Disclaimer: Las tortugas ninja no me pertenecen y bla bla bla... xD


9. Croquet y tartas ll

-¡Muy bien, aquí me bajo, amigo!

Miguel Ángel bajó del pajarillo –tan verde como las hojas de los árboles- que montaba; no se había alejado mucho de las tweeedles cuando lo encontró y con torpeza se subió al animalillo, el ave parecía entender la situación en la que se encontraba el travieso quelonio por lo que se dejó montar y voló por lo bajo, alejándose rápidamente de ese lugar.

El pajarillo trinó feliz por haber ayudado y se fue volando. Mikey miró el muro de piedra que se alzaba ante él, observó con detenimiento a su alrededor y notó una grieta entre las piedras, era lo suficientemente grande para pasar al otro lado. Con precaución atravesó la grieta, encontrándose entre flores multicolores y frescas fuentes. Rápidamente se agachó y miró la escena frente a él.

Aparecieron diez soldados, planos y anchos – eran cartas - todos ellos armados y con corazones negros; detrás de ellos aparecieron cortesanos ataviados en diamantes, avanzaban entre saltos y tomados de las manos; después seguían los nobles esbozando sus falsas sonrisas y, entre ellos, Mikey reconoció a cierta tortuga de bandana roja: hablaba atropelladamente, nervioso y sonriendo sin ton ni son… eso le dio escalofríos a la joven tortuga. Y al final del "espléndido cortejo" avanzaba el rey de corazones. Era la primera vez que lo veía (pues las gemelas siempre lo ocultaban) y lo que vio no le gustó nada. Se había repetido una y mil veces que ya nada lo sorprendería pues comenzaba a acostumbrarse a tantas rarezas de ese mundo alterno, es más, pensaba que bien podía aparecer Bishop dando saltitos con una canasta llena de flores y repartiendo lindos gatitos y eso no lo perturbaría, o bien la versión alterna de su amiga Abril podría ser una malvada y fea bruja que gustaba de beber sangre de bebés y no le importaría para nada pero… la persona que tenía a metros de distancia rebasaba los límites de su cordura, el solo verlo era como si le tiraran encima un balde de agua helada. Su ropa rayaba en lo ridículo: pantalones negros y botas doradas, el sacó que portaba era rojo y ajustado, con hombreras anchas y mangas largas, en el torso tenía un corazón que dejaba al descubierto su ombligo y una horrible gorguera (N/A es un cuello de encaje). Mikey no sabía si reír o llorar.

Bien, ya sabía que sería un rey y no una reina de corazones, como se imaginaba por el cuento de Alicia… pero eso ya era demasiado.

-¡Todos a sus sitios!- gritó el rey con voz de trueno, distrayendo a Migue. Todos reaccionaron a la orden y se pusieron a correr en todas direcciones, tropezando unos con otros, en pocos minutos todos ocupaban su lugar y empezó el juego.

La joven tortuga nunca había visto un campo de croquet tan raro como aquél en toda su vida, aunque tampoco era muy fanático del croquet: estaba lleno de montículos y surcos, las bolas eran erizos vivos y los mazos flamencos "Pobrecitos" pensaba el quelonio con lástima.

Un dodo le dio un flamenco al rey, éste se preparó (Mikey vio al pobre erizo encogerse de miedo, atado como estaba para no escapar) y le dio con fuerza. Por poco y atropella a Miguel Ángel, el erizo pasó a toda velocidad a su costado. Preocupado por animalillo se acercó a ayudarlo.

El público aplaudió al rey, quien se hinchaba de orgullo ante la adulación de los demás y ordenaba que buscaran su pelota.

-¡Magnifico! ¡Qué buen lanzamiento! ¡Muy bien su alteza!

-¡¿Y mi pelota?! Tú…- Señaló a Raphael –busca mi pelota.

-Sí majestad – respondió con nerviosismo.

Mientras, Mikey liberaba al erizo, el animalito se removía inquieto y con temor.

-¡Sshh! Cálmate por favor, te voy a ayudar.

Ni bien lo desató, escuchó un ruido detrás de él.

-¡Vaya, pero qué tenemos aquí! Una Mini Tortuga-. Raphael miraba con cautela a la tortuguita. Ahora vestía zapatos y pantalones de color café, una camisa de cuadros y un frac rojo con los bordes dorados, llevaba un reloj redondo a modo de corbata y a un costado otro reloj gigante atado a su cintura, además Mikey pudo distinguir una fina cadena de plata en uno de los bolsillos cuando el mensajero se agachó a su altura. En cuanto lo tuvo más cerca Raphael supo quién era.

-¡Un momento! … pequeña tortuga… - habló el mensajero, con una mano en el mentón y con aires pensativos – Debes de ser al amigo de las Tweedles ¿A qué sí? Se supone que yo te buscaría, pero bueno, me has ahorrado las molestias- Mike asintió.

-¿Tu me ayudarás a volver a mi tamaño original? La poción esa que hace crecer…

-¿Upelkuchen? Sí, aquí tengo un pedazo – le extendió un panecillo, Mike agradeció y antes de darle un bocado la tortuga de bandana roja habló – también debes ser el amigo de Leonardo y Usagi, el que estaba dentro de esa tetera que arrojó, y también debes conocer al gato de Cheshire, entonces… ¡tú debes ser Miguel ángel! –exclamó. Mikey solo asintió efusivamente con una sonrisita. Le ponía feliz que el Raphael alterno lo reconociera y quisiera ayudarlo.

Unos pasos más atrás el rey su séquito se impacientaban esperando a la tortuga. Con un bufido el rey fue a investigar la demora del paje.

-Escúchame – decía Rapha con prisa – debes esperar a que los demás se vayan o alejarte de aquí antes de que te vea el rey, no queremos que… ¿¡QUÉ DEMONIOS HACES!?

La temperamental tortuga no pudo evitar gritar al ver que Mikey no lo escuchaba y le daba una buena mordida al pastelillo que tenía entre sus manos. Pronto sintió su cuerpo estirarse hacia arriba poco a poco, recuperando su estatura normal.

-¡Demonios! ¿Qué no pones atención a lo que digo? ¡Deja de crecer!

Raphael seguía mascullando cosas y Mikey se revisaba cuando una voz los interrumpió.

-¿Y éste quién es? – demandó el rey. La pregunta iba dirigida al mensajero real, pero éste no hizo más que inclinar la cabeza y sonreír por toda respuesta-. Idiota – dijo el rey, agitando la cabeza con impaciencia, y volviéndose hacia Mikey le preguntó - ¿Cómo te llamas niño?

-Me llamo… Humm…

-¿Humm? Que nombre tan raro.

-¡Sí, así es! Mi nombre es Humm, para servir a su majestad – Contestó Mikey en tono de lo más cortés.

-¿Cómo entraste aquí?

-Discúlpeme, pero eso no es asunto suyo – replicó Mike, asombrado de su atrevimiento, pero no delataría a las gemelas.

El rey de corazones se puso rojo de furia y, tras dirigirle una mirada fulminante y feroz, empezó a gritar:

-¡Que le corten la cabeza! ¡Que le corten…!

-¡Tonterías! – exclamó la tortuguita en voz alta y decidida.

El rey calló.

La tortuga de bandana carmín habló con voz tímida y sumisa:

-Su majestad, considere que es tan solo un niño, no sabe lo que dice.

El rey pareció considerarlo, con la molestia pintada en la cara.

-¿Sabes jugar al croquet?

Los presentes guardaron silencio y volvieron la mirada hacia Mike, porque era evidente que la pregunta iba dirigida a él.

-¡Sí! – gritó Miguel Ángel.

-¡Pues andando! – vociferó el rey. Y Mike se unió al cortejo. Tenía curiosidad de jugar. Cuando todos volvieron a sus sitios, el quelonio de anaranjado se acercó.

Como se imaginó, la parte más difícil fue manejar el flamenco. Logró dominar al pajarraco poniéndolo bajo el brazo, con las patas colgando detrás, pero cuando lograba enderezarle el largo cuello y estaba a punto de darle un golpe al erizo con la cabeza del flamenco– con gran remordimiento–, éste torcía el cuello y lo miraba directamente a los ojos con extrañeza, lo que no lograba calmar la culpa que sentía al tratarlos como objetos. Cuando entendió cómo agarrar al ave, golpeaba suavemente para no lastimar a ambos animales.

Todos jugaban a la vez (a excepción del rey, él tiraba sin que nadie le estorbara) sin esperar su turno, discutiendo entre ellos y disputándose los erizos. Al poco rato el rey cayó en tal estado de furor que andaba de un lado a otro dando patadas en suelo y gritando a cada momento "¡Que le corten a éste la cabeza! ¡Que le corten a esa la cabeza!". Miguel Ángel miraba todo con incomodidad: él no había tenido ninguna disputa con el rey (prácticamente era muy malo en el croquet, y eso le agrada a su alteza), pero podía suceder en cualquier momento…

-"Y ¿Entonces?" – Pensaba –"¿Qué será de mí? Aquí todo lo arreglan cortando cabezas… y no quisiera lastimar a nadie solo porque no quiero estar aquí".

Buscaba alguna manera de escapar y se preguntaba si podía irse sin que lo vieran - debía ir a Cake City pronto - cuando advirtió a alguien recostado sobre la rama de un árbol. Desconcertado se acercó con cautela a la figura y descubrió con agrado que se trataba de…

-¡Gato de Cheshire! – sonrió con sorpresa.

El Casey alterno esbozó una sonrisa coqueta.

-¿Me extrañaste, pequeñín?

-¡Ya quisieras!

-Pues lo cierto es que eso quisiera – Cheshire se sentó de espaldas para dejar caer el resto del cuerpo, quedando de cabeza tan solo sujetándose de la rama con sus piernas -, ¿Qué tal estás?

-No juegan limpió y a cada rato se la pasan peleando, además el rey ya ha pedido la cabeza de la mitad de su cortejo, creo.

-¿Y qué te parece el rey? –preguntó el felino en voz baja.

-Perfectamente horrendo – declaró Mikey – Es tan exagerado…

-Más vale que el rey no te oiga, niño –Raphael apareció justo detrás de él, asustándolo -. ¡Jajaja, así tienes la conciencia! – rió el mensajero divertido por la cara del menor.

-¡No me asustes así!

-Perdónalo Mikey, sé que su cara da miedo, pero es la única que tiene – aseguró el semihumano soltando un suspiro con pesar.

-Que gracioso, gatito – replicó Raph con fastidió, acallando las risas de sus acompañantes - ¿Qué demonios haces aquí?

-Vine por el pequeñín – contestó señalando a Mikey, quien hizo un puchero por cómo lo llamaron- el rey quiere conocerlo… el rey legítimo – recalcó.

-Creí que tenía que llegar por sí solo – el quelonio de carmín enarcó una ceja con burla.

-Así es, yo solo le señalaré un camino más corto.

-¡Un momento! – Interrumpió Mike – Donnie me dijo que el camino más corto era atravesando el bosque y que solo que "aquel que sea de buen corazón y no tenga malas intensiones, encontrará al rey blanco, quien gustoso lo ayudará" – dijo, imitando al sabio. Tanto la tortuga mayor como el semihumano lo miraron con los ojos abiertos de sorpresa y una sonrisa naciendo en sus rostros (en el caso de Raph).

-Tenías razón, Ches. Es agradable – dijo el mensajero, conteniendo una carcajada – Me caes bien niño.

-¡Que me llamo Mikey!

-Sí, sí, como sea… ¿¡Donnie!? No me puedo creer que le digas así al Sabio – siguió burlándose Raphael.

-Da igual Raph, ya podrás molestarlo después, por ahora ayúdame a sacarlo del castillo.

La tortuga mayor y el semihumano pensaban en cómo sacarlo, tan concentrados estaban que no notaban la figura del rey acercarse, afortunadamente Mike sí se dio cuenta. Simulando buscar algo, habló en voz alta:

-¡Oh, su alteza! – El felino desapareció y Raphael se ocultó mientras Mikey se dirigía hacia el rey con una expresión inocente – Creo que perdí mi erizo, definitivamente soy malo en esto.

-Sí, lo noté Humm. Vamos, dentro de poco será la cena.

Miguel Ángel siguió al rey de corazones con nerviosismo. Algunos invitados aprovecharon la ausencia del rey y se tumbaron bajó la sombraron, en cuando notaron que se acercaba nuevamente se apresuraron a volver al juego. Juego que terminó porque su majestad ya se había aburrido.

Todos siguieron al rey devuelta al salón principal.

El monarca avanzó con seguridad hacia su trono mientras el resto se situaba a los lados. Mikey se quedo quieto, esperando alguna orden.

-Siéntate – ordenó el rey, señalando un banco junto a él - ¡Que te sientes! – vociferó. Mikey obedeció.

El salón principal era digno de la realeza: espacioso, lujoso y extravagante.

Unos pasos distrajeron a la joven tortuga. Por el rabillo del ojo vio que el General Leatherhead se acercaba y se inclinaba a un costado del rey, hablándole en voz tan baja que, por más que se esforzó, no escuchó. Bufó por lo bajo y prefirió ignorar al reptil, le dolía que la versión alterna de su buen amigo y científico, fuese un canalla con los demás.

Lo que jamás esperó fue su reacción.


Leatherhead nunca lo había visto antes de ese día - claro que tampoco se dedicaba a prestar atención a cualquiera que se atravesara en su camino -, pero algo en él llamó poderosamente su atención.

-¿Quién…quién es esa bella criatura? – preguntó el cocodrilo en voz baja pero perfectamente audible para Mikey.

El rey regresó a ver lo que señalaba su general.

-Humm, mi pequeño invitado.

-¿Tiene nombre?

-Humm.

-Supongo que tu nombre se le ha olvidado al rey- dijo el reptil con emoción contenida.

-Su nombre es Humm, cabeza hueca- gruñó el rey.

Mikey se heló de puro terror.

-"¡Oh, no! ¡No otra vez!" – lentamente giró la cabeza para ver al general a la cara. Leatherhead vestía completamente de negro… y lo observaba. No con curiosidad ni con recelo… - Ho-Hola – balbuceó.

-Un verdadero placer, pequeño – susurró con pasión. Eso era lo peor.

-"¡Rayos! Sé que soy irresistible, pero esto es demasiado" – intentó sonreír pero solo le salió una mueca que el cocodrilo encontró encantadora.

Agradeció a las tweedles que entraron con estrepito, desviando la atención de los presentes hacia ellas.

Tweedle Dee y Tweedle Dum dirigieron una mirada aterradora a los comensales, sus rostros daban tanto miedo que ni siquiera Leatherhead se atrevió a acercarse.

-¿Qué sucede? – sorpresivamente el rey habló con suavidad.

-¿¡Que qué pasa!? – Ambas gruñeron.

-Pasábamos tranquilamente cerca del gran comedor – empezó Dum, con una vena marcada en su cabeza.

-Cuando vimos lo que habría de cenar – continuó su gemela, apretando los dientes-, bien saben que no es problema compartir el árbol de fresas agridulces con los habitantes de Heartland…

-Ni tampoco nos molesta compartir una tarta o algún dulce.

-Pero lo que no toleraremos…

-Es que se coman tartas…

-Con las fresas que NOSOTRAS recolectamos – concluyeron a la vez

Los presentes temblaban con cada palabra dicha, Mikey rodó los ojos y vio cómo la Señora Coco hacia lo mismo y negaba con la cabeza… ese par sí que sabían ser dramáticas.

-Nadie tomó sus estúpidas fresas… -dijo Leatherhead.

-Sabemos perfectamente que está mañana los cocineros fueron a recolectar frutillas – repuso tweedle Dee.

-¿Cuál es el problema entonces? – preguntó hastiado el rey.

-¡QUE TE LO DIGAN ELLOS! – vociferaron en coro, señalando a los temerosos cocineros que estaban atados de las manos.

Una voz anciana salió en defensa de los cocineros, aclarando la situación.

-Sucede, señor, que desaparecieron algunos de los alimentos. Se recolectaron las fresas necesarias para la cena, ni uno más ni uno menos como ordenó. Hace unas horas desaparecieron un par de tartas, descompletando las raciones justas. Los cocineros no sabían qué hacer, así que tuvieron que tomar las fresas de las señoritas para completar la comida.

-Así que eso pasó…- meditó el rey – Estás diciendo que alguien se atrevió a robar las tartas.

-Así es, alteza.

-Convoca al personal… quiero al culpable, Splinter.

-Como ordene el rey.

Splinter salió del salón y reunió a los sirvientes, mensajeros, cocineros, al jardinero y las mucamas.

Mikey siguió con la mirada al roedor, si bien le gustó ver al "otro" Sensei no le agradó que trabajará para el rey de corazones… aunque por lo que vio, no le sorprendía. Además este Splinter era más alto y, por tanto, más imponente y con el mismo porte de autoridad.


En el comedor estaban reunidos los sirvientes. Uno pensaría que, siendo un castillo muy grande, habría un gran personal. Pero no: estaban los tres cocineros, dos mucamas, cinco ranas vestidas con un chaleco rojo y dorado, una carta de póker era el jardinero, también estaban tres redondos y melenudos Pesuruh, el mismo Raphael, la Sra. Coco y por supuesto Splinter, el mayordomo mayor. Increíblemente eran pocos y mantenían el orden el lugar.

Todos formaban una línea y estaban firmemente de pie con las manos tras la espalda.

-Uno de ustedes se atrevió a hurtar mis tartas – comenzó el rey haciendo resonar sus pasos en el comedor, miró a cada uno de los sirvientes y soltó sin más…- ¿Tu las tienes?

-No majestad – contestó una mucama.

-¿Fuiste tú? – interrogó al jardinero, quien sudando de los nervios negó en voz bajita -. ¿Y tú? ¿Tú las tienes? – siguió interrogando a sus criados y ellos iban negando. Mike miraba con diversión el método que usaba el rey para encontrar al culpable, era como si pensara que el ladrón confesaría de buenas a primeras…

Al llegar frente a una de las ranas con chaleco, se detuvo. Fijó su mirada penetrante hacia él. La rana temblaba de miedo, tragó sonoramente y desvió un poco la vista hacia una de sus compañeras. Por supuesto el rey lo notó y caminó hacia la temblorosa rana, ésta tenía la cabeza levemente hacia bajó y evitaba mirar al monarca… El rey de corazones acercó su cara al anfibio y habló con dulzura:

-¿Tu hurtaste mis tartas?

-N-No majestad – justo cuando Mikey pensaba en la pérdida de tiempo que estaba resultando todo eso, el rey rozó con su dedo índice un costado de la boca de la rana, y sin quitarle la mirada de encima, se llevó el dedo a la boca…

-Crema de chocolate blanco…

-¡Es que no lo resistí! ¡Tenía demasiada hambre! – Explotó la pobre rana, suplicando clemencia- ¡tengo familia, por favor!

-¡Perderá la cabe…!

-¡NO!

Ambas tweedles estaban de pie frente al ladroncillo fulminándolo con la mirada.

-No queremos que le corten la cabeza, alteza.

-Esa rana es la razón de que sus frutillas se acabaran – dijo Leatherhead con una sonrisa socarrona – creí que querían que recibiera un castigo.

-Así es General, pero no queremos una condena como esa – suplicó la tweedle de blanco – Por favor alteza.

-Su majestad, ya que él fue el causante de que usaran nuestras frutillas, propongo que nosotras nos encarguemos – continuó Dee con ahínco.

El rey las observó. Ambas chicas pusieron ojitos tiernos e hicieron un lindo puchero en sus bocas. Los presentes soltaron un "Aaaww" colectivo, no era común que las gemelas hicieran esas caras frente a los nobles. Incluso el enorme reptil se aclaró la garganta y desvío la mirada incomodo.

-¡Por favor, tío! – suplicaron con ahínco las tweedles.

-De acuerdo – asintió el rey – solo quiero que tengan en mente que por esta rana los nobles de Heartland comeremos tartas hechas con las fresas que recolectaron con tanto esfuerzo y entusiasmo.

Mikey vio el semblante sombrío de sus amigas, ambas con el ceño fruncido y la boca torcida. La rana siguió suplicando cuando cada chica tomo una mano y lo arrastraron fuera del gran comedor. Algunos gimieron y sus compañeras ranas cerraron los ojos con pesar… era preferible que el general lo castigara a que fuera torturado por las gemelas.

-Recoge los renacuajos en su casa, son tan deliciosos -. Ordenó el monarca al Leatherhead.

La traviesa tortuga estaba pensativa recargada sobre un pilar:

-"Así que son sus sobrinas…mmmm, por eso no les grita como a los demás" – le resultaba curiosa la actitud del rey de corazones con las chicas, por momentos daba la sensación de que era muy estricto con ellas y ahora se mostraba casi… fraternal.

Como si hubiese leído sus pensamientos, Raphael se acercó discretamente a Mikey simulando leer el pergamino que tenía en sus manos.

-El rey de corazones es el hermano mayor del rey blanco y las tweedles son hijas de éste último, el mayor le tiene cariño a esas chiquillas así que decidió quedárselas, ellas eran tan pequeñas en ese entonces – explicó en susurros rápidos para después continuar en un tono normal – Joven, el rey ha dispuesto una habitación para que descanse. En cuanto guste le mostraré.

-Eh, sí gracias.

La tortuga de carmín se retiró con una inclinación dejando a Mikey con algunas dudas.


La cena fue espléndida. Disfrutó de un delicioso faisán a la naranja acompañada de las más extrañas comidas que hubiese visto en su vida. Y como postre por supuesto, las dichosas tartas de fresas, increíblemente suaves y esponjadas. Una delicia al paladar de la golosa tortuga.

Durante la cena el rey hacia preguntas personales que Mikey supo esquivar ágilmente sin revelar sobre su verdadero origen y mencionando con sutileza que debía partir… todo gracias a las series policiacas que veía con sus hermanos. Mientras hablaba con uno de los duques alcanzó a ver por el rabillo del ojo a las gemelas, sentándose tranquilas y sonrientes, como si nada hubiese pasado. Aunque resintió un poco el que lo ignoraran sabía que era necesario, al parecer sus amigas no querían que el General lo relacionara con ellas… y hablando del General Leatherhead… éste no dejaba de mirarlo desde un rincón del salón, vigilando a todos los que se encontraban ahí, el quelonio de bandana anaranjada sentía escalofríos al notar la mirada fija en él, el cocodrilo lo recorría de arriba abajo, con una intensidad que, más que molestar, incomodaba a Miguel Ángel, el cual deseaba salir del salón lo más pronto posible.


Hace apenas unos minutos el rey le permitió retirarse junto a los demás nobles, despidiéndolos con un claro "Nos veremos en unos días como acordamos". Al pasar junto a un ventanal notó que finalmente había anochecido; ahora caminaba por los corredores buscando a Raphael con desesperación pues no lo veía desde la cena y estaba agotado después del largo día que pasó, pero la sensación de que lo seguían lo tenía en alerta, discretamente sujeto uno de sus nunchucks, escondidos bajo sus ropas; un empujón lo tomó por sorpresa.

-¿Acaso te perdiste pequeño? – Susurró Leatherhead al oído de Mikey - ¿Quieres que te ayude a encontrar tu habitación?

Mikey comenzó a hiperventilar del susto. El gran cocodrilo lo tenía acorralado contra la pared y sujetaba sus muñecas con una de sus garras mientras la otra recorría con lentitud su mejilla.

- N-No g-gra... Gracias – la tortuga se maldijo internamente por lo débil y asustado que sonaba – el rey ordenó que... que su mensajero real me mos-mostrara el ca - cami…camino.

-Ooh, no te preocupes, estoy seguro que no le molestará si soy yo quien te ayuda.

-¿Q-qué quieres? – el pequeño quelonio no sabía si temblaba de miedo o de ira, probablemente eran ambas cosas.

-A ti – dijo el general, deslizando su garra por el pecho de la joven tortuga – eres realmente lindo… - Mikey cerró los ojos con fuerza, el cocodrilo lo superaba en tamaño y fuerza, por más que trataba de zafarse de su agarre no podía.

-Joven Humm, aquí está – Raphael se acercaba con nerviosismo – el rey me manda para mostrarle sus habitaciones.

Casi se lanza a besar a Rapha por su interrupción pero un gruñido por parte del general lo hizo recuperar la calma.

-¡Lárgate, Raphael! Estamos ocupados.

-Discúlpeme General pero el rey me hizo responsable de su joven invitado, además me manda decirle a usted que lo necesita urgentemente.

Leatherhead soltó un bufido de desesperación pero finalmente se separó de Mikey y se despidió con un coqueto "Hasta luego, pequeño" para al fin marcharse.


Y este es el fin del capitulo!

es interesante el giro que está tomando la historia ya que se sale de mi control... y sí, finalmente sale Splinter (el de 2k12 pq me gusta que sea alto xD), como el mayordomo mayor...Sorpresa, sorpresa! así es, aunque yo este escribiendo la historia parece dirigirse solita, ya que esperaba que el fic no pasase de 10 capitulos, pero parece que habrán más.

En el proximo capitulo al fin veremos la identidad de ambos reyes y un poco de su historia y... Mikey podrá ver las versiones alternas de sus queridos hermanos... juntos!

Espero que les haya gustado

Nos vemos en el siguiente!

Comentarios, sugerencias, criticas constructivas, son bienvenidas! (n.n)/