Esto de muy buen humor por que vi el pre-estreno de la 5ta temporada de Hetalia! XD

Por cierto, alguien de aquí tiene tumblr? XD El mío es lets - fangirl . tumblr . com, posteo mucho de Hetalia, son libres de visitar si quieren :3

Okay, esta vez fue un capítulo un poquito más largo XD Quería ponerle más, pero me parecía más importante actualizar rápido D:

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"¡BASTARDO!"

Y dicho eso, el albino le dio un golpe directamente en el rostro que llevó al francés al suelo.

"¡Gilbert, basta!" Roderich y Elizabetha corrieron a detener con todas sus fuerzas a Gilbert, quien soltaba lágrimas de rabia y no dejaba de maldecir.

"¡MATASTE A MI HERMANO! ¡LO MATASTE!" gritaba éste, dolido.

Antonio corrió al lado de Francis y lo ayudó a levantarse.

"¿Estás bien, Francis?" le preguntaba, preocupado.

"S-sí… eso creo…" respondió el otro, limpiándose la sangre de la nariz.

"¡Creí que eras mi amigo! ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?!" la voz de Gilbert se quebraba con cada palabra que salía de su garganta.

Francis cerró los ojos y desvió la mirada. No era capaz de volver a ver a ese hombre nunca más. Había hecho algo imperdonable, no tenía excusa, no tenía razón. Ni el más cruel de los castigos sería suficiente para expiarlo. Y él lo sabía.

Vio a Gilbert destrozado, dejándose caer y golpeando con su puño el piso, sus lágrimas no tenían fin. Había perdido a su único familiar. Había perdido a su preciado hermano menor de la más cruel manera.

Francis sintió la mano de Antonio tocando su hombro.

"Será mejor que te vayas, Francis…" le dijo el español

El rubio tragó saliva y afirmó con la cabeza. Contrario a lo que creía, Gilbert no le impidió irse, no se abalanzó sobre él y no lo lastimó tanto como él había creído que lo haría. Pero no era por piedad, ni compasión, ni siquiera como muestra de su larga amistad. No. Era porque Gilbert ya no tenía fuerzas ni ganas de pelea.

Gilbert sabía que golpear a Francis, incluso si era hasta la muerte, no le traería de regreso a Louis. Nada le traería de regreso a su hermano. La impotencia, el dolor, la rabia, la tristeza, todo eso le impedía moverse o hacer otra cosa que no fuese llorar.

Francis salió de la habitación, mirando por última vez a Gilbert y susurrando unas palabras en su idioma natal

"Je suis desolé" y tras cerrar la puerta y encontrarse solo, dejó caer las lágrimas que tanto había reprimido.

Era un asesino.

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Feliciano despertó antes de lo normal, incluso le había tocado poder escuchar el sonido de la ducha y admirar el amanecer.

Y había dormido lo suficiente, lo sabía por las horas, pero su cuerpo no lo sentía así. Estaba muy agotado. El saber que Francis vendría a visitarlos hoy no lo había dejado dormir bien. Abrió los ojos unas 10 veces en toda la noche.

No se dio cuenta cuando el sonido del agua cayendo se detuvo y pegó un pequeño salto cuando Ludwig salió del baño.

-Ah, ¿estás despierto? Eso es inusual…- murmuró el alemán

-¿Eh? Ah, si, si. A decir verdad, no pude dormir muy bien- dijo

Ludwig se sentó en la cama, con solo una toalla amarrada a la cintura y otra secando su pelo. Feliciano admiró aquél hermoso y atlético cuerpo que tenía su amado. Y no podía negarlo. Extrañaba que lo tocara…

Su cuerpo se movió inconscientemente hasta alcanzar el del otro, besó su espalda y acarició sus brazos.

-Hoy no puedo- lo detuvo Ludwig, y continuó vistiéndose

-¿Gilbert de nuevo?- preguntó el italiano sin darse cuenta de que hizo una mueca de molestia.

-No, hoy descansaremos- le respondió, ya que había acabado de vestirse y se ponía un abrigo –Ésta vez iré a la ciudad con Elizabetha. Parece ser que Roderich le pidió muchas cosas y va a ser pesado para ella cargar con todo, así que él me pidió que la acompañara-

-… A pesar de que ella es tan fuerte… Puede arreglárselas sola, Lud, tu no la conoces. Si la molestas es capaz de tomarte del cuello y lanzarte del tercer piso… Vi como se lo hizo una vez a Fra…- calló el nombre. Ah, ahora entendía. Roderich lo había hecho a propósito para deshacerse de Ludwig y Elizabetha durante la visita de Francis…

-No puedo dejarla andar sola por Vienna en tiempos de guerra y cargando cosas tan pesadas-

-…Sí… tienes razón… lo entiendo... ¿Puedo ir con ustedes?- preguntó con ojos de cachorro abandonado en una nevada. Él tampoco quería ver a Francis. Quería continuar evitándolo… para siempre, si era posible…

-Roderich dijo que tenías que ayudarle en algo-

-… Ah…- susurró cabizbajo

Ludwig lo miró y suspiró. Se acercó al pelirrojo y besó su frente.

-Te prometo que esta noche te recompensaré por todos estos días que no te he prestado atención-

Se alegró al ver los ojos de su amado brillando de nuevo y afirmando. Después se fue, dejándolo solo.

…cosa que lamentaría el resto de su vida…

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-Ludwig me dijo que querías que te ayudara con algo…- le dijo el italiano a Roderich, al verlo en la sala principal, tomando una taza de té. Feliciano sabía, en todos los años que lo llevaba conociendo, que Roderich hacía eso cuando acababa de terminar de tocar el piano, y se lamentaba de no haberlo escuchado como solía hacerlo en su infancia.

-No, realmente-

-… Es por Francis, ¿cierto?-

-Si lo sabes, no entiendo porque necesitas que yo te lo diga- Roderich se levantó de su lugar, llevándose la taza ahora vacía a la cocina –Tienes que arreglar las cosas con él, Feliciano- y dicho eso, se fue.

Al verse completamente solo en aquella enorme habitación soltó un largo suspiro y miró al techo.

Era cierto. Por más difícil que le fuera, tenía que enfrentarse a Francis…

Se dejó caer en el sillón donde Roderich había estado, mirando a una de las muchas pinturas que adornaban las paredes.

Se sentía aburrido… y se sentía mal, al mismo tiempo. Feliciano había querido pasar estas vacaciones que estaban a punto de terminar al lado de Ludwig, pero éste se había concentrado tanto en la rehabilitación de Gilbert que ni siquiera le dedicaba tiempo alguno.

Estaba celoso. Sabía que no debía. Que era obvio que Gilbert era ahora una prioridad para Ludwig, dado su estado actual. Y se sentía aliviado de que Ludwig no lo forzara a ir con él o a verse con su hermano.

No. No lo odiaba. Jamás odiaría a Gilbert, quien había dado su vida por la felicidad de Ludwig y de él. A pesar de todo lo que le hizo, de todo lo que lo humilló y lo hizo sufrir, jamás en su vida había sentido lo que se llamaba "odio". Y esperaba jamás hacerlo.

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Roderich subió al tercer piso, donde estaba el cuarto de Gilbert y entró. Gilbert continuaba dormido, según supuso al verlo completamente inmóvil, aunque no podía ver su rostro. No podía creerlo, en verdad que ése hombre era un holgazán.

Suspiró y fue a la mesita de noche que estaba a un lado de la cama, a espaldas del albino. La abrió, buscando unas viejas partituras que necesitaban correcciones que había pospuesto por su gran cantidad de trabajo.

Pero ahora que, finalmente, tenía el día libre de papeleo, se quería dedicar de lleno a la música que había dejado abandonada hace tiempo.

Encontró las hojas casi al final de todos los montones de papeles que había y las sacó de un jalón, provocando que un objeto metálico cayera al suelo e hiciera ruido. Roderich miró hacia la cama, aquél sonido no había perturbado a Gilbert en lo más mínimo, ni siquiera se había movido. Se hincó para tomar el objeto en sus manos y su corazón dio un salto al identificar la llave que había encontrado en las viejas pertenencias de Gilbert hace tiempo.

La había olvidado.

No, no lo había olvidado, más bien, había decidido ignorarlo, pues desconocía el objeto que la llave abría. La cerró en su puño y la presionó contra su pecho.

-…Gilbert…- susurró en una voz realmente baja, sonando más bien como un simple aliento.

Lo extrañaba…

Lo necesitaba…

Pero lo tenía, ¿no? ¿Entonces porqué se sentía tan vacío?

Metió la llave a su bolsillo, para sentirse más cerca de su dueño. Cerró el cajón nuevamente, tomó las hojas de partituras incompletas y se fue.

No notó a Gilbert en la cama temblando, sudando frío y apretando los dientes con fuerza en un intento desesperado por acallar sus gritos de dolor entre sueños.

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Feliciano se asomó por la ventana y vio el patio delantero extrañamente vacío. Escuchó a Roderich caminando detrás de él.

-¿Dónde están todos los soldados?- preguntó

-Ah, les di el día libre para que pasearan por Viena. Si se dan cuenta de que un soldado francés viene a visitarme sería un problema-

Feliciano solo soltó un "ah" y devolvió su vista a la ventana. Miró al cielo.

-…Parece que va a llover…- susurró

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Roderich estaba en la sala principal, concentrado en arreglar sus partituras. Murmuraba la melodía mientras se daba suaves golpes debajo del labio con la pluma y la corregía cuando era necesario.

Soltó un suspiro, dejando las hojas y la pluma en la mesa de enfrente y mirando al techo. Estiró su mano para tomar la taza de café, pero soltó un nuevo suspiro cuando se dio cuenta que ésta estaba vacía.

Se levantó y caminó a la cocina, escuchando la lluvia golpear contra la ventana. Se asomó por una de esas ventanas en la cocina y notó una figura conocida.

-¿Qué hace ese idiota allá afuera con esta lluvia?- dijo, dejando la taza en la barra y saliendo con un paraguas.

Hacía muecas cada paso que daba sintiendo como sus zapatos se llenaban de lodo y barro, pero continuó avanzando hasta que llegó al cementerio de la mansión.

-Resfriarte no será una excusa para quedarte en mi casa. No planeo hacerla de enfermera- le regañó al hombre que se encontraba hincado frente a una de las tumbas, con dos flores en la mano.

-... Un triste clima para una triste ocasión…- dijo el otro poéticamente, levantando la vista al cielo y dejando que las gotas de lluvia golpearan su rostro.

-Deja de decir tonterías y entra a la casa, Francis-

El francés le sonrió tristemente y se puso de pie. Dejó una de las flores frente a la tumba en la que estaba y después de caminar otros pasos dejó la otra en la más nueva de las tumbas. La de Gilbert.

Roderich se dio media vuelta para dirigir al rubio a la casa y avanzó.

-H-hey, ¿no se suponía que compartiríamos paraguas?- preguntó Francis con una gota de sudor recorriendo su frente

-No recuerdo haber dicho eso. Sólo venía a decirte que no me hacía responsable de lo que te sucediera-

-Pero si me sigo mojando voy a enfermarme en serio-

-Como lo dije antes. No es mi problema. Ni loco compartiría un paraguas contigo-

-¡Que malo eres, Roddy!-

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Roderich había prendido la fogata y ahora ambos se encontraban en la sala, tomando café.

-… ¿No se supone que es en estos momentos cuando debes de ofrecerme una ducha o un cambio de ropa…?- susurró Francis

- No estoy obligado a hacerlo-

-¿Dónde quedó la hospitalidad? ¿Y el respeto a los invitados?-

-Esto es hospitalidad. Por mi te habría dejado empapándote en la lluvia-

-… Ugh… Eres tan frío. Haces que nii-san se ponga triste, Roddy- dijo el francés dramáticamente

-Yo no tengo hermanos-

Ambos se quedaron callados. Era un silencio algo incómodo, donde solo se escuchaba como ambos le daban un sorbo a su taza y el reloj se movía.

-… ¿Cómo está Feli?- preguntó de pronto Francis –No nos hemos visto desde hace años. ¿Acaso hice algo malo? ¿Está molesto conmigo?-

-Hoy te verá- le dijo el austríaco –Espero que puedan aclarar algunas cosas-

Francis suspiró y miró hacia la ventana.

-… Aquél día… también estaba lloviendo…- murmuró

-¿Huh?-

-… El día en el que lo maté…-

-Basta, Francis. Tú no tuviste la culpa…- dijo el austríaco

-No pude detenerlos. Fui incapaz de detener a mi país… fui incapaz de detener a mis soldados, de detenerme a mí mismo… Soy culpable…-

Roderich no dijo nada más. Le dio un sorbo a su taza de café y la dejó de nuevo en su lugar en la mesa.

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Caminó por los largos pasillos de la casa de Roderich, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.

Era tan patético. Se sentía tan patético llorando.

"…Louis…" escuchó, como si alguien llorara en silencio.

Siguió la voz hasta llegar a la cocina, donde vio en una esquina a Feli temblando, como si quisiera no llorar e incapaz de detenerse al mismo tiempo. Estiró su mano para tocarlo.

"¿Porqué moriste?... ¿Porqué me dejaste?" escuchó que susurraba con voz congestionada y su mano se detuvo a pocos centímetros de su cuerpo.

Él tenía la culpa de que Feli llorara, ¿cierto? Él lo había hecho. Él lo había matado. Había sido él quien había apuñalado a Louis. ¿Cómo poder darle la cara a aquellos que sufrían por su muerte?

Y se fue. Dejando atrás a todos aquellos que vestirían de negro durante días, semanas.

Pero él también lo haría…

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-…Iré a buscar a Feliciano- dijo Roderich, sacando a Francis de sus recuerdos.

Se puso de pie, pero al momento de hacerlo, la llave cayó de su bolsillo.

-Ah- Roderich se hincó para tomarla

-¿De dónde sacaste eso?- preguntó Francis, sorprendido de ver aquél pequeño objeto de metal.

-¿Huh?-

-¡¿Dónde lo encontraste?!-

-…Francis, tú… ¿acaso sabes que abre esta llave?-

El francés tragó saliva.

-… El secreto más grande de Gilbert…- respondió

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