¡Holaaa! Acá capítulo 9 UPPPP!
Primero que tooooooodo, me alegró mucho saber que les ha gustado el capítulo anterior. Gracias por haberlo leído :D
Quiero hacer unas aclaraciones, ya que... En absoluto yo sabía del tema y ustedes tampoco tienen porqué saber, entonces para que todos podamos entender una parte de la historia del titán aprendiz necesitamos saber una serie de conceptos.
*²
Esgrima: es un deporte de combate en el que se enfrentan dos contrincantes debidamente protegidos que deben intentar tocarse con un arma blanca, en función de la cual se diferencian tres modalidades: sable, espada y florete. En el caso de los soldados de la legión de reconocimiento, practican con sable.
Tocado: Según el tipo de arma que se use, al tocar al otro con las diferentes zonas de la misma son puntos válidos o no. El que tiene mayor cantidad de tocados al final de 3 rondas de 3 minutos gana. Para ganar una ronda hay que conseguir 15 puntos o tener la mayor número de tocados.
Cazoleta: Pieza de forma más o menos semiesférica que tienen las espadas y sables entre el puño y la hoja para proteger la mano.
Sable: En cuanto al sable, los tocados válidos son los que se realizan de la cintura para arriba (cabeza, brazos, manos, torso) y se pueden marcar con la cara frontal y un tercio de la parte posterior de la espada. Mide 88cm y pesa 500g.
Golpes rectos a la mano: El atacante acerca su arma en línea recta hacia la cazoleta del contrincante, y después dar el toque al cuerpo.
Con esas pequeñeces estaríamos capacitados para poder comprender todo. Obviamente hay muchas posiciones de ataque y formas de marcar tocados que no son importantes, pero vamos a conocer más de este deporte un poco más adelante en el fic.
Este capítulo está dedicado especialmente a Natita.
Quiero agradecerte, pequeña Nati. Porque los dos dibujitos que me hiciste sobre "El señor Eren Jaeger" son hermosos y los amo con toda mi vida entera. Y todavía no se me ocurrió otra forma de agradecértelo más que dedicándote este capítulo, que a mi parecer está hermoso. Te mentí un poco, sí. Pero supongo que ahora entendés por qué... ¿No? Perdónn :D
No es suficiente, pero es algo que puedo hacer en primera instancia. Yo sé que esperaste este capítulo desde unos días después de que leíste el 8 y acá está. Espero sea suficiente para devolverte sólo un poco del laburo que te dio hacer esos dibujos hermosos. Gracias hermosa! Te quiero un montón!
No recuerdo que hubiera una introducción tan larga... ¡A leer! Qué lo disfruten y ojalá les guste :D
Disclaimer: Los personajes no me pertenecennn~, son propiedad de Isalayama-hijodeLucifer-sensei.
Desperté y esta vez él estaba aquí: justo junto a mí. Nunca, nunca despertar había sido tan hermoso. Noto su suave respiración, imagino los latidos de su corazón, escucho sus gemidos adormilados. Se siente como estar soñando, un sueño que no quiero que se termine. Me pellizcaría a morir para saber que no estoy durmiendo pero… ¿Y si despierto? No podré seguir observándolo dormir. He escuchado muchas veces decir que cuando la realidad supera tus sueños no quieres dormir. Lo he soñado tantas veces ya, pero su él real es más de lo que alguien siquiera pudiera imaginar, inventar. En este momento es tan real como las gotas que caen del cielo, real como la cama que me sostiene, las sábanas que me cobijan. Y si él no es real, que nada lo sea. Y que yo me vuelva una ilusión también.
Está aquí de la forma más inocente que existe y, entonces sé que no quiero a mi lado a nadie más.
Capítulo 9: Desbordando de ti.
Lavaba los platos que ensució al cenar con su abuelo. La lluvia no parecía tener intenciones de cesar, los gotones golpeaban en la ventana corrediza haciéndola temblar. No sólo había lluvia, el viento soplaba fuertes ráfagas que indicaban que sería una triste noche de sábado. Había dejado sus libros de farmacología para cenar, y pensaba retomar. Pero las campanadas de su teléfono lo entretuvieron al secarse las manos por haber terminado de limpiar.
Una disimulada sonrisa se asomó en sus labios al identificar al remitente de aquellos tres mensajes nuevos: Jean. Era tan natural para ellos escribirse, lo distraía tanto que su nombre y su foto aparecieran en la pantalla de su teléfono celular. Aunque dijo a Mikasa que no tendría nada con Jean, desde que sabía sobre sus gustos, no podía evitar sentirse ilusionado, esperanzado. Todas esas esperanzas se alteraban cuando él quería imaginarse junto a él y las palabras de sus dos mejores amigos lo devolvían a la realidad "me engañó ¿lo recuerdas?"; "un hetero se vería envuelto en sus redes de miradas, toqueteos, risitas". Si Jean era de aquellos cuya carne cede fácilmente a los impulsos, sus sentimientos no eran nada viables, y le extrañaba tanto que siendo tan inteligente para algunas cosas, era tan necio y primitivo con otras. No podía negar que cuando tenía la chance de recordar la expresión floja de Jean, su relajada sonrisa y mirada todo en su interior temblaba.
Es muy difícil detenerse cuando empiezas a querer a alguien.
Se divertía mucho al hablar con Jean, se sorprendía de lo igual que era a cuando iban a la escuela. Y se reprochaba que en aquél entonces, él fuera tan nerd que no soportaba su molesta personalidad. Incluso cuando Mikasa les mencionó a Eren y a él que se habían reencontrado y lo había encontrado mucho más atractivo, se preguntó miles de veces cómo era eso. Jean Kirschtein era el último hombre en la Tierra que, hace unos años, él hubiera mirado. Y aunque se repitió una y mil veces "esto está mal", nada pudo hacer.
Y aún ahora, se lo repetía. En este momento, pocas habían sido las veces en las que había vuelto a ver a ese chico Marco. Por lo que se enteró hablando con él las veces que lo vio, él y Jean estudian en el mismo edificio, Pero Marco se especializa en el estudio del arte histórico, en cambio el castaño es práctico. Su amiga le había dicho que Jean siempre hablaba sobre Marco, él y Jean eran buenos amigos. Luego de saber sobre la sexualidad de su exnovio, había dudado algunas veces. "¡Es que realmente me hablaba mucho sobre él!" pero nunca supo nada concreto y luego Eren le contó que lo habían visto con una chica, entonces no parecían ser más que eso: sólo amigos. ¿Qué sería lo real? A pesar de haberlo visto pocas veces, era una persona que le caía bien. Habían posado románticamente para un cuadro, es natural que eso acorte las distancias entre uno y otro. Es natural que no quiera romper una pareja, si es que ellos lo son.
Jean (21:05 p.m.): ¡Ah! ¡Realmente quería invitarte a salir esta noche! Pero como sea, con esta lluvia no podríamos hacer nada.
Jean parece un niño de 15 años cuando se queja, leyéndolo podía notar su frustración. Lo que lo hacía sentir demasiado feliz. Suspiró, tendría que conformarse con enviarle mensajes hasta caer dormido. Ya había olvidado completamente que debía estudiar.
Desde que había obtenido información de fuentes confiables, quería sacar el tema de su relación con su amiga. Sentía la necesidad de aclararlo todo, sentía que esa sería la única manera de renunciar o de lanzarse de clavado a la pileta.
Esa era su determinación. Y luego sonaba nuevamente su teléfono.
Jean (21:13 p.m.): Oye, estoy aburrido... ¿Voy a tu casa?
¿Como negarse? Verlo era lo que más quería. Escuchar su voz, ver su radiante y fastidiosa sonrisa "de caballo" como la describiría su mejor amigo.
"Sí, sí, ven".
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Nile se había preparado un café caliente y se sentó a girar en la silla giratoria. Tenía que admitir que esa noche de lluvia, todo sería más tranquilo que de costumbre. Se cuestionó una o dos veces llamar a Erwin, a su viaje de negocios, para avisarle todo lo que sabía: la primera era que a su padre se le ocurrió darle la tarde libre a Eren, y la segunda que vio que él y Levi se encontraron en el parque. Sintió un escalofrío subírsele en la espalda al desobedecerlo. Recordaba claramente que le pidió que no dejara a Eren solo, mucho menos sin trabajar. Y que si por casualidad él y Levi se encontraban, se encargara de separarlos a como de lugar ¿será que presentía que una cosa así sucedería? Técnicamente no era su culpa, Smith le había dado la tarde libre. Bueno, que no tuviera guardia esa noche si era su responsabilidad. Pero, realmente se compadecía del chico. Él también tuvo 22 años, época en la que te parece rebozar de energía cuando en realidad esa energía débilmente se va desprendiendo para desembocar en la adultez. No estaba del lado de Eren, no había permitido que pasaran la tarde los tres como una familia feliz porque realmente le conviene, no. Él solamente estaba intentando ayudar a Erwin a que se de cuenta de que se está equivocando en las formas. Pero se daba cuenta de que él también estaba equivocado. En teoría, los sentimientos de Levi Ackerman no son su responsabilidad y él puede sentir lo que quiera por cualquier persona. Dejar que Eren pase tiempo con él tampoco va a hacer que se fije en él si los intereses del hombre están puestos en algo completamente diferente. ¿No es así? Era exagerado pensar en que, de todas las personas en el mundo y de todos los momentos de la vida, justo sería de esa manera.
Tantos años Erwin intentó capturar la atención de Levi y, eso jamás sucedió. Alargó su expresión. ¿Qué era lo correcto? Nada tiene que ver con él en la relación de Erwin con Eren o Levi, ni la de Levi con Eren. ¿Él podía entrometerse de esa manera? Tantos años intentando ser la mejor persona para el que quiere, y nada de eso es visto. ¿Valía la pérdida de energía? ¿Erwin será capaz de verlo a él? Debería detenerse de una vez.
Tomó su celular y empezó a jugar al sudoku, una manía que había tomado últimamente en sus noches de trabajo. Había leído en una revista que servía para entrenar la lógica, memoria, retrasar el mal de alzheimer, entre un montón de cosas que ya no recordaba, ni le interesaban. Conforme resolvía los ejercicios, iba avanzando en complejidad: el juego lo tenía enganchado. Cosa que le recordaba que ya no es un joven veinteañero, el tiempo parecía acercar sus 26 a los 27 apresuradamente, hace unos años lo único que no hubiera hecho era jugar sudoku en sus noches de trabajo. Encerrado en aquella cabina de pantallas que mostraban lo que las cámaras de seguridad capturaban pasaba seis noches a la semana y su teléfono le avisaba que había fallado al resolver las cuadrículas. Bufó molesto y cerró el juego al presionar el botón del medio de su móvil. Abriendo su pantalla principal, la misma mostraba una imagen que le removía cada vez y que no se gastaba en cambiar, a pesar de ello. Erwin sonreía a la cámara y él se perdía en esa sonrisa. Lo recordaba como si se tratara de ayer. Para festejar que el rubio regresó del extranjero habiendo terminado sus estudios, su familia preparó una animada cena. Como amigos de toda la vida, que por supuesto, se encontraba entre ellos y fue invitado.
Suspiró y retomó sus pensamientos, cómo si jugar sudoku le hubiera despejado los pensamientos. Sabía que debía haberlo dejado hace años. Pero cada una de sus vivencias, desde la infancia, aparecieron frente a sus ojos cerrados. Descubrió, una vez más, que ante sus ojos no existe nadie más. Y entonces, su teléfono suena con esa característica canción que suena cuando lo llama él. Frunció la nariz, dispuesto a lo que venga.
– ¿Hola? – Qué más daba, fingir que era una llamada que no esperaba.
– Nile… ¿Qué tal va todo? – Su voz del otro le erizaba la piel de todo su cuerpo.
– Todo bien. ¿A ti? ¿Te han tratado bien? – Preguntó divertido, ignorar las señales de su cuerpo era algo que había aprendido a hacer muy bien.
– Estoy cansado. – Lo escuchó reír. – No hacen más que hablar sobre números y papeles verdes.
– ¿Cuántas palabras dijiste, Erwin? ¿Diez? Me dio hambre. Imagino que has comido bien.
– No eres mi madre. – Y no sólo eso, él es todo un hombre que sabe cuidarse solo.
– Lo sé… De verdad tengo hambre. – Cantó, escondiendo su decepción. Le gustaba mucho cuidar de Erwin.
– Es tarde, Nile. Pasan las diez y media… – Y ser cuidado por él.
– Tienes razón, en cuanto dejemos de hablar, cenaré.
– He oído que desde la tarde ha estado lloviendo.
– Está terrible… – Comentó sin interés.
– Abrígate bien…
– No eres mi madre. – Se burló.
– Ja-ja… No soy yo quién se enferma cada vez que sale sin bufanda así sea verano. – Ese tipo de comentarios atentos siempre le elevaba la tempratura. Cómo si realmente se preocupara por él.
– Qué exagerado. – Se quejó y se quedó en silencio.
– ¿Está todo bien ahí?
– Sí… – Técnicamente no estaba mintiendo.
– ¿Está Eren ahí? – Al menos no todavía.
– Lo llamaré dentro de un rato… – Pero ahora sí, y se sentía increíblemente mal. Recordaba a la perfección la última guardia que tuvo Eren una noche de lluvia como esa. Llegó terriblemente empapado, paso frío por muchas horas.
Su respiración se cortó, aunque quiso sonar tranquilo todo su interior se arremolinaba.
– Bien. – Hubo un corto silencio. – ¿Hay algo que tenga que saber? – Erwin sabía oler sus silencios, Erwin sabía identificar todas las emociones de él.
– Hoy tu padre le dio la tarde libre. Lo vio muy cansado. – Dijo con tacto, cuidadoso.
– Genial, justo cuando yo no estoy… – Se quejó. – Ya sabes que, de todas maneras, me preocupa el niño. Él tiene pasión por Eren. De encontrarlo, seguramente haría que se quede con ellos mucho tiempo y quién sabe qué otras cosas.
– Pero tranquilo… Todo está bien. – Excepto por el detalle de que fue exactamente como él temía.
– No hay mucho que pueda hacer… – Resopló enojado. – Me voy a dormir. Te lo encargo Nile.
– Esp-... – Intentó alargar la conversación, aunque no fue escuchado.
– Buenas noches. – Erwin cortó.
– Que... Descanses…
No estaba en posición de exigir nada. Cómo le dolía dejar pasar ese tipo de actitudes de Erwin. Porque ellos son amigos, porque tiene que aceptarlo aunque le cueste entenderlo. Ya no tiene hambre, solamente tiene sus labios apretados y la mirada caída.
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Luego de recostar a Eren, Levi terminó de organizar las cosas en la cocina. Se dirigió al lavadero a verificar si su ropa y la de Eren se había secado. A decir verdad la suya no era tan importante, creyendo que el chico tendría que volver a su casa, le había dado doble centrifugación teniendo cuidado de no dañar las telas. La distendió y dobló pulcramente. Y luego tomó la campera que le había prestado a su hijo, se había secado rápido, pues era de lluvia. Pesaba, verificó en el bolsillo. Las galletitas que habían quedado se habían humedecido. "Tch..." las dejó a un lado, luego las tiraría; era una lástima "sabían bien". Tomó el teléfono celular del chico que había puesto a cargar batería, luego de haberlo encontrado en el bolsillo del pantalón empapado, y lo desconectó. La luz se encendió mostrando una imagen de él y sus dos amigos. En ella, Armin y Mikasa lo abrazaban uno de cada lado. Se quedó viéndola, prestando atención a Eren y las expresiones de sus acompañantes, pensando en la fortaleza de ese vínculo. Mikasa y Armin defendieron a Eren a muerte cuando preguntó por él. Tenía notificaciones e íconos en la barra negra superior, pero el chico incluso luego de cenar, siquiera se preguntó por su teléfono. La pantalla se apagó y continuó su camino. Llevó la ropa y el teléfono a su habitación para que estuvieran a mano cuando Eren despertase en la mañana.
Sigilosamente, a oscuras, se adentró a la habitación y apoyó la pila a un lado de la cómoda. Y el celular en la mesa de noche.
– Mh…
Eren gemía sutilmente. Levi se acercó, recordó que su hijo insistió en dejar que el soldado más fuerte de la humanidad cuidara del sueño de Eren, ya que se encontraba tan cansado. La luz del pasillo iluminaba tenuemente su rostro, su expresión estaba forzada y fruncía el ceño. De pie junto a la cama se acercó a su oído.
– Eren. – Nombró deseoso en un susurro.
El chico acercó su hombro a su oreja, seguramente en respuesta a las cosquillas que le han de haber generado el aire que liberó en su palabra. Eren se removió entre las sábanas y continuó entre sueños, tranquilo. Levi logró que cambiara esa cara, pero su corazón empezó a latirle en fuerte intriga. Pero ignorándolo, regresó a lo suyo.
Más tarde, Isaic ya se había lavado los dientes y miraba a Eren, quién estaba profundamente dormido. Estaba arrodillado en la cama de frente a él. Lo miraba en su forma distorsionada de dormir: de costado, con un brazo completamente bajo la almohada y el otro hacia el frente de su cuerpo, estirado.
Levi quitaba el almohadón de su lado de la cama, dejándolo sobre un taburete que había allí. Habían encendido la luz del velador del lado dónde dormía Eren para que no le diera la luz de lleno en la cara.
– Hijo… – Susurró e Isaic volteó a verlo. – Debes ir a la cama.
– Sí. – Isaic apoyó su mano sobre la de Eren. – Buenas noches, señor Eren Jaeger.
Tomó a su soldado y siguió a su padre hasta su habitación. Se recostó, recibió un beso en la frente, cerró sus ojos y abrazó fuertemente a sus muñecos.
– Que duermas bien.
– Tú también, papi.
Tanteó el pasillo en penumbras y en su habitación descubrió que Eren se había cambiado de posición. Aunque no había movido su cuerpo, si sus brazos: los dos se ubicaban frente a su cuerpo, su antebrazo izquierdo cayendo por su torso. Aún no se había despertado y se cuestionaba si estaría bien hacerlo. Desconocía los motivos por los que se negó a quedarse, esperaba que no tuviera compromisos, pues ya lo había dejado durmiendo sobre su cama.
"Debe moverse mucho" pensó preparándose para lo que vendría. Con la única persona a la que estaba acostumbrado a dormir era su hijo, quién en la noche ocupa suaves movimientos si es que los realiza, a demás de que su tamaño no podía compararse a el de Eren. Se recostó como de costumbre, sobre su lado izquierdo y arrollándose. Se apoyó en su codo y estiró su brazo por encima de Eren para apagar la luz del velador. A la cercanía notó que el castaño esbozaba una débil sonrisa. Exhaló aire por su nariz largamente, como desinflándose. Recorrió, con la mirada, la línea de su cabello, cayendo a un lado producto de la gravedad, tapándole la frente pero delimitándola con sus cejas. Sus grandes párpados, se notaban apenas oscurecidos. Apreció sus arqueadas pestañas y recordó cómo es ver a esos párpados abrirse para verlo, permitiéndole ver ese mundo que parece un cielo y que existe sólo dentro de sus ojos. Ese cielo transparente, acogedor y tan nuevo.
Cerró los ojos con fuerza, su cuerpo se estremeció al caer en la cuenta de la cantidad de cosas que había estado pensando, así había sido todo su día. Apagó la lámpara y se acomodó como suele. Cerró los ojos y lentamente fue cayendo ante el sueño.
Hasta que Eren se removió nuevamente, y le quitó un poco de las cobijas que lo abrigaban. Intentó, con fuerza, que se las devuelva de un tirón, pero las estaba trabando con su propio cuerpo. Tenía dos planes: uno era despertarlo y pedir sus cobijas de regreso, el otro era buscar una nueva frazada para él.
– Mmmmmh... – Gimió Eren en su nueva posición. De espaldas a Levi, de costado.
No lo podía despertar, no después de que se diera cuenta que estaba tan dormido. A oscuras tanteó a su lado, en el closet, una frazada para él. La colocó por encima de la colcha, solamente de su lado. Así, Eren no se la robaría.
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Armin abrió la puerta luego de recibir ese mensaje "estoy afuera". Jean tenía algunas gotas de agua en su cabeza y en sus hombros.
– Buenas noches... – Cantó sensualmente.
Armin se sonrojó un poco, bajando su rostro, intentando no pensar que Jean estaba jugueteando con él.
– ¿Qué tal te ha tratado la lluvia? – Realmente quiso preguntar algo interesante, de verdad que lo intentó.
– Vine en taxi, el tipo me amó. – Comentó como si realmente quisiera hablar de ello. – Estaba aburrido hasta la médula. No hay nadie en la calle, y nadie sale de su casa. Seguro esta noche la gente no saldrá de fiesta.
– Aún es temprano. La gente apenas está terminando de cenar, ya sabes como es... Hasta la medianoche no hay mucho movimiento.
– Le dije que lo mejor para él sería guardarse en su casa, abrazarse a su esposa y descansar. – Le guiñó un ojo a Armin. – Me hice el interesante, que yo buscaría meterme en la cama de alguien de interés.
– Qué idiota... – Comentó bajando su rostro, realmente avergonzado. – Apuesto a que te dio muchos ánimos con ese interés. – Jean lanzó la carcajada.
– De hecho, me recordó usar condón.
Jean le coqueteaba y mucho, solamente que Armin estaba lo suficientemente enganchado como para mantenerse a la defensiva. Su corazón latía fuertemente en su pecho, estar con el cara de caballo en la tranquilidad de su casa lo entusiasmaba.
Fueron a la habitación del rubio, quién encendió el velador para que la iluminación sea más suave. Todo estaba en su lugar correspondiente, incluso sobre su cama se exhibía una manta rosa-naranja de gatos amarillos.
– Armin... ¿De verdad? – Se rió mostrando el edredón. El rubio se sonrojó un poco.
– Lo usa Isaic, cuando duerme la siesta lo hace en mi cama.
– Claro que sí, seguro que es Isaic... – Su nivel de ironía jamás había sido tan alto.
– Cree lo que quieras... – Se enojó tironeando de su manta para que no la toque y volviéndola a acomodar bien sobre la cama. – Es muy calentita y él es tan pequeño...
– Sí, sí...
Los libros acomodados en una pequeña biblioteca a un lado de un escritorio junto a la ventana. Unos libros de cuentos para niños, otras novelas de ancho porte. Sobre la biblioteca tres portarretratos: dos fotos suyas, una con Mikasa y otra con Eren; la tercera, un pequeño niño rubio se abrazaba a dos adultos. Jean supuso que serían sus padres.
– ¿Recuerdas ese festival en la preparatoria que las chicas te vistieron de conejita para promocionar nuestra tienda de hamburguesas con queso? *¹
– Por supuesto que lo recuerdo. Me hiciste bullying por meses con eso. Te odié, te lo juro.
– Qué idiota fui... – Se rió. – No lo supe aprovechar como correspondía.
¿Qué cosas quería decir Jean con eso? Ese día expuso mucha de su piel, su resolución era atraer a la mayor cantidad de gente posible y con su cuerpo lo había logrado. Esa vez, aunque estaba avergonzado, se sentía realmente bonito y mirado. Era adolescente, estaba bien para él llamar un poco la atención. No tenía por qué ser siempre el cerebrito de la clase.
– Cállate... – Regañó ruborizado. – Recuerdo que te vi, disfrazado de Blanca Nieves. *¹
A Jean no le gustó escuchar eso, mordió su labio inferior y miró hacia otro lado, soportando la burla.
Luego de jugar monopoly dos veces, ya que la primera ganó Armin y Jean pidió la revancha, rummy y buraco ambos se permitieron descansar un momento de los juegos. El reloj estaba por dar las 2 de la madrugada.
– Se pasó el tiempo... – Comentó Jean, dando un bostezo.
– Y bien... ¿Qué quieres hacer ahora en esta noche de lluvia? ¿Jugamos póker? – Propuso divertido. Se levantó y organizó las cajas de juegos de mesa que estaban sobre el escritorio.
Jean se lanzó contra él, en el afán de tomar el rostro de Armin, logrando que del rubio retrocediera hasta pegar su espalda a la pared, entre la cama y la biblioteca.
– ¿Strip-póker, dijiste? – Sedujo.
Armin no tenía voz, todo su razonamiento se había esfumado como la distancia entre sus cuerpos.
– N-no creo que eso sea l-lindo... – Tragó con dificultad.
– Quiero dibujarte. – Jean se paró exactamente frente a él y con cuidado tocó la blanca piel. Sus ojos eran tan brillantes que pasaban de ser castaños a tomar un leve tono dorado.
Armin trató de evadir la dirección de su rostro, intentando que sus labios no estuvieran frente a los de Jean. Ya había recibido el aliento a menta que emanaba de su boca y no quería tentarse. A pesar de mostrar su perfil ¾ a Jean, sus azules ojos estaban hechizados, atraídos por ese brillo en los del otro. Nunca podía salirse de ese asombro repentino cuando Jean se le acercaba para mirarlo, le robaba el juicio. Sus manos grandes lo tocaban con delicadeza, como cuando alza una de sus pinturas para mostrársela o mirarla al detalle y criticarla para alimentar su propio ego. Las yemas de sus dedos viajaban por sus bordes, por las curvas de su rostro, por las líneas de su cuello.
– J-jean... – Dijo con un hilo de voz, suave, agudo.
No era una pintura, no un dibujo, ni sus bordes estaban delimitados por el grafito de un lápiz, por la tinta de un acrílico. Él no quería ser, para los ojos de Jean, un rostro lindo que él quería retratar, fingir una sonrisa para el arte. Él era una persona de carne y hueso, un frasco de sentimientos, un libro lleno de pensamientos y saberes, una historia, una pócima para amar y otra para odiar. Una cerrada caja de Pandora, que quería que activara la curiosidad de Jean, que la abriera y dejara salir todos sus miedos, todo lo que le preocupa y que en el fondo, encuentre esa llama de esperanza que alimenta y aviva cada vez que lo mira así, como si fuera precioso y le hiciera sentir enamorado. No era una pintura que podía colgar en su pared preferida, en el centro de su habitación. No quería ser uno más de su colección.
– Nunca he conocido a nadie que me hiciera desear pintar con estas ganas. – Su voz ronca penetró en los oídos del rubio, haciéndolo estremecer.
– No tienes que menti-...
– Eres mi musa, Armin... – Jean rió, un poco nervioso. – Me inspiras aún más que las oreos y la leche caliente.
Más que el cielo estrellado del invierno, más que aquellas "románticas" tardes solo en el parque, buscando un cuadro que le diga algo más, más que dos ancianos de la mano, queriéndose a través de los años y las arrugas e incluso más que el viento soplando en el rostro cuando atardece. Pero no podía decirlo así, porque él no era un artista del amor, era más básico que eso. Él hacía pinturas que podía sentir, pero en su vida no era así.
– ¿Marco no te inspira? – Preguntó lentamente, manteniendo en tono de voz, sin alejarse. – A él lo pintas mucho...
– Lo de Marco es carisma... – Dijo acercándose más a Armin. – Lo has visto, él puede ser varios personajes.
Jean no estaba mintiendo, le sostenía la brillante mirada.
– ¿De verdad? A mi no me pintas desde que posé con él. – Pareció un reproche, pero en realidad... Quería despejar sus dudas. – Incluso de esa chica rubia tienes dos o tres retratos.
– ¿Celoso? – Rió.
Su risa, su egocéntrica risa. Ese petulante tono de voz. No estaba celoso, pero Jean seguramente ya sabía lo que él sentía, e incluso sabía sobre aquellas sensaciones que lo atacaban y no podía identificar.
– Digo que no parezco tu musa. – Jean dejó de reírse, para sólo tocar con su nariz la de Armin.
– Si me abandonaras ahora, no podría hacerlo... – Solamente podían mirarse. – Me gustaría ser otro, para poder pintarte besándome a mí.
El silencio se hizo entre los dos. No existía más que el calor de Jean, difundiéndose en la piel de su rostro a través de sus grandes manos sosteniendo su rostro, y las puntas de sus narices tocándose. Los ojos se miraban fijamente, y brillaban, parpadeaban pausadamente.
Jean acercó a Armin, había esperado por su permiso el tiempo suficiente. No era como que él no pudiera aguantar más, pero para que llegar al límite. Lo besó, dulcemente. Movía y amoldaba sus labios a los del rubio en la medida que salía de su asombro y optaba por aflojar su rígida posición, apoyando sus blancas manos en los hombros de Jean. Era muy cobarde para decirle todo lo que le gustaba el pequeño rubio. No soportaba la idea de saber qué opinaba él sobre lo que sentía. Por eso decidió, que esa noche, lo diría todo en un beso. Si Armin no lo quería tanto como él, entonces que lo detenga ahora, lo eche de su casa y tenga que caminar bajo la abundante e imparable lluvia.
Pero Armin no lo hizo, entonces abrió su boca para morderle el labio inferior. Su expresión varió, apretó más sus ojos extendiendo su sonrojo por sus pómulos hasta las orejas; tensó su cuerpo aún más, abriendo su boca para aspirar aire. "Sorprendente" Armin podía ser aún más hermoso; la luz blanca que irradiaba la pantalla del velador en conjugación con las sombras lo único que lograban era intensificar el rojo de sus mejillas. Su sabor era dulce y suave como un chocolate blanco. Y se volvió adicto a él, ese sería su dulce preferido de ahora en más. Y ese sólo era el sabor de sus labios. No esperó a probarlo completamente. Enredó los dedos de su mano izquierda en los desmechados cabellos de Armin y adentró su lengua en su boca. En la habitación del rubio solamente se oía el húmedo sonido de sus labios entremezclándose con el aguacero que caía fuera.
Armin se dejó guiar en sentido creciente en la intensidad del contacto, sintiendo bajo sus pies, un terremoto causado por el chico del que se sostenía, o que mas bien, lo sostenía a él. No quería pensar en nada, porque temía que todas sus inseguridades se presentaran justo ahí, entre los brazos de Jean, entre sus labios. Su lengua era cálida y fuerte, se adentraba en su boca con vehemencia saboreándolo con lentitud. El cuerpo de Jean se pegaba al suyo cuando con su brazo derecho abrazaba su cintura, reprimió un gemido. A este paso las cosas no irían bien. Apretó entre sus manos, la remera de Jean y empujó suavemente, haciéndole saber que necesitaba que se separaran.
Jean entreabrió sus ojos y recorrió con su lengua, la boca de Armin por última vez. Separó sus cuerpos, llevándose consigo los labios del rubio sólo un poco más, para separarse y no extrañar su dulce sabor a chocolate blanco. El dulce sabor de Armin.
– Entonces es verdad... – Mencionó débil. – Querías meterte en la cama de alguien de interés.
Las preguntas se acumulaban una a una en la mente de Armin, preguntándose por qué habrían llegado a esa situación.
– Te equivocas... – Se abrazó al menudo cuerpo del rubio, que temblaba y ardía de las mil emociones que lo azotaban y la vergüenza que sentía. – Armin, creí que todo lo que pasó fue por algo. Que soy demasiado joven para enamorarme, que tal vez la persona indicada para mí aún no había llegado.
– ¿Por qué me besaste? – Sus ojos se llenaron de lágrimas. Aunque se esforzaba por entenderlo, no lo concebía. – ¿No entiendes que no puedo enamorarme de ti? – Correspondió el abrazo, fuertemente.
– Sé que cometí errores...
– ¡Entonces aprende de ellos y no vuelvas a cometerlos! – Chillo aún otra la pared, aferrando su mano a la espalda de Jean. – No me lastimes.
La respiración del rubio estaba acelerada, sus labios temblaban al borde del llanto, su corazón latía a mil. No quería, Jean no quería lastimarlo.
– No quiero que se repita. – Consoló. – Cuando estoy contigo todo es diferente. A pesar de que te molesta mi personalidad, me dejas ser y me divierto. Me haces sentir cosquillas en la panza y cuando te veo, enteramente, muero por tenerte entre mis brazos.
Armin se separó para verlo a los ojos, quería creerle, desde el fondo de su corazón quería creerle cada una de sus palabras y dejar de sentir esa opresión en su pecho que no le dejaba respirar con facilidad. Quería verlo y saber que le decía la verdad, que podía confiar en él.
"Él día que Eren me dijo que habían visto a Jean con una chica, descubrí que el idiota se pasó por las bolas las promesas que me hizo..."
La pacífica voz de Mikasa resonó en su mente, la angustia lo atacó y dejó huir esas lágrimas de sus ojos. Jean le estaba diciendo que él era su musa, que junto a él se siente cómodo y que le gusta. ¿Qué era lo más conveniente? ¿Pensarlo detenidamente? El amor verdadero nace cuando el corazón y la razón miran hacia el mismo lugar. Su cabeza era un lío, y su corazón no parecía ayudar. A Armin ya lo habían lastimado una vez, no quería tropezar con la misma piedra.
– Jean... – Con dificultad se dirigió a los ojos del nombrado. – ¿Puedes dejar que lo piense? – Bajó su mentón, rascándose tras la oreja. – Aunque digas eso, estoy muy confundido respecto de mis sentimientos.
– ¿Confundido de lo que sientes o desconfiando de mí? – Apoyó ambas palmas de su mano contra la pared, obteniendo un sonrojado e indefenso Armin, mirándolo.
– En primer lugar jamás debí mirarte. – Declaró. – E-eres el ex-novio de mi mejor amiga.
– No es momento de reprochárnoslo. – Frunció el ceño, regañándolo.
– Te fuiste con otra chica... ¿Lo repetirás conmigo? ¡Quién sabe tras qué cosa irás!
– No, Armin...
– Se honesto... ¿Sales con alguien ahora?
El silencio volvió a hacerse. Jean bajó su mirada y Armin sintió su mundo derrumbarse, una a una las excitantes emociones que lo atacaron se fueron apagando, convirtiéndose en un miedo frío y pálido. Hasta que Jean respiró para hablar.
– Tengo a alguien con quién pasar el rato. Pero si tengo que compararlo con verte a ti...
– ¿Eso era lo mismo que tenías con la chica que engañaste a Mikasa?
– Sí... – Jean bajó su rostro.
– No soy un obsesivo... – Declaró. – No puedo enrollarme con alguien y no crear un vínculo, generar un sentimiento. Eso conmigo, simplemente, no pasa.
– Sé bien, que no eres la clase de chico con el que se tiene sexo y nada más. – Se interpuso. – Lo sé, Armin.
– No hablo de enamorarnos y ser pareja, vivir juntos, ser felices por siempre... Eso es algo que planifica conforme el tiempo pasa... – Aclaró por si Jean no lo había entendido. – No me quiero volver a enamorar yo solo ¿entiendes? – El castaño asintió. – Podemos continuar como siempre, Jean. Después de todo yo también me lo paso genial contigo. No quisiera que nos alejemos por este beso que nos dimos.
– Claro, Armin. – Asintió, sonriendo con su comisura izquierda. – Seguro. Ahora... Ya debería irme a casa. – Se alejó, permitiendo que el rubio pudiera despegar su espalda de la pared.
– Sí... – Avanzó hasta la puerta de su habitación. – Llamaré un taxi.
Jean aprovechó aquello y pasó por el baño antes de que las dos bocinas tocaran en la entrada de la casa de Armin. El tiempo había pasado tan rápido, no quería despedirse, no quería que se fuera. No quería el trato que hicieron, quería pedirle que se la jugara por él. Después de todo, lo que sintió al besarlo había sido caótico para todo su ser.
– Bien... – Jean se abotonó su abrigo y se preparó para salir, acercándose a la puerta de la sala.
– ¿Me avisas cuando llegas a tu casa? – Jean lo miró con ironía. – ¡No seas así!
– Está bien, está bien... – Alzó ambas manos en su defensa.
Armin abrió la puerta y Jean observó el coche amarillo ubicado a unos metros.
– Cuídate... – Saludó cuál madre sobreprotectora.
– Adiós.
Jean atravesó la puerta y el techo de su pórtico. En pocos estaría entrando al auto. Armin vigilaba cada uno de sus pasos sintiéndose tan mal como nunca. ¿Qué estaba haciendo?
¿Era la espalda de Jean lo que tenía que ver para darse cuenta de que no quería nada, sólo a él?
– ¡Jean! – El castaño se giró.
Sonriendo y armándose de valor, corrió hasta él y se montó en sus hombros, dando un salto y rodeándole la cintura con sus piernas. El beso fue una sorpresa. Los pequeños ojos de Jean se abrieron de par en par. Abrazó su cuerpo, sosteniéndolo. Armin le acarició las mejillas. Estaban empapadas por permanecer bajo la lluvia. Jean tironeó su cabeza hacia atrás, rompiendo el beso.
– ¿Qué haces? ¡Estás desabrigado! – Miró en los ojos celestes de Armin y se perdió un poco en ellos. – Regresa a-dentro.
– No hasta que sepas lo que siento... – Lo besó nuevamente, tocando los fríos y finos labios de Jean. Sabían a lluvia.
– Ya lo entendí. – Lo bajó. – Regresa adentro.
Armin se estiró para besarlo por última vez.
– Quiero ser el único con el que pases tu tiempo divirtiéndote... – Ese era su deseo, el sentimiento que quería hacerle saber. – Lo haré, lo seré Jean. No vas a necesitar a nadie más que a mí.
Jean sonrió y lo bajó, Armin regresó corriendo hasta la puerta de su casa. Desde allí lo saludó con la mano. Suspiró aliviado porque pudo decírselo. Porque no se acobardó y le expresó su voluntad. ¿Quién será esa persona? Annie no podía ser, perseguía a Eren a sol y a sombra. ¿Alguien de su instituto de artes? Los artistas tienen fama de fáciles. Prefería no enterarse, le bastaba con saber los sentimientos de Jean.
Ya estaba en el baile y él es valiente, ahora lo único que tenía que hacer era: bailar.
Impaciente, se secó y cambió sus ropas por las de dormir. A pocos segundos de guardar sus brazos bajo las cobijas, su teléfono resonó entre las sábanas.
.
.
Se removió perezoso, recobró la consciencia, recordó su nombre. Sentía como si hubiera dormido durante un día entero. Lo primero de lo que se hizo consciente fue de la lluvia, afuera. Respiró hondo buscando una nueva posición, cuando su cara quedó directa contra la almohada. Entonces recuperó los recuerdos de antes de quedarse dormido.
Ruborizado aspiró nuevamente en la almohada, percibiendo ese olor tan fresco, tan conocido. Una tenue luz verde iluminaba desde el otro lado de una sombra. Estiró su mano, con lentitud, intentando alcanzarla. Porque estaba hipnotizado, porque quería tocarlo.
¿Esa sombra era de quién creía?
– Tch...
Es Levi.
No había duda. Acercó su mano a su pecho, intentando controlar los latidos de su corazón y apaciguar su respiración. "¿Qué estaba haciendo dormido todo el tiempo? Levi está a mi lado". Se quedó tieso, respiraba hondo, guardándose todo su olor por dentro. Mil agujas se clavaban en su nuca, observando la silueta, su piel de gallina pedía a gritos acercársele: quería sentir su calor. Hipnotizado por el sonido del pausado respirar de Levi, su inconfundible olor y la calidez de su presencia, acercó su cuerpo lentamente por sobre la cama. No estaba en sí, su cordura había sido absorbida por la oscuridad. Quería tocarlo, mimarlo, sentirse en sus brazos, acercarse y que no hubiera ni un ínfimo espacio entre ellos. Lo hizo hasta avanzar a la almohada del pelinegro. En ese momento, algo dentro de Eren hizo click. Retrocedió en tres movimientos, quedándose al borde de la cama y cayendo de la misma, haciendo retumbar su trasero contra el piso...
– Auch... – Susurró sobándose la cadera.
– Shh... – Se quejó Levi, entresueños.
– L-lo siento. – Murmuró.
Pero Levi solo se acurrucó más en sus sábanas y continuó durmiendo. Eren apoyó sus brazos en la cama, sentado en el piso. No podía creer lo que estaba sucediendo. ¿Cómo había terminado en esa cama? ¿Por qué exactamente ahí? ¡En otras circunstancias se hubiera culpado a muerte por quedarse dormido viendo una película con Isaic! Pero sólo quería recostarse a su lado de nuevo.
No podía, sentía que no podría controlarse y se lanzaría encima de Levi. Trató de quitar sus ojos de encima suyo, si no perdería completamente la cordura. Vio el brillo verde, de los números del reloj en la mesa de noche del lado de Levi: pasaban las cuatro de la mañana. Fijo la vista en la oscuridad, su celular brillaba encima de la mesa de noche. Lo tomó y en un sigiloso trote se dirigió al baño. Lo apoyó a un lado y se mojó la cara con agua fría. Se miró en el espejo y sonrió encantado.
Tomó su celular y tecleó en la pantalla a la velocidad de la luz.
"Armin, Armin... ¡Conversación de chicas urgente! Acabo de despertar junto al señor Ackerman".
Apoyó su espalda en la puerta y se dejó caer. Apoyó su celular en su vientre y suspiró, suspiró muchas veces seguidas. El sonrojo regresó, a pesar de que no iba a hacerlo, sin su propio consentimiento se quedó en la casa Ackerman. Y despertó junto a su Levi. Su teléfono vibró alarmándolo
"Espera… ¡¿Qué?!".
No había mucho que explicar, le contó sintéticamente el sorpresivo encuentro en la plaza, cómo terminó duchándose y cenando en la casa de los pelinegros y que se quedó dormido en plena era de hielo. Como respuesta a la pregunta "¿Qué estás esperando, Eren?" se sintió perdiendo su corazón, su interior quemaba de los sentimientos y emociones que se sentía. Sentía cómo enloquecía de a poco, por cada segundo lejos de él.
Trataba de contener sus suspiros, ya que el baño estaba pegado a ambas habitaciones de la casa. ¿Y si despertaba a Levi y lo escuchaba? No podía dejar que eso sucediera. ¡Quería regresar a ese lugar que dejó en la cama!
"No puedo simplemente regresar...".
No era momento de estar avergonzado, era su única oportunidad. Su momento para estar junto a Levi sin que Erwin o Annie, lo interrumpieran, les llamaran la atención. Sólo ellos dos.
"Hazme el favor de no ser tan idiota, Eren. ¡Ve por ese lugar!".
Ya quería él que ese fuese su lugar. Desde que había caído sobre Levi en el parque, sus sentimientos se habían alborotado más. Pero él era fuerte, tenía que controlarse. No quería espantarlo, no quería destruir esa confianza que Levi le tenía solo porque sus impulsos primitivos querían tenerlo sólo par a él. Aunque no estaba seguro cómo lo haría, las cosas no funcionarían de si se comportaba como un chiquillo impulsivo. Eso era seguro.
Puso en silencio su teléfono. Había visto que recibió varios mensajes de Mikasa, los cuáles no era momento de responder. Se levantó, lavó las manos y echo en sus mejillas, rojas y calientes, agua fría. Secándose las manos con la pequeña toalla blanca a un lado del lavabo abrió la puerta, encontrándose con un pequeño cuerpo, de pie frente a la puerta, con sus adormilados ojos grises.
– ¡Ah! – Exclamó intentando no ser ruidoso.
– ¡Señor Eren Jaeger! – Isaic sonrió.
– Me diste un buen susto, Isaic... – Recuperó su respiración.
– ¿Se encuentra bien? De nuevo tiene la cara roja. – El niño frunció el ceño extrañado y preocupado.
– No te tienes que preocupar tanto por mí... – Eren se acuclilló riéndose, en su intento de controlar sus nervios y acarició la mejilla pomposa del pequeño.
– ¿Hum?
– ¿Venías al baño? – El niño asintió y Eren lo dejó pasar.
El niño le pidió que lo esperara. Luego de un pequeño lapso de tiempo en el que Eren escuchó el tirar de la cadena y el correr el agua del grifo, Isaic salió y pidió a Eren ser alzado. Lo abrazó con mucho cariño y susurró algunas palabras a su oído.
– Quiero que me cuente la historia del titán aprendiz.
– Los niños de tu edad tienen que dormir… – Señaló Eren divertido.
– ¡Hagamos como si me la contara para que yo me duerma! – Pidió en un grito agudo.
– Sh… – Tranquilizó Eren con un dedo cerca de sus labios. – Despertarás a tu papá.
– Lo siento, señor Eren Jaeger. – Susurró.
El niño se llevó ambas manos a sus labios, sonriendo de un modo que a Eren le pareció malicioso. "Estar despierto en la noche a escondidas de papá" fue lo primero que se le vino a la mente cuando pensó en qué podría estar pensando Isaic. No le sorprende después de todo. Más extraño para él era que siempre se portara bien y no generara problemas.
– ¿Te despertó la lluvia? – Le preguntó caminando hacia la alcoba.
– ¡No! – Se rió confiado, el niño. – Yo no le temo a la lluvia.
– No dije eso… – Carcajeó suavemente. – Pero está bien, lo entendí.
Lo recostó en su cama con cuidado y abrigó del frío con las sábanas. Isaic se abrazó a sus muñecos y esperó impaciente por el relato de Eren.
Suspiró, todo lo que tenía que hacer era contarle la historia del titán aprendiz. Pero no podía evitar regresar en el tiempo a ese momento en que todo comenzó. "Señor Eren Jaeger estoy aburriéndome" resonó con ecos en su memoria. Sintió como su pecho se arrugaba en esa sensación de ansiedad, quería que la historia del titán aprendiz, realmente le gustara al niño. Se esforzaría por ello.
Esos brillantes y parpadeantes ojos se clavaban en los suyos expectantes. Organizó las ideas en su mente por última vez, no podía confundirse y cambiar el orden de la historia, ni tampoco equivocarse y luego retractarse. Todo debía ser tan perfecto como la primera historia que le contó. Como en septiembre en lo de Mikasa, como si estuvieran solos; a pesar de que a unos metros descansaba el hombre de sus sueños, el que quería que se convirtiera en el hombre de su vida. Estaba pensando demasiado en ello.
– ¿Estás listo? – Preguntó con una sonrisa.
– Sí.
"Seis meses transcurrieron desde el acuerdo que liberó de la guerra a la humanidad y a los titanes. La pequeña mano del soldado más fuerte de la humanidad y la gran del titán líder se extendieron y habían jurado que ambas partes cumplirían su parte del acuerdo.
En el territorio titán todo se llevaba a cabo con normalidad, exceptuando por el comportamiento de uno de los titanes jóvenes. Éste era rebelde, difícil de adiestrar. No había aprendido aún a comunicarse con sus iguales, no podía mantenerse quieto, tampoco mantener su atención en las tareas que le competían. La función de los titanes jóvenes en sociedad era la de aprender las labores que como gigantes tendrían que llevar a cabo. Éstas no tenían que ver con la alimentación o la vestimenta, si no con mantener la higiene de la Tierra, crear refugios para cuando ocurrieran desastres naturales o contribuir con la protección de las especies de animales que viven en su terreno."
– ¿Sería un enemigo del titán aprendiz? – Se preocupó Isaic, sentándose en la cama.
– La historia acaba de comenzar... Espera y verás...
– Está bien... – Se quejó, pero luego aceptó esperar por el relato.
"El titán líder siempre lo veía gritar frente a los humanos que habían puesto a cargo de su control. A pesar de usar esos llamados equipos de maniobras no lograban neutralizar los repentinos movimientos del titán y, casi siempre, este terminaba huyendo con 15 metros y sus largas piernas, lejos.
– Los de la policía militar no pueden con el titán novato. – Se quejó el titán líder sentado en su gran sillón de gamuza roja y marcos dorados. – Debería hablar con las tropas de exploración.
No quería que el titán novato se convirtiera en un problema para todos. Si la situación continuaba así y él lograba llegar a dónde el resto de los titanes convivían podrían generarse varios disturbios. Era su responsabilidad como el líder, proteger de los suyos; y la protección quería decir, educar a ese titán.
Los territorios humanos gozaban de tranquilidad y sus tareas eran realizadas de forma continua. Las funciones de las tres ramas del ejército habían variado sólo un poco. La Policía Militar, cuya insignia era el unicornio, se encargaba del orden dentro de las comunidades humanas, del cuidado de la población en cada distrito en específico. Las rosas con espinas de las tropas estacionarias habían reducido su cuidado a la vigilancia de las puertas todo el día: tanto para atender recados que llegaran desde el exterior de los muros o para que ningún ciudadano se le ocurriera pasar las puertas en visita el mundo titán. La legión de exploración y reconocimiento, los que portan con orgullo en sus pechos las alas de la libertad, tenían la tarea de realizar expediciones al exterior de los muros en búsqueda de algún elemento necesario para la humanidad, la obtención de estos insumos debía ser pactada con el titán líder; el que la mayoría de las veces, se veía dispuesto a negociar con los humanos."
– ¿El soldado más fuerte de la humanidad realizaba esos trabajos? – Preguntó entusiasmado por saber de su héroe.
– ¡Claro que sí! El pertenecía a las tropas de exploración y reconocimiento... ¿Lo recuerdas?
– ¡Sí, sí!
Isaic se abrazó a sus muñecos nuevamente y se recostó en su cama, permitiendo que Eren lo tapara.
"El comandante de la legión de exploración ordenaba su papeleo, era un atardecer hermoso en el borde del muro. Dentro del cuartel, su habitación era la más alta. Esa altura le permitía ver cómo el sol se escondía más allá de la muralla. El celeste del cielo más allá del mismo, se difuminaba en tonos más anaranjados o rojos. Escuchó la puerta de su estudio abrirse con rapidez.
– ¡Comandante! – Exclamó el visitante, el anciano líder de las tropas estacionarias calvo y de arrugada frente.
– ¿Qué ocurre? – Se preocupó el comandante de los exploradores.
– El titán líder se encuentra en la puerta oeste y quiere verlo, comandante. – Dio aviso rápidamente. – La gente está asustada, le recomiendo que se apresure.
Al comandante le pareció extraño, el titán líder nunca visita el borde de las murallas. Para hacerlo, algo grave debía suceder. A toda velocidad, se colocó el equipo de maniobras tridimensional y su chaqueta; y luciendo sus alas de la libertad en su espalda aceleró su paso hasta la puerta Oeste. Al encontrarse, ellos se saludaron formalmente como de costumbre. El titán apoyó su gran mano en el suelo. Le permitió al comandante subir en la misma, caminó unos pasos hasta un árbol. Una gruesa rama sobresalía del mismo. El humano se sentó sobre ella y esperó a que el titán hablara. Luego de escucharlo con atención, tomó una decisión.
– Ayudaremos a educar a tu titán desastroso. – Dictó con seguridad.
– Al único que necesito es al soldado más fuerte de la humanidad. – Aclaró el titán.
– Por seguridad del soldado más fuerte de la humanidad, no puedo permitirle ir solo. – Refutó el comandante. – Irá con su escuadrón de operaciones especiales.
El sol bajaba con su característica lentitud, el comandante observó el horizonte desde fuera de las murallas.
– Se acerca la noche, comandante. – El titán líder esbozó una sonrisa. – Mañana al alba, la Policía Militar los guiará."
– Espere señor Eren Jaeger... – Le interrumpió en voz baja.
– ¿Sí?
– ¿Qué es un escuadrón? – Preguntó inocentemente.
– Un escuadrón es un grupo de personas de la milicia que son guiadas por un líder: un capitán.
– ¿El soldado más fuerte de la humanidad es el capitán de un escuadrón? – Eren asintió con la garganta. – ¿Y un alba?
– El alba es cuando empieza el día y el sol se asoma... – Explicó tiernamente.
– ¡Ah! ¡Se llama así! – El niño estaba increíblemente feliz, Eren se reprochó a sí mismo, se tardó mucho tiempo en contársela.
– Exactamente.
"El titán dejó al comandante en la puerta de la muralla, con la promesa de hablar con el soldado más fuerte de la humanidad lo más pronto posible, y se marchó rápidamente. Perdiéndose en aquél horizonte que ya comenzaba a teñir su cielo de azul índigo."
– ¿Cuál es el color azul índigo?
– ¿Has visto que de noche, el cielo no es completamente negro y que es de un color azul muy oscuro?
– Hm... – Isaic negó con la cabeza.
– Luego miraremos bien el cielo... ¿Qué dices? – Animó Eren con una sonrisa.
– ¡Sí! Yo quiero ver si realmente es azul o negro.
"El comandante de la legión de exploración se regresó rápidamente al cuartel, más en particular a los patios del mismo, dónde sabía que siempre el soldado más fuerte de la humanidad practicaba esgrima*² y ayudaba a entrenar a sus subordinados."
– ¿Qué es la esgrima, señor Eren Jaeger?
– Es un deporte de combate... – Explicó con cuidado. – Se utilizan unas tipo espadas, pero sin filo para no herir. Consiste en tocar a tu contrincante, eso hace que adquieras puntos. El que más puntos tiene al final, es el ganador.
– ¡¿De verdad?! ¿Y el soldado más fuerte de la humanidad sabe sobre esgrima?
– Pues sí, ellos entrenan porque lo necesitan para manejar sus espadas. Son soldados.
– ¡Eso es genial!
La expresión de Isaic no pasó desapercibida para Eren. Esperaba que todo concluyera bien. Como una premonición que le dejó una sensación terrible, imaginó a Levi queriéndolo matar por a Isaic sobre un deporte de combate de espadas.
– Utilizan trajes especiales para protegerse de no lastimarse.
– ¡Eso es aún mejor! – Se entusiasmó más. – ¡El soldado más fuerte de la humanidad sabe combatir esgrima! ¡¿Quién ganó, señor Eren Jaeger?!
– ¿Eh? – Eren rió. – Continuaré la historia...
"Al ingresar al mismo, la pequeña figura del soldado más fuerte de la humanidad, vistiendo las típicas ropas blancas y la careta del deporte, asaltó a su contrincante. El comandante predijo de quién se trataba al observar que los otros tres soldados del escuadrón estaban descansando y lo saludaron en su típica posición de soldados: el oponente del soldado era un tipo hablador que siempre terminaba por morder su lengua. Se movía con rapidez, demostrando el cuidado en que los tocados*² de su enemigo no lo alcanzaran.
– Es el último round, comandante… ¿Necesitaba algo? – Preguntó con amabilidad la única señorita del escuadrón. Una joven de baja estatura y delgada, de cabello color anaranjado.
– Tengo que hablar con el soldado más fuerte de la humanidad. – Respondió con una sonrisa. – Así que lo esperaré.
La chica y los otros dos asintieron, haciéndole un lugar en la banca. El enfrentamiento era digno de ver. Una vez entrado en el combate el soldado más fuerte intentaba realizar golpes rectos a la cazoleta*² de su subordinado y luego decidía cómo era mejor atacarlo. Para su dificultad, el adversario le hacía frente con los contraataques. Por lo que se dificultaba llegar a tocarlo con la punta, filo o contrafilo de su sable*² en la zona habilitada: de la cintura para arriba. En la mayoría de sus entrenamientos elegían luchar con espadas, cuyo toque válido se realizaba con la punta. El cansancio de ambos hacía que el miembro del escuadrón de el soldado más fuerte, descendiera su velocidad y bajara la guardia, obteniendo sobre su pecho o brazos varios toques."
– ¿No va a contarme quién ganó?
– ¿No te parece interesante escuchar acerca de la pelea con espadas? – Re-preguntó Eren, intentando calmar la ansiedad del niño. Cada vez que lo interrumpía con sus aceleradas preguntas quería abrazarlo fuertemente y enseñarle a ser paciente.
– Bueno sí... ¡Quiero saber si ganó el soldado más fuerte de la humanidad!
– Me convences... Pasaré a ello...
"La dificultad estaba a otro nivel, pero ambos se lucían bien. El cronómetro de los observadores marcaba 2:50 minutos cuando el cable registró un ganador: el soldado más fuerte de la humanidad había llegado a 15 toques válidos.
– ¿De nuevo perdí? – El joven que retó al soldado más fuerte de la humanidad se quitó su máscara, rebelando su cabello castaño y las arrugas al costado de su boca.
– Te enfrentaste a Heichou... – Consoló la chica de cabello naranja, acercándole una botella de agua. – ¿Qué más esperabas?"
– ¿Quién es Heichou? – Fue la primer pregunta ni bien Eren se detuvo un segundo a respirar.
– Así es como es llamado el soldado más fuerte de la humanidad por quienes tiene a su cargo.
– ¿Ellos son sus amigos? – Preguntó con desconfianza.
– Bueno, no tanto como sus amigos... Más bien sus camaradas.
– ¿Ellos lo quieren?
– Claro que le tienen aprecio. El soldado más fuerte de la humanidad inspira respeto y devoción porque es alguien muy fuerte, realmente.
– ¡Siga, señor Eren Jaeger!
"Por otro lado, el soldado más fuerte de la humanidad se quitó los guantes protectores de su uniforme, tomó una toalla blanca a un lado y secó el sudor de su frente y cuello. Se acercó al comandante.
– Oh, soldado más fuerte de la humanidad, lamento interrumpir su entrenamiento.
– Terminamos por hoy. – Avisó a su escuadrón.
Los cuatro integrantes lo saludaron en posición al grito de "¡hai!" y se marcharon a las duchas.
– Soldad-...
– Lo escucho, comandante. – Lo interrumpió. Esperaba desde que envió a sus subordinados a descansar que su superior le hablara.
– Ah... – Sonrió preparándose. – Verá... El titán líder ha tenido algunos problemas con un titán joven... – El soldado más fuerte sólo miró al comandante por el rabillo de sus ojos. – Los de la policía militar no han estado haciendo un buen trabajo. Necesita de usted. Mañana partirá para allá con su escuadrón.
– ¿Qué clase de problemas?
– Principalmente de comportamiento.
– ¿Cuánto tiempo será?
– Hasta que el titán mejore su conducta. No es como si tuviera otra cosa que hacer. – Agregó. – A partir de mañana están exentos de las actividades de las tropas.
– ¿Por qué nosotros?
– El titán líder pidió específicamente por 'el soldado más fuerte de la humanidad'.
El soldado no tuvo más que preguntar, por lo que saludó a su superior llevándose el puño derecho a su pecho y se adelantó."
Eren notaba que Isaic comenzaba a bostezar cada determinada cantidad de tiempo. Por momentos sus ojitos se entrecerraban. A pesar de estar entusiasmado con la historia y preguntar al respecto, impacientándose, seguramente en cualquier momento se quedaría dormido.
"Al día siguiente, a la salida del sol el escuadrón del soldado más fuerte de la humanidad y dos nuevos integrantes se enlistaron en sus caballos para salir de las murallas hacia el territorio titánico. Una era la molesta mujer de anteojos que estaba obsesionada con los gigantes, y el otro era su compañero. Un hombre que parecía sobreprotegerla y era muy bueno con los dibujos."
– ¡Recuerdo a la soldado de anteojos! – Interrumpió despertándose, más emocionado. – ¡Ella ayudó al soldado más fuerte de la humanidad para recuperar a sus amigos!
– Y muchas tierras que le pertenecían a la humanidad… – Isaic asintió con su cabeza y su sonrisa.
"El comandante insisitó en que serían útiles para estudiar las mejores formas de cumplir con la misión. Se reunieron con tres integrantes de la Policía Militar, quiénes los guiaron hasta el lugar de entrenamiento del titán novato. Al llegar, el titán líder les dio la bienvenida. Les indicó en dónde convivirían ellos. Era una "casa" como la definió el titán, pero para los humanos, lucía como un castillo. Era incluso más alta que el cuartel dentro de los muros.
– Fue construida por nuestros titanes de menor tamaño, ellos colaboran mucho con este tipo de construcciones especiales para pequeños seres como ustedes. – Se rió, jactándose de su gran tamaño. – Espero sea lo suficientemente acogedora para ustedes. Esto es sólo un poco de mi agradecimiento por ayudarnos.
El titán líder tenía mucho aprecio por el soldado más fuerte de la humanidad. El diálogo había llevado a un acuerdo que hasta ahora, ninguna de las partes había roto, y eso era muy valioso para él.
– ¿Dónde se encuentra el titán que hay que educar? – Preguntó el soldado, luego de que todo su escuadrón ingresó en el castillo.
– Momentáneamente está con los soldados de la Policía Militar.
– Me gustaría verlo inmediatamente."
– Señor Eren Jaeger. – Eren se detuvo y se mantuvo atento a la próxima pregunta. – ¿Ese es el titán aprendiz?
– Si.
– ¿Por qué le dicen novato?
– Pues, porque necesita entrenarse para ser cada vez mejor en sus tareas.
– ¿Él y el soldado más fuerte de la humanidad se llevarán bien?
– Debes esperar para saber eso, pequeño… – Le sonrió e invitó a escuchar la continuación de la historia.
– Dígamelo ahora...
– Ellos serán grandes amigos, Isaic.
"Y así fue, el titán líder guió al soldado hacia un lugar específico dentro del bosque. Una zona algo despejada de árboles, con forma cuadrada. En una arista, corría un lago. Cuando el soldado vio al titán, pudo percibir más que sólo un gigante indisciplinado.
El titán se encontraba de pie y los soldados querían que se sentara. Como primera medida, le gritaban y lo intentaban amarrar con cuerdas. El soldado más fuerte de la humanidad negó con la cabeza. Con su equipo de maniobras tridimensional se subió hasta la rama del árbol que estaba más cerca del titán. Por algo se llamaban gigantes. Sus grandes ojos eran verdes y estaban delimitados por una gruesa capa de piel oscura en los bordes de sus párpados. Sus orejas eran grandes y puntiagudas, al igual que su nariz, como las de un duende. Sus dientes eran enormes, y cuando abría su boca para gruñir o gritar, realmente lo preocupaba.
– ¡Oye! – Llamó su atención. – ¡Debes sentarte!
El soldado le mostró que se sentó en la rama que lo sostenía y entonces el titán lo imitó, sumiso. Lo que dejó boquiabiertos a todos. Desde el lugar en dónde estaba sentado, siguió con sus ojos cómo el humano descendió hasta el suelo. Pero los humanos no contaban con que cuando el soldado se dirigiera a ellos para hablarles, el titán perdería el control.
Se irguió, poniéndose de pie rápidamente y comenzando a gritar y sacudir su cuerpo, soltándose de todas las cuerdas con la que lo habían intentado amarrar antes. Cómo si padeciera un ataque de ira. La vibración que generaban sus gritos parecía hacer temblar el piso.
– ¡Heichou! – Su subordinada de cabello naranja desenvainó sus espadas, lista para atacar al titán en caso de que decidiera hacer algo."
– ¡¿El titán aprendiz lastimará al soldado más fuerte de la humanidad?! – Isaic se sentó en la cama muy preocupado.
Eren lo recostó nuevamente, con una sonrisa tranquilizadora.
– No, nadie va a herirse. – O, si no, Levi Ackerman lo mataría y lo enterraría con sus propias manos.
– ¿Los soldados no usarán sus tácticas de esgrima?
Eren se sorprendió, Isaic realmente le ponía atención a lo que decía. Al menos lo recordaba durante la historia. En ese momento le entraron ganas de abrazarlo fuertemente.
– No lo harán. Ya verás por qué.
"– ¡Debe alejarse de él! ¡Es peligroso! – Le advirtió otro de sus compañeros, un joven de cabello negro, mostrando sus hojas afiladas.
– ¡Está muy cerca suyo, Heichou! – Su compañero se mordió la lengua luego de intentar que se alejara.
– ¡Silencio! – Gritó el soldado más fuerte a su escuadrón. – ¡Ustedes deberían alejarse y dejar de mostrar esas espadas!
Los soldados no le hicieron caso a su capitán. Entre los gritos y movimientos bruscos del titán y los nervios de la situación, no lograron una buena comunicación. Al final, el titán se soltó completamente y se marchó corriendo en la dirección opuesta al río.
– ¡No debe mantenerse tan cerca del titán novato, Heichou! – Lo regañaron sus compañeros.
– Lo vieron... ¿Verdad? – Se rió maniáticamente la loca de anteojos.
Obtuvo la atención de todos los presentes, incluyendo la del titán líder.
– ¿Qué cosa? – El soldado más fuerte alzó su mano para que nadie se atreviera a interrumpir.
– Ese titán imitó perfectamente al soldado más fuerte de la humanidad. – Se acomodó sus cristalinos lentes, reflejando la luz que les iluminó con el sol. – Ese es un titán aprendiz."
– ¿Eso es todo, señor Eren Jaeger? – Los ojos del pequeño lagrimeaban del sueño que tenía.
– Pues no... El soldado más fuerte de la humanidad le enseñó muchas cosas al titán aprendiz. – Contó con una sonrisa, enternecido de esas hermosas lagrimillas que se escapaban. Las secó una a una con sus dedos.
El niño se quedó en silencio, intentando mantener sus ojos abiertos, esperando por más.
"El hecho de que el titán imitara al soldado, le dio varias ideas para comenzar con la educación. El compañero de la cuatro ojos había logrado dibujarlo perfectamente en el momento en que se sentó. La realidad es que aunque él no se había percatado, el titán lo observaba fijamente. Se preguntó qué otras cosas sería capaz de imitar.
Lo indescifrable para él, era por qué se alteró tanto cuando bajó del árbol. Eso era algo que, aunque le preguntó a sus compañeros, desconcertaba a todos."
– ¿Por qué era, señor Eren Jaeger?
– Bueno, el titán aprendiz estuvo un tiempo tratando con humanos. Éstos, en sus intentos de enseñarle, no lo trataban muy bien.
– ¿Le decían cosas feas? – Esa respuesta no le gustó al niño, ya que hizo un mohín.
– Más bien, las formas no eran correctas. Los soldados de la Policía Militar lo intentaban con sogas o sin darle su espacio suficiente para aprender a hacer lo que le pedían. – Explicó Eren, intentando salir de ese lío. – En cambio, el soldado más fuerte se había subido a una rama de un árbol. Se encontraba cerca suyo cuando dio la orden.
– ¡Eso es bueno! – Sonrió. – ¡Seguro el soldado más fuerte de la humanidad lo logrará!
"La primera medida que tomó, era que cada vez que se acercaran a intentar establecer algún vínculo, lo harían entre pocas personas. Los únicos que siempre estarían presentes, serían él y la loca de anteojos. El dibujante podía permanecer a cierta distancia lo suficientemente grande para que el titán no lo tenga en cuenta y a su vez, lo suficientemente cercano para poder dibujarlo.
Pasaron algunos días. El titán líder realmente dejó en las manos del soldado el cuidado del titán aprendiz, cómo empezaron a llamarlo luego de observar su capacidad para imitar las acciones. En tres días, el titán se sentaba si Heichou se lo ordenaba, se ponía de pie luego de determinada señal, era capaz de ordenar objetos por tamaño, si se le mostraba primero como hacerlo.
La soldado de anteojos se sentía muy orgullosa del progreso del titán aprendiz."
Isaic se había quedado dormido. Eren sonrió y acarició la frente del niño, desordenándole el cabello con lentitud. Le derretía el alma, su voluntad de continuar escuchando la historia hasta caer rendido a los sueños. No se había detenido justamente por ese motivo. No recuerda muchas cosas de su infancia, pero quedarse dormido en compañía de alguien que te mima y quiere, era valioso; y ahora se da cuenta. Isaic lo llena con esas miradas atentas, esos comentarios y preguntas curiosas; con su pequeño cariño le enseña cómo es ser incondicional.
La lluvia había cesado, mientras le narraba la historia a Isaic había percibido que descendía su intensidad hasta hacerse nula, en ese momento. Lo que le alegraba, odiaba los domingos lluviosos: se suspendían los shows en el parque y era increíblemente aburrido, ya que poca gente asistía.
¿Qué haría ahora? Le avergonzaba regresar a la cama junto a Levi, ya que no sabe ni cómo es que llegó hasta ahí. Pero ya se había ido. ¿Sería capaz de poder quedarse a su lado?
– ¿Te quedarás ahí mucho tiempo más? – Resonó una voz, desde la puerta de la habitación.
Eren dio un precipitado salto, ahogando un agudo grito de susto. ¿Por qué siempre se asustaba con él? ¿Tanto bajaba su guardia? ¿Nunca se le iría la sorpresa al escuchar su voz?
– S-señor Ackerman... – Lo miró, estaba recargado en el marco de la puerta. Él aún sentado junto a Isaic. – ¿Hace mucho está ahí?
El calor subió por sus mejillas, ¿cuánto había escuchado? No es que haya dicho algo raro, sólo le contaba una historia al niño. Pero es que igual le apenaba un poco que él la escuchara.
– Desde que comenzó la historia... – Contestó seriamente, cruzando sus brazos.
– Ah... – Se rió en voz baja. – Entonces lo despertamos...
– Te caíste de la cama. – Eren se sonrojó torpemente, mientras evadía la mirada de Levi. – ¿Vamos a dormir?
– ¡¿Dd-dormir?!
Aquella pregunta no podía ser tomada a la ligera por Eren. Se estremeció de pies a cabeza cuando Levi dio un bostezo y se giró para regresar a su habitación. Su corazón se sacudía en su pecho mientras veía la firme espalda de Levi y su perezoso caminar de regreso. Él le encantaba, era tal y cual la primera vez. Su piel estaba helada, pero por dentro quemaba como fuego; se sentía inmensamente pequeño; vulnerable y sensible.
Su invitación era tentadora.
– No vas a dormir sentado ahí. – Giró sólo su rostro y lo vio de costado. – Si sigues descalzo te resfriarás.
– ¡P-pero y-yo...! – Intentó susurrar para no despertar al niño.
– Ya estás aquí, pronto serán las cinco y media de la mañana, quédate.
Su invitación era segura y no parecía tener otra opción. Dio una última caricia en la mejilla blanca de Isaic y se puso de pie, apagando la lámpara del buró. Dio rápidos pasos para alcanzarlo.
Estaba hipnotizado, Levi se veía guapísimo a esa hora. Tenía el cabello un poco despeinado, debía ser por las almohadas. Aunque antes creía que por lo lacio, nunca se movía de su lugar. Le parecía que los impulsos de su piel, sobrepasarían al autocontrol sobre su cuerpo y se abrazaría a su espalda, o tal vez algo más.
– Isaic ya tira de la cadena solo. – Comentó Eren, temblando, intentando romper el silencio.
En esos dos meses que no los había visto… ¿Cuántas cosas más habrían cambiado en el niño? Era real que lo había notado apenas más alto y con su rostro expresaba muchas más cosas de las que creía: impaciencia, duda, felicidad, atención, entendimiento, decepción. Y motones de cosas que seguramente había aprendido de ver a Armin, de las historias que él le cuenta o, en las caricaturas de la televisión.
– Tienes razón. Hace poco se decidió. – Hablaba pausadamente. – "Papá, hoy tiraré la cadena" me dijo.
Eren rió suavemente, tapándose la boca para no excederse en el volumen. Levi imitaba muy bien a Isaic. Hasta pudo imaginarse la determinación del niño en el énfasis de su voz.
– Realmente suena como Isaic...
Sería natural que el padre supiera cómo habla su hijo, lo ve y escucha cada día.
Llegaron a la habitación, estaba la luz encendida. En la oscuridad, Eren no había notado el color crema de la pared, ni el blanco de las cortinas, que estaban abiertas pero las ventanas oscurecidas por los postigones, en las dos mesitas a ambos lados de la cama había veladores; del lado de Levi, una foto familiar de una pareja con un bebé y el reloj de números verdes. Respiró hondo sintiendo su interior arrugarse. Un espejo frente a la cama sobre una cómoda de madera negra, al igual que las mesas de cama, con algunos adornos. Eren se detuvo al ingresar en la alcoba.
– ¿Apagas la luz...? – Levi encendió la lámpara y giró a ver a Eren de pie en la puerta. – Eren... – Llamó su atención, fríamente.
– ¡¿Sí?! – Se achicó de hombros, asustado.
– ¿Te incomoda dormir conmigo?
¿Qué clase de disparate le estaba preguntando? ¿Cómo responder que "¡claro que no!" sin que eso suene como "dormir junto a usted ha de ser mi primer sueño hecho realidad"? Tenía que pensar en una buena respuesta, controlar el latir de su corazón, el calor de su cuerpo y también la expresión de su rostro, todo eso y a demás mantenerse cuerdo para no pasar vergüenza frente a Levi, quién lo invitó a su tibia cama valerosamente.
– ¡N-no! – Sus manos temblando lograron tocar el interruptor, pero sus pies se movieron herméticamente hasta el lado en el que había estado acostado anteriormente y se sentó en el lugar tapando sus piernas con las cobijas. Observó la rara forma en la que estaban dispuestas las sábanas.
– No mires la cama como si fuera un desastre. – Dijo en tono severo. – Esto pasó porque me destapaste.
– ¿De verdad hice eso? – Eren tiró su cabeza hacia atrás, avergonzado, pidiéndole a los dioses que cuando se fuera de la casa Ackerman, se llevaran su vida. Luego la ladeó a un lado y vio que Levi se había sentado a su lado.
– Sí. – Y se miraron cortamente, a los ojos.
Ambos desviaron sus miradas al frente de la cama, Eren miró hacia abajo y empezó a jugar con sus manos.
– Lo siento. – Murmuró.
– Ya había notado que te movías mucho. – Salvó, estudiándolo por el rabillo de su ojo. – Desde el momento en que te recosté hasta que vine a dormir, cambiaste de posición 5 veces. Y no quisiera saber cuántas veces más no vi.
– ¿U-usted me trajo hasta aquí? – Tenía la pequeña impresión de que se durmió en el peor momento de su vida. Y luego de escuchar eso, lo confirmó.
– No levitaste, mocoso.
Levi frunció el ceño y se recostó. Eren sólo lo miró hasta que Levi, desde su lugar, le levantó la mirada. Esa mirada neutra, pero que no se le hacía en absoluto vacía. Eren realmente se esforzaba por reconocer sus acciones, sus significados. Quería todo de Levi sin detenerse a pensar en qué ocurriría cuando llegara el momento y, probablemente, se quedaría sin nada. Esa foto en la mesa le ataba cadenas a sus manos. No le daban celos: esa es la familia de Levi; lo que lo perturbaba era cuáles eran los pensamientos que Levi tendría al respecto. Los pensamientos que Levi tenía de la esposa que tuvo y que falleció; y le desgarraba que existiera la posibilidad de que conservara sentimientos por ella. Que aún sufriera la pérdida le hacía sentir triste.
– Realmente les causé muchos problemas esta noche.
– Mi hijo no se hubiera quedado satisfecho si te ibas.
– Intentaba mantenerse despierto para escuchar la historia del titán aprendiz. – Recordó con una sonrisa, continuaba jugando con sus dedos. – Pero al final se quedó dormido.
– ¿Le faltaba mucho al cuento?
– Y... Algo... – Eren se recostó mirando de frente a Levi, con sus manos entre su mejilla y la almohada. – Puedo contársela en la mañana u otro día.
– Exactamente, estoy seguro de que no la olvidará. – Suspiró.
Ambos estaban enfrentados, lo suficientemente lejos como para que Eren se sintiera sin él. Sentía cosquillas en todo su cuerpo. Consideraba que esta era la primera vez que él y Levi se encontraban completamente solos. En su corazón brillaba la esperanza de poder estrechar su vínculo. Que lo tenga en cuenta, así no sea románticamente. Llamar su atención de alguna manera.
– Sé que debe estar acostumbrado a escuchar esto, y que no sonará más especial porque lo diga yo... – Eren respiró hondo. – Pero Isaic es un niño excelente. Hace un buen trabajo, señor Ackerman.
– ¿Qué es hacer un buen trabajo? – Se preguntó en voz alta. – La infancia de mi hijo es solo una, Isaic no volverá a vivir otro día como hoy. A veces quisiera saber si las decisiones que tomo son correctas.
– No conozco a nadie que esté desconforme con las cosas que ha podido hacer o no de pequeño... – Lo quiso consolar.
– Si fuese como dices… Hago un gran trabajo al criarlo. Pero no lo hago solo, tengo a mi madre y a Hanji.
– Dos personas que se encuentran en vínculo directo con Isaic. Ellas pueden darle una buena opinión al respecto de sus decisiones. – Asintió. – No lo juzgarán. A demás, Isaic las quiere mucho. – Agregó.
– Siempre me pregunto si no necesitará de su madre...
– Seguro que la necesita. – Eren alargó su rostro en un disimulado puchero. – Pero eso no quiere decir que no necesite de usted también.
– Yo le he fallado. – Dijo en voz baja.
– No le creo… – Se rió Eren, pero el otro lo miró seriamente, sin cambiar su postura. – No es así… ¿Cuándo podría haberle fallado?
– Cuando ella murió no podía con nada. – Evadió la mirada de Eren, recostándose sobre su espalda para ver al techo. Llevó uno de sus brazos a la cabeza y comenzó a jugar con su flequillo. – Isaic apenas iba a cumplir un año y necesitaba mucha atención que yo no le podía dar. Vivíamos en la casa que habíamos comprado para estar los tres. Era difícil para mí ocuparme de todo. Entre Hanji y mi madre me convencieron de que dejáramos de vivir solos.
– Imagino que han de haber sido días difíciles. – Susurró sin ánimos de interrumpirlo, pero que Levi hablara de esa forma tan triste, de un momento importante de su vida inevitablemente lo ponía mal. – Eso no estaba en sus manos, señor Ackerman. No podría culparse por estar afectado o triste…
– Cuando me quedaba dormido lo hacía por muchas horas, aunque Isaic llorara no me despertaba. Era como si no lo escuchara. – Explicó. – Solía llegar tarde a trabajar por quedarme dormido. En la empresa no tenía problemas, mi jefe estaba al tanto y me había movido los cargos transitoriamente. Pero en casa quién se encargaba de mi hijo era mi madre… – Ladeó su cabeza y notó que Eren le miraba con atención. – Ella o Hanji lo cuidaban en las tardes, durante el último trimestre de embarazo de Hanji y los primeros meses de Alicia, Isaic se quedaba con ellos. Mi madre también tenía que trabajar. Aún ahora no sé como agradecer la ayuda que me dieron en ese tiempo.
Para Eren, mirar a Levi ahora era algo completamente diferente. Levi le estaba mostrando una parte de él que jamás imaginó que conocería. Una parte de él que le intrigaba, que le desgarraba y que hacía que lo quiera cuidar. Tal vez para Levi esa había sido una gran caída, pero había tropezado con una piedra una vez, era sólo eso.
– ¿Quiere convencerme de retractarme? – Eren intentó sonreír. Sin retomar, ni resaltar la tristeza que ha de haber pasado. – Usted hace un gran trabajo como padre de Isaic. Carga con muchas responsabilidades en sus hombros y aún así, da lo mejor para hacerlo bien.
– Solamente quiero que me tenga en cuenta cuando necesite a su padre. – Suspiró.
– Por supuesto que lo hará. – Un mechón de cabello negro estaba entrecruzado con otro. Acercó su mano lentamente y los acomodó. Aunque le gustaba mucho, que Levi estuviera despeinado se le hacía extraño. – ¿Por qué cree que no?
– Uno no sabe cómo es ser padre antes de serlo, mocoso. – Levi giró sobre su cuerpo, recargándose en sus codos.
– De solo escuchar a Isaic… – Interrumpió antes que dijera algo más. – Diciendo "mi papá" cada tres oraciones puedo deducir que usted lo hace bien. No importa si lo decide por bien o por mal. Si lo hace con o sin ayuda. Ha sido difícil, pero aquí está.
Se le acabaron las ideas para convencerlo de lo contrario. Quería que sus palabras llegaran a Levi, hacerle saber que las cosas no son como cree. Levi estaba sorprendido, lo miró. Los ojos de ambos se encontraron por un momento.
Eren lucía sus verdes ojos acuosos, estaba a punto de llorar, Levi se detuvo a pensar. Era una expresión en su rostro que no quería volver a ver jamás. ¿Por qué lloraba Eren? No quería darle lástima, por lo que respondió no era eso lo que sentía, no se apenó y ya, habló con él; ni quería entristecerlo. La conversación simplemente había desembocado en sus profundos pensamientos, esos que sólo guarda para sí mismo. Estaba seguro de que sólo quería asegurarse de que Eren no se hiciera ideas equivocadas sobre la forma en la que él es padre. Que aunque parece, no está solo y que recibe más ayuda de la que debería. ¿Habría dicho algo muy triste? ¿Cuándo? Él había intentado animarlo desde que se inició el tema y estaba ahí, disimulando sonreír y con lágrimas en sus ojos.
– No llores, te pondrás más mocoso… – Resopló tranquilo.
– Usted me llama mocoso a mí, pero su hijo es más pequeño que yo. – Desafió con las lágrimas cayendo en su rostro y una sonrisa sincera.
– ¿Estás diciendo que mi hijo es un mocoso? – Levantó un poco su cuerpo para acercarse a Eren, con su mano derecha tomó el cabello castaño entre sus dedos y lo revolvió.
– Oh no, yo jamás diría eso de Isaic, señor Ackerman. – Intentaba soltarse. Pero no lo quería realmente: Levi lo estaba tocando. Y el tacto cada vez se volvía más extenso sobre su cabeza y sus grandes manos cada vez abarcaban más cabello castaño.
Luego del comentario, Levi bajó su rostro, en un sutil intento de ocultarse. Pero eso fue, sólo un intento. Eren por debajo de la mano de Levi observó y se quedó prendado de esos labios. Dejó de llorar, porque todo su interior se llenó de una abrumadora calidez. Sus hermosos ojos grisazulados entrecerrados y su ceño relajado. Estaba seguro que antes, en un fugaz instante, lo había visto así, pero esta vez era diferente. Era único; tan especial como él, que en ese lugar, en ese momento, le había mostrado una parte de su alma y ahora otra. Le robó el corazón, todo su cuerpo y su alrededor se sintió temblar. "Levi está sonriendo" se dijo a sí mismo, muchas veces. Las caricias en su cabello se mantenían, pero le permitían apreciarlo perfectamente desde debajo de ellas. No era aleboso, pero tampoco era discreto. Era una perfecta forma cóncava entre sus dos labios, enmarcaba el párpado inferior de sus ojos, sus pestañas y sus pómulos; resaltaba la punta de su nariz y las comisuras de sus labios; aclarecía los bordes de sus ojos. Jamás estuvo tan convencido de algo, como en ese momento: sus sentimientos eran de verdad. Sus palabras habían alcanzado a Levi y, simbólicamente le estaba devolviendo su gratitud. Nada existía, su corazón estaba detenido, igual que los números verdes del reloj despertador de Levi, su respiración había descendido al punto de lo indispensable. No necesitaba más que esa sonrisa del otro lado de la mano de Levi tocándole la cabeza. No necesitaba nada más para mantenerse vivo. Porque así era: "Levi está sonriendo por mí".
– Pues sí, Isaic es un mocoso. – Dijo pensativo. Dejó de revolverle el cabello y alejó su mano de Eren. – Pero es mío. Y es mi responsabilidad limpiarle los mocos.
Se miraron por unos minutos, Levi ya no sonreía pero aún así no había regresado a fruncir su ceño. Eren todavía no perdía aquél brillo en sus ojos, parpadeaba poco en su afán de mirarlo lo más que pudiera. Porque no quería perderse ni por fracción de segundo de Levi. Sonrió avergonzado al caer en la cuenta de que sólo se miraban. Por un segundo no recordaba de qué estaban hablando. Sonrió inocentemente. Se encontraba junto a Levi, pero estaba perdido en él.
Eren ya no lloraba, su semblante incluso se había tranquilizado. Levi se sentía raro, le había tocado el cabello, sintiéndolo nuevamente suave y agradable. En su cuerpo sentía algo de electricidad y en los ojos de Eren veía ese mundo de verde, luminoso y cristalino por la humedad de las lágrimas, cálido, feliz. No quería despreciarlo ahora que lo estaban mirando y le permitían encontrarse allí. Sentía alivio, no sabía exactamente si por haber dicho lo que dijo, por que Eren le había hecho bien o porque Eren había vuelto a sonreír.
– Lo que quería decir hace un momento es que… Tal vez usted no puede ocupar el lugar su madre, nadie puede hacerlo. – Se aclaró la garganta. – Pero no por eso lo querrá menos. Al contrario. Él lo tiene a usted, y usted a él.
¿Qué había en sus miradas que no podían separarse? Levi no quería ocultar sus ojos para mirarlo y Eren parecía aguantarle la mirada. Un brillo infinito destellaba en esos ojos verdes, sería el sol de su mundo. El sol de Eren, que resplandece en el cielo del mundo que hay dentro de sus ojos; del que se siente parte en este momento.
– Eres un mocoso que puede decir cosas muy profundas. – Concluyó y devolvió su mirada al techo. Dio un bostezo. – Ya, ahora a dormir mocoso.
– Está bien. – Sonrió. Levi había regresado.
Y así le gustaba más que nunca. Levi estiró su brazo para alcanzar el interruptor del velador, lo apagó y se acomodó sobre su lado izquierdo, hacia el lado de Eren. Se miraron y pudieron verse. Por los espacios de las maderas de los postigones, empezaba a ingresar la luz del día.
– Eren.
– ¿Sí? – Le miró curioso.
– Buenas noches.
– Buenas noches, señor Ackerman.
Levi cerró sus ojos, pero Eren no. Todo su interior estaba lo suficientemente alborotado como para no sentir sueño, sabía que no se dormiría teniendo a Levi frente a él, mucho menos teniendo a Levi dormido frente a él. Pronto su respiración se apaciguó y su cuerpo se relajó.
En esa posición, los rayos de luz cruzaban su rostro. Su cabello caía hacia atrás y hacia abajo, mostrando completamente su frente. Eren parpadeó un par de veces preguntándose si eso era real.
Claro que es real, idiota.
No estaba cansado, ni aburrido. Su intención inicial fue la de dejarse descubrir, pero fue él quién terminó descubriendo a Levi. Eren ya estaba acostumbrado a esa sensación de estar en su presencia, y ahora no era diferente. Pero estaba vivo y dejaría todo tal y cual está, para siempre. Levi, con sus ojos cerrados, respiraba con lentitud inflando y desinflando su torso; sus labios, apenas abiertos, liberaban el aire de su cuerpo emitiendo un suave silbido. Esos labios finos y rosados, que atrapan sus ojos y le hacen agua la boca. Le encanta cuando por esos labios se emite su voz, aunque no le esté hablando a él; cuando habla y se ven sus dientes, pequeños y derechos.
Un impulso desmedido de tocarlo recorría sus manos y lo llenaba de impaciencia. Ese era su paraíso y su castigo. Se acomodó con lentitud más cerca. Recorrió con su mirada cada línea de su rostro, desde sus cejas bajando por su nariz y las pestañas, cortas pero arqueadas, azabache intenso. A un lado sus orejas, pequeñas; sus lóbulos, perfectamente redondeados ¿cómo sería susurrarles? Sus mejillas pálidas y lisas ¿cómo se sentiría besarlas? ¿Cómo no se enamoraría de él? Si cada vez que lo mira, el mundo se vuelve de él y para él; si con cada respiración que da su corazón bombea en su pecho cada vez más fuerte.
Aunque sólo podía ver su cuello y hombros, no le costaba imaginarse lo que había bajo la ropa con la que estaba durmiendo. ¿Cuándo duerme solo usará tanta, también? ¿En verano usará esa molesta remera? Se mordió el labio inferior por si el dolor le hacía dejar de pensar en tantas cosas raras.
Lo quería, quería a Levi de tantas maneras. Le encantaba esa forma en la que él se comunica, de manera distante pero no ignorante; su forma de mirar, detenidamente cada cosa, con atención; su manera de ser el papá de Isaic. Le fascinaba la forma en la que Levi tenía cuidado con detalles que sólo un padre tiene: "yo me bañaré después", "si sigues descalzo te enfermarás".
¿Y si se acercaba y probaba de esa boca? ¿Y si lo despertaba sólo para decirle "te quiero"? ¿Y si simplemente se hacía el dormido y se acercaba al punto de abrazarlo y tocarle el trasero? ¡No podría culparlo! "Estaba dormido, lo siento". Daría media vuelta y esperaría a que Levi durmiera de nuevo para probar algún nuevo truco.
La luz se hacía cada vez más intensa. Se acomodó boca abajo, con su cabeza de lado para continuar mirándolo y viendo cómo los débiles rayos del sol tocaban en él. Sus mejillas se ruborizaron, ni su sueño más feliz podría superar el presente. Pero sus ojos comenzaban a cerrarse, débilmente.
Los abría, parpadeando con fuerza para humectarlos correctamente y que lo mantengan despierto. Levi se movió lentamente, acurrucó más sus piernas y colocó una de sus manos bajo la almohada. Eren sonrió, ¿era de este mundo enamorarse así?
No se cierren, ojos… No te duermas, Eren Jaeger…
Su teléfono, a sus espaldas sobre la mesa de luz marcaba la entrada de una llamada.
.
.
Despertó con el sonido de unos cortos pasos que se detuvieron en la puerta de su habitación. Giró su cabeza y estaba ahí. Isaic en pijama y descalzo, sosteniendo su titán aprendiz.
– Papá… – Susurró.
– Ven. – Invitó.
Isaic gateó desde la punta de la cama por entremedio de los dos cuerpos y se metió en el calor de las cobijas. Levi le echó el pelo hacia atrás y besó su frente. Eran las 9 de la mañana.
– ¿Mh? – Eren entreabrió sus ojos y sonrió de costado a ambos Ackerman.
Isaic giró y se acurrucó contra Eren, quién pasó un brazo por encima del niño y acarició su espalda, a la vez que cerraba sus ojos para continuar durmiendo. El infante cerró sus ojos y pronto se durmió.
Ahora él, que había recostado a Eren en su cama y había dormido junto a él para que no durmiera con su hijo, porque le daba celos, se enfrentaba a la imagen que no quería ver. Se sentía bien, no quería separarlos; le alegraba que Eren estuviera ahí, queriendo hacerlos un poquito más felices.
De todo lo que había ocurrido… ¿A qué se habría referido Hanji cuando le dijo que lo mirara bien? Exhaló aire por la nariz conteniendo su felicidad.
En la mañana, tal vez en la tarde lo pensaría mejor. Ahora quería disfrutar de su día de descanso y dormirse.
Continuará...
*¹: Capítulos 11 y 12: Shingeki! Kyojin Chuugakkou.
Lo sé, no está tan largo como otros... Pero lo quería igual de feliz que el capítulo anterior... El próximo no va a estar taaaaaaan fluffff... Espero eso no los desanime! :D
Ahora que sabemos un poco del titán aprendiz, preparé un mini (mini=1800w-shot) especial sobre él y Levi. Todo surgió porque me mostraron unas imágenes en las que un chibi titán Eren estaba con Levi y dije ¿Por qué no?
Pueden saltárselo, están en todo su derecho de hacerlo!
ESPECIAL "EL SEÑOR EREN JAEGER" #1: Día de limpieza. El titán aprendiz persigue a papá.
Las imágenes que inspiraron las subí en twitter con el Hashtag #ChibiTitánEren si quieren verlas.
Todo ocurre por una razón, Levi Ackerman
Fecha festiva, Levi tenía el día libre en el trabajo, Isaic tenia el día libre en el kinder. Las familias estaban invitadas a pasar y presenciar una charla acerca del festejo. Levi, no era tan antipático en ese sentido, siempre presenciaba los actos de su hijo, pero esta vez, lo dejaría pasar. Pocas veces se le da que en mitad de semana puede descansar en su casa y aprovechar el tiempo con Isaic.
Se despertó a media mañana y abrió las ventanas, el día estaba nublado y el viento se cuelaba entre las cortinas. Desayunó aún en pijamas y luego se vistió. Con un pañuelo blanco se cubrió la cabeza y con otro, su nariz. No faltó oportunidad de ponerse sus guantes de limpieza. Empezó reuniendo ropa para lavar. Siguió en su habitación, retirando las sábanas y dejando ventilar el colchón mientras barría y pasaba un trapo por sobre las superficies removiendo el polvo con un spray "ultra brillante". Sintió sed, por lo que dejó su tarea un momento.
Se entretuvo en la cocina con una asquerosa mancha de grasa en el anafe. "La mierda esa" no salía con nada, lo intentó con varios productos: detergente, desengrasante líquido, en gel, un producto algo más espeso, pero aún así, sin efectos. Desesperanzado revisó todas las fechas de caducidad de aquellos limpiadores: todos gozaban de vida útil. Cuando se cansó, optó por calentar agua y echarla sobre la superficie, ya grumosa. Esperó un momento y al pasar la esponja, la mancha se removió fácilmente.
Satisfecho por hacer desaparecer aquella atrocidad de su vida, regresó a su habitación cargando con un trapeador. Empezó de un extremo al otro, al llegar de su lado de la cama, un objeto llamó su atención en el buró: era el muñeco de titán de Isaic.
En automático, el recuerdo de cierta persona que inventa historias de titanes a su hijo, llegó a su mente. Su voz, su sonrisa, su gracia. ¿Por qué su hijo le había llevado el titán a su habitación? Dejando el trapeador tomó el muñeco y lo llevo donde su hijo. El niño dormía profundamente abrazado al soldado, el compañero del titán. Lo llamó con sutileza, en un intento de verificar si realmente dormía o estaba fingiendo. El niño no mostró signos de estar despierto, de hecho, tenía su boca levemente abierta.
Dejó al aprendiz junto a su compañero, fuera de los brazos de su hijo, seguramente si despierta y lo ve, también lo abrazará. Pensando en que su hijo quería gastarle una broma regresó a su labor. Se quedó dormido en pleno chiste. Sonrió como es tan típico de él: sin sonreír, y continuó con el piso.
El siguiente lugar era el baño. Colocó desinfectante en los lugares que consideró necesario y dejó actuar un momento mientras se llevaba la alfombra para sacudirla en el patio. No tenia tanto polvillo, pero el era así, esa era su maña "o todo limpio o nada". Colgó la felpuda alfombra y regresó al cuarto de baño, y nuevamente estaba ahí: el titán aprendiz.
El titán aprendiz se caracterizaba por ser un bruto en potencia, todo ocurrió de esa forma hasta que el soldado más fuerte de la humanidad llegó a controlarlo y, mágicamente, lograr por un instante, hacerlo obedecer. Era una historia linda la que Eren le contaba a su hijo, trataba sobre la disciplina, lo importante de el diálogo y la toma de decisiones. Al menos de eso por ahora. Vaya a saber qué cosas se guardaba la historia todavía. Estaba profundamente agradecido con Eren por tomarse el tiempo de consentir a su hijo con algunos aprendizajes nuevos, sonrisas, mimos y cosquillas. Después de todo, él quiere nada más que lo mejor para él y Eren es bueno.
Caminó pocos pasos hasta la habitación de su hijo.
– Hijo. – Lo llamó desde la puerta. Isaic se revolvió entre sus cobijas haciéndose una bolita. – Oi...
– ¿Qué pasa, papi? – Preguntó adormilado, entreabriendo sus hermosos ojitos.
– Ya es hora de que te despiertes, hijo. – Se acercó a la cama. – Este chico ha estado apareciéndose durante la mañana... ¿Sabes algo?
– ¡Titán aprendiz! – Exclamó el niño recibiendo el muñeco y abrazándolo.
– Es correcto que se mantenga junto a su amigo el soldado más fuerte de la humanidad. – Recomendó.
El niño asintió, entonces Levi lo dejó en su cama. Haraganeando un poco más antes de levantarlo. Al finalizar la limpieza del cuarto de baño continuó en la cocina. Luego sí, levantaría a Isaic para poder hacer su cama y limpiar todo. Lavaba los platos que dejó la noche anterior por encontrarse cansado. Cerró el grifo con su típico chirrido molesto y giró, secándose las manos con un trapo.
Sobre la mesa se encontraba el titán aprendiz. Lo miró, el muñeco parecía sonreír, a pesar de tener una cara horrible. Usaba el castaño cabello largo, sus orejas eran puntiagudas y su nariz también. ¿Por qué le permitía tener un muñeco tan feo a su hijo? ¿Por qué a pesar de ser tan feo, su nene lo amaba? Resopló. Lo tomó y lo miró bien. La realidad es que el titán aprendiz necesitaba una lavada. Tal vez era eso lo que su hijo le quería decir, dejándoselo en su camino.
Se asomó a la puerta de la habitación y llamó a su hijo.
– Le daré un baño al titán aprendiz. – Le avisó.
Su hijo asintió y se sentó en la cama, apreció todo su cabello parado. Como si hubiera metido los dedos en el enchufe. ¿De dónde había sacado ese pelo tan rebelde?
La limpieza del muñeco fue sencilla y rápida. Abrió el cierre que el titán tiene en su espalda, quitó el relleno y con jabón neutro le limpió el cuerpo. Supo que fue una buena idea, ya que las nubes comenzaron a disiparse y el sol brilló, alto en el cielo.
¿El titán aprendiz tendrá que bañarse? ¿El soldado más fuerte de la humanidad tendrá que hacerlo? ¿Los titanes se bañan? ¿Transpirarán? A Levi le estaba entrando curiosidad por la historia, que Eren no haya terminado de contársela a su hijo le generaba intriga. Daba por sentado que si Eren decía algo equivocado le cortaría las bolas.
Aunque no creía que eso ocurriera. Eren había mostrado ser atento con detalles que pudieran corromper la infancia de su bebé. Con dificultades, trataba de no usar la violencia en su historia. ¿Qué pensará Eren? ¿Sabrá que si se equivoca, Levi es capaz de cualquier cosa? Seguro que sí.
Colgó el titán y regresó a sus labores. Isaic se levantó y jugó en la sala mientras que su papá limpiaba su habitación. Isaic se caracteriza por guardar todo luego de jugar, pero lo guarda todo desordenado. Las cartas del juego de la memoria desparramadas en su baúl, algunas piezas de rompecabezas se salían de sus cajas y quedaban en el fondo del mismo, entre sus autos pequeños y sus muñequitos de soldados. Se demoró un buen rato organizando los juguetes del niño.
Al mediodía preparó el almuerzo y almorzó con su hijo. Hablaron sobre nutrientes, vitaminas, minerales y alimentación. Isaic le preguntó a su padre si él fue pequeño en esas fotos que estaban en la casa de la abuela Kuchel y por sus juegos preferidos. Una pregunta bastante rara, a decir verdad. Levi contó a Isaic su pasión por los trenes. Kuchel lo llevaba a las vías del tren y él se volvía loco. Aunque ninguno estuviera saliendo o llegando, le gustaba mucho estar ahí, el ruido de las bocinas y la vibración de los andenes. Cuando había trenes que no salían, pedía permiso al guardia y le permitía entrar en ellos. Se sentaba y fingía que era un viajero. Que sólo llevaba una maleta y un sombrero.
– ¡Tal y como los misteriosos hombres de las películas! – Se entusiasmó. – No sabía que te gustaban los trenes, papá.
– Bueno, cuando era un ni-...
– Si quieres puedo acompañarte un día. – Le sonrió. – Jugaré contigo a ser viajeros. Seré tu acompañante. ¿Quieres?
A su hijo se le estaba pegando lo tan propio de Eren Jaeger: ser un mocoso que dice cosas sin pensar en lo bonito que se siente oírlas. Aunque no estuvieran en un tren, Isaic era su acompañante, siempre. ¿Cómo iba a decirle que ese era un juego de su infancia? ¿Cómo se sentiría volver a las vías del tren después de tantos años?
Luego del almuerzo colgó la ropa limpia, organizó la limpieza de la vajilla y barrió la sala, sacudió los sillones. Al volver a la cocina, notó el relleno del titán aprendiz sobre la mesa. Lo dejó ahí a propósito para acordarse de que debía rellenarlo nuevamente y devolvérselo a su hijo. Descolgó el muñeco, ya seco, y lo rellenó con cuidado de que no queden hundimientos en alguna zona de su cuerpo. Estaba impecable. Eren aparecía repentinamente en su mente. ¿Se encontraría bien el mocoso? ¿Qué estaría haciendo ahora?
– ¿Quién sería afortunado de estar en su presencia? –
Eren se había vuelto alguien importante para él. Apretó el estómago del titán aprendiz, conteniendo las ganas de ir por su teléfono celular y preguntarle cómo está. Levi quería ver a Eren, pero eso no significaba que fuera consciente de ello. Levi confundiría su ansiedad con dolor de estómago. Levi volvería a limpiar y olvidaría a Eren, durante un rato más.
Llevó el titán de regreso con su hijo. El niño lo olió y sonrió feliz.
Recibió una llamada importante de Hanji, la mujer quería que cenaran en familia y los invitó a él y a Isaic a su casa. Antes de terminar de hablar, de reojo vio que su hijo caminaba en puntas de pie. Cargaba con su soldado más fuerte de la humanidad y el titán aprendiz estaba sentado sobre la mesa, apoyado en el centro.
– ¡Isaic! – Llamó firmemente. – Sisí, cuatro ojos. – Le respondió al teléfono. – Iré a las 8. Adiós.
El niño se tensó y robóticamente se miró a su padre. No quería que su padre lo regañara.
– Pa...
– Estás olvidando el titán aprendiz. – Lo tomó desde arriba de la mesa y se lo extendió. El niño apretó sus labios y lo aceptó entre sus brazos. – ¿Qué ocurre?
– Es que el titán aprendiz me dijo que quería pasar tiempo contigo...
– ¿Conmigo? – Levi se arrodilló frente a su hijo. – Pero el titán aprendiz tiene que estar con su amigo el soldado más fuerte de la humanidad. Eren te dijo que serán amigos ¿no es así?
– Sí...
– Entonces permite que ellos estén juntos.
– Está bien, papá. – El niño sonrió, se estiró y dio un abrazó a su padre.
Él quería saber de qué forma el titán aprendiz y el soldado más fuerte de la humanidad se harán amigos.
Respuestas a reviews anónimos:
YuukiNii: Jajaja, qué bueno que te reconociste. A mí me gusta mucho responder a los reviews, es mi forma de agradecerle a cada lector, que deja uno, que haya leído un capítulo nuevo en mi historia y que se haya tomado el tiempo de escribirme su opinión. Ya que me hacen tan feliz, devolver un poco de la felicidad que ustedes me dan.
El capítulo 8, fue el capítulo de Levi. Completamente. Estaba decidido que iba a tener mucho de su punto de vista y mucho de él y Eren relacionándose. Igual que en este 9, pero ya abordado desde otra perspectiva.
El final del capítulo 8 ha de haber sido el mejor final de todos los capítulos del fic en lo que va... No sé que te parecerá el de este 9, pero a mí me parece que el 8 estaba impecable. Quería hace mucho tiempo escribir cómo Levi recostaba a Eren en su cama. Lo juro. Desconfiaste de mí, creíste que las quería trolear, pero no fue así... Me siento herida (?)
Olvido la existencia de mi uni para poder escribir esto, es necesario e indispensable. Después de dos capis Erwin va a volver recargado... Yo me preocuparía :/
Gracias por tu review y espero hayas disfrutado este capítulo!
Hevlak: Yo te denominaría nueva lectora! Aunque lo leíste en tiempo record, eso lo tengo que admitir. Dos días para leer lo que va del fic, es digno de mi admiración. (Yo que prácticamente me dejo vencer por uno de mis propios capítulos al editarlos). Tal y como dijiste, la historia es lenta. Me cuestioné un poco el capítulo 8, me dije: "Espero no esté pasando todo de golpe"; es que bueno, entre una cosa y otra, los sentimientos empezaron a aflorar.
Respecto de Erwin, hay cosas que todavía tiene que hacer, pero yo me considero mala. Voy a tratar de que el sufrimiento sea el mínimo e indispensable. A demás, como le digo a todos. Más que dramática, esta es una historia tierna, entonces... Erwin no más le da un poco de sazón a la cosa.
*Saca la lapicera, la libreta y anota: ¡Una lectora quiere celos de Levi a Eren y limones!* Está anotadísimo ;) Habrá lemon, sísí :D Lo sé, tengo todo previsto, pero me gusta mucho que los lectores me digan qué cosas les gustaría leer. Para saber si lo que tengo preparado es algo que quieren, o algo que ya están esperando... Muchas gracias por hacérmelo saber.
También gracias por tu review y el apoyo! Es muy importante para mí.
Van: ¡Eren resultó estar recostado en la cama de Levi-sexy-sama! In your faceeee, cejotas! jajajajaj. Levi, Levi... Yo lo cachetearía para que abra bien los ojos y su corazón. Pero bueno, tiempo a tiempo. Más adelante tendrán muchos momentos de amors. Gracias a vos por leer mi historia y dejarme un comentario. Me alegra muchísimo que te haya gustado el capítulo y espero que este también lo haya hecho.
Guest: Día 17. Habemus actualización.
Me divertí mucho con tu comentario, no sé si lo habrás hecho para ponerme la soga al cuello o porque me odias por tardarme mucho, pero lo tomé como una muestra de cariño hacia el fic. Me motivó a ponerme las pilas y darle duro! Para serte sincera, cuando lo leí el capítulo llevaba 13084 palabras del total. Me faltaba poco para terminar. Gracias!
Gracias a todos por haber leído este capítulo 9, deseo desde el fondo de mi kokoro que les haya gustado!
Les doy la bienvenida a todos los que se han sumado en estos últimos días a la lectura, a quienes se están sumando a partir de ahora; gracias a quienes me dan su apoyo a través de reviews, follow o favorito! Los aprecio muchísimo :D
Se me cuidan muchísisimo y hasta la próxima ~!
*Juuli los saluda como el soldado más fuerte de la humanidad.
