Imagen 39: Hombre frente a ramos de flores. Scripturiens

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GRABADO EN EL CORAZÓN

~ Flores para Sora ~

—¿Es una broma? —su voz aguda le hizo dar un respingo—. ¿Flores?, ¿a la hija de una florista?, ¿flores?

Ishida resopló dejando momentáneamente el ramo que estaba contemplando, mientras le dedicaba una sonrisa de disculpa a la tendera. Se volteó, enfocando a la muchacha de ondulado cabello, que ahora mantenía los brazos en jarra, en posición desafiante.

—Por eso mismo las valorará. Además, hace semanas que no ha podido ir a casa de sus padres y el último arreglo floral ya se está marchitando.

—Como vuestra relación —Yamato la fulminó por su descaro, no obstante, Mimi no se dio por aludida y enfocó el puesto. Negó con un sonoro resoplido—. Flores funcionan en una pelea de nivel dos, tres a lo sumo, pero a ti te ha echado de casa, eso es nivel ocho y esas no se solucionan con flores.

—No me ha echado de casa, me he ido yo —recalcó Yamato, ofendido por la habilidad que esa muchacha tenía para dramatizar las situaciones.

—A comprar flores…

—A pensar.

—¿En comprar flores?

Ishida se rindió.

—Solo quiero tener un gesto amable con ella y olvidar la estúpida disputa.

Y Mimi pareció comprender la situación, o al menos trató de hacer un esfuerzo.

—En ese caso… —tomó un ramo de rosas rojas— la flor de la pasión —dijo con una sonrisa cómplice, guiñándole un ojo.

Yamato incluso se sonrojó, pero no tardó en retirar el ramo.

—No sé, ¿no es muy obvio?, es decir, prefiero algo que nos invite a hablar primero.

—Tienes razón, sexo de reconciliación solo funciona hasta el nivel cinco —se dijo a sí misma, rebuscando entre más ramos.

—No estamos en nivel ocho —quiso recalcar Ishida, a pesar de que no entendiese mucho en que se basaba el sistema de peleas por niveles de Mimi, solo sabía que al diez jamás había que llegar o ella misma se encargaría de convencer a Sora de que no volviese con él jamás—. ¿Qué tal este? —cogió un sencillo ramo de lirios blancos.

Mimi negó disconforme.

—¿Acaso acaba de dar a luz?

Ishida resopló, empezándole a hastiar la situación.

—Creo que conozco los gustos de mi novia un poco mejor que tú —contestó, de manera altanera, pues sabía que esas eran sus flores favoritas. Sin embargo Mimi se las arrebató.

—Entonces sabrás que flores regalarle cuando sea madre.

El hombre quiso gritar, para de alguna manera hacerla desaparecer, pero tan solo pudo apretar los dientes e intentar calmarse. Esta vez agarró un ramo de margaritas amarillas.

—Le gusta el amarillo.

Mimi torció el morro.

—Son como de arrepentimiento, ¿no?

Yamato encogió los hombros, no le parecía mal significado.

—Me arrepiento de la desavenencia —no solía emplear palabras más fuertes para no darle mayor importancia.

Tachikawa puso los ojos en blanco, no creyendo que ese chico pudiese ser tan ingenuo.

—Pero tras una discusión —ella no tenía tantos miramientos, lo que incomodó a Yamato—, en la que te has ido de casa —tan solo llevaba una tarde fuera, pero ella lo narraba como si fuesen meses—, solo puede significar: me arrepiento de haber estado con otra mujer mientras estábamos peleados.

—¿Qué dices? —se revolvió ofendido.

Mimi cambió de expresión súbitamente. Esbozando una enorme sonrisa, se colgó del brazo de Ishida apoyando la cabeza cerca de su hombro, el cual no llegaba a alcanzar a pesar de los tacones. Señaló el ramo.

—¡Creo que es perfecto para tu madre, cariño! — exclamó a viva voz, dejando perplejo a Ishida.

Ella permaneció colgada de él un poco más, hasta que lentamente y mientras su mirada miel seguía algo que Yamato no logró identificar, fue deslizando el brazo por el de Yamato, hasta rozar su mano y retirarla. Yamato se quedó unos segundos a la espera de una explicación que no llegó, Mimi ya estaba mirando y oliendo una y otra flor.

—¿Qué acaba de ocurrir?

Tachikawa lo miró de reojo.

—¿Cómo dices? —no pudo mantener esa posición por muchos segundos, en seguida suspiró—. Es ese tipo que pasó, la otra noche salí con unas amigas y bailé con él y charlamos pero no me interesa y se está poniendo un poco pesado. Creí que si me arrimaba a ti no me daría la lata.

Lo primero que hizo Yamato fue intentar buscar con la mirada al tipo en cuestión, pero ya estaba fuera de su alcance, luego, endureció la voz, sobresaltando a la castaña.

—¿Quieres que hable con él? —Tachikawa agitó la cabeza con confusión y Yamato entendió que no había sido lo suficientemente claro. Sonrió, relajando su rictus—. No tienes hermanos por lo que es responsabilidad de tus amigos ocuparse de dejar las cosas claras a esa clase de chicos.

Y Mimi sonrió enternecida por la determinación de sus palabras. Creyó que de verdad, si en ese momento le pedía que le diese una paliza a ese pobre muchacho, el galante Yamato hubiese ido tras él y le hubiese traído su cabeza en una pica. Por un momento hasta vislumbró su brillante armadura con la ofrenda. Solo que sin sangre, ni muerte, porque eso le parecía horripilante.

—No es necesario, pero gracias.

Ishida asintió, desviando la vista ahora al ramo que aún permanecía en su mano.

—Me gusta cuidar de las personas que quiero —musitó, rotando el ramo con un aura ensombrecida.

Mimi la notó y por ello lo golpeó en el hombro antes de que llegase a apoderarse del todo de él.

—¿Y de mí también?

Funcionó, el rubio la miró amenamente. Digamos que había aprendido a querer a la caprichosa y extravagante muchacha de corazón puro que era Tachikawa.

—Estás en el grupo, sí.

La joven se irguió, sintiéndose importante.

—¿Dentro de las dos primeras? —perdió la sonrisa al escuchar la incrédula risa de Ishida —. De chicas… ¿a quien quieres más que a mí?, me pongo la segunda, después de Sora claro, no soy tan egocéntrica —explicó, como si Ishida no lo hubiese entendido y a ello se debiese su confusión.

El rubio desvió la mirada.

—Bueno, realmente… están Hika-chan, Miyako, Meiko, la novia de Jyou… ¡Jun!, como olvidarme de ella… —y viendo que la enumeración se alargaba, Mimi lo cortó, entrecerrando los ojos con deprecio.

—Sí bueno, tú también están entre mis cien primeros… doscientos para ser exacta, dejé muchos amigos prioritarios en USA.

Yamato volvió a reír, oficialmente, a Mimi ya no le importaba lo que hiciese, pero siguió sus movimientos, viendo con desconcierto que compraba el ramo de rosas rojas. Este le dedicó una insinuante mirada.

—Te dije que no es nivel ocho —aseguró, pero antes de emprender el regreso a casa, le tendió una de las rosas a ella—. Gracias por todo… número dos…

Y Mimi sonrió satisfecha y orgullosa, y aunque muy posiblemente jamás se lo dijese, él también ocupaba un número alto de la tabla, tal vez no el segundo, pero si entre los cinco primeros, porque esos puestos siempre los ocuparían sus hermanos de aventuras.

-OWARI-

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N/A: ¡mi primer mimato amistoso! Ahora que he madurado, me apetece explorar la relación de amistad de estos dos, siempre me ha parecido que puede ser graciosa e incluso tierna.

Gracias por leer! soratolove/sorato4ever