Genio Embotellado
(Bottled Genius)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 9
Lavandería y Aloe Vera
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"Como desees."
El mentón de Onigumo se levantó levemente mientras notaba la siniestra sonrisa que se había extendido en los labios de Inuyasha. "¿Por qué estás tan feliz? He superado la trampa que querías ponerme."
"No puedes volverte un Cumplidor de Deseos." Inuyasha continuó levemente pagado de sí. "Sin embargo, no pediste tener algo peor que la esclavitud eterna…"
"Esclavitud. Así es como los niños lo llaman estos días." Comentó Onigumo secamente.
"Quieres poder como yo… un hanyou…" él ladeó su cabeza levemente, aún con mofa. "Bueno, supongo que lo dice todo, así que me saldré con la mía." Sin una mirada atrás Inuyasha se giró y se detuvo para recoger a Kagome en sus brazos.
Onigumo avanzó hacia él enfurecido. "¡¿A dónde crees que vas?!"
Pero de repente comenzó a desacelerar su paso mientras cada ventana en la pequeña y ruinosa edificación se abría simultáneamente con un fuerte estallido que lo hizo saltar. Inuyasha no parpadeó ni una vez. La puerta se abrió unos momentos después, rebotando contra la pared. Onigumo saltó de nuevo para encarar la puerta. Inuyasha no se inmutó, pero continuó observando a Onigumo de cerca.
"¿Qué demonios es esto?" murmuró Onigumo, una molesta expresión pasó sobre su rostro, pero la ansiedad era clara en su voz.
Inuyasha se giró sin más palabras y atravesó la puerta abierta, la mano derecha de Kagome golpeó el marco levemente mientras pasaba. Murmuró algo gruñona y levantó su mano hacia su pecho. Onigumo frunció otra vez. "¡¿A dónde demonios crees que vas, idiota?!" él se precipitó furioso, planeando seguirlos por la puerta – si no se hubiese cerrado antes de que pudiera alcanzarla.
Afuera Inuyasha se detuvo en el camino y bajó a Kagome al borde del pavimento, tras él escuchaba la furiosa sacudida del pomo mientras Onigumo intentaba abrir la puerta. Después de unos momentos se detuvo – luego la puerta comenzó a saltar en su marco mientras el ocupante de la cabaña comenzaba a lanzar su peso contra ella. Inuyasha observaba pasivamente. Ninguna fuerza en el mundo podría derribar esa puerta ahora.
El viento estaba comenzando a arreciar. Leves susurros de aire que habían estado meneándose en las alturas de los árboles se transformó en fuertes ráfagas. Los árboles mismos no se mecieron más gentilmente, sino que comenzaron a doblarse y a azotarse. Irritado, Inuyasha retiró su rebelde cabello de su rostro mientras comenzaba a dar latigazos alrededor de su garganta y a oscurecer su visión.
Nubes de tormenta estaban amenazando arriba, y el discreto lamento del viento fue superado por el profundo bramido de los truenos en la distancia. Kagome comenzó a moverse de nuevo cuando pequeñas gotas de lluvia comenzaron a golpear su rostro.
Mientras tanto, Inuyasha se impacientaba. "No debería demorarse tanto…"
Pero en cuanto vociferó su queja, los cielos sobre él se abrieron y cadenas sobre cadenas de demonios comenzaron a atravesar el espacio entre las nubes. Una pequeña sonrisa tocó a Inuyasha mientras escuchaba a Onigumo renovar sus esfuerzos por derribar la puerta con más vigor. Los demonios estaban acercándose… tenían que ser cientos, si no miles de ellos.
No había contado con tantos, pero entre más mejor.
Inuyasha le dio a Kagome una cautelosa mirada, pero encontró que sólo se movía gentilmente, perdida en sus sueños. Eso era bueno, si veía todo esto probablemente se espantaría de forma mayor.
La distancia estaba cerrándose, los demonios se acercaban, dirigiéndose hacia Inuyasha. Garras, colmillos, ojos abiertos y horribles parecían revolverse como un enjambre de abejas descendiendo. El espacio se tornaba a simples metros entre ellos, y los demonios en las líneas frontales comenzaron a abrir sus bocas y a extender sus brazos, descubriendo cualquier arma que tuvieran mientras se preparaban para atacar.
Hasta que Inuyasha levantó su mano. Y todos se detuvieron.
Un mortal silencio descendió en la vecindad. "No se preocupen… no voy a exterminarlos, no son mis órdenes." Inuyasha bajó su mano y cruzó sus brazos gruñón. "Estoy aquí para entregarles un poco de comida… y un nuevo recipiente."
El silencio continuó.
"Así que ustedes son todo lo que queda de la población youkai…" él suspiró antes de dirigir una mirada hacia la cabaña que aún emitía furiosos gritos de un enojado Onigumo. "Cerdo. La maldad en su alma será muy apetitosa, se los aseguro."
La fila de demonios de repente se desvió a un lado, dirigiéndose hacia la cabaña.
Con su trabajo hecho, Inuyasha se agachó y levantó a Kagome en sus brazos, no muy al estilo novia ya que sus brazos descolgaban flácidos y él la sostenía debajo de las rodillas y bajo los brazos – no en la tierna posición de los muslos y cintura.
No miró atrás mientras bajaba por el camino, moviéndose a full velocidad por el caliente pavimento de la vacía carretera, dirigiéndose hacia la vieja casa de Kagome. Tras él escuchó el sonido de la cabaña siendo destruida y desaparecida mientras los demonios descendían en ella. Escuchó los gritos de Onigumo mientras era consumido. Pero no se sentía culpable… de todas las personas que habían muerto por él – este era el primer hombre que merecía su muerte.
Ellos lo consumirían, sus poderes se fusionarían y Onigumo se perdería en él. Sería un hilo en un tapiz de youkai. Un humano perdido en poder sobre su cabeza. No pedirá más deseos… efectivamente estaba muerto - aunque su deseo por la inmortalidad eterna no se rompería… después de todo, técnicamente aún estaba vivo.
"Inu… yasha…"
Él dirigió su mirada hacia la chica en sus brazos. Sus ojos estaban abiertos pero aún parecía aturdida y fuera de sí.
"¿Qué pasó?" ella levantó su mano para frotar sus ojos. "¿Dónde estamos…?"
"Uh… verás… la cosa es…" él buscó torpemente su punto de presión. Lo tocó y ella gritó de dolor.
"¡Ow!" ella lo golpeó furiosa en el hombro. "¡Eso duele, tonto!"
Él lo tocó de nuevo desesperadamente.
"¡¡Oye!!" gritó ella, ahora totalmente consciente a pesar de sus esfuerzos. "¡Bájame en este instante!"
De acuerdo… tal vez el punto de presión sólo funcionaba una vez. Obedientemente suspiró y la bajó, bien consciente de que estaban lejos del rango de la pequeña cabaña de Onigumo… o lo que sea que quedara de ella para entonces. Kagome se alejó de él, frotando su cuello y mirándolo sospechosamente. "¿Qué demonios estás tratando de hacer? ¡¿Secuestrarme?!"
"No." Él giró sus ojos y la pasó, retomando su camino de nuevo. Kagome lo siguió con sus ojos.
"Inuyasha qué-"
"Por favor no me preguntes." Dijo él cansado.
Kagome miró su cuerpo alejándose, estremeciéndose ante una inestable sensación en la brisa… algo no estaba bien en este lugar… "¿Esa es tu explicación para noquearme y llevarme a… donde sea que estemos?"
"No quiero explicarte." Dijo él planamente, aún con su espalda hacia ella. "Es algo de los Cumplidores de Deseos… pero ahora está bien. Se terminó."
"Uh… bueno…" ¿Qué se terminó? Se preguntó ella, pero nunca había visto a Inuyasha tan… tan reservado como últimamente. Su brazo pasó rozando su cuerpo, antes de caer en su brazo de nuevo. "¡Estás lastimado!"
"Sí… dijiste eso antes," él se detuvo y miró su brazo levemente sorprendido mientras se acercaba a él y tomaba su mano derecha. "No te preocupes, sólo es una quemadura."
Ella posó levemente un dedo contra los quemados agujeros en su manga, o lo que quedaba de ella. "Parece que alguien te disparó con un lanzallamas."
"Está bien," él retiró su brazo y comenzó a caminar de nuevo.
"¿No te curas mágicamente, o algo? ¿Pensé que eras un Cumplidor de Deseos?" ella corrió para alcanzarlo y caminó a su lado.
"Ya te lo dije. Si un Cumplidor de Deseos intenta usar poder en él mismo por un deseo o sin un deseo, terminaré matándome." Él flexionó sus dedos con un indiferente movimiento de hombro. "Aunque… el poder de curación de un hanyou no es broma. Se curará con el tiempo."
"Estarás cubierto de cicatrices."
"¡Nah!" él arrugó su nariz con una sonrisa. "Y si pasa - ¡a las pollitas les atraen las cicatrices!"
Kagome giró sus ojos y lo empujó juguetona en el brazo. Él gritó y casi se cae.
"Ow, ow, ow, ow, ow… ¡¿POR QUÉ FUE ESO?!" gritó él.
"¡Bebé!" ella lo miró con una extraña mirada. "¡Pensé que eras muy macho para sentir dolor!"
Él instantáneamente se enderezó. "Lo soy. ¿Qué te pasa?"
Ella lo rodeó y agarró su manga del otro brazo. "Vamos - necesitamos regresar y tratar tus heridas."
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"Necesitas cuidar mejor de ti." Le dijo ella tocando la mesa de la cocina mientras la pasaba hacia el cajón medico. "Siéntate aquí."
"Pero-"
"Esa fue una orden, no una petición." Le dijo fríamente mientras escarbaba en la caja blanca donde mantenían todas las provisiones. Tras ella, Inuyasha se infló molesto y se encaramó en el borde de la mesa. "Y quítate la camisa, necesito alcanzar tus heridas." Ordenó ella sobre su hombro. Otro suspiro y un sonido de tela siguieron antes de voltearse con una sonrisa y una caja en sus manos.
"Es asombroso que el todopoderoso Cumplidor de Deseos no pueda curar sus propias…"
Su sonrisa se desvaneció trágicamente de su rostro cuando se dio cuenta lo que ahora estaba sentado en la mesa.
Había pensado que Inuyasha sin haori había sido malo. Intenta completamente un Inuyasha sin camisa. Sus manos estaban comenzando a temblar tanto que los contenidos de la caja estaban agitándose. Inuyasha le dio una extraña mirada. "¿Qué? Parece que has visto un fantasma." Le dijo él.
No había nada increíblemente sexy en su pose. Estaba balanceando sus piernas casualmente y estaba inclinado levemente con su mano buena descansando contra su rodilla - su rostro inconsciente y despistado de cómo estaba afectándola. Kagome esbozó un sonrisa en su rostro y se forzó a acercarse, sus pasos tan temblorosos como sus manos. Inuyasha aún la observaba incierto, probablemente intentando descifrar cuál era el problema.
"Uh - brazo." Dijo ella mientras bajaba la caja. Él se enderezó cooperativo y recogió su cabello sobre su hombro mientras extendía su brazo derecho. Sólo ayudó el exponer más de él, y mostró los músculos perfectamente tonificados desde su pecho, por su hombro, hasta su brazo en cuestión. Se flexionaron levemente mientras apretaba y aflojaba sus dedos. Todos esos músculos trabajando… sólo con apretar su puño…
Kagome mantuvo sus ojos fijos en su brazo y las provisiones en sus manos, la sonrisa en su rostro se estaba tornando una máscara mientras se lamentaba de desesperación bajo ella. ¡Él era un pecado! No era justo para una persona tener tanta belleza masculina… iba a derretirse en cualquier minuto…
¡Y aún! ¡Aún era un idiota! ¡Se había burlado de su discapacidad y violentamente había golpeado dos docenas de chicos en la escuela! ¡Era un rufián y un total cabeza dura! El hacha aún era una opción más atractiva para llevar a una cita… aún le desagradaba Inuyasha. Era un idiota. Uno sexy. Pero un idiota sin duda.
Esta pequeña reflexión ayudó un poco a controlarse. Lo repetía constantemente en un mantra. Es un idiota, es un idiota, es un idiota, es un idiota, es un idiota, es un idiota, es un idiota, es un idiota-
"¿Qué es eso?" preguntó Inuyasha, aún inconsciente, sin notar la razón de por qué sus mejillas estaban tan rosadas.
"Es crema. Para tus quemaduras. Promueve la curación." Dijo ella en palabras simples. Sus ojos permanecieron fijos en el pequeño tubo en sus manos mientras desenroscaba la tapa y depositaba un gran globo de la crema en su mano. "Extiende tu brazo," le dijo de nuevo, viendo cómo lo había bajado levemente después de unos minutos.
Cuando depositó la crema en su brazo, él siseó e hizo una mueca, casi retirando su brazo por instinto. Kagome paralizó sus acciones. "¿Duele?"
"Arde…" él sacudió su cabeza, indicando que estaba bien. "Está fría."
"También aliviará las quemaduras." Advirtió ella mientras levemente usaba sus dedos para esparcir la crema por su quemada y tierna carne, probablemente como si estuviera frotando una quemadura de sol. Dolorosa como el infierno. "Sólo dale un minuto… se sentirá mejor en un segundo…" sus dedos pasaron su codo para esparcir la crema a lo largo de su antebrazo. Unos momentos después y lo sintió relajarse bajo sus suministros mientras aplicaba la crema, se tornó más intrépida y menos tímida y aplicó más crema, usando toda su mano para esparcir la crema por su brazo.
"Huele bien…" comentó Inuyasha distraído, ganándose una sonrisa de Kagome.
Esto realmente se estaba volviendo placentero. Kagome se encontró hechizada en sus propias acciones, subiendo y bajando su mano por el brazo, a pesar de que la piel estaba roja, manchada y lastimada en algunas partes. Pasó unos minutos usando ambas manos para cubrir de crema su afectada mano, pasando gentilmente sus dedos sobre los suyos y deslizando sus pegajosas manos sobre su palma. Estaba muy consciente de lo grande que era su mano comparada a la suya.
Innecesariamente, pasó unos momentos en sus garras - sin sentido considerando que no necesitaban alivio. Estaban chamuscadas, pero no adoloridas. Tal vez él notó que permaneció mucho tiempo en ellas… pasando con cuidado sus dedos por cada uña, fascinada con ellas. No eran cortantes, más bien despuntadas, como las de los perros, pero cuando presionaban con fuerza podrían inflingir un gran daño.
"Uh… Kagome… mi brazo se siente mejor ahora…" Definitivamente estaba notando algo extraño para entonces.
Kagome se paralizó y de repente dejó caer sus manos. "¡Bien, bien!" dijo ella. "¡Bueno, sólo aplicaré el vendaje y terminaremos!"
Él observó mientras recogía un rollo del prístino material y levantó su brazo que se había descolgado de nuevo a su costado.
Si Kagome había pensado que aplicar la crema había sido una dulce tortura, el vendaje fue ligeramente peor. Primero comenzó envolviendo su mano, antes de subir más para aplicar el vendaje a todo su brazo. A lo largo de todo el camino no estuvo dispuesta a notar lo bien formado que estaba su brazo… fuerte y firme al contacto y a la vista - pero también flexible.
¡Maldito!
Kagome dejó caer sus manos de nuevo cuando terminó, girándose rápidamente para esconder sus ardientes mejillas mientras recogía sus provisiones en su caja original y se movía para guardarla. Cuando regresó tenía el sonrojo bajo control y vio a Inuyasha dándole una gran olfateada a su brazo. "Mm… huele como a… ¡aloe vera!"
Ella sonrió al ver su sonrisa y avanzó para ofrecerle de nuevo su camisa. "Podemos cambiarlo de nuevo en unos días cuando lo tengas sucio."
Inuyasha se metió de nuevo en su camisa y perezosamente la guardó de nuevo en su hakama. "Oh sí… a propósito."
Ella lo miró expectante, aliviada mágicamente en su presencia ahora que no estaba medio desnudo.
"Me alegra que puedas hablar de nuevo. Me estaba dando flojera tener que escribir conversaciones y lo que sea…" él bajó sus ojos hacia su mano vendada con una mirada que podía jurar que estaba bordeando la vergüenza.
"Bien." Sonrió ella. "Porque no podía esperar para decirte que tu caligrafía realmente apesta."
Él le disparó una sorprendida mirada… antes de devolver su sonrisa con una caprichosa suya.
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"No - no - ¡tienes que presionar el botón X para saltar!" Souta azotaba su control.
Inuyasha estaba en una situación similar. "¡Estoy presionando el estúpido botón!" lo golpeaba desesperadamente. "No está funcionando - y ¡deja de patear mi cabeza!"
"Bueno, ¡no te estás defendiendo!"
"¡¿Se supone que debo defenderme?!"
Kagome pasó una mano por su rostro con un suspiro. Habían estado así durante una hora… ¿quién sabía que Inuyasha sería el peor luchador callejero?
"¡Candado de cabeza!" gritó Souta feliz.
"¡Quítate de mi!" Inuyasha prácticamente se lanzó a un lado como si eso zafara a su ser virtual del agarre de Souta. Kagome hizo una mueca cuando hubo un fuerte sonido de la TV mientras la cabeza de Inuyasha era arrancada… en el sentido virtual, por supuesto. Inuyasha se desplomó y tiró el control. "Cruel…"
"Esos son diez asaltos para mi y… nada para ti." Souta le sonrió. "Supongo que perdiste."
"¡Supongo que eso significa que vamos por otro asalto!" Inuyasha se enderezó rápidamente, pero Kagome de repente estuvo sobre él, arrebatándole el control de la mano, para su molestia. "¡Oye!"
"Es mi turno." Le dijo ella, sacándolo del camino para sentarse.
"¡De ninguna forma!" Protestó su hermano fuertemente. "¡Aún es el turno de Inuyasha - al menos obtengo un puntaje perfecto cuando juego contra él!"
"¡Oye!" Inuyasha se infló enojado.
"Oh, siéntate en este asalto Inuyasha. Dale un descanso a tu brazo." Kagome lo codeó a un lado de nuevo. "¿Ahora qué personaje escogeré…?"
Con otro enojado suspiro Inuyasha tomó la previa posición de Kagome en el sofá, observándolos batallar en el playstation mientras retiraba sus vendajes.
"Deja de hacerlo - puedo escucharte." Advirtió Kagome sobre su hombro mientras procedía a patearle el trasero a Souta, literalmente.
"¡No estaba retirándolo!" replicó él, pero rápidamente retractó su mano con aparente inocencia.
Kagome y Souta estaban a medio asalto cuando la Sra. Higurashi apareció en la puerta. "Niños, necesito ayuda para doblar la lavandería."
Nadie dio alguna indicación de que la habían escuchado.
La Sra. Higurashi suspiró. "Souta, por qué no-"
"Kagome puede hacerlo." Interrumpió el niño.
"El abuelo puede hacerlo." Siguió Kagome.
"Está en el club de ajedrez." Les recordó ella.
"Entonces Inuyasha puede hacerlo." Los dos hijos le dijeron simultáneamente.
"¿Pensé que debía dejar descansar mi brazo?" señaló él fríamente.
"No tienes que hacerlo Inuyasha, eres nuestro invitado." Le dijo la Sra. Higurashi amablemente.
"Nah, estaba por ofrecerme de cualquier forma." Él se levantó y la siguió por la puerta, pero no antes de mirar atrás casualmente y girar su muñeca hacia el playstation…
La energía se apagó y de repente Kagome y Souta estaban mirando una pantalla de TV llena de nieve. Inuyasha se mofó para sí mientras escuchaba los varios gritos desde la sala. "¡¿Qué hiciste?!" Gritaba Souta. "¡Mi puntaje perfecto!"
"¡¿Tu puntaje perfecto?! - ¡Yo estaba por derribarte al suelo!" Fue la respuesta de Kagome.
"¿Estás seguro que estás bien con ese brazo?" preguntó la Sra. Higurashi mientras lo guiaba al cuarto de lavandería. Inuyasha se encogió mientras miraba las pilas de ropa recién planchada y sábanas.
"Se ve peor de lo que es realmente. Kagome sólo se entusiasmó con los vendajes." Le dijo él.
"Ella tiende a entusiasmarse cuando está con personas que les agrada." La Sra. Higurashi sonrió en secreto mientras recogía una sábana y le daba un extremo. "Sabes cómo doblar sábanas, ¿verdad?"
"Sí. No es como si no hubiese hecho labores domésticas antes."
"No puedo decirte lo suficiente lo afortunada que es Kagome de tenerte mucho alrededor." Dijo la Sra. Higurashi animada mientras coordinaban sus movimientos. "Me siento muy culpable por sacarla de la ciudad… amaba mucho la antigua casa… los jardines del Templo y especialmente el árbol Goshinboku. Rompió su corazón el tener que alejarla."
"Sí… tuve esa impresión." Inuyasha juntó las puntas y aleteó de nuevo, antes de doblar una vez más para pasarle su extremo a la madre de Kagome. "¿Por qué se mudaron?"
"Problemas de dinero."
"Tuve la impresión de que había algo más que eso." Remarcó Inuyasha sin tacto mientras otra sábana le era lanzada.
"¿Supongo que Kagome no te dijo sobre su padre?" La Sra. Higurashi aún sonrió, pero ahora se había tornado un poco triste. "Confío en que te lo dirá a su tiempo."
Traducción: 'No voy a decirte nada, extraño.'
"Pero ¿quién sabe cuánto tiempo nos quedaremos aquí, bajo los pies del abuelo?" La Sra. Higurashi le dijo conversadora. "Tal vez en el momento que Kagome pueda conseguir un trabajo y regrese a Tokio… pero hasta entonces…" Ella estaba deteniendo su trabajo, forzando a Inuyasha a igualar su paso. "¿Entonces has estado aquí un año? ¿Planeas quedarte?"
"En realidad… me iré pronto." Él le dio una pensativa mirada a los montones de ropa tras la Sra. Higurashi que aún necesitaba doblarse.
"¿De verdad? ¿Cuándo planeas irte?" La Sra. Higurashi se vio un poco entristecida por esta noticia.
"No sé… en un futuro cercano." Él se encogió y terminó de doblar la segunda sábana con ella.
"Es una lástima… Kagome se entristecerá de verte ir."
Inuyasha la miró, no entendiendo por qué diría algo como eso. La madre de Kagome sólo se encogió levemente y se giró para seleccionar una nueva sábana… sólo que… ya estaban todas dobladas. "Uh…" ella miró las ordenadas pilas ante ella. "No estaban todas… um…"
"Bueno, está hecho." Dijo Inuyasha animado mientras se retiraba. "Agradable charla, Sra. H."
"No recuerdo hacer todo esto…" La Sra. Higurashi continuó mirando, enmudecida. "Debió haber… pasado…"
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"¿Vas a decirme lo que estabas haciendo esta mañana?" preguntó Kagome amigable mientras entraba en su habitación y cerraba la puerta. "¿O vas a perderte para que pueda cambiarme para dormir?"
"Ya te dije. No me preguntes sobre eso." Refunfuñó Inuyasha.
"Siempre podría obligarte a decirme." Le dijo ella con una mirada de advertencia mientras se acercaba a su cama donde él estaba recostado. "Pero… también me he prometido no tomar ventaja así de mi poder."
Él giró sus ojos. "Porque eres una persona tan buena, entiendo."
"No… sólo espero que confíes en mi lo suficiente para decírmelo a tu tiempo."
Él frunció ante la improbabilidad de esa posibilidad y rodó para encarar la pared lejos de ella. Ella suspiró y sacudió su cabeza. "Bien… supongo que eso prueba lo mucho que estás dispuesto a confiar en mi."
Inuyasha continuó mirando la pared mientras la escuchaba agarrar su ropa y salir para cambiarse. Podría haberle ordenado salirse… pero no. Sacudió su ser mental con un gruñido. Tenía que admitir que era diferente de los otros… pero eso no necesariamente significaba que debía intentar atarse a ella. Sólo terminaría en lágrimas…
Ella no necesitaba saber más de lo que debía. Y no necesitaba decirle algo innecesario. Así era como siempre había sido. Y así era como siempre sería…
Excepto que había roto las reglas con una chica… y no iba a cometer el mismo error tan pronto después.
Con un suspiro se giró de espalda y observó el techo sin verlo realmente. ¿Qué pasará ahora? Onigumo no existía más… pero aún estaba allá afuera. Aún si ahora estuviera fusionado a mil demonios, ¿su mente y alma aún se levantarían y tomarían control de su nueva forma? ¿O permanecería sepultado por la eternidad? Y más importante - ¿cuál era ahora su nueva forma?
Nunca se había preocupado de Onigumo en el pasado - había sido clasificado como un amo secundario - un amo cuya prioridad siempre llegaba después del amo primario. Desde que Kikyo lo había encontrado primero, era la primaria. Pero uno de sus deseos había introducido a Onigumo en el panorama, y eso eventualmente había resultado en descubrir la identidad de Inuyasha. Los Cumplidores de Deseos no podían negarse a ningún amo… y así Inuyasha no tuvo opción sino obedecerlo como a Kikyo… pero los deseos de Kikyo aún eran primero, y era el amo al que debía seguir. Onigumo siendo de segunda clase significaba que Inuyasha no tenía que quedarse a su lado todo el tiempo, no había tenido que esperar por él de pies y manos, que si pedía un deseo contra Kikyo primero, Kikyo aún podía pedir un deseo efectivo contra el de segundo rango…
Lo cuál era exactamente lo que había pasado.
Y como sin importar qué situación, cuándo expira la vida de un amo, o sus deseos, el Cumplidor de Deseos tiene que regresar a su contenedor - Inuyasha tuvo que regresar a dormir. Onigumo nunca encontró de nuevo el contenedor… pero sus últimos cuatro deseos aún eran válidos.
Aún le quedaba uno. Pero dudaba que pudiera ser capaz de usarlo de nuevo.
Ahora Kagome lo había encontrado. Cuando había despertado primero había temido que Onigumo al fin lo hubiese encontrado y planeara consumir lo último de sus deseos. Eso es por qué lo había confundido cuando había notado que su nuevo amo se veía exactamente como Kikyo. Había mantenido su distancia por unas horas antes de dar a conocer su presencia…
Era posible que Kagome fuera una especie de reencarnación. Aunque sólo podría ser que sus parecidos fueran coincidencia. De cualquier forma no importaba. Kagome no era Kikyo, así que ¿por qué especular el vínculo entre ellas?
El problema era… la vida de Kagome ahora estaba en peligro gracias a Onigumo… gracias a Inuyasha más bien…
¿Tal vez estaba en sus mejores intereses advertirle sobre él? Para mantenerla a salvo y consciente de lo que ahora pasaba.
Inuyasha resopló y se giró para encarar de nuevo la pared. Tal vez debería exterminarse y salvarla del infierno que enfrentaría en su compañía. Sólo era una niña… no merecía ser enfrentada con las mismas cosas que él había enfrentado… era de espíritu puro e inocente. Igual a Kikyo hasta que… pero había manchado a esa joven y ahora estaba muerta en un acto de asesinato-suicidio.
Un gentil sonido comenzó desde atrás y se asustó. Estaba seguro que no había escuchado a Kagome regresar… si lo hiciese, había sido horriblemente rápida en cambiar su ropa. Se sentó y miró al otro lado de la habitación, la mirada fija en la chica sentada en su tocador en su pijama, cepillando su cabello con un pequeño cepillo en largos movimientos.
No era Kagome.
Inuyasha la miraba, inestable y reprochante. "¿Quién demonios eres?" Había un leve hedor a muerte… y una especie de veneno que ensuciaba el aire de la habitación. No olía familiar para él de ninguna manera…
La melodía se detuvo, unos momentos antes de que la chica bajara su cepillo en el tocador y se girara para encararlo. Su corazón literalmente se detuvo.
"Kikyo…"
"Soy la maldad condensada. Odio y malicia purificada. Soy pura oscuridad… y…" la imitación de Kikyo se levantó de la butaca para fijarlo con una fría mirada, una sonrisa engreída que podría reconocer como propia. "Soy tu creación. Aunque puedes llamarme Naraku."
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Continuará…
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Nota de la autora: Bien - y eso se explicará más tarde. ¡Ciao por ahora!
