Capitulo 8
Lo que quedaba de semana pasó inmersa en lo que seguramente se convertiría en una rutina. La media lengua de Aline, llamándoles, los despertaba cada mañana una media hora antes de que el despertador lo hiciera. Brian era el que la iba a buscar a la habitación y la llevaba a la suya, donde se volvía a quedar dormida hasta que esta vez si los despertaba el despertador. Era Justin quien, después de jugar un rato con ella, bajaba con la niña para que Celia le diese de desayunar y ellos pudiesen darse una ducha tranquilos sin que nadie los interrumpiesen.
Más tarde Brian se marchaba a la oficina mientras que Justin se iba a su estudio, que se encontraba separado de la casa principal. Era un antiguo invernadero remodelado para su comodidad. La única que cambiaba de rutina era Aline, que pasaba la mañana con Celia y a ratos con Justin. Así conseguían que la pequeña estuviese entretenida durante toda la mañana y tanto Celia como Justin se pudiesen dedicar a sus respectivas tareas
Al mediodía Brian aparecía para almorzar todos juntos en Britin. Ya por la tarde Brian y Justin se encerraban en el despecho para adelantar algo de trabajo de la agencia, aprovechando que Aline dormía su siesta.
El viernes por la tarde, como acordaron con la tienda, llegaron los muebles del cuarto de Aline. Justin había aprovechado la mañana para pintar las paredes de la nueva habitación. Para el trabajo había dejado el color original de las paredes, blanco, y fue dibujando en ellas algunas hadas semejantes a las que decoraban los muebles, inmersas en un bosque igual de los que salen en los cuentos, con grandes árboles y exuberantes flores.
Una vez colocados los nuevos muebles en la habitación y de trasladar las pertenencias de Aline a su nueva habitación, entre las que se encontraba una ingente cantidad de juguetes comprados el mismo día que los muebles, Justin convenció a Brian para que fueran los tres a buscar a Gus a Pittsburg ahora y no esperar hasta mañana por la mañana.
Tras la vuelta de Toronto, las chicas habían comprado una nueva casa en el mismo barrio residencial donde vivían Michael y el profesor, lo que facilitaba las incesantes visitas de Michael a J.R. y también las chicas estaban más tranquilas cuando Jenny se quedaba con su padre.
Brian aparcó el Jeep delante de la entrada de la casa. Fue Gus quien les abrió la puerta sin necesidad de que llamaran el timbre. El chico estaba orgulloso por poder reconocer el ruido que hacían los coches de sus padres.
- ¡Papá! ¡Jus! – Gus casi saltaba de la felicidad de ver a sus padres allí. Sabía que eso significaba que lo más seguro es que se fuera con ellos a Britin ahora y no tendría que esperar hasta el día siguiente.
- Hola cariño – lo saludó Justin mientras dejaba a Aline en el suelo, sin soltarla de la mano.
- ¿Qué hay sonny-boy? – preguntó Brian a Gus mientras le daba un breve abrazo.
- ¿Quién es Gus? – la voz de Melanie provenía del segundo piso.
- Son mis papás mamá- gritó Gus.
- ¡Oh! ¡Brian! ¡Justin! me alegro de veros – les saludó Lindsey desde lo alto de la escalera.
- Nosotros también Linds – le contestó Brian besando a la mujer en la mejilla en cuanto bajó de las escaleras.
- ¿Y Mel y J.R.? – preguntó Justin después de saludar también a la rubia.
- Mel la está bañando. Esta noche duerme en casa de Michael, creo que querían ir a cenar – contestó Lindsey para después dirigirse a Aline – Hola a ti también Aline – casi susurró. Había notado que la niña no se había separado de Justin y parecía algo asustada.
O algo le decía Aline que podía confiar en esa mujer o se estaba acostumbrando mejor a su nuevo entorno y había aprendido a ser algo más confiada, en todo caso, la niña salió de detrás de Justin y soltó un hola mientras sonreía.
- Bueno, entrad ya de una vez, no os quedéis en la entrada. – ordenó Linds mientras se dirigía al salón. – Gus ¿por que no subes y terminas de preparar tu bolsa?
- Jo mamá – se quejó Gus. No quería separarse de sus padres.
- Gus cuanto antes lo hagas antes te podrás marchar – respondió Lindsey a los pucheros que estaba haciendo Gus. Sin duda la experiencia la estaba volviendo inmune a los encantos de por lo menos un Kinney.
- No te preocupes Gus, yo te ayudo con la bolsa si quieres – intercedió Justin a la vez que pasaba a la niña de su regazo al de Brian y seguía a Gus hacía su cuarto.
Justin se quedó observando como el niño terminaba de meter su cuaderno de dibujos y la caja de lápices en su bolsa de viaje.
- ¿Cómo andas de material para dibujar? – preguntó Justin al niño. Hacía bastante tiempo que ambos no se pasaban por la tienda de dibujo. Con las vacaciones a Vermont y el viaje a Londres no habían tenido muchas oportunidades.
- Mamá me dio uno de su cuadernos, pero necesito lápices nuevos – a Gus le gustaba ir con Justin a la tienda de dibujo, era una de las pocas cosas que solía hacer a solas con Jus.
- Si mañana hay tiempo podemos acercarnos y comprarlos. De todas maneras si necesitas algo seguro que hay en casa. ¿Ya lo tienes todo?
- Sip, podemos irnos – respondió Gus dejando que fuese Justin quien cogiese la bolsa.
Abajo, en el salón, la conversación era algo diferente.
- Se que lo dije la última vez, pero me alegro de veras que la niña se queda con ustedes. No podría imaginar donde mejor pudiese estar – comentó Linds nada más ver que tanto Gus como Justin habían desaparecido por las escaleras.
- Se me ocurre al menos un lugar donde la niña estaría mejor pero eso ya no es posible – conociendo a Daphne no dudaba en absoluto de que sería una muy buena madre pensó Brian - Lo único que nos queda por hacer es darle un buen hogar y educarla lo mejor posible.
El timbre de la puerta interrumpió su conversación. Lindsey se estaba levantando para abrir la puerta pero escucharon a Mel bajar las escaleras con J.R. por lo que dejaron que fuesen ellas quien abriesen la puerta. Después de oír los inevitables saludos pudieron observar a un Michael feliz acercarse a la puerta del salón con J.R. en brazos.
- ¡Brian! – casi grito Michael al saludarlo.
- Hola Mickey – susurró Brian mientras que sentaba a Aline más cómodamente sobre una de sus piernas, dándole así a la niña más libertad de movimientos sin dejar de sujetarla.
Durante este tiempo tanto Melanie como Ben llegaron también al salón, por lo que interrumpieron las preguntas de Michael.
- Hey, así que tu eres Aline – comentó Ben a la vez que se acercaba hacía donde estaba la niña. – Eres una niña preciosa – siguió hablando el profesor mientras que le tomó con casa una de sus manos las de la niña y le sonreía.
Aline se apoyó todo su cuerpo en Brian, pero aún así sonrió a Ben y señaló a su muñeca, que se había caído al suelo.
- Mimi – dijo enseñándole su muñeca.
Ben la cogió y se la acercó a la niña – Es una muñeca muy bonita.
- ¡Papá! Estoy listo. Podemos irnos – todos miraron a la puerta al oír el grito de Gus, no solo el interpelado.
- ¿No te despides Gus? – el tono de Brian fue ligeramente autoritario. Le gustaba que su hijo estuviera entusiasmado por irse con sus padres, pero no por ello debía de perder las formas ni la educación.
- ¡Adiós má! ¡Adiós mamá! – Gus besó a sus madres para despedirse y dijo un adiós en general para despedirse del resto de la familia.
- Bien, será mejor que nosotros nos marchemos. Tenéis hasta el domingo para hacer todo lo que hagáis las lesbianas sin que haya niños delante. – comentó Brian con cierta ironía mientras que volvía a colocar el abrigo a Aline y se la pasaba a Justin para poder colocarse el suyo.
Aline se despidió también de todo el mundo excepto de Michael, que cada vez que se acercaba a la pequeña solo conseguía asustarla aun más.
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Una vez en Britin, llegaron con el tiempo justo para preparar la cena. Celia estaba en su grupo de lectura, que estaba compuesto por algunas personas de los alrededores, pero les había dejado una nota comentándoles que había pollo asado en el horno, uno de los platos favoritos de Gus.
La cena fue tranquila. Aline cenó por primera vez en su silla, que estaba elevada lo suficiente para que pudiese llegar a la mesa sin problemas y comer ella sola, con alguna que otra ayuda. Normalmente cenaban los niños primero, pero eran pocas las veces que Gus se quedaba con ellos tanto tiempo y se habían acostumbrado a cenar todos juntos, aunque fuese temprano para Justin y Brian.
Después de cenar Justin y los niños decidieron ver una película. La elección del título les costó bastante pero, al final, eligieron ver, por enésima vez como les recordó Brian, El Rey León. Era una de las favoritas de Gus y tenía los animales suficientes para que Aline se entretuviera. Brian, sin embargo, fue en busca del portátil para trabajar un rato, aunque según observó Justin estuvo más tiempo mirándolos a ellos que a la pantalla.
Aline no tardó demasiado en pedir el chupe y quedarse dormida. Antes de ponerse a ver la película, Justin había pedido a Gus que se pusiese su pijama mientras que él hacía lo mismo con Aline, por lo que Brian pudo llevársela a la cama sin tener que despertarla. Una vez terminada la película Gus también se fue a la cama.
Una vez comprobado que los niños estuviesen durmiendo y de desearles buenas noches, ambos volvieron a bajar al salón, ocasión que aprovechó Justin para encender un cigarrillo.
De unos años hacía acá había ido fumando cada vez menos pero con la ansiedad de los últimos días volvía a fumar casi con la misma asiduidad que cuando comenzó. Lo único que evitaba que no estuviera constantemente con un cigarrillo en boca era la presencia de Aline, que aparte de que no pensaba dejar que la niña estuviese en un ambiente con humo, su sola presencia era un bálsamo para él.
Brian observó cómo Justin encendía el cigarrillo, lo dejó que diese unas cuantas caladas pausadas antes de quitárselo y hacer él lo mismo, para después tirar casi la mitad del cigarrillo.
- ¿Por qué has hecho eso? – se quejó Justin
- Para poder hacer esto – la última parte de la frase se ahogó dentro de los pulmones de Justin, en un beso dulce que pronto dejo sitio a la pasión.
Nunca lo habían hablado, pero habían llegado a un acuerdo tácito desde que Gus comenzó a ser lo suficientemente mayor para andar solo por la casa sin necesidad de vigilancia, restringir todos sus encuentros al dormitorio durante lo que durara la estancia de Gus en Britin. Por esa razón ninguno tuvo que preguntar al otro donde se dirigía.
Una vez en el dormitorio el tiempo y los problemas se quedaron al otro lado de la puerta. En ese momento solo existían dos personas en el mundo con un claro objetivo, disfrutar la máximo la una de la otra.
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- ¡Mamá! – el grito de Aline resonó en la silenciosa habitación despertándolos.
- ¿Qué pasó? – preguntó Justin, más dormido que despierto.
- Parece que Aline tuvo una pesadilla de nuevo – murmuró Brian mientras se desperezaba y salía de la cama.
Justin se levantó también y pasó a Brian el pantalón de chándal con el que solía dormir algunos días mientras el también se colocaba el suyo y una camiseta. Hacía demasiado frío para salir sin ella para su gusto.
Una vez en la habitación de Aline se llevaron una pequeña sorpresa. Gus estaba sentado en la cama de la niña hablándole, intentando tranquilizarla a su manera. Al ver a sus padres comenzó a explicarse raudamente porque estaba allí y no en su habitación.
- ¡Papá! ¡Jus! Se despertó. Yo le estaba diciendo que no debe tener miedo. No hay monstruos en Britin, que los echaste hace tiempo – Gus guiñó un ojo exageradamente como signo de complicidad, aunque se consideraba que él ya era un niño mayor, se le notaba que necesitaba aun que comprobara si había algún monstruo debajo de la cama o en el armario - ¿A que sí?
- Si Gus, no hay monstruos en Britin, pero vamos a comprobarlo de nuevo para que Aline se quede tranquila – respondió Brian mientras que miraba debajo de la cama y en el armario para complacer a Gus.
El alivio del niño fue palpable cuando Brian decretó que no había monstruos en la habitación de Aline.
En todo este tiempo, Justin se había acercado a Aline y había cogido a la niña en brazos. Poco a poco Aline comenzaba a respirar más tranquila.
- Tengo una idea: como ya es tarde para ir andando de un lado a otro despiertos, que os parece si hoy dormís los dos en nuestro cuarto como ocasión especial – comentó Justin a Gus, a la vez que buscaba la complicidad de Brian con alguna que otra mirada.
- ¡Yupi! – casi gritó Gus entusiasmado con la idea.
- Gus, Justin dijo a dormir, nada de saltar, jugar o parlotear hasta el amanecer ¿vale? – añadió Brian, conociendo a su hijo, y agradeciendo que la cama fuese lo suficientemente ancha.
De nuevo en la habitación acostaron a una ya dormida Aline en el centro de la cama. La niña aun se veía inquieta y agarrama a su muñeca Mimi con demasiada fuerza para el gusto de Justin, pero lo único que podía hacer es estar ahí si se despertaba de nuevo. Esa era la razón por la que dijo lo de que durmieran todos en la misma habitación, no quería dejar a la niña sola y sabía que a Gus no le haría gracia que Aline durmiese con ellos y él no. Si conocía a los Kinney, y a los niños, se inventaría cualquier excusa para salirse con la suya. De este modo se ahorraban tener que volver a levantarse de la cama, y además, que coño, hacía mucho que Gus no dormía con ellos.
Brian no pudo evitar volver a suspirar mientras que acariciaba el pelo de Gus al mismo tiempo que sentía uno de los pies de Justin recorrer su pierna. Lo malo de no poder dormir es el poder pensar. Era consciente de todo lo que estaba cambiando su vida con la llegada de Aline, pero eso no hacía que acojonase menos. Siempre había pensado que se pasaría su vida completamente solo, sin nadie que estuviese cerca lo suficiente para hacerle daño. Pero, joder, nunca, ni remotamente, se le había pasado por la cabeza en ese tiempo acabar así, acercándose peligrosamente a los cuarenta, viviendo en una casa de campo y compartiendo la cama con su amante desde hace más de ocho años, con un hijo de su propia sangre y con una niña que dependía completamente de ellos y había conseguido colarse en su corazón en muy poco tiempo. En definitiva, una familia propia.
- Te saldrán arrugas si sigues dándole vueltas a lo que estés pensando – la voz de Justin era apenas un susurro para evitar que los niños se despertasen
- Muy gracioso Taylor, pero yo no frunzo el ceño – Brian sonó algo enojado, pero no subió el tono más de lo que lo había hecho Justin.
- Oh! si que lo haces y lo sabes. ¿Me vas a contar lo que te preocupa? – continuó insistiendo Justin
- Sí, no doy con la solución para follarte una vez más esta noche con los dos niños en medio – ironizó, recibiendo una leve patada de Justin como respuesta.
Justin no quedó conforme con la respuesta pero lo dejó estar, no era la situación propicia para poder profundizar en el significado oculto de las reacciones de Brian con los niños durmiendo entre ellos.
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El intenso olor a café recién hecho guió a Brian hacía la cocina. Tanto Justin como los niños todavía seguían durmiendo, así que se disponía a tomarse tranquilamente el delicioso café preparado seguramente por Celia antes de irse a hacer la compra de los sábados.
Un vistazo rápido al periódico le informó que el mundo no había cambiado demasiado de un día para otro, algún que otro acto de propaganda política como inauguraciones u obras sociales, robos de mediana importancia, guerra en alguna parte del mundo, fluctuaciones leves en bolsa, vamos, nada digno de ocupar la primera plana.
Cuando levantó la vista del café pudo observar a Gus en la puerta frotándose los ojos para despegarse del sueño.
- Buenos días papá – murmuró Gus tras un largo bostezo.
- Buenos días Gus ¿Qué vas a desayunar?
- Leche y galletas de las que hace Celia.
Brian se dirigió al armario y cogió el bote donde guardaba Celia las galletas caseras que aun conservaban algo de calor. Sin duda las había hecho antes de marcharse al ver que Gus ya estaba en casa. También tomó el tazón de Gus y lo rellenó con leche templada. Apenas se volvió a sentar cuando esta vez fue Justin y Aline quienes entraron a la cocina.
- Buenos días – saludó Justin en general para luego besar a Brian y colocar a Aline en la trona.
Una vez que preparó el desayuno de Aline y el suyo propio, Justin se sentó también en la mesa y se dispuso a hacer participe al resto de sus planes para hoy en la mañana.
- Había pensado que, como tengo que pasarme por la tienda de dibujo a por materiales, podríamos pasarnos por Pittsburg esta mañana y volver a tiempo para almorzar en casa si queréis.
- ¿Podemos ir al parque un ratito también? – preguntó Gus
- Por mi no hay problema – respondió Brian.
- Bien, entonces terminemos de desayunar para que no se nos haga muy tarde – añadió Justin dirigiéndose especialmente a Gus para que no se recrease.
La visita a la tienda de dibujo no se alargó demasiado. Tanto Gus como Justin tenían claro que era lo que deseaban comprar y no había llegado a la tienda ninguna novedad que fuese digna de ocupar su tiempo. Brian se quedó en la puerta con Aline que se entretenía mirando los diversos cuadros que había expuestos en el escaparate.
- Mia tito gatito – señalaba entusiasmada Aline intentando llamar la atención de Brian.
- Muy bonito Aline – murmuró Brian no perdiéndola de vista
Una vez en el parque la cosa se complicó ligeramente. las zonas recreativas estaban divididas en dos grandes zonas, una para niños más pequeños, con columpios y aparatos diversos adaptados a ellos, y otra zona para niños un poco más grandes, cuya diferencia principal era la magnitud de los columpios.
La decisión de hacía donde dirigirse la tomó Gus al salir corriendo para saludar a algunos de sus amigos y compañeros de clase que estaban también en el parque.
Justin y Brian se dirigieron hacía la zona infantil y sentaron a Aline en un cuadro de arena dándole el cubo y la pala que Gus les había recordado que cogieran. Según él, sus mamás no pueden olvidarse nunca de ellos cuando van al parque con J.R.
Brian estiró la cabeza hacía atrás unos momentos y cerró los ojos, disfrutando del sol invernal y el calor que desprendía Justin a su lado. No fue consciente de que estaba acariciando la palma de Justin con el pulgar hasta que éste la apartó para coger el móvil.
- Es de Nueva York – respondió Justin ante la muda pregunta de Brian.
- Dime…
- No me jodas Violet – Brian notó como Justin se enfadaba por momentos. Lo que Violet, su representante en Nueva York, le estaba contando, no le estaba sentando nada bien a Justin.
- ¿No tenían otro momento para hacerlo?
- Bueno, me lo pensaré, pero no te aseguro nada, ¿de acuerdo?
- Adiós – Justin colgó el teléfono de forma brusca.
- ¿Pasa algo malo? – preguntó Brian a Justin
- Nada, un ricachón de turno que quiere organizar una exposición con los artistas más destacados de los últimos cincuenta años y me quiere a mi en persona en la exposición, por lo menos el día de la inauguración. Por lo visto alega que parte de los beneficios irán para una asociación benéfica, una relacionada con los niños.
- ¿Y cuál es el problema? Siempre has sido el primero en participar en ese tipo de actos y sería bueno para ti dejar que te vean el pelo por la gran Manzana. Hace bastante tiempo desde la última exposición. – Brian pensó también que la vuelta a parte de la rutina de su vida de antes de la llegada de Aline le sentaría bien.
- Que es en Nueva York, y mínimo estaré un par de días fuera de casa – Justin hizo una señal a Brian con la mano para que no lo interrumpiera - No creo que sea bueno para Aline viajar a Nueva York, aún se está acostumbrando a vivir en Pittsburg. Y no podemos dejarla sola al cuidado de al chicas o mi madre, es demasiado pronto.
- Tú mismo lo has dicho, solo serán dos días, creo que me las puedo apañar con la niña. Además Celia también está en casa.
- ¿Te quieres librar de mí? – preguntó Justin.
- Sabes que no es así, sólo quiero que no dejes de hacer lo que te gusta cuando no hay necesidad de hacerlo, eso es todo.
- Me lo pensaré. La exposición no será hasta dentro de una semana.
Poco después Brian se fue en busca de Gus para poder volver a Britin mientras que Justin sacudía parte de la arena que cubría a Aline y miraba con suma atención el "castillo" que la niña señalaba orgullosa por su hazaña.
