Como los cortes entre capitulos me resultaban forzados he tomado como norma en esta parte reescribir el último parrafo de la anterior, para suavizarlo un poco, es lo que va en cursiva.

Capitulo 9:

...A continuación miró a Wólfram, esperando su veredicto y se quedó perplejo al verlo sonriente, como nunca le había visto, con una sonrisa enorme y resplandeciente, pero con los ojos anegados de lágrimas a la vez.

- Wolf... – empezó a preguntar preocupado.

- Estoy bien henakoko – se apresuró a calmarlo el otro secándose rápidamente las lágrimas con el dorso de la mano.

Y lo estaba. Las enrevesadas explicaciones de Yuuri no eran complicadas de entender para alguien que llevaba oyéndolas ocho años, así que prácticamente desde el primer momento había comprendido lo que su prometido le estaba intentando decir y había sentido como si su corazón se derritiese de la calidez que le transmitían cada una de sus palabras. Al final la emoción había podido con él y se le había escapado un poco de llanto. Pero era uno alegre. De liberación. De descanso. Un llanto que le había permitido deshacerse de una vez por todas de todas las emociones y tristezas contenidas y decir con completa seguridad que no arrastraba ninguna amargura por el pasado.

- Estoy bien – repitió con más firmeza – Ha sido... mi tenedor particular – añadió – como yo rompo cosas a diario, pensé que necesitaba hacer algo distinto a lo habitual.

Yuuri le miró un par de segundos perplejo, antes de echar a reír sorprendido del pésimo intento que había hecho el rubio de burlarse de sí mismo. El soldado le acompañó de buena gana.

Cuando al cabo de un rato ambos se habían calmado, el Maou volvió a ponerse repentinamente serio.

- Entonces, Wolf – dijo bajando la cabeza y el tono de su voz - ¿crees que algún día serás capaz de perdonarme?

"¿Perdonarle?" Se preguntó el ex-príncipe conmovido "¿Quién no le perdonaría cuando te dice esas cosas tan dulces?" Sin embargo, el shoukoku parecía completamente ignorante de su poder a juzgar por su aspecto en aquel momento. Estaba completamente tenso, la cabeza gacha, sin atreverse a mirar por miedo a la respuesta, mientras una de sus manos jugueteaba nerviosa con el maltrecho tenedor de antes. Sí, claro que estaba perdonado, pero no era esa la respuesta que Wólfram quería darle.

- No – dijo finalmente.

Yuuri levantó la cabeza y le miró, con un gesto a medias entre la sorpresa y el dolor y la comprensión y aceptación.

- Porque no tengo nada que perdonarte – dijo a continuación el rubio.

Ahora sí que la mirada del joven rey revelaba sorpresa.

- Pero...

Wólfram le calló con un gesto.

- Yo te he estado escuchando a ti, ahora te toca a ti hacer lo mismo.

El Maou asintió con la cabeza.

- Una pareja es cosa de dos, y una conversación también. Tú no te abriste a mí, pero yo tampoco te enfrenté para que habláramos y me aclarases las cosas. Actuaste como lo hiciste basándote en una información errónea y dejándote influenciar por tus miedos. De lo primero no puedo acusarte porque te engañó alguien a quien ambos creíamos de confianza. De lo segundo sería hipócrita culparte ya que es una falta en la que yo también he incurrido. Como tú mismo has dicho, estábamos en una situación de equilibrio y temía que si hacía un movimiento demasiado brusco, todo se derrumbaría como un castillo de naipes y me acabarías echando de tu lado.

- ¿Y qué pensabas? Es decir, ¿cuál pensabas que era la razón por la que no lo había hecho aún?

- Creía que simplemente te habías acostumbrado. Que como había dejado de recordarte a todas horas que estábamos prometidos habías dejado de pensar en ello y habías aceptado mi presencia a tu alrededor sin más. Así que aprovechaba cada minuto a tu lado como tiempo robado hasta el momento en que apareciese alguna chica que te interesase de verdad y nuestra relación se convirtiese un estorbo.

El rostro de Yuuri se contrajo en una mueca de rabia, como cada vez que pensaba en lo mucho que había sufrido su prometido. Cierto que él también lo había pasado mal, pero había sido distinto. La sensación de estar junto a él pero no poder alcanzarle porque un muro de cristal los separaba había sido incómoda (bueno, había sido un auténtico suplicio) pero por lo menos su corazón siempre había estado seguro, mantenido a salvo por la certeza de que el día que el muro cayese, Wólfram respondería a sus anhelos. Sin embargo para el mazoku había sido al contrario. Había vivido todo este tiempo esperando el momento en que Yuuri acabase de destrozar su ya ajado y maltrecho corazón. El daño emocional que debía haber estado sufriendo estaba a años luz que cualquier molestia que el Maou hubiese tenido que soportar.

- Aunque tampoco me había dado por vencido – añadió ahora su interlocutor con soberbia – Pensaba que si había conseguido que te acostumbrases a mi presencia, tal vez, con tiempo suficiente, pudiera volverme una parte tan fundamental de tu vida que ninguna chica recién conocida pudiera superarme. Aunque claro, no las tenía todas conmigo, el amor es a veces como un torbellino. Te golpea sin preaviso y remisión.

- Pero a veces no – le contradijo en aquel momento el shokoku – A veces el tiempo es su mejor aliado. Murata me dice siempre que estaba enamorado de ti prácticamente desde el principio, y supongo que será verdad, ya que lo dice él, sin embargo no puedo estar seguro porque durante aquellos años estaba tan confuso que no me entendía ni yo mismo. Tengo la completa certeza que si no hubiese sido por tu paciencia y persistencia no hubiese sido capaz de asumir todo esto. El tiempo hizo que mis sentimientos crecieran hasta el punto que ya no pude ignorarlos ni negarlos. Pero también me permitió madurar lo suficiente como para poder aceptarlos en lugar de asustarme y salir huyendo de ellos. Aunque la verdad es que no necesitaba tanto como me han obligado a tomarme – añadió con una sonrisa y haciendo un chiste malo de su situación.

Wólfram respondió sonriendo también. Si su prometido había querido hacerle sentir que la espera y sus esfuerzos no habían sido inútiles, lo había conseguido.

- Entonces, ¿con esto quieres decir que estoy perdonado? – preguntó Yuuri, inseguridad de nuevo en su voz.

- Sólo prométeme que no volverás a callarte las cosas y el asunto quedará zanjado.

- Sólo si tú me prometes a mí que me preguntarás cuando tengas dudas – devolvió la pelota a su vez.

- Hecho – aceptó el rubio asintiendo a la vez con la cabeza.

- Hecho – repitió el Maou sonriendo.

- Aunque aún queda un asunto que resolver – terció repentinamente Wólfram.

- ¿Cuál? – inquirió su acompañante sorprendido.

- Que aún no nos hemos besado, henakoko.

Yuuri sonrió ampliamente, aunque rápidamente puso un gesto que trataba de ser serio, aunque el brillo de sus ojos delataba que no lo era tanto.

- Ciertamente, es algo importante que hay que solucionar lo más pronto posible – coincidió levantándose con determinación, aunque al soldado no se le escapó el ligero temblor de sus manos a causa de los nervios. El shoukoku rodeó la mesa y se acercó hasta él, pero una vez allí, se quedó parado, sin saber que hacer. Wólfram pensó que lo mejor sería que levantase para que ambos estuvieran a la misma altura, pero en ese mismo momento Yuuri había decidido echarle valor y agacharse para llegar hasta él, con lo que ambos se chocaron a medio camino. El noble se fue hacía atrás por el impacto, pero antes de llegar a caer, se vio atrapado por los brazos de su prometido, que lo apretaron fuertemente contra él, mientras sus labios se unían finalmente.

El beso fue torpe al principio, propio de jóvenes inexpertos como ellos, pero ninguno de los dos iba a rendirse después de tanto tiempo esperando ese momento, así que siguieron pegados, moviendo sus labios de una y mil maneras hasta encontrar las posiciones que les causaban mayor placer y que les ayudaban mejor a expresar los sentimientos tanto tiempo contenidos. No tardaron en hallar la sincronía y con ella, la sensación de unión y perfección y ambos se vieron desbordados por la pasión y las sensaciones del momento. Yuuri olvidó por completo todo lo que no fuera el cuerpo que tenía contra él y trató de acercarse más, pero su atrevido movimiento desestabilizó su ya precaria posición, lo que les hizo perder el equilibrio. Una rápida reacción por parte de ambos les evitó acabar en el suelo. Aunque casi fue peor, porque en su lugar cayeron en la mesa, entre comida y utensilios que fueron lanzados estrepitosamente al suelo por el golpe, mientras el culo de Wólfram aterrizaba en el centro de su plato (prácticamente lleno) de crema fría de puerros.

- ¡Arg! – exclamó el rubio con desagrado al ver el puré resbalando por toda la parte trasera de su uniforme.

- Wolf, yo... – empezó a decir el joven rey viendo el desastre.

- Cierra el pico, henakoko – le cortó su prometido malhumorado, mientras cogía una servilleta para tratar de limpiarse un poco.

Su acompañante trató de no reírse ante lo ridículo de la situación y lo inútil de los esfuerzos del soldado por solucionarla.

- Esto no tiene remedio – gruñó finalmente el rubio dándose por vencido – Voy a... – sus palabras se congelaron cuando al levantar de nuevo la cabeza vio la cara de diversión del Maou – ¡Ni se te ocurra reírte, henakoko! – le gritó amenazándole con el dedo – Esto ha sido culpa tuya.

- Vale, vale – admitió Yuuri levantando las manos en señal de derrota.

Wólfram se limitó a contestar con un "humpf" airado, echando a andar con paso firme en dirección al armario, con lo que Yuuri decidió tratar de ser lo más bueno posible y se agachó a recoger las cosas que se habían caído. El rubio seguía refunfuñando por lo bajo mientras se quitaba con toda celeridad los pringados pantalones y la chaqueta de su uniforme, pero cuando fue a abrir el armario para coger el repuesto, un fuerte ruido de algo rompiéndose reclamó su atención.

- Ahora que has hecho, henakoko – dijo volviéndose con enfado.

Su mal humor desapareció de inmediato al ver la estampa que el Maou ofrecía. El joven japonés estaba de pie, en dirección hacía él pero con la cara volteada en sentido opuesto, una de sus manos aguantando el peso de su cuerpo sobre la mesa, la otra apretada fuertemente en un puño y, lo más importante de todo, respiraba con dificultad...