Mirage

Autora: YukaKyo
Serie: Inuyasha le pertenece a su Autora.

Pareja: SesshoumaruxSango, un poco de InuxKag tambien

Categoría: T. Romance, acción, aventura, drama, angst.

Sumary: Desde cuando la exterminadora se convirtió en la presa? Tal vez desde que esta le robo su corazón.

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Bienaventurados los que de ella beben

9— Hilos de seda...

La sutil loción de sándalo e incienso era lentamente quemada sobre aquellas tumbas, ocultando por algunos segundos aquel olor podrido y nauseabundo que aun podía percibirse apresar de tanto tiempo o eso al menos le parecía a Sesshoumaru, si fijaba con atención y detenimientos sus ojos dorados, aun podía distinguir la cobriza tierra manchada con sangre humana y demoníaca, los rastros de carne quemada y de armas pulverizadas, tan sutil y fino que ni siquiera podía ser visto por ojos humanos o incluso de demonios de baja categoría.

Definitivamente todo aquello había sido

Una cruel carnicería...

A su alrededor todo estaba en ruinas, dos o tres de aquellas casas aun en pie, desprovistas de techo o muros y en el mejor de los casos solo con la cimentación algo dañada. Una suave brisa volvió a llevarle aquel místico aroma, permitiéndole a su olfato descansar de aquel hedor que le atormentaba. El débil crispar de las varitas de incienso, el casi inaudible sonido del viento, la tranquila respiración de la mujer y la propia, eran los únicos sonidos que podían apreciarse en aquella villa.

Desvió su mirada del suelo manchado donde se encontraba sentado, levantándola hacia las ramas, el único árbol que se encontraba aun de pie y le cubrían del sol con sus acogedoras ramas. Alejado demasiados metros de aquel improvisado cementerio y tan cercano a la única casona en la que había pasado varias noches, junto con la mujer y el demonio gato de fuego.

Volvió a bajar su vista posándola tras la espalda de la mujer que arrodillada, oraba en silencio bajo los cálidos rayos de sol. Sentada en sus cuatro patas le acompañaba la gata, aguardándola con sagacidad y obediencia. La débil brisa del viento, esa misma que le traía el perfume del incienso colocado con cuidado sobre cada una de las numerosas fosas, simétricamente cavadas, movía sus cabellos castaños, atrapados en aquella delgada cintilla que aunque parecía sujetada descuidadamente, les sujetaba con fijeza sin dejarlos caer sueltos.

Paseo su vista por los prominentes surcos de tierra y no hacia falta que le preguntara quien había cavado aquellas moradas para los guerreros caídos, su agudo olfato podía percibir la esencia de Inuyasha y de los otros presentes en la tierra que les cubría.

Noto como las delicadas flores amarillas que nacían sobre las tumbas brillaron mas claras y vivas cuando los dedos de la exterminadora pasaron por ellas, despidiéndose en silencio de sus muertos, tal y como desde el primer día en que llegaron lo había hecho, atendiendo sus deberes para después profesar una o mas horas de su tiempo en aquel pequeño ritual de oración y ofrendas con sus camaradas.

Los castaños ojos de Sango se encontraron con aquellas orbes doradas tranquilas y frías, mismas que le observaron en silencio antes de apartarlas para levantarse de un solo movimiento del suelo, el youkai le dio la espalda comenzando a caminar, pero se detuvo, escuchando como la mujer preparabas sus armas. Giro levemente su rostro, notando la débil sonrisa confiada que mostraba en sus labios, antes de quedar a un lado suyo, empezando a caminar al unísono, con la gata siguiéndoles varios metros atrás.

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—¿Este es el lugar, Mujer? —siseo secamente Sesshoumaru, acercándose un poco mas a la oscura entrada de la cueva. Mirando de reojo como la exterminadora se colocaba la mascara protectora sobre su rostro.

—Si, aquí es— susurro tras la mascara la exterminadora, acercándose también, tomando de entre sus ropas algunas bombas preparadas con hierbas.

No eran venenosas, pero con su fuerte aroma, servirían para hacer salir a la araña, si es que se encontraba ahí, pero estaba segura de que no seria así, aquellas arañas tejedoras de cuerdas de seda, salían en aquellas horas tempranas del día para alimentarse con frutas y bayas.

Soltó los pequeños círculos preparados que al contacto con la ruda constitución del suelo, se romperían liberando su contenido, solo esperaba que a Sesshoumaru, el olor no le fuera tan insoportable. Recordaba que en algunas ocasiones Inuyasha terminaba desmayado por los olores y siendo sincera, esperaba lo mismo del youkai, por su sensible olfato.

Pero a pesar de que la densa capa de humo les dio de frente, al parecer esta no afectaba a Sesshoumaru o por lo menos eso aparentaba.

Sujeto con fuerza el hiraikotsu, se sentía mas ligero después del nuevo arreglos que le había hecho que habían durado solamente dos días en realizar, sonrió confiada. Seguramente una vez en el aire se movería con mayor rapidez y peligrosidad. Atributos que le parecían perfectos y adecuados.

Bien ya había pasado el tiempo suficiente y como suponía no había nadie en aquella cueva, iba a dar un paso adelante, pero se detuvo al ver como el youkai se le adelantaba, entrando corriendo sin esperarla, con su espada toukijin desenfundada.

Gruño molesta, reaccionando minutos después, para arrojarse en una rápida carrera hasta la entrada, era tan desconsiderado, que no tenia buenos modales.

Las damas eran primero.

Y si eran exterminadoras con mucha mas razón.

Se detuvo en seco al igual que Kirara, una vez que llegaron hasta el oscuro interior de la cueva, continuaron despacio, protegiendo cada un de los pasos que daban y es que no podían estar tan tranquilas ambas ahí adentro. Sesshoumaru había entrado entres que ella, pero, el humo irritante que había quemado la bomba plástica, solo afectaba a las arañas tejedoras de aquellos hilos dorados, mismos que necesitaba para la reconfección de su traje destruido.

No les temía a aquellas arañas, puesto que no eran peligrosas, a pesar de su increíble tamaño y fuerza, sino a las demás bestias y demonios que en ocasiones solían alimentarse de ellas y que asaltaban aquellos nidos-cuevas.

Y para esas escorias aquellas bombas de humo no funcionaban.

El débil resplandor en lo mas recóndito de la cueva llamo su atención, haciéndole una seña a Kirara para que ambas corrieran a toda velocidad hacia allá, alcanzado aquella luz que metro a metro aumentaba de intensidad e incluso al llegar al final de la misma les nublos la vista ambas.

Tardo unos segundos en acostumbrarse aquel repentino cambio de luminosidad, distinguiendo la imponente figura de Sesshoumaru, siendo bañada por la intensa luz que entraba por una abertura en la cueva de forma irregular, dejando entrar los dorados rayos solares.

— Mujer... ¿Es esto lo que vinimos a buscar?— murmuro con frialdad Sesshoumaru, señalando con toukijin la brillante telaraña tejida con sumo cuidado sobre el techo y algunos troncos que ahí se encontraban.

Sango asintió acercándose a la misma, una mueca de disgusto se formo en sus labios, recordando que durante todas las veces que Sesshoumaru se refería a ella, le decía secamente, mujer, nunca le llamaba por su nombre, volvió a negar arrodillándose frente a la telaraña. Era mejor eso a que le dijese exterminadora, con el mismo desprecio y odio de la primera vez en que la vio.

Dejo de pensara en aquello, sacando de entre sus ropas una pequeña daga, rompiendo con cuidado aquellos hilos, enredándolos con maestría en un carrete, debía hacerlo lentamente, ya que si se rompían, no le servirían en absoluto. Deleitándose con el brillo dorado de cada una de aquellas hebras. Era solo el único elemento que le faltaba para completar su traje de combate, los demás armazones y protecciones las pudo reparara con algunos huesos de monstruos que quedaban en la villa, pero la elástica y resistente tela de su traje era lo que le faltaba, afortunadamente, aun había de aquellas arañas en las cuevas cercanas.

Esos hilos dorados, mezclados con algunas esencias y hierbas mas, se convertirían en aquella poderosa tela negra que la cubría, protegiéndola la mayoría de las veces de los ataques de los demonios a los que perseguía. Sesshoumaru la miro insistentemente, se estaba tardando demasiado tiempo en realizar aquello, había algo que le decía que en aquel lugar no estaban seguros y casi nunca le fallaba su instinto cuando su olfato lo hacia, porque era si, aquel humo había confundido a su olfato y en esos momentos no percibía aroma u olor alguno.

Y esa continua sensación de peligro que le recorría, le impedía estar a la guardia a cada segundo, muy al contrario a como estaban de relajadas la exterminadora y su felina acompañante. Pero aunque no lo pareciera, también la exterminadora estaba en alerta, en mas de una ocasión había ido a aquellas cuevas, encontrándose con todo menos las arañas benignas. Miro de reojo al impaciente youkai que se movía cerca de ella, caminando desesperado de un lado a otro y no lo entendía, bueno porque ella no podía percibir auras malignas a su alrededor, aparte de la de Sesshoumaru y Kirara.

Sango negó con la cabeza, mientras movía el cuchillo rebanando una gruesa capa de telaraña, no es que pudiera sentir las presencias malignas, los humanos comunes y exterminadores que no tenían poderes espirituales no podían lograr sentirlas, al menos no como una miko o houshi podrían.

Pero podía sentir los ligeros e imperceptibles cambios en el ambiente, la densa capa de aire que estos formaban e incluso el aroma o los distintos sonidos que creaban al caminar, hablar o incluso al respirar. Y podía afirmar con seguridad que en aquella cueva no había nadie mas que ellos tres. Sango dio una vuelta mas a aquellos hilos, un poco mas y tendría la cantidad que necesitaba.

Sesshoumaru paseo inseguro sus ojos por toda la cueva, buscando algo que le quitara aquella sensación que aun atorada en su pecho llevaba. Mas no encontró nada que le hiciera seguir con aquella defensiva actitud. Levanto a toukijin dispuesto a enfundarla nuevamente, cuando un ligero brillo rojo en lo mas profundo de la cueva llamo su atención, mas reacciono algo tarde percatándose de que era.

—¡Aléjate Sango! —logro gritar, arrojándose contra aquel resplandor rojizo que había sido lanzado por una criatura oculta entre las sombras directamente hacia la exterminadora. Sango escucho aquello, dando un salto largo junto con Kirara, para ver después el azulado resplandor de toukijin cortando el viento y a la bestia.

Los restos de carne cortada y vísceras explotadas cayeron al suelo con un golpe seco, quedando desperdigados en el suelo de piedra, manchándolo de rojo con la sangre que escurría en cada trozo. Sango suspiro aliviada, notando como el youkai de un solo movimiento agitaba su espada eliminando de ella los restos de sangre y carne antes de enfundarla. La exterminadora giro los ojos hacia la telaraña, buscando que esta estuviese dañada o destruida, pero se encontraba intacta, seguramente el ataque de aquel demonio había sido repelido por el brillo mortal de toukijin.

Se acerco lentamente al youkai, que seguía ahí, con la vista baja mirando al demonio que había despedazado de una solo movimiento, Kirara gruño al olfatear el potente veneno que aquella sangre que empezaba a oscurecerse desprendía. Sango miro atónita los restos de demonio, reconociendo a que clase pertenecía, era un youkai escorpio, con forma semi-humana, vio con interés una de sus manos convertida en aguijón, de intenso color rojizo del que goteaban algunas gotas de oscuro veneno.

Una mueca de desagrado se formo en sus labios, a esos espíritus les gustaba atacar a traición a sus victimas, disparando su aguijón desde varios metros atrás, como una delgada y afilada aguja que se encajaba en la piel atravesando el cuerpo y dejando impregnado su mortal veneno en la piel, carne y órganos.

Pero aquel veneno no era lo que mataba, sino, la habilidad que este tenia para descomponer la carne viva de sus presas, inmovilizándolas o matándolas con el dolor para después devorarlas, muertas o vivas.

Saco un pequeño contenedor de sus ropas, acercándolo al aguijón, cortando con la daga entre sus manos parte de este para que aquel veneno cayera en el recipiente, seguramente después le serviría. Suspiró cansada una vez que guardo el diminuto contenedor y se levanto despacio viendo con agradecimiento al youkai.

—Gracias— murmuro la exterminadora, aunque en realidad quería agradecerle mas por haberle llamado por su nombre.

Sesshoumaru solo se encogió de hombros, alejándose de ella, caminando hacia las salida, Sango acomodo sus armas y guardo bien todo lo que necesitaba llevarse entre sus ropas antes de seguir con lentitud a Sesshoumaru.

Sesshoumaru emitió un inaudible gruñido, seguro de que la mujer no le escucharía, ya que se encontraba varios metros atrás de el, una de sus manos subió hasta su abdomen protegido por la gruesa armadura, sintiendo el pequeño y angosto agujero que tenia en la misma. Podía sentir el ardor y escozor de aquel ataque que con su espada no pudo evitar.

Se maldijo en voz baja por haber sido demasiado descuidado, mas bien por haber dejado que un demonio de tan baja categoría le dañara.

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—Aquí me quedare—

—Seguro—contesto Sango mirando como el youkai se dejaba caer con pesadez contra el tronco del árbol que estaba cerca de la choza en la que por ahora vivían.

No le tomo importancia, después de todo, ahí era donde solía pasar la mayor parte del día. Dejándole continuar con sus labores de reparar las armas y demás. Miro como Kirara se acomodaba al lado de él, tendiéndose con suavidad, recargando su cabeza en una de sus piernas.

Aquello si que le pareció extraño, porque Kirara no soportaba tenerle cerca y Sesshoumaru tampoco. Problemas entre razas seguramente, pero por ahora, aquella pequeña discordia estaba olvidada. Se encogió de hombros, siguiendo con su camino, tenia toda una tarde por hilar.

Sesshoumaru abrió los ojos con pesar, levantar las delgadas pestañas le atormentaba como mover algún otro músculo de su cuerpo. Giro su cabeza con demasiada lentitud, fijando sus ojos en los de la gata que le miraba, levanto una de sus manos, llevándola a la cabeza de la felina acariciándola entre las orejas y bajo la quijada, logrando que esta ronroneara con suavidad.

—Al parecer tu eres la única que sabe lo que me pasa— Kirara maulló como respuesta, e iba a levantarse, pero esa misma mano se lo impidió, manteniéndola echada a su lado, una oleada de ardiente dolor le recorrió, subiendo de su abdomen a su pecho, concentrándose en su corazón, sintiendo como si algo se lo apretara con demasiada fuerza cortándole la respiración.

—No vayas, deja que acabe lo que esta haciendo— Kirara lo miro sin comprender y se encrespo cuando los ojos dorados y tranquilos de Sesshoumaru se tornaron rojizos al mismo tiempo que se le desfiguraba la cara.

La transformación del youkai se detuvo cuando vio como la gata se transformaba y se echaba a su lado, sujetándolo de sus ropas hasta dejarlo recostado sobre su abdomen peludo, cobijándolo con su cola. Sesshoumaru se dejo hacer, cobijándose aun mas con la suave calidez de la gata, la fresca brisa le golpeo el acaricio el rostro, como si miles de pequeñas manos le reconfortaran.

—Gracias— logro murmurar antes de caer en la inconciencia, siendo mirado con preocupación por la gata de fuego de dos colas.

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Sango sonrió con dulzura cuando vio entrar a Kirara por la pequeña puerta de la casa, mas dejo de mirla para concentrarse en terminar los últimos arreglos de su traje. Un poco mas y estaría listo, los anaranjados rayos de sol daban contra sus pies, recordándole que dentro de poco anochecería y debía preparar la cena para el youkai.

Aunque no sabia con claridad de ahora si probaría lo que cocinaba.

Una sonrisa confiada se dibujo en sus labios, tendría que hacerlo, no se había pasado todo lo que restaba de mañana y tarde para terminar su traje rápido para que Sesshoumaru no se quejara de su perdida de tiempo.

Logro terminar con todo con suma rapidez, logrando solo quedarse en la villa por tres de los cinco días que desde un principio había planeado.

Y ahora pensaba terminar con broche de oro logrando que el youkai probará los alimentos hechos por una humana

Bueno, mas bien como el decía, por una exterminadora.

Una mueca triste se dibujo en sus labios, Sesshoumaru a pesar de que llevaba a su lado mas de dos meses, seguía sin confiar plenamente en ella. Negó fuertemente con la cabeza, era lógico que no lo hiciera, después de todo se encontraban en la clásica situación de depredador y presa.

Aunque debía de reconocer que tenia un gran avance ya que le había confiado a la pequeña Lin. Sango sintió como los dientes de la gata la jalaban.

—Ya pronto termino Kirara, en un momento mas y les haré de comer— pero aun después de aquellas palabras la gata no dejo de hacerlo, evitando que Sango continuara con sus costuras.

—¡Kirara basta! —murmuro severa la exterminadora, para luego ver confundida a la gata que la tomo de la ropa subiéndola a su lomo para salir de ahí. Sango se bajo con rapidez de la gata mirándola con desaprobación e iba a regañarla una vez mas cuando giro sus ojos a donde estaba Sesshoumaru.

Y la respiración en sus pulmones se detuvo.

El youkai se encontraba nuevamente recargado contra el tronco, con la cabeza ligeramente echada hacia delante, los largos mechones de cabello le caían hacia el frente cubriéndole parte de la cara, dejando ver la piel extremadamente blanca, casi traslucida y sin vida, los delgados labios estaba entreabiertos de un pálido color azul. Y a pesar de estar tan lejos puedo percibir que el suave movimiento de su pecho bajando y subiendo esta vez faltaba.

Sesshoumaru se encontraba ahí tendido, como sin vida.

Las largas piernas de Sango se movieron torpemente, deteniéndose a su lado cayendo de rodillas junto a él, así de cerca pudo percibir con mayor intensidad la palidez de su piel y los resecos labios que ahora si le llamaba estaba segura por mas que lo quisieran lo le responderían.

—Sesshoumaru—susurro quedamente, levantando sus manos hacia el youkai, moviéndolo ligeramente, mas nuevamente su respiración se contuvo cuando el cuerpo flácido, frío e inerte de Sesshoumaru cayo entre sus brazos.

Y solo pudo sentir como las calientes lagrimas de sus ojos castaños brotaban.

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