Nota de autora: Los personajes de Saint Seiya que aparecen son solo míos durante las horas de sueño y de delirio como el escribir esta historia. Algo que me olvide de avisar es que estoy tomando algunos diálogos y fragmentos del manga original solo para contextualizar. Pero siguen perteneciendo a Kurumada.
Sé que he cambiado varias veces el estilo de escritura, pero a partir de ahora no habrá más cambios.
Nuevamente se lo dedico a Misao Cutegirl por ser tan paciente… Ojala que lo disfrutes
Capitulo 8.
La fiesta, el Dios del Mar y la sombra de una guerrera.
Suspiró. ¿Qué diablos estaba haciendo ahí? Su guardián le había dicho que debía de asistir a la fiesta de cumpleaños del heredero de la familia Solo, pero no se imagino que sería tan aburrido. Sí, no tenía problemas en hacerse pasar por una mujer de la alta sociedad por su apariencia. Cristain suspiró mientras miraba alrededor.
"Estoy aburrida." Pensó para si misma. No conocía a nadie, no había visto a Julián aun…
En ese momento sintió un cosmos fuerte pero al mismo tiempo lo suficientemente cálido y amable. Lo reconoció enseguida: Athena. Tragó saliva. Al menos no la reconocería… ¿o si? Esta vez tenía el cabello suelto y llevaba un vestido acorde a la fiesta. Se quedó en su lugar. Había un hombre que la estaba acompañando y no era uno de los caballeros. Al parecer hablaban de Julián…
- ¿No será muy exagerado? – Hablaba de la fiesta.- En el fondo sigue siendo el cumpleaños de un nene…
Ella hizo un gesto al escuchar. Si claro… Un nene con dinero y de una familia que estaba maldita por tener que soportar al alma de cierto Dios… Quien afortunadamente seguía dormido.
- Tatsumi, cuidado con lo que dices… - le regaño con suavidad Saori.- Julián, a pesar de sus 16 años, ha heredado todo lo que poseía su padre, y es él quien se encarga de los negocios familiares. Se dice que también heredó la inteligencia de su padre, y es, además, alguien hermoso, en definitiva una persona brillante.
- Gracias por el cumplido Señorita Kido…- comentó alguien detrás de la chica. Cristain de inmediato lo supo: era Julián.
Alzó la vista para verlos. Por eso no le gustaba mucho algunos hombres, especialmente los que se relacionaban con los dioses. Cuando vio que Julián llevó a Saori hacia el balcón, supo que algo pasaría. Dejo su copa y se levanto. Pudo escuchar como el hombre que antes estaba cerca de la diosa, renegaba. Sonrió para sus adentros. La chica era inteligente, no como ese Solo que le propuso matrimonio a una diosa sin saberlo realmente…
"Pero creo que lo sabe, no de forma consiente pero lo sabe. Después de todo… Es Poseidón." Pensó mirando de forma disimulada a la pareja. Cuando vio que Saori iba a volver a meterse a la fiesta, decidió retirarse, no debía dejar que…
- ¿Eres tu Cristain?- la llamó con suavidad. Rayos, había sido descubierta.
- Señorita.- le sonrió y se le acerco haciendo una breve reverencia.- Es un placer volver a verla. Por favor, cuídese ¿si?
La diosa pareció algo confundida ante eso. Cristain aprovecho para hacer una reverencia y se retiró. Se suponía que no debía dejarle saber lo que pasaría a continuación pero simplemente sintió que debía advertirle. Después de todo… Su guardián había dicho que esa noche Poseidón despertaría.
Más tarde esa noche.
Suspiró. ¿No le había dicho que se cuidara? Geez… Últimamente esa diosa parecía meterse en problemas. Al menos no tuvo que intervenir, porque el caballero dorado de Leo había detenido a quien intento secuestrar a Saori.
Entonces sintió algo… Con rapidez se dirigió hacia donde estaba ese tridente. ¿Podía ser que…? Cuando llego al lugar era demasiado tarde. Acababan de irse. Genial, no podía seguirlos sin el consentimiento de Zeus o Poseidón.
- Rayos… Si hubiera sabido que esto pasaría esta noche ni me habría molestado en buscar un vestido…- suspiro. Si hubiera sabido, habría impedido que Julián agarrara ese tridente.
Varios días después.
Múltiples desastres naturales habían comenzado a suceder alrededor del mundo. Era como si de repente el mundo hubiera decidido que ya no necesitaba a los humanos. Claro que para unos pocos, era obvio que alguien más estaba detrás de eso.
Un pequeño pueblo estaba siendo guiado hacia una ciudad con mayor protección contra los tsunamis y desastres. Después de todo estaba bendecida. Y había un par de guerreros que estaban ayudando.
- ¿Se puede saber que diablos están haciendo esos cuatro que no detienen a ese estupido dios que dice ser dueño de los mares? – protestó Cristain.
Una de sus compañeras la miró sin evitar una sonrisa. Cristain había estado de mal humor durante varios días. Acomodó un mechón rojo detrás de su oreja. Weiss la conocía bien y sabía que seguramente era a causa de que Gigs no le daba una respuesta sobre porqué no podían intervenir en esta ocasión. Aunque la más enojada por eso era Atalaya que no podía ver a cierto caballero. Suspiró. Niñas.
- Relájate. Seguramente pronto descubrirán quien es el culpable de todo esto.- O al menos esperaba ella.
- Siempre y cuando Atenea no vuelva a ponerse en peligro.- comento Atalaya terminando de ayudar a una mujer.- Vaya rápido, las aguas pronto subirán.- la alentó.
Cuando todos los habitantes de esa aldea estuvieron a salvo, decidieron regresar a lo que ellas llamaban el campamento. Entraron en el bosque que estaba cerca y luego de unos minutos caminando, llegaron a un claro. Entre los árboles se podía apreciar que el cielo estaba completamente negro.
Mientras caminaban, una joven se les acerco corriendo. Se acercó directo a Atalaya y Cristain.
- ¡Señorita Atalaya, Señorita Cristain! – Las llamó y cuando las alcanzó, se detuvo frente a ellas para recuperar el aliento.- Los Espíritus Guardianes nos han dejado un mensaje, quieren que vayan al templo de Poseidón.
Ambas chicas se sorprendieron totalmente. ¿Solamente ellas?
- Espera… Espera… ¿Sólo ellas dos? – preguntó Weiss ante lo cual la joven asintió.- ¡¿Por qué? ¡Irán a la morada de un Dios! ¡Es distinto a cuando nos enviaron al Santuario!
- Porque así lo desea el Padre de los Dioses, Zeus.- anunció una voz masculina ante la clara sorpresa de las mujeres presentes. Era un hombre de cabellos azules y ojos bien claros, llevaba en una de sus manos un pergamino, y las sandalias tenían alas. No había duda: era Hermes, el mensajero de los Dioses.- El viento y el Agua son elementos fundamentales para alargar la vida de la Diosa Atenea.
- Aún así…- Weiss no estaba segura de lo que podría pasar.
- No te preocupes.- le dijo Atalaya colocándole una mano en el hombro a su amiga.- No pelearemos ni nos acercaremos. Regresaremos después…
- No necesitan preocuparse por las batallas. Los guardianes de la Diosa ya se dirigen hacía allí, y es probable que les lleven algo de ventaja.
- Entiendo.- afirmo Cristain.- Será mejor irnos de una vez, si la diosa entro al Soporte Principal… No tenemos mucho tiempo.- Miró al mensajero.- ¿Cómo llegamos? ¡No podemos llegar hasta allá solas!
- Descuiden, tengo la misión de llevarlas al lugar y dejarlas. Ustedes sabrán como manejarse desde allí.
La joven que había enviado el mensaje estaba claramente sorprendida y algo mareada con todo lo que estaba pasando. Primero ¿un dios mensajero? Segundo ¿las señoritas deberían ir al templo de otro dios? ¡Las guardianas si que tenían la confianza de los dioses!
Templo de Poseidón. Soporte Principal.
- Así es. El soporte principal es el punto vital del templo de Poseidón.- Comentaba el Dios mientras caminaba junto a Saori, es decir, Atenea.- Si llegara a destruirse, el pueblo de Poseidón se extinguiría…. Pero tenemos por seguro que eso no pasará.- Mientras lo decía, observó como su sobrina atravesaba las puertas y cuando terminó de hacerlo, las cerró.
Lamentaba mucho tener que hacer eso. Realmente hubiera preferido que su sobrina aceptara casarse con él y darle su merecido a la corrupta humanidad. No había otro modo. Se dirigió hacia la ventana, mientras dentro de la habitación las cuatro cabezas de león que se encontraban en las paredes comenzaban a dejar caer agua. Cuando abrió la ventana, la vio sorprendida de encontrarse dentro de una habitación justamente dentro del soporte, cerró los ojos mientras le explicaba que sería una columna humana, y que significaba eso. Era extraño…
- Atenea, esto es lo que me pediste. Ésa es el agua que debería caer sobre la tierra, por eso, tarde o temprano esta habitación se llenará de agua. Si llegado ese momento, tus preciados caballeros no vinieron a salvarte… ¡Entonces te convertirás en verdad en la base del Soporte Principal!- dicho eso, cerró la ventana desde la cual había hablado para regresar a su trono. Desde ahí sabría que pasaría.
La diosa sabía a que se enfrentaba. Se dirigió hacia el centro de la habitación decidida a permanecer allí y recibir toda el agua que debería estar cayendo sobre la tierra. No importaba. Sabía que sus caballeros llegarían a tiempo. Cerró los ojos y se mantuvo firme.
No supo cuanto tiempo pasó realmente… Hasta que sintió como dos cosmos totalmente familiares se encendieron con fuerza y alcanzaron su potencial. Supo al instante que sucedió. Dos marinas habían sido derrotados por Seiya y Shun.
-Gracias Shun… Seiya, Hyoga, Shiryu… A mi tampoco me van a derrotar. Hasta destruir la ambición de Poseidón. Hasta recuperar la paz de la tierra… ¡No me voy a dar por vencida!- exclamó para si. ¡No podía mostrarse débil, no ahora!
- Me alegra saber lo decidida que esta señorita.- se escuchó una voz. La diosa la reconoció. Al instante el agua que había en el suelo se levantó formando la imagen de un niño haciendo una leve reverencia.- Un placer volver a verla Diosa Atenea.
- Gigs… - Ella se sorprendió de verlo. No creyó que iba a verlo ahí-… Pero… ¿cómo? Es decir….Estamos en el templo de Poseidón después de todo…
- Bueno… sí. Pero él todavía no esta completamente despierto. De todos modos, sólo vine a tranquilizarla. Dos guardianas están en camino para ayudarla mientras esta aquí.
- Eso no era necesario… Es nuestra batalla… - No es que no agradeciera que se preocuparan por ella pero…
- Descuide. No van a pelear con los marinas, simplemente vienen a acompañarla a usted. Después de todo… Su cuerpo sigue siendo humano, no importa cuanta fuerza tenga su cosmos, su cuerpo sigue siendo mortal.- afirmo de modo serio.- No podrá sobrevivir sola, así que déjennos ayudar…
Ellos deseaban ayudarla. Le debían demasiado. Siempre estuvieron agradecidos con ella y la ayudaban siempre que podían, en todas sus batallas. Desde el comienzo en que ella decidió descender a la tierra.
Atenea suspiró y luego sonrió de manera calmada. Era imposible discutir con Gigs…
- De acuerdo. Aceptaré su ayuda si prometes que las chicas no se meterán en las batallas. – accedió finalmente y el chico sonrió mucho más animado dejando su porte serio.
- ¡Muchas gracias!- agradeció sonriendo.- No la defraudaremos. – y dicho eso, su propia imagen volvió a hacerse agua y cayo al suelo. La energía del espíritu había desaparecido.
Realmente había sido una sorpresa que ese espíritu viniera. Sabía bien que no podían enfrentarse a un dios, pero siempre la habían apoyado de algún modo u otro a través de sus reencarnaciones. Se prometió que nada la detendría. Defendería a la Tierra como sea. Después de todo… Los mortales no eran tan estupidos para destruir su hogar.
Afueras del templo de Poseidón.
Ahora comenzaba a pensar la mala decisión que había tomado al acceder a ese lugar. ¡Era casi como un laberinto! Hermes les había dicho que no se preocuparan debido a que no era tan difícil pero… Suspiró. Mejor terminar con todo esto pronto. Sólo necesitaban ir hacia donde estaba Atenea y… De repente se sintió un temblor en el aire. Y unas energías algo familiares.
- Creo que los caballeros están haciendo un buen trabajo.- comento Cristain.- Creo que por el momento son… Tres pilares con el último que cayo.- Podía sentir la presión del agua sobre ellas. Seguramente Atalaya también podía sentirlo en el aire.
- Si, eso es cierto. Será mejor ir con la diosa directo… - Aunque estaba preocupada por Shun. Sabía que luego de la batalla en el santuario seguramente estaba cansado y herido… Y ahora….-
- Si sigues pensando en él… Detente.- le advirtió su compañera.- Hay reglas. Y una es que no podemos involucrarnos.- le recordó.- Vamos, debemos ir con la diosa antes que sea más tarde.
Ella tenía razón. No podía seguir involucrándose. Ya estaba muy metida, no podía seguir. Trago saliva y decidió seguir a su compañera quien había comenzado a caminar. Había rastros de pelea, pedazos de armadura y sangre en el suelo. Momentos así le hacían preguntarse cual era su verdadera misión. ¿Qué debían proteger aparte de los elementos? ¿Del campamento? Sacudió levemente la cabeza. Atenea las necesitaba. No podían fallarle… Su misión era clara: ayudarla a sobrevivir el tiempo que quedaba.
¿Y si tu misión fuera otra? ¿Y si fuera mejor dejarla morir ahogada? De ese modo no podrá sufrir más adelante. Le evitarías un dolor muy profundo.
Creyó escuchar un susurro apenas audible. Tuvo que detenerse para confirmar que no había nadie más. Cristain se le quedo mirando al ver que ella no seguía. ¿Era su imaginación o había sentido un salto en la energía de su amiga?
- Atalaya ¡vamos! El templo esta enfrente. No falta mucho.- le dijo. Además había alguien más en el lugar.
Atalaya observó nuevamente alrededor. No escucho mas nada. Ni sintió nada. Seguramente fue producto de su imaginación. Asintió y se adentraron en el templo solo para ver que una mujer de cabellos verdes estaba allí. Estaba desmayada obviamente luego de recibir el golpe. Había sido golpeada por un Dios.
- ¿Quiénes son ustedes? – exigió saber el Dios del mar. ¿Quiénes más estaban allí aparte de los caballeros de su sobrina?- Váyanse. Este no es un lugar para personas como ustedes.
- No hemos venido a enfrentarte.- Cristain dio un paso al frente pero se mantuvo firme, dejando fluir su energía de manera suave.- Solo vamos a acompañar a la hija de Zeus.
- ¿Y creen que voy a permitirles pasar? – les pregunto abriendo los ojos y mirándolos. Que divertido. Dos mujeres solas… ¿Dónde había visto esas armaduras?
- Poseidón. No hemos venido a ni siquiera intentar sacar a Atenea de donde ella ha elegido estar.- Comenzó a hablar Atalaya llamando la atención del dios.- Por favor, déjennos pasar. Solo la acompañaremos…
Poseidón finalmente miró más detenidamente a Atalaya. Podía sentirlo.
"Que interesante… Así que es ella esta vez. ¿Quién lo diría?" Reconocía el interior de esa chica, y los ojos. Recordaba muy bien las anteriores como para no darse cuenta.
- Esta bien.- admitió finalmente cerrando los ojos.- Vayan antes de que me arrepienta siquiera haberles dado permiso.
Shaina que estaba recobrando la conciencia pudo ver a dos figuras. ¿Quiénes rayos eran esas dos? No las conocía del santuario y sus energías no eran para nada familiares. De todos modos no pudo mantenerse mucho tiempo más despierta antes de volver a quedar inconsciente.
Ambas cruzaron rápidamente el costado del dios. No iban a desperdiciar la oportunidad, aunque cuando Atalaya estaba cruzando, Poseidón la agarró del brazo para detenerla.
- Así que has vuelto… Supongo que todavía no aprendes. No puedes detener el ciclo muchacha.- afirmo.
Sus palabras parecían no dirigirse hacia ella en especial. Sonaban como si fueran para alguien más. Trago saliva y libero su brazo antes de unirse a su compañera. En eso escucharon algo. Alguien estaba cantando… Se miraron entre ellas y luego vieron hacia el Soporte principal. Era Atenea. ¡Todavía estaba a salvo! Se apresuraron en llegar hasta el soporte pero la melodía se había detenido.
Se acercaron con un poco de cuidado al soporte. Podían sentir que adentro estaba la diosa, pero débil. Estaba luchando con su propio cosmos para protegerse a ella y resistir, pero estaba débil. Apoyaron sus manos en el pilar y se concentraron. Adentro el agua parecía comenzar a moverse mas lentamente.
Saori estaba adentro. El nivel del agua ya le había llegado al cuello. No debía quejarse… Era su sacrificio. Confiaba en que sus caballeros la rescatarían… Aun así, su parte mortal tenía miedo. Era una diosa, pero todavía… todavía… Entonces lo sintió. Algo calido la envolvía. Abrió los ojos y pudo ver como el agua comenzaba a separarse un poco de su cuerpo, era mínimo, pero la aliviaba. Entonces detecto algo. ¿Era posible? Pero no era momento para preocuparse por eso.
No pasó mucho tiempo cuando sintieron el enfrentamiento de las energías. Había comenzado. La batalla final. Los santos estaban luchando con el Dios del mar con todas sus fuerzas. Saori sonrió un poco para sus adentros. Seiya, Hyoga, Shun, Shiryu, Ikki. Confiaba en ellos. Sabía que todo estaría bien….
Cristain y Atalaya se apartaron cuando sintieron una energía muy fuerte acercarse al pilar. Todo ocurrió muy rápido para ellas.
El pilar fue destruido.
Atenea fue rescatada de adentro.
Pegaso la protegió contra Poseidon que se había olvidado de ellas.
Atenea volvió a sellar al dios del mar.
- ¡Seiya! ¡Tenemos que salvar a Julian Solo! – no podía dejarlo morir cuando todo el templo se destruia. No era su culpa.
- ¡Es imposible! ¡Si seguimos aquí vamos a ser sepultados en el fondo del mar!- ¡Imposible! ¡No había tiempo!
- No se preocupen…- Tomó con suavidad al hombre que en una ocasión le había salvado la vida. Tetis lo amaba. No iba a dejar que muriera allí. – Aún a costa de mi vida lo llevaré a tierra firme… Es lo mínimo que puedo hacer para devolverle el favor… - cerro los ojos recordando ante la impresión de la diosa y su caballero.
En ese momento una ola casi cubre a Atenea y a Seiya. Pero la ola no tuvo la fuerza para tocarlo ni hacerles daño. De hecho, cuando se dieron cuenta, una esfera de aire los rodeaba. ¿Cómo era posible? Seiya no lo entendía, hasta que vio a alguien cerca de ambos. Saori sabía quien era.
Varios días después.
El mundo había vuelto a estar en calma. De a poco todo regresaba a la normalidad. Todo había acabado. Julián Solo que había estado desaparecido, había vuelto a aparecer. Él no recordaba nada.
Julián Solo dona todas sus riquezas a los damnificados por las inundaciones de todos los países del mundo.
Sonrió ante el titulo del diario y lo dejo a un costado. Observó el mar que estaba enfrente de ella. En verdad… Todo el crédito se lo merecían los guardianes de la diosa. Se levantó de donde estaba sentada para comenzar a caminar, dejando el diario olvidado. Atalaya elevo la mirada mientras sentía el viento en su rostro y entre su cabello. ¿Cuánto más duraría esta paz? Podía sentirlo. Había algo muy, muy fuerte esperando para despertar. No había podido dormir… Podía ver a Shun con una sombra detrás y eso le preocupaba… Porque sabía perfectamente que esa sombra no era nada bueno.
- ¿Qué esta por pasar? – Murmuró.- Algo no esta bien…
Detuvo sus pasos frente a una tienda para mirar hacia atrás… Por eso no notó que su reflejo se volteó con los ojos rojos y una sonrisa a medias… Levanto la mano hacia Atalaya pero tuvo que detenerse. Algo le hizo regresar a la normalidad…
Atalaya retomó su camino totalmente ajena a eso.
En algún lado cerca de la Gran Torre.
En la Gran Torre se encontraba el sello que resguardaba el alma de Hades. El dios de los muertos. Desde tiempos ancestrales había estado durmiendo. Era hora de despertar. Hora de alzarse y apropiarse de una vez por todas y para siempre del mundo y hundirlo en oscuridad y caos. No muy lejos de la Gran Torre se encontraba un lugar donde se resguardaba una espada oscura.
Una figura oscura avanzo con pasos lentos hacia la espada. Al fin… Solo necesitaba eso para que todo comenzara de nuevo.
- ¡¿Quién esta allí?
De inmediato las puertas del lugar se abrieron dejando ver a una figura encapuchada. ¡¿Cómo supieron que estaba en ese lugar? ¡Bah! ¡No era momento para esto! Sonrió con malicia y se bajo la capucha dejando escapar una risa. ¿Qué podían hacer unas miserables mujeres?
- He venido por algo que pertenece a mi señor. Soy Niobe de Deep, aunque mujeres… ¡No tienen ninguna oportunidad contra mí! – no les iba a dar el gusto.
"Malditas humanas. ¿Cómo se atreven a separar la espada de la armadura de mi señor? ¡Las castigaré en su nombre!"
Utilizó la técnica de la cual estaba orgulloso: Deep Fragance. Ellas no estaban preparadas para pelear, intentaron escapar pero sus cuerpos no les respondían. No podían hacer nada.
Con esto… Esa molesta de Pandora iba a estar más tranquila. Solo faltaba el recipiente y la cabeza de Atenea… Se acerco nuevamente a donde estaba la espada y la observo. Era afortunado de poder venir a hacer semejante cosa… ¿Quién iba a decir que un espectro de nivel bajo iba a tener semejante misión? Extendió la mano para tocarla…
- ¿Qué crees que estas haciendo Niobe? – una voz profunda lo detuvo. Se escucharon unos pasos seguros.- Sólo debías de abrir camino, no se supone que debas tocarla. Nopuedestocarla.-
Cuando volteo a ver, tragó saliva. Era Radamanthys. Genial. Simplemente genial. Lo había olvidado. Bajo la cabeza y se aparto de la espada. El juez avanzo lento pero seguro hacia la espada sin siquiera mirar a las mujeres que estaban inconscientes en el suelo. No era necesario. Se detuvo frente a la espada y sin vacilar, la tomó.
- Regresemos. Debemos buscar a quienes traicionaran a Atenea.
Definitivamente… Eso sería algo digno de ver. La cabeza de la diosa sería llevada a sus pies por sus propios caballeros. Todo comenzaba ahora…
¿Fin?
Intenté retratar a Poseidón y a Radamanthys como mejor pude. ¡ME VENDRÍA DE MIL MARAVILLAS SUGERENCIAS PARA LA PARTE DE HADES! :D Completo Hades y… Se viene la historia principal. ¡Saludos a todos!
