Alergias
Hacía tiempo que Bones no tenía una guardia tan tranquila y apenas le quedaba una hora para concluirla. Sí, iba a ser un buen día. Sin embargo el destino parecía tener otras ideas y, a escasos cuarenta minutos de poder dejar su bata colgando de la percha, Bones recibió un nuevo ingreso en urgencias con un nombre demasiado conocido. Ojeando el informe preliminar, Bones fue hacia el box en el que Jim le esperaba sentado sobre la cama.
–¿Se puede saber qué has hecho esta vez?– le preguntó directamente el médico al entrar, ya que las visitas de Jim a urgencias eran relativamente frecuentes, sobre todo gracias a la desmedida afición que el rubio tenía por los motores y la maquinaria pesada.
–Poca cosa– se apresuró a decir Jim sin dejar de sonreír y mostrándole el brazo en dónde la piel había sido abrasada por algún tipo de compuesto químico.
–Oh estupendo, una genial quemadura– iba añadir algo más cuando la alerta resonó en el pasillo–. Maldita sea– siseó garabateando algo en la hoja de tratamiento–. Tengo que irme. Un enfermero limpiará tu herida antes de que yo te la cure. Vendré en cuanto pueda.
–Descuida Bones– le dijo Jim oteando el trasiego que ahora recorría el pasillo.
Para alivio de Bones la alerta no era tan grave cómo temía y sólo se trataba de media docena de ingresos por intoxicación de humo tras una pequeña explosión en uno de los laboratorios de química.
Reviso a los seis pacientes, comentó los tratamientos con otro de los médicos y procedieron a ejecutarlos con eficacia.
Estaba a punto de terminar con el último de sus pacientes cuando la alarma de una cama médica comenzó a resonar. McCoy alzó el rostro y vio la señal luminosa de la puerta tras la que Jim se suponía estaba siendo tratado. Sin dudarlo, dejó su trabajo en manos de una enfermera y echó a correr.
Cuando McCoy llegó a la sala dónde estaban tratando a Jim se encontró con la última escena que desearía haber visto: Sobre la cama médica Jim se retorcía, con los ojos en blanco y un mar de densa espuma blanca cayendo desde su boca y arrollando hacia su cuello.
El enfermero que le había atendido trataba desesperadamente de estabilizarle, pero nada parecía servir. McCoy tuvo una idea más lúcida y tomó el hipo que le habían administrado al muchacho, revisó con rapidez su historial médico y encontró lo que temía.
–¡Fuera! ¡Fuera!– ladró empujando al enfermero.
Tomó su hipo y cargó una inyección cuyo nombre revisó dos veces antes de introducirla en el cuello de Jim.
–¿Qué estás haciendo?– le preguntó el enfermero sin poder evitar sentirse ultrajado al haber sido alejado de su paciente.
–Evitar que mates a un cadete– rugió McCoy mientras retiraba la espuma de la boca de Jim con sus manos antes de colocarlo en la posición de protección con la ayuda de una enfermera que acababa de llegar–. Es alérgico al medicamento que le has dado. ¿Acaso no te enseñaron en primero de carrera que debes leer el puto expediente de tus pacientes antes de medicarlos?
El enfermero trató de replicar pero Bones sólo alcanzó a escuchar un balbuceo.
–Enfermera, oxígeno– ordenó Bones que, tras asegurarse de que las vías respiratorias de su paciente estaban libres colocó sobre su rostro una máscara para ayudarle a respirar. Viendo cómo las constantes de Jim comenzaban a estabilizarse le administró una segunda hipo y se giró hacia el otro hombre–. Espero que des parte de esto, por que si tengo que informar yo lo haré a modo de denuncia y no dudaré en testificar para que te expulsen.
Tragándose su orgullo, el enfermero que había atendido a Jim abandonó la sala.
Los minutos le dieron a Bones la razón en su diagnóstico ya que el cuerpo de Jim comenzó a aflojarse, al mismo tiempo que el humor de Bones se relajaba. Finalmente, y casi veinte minutos después del ataque, Jim abrió los ojos por si mismo.
–Bienvenido al mundo de los despiertos– Bones apareció a su lado con una sonrisa mientras comprobaba los signos vitales que el panel de la cama le estaba mostrando.
Con movimientos lentos y torpes, Jim se llevó una mano al rostro, palpando la mascarilla.
–Te hemos tenido que ayudar a respirar un poco. Todavía tendrás que recibir oxígeno unos minutos– reveló Bones anotando algunos resultados de los análisis en su padd–. Has sufrido una reacción alérgica bastante grave. Pero tranquilo: esta vez no ha sido tu culpa.
–Algo es algo– musitó Jim a través de la mascara de oxígeno–. ¿Cuándo podré irme?
–Increíble– musitó el médico–. Casi mueres y lo único que te preocupa es irte de aquí.
–Odio los hospitales– dijo Jim.
–Y yo la mantequilla de cacahuete. ¿Hemos terminado ya la ronda de revelaciones?
–Creo que sí– los ojos de Jim hicieron un amago de cerrarse.
–Al menos esta vez mi victoria será fácil– bromeó el médico. Viendo cómo su compañero de habitación luchaba por mantenerse consciente, acarició sus cabellos rubios en un gesto tranquilizador–. Duerme Jim, te prometo que nada malo te va a pasar.
Jim trató de dormir pero cada sonido que se producía en el pasillo le sobresaltaba. Por todos los medios McCoy trató de hacerle descansar, pero daba igual que sedante le diera: el muchacho parecía despertarse ante cualquier ruido y el médico no quería arriesgarse a darle nada más fuerte tras la violenta reacción alérgica que había sufrido horas atrás. Finalmente Bones se dio por vencido y dio de alta a Jim. Su turno había terminado casi dos horas atrás por lo que no dudó en acompañar a Jim de regreso a su habitación.
–Espero que ahora duermas de una maldita vez– gruñó el médico viendo cómo Jim se desplomaba en su cama.
–No lo dudes.
–Ya veo ya, pero ni se te ocurra dormirte con la ropa puesta, imbécil.
Entre insultos y maldiciones McCoy logró, con la poca ayuda que Jim le podía prestar, quitar el uniforme del rubio y ponerle su ropa de dormir. Por último dejó que el rubio se tumbase en su cama ya sin fuerzas para oponerse a las dos nuevas hipos que le administró.
–¿Qué…?
Jim fue incapaz de terminar la frase, pero el médico dedujo que pasaba por su mente.
–Un medicamento que te ayudará a respirar y unas vitaminas. Nada del otro mundo– explicó colocando un cojín bajo la espalda de Jim para mantenerle elevado.
–Gracias Bones.
–No hay de qué, ya sabes que me encanta salvar culos de niñatos ingratos como tú.
Una sonrisa se formó en los labios de Jim que cerró los ojos, y cayó dormido, en el mismo instante en el que su compañero le cubría con las mantas.
Aunque sabía que necesitaba descansar, Bones permaneció en vela. No podía evitar revisar el estado de Jim cada hora, asegurándose de que este aún respiraba.
Tal vez si Bones hubiera sabido en ese momento la importancia que él y Jim tendrían en la historia, los logros que en el futuro conseguirían, la forma en la que el universo temblaría a su paso, habría comprendido que su encuentro con el joven en el transbordador no había sido una coincidencia, que el que ambos acabasen forjando una inquebrantable amistad no había sido un capricho: Nero había negado a Jim la posibilidad de tener un padre y Jocelyn le había quitado a él la oportunidad de criar a su pequeña Joanna.
Si Bones hubiera podido pensar un poco aquella noche habría descubierto que tal vez el destino si existía, que tal vez Jim sí tenía un padre, y que tal vez él sí tenía un hijo.
Nota 1: me gustaría hacer un comentario sobre este capítulo que inicialmente estaba pensado para ser el último del fic. Sin embargo, los últimos mensajes que he recibido estos dos días me han animado a seguir con él. La razón de que lo publique ahora es más bien técnica, añadí los words a la tablet por si la gripe me mantenía alejada del ordenador y, ahora mismo, es el último que me queda sin publicar, dentro de la tablet, tras esta semana xD
Nota 2: en respecto al capítulo anterior cuando hablo de "los hijos de Jim" no me refiero a hijos biologicos, sino a los niños que, en la serie, salva en Tarso. Tras estos fics ya se ve que Tarso es uno de mis arcos argumentales favoritos y mi apuesta argumental para la tercera película de la nueva generación xD
Nota 3: me gustaría responder a todos los comentarios, pero estos dias se me acabará pasando alguno. Si es así: disculparme y aprovecho de nuevo para daros las gracias por vuestras palabras. Un gran abrazo! :-)
