AMBIVALENCIA
Por Roquel

Advertencias: Tortura. Maltrato. Y cosas así.

Dedico este capítulo con especial cariño a Shingryu Inazuma, a The Lady Ivanov, a Shiori tsuki, a Nekot, a Alexa Hiwatari, y por ultimo, pero no por ello menos importante, a Gabz; por tres simples razones. Uno: porque adoran a los rusos tanto como yo. Dos: me tienen paciencia. Y tres: porque se toman la molestia de opinar, corregirme y darme incentivos para seguir.

Es un capitulo especial porque quienes me conocen saben que es manía mía eso de actualizar cada mil millones de años pero esta vez me dije que si había gente que se tomaba la molestia de leerme aún después de tanta espera entonces por ellos valía la pena trabajar deprisa y traerles un nuevo capitulo. Saber que hay personas que esperan leer un poquito más me animó e inflamo mi imaginación hasta obligarme a plasmarla en palabras.

Es una verdad que los fandom son volubles, existen épocas para todos, van y vienen, pero hay algunos que se quedaran a perpetuidad en nuestros corazones. A mi me pasa, y no puedo ser la única. Y siempre es bueno escuchar comentarios de la gente que aun vive en este fandom y que comparte tu amor por una pareja en especial o por la trama en general.

Gracias a todos ellos. A quienes leen y se atreven a decir "aún sigo aquí".

Espero la historia esté a su altura.

Un capítulo más.

Ambivalencia: Estado de ánimo en que coexisten dos emociones o sentimientos opuestos.

YYY

CAPITULO 9
SUPERVIVENCIA

Supervivencia: Lo que persiste cuando termina el desastre. Vivir después de un suceso desafortunado. Mantener el equilibrio al borde del abismo.

15 de Agosto.

Yuriy despierta con el cuerpo entumecido y la cabeza a punto de estallarle. Con su vista en el techo oscuro se esfuerza por recuperar los últimos recuerdos antes de perder la consciencia. Hay dolor y voces, un frío intenso que le cala los huesos. Comprende que esta tirado en el sucio y húmedo suelo de piedra de alguna celda, completamente desnudo. Poco importa. Trata de moverse, pero un dolor agudo lo inmoviliza.

Nota el sabor de la sangre seca.

Quiere recordar cómo es que ha terminado ahí, tan lejos de todo, pero no puede. No cuando él mismo siente que es ahí a donde pertenece. En las sombras.

Lejos de todo calor humano.

En el infierno.

El esfuerzo más pequeño solo consigue cansarle; apenas si puede mover los dedos, no tiene fuerza para girar la cabeza, levantar un brazo, ni siquiera puede despegar los labios para hablar. No hay sensación de la cintura hacia abajo, supone que por el frío o tal vez porque tiene una pierna rota. Descubre que si distrae la mente el dolor se aleja lo suficiente para permitirse un respiro, así que obvia el sonido de su estomago vacío y fija su atención en el techo buscando algo en que pensar. Obliga a su memoria a regresar años atrás, cuando su madre aún vive y el mundo no parece tan negro ni tan solo. Trata de ignorar cualquier cosa que pueda recordarle su funesto presente. Cierra los ojos y los oídos a cualquier sonido del exterior. Se pierde en campos llenos de flores y dulces de melocotón.

Duerme a intervalos, en ocasiones soportando una extraña duermevela; es la única forma de olvidar que cada musculo grita por un poco de alivio.

Una eternidad después nota movimiento en la celda, con cierta renuencia abre los ojos, lo que representa un esfuerzo casi sobrehumano. El aire caliente escapa de su boca como volutas de niebla grisácea que sube al techo en espirales. Hay dos figuras de pie ante él, apenas sombras ante sus ojos, como imponentes torres que anuncian el desastre. Ni siquiera intenta razonar. Muerde un quejido cuando manos extrañas buscan incorporarlo, el más mínimo movimiento le supone un terrible dolor aunque eso no parece importar a sus visitantes.

Le arrastran fuera de la celda, puesto que el no puede ponerse de pie. Su ojo sano, el único que no está hinchado y lleno de lagañas, queda deslumbrado por el corredor lleno de luz. Después de permanecer encerrado en la oscuridad esa luminosidad le hace daño. Reconoce el camino, más por instinto que por raciocinio.

Bajan escaleras y se internan en los laberintos de la abadía. Pasos frente a él, pasos detrás… tac, tac, tac… conduciéndole al nido del demonio, al infierno mismo. Empieza a cabecear, incapaz de mantenerse despierto.

Y es cuando lo siente.

Alguien lo alza y lo sumerge en agua helada. La sensación es aterradora, le golpea como un muro de hierro, casi a punto de romperle las costillas. Se queda sin aire y cuando intenta tragar el frío se mete en su boca como fuego que viaja por su garganta. Reacciona. Salta a la superficie y boquea desesperado, una, dos, tres…, imposible decirlo porque inmediatamente después una mano le sujeta la cabeza para hundirle hasta el suelo.

Yuriy patalea desesperado, por una parte el hielo le insensibiliza el cuerpo y por otra le ofrece una agonía mayor, puesto que sus heridas se abren al contacto como si el hielo le destrozara la carne. Cuando empieza a quedarse sin aire, cuando el mundo se tambalea, la mano cede en su presión y le ayuda a levantarse.

Escupe y tose sin tregua.

Cuando empieza a calmarse nota que en el agua flotan bloques de hielo. Y también se da cuenta de que no está solo. No le sorprende. Lo ha visto con anterioridad. El mismo infierno una y otra vez, sin pausa.

Bryan está ahí, con él. Todo cubierto de sangre seca y de cortes recién abiertos, moretones, cardenales negros, heridas de algún arma punzo cortante, quemaduras de cigarro, con la espalda destrozada después de tanto azote, la boca hinchada y seca, y en el brazo una extraña protuberancia revela parte del hueso que está fuera de su lugar, tiene la cara demacrada y cansada.

Yuriy supone que ambos tienen el mismo aspecto.

Los dientes le castañean y cuando se atreve a levantar los ojos se encuentra con la expresión impasible de Balcov, quien después de un rato le sonríe y algo en el estomago de Yuriy se contrae. Apenas es consciente del pensamiento cuando la férrea mano que le sujeta la cabeza vuelve a sumergirlo. Una y otra vez, durante casi dos horas, como es lo acostumbrado.

Después de eso los obligan a correr en círculos, sin importar que tenga los miembros entumecidos y cansados; aquel que trastabille, caiga, se tambalee o pierda el ritmo es obligado a reincorporarse a base de latigazos. Cuando terminan les amarran las manos al techo con los ojos vendados y deben sujetar entre las piernas una base de cemento; si está cae les destrozan las piernas con un hierro caliente. Les hacen comer hasta vomitar y entonces deben limpiarlo sin usar las manos. Los cuelgan boca abajo…, los ponen en cunclillas…

Con el paso de las semanas Yuriy descubre su ansiedad antes de ser golpeado con el mazo cubierto de pinchos; porque se desmaya a los veinte minutos y gracias a ello puede disfrutar de un breve pero delicioso momento de desmayo, donde puede ignorar el presente. Hasta que el agua en la cara o el licor en la nariz le devuelven la lucidez, más no la libertad.

Bryan agradece el momento cuando les meten en agua y les hacen pasar por una serie de descargas eléctricas. Tres, cinco, siete…, quién puede saberlo. El chico pierde el conocimiento entre una y otra, pero lo realmente reconfortante es que después de eso tiene la memoria hecha gelatina, que le impide recordar nada de lo que sigue.

De cierta forma agradecen estar exhaustos al final. Balcov los entrega a un grupo de guardias sin escrúpulos, para que hagan lo que tengan que hacer. Y ellos lo hacen, entre risas y burlas sobre niños malcriados. Bryan cierra los ojos hasta que todo se vuelve negro y la inconsciencia es una bendición de pan dulce y miel. Yuriy los mantiene abiertos pero su mente prefiere volar lejos, más allá de los mares. Donde la libertad significa ser capaz de olvidar el cuerpo.

Sólo que tarde o temprano deben volver. Regresar al cuerpo mancillado que representa la peor cárcel de todos los tiempos. Existir en la piel que todos han tocado. Vivir con un vacío en el corazón, pues ya no hay fuerza que alimente el clamor de la venganza sobre la sangre de un infame, ni sienten deseos de rabiar contra la vida. Todo lo que fueron, todo lo que son, se escurren discretamente con su sangre hasta las alcantarillas, para alimentar ratas e inmundicias. Lejos están los días del fuego y la dinamita, de la voluntad y la arrogancia, de ser tan solo Bryan y Yuriy.

Humillados, exhaustos, casi al borde de la muerte, los dos permanecen tirados hasta que Avdotya Ushakov llega como una aparición, envuelta en su bata blanca y su expresión de completa indiferencia. No les inyecta nada que alivie su dolor pero les mantiene con vida porque es lo que su jefe ordena. Que sobrevivan, un día más, para que Balcov pueda limpiar su orgullo y dejar claro que nadie, nunca, jamás, tiene derecho de tomar las riendas de su existencia. Deben vivir hasta que Balcov se aburra de ellos y les deje en paz. Hasta entonces los transportan a su celda donde ninguno habla ni se mueve dejándose llevar por el silencio y la calma. Pasará un día completo antes de que todo se repita.

Pero eso, por ahora, no importa.

Un momento de paz, es todo lo que piden.

Ha pasado más de un mes desde el escape. Y nadie sabe con certeza lo que sucedió esa noche de pesadilla. Nadie sabe qué fue de los que dejaron atrás, ni qué fue de aquellos que lograron huir.

La noche del 6 de Junio mientras Henry Hensley detiene el automóvil de James y Mijaíl, la madre de James viaja con los diecisiete niños en una camioneta negra de la que nadie sospecha. Tiene preparado su avión privado y en él transporta a los chicos a San Francisco, donde por un tiempo permanecerán ocultos hasta que gracias a la influencia de la familia Donovan puedan empezar una nueva vida.

En el informe oficial Borcloff Balcov denuncia a James Donovan y a Mijaíl Prohorovna como los responsables del secuestro de treinta niños, entre ellos el nieto de Voltaire Hiwatari y el hijo del famoso empresario Ivanov. En respuesta la pareja demanda a Balcov por abuso de autoridad y prácticas poco éticas en los niños a su cargo.

Lamentablemente el caso queda estancado; ninguno puede contradecir la acusación. Donovan y Prohorovna saben que sólo diecisiete chicos escaparon, pero declarar sobre el asunto pondría en evidencia su participación y haría peligrar a los demás. Balcov se niega a permitir que alguien inspeccione su trabajo siendo que hay chicos que no están nombrados en los papeles que entrego al estado y algunos de los que supuestamente escaparon están muriéndose en las entrañas de su abadía.

Los problemas se complican cuando el padre de Yuriy Ivanov exige que su hijo le sea devuelto. Y aunque James y Mijaíl sabe por Kai que Bryan, Yuriy, y Benzel nunca se reunieron como fue el acuerdo, es imposible saber que fue de ellos. Y a finales de junio, gracias a la intervención de Hiwatari y al poco interés de la familia Ivanov por recobrar a su heredero, el asunto queda zanjado dejando claro que Yuriy escapo con el resto de los chicos. El asunto resulta de poco interés para todos.

Y mientras Balcov pelea por mantener su autonomía con respecto al estado, el anciano Hiwatari remueve cielo, mar y tierra en busca de su nieto, que permanece escondido junto con los gemelos y Shinai.

La abadía retoma sus actividades con calma y por un tiempo no desaparecen más chicos ni se agregan otros. Todo parece normal, una escuela más. Balcov asiste a fiestas de caridad, renueva sus lazos con los grandes empresarios, empieza con calma y firmeza a limpiar su nombre y el de su escuela. Se toma tres o cuatro días a la semana para torturar a los dos chicos que mantiene prisioneros en las celdas bajo su oficina, pero fuera de las paredes de su prisión reparte confianza y seguridad siempre dispuesto a educar a más huérfanos. Consigue recaudar fondos para continuar con sus investigaciones, adopta a otro grupo de niños, refuerza la vigilancia en su abadía, y pronto todos olvidan el alboroto de junio.

Al otro lado del mundo Shinai llora de impotencia y dolor siempre que los gemelos no están cerca para verle, le desgarra el corazón saber que tiene techo, casa y comida gracias a que debe esconderse como un cobarde. Cumple con la promesa hecha a Bryan y no busca escapar de la ayuda que les brindan, se aplica y obedece sin importar que parte de él mismo se quedara atrapada en Rusia. Cuando ha pasado el alboroto Donovan les consigue documentos que acrediten su existencia, les inscribe a una escuela y consigue que todos sean adoptados.

En septiembre Kai llama a su abuelo para notificarle que no quiere regresar a casa, que lo único que desea es vivir con Mijaíl. Voltaire se ríe y le advierte que de no volver por su propio pie le hará traer cueste lo que cueste. Y de hacerlo también se encargará de que no vuelva a tener contacto alguno con Donovan o Prohorovna.

Kai se niega.

Lo que queda del año transcurren en tribunales. James y Mijaíl pelean por la custodia de Kai y por ese tiempo la pareja consigue adoptar formalmente a un par de gemelos y al hermano mayor de estos. Gracias a la publicidad las noticias llegan a los oídos de Balcov y para todos aquellos que sepan leer un periódico. Es así como Benzel se entera de la suerte de sus compañeros y de cierta forma le alivia el corazón, decide entonces que el único propósito de su vida será ayudar a Bryan.

Balcov, por supuesto, se toma la noticia como una afrenta y hace constatar que James Donovan y Mijaíl Prohorovna no podrán acercarse a menos de doscientos metros de la abadía ni de ninguno de sus habitantes.

Para los gemelos, Kai y Shinai es un tiempo de oro completamente en contraste de la vida que llevan Bryan, Benzel y Yuriy, aunque por entonces ni uno ni otro lo saben. En agosto los gemelos celebran su cumpleaños número ocho por primera vez con un pastel. En octubre cuando Benzel cumple los diez consigue trabajo en una bodega donde le permiten dormir siempre a cambio de ciertos favores. En noviembre Bryan festeja tener diez mientras es puesto boca abajo para quemarle los pies con una especie de brea caliente. Y en diciembre Kai disfruta de tener ocho años inusualmente feliz, rodeado de personas que le quieren y se preocupan por él.

El año nuevo trae la decisión del juez con respecto a la custodia de Kai Hiwatari; a mediados de Marzo queda claro que el chico volverá a la abadía Balcov, para desgracia de uno y regocijo de otros.

Y mientras Donovan protesta por semejante acuerdo, en las entrañas del mundo nadie escucha otro tipo de lamentos.

Yuriy mezcla sus recuerdos pasados con el presente sin aparente orden, sin tener en cuenta el paso del tiempo. Una semana puede convertirse en apenas un instante. Y un mes es tal vez la eternidad. Para él su infierno personal dura lo mismo que su vida y tal vez más. Es todo lo mismo, una y otra vez, ha olvidado los detalles pues carecen de importancia; pero lo que recuerda con toda precisión es el mismo instante en que comenzó. Recuerda el momento cuando alguien le zambullo en agua helada por primera vez, recupero la conciencia de un golpe como si le arrancaran de un mundo de algodón y azúcar.

Recuerda con macabra nitidez que Balcov le sonreía desde la penumbra de la realidad.

.- Me alegra verte despierto. Tenemos un pequeño problema en cuanto a versiones de lo ocurrido.

Yuriy balbucea, principalmente porque tiene la lengua hinchada, pero da lo mismo porque no entiende nada de lo que Balcov dice sobre escapes, personas involucradas, y amigos que traen mala suerte. Es entonces cuando descubre que no está solo en la pequeña tina repleta de hielos. Hay un chico que conoce. Pelilavanda de ojos ovalados. En su mundo de irrealidad, Yuriy quiere creer que no sabe su nombre. Quiere pensar que jamás en su vida le ha visto. Quiere convencerse que su existencia es una nulidad.

Para desgracia suya. Sabe su nombre. Le conoce. Y es imposible ignorar su presencia cuando resulta ser la razón de todo lo peor en su vida.

Le odia.

Le aborrece.

Pero no es lo que Yuriy quiere.

Lo que el pelirrojo desea es borrarle de su vida y olvidarse de él. Sólo que no puede.

Le odia con un fuego que le carcome las entrañas. Quiere despedazarle. Quiere desgarrarle. Y la sola idea supone una agonía. Porque lo que realmente quiere es no sentir nada. NADA.

Y vivir con esa violenta emoción es demasiado para él.

Balcov exige atención.

.- Aquí nuestro amigo Bryan me dice que no tienes nada que decir sobre el asunto que me preocupa. Lo cual por cierto no creo. Pero antes de dictar una sentencia incorrecta, me gustaría escuchar tu versión de los hechos.

.- No…, no sé… qué.

.- Es una mala respuesta. Soy comprensivo y entenderé si me dices que fue él quien te obligo a escapar contra tu voluntad.

.-…

Lo cierto es que el pelirrojo no puede ofrecerle otra respuesta que no sea la ignorancia. Pasarán años antes de que se entere de la verdadera razón por la cuál debe padecer día tras día. En ese momento lo único que puede hacer es repetir su negativa que tan sólo empeora la furia de Balcov. Cada vez que pregunta Quién, Yuriy sólo atina a contestar un vago… cuál. Si la pregunta es Cómo… Yuriy balbucea un qué. Si le interrogan Dónde, la respuesta es por qué.

Hay momentos en que Balcov se muestra amable y comprensivo, dispuesto a compartir el dolor de los muchachos, ofreciendo libertad a cambio de un culpable.

Cuando trata de confabularse con Bryan:

Siempre pensé que eras más listo que el resto. No quiero hacerte daño. Solo tienes que decirme como fue que el pelirrojo te obligo a escapar.

Lo único que obtiene como respuesta es un escueto "yo le obligue". Y a su vez cuando le exige a Yuriy un culpable:

Sé que no lo hiciste; sólo dime la verdad. Dime que ese chico te arrastro con él.

No recibe más que un escupitajo en el rostro.

Es entonces cuando pierde la paciencia, se transforma, les abofetea o los patea sin remordimiento alguno. Yuriy no cree sus mentiras desde que viera como metió la cabeza de Bryan en un retrete lleno de porquería. Y Bryan no se fía de él después de ver como apagaba sus cigarrillos entre las piernas de Yuriy.

Conforme pasan los días el pelirrojo empieza a sentir que tal vez su condena sea precisamente por eso: Porque ni uno ni otro se acusan. Lo cual le hace querer reírse de lo absurdo que suena. Se odian. Está claro. Es mutuo y es intenso. Balcov lo sabe. Intenta que ese odio crezca, creando mentiras y falsedades. Le ofrece comodidades a uno, ante los ojos de otro, para después arrebatárselas. O cuando los castiga juntos, el mínimo quejido, lloriqueo, lamento, grito, cualquier sonido de uno, representa mayor dolor para el otro. Los obliga a despreciarse. Y lo logra.

Es por eso que le frustra no obtener resultados.

Tanto Bryan como Yuriy son conscientes que el dolor será mayor si le dan lo que quiere. Están protegiéndose a si mismos, no importa que de hecho su silencio proteja también a su enemigo. Y ese pequeño asomo de voluntad es condenado. Balcov no puede soportar que sean capaces de negarle algo. Así que empeora los castigos, esperando que alguno de los dos se rompa y ceda.

Una noche, de entre otras tantas, cuando finalmente se quedan solos, Yuriy resopla, sin ganas, porque no entiende ese extraño mundo a dónde ha ido a parar.

.- ¿Estoy muerto?

Bryan suelta un sonido ahogado como si el chico escupiera sangre, lo cual es posible, aunque tal vez pueda interpretarse como una risilla carente de fuerza.

.- Tanto como yo.

Son las únicas palabras que intercambian; después de eso no hay más conversación y el pelirrojo acepta que su ignorancia sólo ocasiona peores castigos y aún más dolor, así que empieza a ignorar las preguntas y deja de buscar una razón.

Se esfuerza también por borrar a Bryan de su mente.

Y en eso fracasa miserablemente. Porque lo culpa. Y tiene que claro que algún día se vengará.

El tiempo transcurre entre periodos de lucidez, duermevelas, y la agradable inconsciencia, no se distingue un día de otro por el día y la noche, ni por las horas transcurridas; pero si midieran el tiempo en términos de maltratos, violaciones, o dolor…, sumarían al menos tres vidas completas de gran longevidad. Todo es cuestión de supervivencia, aunque ya no por voluntad propia por que tu vida no te pertenece y por tanto no puedes simplemente dejar de luchar. Es otro quien decide cuando debes rendirte, cuando debes seguir, por cuanto tiempo permanecer vivo. Y esa persona es quien con una palabra te ofrece dolor o descanso.

En febrero el cumpleaños de Yuriy es un acontecimiento que para él transcurre sin importancia. Lejos de sentirse más grande, más cercano a la independencia, sólo le hace consciente de estar atrapado entre cuatro paredes sin capacidad para defenderse. Ese día Balcov le regala una sesión extra de hielo, aunque en realidad no representa nada.

El mundo ha dejado de significar algo.

Dos semanas después, poco antes de que Kai sea devuelto a la abadía, Balcov está de inusual buen humor que no es opacado cuando Ushakov le notifica de la perdida de cinco candidatos a causa de problemas médicos. Es tan grande su alegría que observa con desparpajo a los dos chicos desnudos e inconscientes que tiene a sus pies.

.- Quédate con uno; el otro será para Krause.

Ushakov tuerce el gesto como si la propuesta le resultara chocante, sin embargo no hay forma de rechazar el ofrecimiento. Krause tampoco se muestra encantado con el arreglo, pero no tiene motivos para evitarlo.

YYY

James y Mijaíl acompañan a Kai hasta el aeropuerto, le alientan con la promesa de revocar la decisión del juez pero nada puede borrar la decepción en el corazón del peliazul, porque muy en el fondo empieza a notar que el mundo es justo para aquellos que saben jugar sucio. Lo abrazan, reparten mimos mientras lo tienen y cuando llega Balcov y Voltaire, James les mira furibundo y tenso; hace una sola advertencia.

.- Si el hijo de Alexander sufre mientras está contigo, ten por seguro que te hare trizas.

Balcov le sonríe condescendientemente.

.- Cuidare bien de tu retoño, Donovan; aunque claro, no estarás ni cerca para verlo, ya que lamentablemente tus visitas están restringidas.

.- Cambiaremos eso, te lo aseguro.

.- Inténtalo.

.- Estás advertido, Balcov, un solo paso en falso y me asegurare que te hundas en tu mierda.

Kai les mira una vez más antes de subir al coche de su abuelo, percibe la ansiedad de Mijaíl y la impotencia en James; le cuesta trabajo dejarles porque un vago presentimiento le hace creer que no volverá a vivir con ellos. Por supuesto que no teme por su persona, al menos de momento, su abuelo nunca permitiría que Balcov le haga daño. Esa noche en la abadía Kai duerme en una cama de sabanas limpias, un nuevo ropero cortesía de su abuelo y sus comidas son excepcionalmente buenas. Todo gracias a su apellido. Un pequeño príncipe. El heredero.

Y Kai empieza por asumir ese hecho.

Regresar a la abadía después de vivir medio año en la casa de James es un cambio brusco, casi doloroso. Antes tenía panecillos calientes por desayuno, compañía y atención, ahora solo hay avena fría, sin charla, ni amigos. Conforme pasan los días el ánimo de Kai recae, Balcov le mantiene en la rutina diaria sin más entrenamiento con Dranzer ni peligro para su persona, tal vez por el hecho de que el viejo Voltaire visita la abadía cada dos semanas, asegurándose de que su nieto este lo más confortable posible. Tampoco hay paseos nocturnos pues hay un guardia especialmente dedicado a vigilarle.

En realidad no tiene nada que hacer. Y a finales de mayo un extraño rumor llena sus horas muertas cuando alguien comenta el hecho de que no hay más desaparecidos. En ese instante piensa en Bryan, Benzel y en Yuriy y se da cuenta que tal vez pueda ocupar su tiempo en averiguar qué fue de ellos, aunque lo cierto es que no sabe por dónde empezar.

Primero se ocupa en conocer los posibles detalles de aquellos que estuvieron el día del escape.

Se entera que aunque la versión oficial habla de treinta chicos secuestrado todos saben que a lo mucho veinte escaparon pues el resto fue escogido ese año como el grupo de prueba. Suponen que Bryan se marcho con los otros pero tienen ciertas reservas sobre Yuriy pues algunos recuerdan que estaba castigado después de que supuestamente entrara en la habitación de Balcov, y lo último que saben de Benzel es que también desapareció antes del escape.

En otras palabras Kai tiene claro que por lo menos dos de ellos, sino es que los tres, están ahí, en alguna parte.

Solo necesita tiempo y libertad para encontrarlos. Pero todo pierde sentido cuando dos semanas después Voltaire anuncia que ser marcha a Japón lo que queda del año para levantar una de sus empresas que esta por irse a la bancarrota. Balcov le ánima, le alienta, y en determinado momento le hace saber que no tiene de qué preocuparse.

Y esa misma noche, cuando el anciano se marcha sin mayor preocupación por el bienestar de su nieto, Balcov le manda a llamar y le encierra en una de las habitaciones blancas e inmaculadas que hay bajo la enfermería, donde pueden vigilarle el sueño, la comida y la atención. Una semana basta para ponerle enfermo del olor a medicina, el silencio opresivo y la constante vigilancia de la cámara que tiene sobre su cama.

Cuando Balcov cree que está listo le lleva de nuevo al laboratorio número tres, donde bulle la actividad y la emoción se palpa en el aire. Después de que el proyecto Dranzer estuviese varado durante casi un año a todos les encanta volver a retomarlo. Ushakov se alista con un grupo de médicos para mantenerse pendientes del estado físico y mental del chico. Krause prepara monitores dispuesto a registrar toda actividad de Dranzer.

Vestido con un sencillo pantalón de algodón color azul claro, zapatillas de tela y una playera blanca, Kai se ve más pequeño de lo que en verdad es. Tiene el rostro de un niño y la expresión de un adulto serio. Antes de meterle en el pequeño domo de cristal Balcov le informa:

.- La apelación sobre tu custodia fue rechazada. .- sonríe y sólo recibe en respuesta un rápido parpadeo. .- Y no habrá más audiencias al respecto.

Kai siente que el mundo se tambalea cuando la puerta de cristal reforzado se cierra tras él con un suave 'plop'. Nota que respira entre jadeos. Le tiemblan las manos y no sabe a ciencia cierta por qué. Bueno, lo sabe, pero no quiere pensar sobre eso. Pensar le hará consciente de la verdad.

Pasará el resto de su vida en esa abadía del infierno, bajo la tutela de un ser al que desprecia.

Quiere vomitar.

Atrapado en las fauces del demonio.

Quiere gritar.

Jamás tuvo una infancia adecuada. Y nunca importo. Tenía a James y a Mijaíl, para él solo, siempre. Ellos que son la balsa en el mar tormentoso y el puente sobre el acantilado. La vitalidad de uno, la mesura de otro. La energía y el encanto, dividido a partes iguales. Representan el mundo. Todo su mundo. Los padres que no recuerda. Los amigos que nunca le abandonan.

Y ahora no volverán.

Siente que debe llorar. Solo que no puede. No sabe hacerlo.

Así que hace lo que le han enseñado. Esconde su dolor. Esconde su pesar. Aprieta la boca y finge. Lanza el blade con toda la fuerza que tiene; choca en el plato, lo agrieta. El corazón le escuece pero no piensa derramar lágrimas.

Dranzer es bombardeado con pequeñas descargas que lo obligan a salir. En pruebas anteriores suele aparecer un huevo de energía que se destruye antes de abrirse. En está ocasión le toma cerca de treinta minutos mostrarse en todo su esplendor. Con las alas abiertas y la cabeza erguida cuál rey magnánimo. Su plumaje color oscuro brilla como una noche cuajada de estrellas. El pico se abre para emitir un chillido que agrita las paredes y clama por sangre. Tiene un penacho rojo oscuro que corona su esplendor. Pero sus ojos son los que paralizan a Kai.

Redondos. De ave. Dorados. Repletos de magia. Hablan de poder y dominio. Le aplastan. Le elevan. Electrizan sus sentidos. Y en ese preciso instante, cuando parece que Dranzer está por enloquecer y lanzarse contra las paredes buscando un escape, cuando se supone que Kai es golpeado por la energía feroz, cuando todo anuncia la destrucción, nada de eso sucede.

En el mismo instante en que le ve a los ojos, Kai comprende que algo es distinto porque le escucha hablar:

"Has cambiado. Lo huelo. El odio. El rencor. Te llena. Tú me llamas."

En su mente Kai balbucea "No…, no"

Siente miedo. Terror. Dranzer crece en proporción a ese pánico. Retrocede y a través del vidrio que le separa del resto del mundo contempla el rostro de Balcov; burlón y desenfadado. E inevitablemente el rencor visceral que siente se incrementa, crece sin control; descubre la rabia como una pulsación en las manos y el corazón. Se ahoga. Tiembla. Y Dranzer disfruta de ello.

Se alimenta de él.

"Seamos uno"

Kai se aparta. Piensa en Mijaíl. Y su imagen le trae de vuelta a la realidad. Es como una bofetada con agua fría. Trastabilla y cae hacía atrás. La última imagen que ve es a Dranzer inclinándose hacia él.

"Volverás"

Despierta horas después, tendido en la cama de su nueva habitación. Cuando recuerda hasta el último detalle de todo lo acontecido se echa a temblar. Termina hecho pelotita bajo las cobijas con las manos frías y temblorosas. Le castañean los dientes. Nota un regusto amargo en la boca del estomago.

Permanece tendido, incapaz de conciliar el sueño, incapaz de moverse, incapaz de olvidar.

Cierra los ojos y le ve. Se mueve y le siente. Su presencia. Su calor. Le tiene miedo, pero también le fascina. Lo peor de todo es que cuando Dranzer le mira fijamente con esos ojos dorados, es capaz de husmear en su interior con una libertad espeluznante. Le conoce mejor de lo que él jamás podrá conocerse. Y es por ello que su "volverás" le suena a maldición. A condena. Como si estuviera predestinado a la desgracia.

En silencio pretende convencerse de lo contrario. No le buscaré, se dice lleno de confianza. Solo que la verdad es innegable, por mucho que Kai pretenda esconderla. Muy en el fondo solo puede pensar:

Quiere verlo de nuevo.

Y el solo pensamiento basta para hacerle entrar en pánico.

YYY

Ushakov y Krause discuten por todo lo que uno puede discutir, e incluso por aquello que no tiene importancia, y desde que se conocen no hay día en que no enfrenten sus opiniones. Tratan siempre de aplastarse mutuamente y aprovechan cualquier error de su rival para burlarse a sus expensas. Lejos de odiarse, es una rivalidad nacida por el deseo de superar.

Ese día, después de la prueba con Dranzer el tema a discutir es cuales son las mejores cualidades en un luchador.

.- El chico no tiene carácter. ­.- es la replica aireada de Ushakov cuando Krause insinúa que Kai puede manejar su bestia bit. .- Durante la prueba entro en pánico. Tuvo suerte de no arruinar nada.

.- Pero es fuerte. .- Krause no defiende a Kai, sólo desea rebatirle a la mujer. .- Ha resistido más que cualquiera.

.- Hemos sido demasiado blandos con él. Desde el principio debió aislársele. Sólo así podemos medir sus reacciones y evitar una catástrofe.

.- Le volverás débil.

.- Por favor.

.- Quieres convertirlo en una marioneta, borrando todo impulso nervioso.

.- Pretendo evitar que cometa errores humanos.

.- Para ello podemos modificar su mente hasta convertirle en un soldado que no distinga el placer del dolor, que no sienta piedad o misericordia, que prefiera la muerte antes de fallar.

.- Un soldado perfecto debe cumplir sin necesidad de disfrutar con lo que hace, no debe pensar en el fracaso. Debe ser limpio. Clínico.

.- Y por ello predecible.

.- Para eso estamos nosotros, no necesita de una mente con pensamientos propios o ideas estúpidas.

.- Pero en ocasiones necesita deseos. Fuerza de voluntad. Mi soldado será invencible porque nada podrá detenerle. En eso consiste todo. Mejorar su mente. Instruirla a obedecer.

.- Francamente tu perspectiva sobre la capacidad de resistencia me aburre. Cuando mejoras a un luchador no buscas que se mantenga de pie a base de terquedad, quieres que se mantenga en pie porque no ha llegado a su límite. En eso consiste mejorar.

Balcov lo encuentra de lo más hilarante.

.- Hagamos una apuesta. .- sugiere sin mirarles, revisando las fotografías hechas a Dranzer horas antes. .- Cada uno prepare al mejor soldado según su propio criterio. Después veremos quién de ustedes tenía la razón.

.- Tomara meses escoger a los candidatos. .- Ushakov resopla disgustada.

.- En eso consiste la apuesta. .- replica Balcov sin demasiada atención. .- El chico que escojan debe ser cualquiera, ni mejor ni peor.

.- ¿Serás el juez en todo esto? .- Krause parece ligeramente fascinado.

.- Sólo si llegan al final.

.- Entonces escoge tú a los candidatos.

.- Ya lo hice. Se los cedí a Ushakov hace semanas.

.- Balcov, por favor, esos niños no sirven ni para empezar. Los dejaste rotos.

.- Es trabajo suyo evitar que se mueran durante el proceso. Si eso pasa, perderán la apuesta.

Y es así como se decide el destino. Krause se queda con Bryan y Ushakov con Yuriy.

Continuara.

n/a

Lo he pensado. Cuando planee está historia considere la posibilidad de que entre los rusos primero fuera la amistad, después una chispa de amor y como toque final la tortura, entonces sería cuestión de pegar los pedazos rotos apoyados uno en el otro. Había amistad entre Yuriy y Kai. Había una especie de alianza entre Yuriy y Bryan. Considere una disputa entre Kai y Bryan. Tenía mi línea de tiempo, con detalles y todo.

Una vez que empecé a escribir todo se fue al traste. Cada mocoso hizo lo que quiso, decidieron por si mismos y me miraron feo cuando intente guiarles por la trama que tenía pensada.

Bryan se río hasta quedarse sin aire cuando sugerí que podía ser amigo del pelirrojo antes de intentar cualquier escape. Yuriy me mando al cuerno cuando le propuse que intentase un poco de simpatía por el pelilavanda. Es decir, decidieron darme en la torre y me dejaron al margen haciendo breves comentarios en determinados momentos para que yo redactara sus meteduras de pata.

Así que dejemos la historia en manos de aquellos que la padecen. Y agradezco a quienes tienen la paciencia, como yo, para esperar a saber lo que pasa.