Aviso: el acento de mi teclado se haya muerto y bien enterrado, asi que si faltan acentos es por las correciones de ultima hora que me ha sido imposible de poner acento. Espero que no se haga muy dificil de leer :(

Besitos!


Abri la puerta, percibiendo el intenso olor a propiedad que permanecia en la entrada, seguramente desde donde Leonard habia expiado las etapas de la chiquilla durante la transformación. La puerta tenia el pomo destrozado, por lo que imagine que nuestra norma de "no llamar la atención" se veria rota una vez más en presencia de tan desconsiderado "protegido".

Cruze la puerta, sintiéndome algo cansada ante la vibrante luz de los focos del pasillo. Quizás me hubiese hecho afin a aquellas costumbres humanas, pero mis ojos seguían rechazando los lugares donde no existía casi sombra donde descansar la vista. Cerre y pue el pestillo, contenta de que al menos allí dentro las luces estuvieran apagadas.

- ¿Hola?- murmure. El dormitorio está sellado por un par de puertas correderas de estilo japonés. Pase de largo la ligera apertura y me acerque al balcón, donde las cortinas me recibieron con un ondeante movimiento a causa del frío berlinés. A pesar del ruido de la brisa en mis oídos pude percibir los ligeros acordes que significaban la puesta en marcha de la niña. Un segundo después, sus piececitos tocaban la alfombra, dudosos y quebradizos a causa del dolor de la transformación. Respire y ella siguio su camino, arrastrando su cuerpo a gatas hasta la hendidura de las puertas. Cuando estime que me tenia vigilada, gire rápidamente la vista, contemplando sus ojos asustados abrirse de par en par. La habia cazado.

- ¿hermana?-. Ah, había pasado por alto aquel detalle. Los neófitos recién creados son muy sensibles a cualquier estímulo: dado que fue Leonard quien me transformó, utilizando su sangre, mis facciones se habian adecuado a un estilo similar al de Leonard, por lo que tanto él como yo podríamos parecer de la "familia". Esta chiquilla debio de creer que era como ella. Bueno, qué más daria mentir al principio.

Con algo más de confianza, la pequeña abrio la puerta unos centímetros y se mostro ante mí. A pesar de que según los cálculos de Dimitri, debia de rondar los ocho, diez años de edad como mucho, gracias a la sangre de vampiro que fortalecia sus huesos y músculos, parecia tener unos trece. Creo que adivino mi reacción, porque ella sonrio ante mí como si compartiéramos un gran secreto. Ella también debio de sentirse cambiada. Eso era bueno: si reaccionaba bien a ese cambio quizás no empezaria a chillar cuando le contaramos qué era ahora.

- ¿cómo te llamas?-. Su voz era muy fina, risueña en todos los sentidos de la palabra. Pude empezar a entender por qué a Leonard le gustaba: adoraba todo lo que le hacia sentirse menos viejo.

- Valeria- conteste, y algo en mí me adviertio de que eso habia sido un gran error. Una neófita no tiene nombre real hasta que se especializa. Guardar con cariño mi nombre humano sería un insulto para Dimitri, pero me era imposible deshabituarme a no tener ninguna palabra que me representara. Mientras tanto, la pequeña seguia sonriéndome, como si contemplarme fuera una gran atracción para sus enormes ojos esmeralda. Realmente habría sido hermosa, si Leonard la hubiera dejado madurar.

- es un nombre bonito- rio, atusándose el vestido de flores lleno de manchas que componia su ropa. Mire aquel trapo con desaprobación y diriji mis pasos a una pila de paquetes cuidadosamente envueltos. Coji uno y destroce el papel ante el mudo interrogatorio de mi acompañante, tendiéndole segundos después unos jeans y un jersey.

- Alguien nos obligó a pasar por una tienda de camino hasta aquí- la tranquilice mientras ella recogia su nueva ropa con una expresión entre el asombro y las lágrimas- dijo que te harían falta algunas prendas, ¿me puedes decir si es de tu talla?-

- ¿por qué?-

- Por que van a ser tuyas y quizás las tengamos que devolver, ¡vamos!- pero la pequeña seguia estática, agarrando los jeans que le habia dado casi con adoración. Ah, sí, la pobreza. La niña habia aprendido que nadie daba nada a cambio de nada. Intente reconfortarla con mi sonrisa, apretando los labios para esconder la respuesta grabada en mis colmillos. – Sólo es un regalo. De…bienvenida-

- entonces es cierto- respondio, con el timbre de su voz varias escalas más baja de lo normal. Oh, mierda, había ido con poco tacto.

- o-oye mira, por favor, no grites. Me han pedido que te hiciera esto más fácil y si gritas me tendré que ir a avisarlos p-por que…- pero su sonrisa me ilumino. Fue la sonrisa más sincera que he visto en mi vida, tan pura como sólo la que un niño podría tener. Cogio una de mis manos, para mi total asombro, y la resguardo entre sus manitas, calidas, a pesar del frío que condenaba nuestros cuerpos.

- Gracias-

- ¿no tienes miedo?- La pregunta salio sola, no pude contenerme y ella parecio agradecer mi interés hacia ella. Solto mi mano y comienzo a cambiarse, mientras yo desenvuelvia otros paquetes en busca de algo que hacer para quitarle tensión al asunto.

- No. Papá se marcho hace mucho, cuando yo aún era bebé. Mamá se ocupó de mí, pero no parecía muy contenta de trabajar, por mí, porque ella podría haber seguido estudiando si yo no hubiese aparecido. Mi abuelo vino una vez y me lo dijo. Fue la única vez que vino y se tapaba la boca con un pañuelo como si mamá y yo oliésemos mal- Chasquee la lengua. Eso a Leonard no le iba a gustar, ni un poquito.- Hace unos días Mamá dijo que tenía que comprar unas cosas. La esperé y esperé pero tenía hambre y salí a buscarla. Llevo días rondando por la calle, pero nadie me dijo si había pasado por allí. Todos piensan que se ha evaporado-

- ¿y tú qué opinas?-. Un abrigo. Genial, al menos iria resguardada. Arranque la etiqueta.

- Una vez mamá, hablando sobe papá, dijo que "si se fue, fue porque quería otra vida y no tuvo valor para decirlo antes". Si mamá se ha ido será por eso mismo, así que yo quiero mi vida, otra vida como dijo mamá- suspiro y miro su reflejo en el espejo, donde podia contemplarse una niña de pelo color cobrizo examinar un vestido nuevo de color ocre claro. Realmente le gustaba ese color.- ¿él me dará esta nueva vida?-

- ¿él?-. Me gire para colocar una diadema de color marrón en su cabezita llena de rizos.

- la persona que me dio de beber- respondio con los ojos brillantes recorriendo la habitación hasta la cama.- estaba deliciosa-

Antes de que pueda contestar, mis sentidos me alertaron de una fragancia muy familiar. Segundos después, Leonard y Dimitri entraban por la puerta con iguales sonrisas bromistas. Oh, mierda, ya habian terminado la paliza y parecia que el mal humor de Leo habia disminuido tras meterle un buen mordisco a mi Ghardian. Sus ropas estaban destrozadas en muchos puntos, pero para mi pequeña acompañante, la impresión de ver aquellos enormes cuerpos adentrarse en la habitación era demasiado para sus sentidos de neófita. Exhalo un chillido e intento dar un salto hacia atrás, pero Leo oprimio su brazo izquierdo en una velocidad muy superior a la de la chiquilla.

- Buenos días, Donna-. Los ojos de Leonard se quedaron fijos en su protegida, intercambiando una mirada de total embelesamiento por su neófita. Era curioso, ahora que podia contemplarlo, el amor que residia entre ellos, el vínculo que se creaba cuando un vampiro encontrab a su compañero. Y decir su nombre. Sólo Leonard podría dar un nombre a aquella chiquilla, al igual que yo algún día tendria que dejar de ser Valeria. Un compañero concede el nombre de su vampiresa y es increíblemente interesante poder comprobar que el nombre se adecua exactamente a la persona en cuestión. La recién nombrada Donna sonrio paulatinamente a aquel hombre, respirando entrecortadamente ante el escrutinio del que era víctima por parte nuestra, exhibiendo al fin un par de majestuosos colmillos como súmun de esa sonrisa. El aroma penetrante del macho llego hasta nuestro olfato, antes de que Leonard presionase sus labios contra los de la pelirroja con voracidad, algo que ella pronto devolvio sin preambulos.

Gire mi vista hacia Dimitri y segui sus señas hasta la puerta. Algo me decia que era mejor irnos, porque Leonard estaria tan ensimismado en ese momento que ni siquiera se acordaria de nosotros durante horas. Cuando al fin cerramos la puerta, inspiramos el aire limpio algo más tranquilos. El hedor de un macho realmente era insoportable, la estrategia natural de nuestra especie para espantar a posibles competidores de su hembra, aunque para ésta sea el mejor olor que haya inspirado jamás. Cosas vampíricas, mejor no entenderlas. Hurge en mi bolso y saque con nerviosismo un cigarrillo. Diablos, cuánto lo necesitaba.

- Sal de aquí si quieres contaminarte-. Dimitri lanzo una mirada de asco ante mi cilindro milagroso. Había olvidado su odio hacia el tabaco.- Yo iré a hacer la primera patrulla-

- ¿crees que no estará lo suficientemente a salvo?- suspire. Eso significaba que el segundo turno era para mí. ¿Por qué? ¿por qué? ¿por quéee?

- Hasta que no esté de vuelta en casa no estaré tranquilo, Valeria-

- Lo que pasa es que te da envidia que se haya emparejado tan pronto- rei, y pude sentir su mirada taladrándome por detrás. No puedo siquiera imaginar qué ocurrirá cuando Dimitri encuentre compañera, ¿qué pasará conmigo? Es mejor no pensarlo, es mejor no pensarlo. Pueden pasar miles de años, ¿para qué preocuparse?

Al día siguiente, Dimitri y yo reservamos una habitación para Donna y fuimos a reservar unos billetes de avión para los cuatro, de vuelta a casa. Coger el tren hacia el aeropuerto fue como dar un paseo de vuelta hacia mi antigua vida, oyendo las cálidas bienvenidas de anuncios de trenes con destino a Rembrandt Strasse y Glüchshen. A pesar de que era de día y nuestras fuerzas se hallaban menguadas con el contraste del rojo astro del cielo, en el metro nos sentíamos frescos y revividos, observando los carteles publicitarios como si fuesen cosas de otro tiempo, un tiempo en el que necesitábamos todos aquellos cosméticos, perfumes y brillantes sonrisas. Realmente Leonard tuvo razón al transformarme: cientos de personas pagarían lo que fuera por uno de nuestros dones, millones por una transformación que quizás les propulsara de cabeza contra la muerte. Un juego que parecía ridículo en aquella estación, donde dos vampiros no destacaban del barullo constante de la gran ciudad de Berlín.

- Ojalá pudiésemos quedarnos más- rumió mi Ghardian conforme la gente se apelotonaba para bajarse cerca de nuestros asientos. Un grupo de jóvenes me señaló con descaro antes de reírse entre ellos y hacer gestos que prefiero no describir. Bajo aquellas luces, nuestra piel lucía increíblemente pálida y nuestras ropas se asemejaban más a góticos que a cualquier otro estilo de vida. Dimitri en cambio disfrutaba de toda esa atención como un niño el día de navidad. Quizás fuera eso lo que le hacía suspirar conforme nuestra parada se acercaba- He visto tantas ciudades y ninguna ha sido como ésta. Tan fría, tan desierta en algunos núcleos…realmente es perfecta para los de nuestra clase-

- Podrían gustarte los climas tropicales… sería una gran noticia para mí- murmuré, mas no pude dejar aquel comentario fuera del alcance de sus oídos expertos.

- Cuando seas un vampiro y te especialices podrás ir a donde desees-. Suspiré y me relajé en mi asiento, cuidando de que mis movimientos no llamasen demasiado la atención de todo el tren. Los vampiros tenemos una elasticidad muy superior a la humana, por lo que disimular ser una "chica cualquiera" es tarea bien difícil cuando tienes agujetas y estás sentada en una destartalada silla de tren.

- pero no será lo mismo-. Dimitri me observó por el rabillo del ojo- Siempre se disfruta más cuando obligas a alguien. Sobretodo si es tu Ghardian-

Los dos compartimos sendas miradas antes de echarnos a reír. Era curioso comprobar el afecto tan fuerte que había surgido entre nosotros ahora que poseíamos aquella relación de maestro/alumno. Como alumna, yo no era cosa fácil: descumplía sus órdenes siempre que podía y sólo atendía cuando las lecciones seguían el rumbo que yo quería. Dimitri, en cambio, era un buen maestro. Sabía escuchar y decir las palabras concretas en cada situación, sin decir nada más ni nada menos de lo que necesitaba oír de él. En aquel momento, su atención estaba puesta en el grupo de adolescentes. Sí, se me olvidaba incluir en mi lista el afán de protección que surgía en él cuando era mirada de manera obscena- y esos chicos se estaban llevando la palma en cuestión de gestos.

- ignóralos- le susurré en el oído, antes de recostarme contra el cristal de la ventana. En frente mía un niño jugaba a hacer dibujos con el vaho que salía de su garganta. Inspiré y expire, sabiendo antes de tiempo cómo mi mente formularía "tú no podrás hacer eso nunca más". Sí, era cierto, para ese truco se necesitaba calor, calor dentro de tu cuerpo, y yo sólo era un pedazo de roca, tan frío y vacío como un cráter de hielo.

- ¿te encuentras bien?-. La voz de Dorian me devolvió a la realidad. Su mano acariciaba la mía, intentando animarme. Sí, él ya sabía qué me ocurría. La pregunta sólo había sido una necia formalidad- Entrecruza los dedos conmigo-

Hice lo que me pedía, sintiendo cómo de sus labios nacía una medio sonrisa.

- ¿tienes frío?- preguntó, y yo negué. Mi abrigo era enorme y la calefacción del tren se hallaba en límites históricos- ¿sientes frío?-

Volví a negar. Esta vez, su otra mano tapó la mía enguantada, escondiéndola entre las suyas- que eran enormes, por cierto.

- No notas frío porque para nuestra especie, esto es calor- respondió, besando una de mis manos durante el proceso. Sus labios sí que estaban helados- Como Nefhur ya has comprobado la infinidad de colores que tus antiguos ojos no te daban la oportunidad de disfrutar. Tus oídos han experimentado el mismo cambio, yo también lo pasé. La música de cuerda se convirtió en lo más hermoso que jamás pude escuchar durante decenios- susurró, cerrando los ojos como si aún pudiese oír aquel monótono Réquiem de Mozart. Una canción que debía escuchar por el día (mi despertador comenzaba con la sonata número 6), veía la tele con la sonata número 14 y debíamos salir de caza sólo tras escuchar el colofón del Réquiem (dado que era Dimitri quien tenía las llaves y cerraba por dentro).

- Una de las últimas cosas que aprenderás- continuó mi maestro- es el desarrollo del sentido del tacto. Sé que es raro comprobar que siempre habrá delimitaciones y que tus ventajas se verán como problemas si decides convivir en un entorno humano-

- Por eso te gustaba Berlín, porque estarías sólo y no tendrías que esconder quién eres- murmuré, sin dejar de ser consciente el calor que había nacido en mi mano. ¿Realmente la lana de mis guantes daba tanto calor?

- En la próxima excursión iremos a un clima cálido. Te lo prometo-

El ruido de las puertas y la megafonía nos alertaron de nuestra última parada. Según nuestros cálculos, nos reuniríamos con Donna y Leonard tras el atardecer -para que el sol no debilitase a la recién creada neófita- y prepararíamos todos nuestros bártulos de vuelta a casa. La sola mención de nuestra ciudad me devolvió algo del calor perdido.


Bueno, eso es todo por ahora :P Cuando reciba Reviews...quizas os sorprenda publicando tantos capitulos como hoy jejejee

Hasta el proximo cap!!

Sao