Esta es una historia que publiqué hace muchos años, pero quedo sin terminar y sin pulir. Estoy publicándola una vez más en una versión corregida y junto al epílogo que nunca mostré por acá. Ocurre un año después del final de Slayers Try y omite los eventos de Revolution y Evolution-R.

Lobo Palabragris

Capítulo 9: La Guerra de la Sangre

El olor del polvo y de la sangre fresca se mezclaban en el campo de batalla junto a los vapores cáusticos que salían de grietas volcánicas cercanas. La peste de la verdosa sangre de los monstruos demoniacos que habían luchado y caído poco tiempo antes, cobraba fuerza con cada minuto que pasaba en el lugar, como si la maldad de los gigantes demonios continuara hostigando a los dragones aún después de muertos. La batalla había comenzado desde hacía un buen tiempo, pero se había detenido por unos momentos, pues Gorath había ordenado la retirada de sus fuerzas mientras él mismo avanzaba. Sólo había dejado a un grupo de demonios de apariencia inofensiva que lo acompañaba, todos delgados y de negros ropajes, muchos con el tamaño de niños humanos y todos desarmados.

Aquellas criaturas que habían hecho su aparición formaban el Escuadrón de la Muerte, acompañados por su líder demoniac, Jun Gorath. El guerrero había observado la batalla sentado y dando ordenes con tranquilidad, pese a que los ejércitos de no muertos y de demonios menores habían caído uno tras otro. Gorath mostró en todo momento el mismo rostro tranquilo y confiado, como si la batalla fuese parte de algún juego macabro. Sólo cuando las criaturas monstruosas con el aspecto de enormes gárgolas de piel verdosa cayeron, el Escuadrón de Destierro, su rostro mostró cierta seriedad y dureza. Fue entonces cuando ordenó la retirada de sus tropas y se quedó con los cerca de treinta demonios de su unidad favorita y más selecta. Los demonios avanzaban con paso tranquilo y lento, encabezados por su general al frente.

Las fuerzas dragón tomaron sus posiciones de batalla, Lina en la retaguardia del centro de la formación, Gourry avanzaba en la linea frontal con la mirada fija en Gorath, Amelia y Zelgadis cubrieron el flanco izquierdo, mientras Filia y Xellos se dirigieron a la derecha de la formación. Los dragones avanzaron al encuentro de los demonios, sin dejarse engañar por el aspecto inofensivo de sus oponentes. Conocían a los demonios y sabían de lo que eran capaces si se les subestimaba. El grupo de dragones azules retrocedió hasta la retaguardia de la formación, donde comenzaron a extender y a batir sus alas mientras se alzaban en vuelo. Se prepararon para dominar los cielos y atacar desde arriba a los enemigos que se acercaban. En un parpadeo, la tensa espera se rompió y la batalla comenzó una vez más.

En las manos de algunos demonios aparecieron negras hojas de energía, mientras las de otros se cubrieron por siniestras flamas oscuras. Sus miradas cambiaron de infantiles y tranquilas, a diabólicas e implacables. Por aquí y por allá surgieron auras oscuras, rayos de energía, bolas de fuego, lanzas de hielo y toda clase de ataques arcanos. La batalla se desencadeno con todo el poder de la magia demoniaca.

En el centro del conflicto, Gorath y Gourry se encontraron finalmente y comenzaron el combate sin prestar atención al caos reinante a sus alrededores. Sus espadas se encontraron una y otra vez, sin que ninguno resultara herido, pero arrojando chispas y haces de luz por doquier. En todas las direcciones, demonios y dragones se masacraban con explosiones y alaridos, pero el paisaje infernal comenzó a desaparecer poco a poco de la vista de ambos espadachines, hasta que cada uno sólo pudo ver su espada y a su oponente. Sumidos en el éxtasis de la esgrima, el cansancio y el miedo no tenían significado alguno.

El enfrentamiento de los luchadores continuó por largos minutos y sus fuerzas parecían equilibradas. Las espadas danzaban con una maestría que sólo un puñado de guerreros en la historia podrían haber desplegado, pero el demoniac contaba con una velocidad y fuerza antinaturales, apoyadas por su espíritu demoniaco, y comenzaba a ganar lentamente una ventaja, adelantándose a los ataques del héroe una fracción de segundo, abriendo sus defensas un centímetro a la vez. De pronto, un poderoso espadazo lateral estuvo a punto de cortar a Gourry en dos, pero el caballero alcanzó a defenderse interponiendo su espada sujeta con ambas manos. Sin embargo, tan poderoso fue el golpe y tan abrupta la defensa, que el caballero perdió su balance y fue arrojado un par de metros, poniendo una pausa en su duelo. El demoniac observó a Gourry en el suelo con una sonrisa y bajó por un momento su negro espadón.

— Esa que llevas... es la Hoja del Cielo... una Hoja del Cielo — comentó Gorath, mirando con desprecio a su oponente que se levantaba con dificultad.

— Así es... — respondió Gourry con la respiración agitada.

— ¿Conoces la historia de esa espada? — preguntó el espadachín demoniaco ignorando los combates a su alrededor.

— Creo haberla escuchado... pero ahora no la recuerdo... — explicó el caballero mirando al cielo y dando un largo suspiro luego de ponerse finalmente de pie.

— Es una espada sagrada, dicen... — dijo con desprecio y algo de fastidio el caballero oscuro. — Pero esa espada tiene una hermana, una que fue tomada hace muchos años por un héroe de corazón puro... o al menos eso se dice.

— Ahhh... si, lo recuerdo ahora. Un caballero puro de corazón quería la espada para combatir a un demonio poderoso, así que entró a un templo y la tomó sin permiso. Pero lo dejaron porque era bueno y fuerte, así que se marchó, y finalmente mató al demonio maligno — nuevamente, Gourry dio un largo suspiro mientras recuperaba su postura, para luego narrar en palabras simples la historia que le habían contado los dragones unos días antes y que acababa de recordar.

— Un héroe puro de corazón la tomó, justo como tú has hecho ahora para combatirme. Pero a esa historia... ¡Le falta una parte! — dijo Gorath, gritando las últimas palabras mientras lanzaba un sorpresivo espadazo.

Con un rápido movimiento, el caballero reaccionó ante el ataque sorpresa y logró defenderse a duras penas del primer golpe. Luego siguieron, con una velocidad sobrenatural, un corte desde la derecha, otro desde la izquierda y un par de estocadas dirigidas al corazón que el héroe a penas pudo evitar retrocediendo de un salto. La respiración de Gourry se aceleró aún más, su cuerpo comenzaba a cansarse. No recordaba la última vez que había tenido un combate tan difícil, contra humanos o bestias, ni siquiera los mejores espadachines que había enfrentado eran tan rápidos ni golpeaban con tal fuerza. La Hoja del Cielo era ligera y rápida, su filo podía partir una roca limpiamente, se sentía casi como la Espada de la Luz, sin embargo, no había hecho mella en la hoja oscura de Gorath. El caballero miró con atención la espada de su enemigo buscando indicios de daño, pero no pudo encontrar nada, era sin dudas una espada igualmente poderosa, quizás incluso superior.

— ¿Sorprendido de que la Hoja del Cielo no haya cortado mi espada?, ¿Quieres saber por qué? — preguntó el demoniac al ver la curiosidad en los ojos del humano, dándole la oportunidad de recuperar el aliento antes de continuar. — Como te dije, a tu historia le falta una parte, le falta el final. Faltan las ultimas palabras del demonio: "Mi obsequio te espera en tu hogar, nos veremos". Falta la parte en que el héroe vuelve a su pueblo y encuentra a todos sus habitantes muertos, vuelve a su casa y encuentra a su esposa muerta, en su esposa, su hijo no nacido muerto. Todos muertos.

— ¿Qué quieres decir?, acaso tú... — comenzó a preguntar el caballero, sujetando firmemente su espada sagrada en preparación de un nuevo ataque sorpresa. — No puede ser.

— Así es, soy yo. Soy el héroe que tomó esa espada y mi enemigo era una vestigio de otra era, Hound, general del Amo de los Infiernos. Yo fui el héroe, era mi deber, así que fui y tomé la espada y, luego de una larga batalla, asesiné a mi enemigo — le dijo el guerrero oscuro mientras alzaba su arma y le daba un nuevo espadazo. Esta vez Gourry logró defenderse de mejor manera y contraatacó con un sablazo que su oponente se vio obligado a esquivar.

— Pero si ya lo mataste, entonces... ¿Cómo? — preguntó el caballero luego de hacer retroceder un paso a su rival.

— De algún modo evitó la muerte, su esencia dejó su cuerpo y vagó. Después de matarlo y encontrar a todos los que alguna vez me importaron muertos, yo también vagué, pero su espíritu me siguió y me habló, lo escuchaba en mi corazón. Me enseñó muchas cosas, me enseñó sobre la inmortalidad y sobre el poder, me enseñó cómo devorar demonios y convertirme en lo que soy ahora — respondió el demoniac con una voz más poderosa, casi emocionada.

— Con el tiempo me entere de que todo había sido planeado por el mismo Hound. Él conocía los secretos de la espada porque estuvo presente cuando fue forjada, sabía que forma un vínculo con el corazón de su portador, una vez entregada no puede ser arrebatada. Sabía que la única forma de que un demonio portara esta arma, era que ese demonio fuese un verdadero héroe cuando la reclamase... — continuó Gorath, pero esta vez fue Gourry quien tomó la iniciativa y lo atacó mientras hablaba, aunque sus estocadas fueron bloqueadas con cierta facilidad.

— ...nada de eso importa ya. La espada cambió en mis manos y se convirtió en esto... y yo me convertí en Espada Oscura — le dijo luego de detener los ataques, mientras comenzaba su propia ofensiva.

— ¡Espada Oscura!... tú eres ese sujeto... — exclamó Gourry luego de desviar un espadazo descendente e intentar acertar con un contraataque que, nuevamente, resultó inefectivo.

— Así es. Sólo fui derrotado una vez, por un Gabriev que portaba la Espada de la Luz — respondió el guerrero demoniaco.

— Si el abuelo de mi abuelo pudo detenerte, yo también puedo — le dijo el caballero con un tono amenazador, recuperando su espíritu de lucha.

— Si lo intentas morirás, eso no es necesario. Tu sangre fue la única que pudo derrotarme y por eso te lo pido, únete a mí. Lo que he aprendido te lo puedo enseñar, conviértete en mi hermano y serás poderoso e inmortal como yo. Con las dos espadas oscurecidas podremos crear un nuevo mundo donde sólo el fuerte sobrevivirá. Ambos seremos Espada Oscura y nadie se nos opondrá, tendrás lo que desees... — explicó el maligno espadachín, invitándolo a su propia causa.

— Hace tiempo una persona me enseñó que el verdadero poder es para proteger... yo ya tengo alguien a quien proteger — le respondió Gourry con una voz suave, mirando de reojo las flamas rojas que brillaban varios metros más atrás.

— Quizás algunas vez hayas sido un héroes, pero ahora sólo eres otro demonio... — continuó el caballero con decisión y se lanzó nuevamente al ataque. — ¡Mi ancestro pudo contigo y yo haré lo mismo!

— Sin la Espada de la Luz, no podrás... — dijo en voz baja Gorath, cerrando los ojos y preparándose para recibir al caballero mientras un aura oscura se formaba a su alrededor.

El guerrero demoniaco alzó la espada sujeta con ambas manos y su aura maligna creció. La espada oscurecida comenzó a lanzar rayos negros que obligaron a Gourry a detener su carga y esquivarlos, mientras la hoja maligna crecía y cambiaba su forma, adquiriendo un aspecto aserrado con peligrosos dientes metálicos saliendo por doquier. Una luz rojiza comenzó a brillar en el metal retorcido de la hoja, mientras oleadas de energía maligna brotaban del demoniac. Eventualmente los rayos se detuvieron y ambos espadachines se lanzaron al ataque sin perder ni un segundo. El choque de las espadas fue atronador, la Hoja del Cielo y la Espada Oscura comenzaron nuevamente su baile, pero esta vez la hoja maligna tenía una ventaja evidente, cada golpe hacía retroceder a Gourry, cada paso le robaba a oportunidad de un contraataque, cada defensa drenaba más sus fuerzas y lo dejaba más agotado.

Varios metros más atrás, Lina observaba con preocupación el duelo de los espadachines. Era crucial que no desviara su concentración de sus conjuros, pero su guardián y compañero estaba peleando con un rival imponente. Por otra parte, Amelia y Zelgadis seguían juntos en el combate contra los demonios. La princesa se enfocaba en usar su magia blanca más poderosa en el ataque, que sin dudas era efectiva contra los demonios, pero le era difícil defenderse de los ataque extraordinariamente rápidos y precisos de sus oponentes, que además lograban esquivar de modo sorprendente ataques mágicos que normalmente serían letales. El espiritista la cubría en el combate físico, haciendo lo posible por evitar que cualquier demonio se acercara demasiado. Había intentado usar sus poderes espirituales para incapacitar o influir en alguno de los monstruos, pero sus intentos habían resultado prácticamente inútiles y había consumido mucho de sus energías en sus intentos.

— Esto no funciona, sus mentes y corazones están entrenados y son negros como la noche... — le dijo Zelgadis a la princesa. — tendré que limitarme a combatirlos en el mundo físico.

Una de las sombras frente a la pareja saltó con una fuerza irreal y dio una tremenda patada en la cabeza a uno de los dragones que combatía a metros de distancia. La bestia sagrada se tambaleo y, mientras otro par de demonios se acercaba para lanzársele encima, el que acababa de saltar aprovechó la apertura para correr en dirección a la princesa. Su compañero logró interponerse a tiempo y, haciendo uso de sus poderes para reforzar y potenciar los movimientos de su espada, bloqueó un sablazo de sombras para luego contraatacar con un rodillazo al vientre de su oponente. Habiendo conseguido bajar la guardia de su rival con el golpe, continuó con un poderoso espadazo ascendente que lo arrojo herido a varios metros.

— Esto no está funcionando, necesitamos protección — comentó Amelia deteniendo sus ataques mágicos por unos segundos. — Usaré uno de los conjuros sagrados, pero necesito que me cubras por un momento.

[ Esta bien ] — pensó Zelgadis en la mente de su compañera mientras clavaba su espada en suelo y levantaba ambas palmas hacia adelante con los ojos cerrados — [ Pero date prisa, no podré mantener esto mucho tiempo. ]

Las manos del hombre quimera brillaron por un momento con una luz celeste, que en unos segundos se extendió y creó una burbuja al rededor de la pareja. La barrera de fuerza espiritual que el hombre emitía los mantendría seguros por unos momentos, pero drenaba una gran cantidad de sus energías.

¡Isa Ya!, ¡Isa Ya!, Ri Ega, Bi Esha, Xiyilqa... — comenzó a recitar la princesa dentro de la barrera espiritual de su compañero, mientras sacaba un pequeño odre de su mochila. Sin detener su encantamiento lo abrió y comenzó a lanzar agua en el suelo a sus alrededores. — Duppira Atlaka Isa Ya U Ri Ega, Ina Zumri Ya Lu Yu ¡Tapparrasama! — tan pronto terminó de conjurar, con los ojos cerrados y las manos juntas como rezando, un poderoso resplandor púrpura los rodeó por un momento y dibujó una estrella de seis puntas en el suelo, para dejar luego un círculo de runas brillantes de un par de metros de radio a su alrededor.

[ Uff... listo. La barrera no dejara que nada entre por un rato, pero mis conjuros pueden salir ] — pensó algo agotada la princesa luego de terminar su encantamiento de magia sagrada, permitiendo que su compañero oyera sus palabras.

— Bien, aprovechemos de atacar cuanto podamos — dijo en voz alta Zelgadis luego de cancelar su propia barrera. Tomó su espada y la envainó para luego sentarse con las piernas cruzadas en el suelo al lado de la princesa. Cerró los ojos y puso sus dedos en las sienes mientras se concentraba para atacar espiritualmente a sus enemigos, esta vez usando todos sus poderes. Mientras tanto, la joven se preparó para continuar atacando con magia blanca ofensiva, lanzando rayos luminosos para intentar calcinar a los demonios y áreas sagradas en el campo de batalla para debilitarlos.

Al otro lado del campo de batalla, Xellos y Filia continuaban también con su encarnizado combate. La sacerdotisa hacía uso de todos sus poderes para proteger a sus compañeros dragones, curar a los heridos y, cuando un demonio se acercaba demasiado, lanzarle un rayo de energía dorada de su boca. Xellos ya no tenía la necesidad de ocultar sus poderes, pues en la confusión de la batalla ningún dragón notaría su presencia, pero debía tener cuidado de no herir a sus aliados, la sacerdotisa no se lo perdonaría. El Escuadrón de la Muerte era realmente poderoso, pero no eran rivales para el sacerdote que, por breves momentos, parecía tomar la forma de un cono invertido de energía negra arremolinada como un tornado que se lanzaba contra sus enemigos, sólo para recuperar su forma usual al segundo siguiente. De pronto, uno de los hábiles demonios logró evitar a los dragones cercanos y se lanzó con su espada de sombras en la dirección de Filia. La joven alcanzó a verlo de reojo mientras se acercaba y atinó a proyectar su arma de aliento en su contra, pero el pequeño humanoide de ropas negras lo evitó con la destreza de un felino saltando hacia un lado, y volviendo a lanzarse en dirección a la joven dragón.

— ¡Adónde crees que vas! — exclamó Xellos apuntando con la palma de la mano y una docena de pequeños conos de energía negra como taladros salieron disparados hacia el demonio que atacaba a su compañera. La ráfaga de proyectiles alcanzó a su banco en un costado deteniéndolo, pero el guerrero de negro evitó un daño significativo al convertir de algún modo su sable de sombras en un escudo.

— Gracias... — apenas alcanzó a decir la joven antes de verse obligada a girar agachando la cabeza para evitar un nuevo y sorpresivo ataque del demonio que, nuevamente, había generado una espada con las energías oscuras en su mano. Al terminar su giro, la dragón dorado sujetaba un mazo en sus manos con el que lanzó un poderoso golpe hacia su oponente. El demonio detuvo el ataque con su arma, pero la fuerza del impacto logró sacarlo de balance el tiempo suficiente para que Xellos apareciera a su lado.

— Esto comienza a aburrirme... — se lamentó el sacerdote demoniaco agarrando la mano en la que el demonio sujetaba su hoja de energía. Alzando su otro brazo, Xellos hizo aparecer su báculo y, al segundo siguiente, arrojó al demonio que sujetaba a varios metros mientras una luz púrpura comenzaba a emanar del cristal de su bastón. — Rey de todas las bestias, tú que fuiste congelado en las profundidades del bosque, yo invoco tus poderes destructivos, ¡Falange de Zelas!— terminó su conjuro con un grito mientras su oponente recién caía al suelo, y seis barras de luz aparecieron flotando frente a su báculo.

Con un movimiento hacia adelante, los proyectiles salieron disparados hacia el demonio que, de inmediato, rodó hacia un lado y dio un salto para tratar de evitarlos. Xellos, sin embargo, realizó un suave movimiento de su arma, con lo que los proyectiles comenzaron a seguir los movimientos de su blanco. El demonio intentó nuevamente esquivar el ataque dando otro salto y comenzando a correr, pero el sacerdote realizó un nuevo movimiento brusco con lo que las lanzas de luz salieron disparadas y, finalmente, le dieron en la espalda derribándolo.

— No te irás tan fácil, desgraciado — continuó el sacerdote, que ya había perdido su sonrisa tranquila minutos antes, comenzando a abrir los ojos mientras apuntaba al cuerpo del demonio caído con su báculo. De pronto un sifón de energía oscura apareció en la espalda perforada del caído mientras el cristal del arma de Xellos brillaba, y una esfera de energía blanquecina comenzó a formarse lentamente sobre el cuerpo. Luego de unos segundos, las energías del demonio caído habían sido absorbidas y la esfera de energía estaba completa y controlada, de algún modo, por el oscuro sacerdote. — ¡Explota! — exclamó aún apuntando con el bastón, a lo que las energías acumuladas temblaron por un segundo antes de estallar en una poderosa explosión que hirió y lanzó a demonios y dragones cercanos, dejando un cráter en el suelo.

— ¡Hey! — reclamó Filia al ver a un par de dragones heridos por el ataque de su compañero, corriendo para atenderlos con magia curadora.

— Creo que... me excedí.

— Nada de eso, borra esa ridícula sonrisa y ten mas cuidado y... y cuidado, ¡Atrás! — comenzó a regañarlo la dragón, pero luego le gritó preocupada al ver un par de demonios aproximaban a Xellos desde la retaguardia. El sacerdote se volteó rápidamente y continuó su combate con los monstruos que se acercaban mientras Filia se dedicó a atender a los heridos y prepararse para volver a la batalla.

La batalla continuó en los alrededores, pero pese a la fortaleza y resistencia casi imbatible de los dragones, algunos ya habían sido derribados y yacían muertos en el campo. Para empeorar la situación, las artes oscuras de los demonios habían logrado alzar a algunos de los caídos como monstruosos zombies alados que daban zarpazos y mordiscos, y emanaban un aura fétida que debilitaba a los luchadores cercanos. Ni siquiera los muertos podían descansar en medio de la cruel refriega.

El duelo de los espadachines continuaba en el medio del campo de batalla, pero su situación había dejado de ser un enfrentamiento parejo. Gorath había sido envuelto con un aura maligna y su espada se mantenía saturada con las energías demoniacas que su conversión había generado. Cada vez más podía sentirse la presencia opresiva del demoniac y en su espalda comenzaron a materializarse una alas de aspecto correoso, creadas con las mismas energías oscuras que llenaban su arma. Tanto dragones como demonios se habían alejado del enfrentamiento de los duelistas, ahuyentados por los poderes malignos y los rayos que emanaban de la espada del general demoniaco, que no distinguían aliados de oponentes, y los dos espadachines se enfrentaban en medio de un amplio circulo vacío en medio del campo de batalla.

Un sablazo fue esquivado, un golpe descendente fue bloqueado con la espada, mientras la respiración agitada y entrecortada de Gourry hacía evidente su cansancio y dificultaba su contraataque. De pronto pasó lo inevitable, el caballero desvió un golpe bajo, luego detuvo un ataque en altura, luego su velocidad fue insuficiente y su precisión le fallo. Un rápido corte de la espada negra y dentada de su oponente pasó sin oposición por su vientre, haciéndole perder la defensa y dejando una herida larga pero superficial de la que la sangre comenzó a brotar de inmediato. Desde la distancia, Lina vio horrorizada como Jun Gorath continuaba su ataque golpeando la base de la hoja sagrada de Gourry, robándosela de las manos y desarmándolo. La espada dio un giro en el aire y cayó a un paso de los duelistas, mientras la hoja negra del demoniac daba una nueva estocada que se clavó profundamente en el abdomen del caballero.

Gourry sintió el impacto de la espada enemiga en la suya, con una fuerza que le hizo temblar la mano mientras el arma le era arrebatada. La siguió con la mirada por un segundo hasta que cayó con un ruido sordo en el suelo a su lado. Luego sintió la sensación fría y punzante de la hoja enemiga en su interior. Una nueva gota de sangre cayó de su cuerpo y se unió a las manchas rojas que ya cubrían sus ropas, luego un chorro del preciado líquido brotó y cayó derramándose por sus piernas y formando un charco en la tierra, mientras sentía que las fuerzas lo dejaban con rapidez. Con un rápido tirón, el demoniac sacó la espada esparciendo aún más la sangre del caballero, que finalmente cayó de rodillas y con la mirada vacía. Se llevó una mano al vientre y luego la miró, enrojecida y cálida, mientras caía de espaldas con una expresión incrédula. Una sonrisa se dibujó por un momento en el rostro de Gourry, acostado en el suelo ensangrentado del campo de batalla, y una voz se dejó oír como un suspiro.

— Fue... una buena... pelea.

Esto... no puede ser — pensó la hechicera de rojo olvidando el conjuro que había estado lanzando y bajando ligeramente las manos mientras lo cancelaba. Un nudo en la garganta de la joven la dejó muda, paralizada e incrédula. A su lado, escuchó un estruendo que no logró identificar mientras una figura enrome y alada pasaba corriendo frente a sus ojos y chocaba contra otra figura de negro, protegiéndola de un ataque mortal. De pronto recuperó el habla, pero encontró pocas palabras. — ¡Nooo!

Fuego... yo... ¡Ah! — gritó Lina realizando un rápido gesto hacia adelante con sus manos, y una pequeña esfera de flamas salió disparada para explotar en un mar de fuego incandescente al segundo siguiente, despejando una porción del camino hacia el centro del campo de batalla. Dio un paso, luego otro, luego comenzó una carrera desesperada e irracional.

Por la mente de la hechicera, una imagen vívida tras otra fluyó con rapidez mientras corría. La primera vez que vio a Gourry, la primera vez que la rescató y se desilusionó de que no fuese una esbelta princesa, todos los combates y aventuras que tuvieron juntos, la búsqueda de la Biblia de Claire, el Templo de Arena cuando se percató de cuánto se había acostumbrado a su presencia, la lucha contra Fibrizo y luego los viajes fuera de la Barrera de los Demonios. De pronto, una vida de poder y riquezas dejaron de tener significado para la joven. De pronto, haberse quedado en un pueblo tranquilo dejó de parecer aburrido si fuese con Gourry. De pronto, la hechicera sintió que su vida caía en pedazos unos metros más adelante, junto a su compañero.

— G-G-Gourry... respóndeme Gourry, no me hagas esto. — Lina sujetó al caballero caído de los hombros y lo agitó intentado que reaccionara, pero yacía inerte. Luego, sólo sintió confusión.

Su dolor se convirtió en odio, un odio ardiente y sed de venganza. La respiración de la hechicera se aceleró y su corazón golpeó su pecho como un martillo, mientras sus energías arcanas fluían en un torrente descontrolado. La joven alzó una mano y, con un grito, un rayo de energía brillante salió disparado contra Gorath, a un par de metros de distancia, pero el guerrero demoniaco lo golpeó con un espadazo, disipándolo mientras su arma resplandecía con una luz rojiza.

— Maldito... ¡Maldito!... ¡Balus Rod! — exclamó la hechicera poniéndose de pie y conjurando con rapidez. Un lazo de luz incandescente apareció en su mano, que comenzó a agitar como un látigo dando golpe tras golpe, consumida por la ira y sin pensar en las consecuencias.

Gorath mostró una sonrisa satisfecha mientras retrocedía un par de pasos, esquivando algunos latigazos mágicos y bloqueando otros con su espadón. Luego de un momento, el hombre detuvo poderosamente un golpe de la hechicera alzando su arma horizontalmente y, con un grito, la tétrica espada negra brilló una vez más con una luz rojiza al tiempo que el conjuro desaparecía de las manos de Lina, sus energías arcanas siendo absorbidas por el arma. Por un momento los ojos de la hechicera se abrieron ampliamente mientras su enemigo alzaba su espada para darle un golpe descendente. En una fracción de segundo, la hoja negra bajó en dirección a la joven antes de que ésta alcanzara a lanzar un conjuro o defenderse de alguna manera, pero cuando estuvo a centímetros de distancia, chocó ruidosamente con un cuadro de luz blanca que detuvo el golpe y salpicó chispas.

— ¡No te dejaré, monstruo! — se oyó el grito de Amelia que había logrado conjurar una barrera mágica justo a tiempo para salvar a su amiga.

El demoniac miró de reojo a la princesa con disgusto en el rostro, pero volvió a golpear la barrera sagrada una segunda vez, que parpadeó y comenzó a flaquear, y fue hecha trizas con un tercer espadazo brutal. Sin perder el tiempo, el guerrero retrajo su mandoble preparándose para dar el golpe de gracia a la hechicera, pero una sombra a su lado detuvo el movimiento de su espada. Uno de sus propios demonios sujetaba la espada de su general con sus manos cubiertas por flamas negras, impidiendo el ataque final, la mirada perdida en el interior de la cachucha que le cubría parcialmente el rostro indicaba alguna clase de influencia externa afectándolo.

[ ¡Reacciona de una vez!, ¡Aléjate de ahí! ] — Lina escuchó la voz de Zelgadis en su mente y, al buscarlo con la mirada, pudo verlo a unos metros de distancia sentado en el suelo junto a la princesa, una mano en la sien y la otra apuntando hacia el demonio que mantenía controlado para detener al demoniac.

El guerrero oscuro golpeó con el puño izquierdo el rostro del demonio que retenía su espada y lo hizo aflojar el agarre. Al mismo tiempo tiró del espadón con la otra mano para, al segundo siguiente, atravesarlo a la altura del pecho y hacer girar la hoja del arma en su interior, destruyéndolo. De inmediato miró hacia la Lina para darle el golpe de gracia, pero la hechicera ya había retrocedido corriendo hacia sus compañeros, sus lágrimas aún se mezclaban con la ira de sus ojos.

— Tontos humanos... — el general demoniaco bajó ligeramente su espada y apretó fuertemente su mango, mientras las energías del demonio que acababa de destruir eran absorbidas por ésta y transferidas a su propio cuerpo. El aura de Gorath se hizo mas fuerte mientras sus ojos se tornaban rojos como el fuego, y las alas demoníacas en su espalda terminaron de materializarse, elevándolo del suelo mientras hablaba. — Es demasiado tarde para todos ustedes.

Tú que habitas lo eterno y lo infinito, fuente de todos los espíritus, reúne en mí el brillo para destruir el oscuro abismo, ¡Bram Blazer! — conjuró Amelia sin perder la oportunidad y un rayo luminoso salió disparado de sus manos en dirección del espadachín que comenzaba a flotar en el aire, pero el hombre interpuso una palma que se cubrió con una energía oscura deteniendo el conjuro, sin siquiera necesidad de bloquearlo con su espada.

Tú que duermes en la tierra profunda, Señor de alma congelada, por tu poder azul, a los que obstruyen nuestro camino, con tu poder y el mio, démosles destrucción, ¡Dynast Brass! — recitó Lina al lado de la princesa mientras su conjuro era detenido. Un círculo mágico con un pentagrama apareció flotando frente a la hechicera por unos segundos, mientras una lluvia de relámpagos era lanzada hacia el demoniac, ahora ya varios metros sobre el suelo. Varios de los rayos impactaron al blanco, mientras otros fueron detenidos por su espada, pero sus heridas se curaron de inmediato y mostró un rostro más exasperado que lastimado.

— Es inútil, los mataré aquí mismo y después a todos los dra... — comenzó a amenazar el demoniac mientras se lanzaba contra los héroes reunidos, pero de improviso un rayo dorado lo impactó en el flanco y lo obligó a detenerse. A unos metros de distancia, se acercaba corriendo Filia con humo aún saliendo de su boca luego de haber atacado al enemigo con su arma de aliento. A su lado, Xellos abría el terreno para que la sacerdotisa se acercara, enfrentando a la vez a varios demonios sombra.

— No dejare que mates a ningún dragón y ciertamente... ¡No dejaré que sigas atacando a mis aliados! — le gritó la joven dragón apuntándolo con el dedo tan pronto llegó hasta sus compañeros.

— Sus esfuerzos son inútiles, !Nadie puede detenerme! — gritó una vez más el caballero negro y, una vez más, se lanzó volando contra los héroes que rápidamente, intentaban conjurar para recibirlo.

[ No tan rápido ] — escuchó la voz de Zelgadis, sentado a un lado de sus compañeros, mientras iniciaba el uso de sus poderes espirituales. En su máximo estado de concentración, el espiritista sintió como su peso desaparecía mientras sus energías fluían y comenzó a flotar a unos centímetros del suelo.

Una poderosa fuerza apareció abruptamente frente al demoniac que lo impactó y lo hizo detener su vuelo en medio del aire. El caballero sintió como sus movimientos se enlentecían por aquella fuerza que tiraba en todas las direcciones impidiéndole blandir su espada o moverse. De pronto perdió la vista del campo de batalla y se vio de pie en medio de un lugar blanco y vacío frente al espiritista, cuyas manos parecían cubiertas por un fuego celeste y que se lanzó de inmediato al ataque en el espacio interior. El general no pareció sorprendido y sujetó su espada con ambas manos, listo para enfrentar al enemigo en esas condiciones, dando inicio a un duelo espiritual.

[ Esta entrenado para pelear en el plano astral ] — pensó el hombre quimera en la mente de la princesa a su lado, en medio de su duelo espiritual. — [ No podré detenerlo por mucho tiempo. ]

— Lina... el señor Gourry... — comenzó a preguntar Filia entretanto, pero Amelia la detuvo tirando ligeramente de su brazo con la mano.

— Lina, sé que es difícil pero tenemos que aprovechar mientras Zel lo detiene — explicó la princesa con una mirada seria pero pero los ojos húmedos. — Debes atacarlo con todo.

— Ahh... — suspiró profundamente la hechicera limpiando una lágrima de su rostro. — Podría intentar Drag Slave, pero estamos demasiado cerca y también los dragones, quedaríamos atrapados en la explosión.

— No te preocupes por eso, puedo rodearlo con una barrera de una dirección — contestó la princesa ya preparándose para conjurar.

— La explosión probablemente romperá la barrera... pero al menos reducirá el área de efecto y concentrara el impacto... — pensó en voz alta la hechicera mientras comenzaba a preparar su ataque. — Esta bien, es todo o nada.

Más negro que la noche, más rojo que la sangre, enterrado en la corriente del tiempo... — comenzó a recitar la joven de rojo mientras, a su lado, la princesa preparaba su barrera mágica. — ...en tu nombre, juro por la oscuridad que todos los estúpidos que se ponen en mi camino, serán destruidos por tus poderes y los mios, ¡Drag Slave!

Justo antes de que la hechicera terminara de lanzar su conjuro, Amelia había acabo de construir una barrera mágica. En el suelo, a unos metros bajo los pies del demonic Gorath que Zelgadis aún mantenía paralizado en medio del aire con un combate espiritual, brilló un círculo amplio de luz púrpura con una estrella de seis puntas. Desde el círculo, se elevó un cilindro luminoso que lo rodeó, pero dejó pasar el rayo rojo lanzado por Lina un segundo después. En el interior de la barrera, el conjuro estalló en una explosión tan intensa que su fuego incandescente pasó del rojo al amarillo y al blanco azulado, mientras una columna de flamas de decenas de metros de altura se elevaba cubriendo el interior del círculo mágico lanzado por la princesa. Un segundo después, se formaron grietas en los muros cilíndricos del escudo y la protección colapsó catastróficamente, lanzando la fuerza restante de la explosión en todas las direcciones y creando una oleada de viento ardiente y flamas que arrojaron a todos los luchadores cercanos, demonios, dragones y hechiceros, al suelo. Sin embargo unos segundos luego, cuando la luz y el fuego se disiparon, los héroes vieron horrorizados a su enemigo aún flotando con sus alas negras y ojos rojos, herido pero vivo y sujetando fuertemente su espada. El combate espiritual de Zelgadis fue interrumpido por la explosión y ahora el rival estaba libre para continuar la lucha.

— Ya nadie puede conmigo... ¡Soy Invencible! — exclamó el caballero negro mientras invocaba el poder demoniaco almacenado en su espada, alzándola por sobre su cabeza, y sus heridas comenzaban a sanar. El cielo comenzó a oscurecerse y relámpagos tenebrosos resonaron como atraídos por el arma corrupta del demoniac.

En medio de un vacío inconmensurable y oscuro, un joven caballero caminaba sin rumbo tropezándose a cada paso, herido y exhausto. Gourry vagaba por el abismo de la inconsciencia sin recordar cómo había llegado ni adónde debía ir. Sólo podía ver oscuridad en todas las direcciones y sentía que olvidaba algo importante, abría y cerraba las manos con nerviosismo, sintiendo la ausencia de algún objeto que debería estar sosteniendo.

¿Dónde están todos? — pensó tratando de recordar lo ocurrido e identificar el lugar mientras continuaba caminando por inercia. — Yo estaba peleando y luego, ¿Qué pasó?, ¿Dónde esta mi espada?

Lina... — se preguntó luego de unos pasos, deteniéndose de golpe e intentando aclarar su visión. — ¿Dónde esta Lina?, tengo que ayudarlos.

De pronto una luz resplandeció frente al caballero encegueciéndolo por un momento y obligándolo a cubrirse el rostro con una mano empuñada, luego de unos segundos pudo reconocer un objeto brillante frente a él. A unos pasos de distancia, pudo reconocer un lugar que ya había visto antes. En medio de las sombras, brillaba un altar tallado en roca blanca rodeado por enormes cristales de cuarzo, envuelto por un pilar de luz que subía hasta más allá de la vista. Sobre el pedestal de piedra estaba parada una figura humanoide, un hombre alto y rodeado por un manto brillante que impedía distinguir sus facciones, como si estuviese hecho de la misma luz que alumbraba el lugar.

— ¿Quién... — comenzó a preguntar Gourry, pero el espíritu se le adelantó y lo detuvo.

— Soy el Amo de la Espada, el guardián, soy El Herrero — contestó la figura de luz con una voz profunda y espectral. — ¿Por qué estas aquí?

— Creo que... morí — comenzó a responder dudoso el caballero. — Perdí una pelea y morí.

— Es cierto, perdiste, pero aún no has muerto, yo detuve tu camino. ¿Por qué perdiste entonces?

—Creo... que mi enemigo era demasiado fuerte y su espada era... poderosa — respondió Gourry tratando de recordar en detalle su última batalla.

— Las espadas no tienen nada que ver — interrumpió el espíritu con un tono imponente. — ¿Qué fue lo que hiciste?, ¿Por qué perdiste?

— Yo... me separe de mis compañeros, me adelanté porque quería combatir a alguien fuerte. — contestó el caballero luego de considerarlo por un momento. — Pensaba en cuánto me gusta el combate y no esperé a mi compañera, por eso perdí.

— Así es, sólo pensaste en combatir y aquí estas. Entonces te pregunto, ¿Dónde esta el corazón de tu combate?

— Yo... no entiendo.

— ¿Lo has olvidado?, el orgullo fue la perdición de tu familia, por eso te pregunto de nuevo. ¿Dónde esta el verdadero corazón de tu combate?, ¿Qué razones hay en tu alma?

— Yo debo... proteger... — el caballero pensó por un momento, recordando cómo había empezado su viaje años atrás. — Debo proteger a Lina, creo que eso es todo.

— Confía en tu valor, ten fe en tu propia fuerza para proteger a quien es importante — continuó hablando el espíritu mientras la luz que lo rodeaba poco a poco se hacía más intensa. Las palabras del guardián comenzaron a resonar en la mente del caballero que escuchaba con atención — Cuando creas ser el mejor, arrodíllate y recuerda que cada combate puede ser el último. No pierdas las esperanzas, la batalla esta perdida si lo haces. La espada es inútil sin un dueño, pues no es la espada la que te hace fuerte, tú fortaleces a la espada. ¿Qué harás entonces?

— Debo proteger a Lina, no me rendiré. Debo volver.

— Entonces tienes trabajo — dijo finalmente El Herrero mientras unas alas blancas se extendían desde su espalda. En un segundo, la luz del lugar se intensificó hasta volverse cegadora y, una vez más, Gourry se vio obligado a cubrirse los ojos. En un parpadeo, el guardián había desaparecido y en su lugar estaba una reluciente espada clavada en medio del pedestal, cubierta por una cinta de tela blanca que la rodeaba, la Hoja del Cielo. El caballero se acercó y sujeto confiadamente la espada, suspirando profundamente al sentir una renovada ligereza en el pecho tan pronto rodeó el mango plateado con sus dedos.

— V-Volver — murmuró Gourry aún moribundo en el suelo al lado de su espada.

A escasos metros de los héroes, el demoniac Gorath lanzó una carcajada mientras el lugar completo era invadido por las fuerzas demoniacas que había invocado, y se preparaba para lanzarse contra Lina y sus compañeros. De pronto, el caballero negro percibió una luz que brilló poderosamente en el suelo tras de sí. Giró ligeramente la cabeza y pudo ver un pilar de luz apareciendo tan alto como el cielo, justo en el lugar donde el cuerpo de Gourry yacía al borde de la muerte.

— No puede... ser — exclamó incrédulo Gorath al ver al caballero levantándose del suelo, rodeado por la luz que caía del cielo.

La sorpresa de Lina fue tremenda al ver a su compañero alzándose y siendo bañado por aquella luz intensa. En un segundo, el caballero extendió su brazo derecho y sujetó el mango de la espada que permanecía clavada en el suelo a su lado y, tan pronto tocó el mango, la luz a su alrededor brillo como si un par de alas fantasmales salieran de su espalda. Las heridas de Gourry comenzaron a sanar rápidamente mientras sus fuerzas eran renovadas por la magia de la espada, y la luz le confería un aspecto majestuoso, su cabello brillaba como el oro y sus ojos resplandecían como lagos azules al atardecer.

— Eso esta mejor — dijo el caballero al sentir que sus heridas eran sanadas mágicamente. Una leve brisa jugueteó con su cabello y lo hizo sentir ligero y aliviado, en calma.

Gourry sintió una sensación extraña, pero de algún modo presintió lo que debía hacer. Sujetó calmadamente el cuello de su ropa con dos dedos, y las rasgó de un tirón quitándose la coraza y dejándola caer a un lado. Luego puso ambas manos en el mango de su espada y cerró los ojos mientras la luz que formaba alas fantasmales en su espalda se intensificaba. De pronto sintió un cosquilleo en una mejilla, era una pluma que le acariciaba el rostro mientras volaba empujada por el viento. Al levantar la mirada, el caballero pudo ver dos alas blancas que salían de su propia espalda, extendidas hacia ambos lados. Finalmente pudo ver claramente el estado del campo de batalla a su alrededor. A unos metros de distancia se encontraba Lina junto a sus demás compañeros. A mitad de camino, Gorath se alzaba en el aire con dos alas negras y demoniacas en su espalda, el suelo bajo sus pies estaba quemado y cubierto de sangre y cenizas. Flexionó ligeramente las piernas, y dio un poderoso salto hacia sus compañeros, siendo apoyado por alguna fuerza mística que le permitió elevarse en el aire y desplazarse a una velocidad extraordinaria. En un parpadeo, apareció flotando en el aire entre sus compañeros y el demoniac.

— Los protegeré, no podrás pasar — dijo el caballero con una voz tranquila para, al momento siguiente girar ligeramente la cabeza para mirar a Lina y asentir indicándole que todo estaba bien ahora.

De inmediato, Gourry se lanzó contra su rival que tampoco perdió el tiempo y se arrojó en su contra con el rostro retorcido por la ira. Ambos combatientes chocaron una y otra vez con una velocidad asombrosa, uno rodeado por flamas y oscuridad, el otro rodeado por la luz sagrada que emanaba de su espada. Las armas se enfrentaron con furia y poder, estrellándose repetidamente y arrojando chispas y pequeños rayos cada vez que hacían contacto. Con un estrepitoso crujido, el metal chocó contra el metal una última vez. El espadazo de Gourry fue detenido por el arma del demoniac, pero el metal corrompido finalmente cedió, y la negra hora se partió en dos. Una llamarada de fuego oscuro como la noche brotó del interior de la espada rota, mientras un trozo de la hoja caía al suelo y se hacía polvo. Gorath se vio obligado a retroceder un metro, pero de inmediato se preparó para continuar la pelea, con sed de batalla en la mirada.

— ¡No!, miserable, te mataré, ¡Te mataré! — se lanzó nuevamente el demoniac usando el trozo de espada sin punta que aún permanecía sujeto al mango.

El caballero negro alzó la mano derecha en un ademán de golpear con la espada rota, pero Gourry en lugar de bloquear el golpe con su arma, levantó la mano izquierda con un movimiento ágil, y detuvo el ataque sujetando el antebrazo del oponente, al tiempo impulsaba la punta de su espada hacia adelante. Gorath se sorprendió y se contrajo al sentir el frío del metal entrando en su pecho. Su mano tembló y finalmente dejó caer lo que quedaba de su espada, mientras el extremo de la Hoja del Cielo salía por su espalda. Con un último grito ahogado y mientras una sombra enorme brotaba desde la herida en su pecho, el cuerpo del demoniac cayó al suelo impactándolo pesadamente. La sombra que acababa de salir formó la figura oscura de un demonio alado, con cuernos y cola y ojos rojos como brasas incandescentes. Se acercó a Gourry amenazadoramente, pero el caballero simplemente batió su espada y cortó limpiamente la cabeza del espectro. La oscuridad comenzó a despejarse y volvió la esperanza al lugar, mientras las sombras demoniacas se disipaban y el cuerpo de Jun Gorath se marchitaba con una velocidad antinatural en el suelo. Gourry descendió tranquilamente con una sonrisa, en los alrededores los dragones continuaban combatiendo pero la mayoría de los demonios habían sido destruidos o ahuyentados.

— !Ahhh! — una exclamación generalizada surgió de los dragones, un rugido mientras avanzaban en una última carrera enloquecida que sobrepasó a los demonios restantes.

Los últimos demonios cayeron ante los eufóricos dragones y sus compañeros. Lina y Amelia lanzaron un par de conjuros ofensivos adicionales, Zelgadis se unió a un dragón cercano en combate cuerpo a cuerpo contra un par de demonios, Filia destruyó a otro con su aliento y luego procedió a usar magia curativa en algunos de los caídos, mientras Xellos la apoyaba intentando mantenerse alejado de otros dragones. Gourry se lanzó también al ataque cuerpo a cuerpo contra algunos de los demonios cubriendo a la hechicera de rojo, potenciado por la ligereza y velocidad que le brindaban las alas celestiales en su espalda. De modo abrupto, sólo hubo silencio, la batalla había terminado. El caballero cerró los ojos un momento y las alas blancas que adornaban su espalda desaparecieron, al tiempo que una ovación se elevaba entre todos los campeones. Hubo bajas, de los cien dragones casi una cuarta parte había caído en esa última batalla y una de las legiones preparadas por el demoniac había logrado escapar y continuar su marcha hacia el este, pero al menos los enemigos que se quedaron a pelear habían sido derrotados al fin. La cálida mano de Gourry se posó sobre la de Lina, que aún estaba algo atontada por los eventos ocurridos.

— ¿Qué pasa? — preguntó el caballero a su compañera. — ¿No te alegra?, la batalla terminó, ¡Ganamos! — pero la hechicera no respondió, simplemente se arrojo sobre Gourry abrazándolo en silencio y sollozando. — ¿Que pasa?

— Cállate tonto, creí que te morías, creí que te perdía — respondió Lina dándole un golpe al caballero en el pecho.

— Hey, eso duele... — reclamó el joven, pero de inmediato la abrazó antes de continuar. — No te preocupes, no me iré a ningún lado.

En un pantano siniestro a muchos kilómetros de distancia, el estruendoso ruido de una carcajada hizo huir aleteando a un grupo de aves negras. En un pequeño estanque de aguas nauseabundas, se vía reflejada la imagen de la batalla que acaba de terminar por medio de algún poder arcano. La dragón negro Kala, reía con una expresión de locura aterradora en el rostro mientras veía al ejercito de la oscuridad siendo derrotado.

— ¡Jajaja! — poco a poco, la dragón comenzó a calmarse y cambió completamente su estado anímico de la euforia a una profunda tristeza.

— ¿Qué harán ahora, niños, cuando el viejo lo sepa? — preguntó la inestable dragón sin nadie que le respondiera. — ¿Qué harán cuando la legión de la oscuridad llegue a consumir este mundo?

Al mismo tiempo en una profunda caverna rocosa, lejos en el este, Hound se sentaba en un gran trono de piedra frente a un altar sobre el que descansaba una esfera de brillante cristal negro. El artefacto proyectaba los mismos eventos que observaba la dragón, por medio de luces fantasmales. Una mirada furiosa dejaba pocas dudas de que aquél resultado no le era favorable.

— ¡No!, esto no puede ser... ¡Me las pagarán! — maldijo en un gruñido el demonio, incrédulo ante la muerte de Gorath, pero al instante recuperó la compostura y se calmó. Lo pensó por unos momentos, el escuadrón más poderoso del demoniac había caído junto a su general, pro una de sus legiones había evitado el combate y continuaba la marcha. — No importa, esto aún esta dentro de las posibilidades calculadas. Ha llegado la hora de pasar a la fase siguiente.

El demonio cerró los ojos por unos segundos y, al momento, apareció un acólito demoniaco desde las sombras unos pasos frente al trono. El recién llegado parecía un humanoide delgado con túnica negra, la piel blanca y la mirada fría como un cadáver. Saludó con una reverencia y esperó las órdenes de su líder.

— Preparen el altar, llamen a los Invocadores del Olvido — ordenó Hound con una voz calmada y profunda.

— Si señor — respondió el acólito con una nueva reverencia para luego desaparecer en las sombras, tal como había aparecido.

— Aún queda una legión de Gorath para distraerlos un tiempo más. Además las barreras se han debilitado lo suficiente, ha llegado la hora de la oscuridad — rió el demonio con una sonrisa macabra mientras, con un gesto de su mano huesuda, las luces proyectadas por la bola de cristal cambiaron y mostraron una serie de símbolos y runas arcanas que se movían y cambiaban de posición lentamente, como si estuviesen en proceso de construir alguna formación más compleja.

Un par de horas después, los acólitos demoniacos de Hound habían terminado los preparativos ordenados por su señor. En medio de un gran salón de piedra, la cámara principal de la fortaleza subterránea, se alzaba un enorme altar oscuro rodeado con formaciones mágicas en la forma de una estrella de cinco puntas de varios metros dibujada en el suelo, con estatuas siniestras en cada uno de los extremos de la estrella. Un grupo de nigromantes realizaba conjuros al rededor de la formación, disipando cualquier energía mágica presente en el lugar que pudiese interferir con las invocaciones y conjuros que se realizarían en el salón. Un grupo de cerca de veinte demonios entraron a la habitación portando báculos impíos de maderas negras y huesos. Tenían el aspecto de humanos de piel pálida, todos vestidos con túnicas púrpuras con el símbolo de un cráneo blanco en el pecho, sus rostros oscurecidos por capuchas.

En ese momento, el demonio líder meditaba en la misma habitación del trono desde la que había dado las órdenes. Esta vez se mantenía levitando con las piernas cruzadas y las manos apoyadas en las rodillas, con la esfera de cristal flotando justo frente a él. Mantenía los ojos cerrados, pero un delgado hilo de energía oscura salía de su frente y entraba en la bola de cristal que tenía enfrente. De pronto se oyó el ruido de alguien tocando la puerta desde el otro lado.

— Disculpe maestro, pero... — no alcanzó a terminar de hablar la voz de un acólito, aterrado al ser interrumpido por Hound.

— Si lo se, los Invocadores del Olvido han llegado — respondió el viejo demonio mientras descendía lentamente junto a la esfera de cristal, que se depositó suavemente en el altar frente al trono. El demonio quedó sentado de regreso en su sillón antes de abrir los ojos y, con un movimiento de su mano, abrir a distancia el enorme portón de la habitación. Tras la puerta, un demonio menor agachó la cabeza en señal de respeto.

— Ya puedes retirarte — ordenó Hound levantándose y saliendo al pasillo, cerrando la puerta tras de sí del mismo modo como la había abierto.

En la cámara del altar principal, a un lado de la formación mágica que acababa de ser preparada, una docena de figuras siniestras permanecían sentadas en el suelo con los ojos cerrados. Cada uno tenía una figura humanoide, pero extraordinariamente delgada como si no fuesen más que huesos dentro de las negras túnicas que los cubrían. Minutos antes, en respuesta al llamado mágico realizado por algunos de los nigromantes del lugar, una serie de pequeños portales se habían abierto, de los que habían salido aquellos hechiceros demoniacos, los Invocadores del Olvido. De pronto, todos los demonios sentados se quitaron las capuchas negras exponiendo sus rostros y alzaron las cabezas al mismo tiempo. Su piel era completamente blanca y sus facciones huesudas, y al abrir sus párpados dejaron ver globos oculares igualmente blancos. Se pararon al tiempo y miraron hacia una puerta que, al segundo, se abrió y dejó entrar a Hound en el gran salón. Los demonios saludaron al su líder bajando ligeramente la cabeza, a lo que el anciano respondió con gesto de la mano antes de hablar.

— De prisa, las barreras de este mundo son más débiles que nunca. Debemos actuar ahora — ordenó Hound mientras se acercaba a la formación mágica dibujada en el suelo y la examinaba con cuidado.

Los acólitos y nigromantes que habían estado prepararon el lugar indicaron que los preparativos estaban listos, agacharon la cabeza una última vez y se retiraron un por uno del gran salón. Los Invocadores del Olvido rodearon la formación mágica mientras Hound se acercaba al gran altar y alzaba los brazos indicando el inicio de algún ritual demoniaco. Los invocadores imitaron el gesto de su líder, levantando las manos y oscuras energías comenzaron a reunirse sobre sus cabezas al tiempo que de sus ojos salían flamas oscuras, y con cánticos en algún dialecto perdido daban inicio a la ceremonia.

Mientras recitaban sus palabras y rezos siniestros, dirigidos por Hound como un sacerdote en su templo, las energías que emanaban de los invocadores comenzaron a unirse primero sobre las cinco estatuas ubicadas en los extremos de la gran estrella dibujada en el suelo. Flamas verdosas se prendieron sobre cuencos sostenidos por cada estatua y, dirigidas por los conjuros demoniacos, las llamas se extendieron y comenzaron a girar en una espiral sobre el altar principal ubicado al centro, frente a las manos del demonio mayor. Luego de unos minutos, el anciano demonio extendió las manos hacia la fogata azul verdosa que se había formado en el altar, dando una última orden, y el fuego se extendió en delgadas lenguas de un color enfermizo que avanzaron un metro y comenzaron a tirar y rasgar el espacio mismo. De pronto las flamas fracturaron las dimensiones y una apertura negra fue forzada y extendida, dejando un portal abierto como una enorme boca oscura rodeada de brillantes colmillos verdosos.

— Vengan, ¡Vengan Ahora! — ordenó el demonio mayor mientras los Invocadores del Olvido bajaban las manos y se reunían a su espalda.

El portal osciló por un momento y espíritus malignos comenzaron a salir del otro lado. Las criaturas más espantosas salieron de la apertura, demonios de todos los tipos, demonios de lugares lejanos y oscuros, un ejercito de innumerables horrores comenzó a manar de la grieta. Con un gesto de la mano de Hound, una fuerza invisible abrió las puertas del gran salón, y varios demonios menores y acólitos se apresuraron a entrar y comenzaron a guiar al ejercito de monstruos que entraba al mundo hacia otras direcciones en la fortaleza subterránea y por escaleras de piedra hacia la superficie. La infinidad de demonios que salían del portal fueron rápidamente organizados y preparados para una marcha que presagiaba un oscuro destino para el mundo de los mortales.

— ¡Jajaja! — rió Hound mientras sus tropas eran dirigidas. — El portal ha sido abierto, ahora nada podrá detenernos.

En las tierras nauseabundas de Darkfall, la dragón Kala miraba con una sonrisa satisfecha las imágenes reflejadas en el estanque de aguas estancadas que tenía al frente. Esta vez la escena mágicamente proyectada mostraba a Hound abriendo el portal demoniaco e invocando a su interminable ejercito.

— El viejo lo ha hecho, ha abierto el portal... es el momento — dijo para sí mientras retrocedía un paso y se alejaba hacia otro lugar del pantano.

Luego de caminar unos minutos, entró en un pequeño claro rodeado por un muro de árboles muertos y entrelazados, con un círculo rúnico grabado en el suelo por algún poder arcano y un altar preparado en su centro. Sobre el altar descansaba el enorme cráneo de un dragón y una esfera de cristal oscuro con el aspecto de un ojo de reptil.

— Ha llegado la hora de invocar a la Bestia. El caos reinará y todos seremos libres al fin.

Mientras hablaba, la dragón se acercó al altar y acarició el cráneo por un momento, mostró una mirada triste y una lágrima estuvo a punto de caer por su rostro mientras era invadida por imágenes y recuerdos. El rostro de su padre, bueno y aburrido, el rostro de Hound, malvado pero igualmente aburrido.

— Te quiero como a un padre... — dijo Kala pensativa y tranquila, antes de cambiar su expresión y mostrar unos ojos oscurecidos por la ira. — Pero no dejaré que reines este mundo, anciano.

La dragón alzó un puño como si pensara descargar su enojo sobre la calavera en el altar, sus dedos apretados y su mano tiritando, pero luego de unos segundos bajó el brazo recuperando un rostro despreocupado y tranquilo. Suspiró profundamente antes de dar media vuelta y caminar fuera del claro con una sonrisa malévola en el rostro.

— Pero antes... Jajaja... — terminó riendo la dragón negro mientras caminaba cada vez más rápido alejándose del altar. Luego de unos momentos llegó a un lugar macabro, con los cuerpos de varios humanos jóvenes colgados de los pies, algunos aún medio vivos y medio muertos. — Antes comeré un poco.

En una colina cercana al lugar de la batalla de Luna de Sangre, los justicieros descansaban en un campamento junto al grupo de guerreros del Santuario del Dragón Rojo. Los heridos habían sido tratados y el pequeño pero poderoso ejército había celebrado una pequeña ceremonia para honrar a los caídos, bajo el mando del Gran Dragón y de Filia. La tranquilidad del grupo, que intentaban recuperar sus fuerzas luego de las feroz batalla en la que habían participado, fue interrumpida de pronto cuando una de las joyas de Amelia comenzó a resplandecer y a vibrar.

— Zel, es mi padre — llamó la princesa quitándose la joya con rapidez y colocándola en el suelo antes de pararse y llamar a sus compañeros. Recitó un conjuro sencillo y un cono de luz fue emitido desde el cristal, proyectando la figura traslúcida de un humano fornido frente a la joven. Los héroes se reunieron al rededor de Amelia y observaron expectantes la imagen frente a ellos.

— Es un cristal mágico para comunicarse en casos de emergencia que hemos estado desarrollando en Seyruun — explicó la princesa mientras la imagen proyectada se aclaraba y mostró finalmente al rey Philionel, que comenzó a hablar pocos segundos después.

— Amelia, hija, ¿Estas bien? — preguntó Philionel con una voz urgente. — No he sabido nada de ti en más de una semana.

— Si padre, estoy bien... — respondió la joven mostrando algo de fastidio en el rostro. — Pero, ¿Qué pasa?

El monarca de Seyruun explico la situación al grupo de aventureros con prisa. La Cofradía había empezado a movilizarse, ejércitos oscuros habían comenzado a moverse en varios lugares, bestias y monstruos liderados por demonios estaban causando estragos. Philionel les contó que también se rumoreaba que la agresividad de los monstruos y los múltiples ataques eran una táctica de distracción, pues una legión demoniaca como nunca se había visto se estaba organizando en el sur este, cerca de Elmekia.

— Pero padre, ¿Dónde?

— Los informes hablan de un lugar montañoso y árido entre Elmekia y el gran desierto que llaman El Abismo — respondió el Rey.

— ¡El Abismo!, escuché historias de ese lugar cuando viajé al Desierto de la Destrucción, antes de conocer a la maestra Ivanna — se sorprendió Zelgadis al oír el nombre.

— ¿Qué decían? — preguntó Lina.

— Sólo que era peligroso, la gente del desierto creía que era habitado por algún demonio poderoso, hablaban de cavernas subterráneas y cultos malignos. No los tomé muy enserio pero nunca lo investigué en detalle, el desierto es un lugar enorme... — respondió el espiritista. — Esa región está a varios días de camino al este de aquí.

— El ejército de demonios que se separó de sus compañeros y no se quedó a luchar, marchaba hacia el este — comentó Lina. — Quizás piensan reunirse con sus compañeros allá.

— Recibimos reportes de pueblos cercanos que, al menos, confirman los rumores del movimiento de un gran número de demonios en la zona. Las tropas de Seyruun están listas para marchar. — continuó el Rey. — Pero además tenemos aliados inesperados.

— ¿Aliados? — preguntó Amelia a su padre, mientras sus compañeros escuchaban atentamente.

— Dragones — respondió luego de unos momentos Philionel.

— ¿Dragones? ¿Qué dragones? — interrumpió Filia con un rostro de sorpresa.

— Dragones dorados del norte, cientos de ellos, también del templo de Ceiphied — explicó el monarca a la sacerdotisa y sus compañeros. — Han enviado mensajeros hasta aquí y se nos unirán en la batalla.

— Pero ¿Cómo?, siempre se han mantenido al margen de los humanos — cuestionó la princesa.

— Si, es difícil de creer... pero deben haber considerado que el Triunvirato y su ejército es demasiado peligroso... quizá un sacerdote tuvo alguna visión al respecto — comentó algo dudosa Filia.

— Sea cual sea la razón, se ofrecieron a ayudarnos y por supuesto aceptamos — dijo Philionel mientras hacía una señal a alguien a su lado — Les hablará Zaljas, el mensaje de los dragones.

— Saludos, soy Zaljas, enviado de los dragones dorados del norte. — dijo un humanoide alto y rubio de orejas puntiagudas, vestido con finos ropajes de color claro, que cambió lugares con el Rey para aparecer en la proyección mágica. — Tú debes ser la sacerdotisa del templo del gran Ceiphied, Filia Ul Copt.

— Si señor, soy yo. ¿Cómo es que han decidido unirse a las tropas humanas?, ¿Qué piensan hacer a continuación?

— Como sospechaste, uno de nuestros videntes a previsto el peligro que se avecina. Por eso hemos convencido a varias tribus de dragones que se nos unan en la batalla. Nuestros hermanos estarán aquí mañana mismo — explicó el dragón con forma humanoide.

— Pero aunque ustedes puedan volar hasta aquí, el ejército de Seyruun tardaría semanas — comentó Lina provocando un rostro de preocupación en sus compañeros.

— Así es, por eso debemos usar la Puerta Blanca — respondió el mensajero dragón, a lo que Filia suspiró incrédula.

— ¿Quiere usar la Puerta Blanca?, eso es imposible — contestó la sacerdotisa.

— ¿Qué es esa puerta de la que hablan?, ¿Algún objeto mágico? — preguntó Lina.

— Recuerdo haber leído de eso, es un conjuro de magia sagrada ¿No?, alguna forma de transporte — respondió Amelia intentando recordar lo que había investigado en sus estudios.

— La Puerta Blanca es un poderoso conjuro que conecta de forma temporal dos lugares por medio del plano astral — contestó Zaljas. — Debe lanzarse en ambos lados al mismo tiempo y permite el movimiento de cualquier número de individuos de forma instantánea.

— Pero es un conjuro demasiado difícil, yo no podría lanzarlo en este lado aunque quisiera — explicó Filia con una mirada desanimada.

— Pero no estas sola — le recordó la princesa poniéndole la mano en el hombro.

— Es cierto, Amelia ha estudiado magia sagrada, yo te ayudaré como pueda y además recuerda al Gran Dragón y los demás dragones del santuario — apoyó Lina levantando un puño. — Lo haremos.

— ¿Gran Dragón? — preguntó Zaljas al otro lado de la comunicación mágica.

— Si — respondió Filia luego de dar un largo suspiro y levantando nuevamente la mirada. — Estamos siendo acompañados por los dragones del Santuario del Dragón Rojo, su Gran Dragón es un poderoso sacerdote.

— Entonces podremos hacerlo, debemos hacerlo. Es cierto que es un conjuro peligroso, pero con la ayuda de otros dragones, sé que lo harás — la animó el mensajero. — Eres Filia Ul Copt, combatiste a la Estrella Oscura.

— Así es Filia, tenemos que intentarlo, es todo o nada — terminó de animarla la hechicera de rojo poniéndole la mano en el otro hombro.

— Esta bien, esta bien. Una grupo numeroso de demonios se nos escapó y marchó hacia el este, así que partiremos en esa dirección de inmediato para reducir la distancia y mañana lanzaremos el conjuro para traerlos hasta nuestra posición — aceptó la sacerdotisa.

Luego de que todos estuvieron de acuerdo en el plan de acción, se despidieron y terminaron la comunicación mágica, con lo que la joya usada por la princesa se quemó y se convirtió en polvo. Los héroes informaron de los planes al líder de los dragones que los acompañaban y, sólo minutos después, el pequeño ejercito partió rumbo al este para impedir que la legión demoniaca se les alejaran demasiado y acercarse al Abismo.

Al día siguiente, cerca de la hora acordada para empezar los encantamientos, el grupo de Lina se adelantó para buscar un lugar amplio y abierto para recibir a las tropas blancas. Luego de un rato encontraron un claro árido y vacío entre las tierras montañosas y volcánicas por las que viajaban. Filia dirigió la preparación de una enrome formación mágica en el suelo, ayudada por el resto de los héroes y algunos de los dragones que los acompañaban. Finalmente, Amelia se contactó con su padre por medio de un conjuro simple de comunicación para dar la señal de inicio, y el ritual arcano comenzó tanto en las afueras de Seyruun donde se habían reunido las tropas humanas y cientos de dragones, como en las tierras desérticas del lado de los héroes. Varios dragones rodearon la formación mágica y comenzaron a reunir sus energías mágicas mientras invocaban el poder de Ceiphied. Filia, más experimentada en el uso de magia sagrada que los luchadores del Santuario del Dragón Rojo, dirigió la ceremonia apoyada por el líder del templo. Amelia también se unió al encantamiento haciendo uso de los conocimientos que tenía de aquél tipo de magia. A los pocos minutos, la formación comenzó a brillar y el suelo tembló ligeramente, de pronto una esfera de luz brillante se formó a un metro del suelo en el medio del círculo mágico, y una neblina amarillenta formó un domo que cubrió la formación casi por completo. Filia lanzó un último conjuro para asegurar que la Puerta Blanca era estable, para finalmente anunciar que el conjuro había sido exitoso y el paso era seguro, a lo que los héroes y los dragones se alejaron de la neblina abriendo un amplio espacio alrededor.

En el lado de Seyruun, el Rey y sus tropas vieron sorprendidos como una semiesfera borrosa de magia idéntica a la creada por Filia se formaba en la formación mágica que los dragones dorados habían preparado mientras realizaban su parte del ritual. Finalmente, las bestias mágicas anunciaron a Philionel que el conjuro había terminado y el paso era seguro, pero las tropas humanas se mostraron reticentes de entrar en la neblina. Confiados, los dragones dorados dieron el primer paso y se adentraron en la nube mágica, desapareciendo del lugar. Philionel suspiró profundamente y se adelantó a sus tropas montado en un robusto caballo blanco. Alzó el puño derecho, cubierto por un guante blanco, y anunció que avanzarían para combatir el mal, internándose sin mostrar dudas en la neblina. Sus tropas se miraron nerviosas, pero accedieron al fin y siguieron a su rey en dirección de la luz blanca que tenían al frente. Los soldados avanzaron y fueron cegados unos segundos por la luz, pero luego de caminar lentamente unos pasos su visón empezó a aclararse. Vieron sorprendidos como pisaban tierras completamente diferentes, bajo sus pies había rocas y tierra árida en lugar de los verdes pastos que los sostenían sólo unos pasos atrás. Finalmente estaban en las tierras del sur este, cerca de Luna de Sangre, y se reunieron con los héroes y dragones que los esperaban.

Por fin los ejércitos de la ciudad blanca se unieron a la campaña junto a los dragones dorados y los poderosos dragones guerreros del santuario. Luego de la llegada y de saludar al Rey, Lina y su grupo se alejó ligeramente del resto de las tropas para preparar su propio plan. Mientras las tropas avanzaban hacia el este en dirección al Abismo, en un intento por tomar a las tropas demoniacas por sorpresa, los héroes intentarían atacar por su cuenta la otra parte del Triunvirato, la dragón negro Kala. Filia llamó a Xellos que apareció desde las sombras cerca de sus compañeros y se unió a la discusión. El demonio les indicó, con una voz algo dudosa, el lugar donde se encontraba Darkfall para que pudieran desplazarse hasta allá, el plan de la hechicera carmesí era destruir el lugar por completo a distancia si era necesario.

— Por fin estamos juntos de nuevo — comentó Filia con voz emocionada a Xellos, contenta de poder estar junto a él pese a las circunstancias. — ¿No te alegra?

— Si... — respondió el demonio no muy seguro, invadido por las dudas de acercarse a Kala nuevamente, pero ocultando de inmediato sus dudas con una cuidadosamente diseñada sonrisa. — Claro que si, todo saldrá bien.

Continuará.

Avance del próximo capítulo: Darkfall, ¿Dónde está Xellos?

Los justicieros marchan rumbo a Darkfall, el hogar de la dragón negro Kala.

¿Podrán los conjuros de Lina romper las defensas del siniestro lugar?

¿Vencerá Xellos a su peor enemigo?

El corazón de un ser sin corazón, un destino que ya ha sido escrito, la batalla de lo que es contra lo que fue.