Capitulo 9: Volverá

Habia una ves...

Un general que guiaba el mas poderoso ejercito, llamado Sumeragi Kira. Nadie se enfrentaba a el, por que tenia la reputación de que no le interesaba matar con sus propias manos a un traidor entre sus lineas. De hecho nadie sabia si había algo que de verdad le importara a ese hombre, pues siempre se mostraba con la misma expresión seria e inmutable.
Pero fuera de todo eso también era respetado, jamas atacaba a civiles ni permitía que sus hombres lo hicieran, lo que si, a medida que sus tropas avanzaban les permitía adentrarse en los pueblos unos momentos para evitar que los problemas surgieran. El comprendía que los hombres necesitaban comer buena comida, bebe y quizás conseguir compañía para poder liberar presión.

-Salud! Por que nadie puede acabar con nosotros ni con nuestro general!-

-Salud!- Todos brindaban y se divertían en el bar local, mientras que su general solo estaba a la cabecera de una mesa, con un vaso de cerveza a medio beber. No decía nada ni devolvía los halagos, solo daba tragos a su bebida.

-General Sumeragi, queríamos preguntarle... varios hombres creemos debería darse un momento para poder conseguir un poco de compañía- Una ceja se arqueo en el rostro del otro cuando escucho las palabras del subordinado, en verdad ese era una idea que tenia la mayoría de ellos, pues deseaban retribuirle al otro su nueva guía.

-Solo para usted hemos traído a la flor del desierto! La mas bella entre todas las damas para que pueda llevarle al mundo el cual todo hombre merece llegar- Y entre risas y aplausos una hermosa joven entro a la habitacion, vestida con un vestido rojo como la sangre que dejaba al descubierto sus tentadores muslos y sus voluminosos pechos. Era un tentadora rubia, de ojos seductores y una enorme sonrisa, que hizo que todos en la habitacion se quedaran mudos al instante.

Nuevamente el mayor tuvo la misma reacción, arqueando una ceja mientras observaba a la muchacha que iba hacia el y le sonrió tentadoramente. Su pequeña mano se paso por su rostro del mayor, pero entonces una reacción que dejo a todos en silencio no se espero en llegar. Poniéndose de pie rápidamente y apartando su mano el general solo se acomodo su ropa y salio caminando sin decir una sola palabra.

-Pero que indignante...- Murmuro para si mismo, pues no soportaría que le llevaran una prostituta a sus piernas. No necesitaba esa clase de sucia atención, el no tenia interés en esas mujeres, no importaba como lucieran, si tuvieran los pechos mas grandes o el mas tentador trasero.

-Señor... Señor!- No estaba lo suficientemente distraído como para no escuchar aquel llamado a sus espaldas. Entonces se dio vuelta lentamente y observo como del bar una joven salia, por sus ropas se podía ver que era una de las camareras. -Disculpe... pero se había olvidado esto en el bar- La muchacha le acerco su espada, es verdad, la había colgado en su silla y no la había tomado cuando salio.

-Te lo agradezco...- La acomodo en su cinturón pero entonces observo como la muchacha lo miraba con una hermosa y enorme sonrisa.

-Vaya... si puedes hablar... por los rumores y por el tiempo que estuviste en el bar creí que te habían comido la lengua los ratones...- Sus ojos se abrieron ligeramente, pues nunca en toda su vida nadie la había hablado de esa manera o en ese tono tan confiado. -Pero creo que has dejado escapar una buena oportunidad... ya sabes, irte dejando una chica tan atractiva como ella...-

-No creo que haya hecho tal cosa...- Sus ojos se encontraron por un momento y hubo una chispa que el mayor pudo notar, aunque no podria decir que significaba, solo se acerco a ella sin apartar los ojos de encima de su rostro, para poder admirarla mas de cerca, y luego bajo ligeramente hasta su cuerpo, mucho mas tentador cubierto por ese uniforme tan tosco de bar que aquella muchacha envuelta en esa tela roja.

-General Sumeragi... Fue un placer, tengo que volver al trabajo...- Cuando ella se movió para irse, fue como si su mano se moviera sola, pero rápidamente la detuvo, frenando la en seco.

-Cuando acabas de trabajar?- No estaba seguro de donde salio esa pregunta pero de golpe sintió la necesidad de saberlo. Entonces una pequeña sonrisa se formo en los labios de la joven y lo observo de forma picara.

-Solo en media hora... luego viene otra persona a reemplazarme en la noche para que pueda ir a casa a descansar... quizás... le gustaría acompañarme?- El hombre solo asintió levemente con la cabeza.
Aunque al principio se había negado la muchacha lo obligo a volver a entrar, para que le esperara dentro bebiendo algo mientras tanto. Sus subordinados se sorprendieron de verlo de regreso, y siendo jalado por una camarera, pues nadie jamas se atrevería a obligar al general a hacer algo, pero nadie dijo nada, solo continuaron bebiendo y divirtiéndose.

Aquella media hora se le hizo muy larga, pero le dio la oportunidad de poder enfocar su mirada en ella, mientras trabajaba, con la gracia con la que se movía y lo fácil que sonreía, sin nunca verse falsa.

-Ya estoy lista para que nos vayamos General Sumeragi- La vio acercarse, ahora sin el delantal banco atado a su cadera y un pequeño saquito de color rosa claro cubriendo sus hombros. Se veía pequeña e indefensa, pero hermosa.

Caminaron en silencio por la calle del pequeño lugar, hasta que llegaron a una pequeña casa. La muchacha abrió la puerta y le permitió pasar. -Le gustaría de que preparara algo para comer? - Pero antes de que siguiera hablando las grandes y cálidas manos masculinas pasaron por sus mejillas, entonces sus ojos se cerraron, disfrutando de esas caricias tan tiernas. -Sumeragi...-

-No...- Su pulgar paso lentamente alrededor de sus labios, acariciándolos. -Tu no me llames así... es Kira-

-Kira...- Suspiro suavemente, pero que ella dijera su nombre era mas que suficiente para que la piel del otro subiera a una mayor temperatura.

-Si...- Sus pequeños brazos se estiraron para poder llegar a rodear su cuello, mientras que el se agachaba para poder abrazar su cintura y así levantar la, mientras que sus labios buscaban los suyos, besándose con una pasión que ninguno de los dos podria explicar, solo disfrutar.
Solo fueron unos minutos antes de que se separaran para poder respirar mientras se miraban fijamente. -Creo que dejare la comida para después...- Rio levemente y luego la muchacha lo jalo para poder guiarlo para su habitacion.

Se desvistieron el uno al otro con la necesidad de sentir sus pieles juntas. Entonces el la subió a la cama y se acomodo sobre ella, por la ansiedad había olvidado colocarse protección, o mas bien preguntar si la joven tenia allí, pues el no tenia encima algo como eso, nunca espero que algo así sucediera.

-Kira!- Cuando gimió su nombre su mente se puso en blanco, jamas había escuchado algo tan delicioso en su vida. Siempre le pareció una tontería cuando sus muchachos hablaban de sonidos que se sentían deliciosos, o miradas que te quitaban el aliento, o estar al borde de la locura por una mujer, pero ahora lo comprendía todo. El estar allí haciendo suya a esa mujer era exactamente como ellos lo describían.

Como si los mas bajos de sus sentidos hubiesen resurgido dentro de el. No quería dejar ir a esa muchacha, no podía dejar que ella se marchara lejos de el. Era casi algo como animal, el deseo de poseer la, de ser uno y poder marcarla como suya. Por eso la satisfacción lo llenaba cuando ella gemía su nombre una y otra ves mientras lo hacían.

Finalmente la noche paso, ninguno de los dos podria contar cuantas veces lo hicieron, parecía que nunca quedaban satisfecho. Solamente pararon cuando sus cuerpos no aguantaban mas el desgaste físico y finalmente tuvieron que descansar.
El sol no tardo en salir y el mayor aun así se había quedado dormido. Aquello era mas que lo mas extraño de todo, el era una persona que se despertaba en cuanto rompía el alba, pero ahora estaba tan cómodo junto a la muchacha que su cuerpo se había quedado para poder descansar un rato mas junto a ella.

-Kira... Kira, despierta, ya casi es medio día y tengo que levantarme para ir a trabajar...- La muchacha movía con suavidad al mayor, que reacciono de a poco al escuchar que hora era, y de verdad no podía creer que fuese verdad, que se hubiera quedado dormido por tanto tiempo.

-Jamas había dormido hasta tan tarde... que ejemplo le di a mis hombres?- Murmuro el mayor mientra empezaba a sentarse en la cama, pasándose las manos por el cabello para poder echárselo hacia atrás, pero las suaves manos de la joven se apoyaron en sus mejillas para que el la mirara.

-Tu das un buen ejemplo... no creo que no tiene nada de malo que te quedes un poco mas... después de todo... hoy se marcharan... no es verdad?- Coloco una de sus manos sobre la suya para poder mirarse a los ojos unos minutos, y unos centímetros se acortaron entre ellos.

-Pero... en 4 meses irán a casa...- Esa era la esperanza de todos los hombres, en 4 meses todo acabaría, y los que tenían una familia esperándolos podrían regresar finalmente con ellas.

-Y tu también, verdad?... deben extrañarte mucho...-

-...Yo no tengo una casa como lo crees... no hay nadie que me espere-

-Entonces... podrías pasarte por aquí para poder tomar un trago si no estas apurado por volver...- Una pequeña sonrisa se formo en los labios de la muchacha, y sorprendente mente, también en los de el.

Y las tropas se marcharon. El general se fue con la sensación de que había perdido algo dentro suyo, quizás esta era la tristeza que sentían algunos de los hombres que se habían ido separándose de la gente que apreciaban. Pero todo acabarían en unos meses...

Pero no fueron 4 meses, con su mente ocupada en el amor, le costo mucho recuperarse al hombre. Y aunque nadie podria recriminarle después de trato esfuerzo, tardaron 1 año en poder regresar todos a sus hogares con las personas que los amaban.

Kira sentía vergüenza de si mismo, no sabia como presentarse en la casa de la muchacha después de tanto tiempo. Pero quería verla, después de tanto aun tenia la imagen de su dulce rostro en su mente y era en lo unico que podía pensar, deseaba poder verla y abrazarla de nuevo.
Era un militar, así que solo se puso derecho y golpeo la puerta firmemente.

-Si?- Cuando escucho su voz su corazón se disparo, pero nada lo hubiese preparado para lo que vio entonces. Pues al abrir la puerta la misma dulce muchacha le abrió, pero ahora tenia entre sus brazos un pequeño bebe que descansaba tranquilamente. -Por dios... Kira... eres tu...- La joven lucia mas que sorprendida, pero el otro no se quedaba atrás, ya ni sabia que decir, eso lo había dejado sin habla.

-Yo... acabo de volver y vine... a saludar...-

-...sabia que regresarías Kira... nunca dude de tu palabra...- Aquello retorció algo dentro suyo, pues creía creer en esas palabras pero no podia evitar dudar de ella.

-Entonces... por que no me esperaste...?-

-...Kira...- La muchacha al ver sus ojos contemplo el semblante de un hombre que se sentía abatido, engañado, y miro al bebe en sus brazos comprendiéndolo. -No... no... yo si te espere... Kira... este es tu hijo...- Susurro suavemente mostrando le mas de cerca al bebe de apenas un mes de edad.

El hombre de nuevo se quedo sin palabras, solo acerco sus brazos para poder cargar aquella pequeña criatura, sintiendo como comenzaba a moverse y entendió que aquella muchacha no solo lo había esperado, si no que había luchado sola el embarazo por culpa suya. -Lamento haberte dejado... de haberlo sabido...-

-No habrías podido saberlo... lo importante... es que estas aquí, no?- Una de sus femeninas manos se acerco a su brazo y lo acaricio, dándole un suave y tierno consuelo.

-Jamas volveré a irme... jamas... te amo- Se agacho lo suficiente para poder depositar un suave beso en sus labios.

...

La joven dejo de relatar y observo a su esposo, quien la miraba mas que compenetrado en el relato.

-Le ha gustado?- Pregunto la joven con una suave sonrisa. Mientras que sus ojos giraban hacia la ventana, observando como el sol comenzaba a aparecer.

-Me has sorprendido, jamas había escuchado una historia tan buena...- Dijo el joven mientras salia de su trance.

-Me alegra oír eso, por que en realidad, este ritual debe durar una noche mas, si me lo permite, esta noche debo contarle otra historia...-

-Bueno... de ser así lo permito, no quiero insultar tus tradiciones... espero que sea una historia tan buena como esta...- La muchacha, al oírlo, solo sonrió y asintió suavemente.

Fin.


Empezare una nueva historia sobre Heart no Kuni no Alice