Elogio a una serpiente.
Notaba aún el frío de aquel lugar y aunque en la chimenea el fuego crepitaba pausadamente, no sentía el calor que profesaba. Estábamos de vuelta en Alea Aurea, seguía sentado en frente de la chimenea como si nunca hubiera desaparecido de allí. Aunque estos últimos días había considerado la sala un infierno, agradecí infinitamente estar rodeado por sus cuatro paredes. No sabía que había pasado, ni mucho menos el motivo por el que habíamos aparecido en aquel misterioso cementerio, pero sí tenía claro una cosa: había sentido miedo. Nunca había visto al Señor Tenebroso, mi padre siempre me lo había descrito como el mago más poderoso de todos, aquel que volvería a poner a todos los muggles en su sitio, pero nunca llegué a imaginarme lo que sería encontrarme cara a cara con él. Su rostro, blanco como el de una calavera, tenía parecido al de una serpiente. Poseía una nariz plana con rendijas como orificios nasales y sus ojos rojos, cuyas pupilas eran ranuras como las de un gato, resplandecían brillantes en la oscuridad. Su voz fría y aguda susurraba las palabras, haciéndole aún más terrorífico. Un escalofrío me recorrió la espalda al recordarle de nuevo. No quería volver a encontrarme con él.
Esa noche habíamos presenciado como el Señor Tenebroso había regresado rodeado por sus seguidores. Mi padre era uno de ellos. Él siempre me narraba historias de ser mortífago, de ser uno de los que pertenecían a su círculo, que Él, su señor, les cubriría de gloria cuando la eliminación de los sangre sucia se hiciera efectiva y un sinfín de honores y poderes que el Señor Tenebroso nos otorgaría algún día. Pero aquella noche observé algo totalmente diferente a lo que mi padre me había llegado a contar. El que no debe ser nombrado no actuaba con ellos, trabajando en conjunto, sino que Él ordenaba y los demás acataban las normas, y pobre de aquél que le contradijera. No eran un todo; eran un rey y sus vasallos. Si el rey exigía, ellos obedecían y si decidía que no era de su agrado le torturaba o simplemente levantaba la varita lanzando un "Avada Kedavra" sin ninguna piedad. Y yo, no quería aquella vida.
Desde que había ingresado en el colegio, mi padre me había juntado con Crabbe y Goyle, dos chicos enormes con una capacidad reducida para el pensamiento y la acción individual, que hacían lo que les ordenaba y se reían de lo que decía, aunque pocas veces entendiera el porqué. Pero ellos así lo hacían porque sus padres se lo habían ordenado, igual que el mío había dispuesto juntarme con ellos. "Amigos influyentes" me comentaba mi padre cada vez que les nombraba. Yo me callaba y asentía, era mi padre y sabía lo que era mejor para mí. Pero pasaban los años y según fui creciendo se me hacía más insoportable estar rodeado por dos personas cuya conversación más larga era referente a la comida. Necesitaba algo diferente. Y fue entonces como conocí a Theo.
Nunca antes me había fijado en él. Era un chico bastante introvertido que pasaba desapercibido, incluso perteneciendo a Slytherin, donde, si por algo se nos caracterizaba, era por alardear hasta de la suela de los zapatos. Iba conmigo a clases y dormía en mi misma habitación, aunque nunca había cruzado más de dos palabras con él. Pero el curso anterior pasó algo que cambió el curso de nuestra amistad.
Me dirigía a las cocinas apartando con empujones a cualquiera que se pusiera en mi camino, ese día estaba cabreado. Los amiguitos de Potter andaban tramando algo, siempre iban juntos, cuchicheando y sonriendo con suficiencia a la Brigida Inquisitorial. ¡Cómo odiaba a todos aquellos traidores! Y esa tarde por poco habíamos cogido a uno de ellos, estábamos a punto cuando el idiota de Crabbe se había caído arrastrándonos con él. ¡Maldito el día que mi padre había decidido juntarme con aquel par de imbéciles! ¿No había dos más tontos?
Bufé sonoramente y cuando estaba a punto de torcer por una esquina, oí algo que me hizo detener completamente.
- ¿Dónde crees que vas? – Un chico alto y moreno hablaba con alguien a quien no podía ver. - ¿No has traído lo que te pedimos?
- Te dimos de plazo hasta hoy. – Dijo un chico rubio que estaba al lado del primero. No podía verles la cara, pero por su postura sabía que estaban intimidando a alguien. Perfecto. Era lo que necesitaba en ese momento, alguien con quien desquitarme aquel cabreo.
Me acerqué lentamente deseando que la persona a quien estuvieran amenazando fuera de Gryffindor, estos tenían que comprender de una vez por todas quién mandaba en la escuela. Pero nunca me llegué a imaginar quien se encontraría enfrente de aquellos dos alumnos. Theodore Nott, con su cabeza alzada miraba con gesto desafiante a sus dos opresores, aunque en sus ojos pude distinguir una pizca de miedo. Movió su cabeza negando a la pregunta.
- ¿Y te crees de Slytherin? – Rió el chico más alto coreado por su otro compañero. – No vales nada, no sé qué haces en esta escuela cuando el lugar al que perteneces es junto a tu madre.
El semblante de Nott se ensombreció por un momento, pude notar como aquellas palabras le habían dolido, pero no bajo su mirada y siguió mirándoles desafiante.
- ¿Y qué es lo que llevas siempre aquí? – Preguntó el rubio que en un despiste de Nott había cogido algo que llevaba en el bolsillo de la túnica.
- ¡Dámelo! – Exigió Nott dando un paso hacía el chico. – No es tuyo.
- ¿Pero qué es esto? – Preguntó ignorándole. - ¡Es una fotografía de tu madre! – Rió seguido del otro chico.
Ahora que estaba cerca reconocía quienes eran los dos chicos. Eran Lawson y Finkley, dos chicos de Slytherin que se especializaban en exigir a los alumnos que les hicieran los deberes, amenazándoles con terribles consecuencias si no llevaban a cabo lo que les pedían. Me sorprendía como habían sido capaces de llegar hasta quinto.
- ¿Acaso la echas de menos? – Preguntó Lawson con voz melosa como si estuviera hablando con un niño pequeño. – Eso tiene fácil solución – Sonrió cínicamente mostrando sus dientes amarillos.
- Inténtalo si te atreves. – Replicó Nott cruzándose de brazos. – Aunque dudo que supieras hacer algo con tu varita aparte de arrascarte el culo.
Lawson palideció y apretó los dientes haciéndoles rechinar. Nott seguía desafiándole sin dejar de mirar la fotografía que tenía en la mano derecha.
- Mira estúpido…
- Te crees muy listo, ¿verdad? – Cortó Finkley a su camarada. – ¿Y qué pasaría si ahora yo cogería esto… – Cogió la fotografía de la mano de Lawson – …y decidiera romperla?
Nott palideció y se acercó estirando las manos para intentar recuperar la foto. Finkley rió con ganas y estiró el brazo para que no pudiera alcanzarla. Nott se quedó quieto mirando asustado a Finkley; aquello parecía importante para él. Y justo cuando Finkley estiró el otro brazo para romper la foto, y antes de que me diera cuenta, anduve los pocos metros que nos separaban y me situé justo detrás de ellos.
- ¡Vosotros! - Grité. Los dos se giraron mirándome enfadados, les había estropeado la diversión. La mano de Finkley se había quedado atascada en el camino. - ¡Devolvedle lo que es suyo!
- ¿Y quién coño eres tú para mandarnos nada? – Exigió el rubio alzando la cabeza. Yo sonreí de medio lado. Era Draco Malfoy y mandar era mi segundo nombre.
- Perdonad mis modales. – Me excusé exagerando una reverencia. – Soy Draco Malfoy, aunque seguro habréis oído hablar de mí. – Sonreí mostrando mi blanca dentadura.
- ¿Y por qué habríamos de devolvérsela? – Demandó Finkley, ignorando completamente mi presentación, por supuesto sabían quién era.
- Primero, porque tengo esto. – Señalé mi chapa con la I dibujada que indicaba mi pertenencia a la Brigada Inquisitorial. – Y puedo hacer que os castiguen. – Miré sonriendo deteniéndome en el rubio que temblaba ligeramente. – Creo que tú, Lawson, has tenido el honor de comprobar los nuevos castigos que está implantando Filch. – Sonreí desdeñoso. Filch estaba incorporando lo que él llamaba "Castigos a la antigua usanza" y por lo que había oído eran de todo menos placenteros. – Y creo que no querrás volver a disfrutar de aquello. Y segundo. - Continué. - Porque a mí me da la gana. – Les contesté retándoles con la mirada, ¿quién osaba contradecir al Rey de las Serpientes?
Finkley, quien me supuse sería el cabecilla de los dos, fijó su mirada en mí, arrugando el entrecejo, ¿se atrevería a replicarme? Pero pareció pensárselo mejor y arrugando la foto la tiró a los pies de Nott que se agachó rápidamente a recogerla.
- Vámonos. – Empujó el moreno a Lawson que aún seguía con la mirada ausente. Seguro recordando aquel castigo recibido por el conserje.
Sonreí victorioso, ¿se pensaban aquellos dos idiotas que se iban a salir con la suya? Negué con la cabeza, a veces la gente era muy ingenia.
Me giré hacia la derecha, Nott seguía agachado desarrugando la foto. Su rostro parecía triste y algo dentro de mí se movió ligeramente. Ya tenía la foto, ¿qué más quería? Pero de nuevo, y antes de que me diera cuenta que es lo que estaba haciendo, me acerqué en dos zancadas a él y puse mi mano en su hombro. Él se sorprendió y miró fijamente el lugar donde tenía mi mano. Desde mi posición podía ver la foto, donde una mujer de melena castaña con grandes rizos miraba sonriente a la cámara a la vez que agitaba su mano. Al lado, un Nott de unos 3 años, miraba embelesado a la mujer.
- Se arreglará. – Dije señalando con la cabeza la foto.
- Lo sé. – Contestó Nott continuando desarrugando la fotografía.
Pasó un rato sin que los dos dijéramos nada. No sabía qué era lo correcto en aquella situación. Ya le había ayudado, ¿por qué no me iba y volvía a lo que tenía que hacer? Sin saber porqué, sentí la necesidad de quedarme más tiempo.
- Gracias. – Susurró Nott mirando la ya no arrugada foto. – Es lo único que me queda de ella.
Algo cálido se movió dentro de mí. Era la primera vez que ayudaba a alguien sin ningún motivo egoísta y no sabía cómo responder. Simplemente asentí y apreté ligeramente su hombro.
Nott se levantó y guardándose la fotografía de nuevo en su bolsillo se enfrentó a mí con una sonrisa.
- ¿Y bien? ¿Dónde vamos?
Y así fue como empezó todo. Nott se convirtió en el compañero que siempre había echado en falta. Con él podía charlar de cualquier tema, incluso realizar los deberes juntos, éramos los dos más listos de nuestra casa, y además poseía un ingenio audaz que me hacía reír a carcajadas. Y aunque a veces discutíamos sobre la limpieza de sangre, él estaba firmemente en contra, nos hicimos inseparables. Nunca había tenido un amigo, alguien, claro está, que no hubiera sido elegido por mi padre, y ese simple motivo me alegraba más que cualquier otra cosa. Aunque pequeña, aquella había sido una decisión que incumbía en mi vida.
Volví a la realidad y observé a Theo. Estaba en las mesas rodeado por todos los pergaminos y libros que se encontraba consultando antes de que la sala nos llevara a aquel extraño lugar. Su mentón descansaba en su mano derecha y tenía la mirada ausente. Supuse que estaría pensando lo mismo que yo; su padre también había estado en aquel cementerio. El Señor Tenebroso les había nombrado, a mi padre y al suyo, y toda la sala lo había oído. Lo que pensara esa panda de estúpidos me importaba lo mismo que una de las clases del gigantón, pero sabía que Theo no pensaba igual. Le había estado observando conviviendo en la sala, entendiéndose con todos, incluso con el engreído de Potter y el enclenque de Weasley, y él había disfrutado cada momento allí. Si bien al principio había estado tan sorprendido como yo, que dos Slytherin entraran en algo como aquello era bastante extraño, él había sabido adaptarse bastante bien, incluso teniendo que compartir habitación con Lunatica y con la chica rara de Ravenclaw. Le vi suspirar y escondió la cabeza entre las manos revolviéndose el pelo. Lunatica se acercó a su lado y poniendo su mano en el hombro de él, lo acarició de forma cariñosa. Sabía que con ese simple gesto, Lunatica le estaba defendiendo a pesar de lo que había oído y visto en el cementerio. Y, sorprendiéndome a mí mismo, agradecí infinitamente a Lovegood por aquel acto. Theo tenía alguien más que saliera en su defensa.
Una pequeña tos rompió aquel silencio que se había impuesto desde que habíamos llegado. A esa tos le siguieron más toses que retumbaban por toda la sala. Intrigado me giré para averiguar quién era el causante de aquel alboroto y descubrí a Granger tapándose la boca con ambas manos intentando controlar aquel ataque imprevisto. La vi más pálida que cuando estábamos en el cementerio y eso me inquietó un poco. ¿No había estado enferma una semana atrás? Vi como la pequeña de los Weasley se acercaba y le pasaba el brazo por la espalda dándole pequeños golpecitos para intentar aliviarla. Granger seguía tosiendo y negaba a algo que la pelirroja le susurraba en el oído. ¿No veían que la mejor manera de pasar aquello era respirar profundamente y beber un poco de agua? Y como si Granger hubiera estado metida en mi cabeza levantó su débil brazo y conjuro el hechizo que estaba pensando, ya que enfrente de ella apareció un vaso que segundos más tarde se llenaba de agua. Aquel simple gesto la dejó más débil de lo que estaba, ya que la Weasley tuvo que ayudarla acercándole el vaso a los labios. ¿Qué le pasaba a la estúpida sabelotodo? ¿Por qué no simplemente se iba a la cama a descansar? Me quedé observándola con gesto enfadado, ¿acaso no se iba porque no quería preocupar a esos dos estúpidos a los que llamaba amigos? ¡Qué gilipollez! Si se encontraba mal se debería ir a la cama y lo que pensara sus amigos estaba de más. Vi como negaba otra vez a lo que la Weasley le susurraba haciendo que me enfadara de nuevo, ¿por qué no hacía caso a lo que le estaba diciendo la pelirroja si era su amiga también? Suspiró apoyando la cabeza en ambas manos, apenas podía mantener sus ojos abiertos. Al menos, el ataque de tos había parado. Me alegré un poco y una pequeña sonrisa apareció en mi rostro que se esfumó a la misma velocidad que una snitch dorada cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo. Me giré irritado y observé el fuego crepitar. Definitivamente la sala me estaba volviendo loco.
Me quedé observando el fuego durante unos minutos más, indignado con aquél silencio exigido. ¿Es que nadie iba a preguntar qué era lo que había pasado? ¿Nadie sentía curiosidad? Habíamos vuelto de aquel cementerio hacía más de quince minutos y lo único que se había oído era la dichosa tos de Granger. ¿Quizás aquel lugar nos había dejado mudos? Abrí la boca para pronunciar alguna palabra pero la cerré de inmediato. ¿Qué coño iba a decir? Yo no era la persona indicada para preguntar nada, eso se lo dejaba a los estúpidos aquellos. Me recosté en el sofá, cruzándome de brazos, si tenía que esperar esperaría. Pero la paciencia no era algo que me caracterizaba, y mi calma estaba llegando a su límite. O hablaban pronto o mi varita iba a tener mucho que ver en todo aquello.
Pero no pasó más de un minuto, cuando una voz irrumpió en la sala haciendo la pregunta que todos estábamos pensando. Oírla en voz alta era aún peor que tenerla dentro de nuestras cabezas.
- ¿Qué ha sido todo eso? – Me giré hacia la derecha donde la chica pelirroja de Ravenclaw miraba fijamente a un punto detrás de mí. Sus ojos expresaban el mismo miedo que yo había sentido. Estaba seguro que era la primera vez que aquella chica se topaba con el Señor Oscuro. A su lado se encontraba Smith, la otra chica de Ravenclaw, que sostenía su mano en un intento de tranquilizarla. Su mirada seguía la misma dirección que la de la chica pelirroja.
Curioso, me giré completamente apoyando mi brazo izquierdo en el cabecero del sofá. Potter se encontraba de pie entre la comadreja y el tonto de Longbottom. Miraba firmemente la varita que no dejaba de mover entre sus manos a la vez que daba pequeños golpes al suelo con el pie izquierdo. Estaba nervioso. Y me hallé preguntándome cómo se habría sentido él al revivir lo que había ocurrido en el cementerio dos años atrás. ¿Habría tenido miedo? Esa había sido la primera vez que se encontraba cara a cara con el que no debe ser nombrado, viendo morir a uno de sus compañeros a manos de Él y a punto de correr el mismo destino si no llega a ser por algo que había ocurrido allí, lo que el Señor Tenebroso había llamado "golpe de suerte". Me sorprendí mirándole con cierta compasión; no habría querido estar en su lugar ni por todos los galeones del mundo.
Alzó la mirada lentamente posándola en la chica de Ravenclaw. Había parado de dar vueltas a la varita que ahora sostenía en su mano derecha apretándola fuertemente haciendo blanquear sus nudillos. Todo el mundo sostuvo la respiración. Yo tragué saliva en un intento por tranquilizarme, no sabía que iba a decir Potter, pero estaba seguro de una cosa, lo que dijera iba a cambiar el rumbo de muchas cosas en la sala.
- Si queréis que conteste el motivo de haber aparecido en ese lugar, no tengo ni la más remota idea. – Se encogió de hombros alzando las palmas. Su mirada se posó en todos los presentes, antes de volver a mirar fijamente a la chica para continuar hablando. – Pero si os puedo decir una cosa. – Dio un paso hacia delante tocándose su famosa cicatriz. - Acabáis de presenciar el regreso de Voldemort.
La sala se volvió a sumar en un silencio más pesado que el anterior. La pelirroja ahogó un grito tapándose la boca, a lo que su compañera dejó de apretar su mano para sentarse en el sillón cercano a la chimenea. Chang, el chico de Hufflepuff, dio un paso al frente alzando el brazo, como si estuviera a punto de replicar lo que había dicho Potter, pero sólo abrió la boca cerrándola al segundo. Volvió junto a su compañero Footman, que miraba al niño que vivió sin comprender nada de lo que este estaba diciendo. Lovegood seguía junto a Theo, y lo que más me extrañó, ella no parecía tan sorprendida como los demás.
- Pero… pero… ¿cómo sabes que volvió? – Tranter se había acercado a Potter, temblando ligeramente. Era la primera vez que la escuchaba hablar, y me pareció que poseía una voz bastante aguda para su apariencia. Puede que fuera el miedo.
- Porque yo estuve allí. – Contestó Potter sin vacilación.
- Entonces, cuándo aquél año dijiste que había vuelto era…
- Si, era verdad. – Le cortó el Gryffindor mirándola fijamente a través de sus gafas redondas. Tranter pareció comprender lo que Potter le estaba diciendo, ya que sólo asintió débilmente y volvió a su sitio sin dejar de mirar asustada al niño que vivió.
- Aquella noche fue cuando murió Cedric, ¿no es cierto? – Preguntó Chang con voz afligida. Su compañero de casa miraba fijamente el fuego aunque en sus ojos pude notar cierta humedad. Ambos eran de Hufflepuff, la casa a la que pertenecía Diggory, ellos debieron vivir aquel momento más intensamente que el resto de las casas.
- Sí. – Contestó Potter sin dejar de observarle. – Ese día fue asesinado por un lacayo de Voldemort. Nunca mentí. – Aclaró a toda la sala.
- ¡No digas ese nombre! – Chilló asustada la chica rubia de Ravenclaw – No está… - Pero calló al notar la intensidad de la mirada de Potter.
- ¿Cuál nombre? – Preguntó Potter acercándose a ella. - ¿Voldemort? – Sonrió tristemente al notar como la chica asentía débilmente. – No veo por qué no pueda decirlo… - Se ajustó las gafas que le resbalaban por el tabique de la nariz.
- Porque está mal. – Contestó más asustada que antes. Aunque ya no estaba seguro si se debía al nombre del Señor Tenebroso o la intensa mirada de Potter.
- ¿Mal?- El pelinegro rió ante aquello asustando más si cabe a la chica. - ¡Ese monstruo mató a Cedric sin ninguna compasión! ¡Sólo porque se encontraba en el sitio inadecuado! ¡Sólo porque le molestaba! – Gritó apretando fuertemente su varita. La chica se escondió entre los brazos de su amiga pelirroja que miraba a Potter más aterrada que la rubia. - ¿Y tú piensas que está mal que diga su nombre? – Respiraba entrecortadamente sin dejar de observar a la Ravenclaw que le miraba con lágrimas en los ojos.
- Ella sólo ha dicho lo que pensaba – Chang se interpuso entre los dos saliendo en defensa suya. - No tienes porque tratarla de esa manera.
Potter desvió su vista hacia el oriental apretando más fuerte su varita. Chang había tenido agallas para enfrentarse al cara rajada. La sala se sumió de nuevo en un profundo silencio sólo roto por el crepitar del fuego. Si ese idiota de Hufflepuff se hubiera atrevido a contestarme, habría acabado en la enfermería con un brazo menos. Pero, ¿qué haría San Potter? Podía sentir, por la fuerza de su mirada, que se encontraba debatiendo interiormente qué hacer ante aquella situación. Pero pasado un minuto relajó su postura y su rostro se entristeció.
- Lo siento. – Miró a Smith que asintió levemente aún protegida por Tyler. - Pero un gran hombre me enseñó una vez: "El miedo a un nombre aumenta el miedo a la cosa que se nombra". – Citó y se dirigió de nuevo al lado de la comadreja.
Chang se acercó a las dos chicas y vi como la rubia le agradecía el gesto. El sonrió brevemente y se posicionó al lado de ellas. Observé cómo Weasley hablaba en susurros a Potter, pero este sólo negaba sin dejar de mirar la varita que descansaba en sus manos. ¿Qué el miedo a un nombre aumentaba el miedo? ¡Qué idiotez!
- ¿Y por qué hemos aparecido en ese lugar? – Lovegood preguntó de nuevo.
Nadie contestó y Potter volvió a negar con la cabeza. ¿Acaso íbamos a estar toda la noche preguntando y respondiendo lo mismo? Yo no sabía tampoco porque habíamos aparecido en aquel lugar y menos aún en aquél momento, pero alguien debería saberlo, ¿no? Y como si hubieran escuchado mi debate interior, una persona habló acallando los pensamiento de los demás.
- Creo que ha sido la sala. – Contestó Granger con voz débil como si le costara hablar. Me giré para observarla. Estaba más blanca que antes y respiraba entrecortadamente. Sus párpados se cerraban lentamente como si hicieran un gran esfuerzo por mantenerse abiertos. ¿Qué coño la estaba pasando?
- ¿La sala? - Lovegood abrió mucho los ojos, agrandándolos aún más.
- Sí. – Granger asintió.- Ya lo dijo Dumbledore en su despacho. – Tragó pesadamente y continuó hablando- "Agudizará vuestras mentes" "Ella decidirá cuando hondar en vuestra mente". – Citaba una a una las palabras que aquel chiflado nos había dicho aquel día. ¿Es que Granger era un jodido libro? ¿Cómo podía recordar tan fácilmente las palabras? Estaba seguro que si le preguntabas, te diría el discurso entero. Estúpida sabelotodo.
- Pero, ¿cómo es posible? – Longbottom se acercó a ella. - ¿Es acaso una especie de "Sala de los menesteres"?
- No estoy segura. – Negó respirando profundamente. – Pero yo había visto antes cómo actúa.
- ¿Qué? – Potter salió de su ensimismamiento. - ¿Cuándo ocurrió eso?
- La primera noche, cuando la sala no nos dejó volver a nuestra habitación. – Fijó su mirada en mí. – Malfoy puede corroborarlo.
Ante la mención de mi nombre todos en aquella sala dirigieron su mirada hacía donde me encontraba. Algunos con sorpresa, otros con miedo, y otros, como en el caso de Weasley, con furia. Vi por el rabillo del ojo como apretaba fuertemente los nudillos resoplando como un toro a punto de investir, seguro celoso de haber escuchado de la boca de su querida Granger "nuestra" habitación. Sonreí de medio lado, al menos había una parte buena en compartir habitación con la sangre sucia: sacar de quicio al pobretón.
- ¿Pero qué fue exactamente lo que ocurrió? – Potter me miraba a mí, aunque la pregunta era dirigida hacía Granger.
- Eso no tiene importancia ahora. – Movió su mano derecha haciendo un aspaviento. ¿Qué no tenía importancia? ¡La sala estaba chalada! No sólo la primera noche intenta acabar con nosotros, sino que ahora había decidido llevarnos de paseo por la mente de Potter. Porque… había sido la mente de Potter, ¿no?
- Si que la tiene Hermione. – Farfulló Weasley hablando por primera vez en toda la noche. Se acercó al centro de la sala sin apartar sus ojos de mí. ¿Se pensaba que me daba miedo? – Estabas con un hijo de un mortífago.
Ya está. Lo había dicho. Lo que llevaba toda la noche pensando por fin había tomado forma. Todas las miradas seguían puestas en mí, pero esta vez con un matiz diferente, les repugnaba. Mi rabia aumentó por momentos, Weasley me miraba altivo y sabiéndose vencedor de aquella batalla. Sonreía de medio lado, desafiándome con la mirada. ¿Quién coño se creía él para decir nada? Apreté fuertemente mi mano y me levanté del sofá en el que había estado toda la noche. Los que estaban a mí alrededor se apartaron como si me tuvieran miedo. Eso, que me tuvieran miedo, ¿qué mierda me importaba a mi? Ellos no sabían nada de mi vida y se permitían el derecho de juzgarme. ¡Al diablo con todos ellos!
Miré de nuevo a Weasley aún en el centro de la habitación. Había sacado la varita que ahora la pasaba de mano en mano en una actitud provocadora. El pobretón quería pelea, lo llevaba deseando desde que nos habían metido en aquella estúpida sala. Mi respiración aumentó por segundos, deseaba borrarle aquella sonrisa de comadreja, necesitaba descargar la adrenalina que había estado guardándome en estas últimas semanas, ¿y qué mejor que aquel tonto? Pero había demasiada gente que saldría en defensa suya, yo solo tenía a Theo. No era tonto, no iba a pelear estando en desventaja. No era un jodido valiente Gryffindoriano, sabía ver cuando no era el momento.
Apreté los puños y dirigiendo una mirada de odio a Weasley me di la vuelta para dirigirme a la habitación. En ese momento deseaba más que nunca estar rodeado por las paredes de mi cuarto en Malfoy Manor.
- Eso, vete a esconder en tu habitación. – La voz del pobretón sonaba triunfante, podía notar su sonrisa despectiva. – Como hacéis todas las asquerosas serpientes.
Mi furia aumentó pero ignoré el comentario y seguí subiendo las escaleras. Tenía que mantener la calma.
- ¿Acaso vamos a ignorar lo que hemos visto todos hoy? – El pelirrojo seguía con su farfulle haciendo crispar más mis nervios a cada palabra que pronunciaba. – Esta noche hemos visto como el Señor Tenebroso se alzaba de nuevo junto con su tropa de fieles. – Seguí mi paso hacía la habitación apretando los puños con fuerza. Intentaba por todos los medios ignorar lo que el pobretón decía, pero era tarea difícil. – Uno de aquellos malnacidos era el padre de esta serpiente. Seguro él seguirá los pasos de su…
- ¡Cállate estúpido! – Grité parándome en seco aún de espaldas a todos. – ¡No sabes nada de mi vida!
- ¡Sé lo suficiente para saber que acabarás convertido en uno de ellos!
- ¡No! ¡No sabes nada! – Bajé los pocos peldaños que nos separaban y me acerqué peligrosamente a él. – Te crees que sabes mucho, ¡pero no tienes ni puta idea de nada!
- ¡Creo que nos ha quedado bastante claro de que parte está tu familia! – El pobretón no se sentía intimidado ante mi presencia, lo notaba en aquella mirada amenazante que nunca antes la había visto. - ¿O me vas a negar lo que hemos visto en el cementerio?
Esa pregunta me dejó sin respuesta. Le miré desafiante apretando fuertemente la varita que sin darme cuenta la tenía entre los dedos de mi mano derecha. ¿Cómo se atrevía aquel estúpido? Todo el mundo le tenía respeto a los Malfoy, pero en los ojos de Weasley sólo veía furia, ni una sola pizca de miedo.
- Te dije que te callaras, comadreja. – Siseé como la serpiente que era. – O sino…
- ¿O sino qué? – Me retó alzando la cabeza en un claro ejemplo de intimidación. No sabía en qué momento el Weasley se había vuelto tan arrogante, pero el cambio no me gustaba en absoluto.
- Sino… - Coloqué mi varita en su estómago y apreté la punta contra él. – Atente a las consecuencias.
A diferencia de lo que esperaba que hiciera, la comadreja no dejó de mirarme, con el odio pintado en su mirada. Rechinó los dientes y sacando su propia varita la acercó a mi estómago ejerciendo la misma presión que yo le hacía a él. Me asombró ese gesto por su parte, pero en ningún momento lo dejé traslucir en mi semblante, el pobretón no se iba a salir con la suya.
- El que tendría que tener cuidado eres tú, hurón. – Apretó con más fuerza su varita en mi estomago. – No te tengo miedo.
Seguí mirándolo reflejando todo el odio en mi mirada. ¿En qué momento se habían tornado las cosas? ¡Él era el estúpido amigo de Potter! ¿Cómo se atrevía ni siquiera a dirigirme la mirada?
- Ron, déjale, por favor. – La sabelotodo se había acercado hacia nosotros sin percatarme de su presencia. Estaba más pálida que antes y temblaba ligeramente. – No merece la pena.
Dirigí mi mirada hacia ella y una rabia, más fuerte que la que había sentido al escuchar las palabras de la comadreja, se posicionó en mi garganta, nublándome la vista. Ahí estaba Granger, despidiendo bondad por sus poros, defendiendo a su inútil amigo, mirándome con la lástima que le solía caracterizar. ¡A la mierda su bondad y a la mierda su lástima! ¡No necesitaba nada de todo aquello!
- Como no, la defensora de los inocentes hace aparición. – Dije con mi tono sarcástico característico. Aparté la varita del estómago del Weasley y dirigí toda mi atención hacía Granger – ¿Qué se siente al ser defendido por una chica, Weasley?
Granger, a pesar de lo débil que se encontraba, me dirigió una de sus miradas más desdeñosas y agarró la mano del pelirrojo para que no me apuntara con la varita. Ver su mano en el brazo del pelirrojo me hizo sentir una rabia que no había sentido antes. ¿Por qué sentía la necesidad de apartar de un empujón el contacto entre aquellos dos? ¡Qué más me daba a mí!
- Estúpida panda de leones. – Murmuré dándome la vuelta para dirigirme de nuevo hacia mi habitación. Necesitaba estar solo. Necesitaba salir de allí. Necesitaba gritar.
- Malfoy. – La voz autoritaria de Potter hizo detenerme antes de poner un pie en las escaleras. ¿Qué querría ahora? No había atacado a su amigo, me tendría que dar las gracias por no haberle hecho borrar aquella sonrisa de pobretón. – Si no quieres ser juzgado equivocadamente… – Notaba como se acercaba a las escaleras, tensé la espalda en un reflejo voluntario. – …cuéntanos tu versión de lo que acabamos de presenciar.
Apreté la mandíbula y respiré ruidosamente. Tenía que haber escuchado mal, ¿Potter se creía con el derecho a exigirme nada? ¡A él que le importaba! Me di la vuelta y ahí se encontraba él, San Potter. De pie en medio de la habitación, con esa aura que le hacía parecer un chico inocente ante de los ojos de todos. Esa aura que decía: "¡Eh! Estoy siendo el bueno porque estoy hablando con el malo y no dándole una patada en el culo". Esa aura que desde el primer día había tenido conmigo cuando le ofrecí mi mano. ¡A la mierda con él!
- ¿Perdona? – Pregunté. Weasley se había separado de Granger y ahora se encontraba al lado de Potter, regalándome la misma mirada de antes. – ¿Quién coño te crees tú para exigirme nada? – Longbottom se fue acercando a la pareja de amigos, y aunque su mirada no era tan despectiva como la del pelirrojo, se notaba su actitud desafiante. – No me conoces, Potter.
- Malfoy, sino quieres ser juzgado…
- ¿Sino quiero ser juzgado? – Rugí abriendo los brazos y avanzando un paso hacia ellos. – No me hagas reír Potter. – Solté una carcajada triste y me pase la mano por el pelo. - Aquí fui juzgado desde el primer día. – Y dirigí mis ojos hacía Granger. No me sorprendió encontrarla con la cabeza alzada, tan altiva como siempre. Estúpida comelibros.
- Entonces cuéntanos. – La pequeña Weasley se acercó al grupo y cruzó los brazos a la altura del pecho. Su actitud era tan desafiante como los demás tenían conmigo. Pero, ¿qué me podía esperar de aquellos idiotas?
- ¿A vosotros que mierda os importa mi vida? – Grité irritado por momentos. - ¿Con qué derecho venís a reclamarme nada? ¡No soís nadie!
- La sala nos ha elegido por algún motivo. – Granger se acercó a paso lento a donde se encontraban los otros Gryffindors. El esfuerzo pareció cansarla, ya que paró y respiró hondamente antes de seguir hablando. - Sólo queremos saber, Malfoy.
- ¡Por mí la estúpida sala y todos vosotros podéis iros a la mierda! – Ya me estaba hartando de aquello. Apreté fuertemente la varita entre mi mano y mis nudillos se blanquearon. Debía controlarme. – ¡Yo no quise entrar! ¡Yo no elegí nada!
- Pero la sala sí. – Granger y su tono de sabiondilla, ¿cuándo aprendería a dejar de ser tan irritante? – Y si la sala nos ha elegido. – Cerró los ojos y respiró profundamente de nuevo, le costaba mantener la conversación. – Es por alguna razón.
- A todos nos ha elegido por algo. – Potter dirigió la vista a todos los presentes. Los que no se encontraban con ellos miraban la situación asustados sin pronunciarse de alguna manera. Las chicas de Ravenclaw seguían juntas y aquel oriental de Hufflepuff mantenía la misma postura protectora con ellas. La chica rara de Ravenclaw miraba todo con ojos aterrados tapándose la boca con ambas manos y Lovegood seguía junto a Theo. Los dos tenían aquella mirada que tanto odiaba en las personas, lastima. Y fue lo máximo que mi mente pudo aguantar.
Cerré los ojos con fuerza, respiré hondo soltando lentamente el aire de mis pulmones en un intento por tranquilizarme. Cuando abrí los ojos nuevamente, centré mi atención en el cara rajada, sabía que si fijaba mi vista en el pelirrojo no dudaría en lanzarle un "Furnunculus" que le dejaría más tonto si aquello era posible.
- Tengo que compartir esta sala con vosotros a la fuerza. – Dije despacio. – Pero no pretendáis que participe en vuestras conversaciones o que intente adivinar las razones por el cual estamos aquí, porque no lo haré. – Fijé mi atención en Granger, ahora abrazada a la Weasley. ¿Estaba cada vez más pálida? – Así que si sabéis lo que os conviene, dejadme en paz. – Esta vez mi mirada se dirigió al Weasley.
Theo se levantó, cruzó la sala y cogiéndome del brazo me arrastró con él por las escaleras. No sabía si estaba enfadado o molesto, ya que no podía ver su rostro, pero el agarre de su mano en mi brazo no me indicaba un gesto de felicidad. Perfecto.
No llegamos a poner un pie en el pasillo cuando escuchamos un grito que retumbó haciendo eco en las paredes de Alea Aurea.
- ¡Hermione!
Me giré a tiempo para ver como la pelirroja sostenía a una desmayada Granger, que debido al peso inerte de la sabelotodo tenía que hacer grandes esfuerzos para que no se cayera. Potter y compañía pronto fueron a su ayuda y cogiéndola entre todos la trasladaron al sofá donde la soltaron con delicadeza.
¿Qué la había pasado? ¿Por qué era la segunda vez que la veía desplomarse en menos de una hora? ¿Por qué si se encontraba tan mal no se había ido directamente a su habitación? Estúpida orgullosa. Mis latidos comenzaron a ir más rápido notando una opresión en mi pecho, intenté apartar la vista, pero mi cerebro no mandaba la orden. ¿Qué me importaba a mí nada de todo eso?
- Hermione. – La pelirroja zarandeaba suavemente a Granger sin obtener ningún resultado.
- Antes en el cementerio también se desmayó. – Comentó Potter agachado junto a ella. – Pero no creí que se encontrara tan mal.
- Está ardiendo. – Dijo la pelirroja de Ravenclaw tras ponerle la mano en la frente. - ¿Qué hacemos?
- Lo primero. – Lovegood se acercó a Granger. – Tenemos que reanimarla – Y apuntó con su varita al pecho de la castaña pronunciando el hechizo. - Enervate.
Granger abrió los ojos lentamente parpadeando varias veces hasta dejarlos medio abiertos. Lovegood sonrió aliviada y yo expulsé todo el aire que sin darme cuenta habían contenido mis pulmones. Theo me miró de reojo con expresión extraña.
- Hermione. - Susurró dulcemente la rubia acariciando una de sus mejillas. - ¿Qué te ha pasado?
- Estoy bien, Luna. – Intentó sonreír pero todo lo que consiguió fue una mueca que se convirtió en un ataque de tos. Para nada estaba bien.
- Hermione, tienes fiebre y te acabas de desmayar por segunda vez en la noche. – Weasley apretó fuertemente el sofá donde se encontraba la sabelotodo. - No nos digas que estás bien.
- Ron tiene razón. – Contestó Potter mirando fijamente a la castaña. - Estás enferma.
- No, no lo estoy. – Negó con la cabeza cerrando los ojos al terminar. – Sólo necesito descansar.
- No, lo que necesitas es ir a la enfermería. – La Weasley puso las manos en jarras utilizando su tono más autoritario.
- Ginny. – Replicó la castaña incorporándose en el sofá. Su cara se transformó en una mueca de dolor. – Estoy bien. – Volvió a repetir sonriendo para confirmar su respuesta, pero de nuevo aquella mueca de dolor que la hizo cerrar los ojos. ¿Se creía que alguien se tragaría aquel cuento?
- Hermione…
- Está bien. - Lovegood sonrió cortando a Potter. – No hace falta que vayas a la enfermería. - Aquello sorprendió a todos los presentes, incluido a mí. ¿Acaso no veía Lunática que Granger no estaba bien?
- ¿De verdad? – El asombro cruzó por la cara de la sabelotodo, seguro no se esperaba ganar tan pronto la batalla del "estoy bien"
- ¿Pero qué dices Luna? – Chilló el pelirrojo acercándose a Lovegood. - ¿No ves que no se encuentra bien?
- Lo sé. – Asintió Lovegood dejando más perplejo a Weasley. Aquello me hizo sonreír. "Chúpate esa, Weasley". - Pero es muy tarde. – Consultó el reloj que tenía en su muñeca. – Y Hermione me va a prometer que mañana por la mañana irá a la enfermería nada más levantarse, ¿verdad? – Miró fijamente a Granger. Esta asintió con una sonrisa en la cara murmurando un "gracias" a la rubia.
- Pero… pero… - Weasley intentó contradecir a Lovegood pero las palabras no salían de su boca.
- Déjalo Ron. – Potter se acercó a Weasley poniéndole una mano en el hombro. – Luna tiene razón, es tarde.
- ¿Tú también estás con ella?
- No, pero ahora no podemos hacer nada. – Dirigió su mirada a Granger. - Descansa y mañana te acompañamos a la enfermería.
Esta asintió sonriendo y recostó su espalda en el sofá. ¿Potter era tan tonto para dejarla ahí? ¿No veía que no se encontraba bien? Solo por un instante estuve de acuerdo con la comadreja.
- ¡De acuerdo! – Bufó el Weasley mirando con enfado a Potter. – ¡Me voy a dormir!
- Será mejor que todos hagamos lo mismo. – Longbottom bostezó sonoramente. – Ha sido un día bastante movidito.
Y dicho esto, todos se empezaron a levantar y dirigir sus pasos hacía las escaleras. No me quería encontrar con el Weasley en ese estado, y aunque no me hubiera importado batirme en duelo con él, sabía que no debería. Por lo tanto, me despedí de Theo y me dirigí a paso rápido al cuarto de baño, necesitaba refrescarme.
Cerré la puerta a mis espaldas y recosté mi peso en el marco. Me masajeé las sienes, esto no estaba saliendo bien, nada bien. Primero me obligaban a permanecer en esa sala porque me habían "elegido", ¿quién mierda me había elegido a mí? Y segundo, teníamos que haber revivido aquel recuerdo, aquel exactamente, en el que se ve como mi padre y el de Theo eran mortífagos y estaban con el Señor Tenebroso. ¡Y encima Potter me exigía la verdad! ¡Si yo ni siquiera sabía nada!
- ¡Maldito Potter! - Maldije dando una patada a la puerta que retumbó a mi espalda.
Pero ¿que me esperaba del gran héroe por excelencia? Si él decía que eso no estaba bien todos les seguían el juego como si fueran sus putos bufones. ¿No tenían personalidad propia? Y luego estaba el idiota de Weasley, ¿se pensaba que me daba ni siquiera una pizca de miedo? ¡Estaba hablando con Draco Malfoy! Si quisiera podría hacerle crecer otra cabeza en el hombro y así, al menos, podrían sumar una neurona entre las dos.
- Estaría haciéndose el gallito para impresionar a Granger. – Dije con un retintín que me sorprendió a mí mismo. Suspiré cansado. – No puedo seguir aquí por más tiempo, ¡me estoy volviendo demente!
Me acerqué al lavabo y abriendo el grifo me rocié la cara con agua fresca. El frío líquido me despejó y deje que las gotas recorrieran mi rostro alejando poco a poco el cabreo acumulado. Corté el agua y observé mi reflejo en el espejo. Mi pelo platino se encontraba suelto dejando que dos o tres mechones rebeldes descansaran en mi frente. No se veía mal de aquella manera. Unas pequeñas manchas debajo de los ojos me indicaban el mal descanso que llevaba desde que había ingresado en esa jaula dorada. Necesitaba descansar pero, ¿cómo hacerlo rodeado de tanta gente que me odiaba?
Me aproximé a la puerta y apoyé el oído para comprobar si todos habían vuelto a sus habitaciones. Y pasado un minuto en el que no oí ningún ruido, decidí que podría salir sin sufrir ningún encuentro fortuito. Abrí la puerta y me dirigí con paso veloz a la habitación.
Cuando llegué, agarré el picaporte y tiré fuertemente pero cuál fue mi sorpresa al no obtener ningún movimiento. Intenté otra vez pero la puerta se mantenía tan intacta como si nunca hubiera tirado del pomo. ¡No podía ser! De nuevo la estúpida sala estaba divirtiéndose a nuestra costa. Pero, ¿qué es lo que pasaba ahora para que no me dejara pasar?
Entonces me acordé: la sabelotodo.
Me giré hacia donde se encontraba tumbada, a su lado se encontraba Lovegood que al parecer aún no había vuelto a su habitación. Granger había decidido que iba a dormir allí, por lo tanto la sala no me dejaba entrar en mi propia habitación y descansar como una persona normal. ¿La estúpida no se acordaba de la última vez que no habíamos dormido allí? ¡La sala podía atacar en cualquier momento!
Indignado y enfadado a partes iguales, me dirigí a su lado ignorando cuando Lovegood me saludó. Aunque estaba menos pálida que antes, temblaba ligeramente y su frente estaba perlada en sudor. Eso me cabreó más de lo que estaba, ¿no se daba cuenta que estaba mal?
Ella alzó las cejas en señal de asombro cuando me vio llegar, pero no dijo nada y recostándose de nuevo en el sofá cerró los ojos ignorando mi presencia. Hasta enferma poseía esa actitud altiva.
- La habitación no me deja entrar. – Dije llanamente esperando que ella entendiera.
- ¿Y por qué me cuentas eso a mí? – Preguntó sin ni siquiera volver a abrir los ojos. ¿Acaso no me había escuchado bien?
- ¿Te recuerdo lo que tuvimos que aguantar la otra vez que no quise dormir en la habitación? – Pregunté enfadado. Con esta pregunta si pareció responder, ya que abrió los ojos sorprendida y me miró asustada. – Ahora parece que comprendes.
- ¿Pero has probado a abrir la puerta? – Preguntó tímidamente limpiándose una gota de sudor que le corría por la frente.
- ¿Si he probado a tirar del manillar? – Reí sarcástico. – No soy un jodido Hufflepuff, Granger.
- No hace falta ser tan cínico. – Gruñó y cruzó los brazos en su pecho.
- Si no hicieras preguntas tan idiotas, no lo sería.
- Sólo quería comprobar. - Contestó mirándome molesta. - ¿Y has probado con un Alohomora?
Mierda. Eso no lo había probado. ¿Por qué no se me habría ocurrido? La miré intentando que mi semblante no cambiara.
- La puerta no se abre. – Dije secamente esperando que con eso quedara contenta. Pero ella achicó los ojos mirando con sospecha. No creyó lo que dije.
- Ósea, que no lo has intentando. – Una sonrisilla de suficiencia asomó por su cara.
- No creí necesario utilizarlo. – Tosí y giré mi cabeza. Su sonrisa me crispaba los nervios. ¿Qué más daba si lo había intentando o no? Lo que tenía que hacer era levantarse y ya. ¡Quería mi cama! – Bueno, ¿vas a moverte o no?
- ¿Por qué habría de moverme? – Preguntó de nuevo sorprendida. Giré y la contemplé irritado.
- ¿Estás sorda o qué? – Levanté las manos sin creer como ella siendo tan lista no hubiera entendido nada de lo que había dicho. - La sala no nos dejará tranquilos si no dormimos los dos en la habitación.
- Pero… - Sus ojos se movían rápidos, como si estuviera asustada. – No me encuentro bien…
- Me da igual si te encuentras bien o no. – Repliqué enfadado. – Quiero dormir. Así que muévete.
- Pero…
- Pero nada. – Alcé mi mentón altivo. – Si digo que te levantes, es para que lo hagas inmediatamente. – Fruncí mi ceño en un gesto que no indicaba replica. – No para que te quejes como una niña pequeña.
- Oh, cállate estúpido. – Giró la cabeza recostando su cabeza en el cojín. ¿Era impresión mía o estaba respirando con más dificultad?
Iba a ordenarla de nuevo que moviera su Gryffindoriano culo de allí, cuando una risa cantarina cortó nuestra conversación. Lovegood reía tapándose la boca con la mano. ¿Dé que se reía aquella loca?
- Sois los dos muy graciosos. – Sonrió más profundamente y se agachó para dar a un beso en la frente a Granger. – Ya sabes, mañana a la enfermería. – Le recordó. La sabelotodo asintió de nuevo tapándose con la boca el nuevo ataque de tos. – Y hazle caso. – Contestó mirándome fijamente aún con su sonrisa en la boca. ¿Me había perdido algo?
- Buenas noches, Malfoy. – Dijo al cruzarse conmigo e hizo algo que nunca esperé ver de Lovegood, me guiñó un ojo. Aquello me dejó tan descolocado que no vi como ella se tapaba la boca riéndose y subía las escaleras a pequeños saltos. ¿Podía ser la noche más surreal?
Sacudí la cabeza, esperando que con ese simple gesto pudiera olvidar lo que acaba de pasar, y presté toda mi atención en Granger para ordenarla de nuevo que saliera de allí. Se encontraba con el cuerpo ladeado, por lo que no podía verla la cara, pero si el cuerpo que tiritaba un poco. ¿Qué narices le pasaba?
- Granger, no te valdrá la pena hacerte la mártir conmigo. – Me crucé de brazos y acerqué más mi cuerpo en un intento de verle la cara, pero su cabello me lo impedía. – Así que o te mueves o mi varita lo conseguirá. – Amenacé sin elevar la voz. – Tú decides.
Pero ella no pudo hacerme menos caso, ya que seguía en la misma posición de antes y ninguna señal de haber escuchado nada de lo que había dicho. Eso me enfureció, si estaba ignorándome en mi propia cara, iba a sufrir las consecuencias.
- ¡Granger! – Elevé la voz con el propósito que reaccionara, pero nada, era como si se hubiera quedado sorda en ese instante. – ¡Granger! – Volví a alzar la voz. Estaba perdiendo toda la paciencia, estaba cansado y necesitaba dormir. Ella continuaba igual, sólo que esta vez tembló un poco más fuerte. - ¡Joder, Granger! – Grité desesperado, rodeando el sofá para enfrentarla. Pero no esperé lo que pasó a continuación.
Su cuerpo se mantenía en la misma posición, ladeado hacia el lado de la chimenea, por lo que su mano descansaba en el suelo a consecuencia de la postura. Su cabeza se encontraba más cerca del suelo que del cojín en el que antes descansaba, y aunque sus rizos cubrían la mayor parte de su cara, se notaba la palidez de su piel y las gotas de sudor que enmarcaban su rostro. Me asusté y sin ser consciente de ello, acerqué una mano hacía ella para intentar al menos colocarla en una posición más adecuada. Pero no llegué a poner mi mano en su cuerpo cuando, como si alguien le hubiera empujado, rodó por el sofá hasta dar con el suelo. La alfombra amortiguó el golpe.
- ¿Granger? – Pregunté más alarmado de lo que nunca llegaría a aceptar. Me agaché a su lado y la zarandee suavemente, llamándola de nuevo. Esta vez sí conseguí una respuesta suya, y aunque solo fue un simple quejido eso sirvió para mitigar el nerviosismo que se había instalado en mi estomago.
Me incorporé rápidamente sin saber qué es lo que debería hacer. Todo el mundo se había ido a dormir y no podía ir a buscar a Theo, porque no tenía ni puñetera idea de donde se encontraba su habitación. Además estaba seguro que la sala no me dejaría pasar a otra que no fuera la mía. Gritar era una opción, pero si quería pasar toda la noche en la enfermería por una maldición conjunta de cara rajada y comadreja, no estaría mal hacerlo. Bufé pasándome desesperado la mano por el ya desordenado cabello, ¿qué hacía? Y de nuevo me vi entre la espalda y la pared, como siempre me ocurría con ella.
Murmurando palabras inteligibles, me agaché junto a ella e intenté por última vez reanimarla. Pero fue en vano, ella no respondía. Suspiré cansado, no había otra opción posible que llevarla yo mismo a la habitación. Cogí su brazo colocándolo alrededor de mi cuello a la vez que acomodaba mis brazos en torno a sus piernas y espalda. Y por segunda vez en mi vida, la sabelotodo descansaba en mis brazos.
Temblaba levemente y enseguida me vi envuelto por el calor que desprendía su cuerpo afiebrado. ¿Cómo podía haber dicho que se encontraba bien? Observé su cara perlada de sudor y un sentimiento de agonía se instaló en mi cuerpo. Sus ojos cerrados fuertemente y su respiración agitada, crearon en mí un aura de protección total con ella.
Y de pronto ella se removió en mis brazos y abrió despacio los ojos, parpadeando débilmente. Me quedé rígido y un escalofrío recorrió mi espina dorsal. ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora?
- ¿Malfoy? – Preguntó con voz ronca aún parpadeando flojamente. No sabía que responder, por lo que un gruñido fue mi única señal. – Me gusta lo que te has hecho en el pelo. – Confesó con una sonrisa débil. Y cerrando los ojos, se volvió a desmayar.
Me quedé estático con mis brazos alrededor de ella, sin saber cómo reaccionar ante lo que me había dicho. ¿Había oído bien? ¿La sabelotodo me acababa de decir un cumplido? Miré profundamente su cara, y aunque se notaba que la enfermedad estaba haciendo mella en ella, una sonrisa adornaba su pálido rostro. Y sin ni siquiera saber el motivo, mis labios se curvaron en una tímida sonrisa.
La cargué de nuevo junto a mi pecho, y su respiración agitada se ocultó entre el hueco de mis brazos. Ignorando el escalofrío en mi espalda, rodeé el sofá dispuesto a subir las escaleras para dirigirnos a nuestra habitación. Un sonido metálico retumbó por la sala, seguido de lo que parecía el crujir de una llave con su cerradura. No anduve dos pasos, cuando alguien tiró de mi hombro haciendo que me girara completamente. Nunca esperé ver a quien me encontré.
- Draco, dame ahora mismo a Hermione. – Mi profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras se encontraba frente a mí, estirando los brazos para poder así realizar el intercambio de Granger. Después del asombro inicial, una rabia me invadió completamente al ver como el hipócrita de Eugene irradiaba una profunda preocupación por Granger.
- Creo que puedo yo solo. – Contesté y sin darle tiempo a replicar me giré de nuevo hacia las escaleras. Pero no pude dar un paso, cuando nuevamente él tiró de mi hombro, más bruscamente que antes, y me posicionó delante de él. No apartó su mano de mi hombro.
- Necesita ir a la enfermería. – Contestó con el tono autoritario que le caracterizaba por ser mi profesor. Intentaba intimidarme, lo sabía. Miré alternativamente su mano y a él, pero él tenía sus ojos clavados en mí, y no se daba cuenta que su mano no era bienvenida en mi hombro.
- La llevo a su habitación. – Subí de un golpe el hombro para así quitar su mano de allí. – Como ella ha pedido.
- No. – Su mirada fija en la mía, retándome silenciosamente. – La llevo a la enfermería y no hay más que hablar.
Y sin darme tiempo a reaccionar, colocó las manos en las piernas de ella y en su espalda, y con un simple tirón, Granger ya no estaba entre mis brazos. La rabia me recorría completamente, ¿cómo se atrevía el idiota ese? Apreté fuertemente mis puños. No sólo se atrevía a entrar en la sala, sino que exigía como si fuera el amo del lugar. Y además, ¿cómo se había enterado? Nadie había salido de la sala. Y de repente un pensamiento se posicionó en mi mente dejándome k.o. ¿Por qué estás comportándote así? Mis brazos quedaron laxos a mi alrededor, no sabía que responder.
- Vuelva a la cama Señor Malfoy. – La voz de mi profesor me despertó de mi letargo. - Y si quiere mi humilde opinión, déjese llevar.
Y dicho esto salió por la puerta dejándome más confundido que antes. De nuevo, aquel profesor se llevaba a Granger en brazos y no sabía cómo sentirme.
¡Hola a todos!
Esta vez actualizamos Lili y Patricia, porque como ya dijimos en el anterior capítulo, estamos pasando una semana juntas y hoy es nuestra última noche antes de que Lili se vaya a Manchester, así que hemos decidido subir este nuevo capítulo y desvelar más los intrincados secretos de Alea Aurea.
Sabemos que este capítulo va a generar polémica en cuanto al personaje de Ron, pero creemos que es una transición necesaria para la evolución de los personajes. Con este queremos decir que Ronald es uno de nuestros preferidos y será parte importante de la futura trama. Además, comprendedles la convivencia no es fácil. Poneros en su piel si tuvierais que compartir la estancia con Draco Malfoy... bueno quizás... tal vez... *Lili y Patri se alejan haciendo la croqueta imaginándose la situación*
Esperamos que os haya gustado el capítulo, se han resuelto dudas del anterior aunque han surgido algunas nuevas, pero eso es lo emocionante de Alea Aurea. Nos encanta escuchar vuestras ideas y teorías varias, así que no dudéis en dejarnos un comentario explicándolas. Esta semana ha sido muy emocionante la espera de los reviews, porque era la primera que estábamos juntas para leerlos. Gracias a todos :)
*Habla Lili* Muchas gracias a todos los que me han dicho que me vaya bien en Manchester y que tenga mucha suerte. Es una experiencia totalmente nueva para mí, nunca antes había pasado más de un mes fuera de casa y menos aún mudarme, y aunque voy a echar mucho de menos mi vida, sé que voy a comenzar una nueva con la que nuevas experiencias vendrán a mí :) Estoy muy emocionada, pero a la vez nerviosa, pero sé que todo irá bien porque me voy al país de Harry Potter, ¿quién no estaría bien viviendo allí? Así que ya sabéis, si alguna vez visitáis Manchester no dudéis en decírmelo que estaré encantada de conocer a uno de nuestros lectores y comentar fanfics :)
*Patri al habla* En cuanto a lo de la entrevista con Disney, ¿que os puedo contar? Fue todo genial, hablar con un profesional de tal importancia fue un gran paso en mi profesión. Me hizo muchísima ilusión y me dio ánimos para seguir hacía delante como artista. Siento aplazar los dibujos una vez más, pero esta vez es por una buena causa, hacer el loco con Lili esta semana. Aún así, no os quiero dejar con las ganas y hemos pensado que quizás alguno de nuestros lectores conozco la red social Tumblr, por lo que podríamos intercambiar direcciones y allí podría compartir parte de mis ilustraciones/dibujos. Muchas gracias a todos :3
*Las dos se pelean por el teclado, por lo que una escribe con la derecha y otra con la izquierda* Como bien ha dicho Patri, aquí os dejamos nuestros nicknames en tumblr. Lili: withsherlockinthetardis y Patri: ladycharisma
Y aquí llega nuestra sección más esperada por todos, la sección... *redoble* ALEA AUREA MOMENTS *se oye de fondo a Patri cantando una canción de Los Beatles*
¿Alguna vez os habéis preguntado quién es Elizabeth y Phoebe? ¿Y más aún porque esos apellidos? Pues bien, hoy os contaremos de donde surgieron estos personajes. Como bien sabéis, Eugene está inspirado en el príncipe de enredados que a su vez está inspirado en Zachary Levi (afñlsjlasjdflsf). ¿En quién creéis que están basados estos personajes? Elizabeth Smith en un principio se llamaba Lily Rain, y en efecto era nuestra Lili con su pelo rubio y su melena rizada. El apellido de Rain proviene del cantante coreano Bi Rain. Ahora se llama Elizabeth porque es uno de sus nombres favoritos y el apellido viene de uno de nuestros preferidos, el bello Matt Smith. Dato curioso: Lili es una Gryffindor de los pies a la cabeza, pero no dudó en cambiarse de casa para juntarse con su mejor amiga.
Lo que nos lleva a la identificación del siguiente personaje, Phoebe Tyler. En un principio, se llamaba Patricia Lennon, el nombre se cambió a Phoebe gracias al maravilloso personaje que nos brindó la serie de Friends, con la que Patri se siente muy identificada. El apellido se cambió a Tyler para que no resultara demasiado obvio sus orígenes, este nuevo pertenece a una de las protagonistas de una de nuestras series favoritas Doctor Who; su nombre Rose Tyler. Dato curioso: Ella es una Ravenclaw de pura cepa.
Este espacio ha sido patrocinado por la muchachita fangirl de la película "Goofy e hijo". Para ver link, acudid a nuestro perfil.
Un beso croquetoso.
*Lili y Patri se tiran por una colina haciendo la croqueta, Missy las persigue maullando despacito*
