Definitivamente la Navidad había llegado. En Hogwarts todos se alistaban para ir a sus respectivos hogares. Harry, Ron y Hermione tuvieron que aceptar el ir a la casa de James, donde a su vez estarían los Merodeadores. De principio no habían querido asistir por el hecho de poder buscar información en la biblioteca, pero se dieron cuenta de que ya no había información en ese lugar, después de buscar tanto tiempo, por lo que optaron por aceptar la proposición del padre de Harry.
El mismo estaba parado frente a las escaleras de las chicas, esperando a su querida pelirroja. Harry le observaba desde los sillones, desde donde se reía de cómo Sirius y todos los presentes perdían ante Ron jugando ajedrez. Ni siquiera la misma Hermione pudo durar mucho tiempo, pero todos dudaron de sus verdaderas ganas de jugar. El joven de ojos verdes había intentado ayudar a Peter, cuando notó que éste estaba tan empeñado en ganar, pero salió con el mismo resultado de todos.
Sí, lo había intentado ayudar. Era extraño. Sabía cómo venía el futuro, sabía de la traición de Peter, pero era imposible no tenerle un poco de aprecio por la forma de ser que el chico tenía. Muchas veces había intentado odiarlo, pero con cada palabra para reírse, con cada ayuda que Pettigrew le daba en clases, ¿cómo hacerlo? Hablaba con Hermione y Ron, todos coincidían que aún no era Mortífago en ese momento. Estaban seguros de que se darían cuenta en algún momento.
—Vamos, E…Lily —hablaba James siguiéndola hasta los sillones—. Por favor, vamos.
—Está bien, James —murmuró Lily ya cansada—. Pero llegaré por la mañana. Petunia invitó a su novio a la casa y quiero estar presente en la cena.
—¡Genial! —exclamó el pelinegro sentándose junto a su hijo y pasando un brazo en sus hombros—. ¿Verdad que es genial, Harry?
—Sí, claro —sonrió el aludido, saludando a su madre—. ¿Entonces estaremos todos?
—Así es —afirmó Sirius ofreciéndole un chocolate a Lily, quien lo recibió gustosa—. Así lo quiere James. Está con antojos. ¿Será que la pelirroja lo embarazó? ¿Eh?
—Cállate, Canuto —musitó James tirándole un cojín, sabiendo que Lily podía molestarse.
Sin embargo, le sorprendió el hecho de que ella riera conjuntamente a su mejor amigo. Le era extraña esa nueva actitud, pero sólo sonrió. Había notado que desde la cita que tuvieron, Lily se había mostrado más paciente con Sirius y con él mismo. Aún no lograba acostumbrarse, pero sabía que era bueno, al menos eso quería imaginar. No podía creer que cada vez estaba más cerca de estar con ella como novios, y sería insistente, más que cuando la invitaba a salir.
Finalmente todos abordaron el tren. Los dos Premios anuales tuvieron que ir en su respectivo vagón, dejando a los seis chicos en el cual primero se habían sentado. Hermione sintió una miradas en su nuca mientras miraba por la ventana, por lo que giró su cabeza y descubrió a Remus observándola detenidamente, tal vez un poco distraído, ya que no se dio cuenta de que Hermione le miraba también.
El licántropo sólo dejó de mirar en cuanto Ron le habló, quien se había percatado ya de la curiosa forma en que miraba a su amiga. No le gustaba aquello, aunque no sabía por qué le molestaba tanto aquello. No había encontrado nada mejor para entablar la conversación que hablarle sobre los Chudley Canons, aunque todos en el vagón estallaron en risas al recordar que habían perdido contra los Murciélagos de Ballycastle, el equipo favorito de los Merodeadores, sin excepción.
Al llegar a la casa de James, notaron la soledad que había en éste. Sirius le comentó a Harry que los padres de James habían fallecido en las vacaciones de verano anterior, advirtiéndole que no hablara sobre ellos mientras comenzaban a adornar la casa con motivos navideños con ayuda de las varitas. No pasó mucho tiempo para que la casa quedara bastante alegre, a la espera de la celebración que habría en la noche, en la víspera de Navidad. Sólo faltaba que llegara la hora de la cena.
—Ha llegado navidad —canturreaba Sirius acercándose a Harry para molestarlo—. La familia alegre está… ¡Canta!
—Cállate, Canuto —rió Remus divertido desde los sillones, donde acompaña a Ron a mirar un libro de Quidditch que le pertenecía a James—. Si cantas mal. Y deja a Harry en paz.
—¿Cómo así? Canto hermoso —murmuró Sirius enfurruñado—. Y dices que deje a Harry en paz como si fuera un acosador.
—Lo eres —entró en la habitación James con una bandeja. Seguido de él, apareció Hermione con unas ensaladas—. En fin, ya debemos cenar.
Todos se posicionaron alrededor de la mesa, comenzando a comer todo aquello que habían logrado cocinar. Harry paseaba la mirada por la mesa, riendo ante la curiosa forma con que cada uno comía. Algunos muy rápido y mucho, y otros lento. Sirius parecía atragantarse con tanta comida, pero dejaba algunas cosas de lado argumentando estar de dieta, cosa que a todos les extrañaba por la cantidad que se servía.
Al día siguiente, muy temprano por la mañana, todos se encontraban sentados en el primer piso, abriendo los diferentes regalos. Sin embargo, James se despegó de los suyos en cuanto escuchó que tocaban la puerta. Casi corrió a abrirla al saber quién era. Finalmente, Lily entró en la habitación, pero su mirada contrastaba con los de todos los demás, los cuales estaban alegres por los regalos que habían recibido. Los ojos de la pelirroja mostraban tristeza y parecía que había estado llorando.
Harry no había sido el único en darse cuenta, su padre se había encargado de quitarle la chaqueta mientras le ofrecía asiento. Verdaderamente el joven estaba preocupado, así lo pudieron notar todos en la sala, que habían dejado de lado los paquetes para poder saber qué le sucedía a la chica. Cuando ella no quiso hablar, James la llevó hasta otro lugar, esperanzado con que le contara cuando estuvieran solos.
—¿Vamos a ver? —preguntó Sirius levantándose. Al notar la mirada de los demás, alzó los hombros—. Sólo para ver si está todo bien… argh, si no quieren, no vengan. Nadie se los ordena.
Si bien Harry no era de aquellos que se metía en cosas que no le correspondía, estaba lo suficientemente preocupado como para no ir a ver. Siguió al Black por los pasillos, acompañado de Ron, y se escondieron tras la puerta de una habitación. Según pudieron escuchar, algo había pasado en la cena familiar. Pero no era eso lo que estaba causando emoción en Harry, era el hecho de que James la tenía envuelta en sus brazos, de una forma protectora, y a Lily parecía no importarle.
—Es que no sé qué hice, James —explicó la joven, soltando por fin las lágrimas.
—El problema no eres tú —murmuró James en contra de su oreja—. Eres demasiado amable para que no le agradaras. Es quizás la antipatía que tu hermana siente hacia la magia lo que hizo que... quizás él, aunque no comprende el porqué, sintió lo mismo que ella siente. Y eso es error de tu hermana.
—Pero, ¿por qué es eso? Yo la quiero mucho, pero ella no…
—No intentes comprender lo incomprensible —sonrió James—. Es como intentar comprender cómo nosotros dos, que siempre discutíamos, terminamos… amándonos.
—Cierto —rió Lily, pero calló al notar la sonrisa triunfal del anteojudo—. Digo…
—No intentes arreglar, tampoco, lo que no se puede reparar—susurró el pelinegro, acercándose a su rostro.
Lily no se alejó esta vez, simplemente cerró sus ojos en cuantos ambos labios se encontraron, pasando sus brazos por el cuello del chico al cual amaba. James sólo la acercó aún más por la cintura, caminando hasta una pared donde la afirmó. Ambos notaron la desesperación del beso, como si estuvieran confesándose al fin lo que habían callado por mucho tiempo. Era así, Lily sobretodo había estado mintiéndose así misma de lo que sentía por el Premio anual.
Sirius codeó a Harry en las costillas con una risa pícara, lo que logró que ambas personas se separaran al escucharlo y miraran hacia donde estaban. James parecía bastante enojado por la interrupción de su momento más glorioso, mostrándolo casi de inmediato en cuanto se dirigió hacia su mejor amigo para empujarlos fuera, echándolos de lo que él dijo ser su espacio privado.
Claro que en cuanto volvieron a la sala de estar, todos se enteraron de lo acontecido, aunque ni Remus ni Peter le creyeron, aun cuando Ron y Harry habían afirmado aquello. Es que era tan difícil que pasara algo así, que Lily no se alejara y le correspondiera. Sin embargo, ninguno pudo decir lo contrario en cuanto los dos ingresaron en la sala tomados de la mano y con cierto sonrojo en las mejillas, un sonrojo más notorio aún en la piel de la madre de Harry.
—¡Ja! ¿Qué les dije? —les encaró Sirius triunfante.
—¿Son novios? —preguntó Remus asombrado.
—Sí —sonrió James abrazando a Lily por sobre los ojos—. Al fin.
—¡Genial! ¡Seré padrino de Harry! —exclamó Sirius acercándose a abrazarlos. Posó sus ojos en quien parecía totalmente consternado—. Es que me gusta tu nombre, Harry. Además, un niño más o menos con tu nombre, no hace la diferencia. ¿A poco no?
La noche había llegado rápidamente. Hermione había estado intentando escapar de todos, buscando la biblioteca que James le había comentado alguna vez que tenía en su casa. Cuando la encontró, entró en el lugar en búsqueda de algún libro que pudiera estar en un lugar particular y no en un colegio al cual asistieran niños. Estaba nerviosa, sabía que había pocas posibilidades, pero algo le decía que ahí podría hallar algo que los ayudaría notablemente.
Harry y Ron, por otro lado, caminaban por los pasillos en búsqueda de la castaña. Sabían exactamente dónde ella estaba, lo que no sabían era dónde estaba la biblioteca de aquella casa, que si bien no era una mansión como la de los Malfoy, sí era bastante grande. Les preocupaba el hecho de ser encontrados por su padre, ya que no sabrían qué excusa dar para estar merodeando en una casa ajena. No pensaban tan rápido como Hermione lo hacía, lo que era una dificultad.
Sin embargo, se detuvieron en una puerta al escuchar una conversación entre dos hombres. Habían escuchado sus nombres, y no parecían estar hablando algo bueno de ellos, ya que Sirius decía "puede que sean espías". Intentaron saber qué era, por lo que intentaron incluso no respirar tanto y apegaron una oreja a la puerta. De esa forma, las voces parecían escucharse más cercanas y más fuertes, las podían escuchar con claridad.
—Es imposible. Harry debería aparecer en este árbol —murmuró James—. Mira, ni siquiera existen quienes dijo eran sus padres.
—¿En serio que no aparecen? —preguntó Sirius. Ambos guardaron silencio, pero Harry se espantó en cuanto la puerta se abrió de golpe y mostró al joven Black señalándolos con la varita—. ¿Espiando la conversación?
—Nosotros buscábamos las habitaciones —se excusó Ron alzando las manos.
—Harry, dijiste que eras "Potter" —acusó James mirándolo y obligándolos a ingresar en aquella habitación donde estaba el árbol genealógico—. ¿Dónde estás?
Harry abrió la boca una y otra vez. Posó sus ojos en el árbol al verlo por primera vez, pero los nervios al sentir la varita de Sirius señalándole le impedía pensar correctamente. Era extraño, muchas veces habían practicado una historia familiar, pero nunca pensaron que los nombres que había dado como los de sus padres, precisamente, fueran los que faltaran en un árbol con tantos nombres comunes.
—¿Quiénes son ustedes? —inquirió James con un semblante totalmente distinto al que normalmente mostraba. Su rostro parecía peligroso, mucho más en cuanto también sacó su varita para señalarlos—. ¿Son mortífagos?
—¡Hablen! —exigió Black moviendo su varita.
Disculpen por el retraso, he estado enferma esta semana y no pude escribirla ayer u.u pero como hoy estoy mejor, aproveché de escribir. Espero que todos estén bien. Gracias a quienes leen la historia y dejan comentarios, muchas gracias, el leerlos me hace querer no retrasarme ^^
Saludos
B!
PD: Felices fiestas patrias a los lectores chilenos C:
