus uñas, algo que él hacía cuando se sentía fuera de control.
—James no haría eso —dijo la Sra. Diamond. — además, Tiffany's es una tienda para chicas. Él nunca entraría ahí y mucho menos para robar ¿Lo harías, James?
James abrió su boca para responder pero no salieron palabras. Su corazón estaba golpeando contra sus costillas.
—Mira —Wilden cruzó sus manos sobre su pecho. James notó el arma en su cinturón. Parecía como un juguete. —Sólo necesito que vengas a la estación. Quizás no es nada.
—¡Estoy segura de que no es nada! —dijo la Sra. Diamond. Entonces sacó su cartera Fendi de un bolso a juego. —¿Qué hace falta para que nos deje en paz para tener nuestra cena?
—Señora —Wilden sonó exasperado. —Debería venir conmigo, ¿bien? No tomará toda la noche. Lo prometo—. Él sonrió con esa sonrisa sexy de Darren Wilden que probablemente le había impedido ser expulsado de Rosewood.
—Bueno —dijo la mamá de James. Ella y Wilden se miraron por un largo momento. —Déjeme tomar mi bolso.
Wilden se giró hacia James. —Voy a tener que esposarte.
James jadeó. —¿Esposarme? —. Bien, ahora eso era tonto. Sonaba falso, como algo que los gemelos de seis años de al lado podrían decirse entre ellos. Pero Wilden sacó unas esposas de acero reales y gentilmente las puso alrededor de sus muñecas. James esperó que él no notara que sus manos estaban temblando.
La estación de policía olía como a café quemado y madera muy vieja, porque, como la mayoría de los edificios municipales de Rosewood, era una antigua vía férrea a la mansión de un barón. Los policías revoloteaban alrededor de ella, tomando llamadas telefónicas, llenando formas, y deslizándose en sus pequeñas sillas con rueditas. James medio esperaba ver a Dak allí, también, con su mamá. Pero con una mirada al banco vacío supo que Dak no había sido atrapado.
La Sra. Diamond se sentó muy rígida al lado de él. James se sintió inquieto; su mamá era usualmente muy indulgente, pero hasta entonces James nunca había tomado nada del centro de la ciudad y había pasado algo así.
Y entonces, muy tranquilamente, su madre se inclinó. —¿Qué fue lo que tomaste?
—¿Huh? —preguntó James.
—¿Ese brazalete que sobresale de tu bolsillo?
James bajó la mirada. Perfecto. Él había olvidado dárselos a Jennifer; el brazalete estaba en su bolsillo a la vista. Él lo empujó para que se hundieran. Sintió en su otro bolsillo los pendientes; sip, los había olvidado también hoy. ¡Hablando de estupidez!
—Dámelos —susurró su madre.
—¿Huh? —James dijo con voz aguda.
La Sra. Diamond extendió su mano. —Dámelos. Puedo encargarme de esto.
De mala gana, James permitió que su madre hurgara en su bolsillo y sacara el brazalete. Entonces extendió las manos y sacó los aros y los entregó también. La Sra. Diamond ni siquiera retrocedió. ella simplemente deslizó las joyas en su bolso y dobló sus manos sobre el broche de metal.
La chica rubia de Tiffany's que había ayudado a James con el brazalete caminó por la sala. Tan pronto como vio a James, sentado y abatido en el banco con las esposas aún en sus manos, ella asintió. —Sí, es él.
Darren Wilden miró a James, y su mamá se levantó. —Creo que aquí ha habido un error—. Ella caminó hasta el escritorio de Wilden. —Le entendí mal en la casa. Yo estaba con James ese día. Compramos esas cosas. Tengo un recibo por ellas en casa.
La chica de Tiffany's estrechó sus ojos con incredulidad. —¿Está sugiriendo que estoy mintiendo?
—No —dijo la Sra. Diamond dulcemente. —Sólo creo que está confundida.
¿Qué estaba haciendo? Un pegajoso, incómodo, casi-culpable sentimiento se deslizó en James.
—¿Cómo explica las grabaciones de vigilancia? —Preguntó Wilden.
Su mamá se detuvo. James miró un pequeño músculo en su cuello estremecerse. Entonces, antes de que James pudiera pararla, ella llevó la mano a su bolso y sacó el botín. —Esto fue todo por culpa mía —dijo. —No de James. —La Sra. Diamond se giró hacia Wilden. —James y yo tuvimos una pelea sobre estas cosas. Yo le dije que no podía dárselas a su novia. Lo llevé a esto. Él nunca haría esto de nuevo. Yo me aseguraré de eso.
James miró fijamente, aturdido. Él y su mamá ni una sola vez discutieron y mucho menos en Tiffany's.
Wilden sacudió su cabeza. —Señora, creo que su hijo deberá realizar algo de servicio comunitario. Esa es usualmente la multa.
La Sra. Diamond parpadeó, inocentemente —¿No podemos dejar que esto corra? ¿Por favor?
Wilden la miró por un largo momento, una esquina de su boca se curvó casi diabólicamente. —Siéntese —dijo finalmente. —Permítame ver qué puedo hacer.
James miró a todas partes, menos en la dirección de su mamá. Wilden se encorvó sobre su escritorio. Tenía una figurilla del Jefe Wiggum de Los Simpson y un Slinky metálico. Él lamió su índice para girar las páginas de papel que estaba llenando. James retrocedió. ¿Qué clase de papeles estaban allí? ¿No sería el periódico local de reporte de crímenes? Eso era malo. Muy malo.
James movió su pie nerviosamente, teniendo una repentina urgencia por algo de Junior Mints. O quizás anacardos (frutos secos). Incluso la Slim Jims (snacks de carne o salchicha seca) sobre el escritorio de Wilden serviría.
Él podía verlo: Todos lo averiguarían, y James instantáneamente estaría sin amigos ni novia. A partir de ahí, habría retrocedido de nuevo al estúpido James de séptimo grado en evolución hacia atrás. Él despertaría y su cabello estaría asqueroso, sucio. Entonces sus dientes estarían torcidos y él tendría aparatos de nuevo. No le entraría ninguno de sus pantalones. El resto sucedería espontáneamente. Él pasaría su vida como gordito, feo, miserable, y pasado por alto, como solía ser.
—Tengo algo de loción si están irritándose tus muñecas —dijo a Sra. Diamond, gesticulando hacia las esposas y hurgando en su bolso.
—Estoy bien —replicó James, volviendo al presente.
Suspirando, sacó su Black Berry. Era difícil porque sus manos estaban esposadas, pero él quería convencer a Jennifer de que ella tenía que ir a su casa este sábado. De repente él realmente quería saber lo que ella quería. Mientras James miraba fijamente la pantalla, un mensaje apareció en su bandeja de entrada. Él lo abrió.
Hola James,
La comida de prisión te hace engordar, ¿Sabes lo que Jennifer va a decir? ¡No es así!
—A
Él estaba tan asustado que se paró, pensando en alguien que debería estar en la sala, mirándolo. Pero allí no había nadie. Cerró sus ojos, tratando de pensar quién podría haber visto el carro de policía en su casa.
Wilden miró desde su escritorio. —¿Estás bien?
—Um —dijo James. —Sí —se sentó lentamente.
¿No es así? ¿Qué diablos? Él miró la dirección de la nota de nuevo, pero solo vio un revoltijo de letras y números.
—James —La Sra. Diamond murmuró después de un momento. —Nadie necesita saber de esto.
James parpadeó. —Oh. Sí. Estoy de acuerdo.
—Bien
James tragó con fuerza. Excepto porque… alguien lo sabía.
Pos exploto de la emoción, ¡Al fin alguien que me entiende! Gracias a HikariRusherLoveGleek por comentar el capítulo anterior y también a Issa. Y de verdad entiendo a Johana (¿Puedo llamarte así, cierto?) la serie tiene tantos giros que si te pierdes un capítulo, es cómo perderte las tres primeras temporadas. También quiero agregar que ayer llegué a Unbelievable (El cuarto libro y el último del primer arco) y que a diferencia de algunas personas e-e yo le estoy dañando la serie a una de mis amigas con mis super Spoilers (Malote al máximo).
PD: Soy tan rebelde que miro la serie y solo tengo trece años.
PD de la PD: Ya casi se acaba la cuarta temporada.
PD de la PD de la PD: Todos amamos a Logan cómo nadador.
PD de la PD de la PD de la PD: Podré tener solo trece años, pero mido lo mismo que Logan Henderson y Rihanna (Así es, 1,73cm).
