Capítulo 9

Steve estaba preparado para salir de ese cuarto en cualquier momento con su arma reglamentaria si era necesario. Solo podía escuchar entre la puerta semiabierta algunas palabras como "robo de suero" y "te lo quieres infiltrar". Solo escuchaba la voz de la otra mujer que no era Natasha.

Por alguna razón, no quería pensar que esa mujer había flirteado con él para sacarle información... pero no podía pensar en otra cosa, pues su amigo estaba en el medio de toda esa gente. Se sacudió la cabeza, tendría tiempo para pensar en eso después, por ahora, el objetivo era rescatar a su amigo, o al menos sacarlo de ahí y entregarlo a sus superiores como sea.

Luego pensaría en Natasha, ya le había volado suficiente la cabeza como para perder los estribos de una buena vez con eso.

Clint tomó el cabello de Barnes con brusquedad y lo tiró hacia atrás, James gritó de dolor.

—¿Con quién trabajas? — le interrogó, él le habló en el oído con tono amenazante. Natasha estaba delante de él.

—Eres una perra — escupió James contra la mujer de cabello rojo, ésta le apuntó seriamente el arma directamente a su frente, pero la mano de Clint la frenó de querer disparar.

—No vale la pena que lo hagas. Tenemos que entregarlo como nos ordenaron, y vivo.

Natasha protestó. Luego James miró a Wanda con el ceño fruncido.

—¡Me engañaste! — la mujer deslizó su mirada hacia otro lado—. Me sedujiste, te acostaste conmigo, y me vendiste, y estabas en complicidad con aquella— se refería a Romanoff.

—¡Callate! No te soporto — Barton volvió a tirar de su pelo para que realmente se callara—. Dinos, ¿quién trabaja contigo?

—Nadie más, y si lo hubiere, nunca les diría — le respondió entre dientes, lo miró enojado.

Un grupo comando llegó en ese momento para darles apoyó, para esposar a Barnes y llevárselo mientras el hombre se iba a lo gritos jurando vengarse. Wanda decidió escoltarlo.

Natasha y Clint se quedaron de pie, luego, el halcón pidió ayuda para el doctor Ferdinanz. Nastasha alegó que quería tomar aire.

Cuando salió, no imagino que alguien la estaba siguiendo, honestamente, sus planes se vieron frustrados, sobre todo porque tuvo que trabajar en equipo, que es algo que nunca le gustó, y también, le quedo un mal sabor de boca sabiendo que Steve la había visto revelarse.

¿Qué pensaría de ella? Seguramente estaba muy decepcionado, seguramente estará pensando muchas cosas horribles, y no lo culpaba. Ella fue entrenada para ser un monstruo con el resto de los mundanos.

Por otro lado, tenía ciertas ambiciones con el suero del super soldado, y aunque ella pagaría con su cabeza el robarlo, no tenía dudas que podría ser una mujer muy fuerte.

Llegó a un patio donde había una fuente con agua, por suerte, no había gente en el edificio. Sacó su caja de cigarros, y se encendió uno, luego le dio una larga calada. No era una fumadora compulsiva, pero hacer eso después de una misión tan tensa, le calmaba los nervios.

Por detrás, alguien la tomó del brazo y la arrastro hasta otro salón más cerrado. Con sus dedos, le dio un tincazo a su cigarrillo, y la acorraló contra la pared.

—¿Qué haces Natasha, o mejor dicho, Natalia? — la voz de esa persona se le hizo muy familiar, y aun no lo había visto porque todo había sido muy rápido, se encontró con los ojos celestes del rubio, y se estremeció, a pesar de encontrarse en una situación complicada, el capitán estaba muy cerca de ella.

Luego cayó en cuenta que la había llamado por su nombre real, ¿en qué momento se descuidó?

—Steve, yo... yo puedo explicártelo — Natasha intentó tranquilizarse al hablarle. Rogers no demostró intensiones de que fuera lo contrario. Ella tomó aire, y una vez que él se aseguró que ella no iba a escaparse, aflojó su agarre hasta soltarle.

«—No sé como decirlo — nunca se había sentido así, pero con Steve se sentía como si las palabras desaparecieran de su mente.

—Tengo todo el día para que me lo expliques — le respondió con soltura y tranquilidad.

—Tu amigo, Barnes, se enteró sobre el suero del super soldado y planeo robarlo, de hecho, tú lo viste —le dijo en un tono como si fuera lo más obvio del mundo.

—¿Por qué no me dijiste? Yo podría haber ayudado — ella se quedó petrificada.

—No puedo decirte algo que es confidencial, pero además, ¿me hubieras creído siendo una desconocida? — la pregunta le hizo tambalear.

Él sonrió, llevó sus manos a su cintura y miró sus pies.

—Creo que tienes un punto ahí — le respondió él, volviendo su vista los ojos verdes de Natasha—. Trabajo para fuerzas especiales, podría haberte ayudado.

—No quieren llamar la atención — ella se separó un poco de la pared, imitó el mismo gesto de llevar sus brazos en jarra—. Pero... hay algo que no me cierra.

—¿Qué? — preguntó extrañado.

—¿Tú...— sus mejillas la traicionaron, haciéndole notar su sonrojo—, tú me drogaste, a-anoche? — preguntó con vergüenza.

Él entrecerró sus ojos.

—No, yo no... — entonces se dio cuenta de lo que sucedió anoche—. ¡Mierda! — exclamó—. Entonces, Barnes tuvo que haber puesto algo a mi bebida, porque no tengo otra opción para pensar.

Ella asintió unas cuantas veces, Steve empezó a caminar de un lado a otro, y ella no se atrevía a verlo a los ojos, pero se animó...

—¿Recuerdas... que paso anoche? —Steve se detuvo y se volteo a verla seriamente ante la pregunta.

—Recuerdo... un poco — su respuesta fue tímida, recordaba vagos detalles, pero no deseaba hacerla sentir incomoda.

—Anoche, nosotros... estuvimos juntos — solo pudo decirle, sin mirarla tampoco.

—Entiendo... — ella se quedó en silencio por un momento, mirándose las manos—. Bueno, eso para mí... no fue trabajo — le confesó con sinceridad. Él la miró con algo de ilusión—. Pero... — aclaró rápidamente —, quiero terminar con ésta misión... luego de eso... no me molestaría... ya sabes — declaró finalmente.

Rogers se acercó a ella, pero apretó sus puños, sin saber si darle un beso en los labios o no.

—Estoy dispuesto a cooperar, Nastaha.

Ella se sorprendió, pero le devolvió una sonrisa.

—Bueno... en ese caso, hablaré con mi compañero.

Steve asintió estando de acuerdo. Y al menos, no se había llevado tremenda decepción, después de que dejaron claras sus intenciones.