¡Hola a todos! Una vez más...

He aquí un nuevo capítulo.

¡Espero no decepcionarlos! Y gracias a todos los que me han dejado reviews.

¡Seguiré contando con ellos!

¡LOS REVIEWS SON GRATIS, PUEDEN DEJARME UNO!

/***/***/***/***/***/

El Esposo Perfecto

/***/***/

Capítulo 8: La Boda de Sango

Se sentía molesto, irritante, dolido e idiotamente enamorado. A primera hora del día cogió su móvil y llamando a Sango la citó en uno de los restaurantes de lujo más elegantes de New York; le pediría matrimonio.

Esperó pacientemente la hora y una vez que llegó, salió apresurado prendiendo el auto y arrancándolo con fuerza, dejando una pequeña nube de humo atrás.

Sabía que después de ésto todo cambiaría, tendría que olvidarse de Kagome y convivir con Sango, seguro con el tiempo aprendería a amarla. Quizás se estaba ahogando en un vaso con agua y todo era más fácil de como lo veía.

Estacionó el auto a las afueras del restaurante, miró su rostro a través del espejo retrovisor e improvisó una perfecta sonrisa. Bajó algo nervioso del auto y entró a paso firme al restaurante, a lo lejos vio su mesa sorprendiéndose de quien estaba sentada en ella.

- Kagome - susurró. Ella lo miró atenta.

- Hola, Inuyasha -

Sus miradas chocaron con dolor, no tenían el mismo brillo ni la actitud problemática que poseían cuando se encontraban. Todo se volvió un silencio eterno y lleno de culpas.

- Siéntate - él la obedeció.

- ¿Qué haces aquí? - la miró con dudas.

- Dijiste que en tus citas con Sango estuviera presente, así que aquí me tienes - bajó la mirada.

- No debiste haber venido, no te lo pedí - su voz se endureció.

- ¿Por qué me tratas de esa forma? -

- No preguntes, todo se acabó -

Sango llegó acercándose a ellos, Inuyasha la saludó sonriendo y retirándole la silla para que se sentara, ella aceptó el gesto gustosa y luego saludó a Kagome.

- Discúlpenme un momento, iré al baño - Inuyasha se paró.

- Lo siento, Sango - fue tras él.

Le cogió un hombro provocando que volteara apresuradamente, sus miradas volvieron a entrelazarse e Inuyasha tuvo el impulso de besarla; pero no lo hizo.

- Vete Kagome, no haces nada aquí -

- Necesito hablar contigo -

- No hay nada de que hablar, ya todo esta claro. -

- ¡Dime por qué me tratas así! - el fuerte nudo en su garganta empezó a dolerle.

- ¿Quieres saberlo? - dijo casi en un grito.

- ¡Si! -

- ¡Bien! -

La quitó del frente y con paso firme fue a la mesa de Sango, ésta lo vio sorprendida mientras sacaba una pequeña cajita en forma de corazón.

- Cásate conmigo - ella asintió lentamente, shockeada.

Kagome se tapó la boca evitando un sollozo, las lágrimas le recorrieron el rostro y de un fuerte impulso salió corriendo. Inuyasha la vio y cerrando los ojos de dolor, quiso borrar esa imagen de su cabeza.

- Adiós, Kagome -

/***/***/***/***/***/

2 Semanas exactas pasaron desde que le había pedido matrimonio a Sango, no había hablado más con Kagome, ni siquiera volvió a ver un escrito de ella en el New York Times.

Suspiró nervioso mientras miraba a los lados, había mucha gente y los flash eran molestos, inundaban todo el lugar haciéndolo sentir fuera de sitio.

- Miroku ya deja de moverte tanto, provocarás que te golpée -

- Lo siento -

De pronto se escuchó un silbido a sus espaldas, Sango sacaba la cabeza por la puerta señalando agitadamente a Inuyasha. Él se acercó y de un jalón lo metió en la sala, inmediatamente se tapó los ojos.

- Me han dicho que ver a la novia antes de la boda es mala suerte -

- ¡No jodas Inuyasha, destápate los ojos ahora mismo! - él la obedeció.

- ¿Qué sucede? - entrecerró los ojos.

- Hay algo que debo decirte - respiró pesadamente - ¡No quiero casarme contigo! -

- ¿Entonces por qué me mandaste a Kagome? Si bien me escogiste para ser tu "esposo perfecto" ¿y ahora me vienes con esto? - amenazó molesto - No me mientas Sango y dime toda la verdad. -

- Amo a Miroku - cruzó las manos nerviosas.

- Imagino que hay algo más que decir - alzó una ceja enojado.

- Él me habló días antes, dijo que tenías una vida amorosa muy agitada. Siempre te emborrachabas y terminabas con cuanta mujer se te cruzara por el frente, dijo que no te decidías por una. - se sentó - Entonces leí uno de los escritos de Kagome, era tan sincera y gentil que me los imaginaba juntos como una buena pareja. Por eso decidí crear todo éste plan para juntarlos -

- ¿Miroku sabe todo esto? -

- Si - lo miró nerviosa - Perdóname Inuyasha, no sabía llegaríamos tan lejos con toda esta farsa, de verdad perdóname -

- No te preocupes ahora Sango, luego me las pagarás. - salió de la habitación.

Se tronó los dedos furiosamente molesto mientras giraba la cabeza a los lados, sonándose el cuello.

- ¿Inuyasha? - le habló con la voz temblando - ¿Por qué me miras así? -

- ¡Ven aquí maldito imbécil de mierda! - estiró los brazos y Miroku salió corriendo.

- ¡Basta Inuyasha! ¿Qué pasa? -

- ¡Te voy a matar, idiota, eso es lo que pasa! -

- ¡Fue por tu bien! -

- ¡Te lo puedes meter por el culo! - agilizó el paso.

- ¡Aléjate! -

- ¡Estoy molesto Miroku, tanto que te sacaría los ojos y me los comería con chile y carne! -

- ¡Gracias a nosotros la conociste! -

- ¡Y también terminé alejándola de mi vida por sus estúpidas mentiras! - corrió más rápido - ¡Te voy a destrozar tu cara de playboy barato, maldito zoquete! -

Pero Miroku fue más ágil que él, dejándolo muchos metros atras. Sesshomaru aceleró el Mercedes posándose a un lado de Inuyasha.

- Deja de estar persiguiendo a ese bueno para nada y entra al auto, hay que ir por Kagome -

Inuyasha desaceleró y entró agitado al auto. Sesshomaru pisó a fondo el acelerador y en menos de 1 hora estaban a las afueras del New York Times; bajaron rápidamente y en una carrera entraron causando revuelo entre las mujeres. Los conocían muy bien, solo bastaba pronunciar el apellido Taisho, para saber que se trataban de los adonis corredores de autos.

Ligeró el paso y con firmeza abrió la puerta de la oficina del jefe de Kagome, lo saludó con respeto y éste le devolvió el apretón de manos.

- ¿A qué ha venido señor Taisho? - le ofreció asiento pero él se negó.

- Quiero saber dónde esta Kagome? - se sentía desesperado.

- Renunció ésta mañana, ni siquiera presentó su artículo. Solo se fue. -

La oficina le dio vueltas haciendo que la bilis se le subiera a la garganta.

- ¿No tiene idea adónde se fue? -

- Yo que tú, la buscaría en el aeropuerto. Le comentó algo de un viaje a la secretaria -

- ¿Dijo el destino? -

- No -

- ¡Muchas gracias! - salió corriendo y Sesshomaru lo siguió.

Estaba desesperado, antes que su hermano se estacionara había salido del auto. Corrió por todo el estacionamiento y entrando agitado al aeropuerto miró a los lados, había poca gente. Se escuchó el rugir de un avión despegar, corriendo fue a la gran ventana y la tocó con la yema de los dedos. No veía a Kagome por ningún lado, ella se había ido.

Él la había perdido.