Hoy fui una mala persona y le di este link a mi parabatai xD. Siento que por más que avance, a este fanfic le está faltando algo del drama que yo quería abordar. O sencillamente es mi habilidad para no quedar satisfecha con nada. Pero estoy intentando al menos terminar este para pasar por los otros y así, obligarme a terminar todos mis longfics para publicar los pendientes. Empresa sumamente complicada.
Firme aquí y obtendrá su familia soñada. Que obviamente no lo es.
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...
–Yo me hago cargo, no te preocupes –Escuchó a Teddy aquella mañana. James había ignorado el despertador deliberadamente, preso del cansancio y el poco sueño. Se había sentido culpable en cuanto Ed había comenzado a llorar, pero el cuerpo le pedía a gritos una hora más de sueño. Abrió un ojo, viendo a Teddy en la orilla de la cama, junto a la cuna y con un Ed menos llorón entre sus brazos. James se enderezó de la cama, alzando una ceja.
–¿Estás seguro? –Preguntó. Teddy se había ido a vivir a su departamento hace dos semanas, algo que lejos de ser o parecer un problema había resultado ser toda una ayuda para James. Teddy, a pesar de saber menos que él de bebes o sobre ser un padre, parecía tener un instinto natural con ello. Y era metamorfago, podía hacer caras graciosas sin forzarse demasiado. Ed, naturalmente, le había amado sin demasiados problemas. James, en consecuencia a toda la ayuda recibida, había podido dormir un poco más. Y era suficiente paga como para considerar el no cobrarle arriendo.
–Sólo duerme un poco más James. Te despertaré para desayunar –Le sonrió. Aún tenía esa expresión de tristeza, pero parecía disminuir con el paso de los días. Aunque aún se negaba a hablar sobre el porqué había salido de su casa o si había entablado una conversación con ella al respecto. Teddy parecía realmente no querer volver tanto como no quería hablar de eso. Y James… con todo el problema que se había echado al hombro, francamente no tenía el tiempo para querer saber o averiguar algo. Asintiendo suavemente, James se acurrucó sin demasiadas contemplaciones y siguió durmiendo.
Y durmió dos horas más, hasta que sintió una caricia en su rostro que le obligó a despertar.
–Jamie… –Escuchó en medio de su sueño, ahora interrumpido. James gruñó en respuesta, pero levantó la mirada hacia el hombre quien había comenzado a pellizcarle las mejillas. Gimoteó, enterrando la cara en la almohada. Teddy se echó a reír. –Así no vale. Tienes que levantarte, James. Hice el desayuno –
–Hm, ya, ya… –Inquirió –Cinco minutos–
–Se va a enfriar –Replicó él. James se obligó a levantar la cara de la almohada. Teddy llevaba ropa formal, lo que le hizo recordar que no era fin de semana. James se levantó rápidamente, casi cayéndose de la cama en el proceso. Teddy volvió a reír, sujetándole como si hubiesen ensayado ese movimiento millones de veces –Cualquiera dudaría de tus habilidades de auror si te viera marearte así, Jim–
–Cállate. ¿No deberías estar saliendo ya? –Preguntó, sintiéndose un poco culpable por no haberse levantado cuando debía hacerlo. Teddy había preparado todo, sin ningún problema. Se hizo hacia atrás, procurando no sentirse avergonzado de su torpeza. Odiaba sentirse avergonzado. Y odiaba ser tan dependiente para hacer las cosas.
–Tengo un poco de tiempo para desayunar contigo –Respondió Teddy, caminando hacia el comedor. James le siguió. Ed se encontraba en la cunita que Teddy había colocado entre su asiento y el de él, lugar que solía ocupar normalmente. El bebé ya se encontraba durmiendo, lo que le daba al menos 3 horas libres para limpiarlo todo. James procuró servirle un café a Teddy y echar mantequilla en su tostada, mientras el hombre le actualizaba sobre los chismes del ministerio y la reunión familiar que se venía en tres días. O más bien dicho, la fiscalización de sus padres para averiguar si James seguía trabajando como correspondía o no. Teddy pareció titubear en lo último, lo que le llamó la atención. Aquella dinámica parecía tan cotidiana que terminó por ponerle los pelos de punta.
–¿Teddy? –Preguntó. El hombre levantó la mirada, viéndole fijamente.
–Hoy en la tarde, tengo… –titubeó. James rodó los ojos.
–Vas a juntarte con ella. Dilo, no es como si fuese a decirte algo –Murmuró. Teddy le miró sorprendido.
–¿No? –
–No. No tengo idea cómo se separaron, después de todo. Ve y arregla tu matrimonio si quieres hacerlo –Le instó. Se encogió de hombros con indiferencia. Teddy siguió mirándole con curiosidad, pero James procuró el ignorarle y dedicarse a servirse un poco más de té. Aquello parecía un drama matrimonial bastante normal y no era como si James hubiese considerado desde el comienzo que Teddy se quedaría para siempre con ellos dos. No era como si ellos fuesen una familia de tres. James era su maldito consejero amoroso, por Merlín. Él, quien ni siquiera sabía con quien se había acostado para traer a Ed al mundo. Él, quien de todas las personas que podían aconsejarle era la que menos debería hacerlo.
Él, quien se repetía la misma frase desde hace una semana y media cuando nadie le podía mirar.
–No… no se trata de eso. No creo que podamos… –
–Sé más claro. No te entiendo. Estás balbuceando –Respondió él. Teddy negó con la cabeza, levantándose de pronto del asiento e intentado no ser excesivamente ruidoso. Por Ed, seguramente. Teddy levantó la varita e hizo flotar todo lo que había comido hacia la cocina, una conducta habitual. James le miró con curiosidad, esperando una respuesta que sabía que no vendría en base a la actitud del otro. No necesitaba ser un adivino como para saber que Teddy estaba simplemente huyendo.
–Entonces… nos veremos más tarde –Murmuró Teddy, agachándose para besar la frente de Ed. Se levantó, acercándose hacia él y e intentando hacer exactamente lo mismo. James, preso de la costumbre, se inclinó hacia atrás todo lo que el asiento le permitió, resistiéndose al contacto lo más que pudo. Resistencia que terminó cuando Teddy le jaló del brazo sin contemplaciones y le agarró de la barbilla con la otra mano. Cuando sintió los labios de Teddy sobre su frente una leve corriente tocó su cuerpo. Como cada vez que él lo hacía.
–No soy un niño –Se quejó él, avergonzado. Teddy rió suavemente.
–Ya lo sé, Jamie. Y es exactamente por eso es que lo hago –Replicó alegremente. James rodó los ojos, pero le hizo un gesto de despedida cuando el hombre tomó su bolso y desapareció de la sala.
James se detuvo a admirar el espacio donde Teddy había desaparecido, durante más tiempo del que quiso y pudo admitir sin sentirse estúpido. Cuando supo que no debía seguir mirando, levantó la varita y comenzó a mover los trastos a la cocina.
Mientras repetía.
–No somos una familia… No somos una familia… No somos una familia… –
