Sweet Rebel
Capítulo VIII
Disclaimer: Definitivamente los personajes no son de mi autoría, ellos son propiedad de Stephenie Meyer y su casa editorial. La historia si es totalmente mía y por ellos está prohibida su copia total o parcial y/o adaptación sin mi consentimiento. ¡Gracias!
Espero de todo corazón que hayan disfrutado el capítulo anterior tanto como yo, en verdad que tengo literalmente años escribiéndolo y me fascinó la forma en que quedó. Sin más también espero que éste sea de su agrado y puedan dejarme algún comentario.
Bella POV
Mi entrada fue triunfal. Jamás había causado una reacción así en tanta gente. Mi escuela por supuesto tenía el triple o cuádruple de personas y era difícil conocerlas a todas. Aquí siento que todos son prácticamente una familia.
Los chicos deportivos me miraban con deseo, debe ser por todas esas hormonas que consumen. Las miradas de odio de las porristas. Los raros intentando crear un vínculo conmigo. Y todo el resto de las personas, atentos del más mínimo movimiento que hiciese. Me encanta.
Estaba en el paraíso. Era justo lo que quería. Entré al baño más cercano y lo cerré con seguro después de asegurarme que no había nadie. Lo inspeccioné de arriba abajo. No había salida por aquí. Ni siquiera tenía algún ducto de ventilación o algo. Revisé el pequeño papel en donde había anotado mis clases que traía dentro de mi mochila. La cual Charlie insistió en revisar antes de ir a la escuela. "Gracias papi". Mi primera clase era la de biología, pan comido.
Miré mi reflejo en el espejo, mi cabello con suaves ondas, brillante, lindo. La gabardina que me cubría de un negro tan oscuro como mi alma. Amaba estas botas militares con tacón femenino. Me daban el toque perfecto entre estilizada y ruda. Los jeans se ajustaban a mis muslos y la polera blanca me sentaba de lujo. Claro que los lentes oscuros estaban de más por ser este el infernal pueblo hundido en las sombras pero yo no soy alguien ordinario, y me quedan perfectas. La impresión que quiero causar es por una razón: dinero. Tengo que tratar de venderles todo lo que tengo a estas pueblerinas sin que nadie lo note. Todo para huir de aquí.
Escuché el timbre, más me vale apurarme. Corrí por los pasillos vacíos. Qué puntuales de mierda son aquí. Por fin encontré el salón 103, miré por el vidrio de la ventana y el profesor miró en mi dirección con desconcierto. Vino a abrirme la puerta y le entregué sin decir nada el papel que me dijo Charlie debía entregar a todos mis maestros, sí, papi tampoco me dejo venir a hacer mis propios trámites de inscripción. Ahogué un grito en mi interior.
- Así que tú eres la hija del jefe Swan – dijo el profesor sonriendo, no le devolví la sonrisa – yo soy el profesor Banner, sólo tienes permitido entrar tarde hoy, si vuelve a suceder tendré que dejarte afuera, y no puedes usar los lentes dentro del salón. Pasa.
Miré a todo el grupo a la vez, inmundos pueblerinos del mal, ordinarios todos, sus miradas más inquisitivas que antes. Me quité las gafas y me las colgué en la polera.
- Te sentarás junto a Edward en la primera fila, serán compañeros por el resto del semestre – me señaló una butaca a un lado de un tipo pálido, con expresión de asustado o asombrado.
¿Edward? Como… ¿Cullen? Así que este es el comelibros. No sabe la que le espera. Sonreí con maldad. Caminé como si nada hasta sentarme junto a él. No lo miré y tampoco le dirigí la palabra. Tiré mi mochila a un lado. El profesor empezó con la clase y yo solo podía sentir al ñoño mirándome fijamente a mi izquierda.
- ¿Bella? – escuché que susurró. ¿Bella? ¿Este tonto no había aprendido? No le contesté – Bella ¿podrías mirarme? – ok esto ya en serio era absurdo. No le hablaría ni aunque mi vida dependiera de ello.
- ¿Necesita algo, señor Cullen? – le llamó la atención el profesor. Sonreí para mis adentros.
- No, nada. Lo siento, no quise interrumpir.
El profesor siguió con su aburrida clase de división celular. No puedo creer que apenas estén viendo esto. Sentí que algo se movía entre mis dedos. Tenía los brazos cruzados y encima de la mesa. Miré para ver qué era y oh sorpresa, era un papelito intentando entrar en mi mano, esto era demasiado infantil. Lo tomé, hice una perfecta bola de papel y la tiré en su dirección sin mirarlo. Lo escuché suspirar.
Contaba los minutos para salir de esta aburrida clase mirando el reloj encima del pizarrón. El segundero avanzaba pero parecía que nunca se iba a acabar esta clase. Al final el bien triunfó y el timbre anunció el final de biología, lo hice, sobreviví. Me merecía un premio por este arduo esfuerzo.
Bajé la mano para tomar mi mochila del suelo pero una mano pálida de muerto la levantó antes que yo. Miré con fastidio en dirección de su dueño.
- Tengo que hablar contigo, Bella – me dijo quien supongo es Edward Cullen. El ñoño comelibros que odio oficialmente a partir de ahora.
- Yo no tengo nada que hablar contigo. Y no me llames Bella si no quieres tener un ojo morado – al menos eso le daría color a su horrible rostro.
- No tienes porqué ser tan agresiva – dijo con un poco de carácter en la voz. Le arrebaté mi mochila de la mano.
- Y tú no tienes porqué dirigirme la palabra – me di media vuelta y caminé hacia la puerta. El corrió y se puso interfiriéndome la salida. Me puse las gafas de sol, puse todo mi peso en un pie y suspiré de manera cansada, mientras hacía sonar mi pie en el suelo.
- Sólo quiero que lleguemos a un acuerdo – dijo con una voz de tonto.
- No tengo porque negociar contigo, Cullen. Me molestas y necesito que dejes de hacerlo. Voy a llegar tarde a mi siguiente clase si no te quitas de mi camino – se hizo a un lado pero caminaba junto a mí en el pasillo casi vacío. Pueblerinos de mierda.
- Mira, si voy a ser tu tutor tendrás que respetarme al menos – este niño, por dios, alguien denle un poco de cerebro.
- Tú no eres mi tutor.
- Según tu padre lo soy.
- Tú puedes irte a la mierda.
- Sólo trato de ayudarte.
- No necesito tu ayuda, ni la de nadie más. Piérdete.
- Tenemos la siguiente clase juntos.
- Y tampoco es necesario que me hables, o que lleguemos juntos.
- Creo que eres un poco grosera…
- Ve y cuéntaselo a tu mamá. Dile que te de una paleta para que dejes de llorar.
- ¡Oye! – comenzó a decir mientras alcancé la puerta de la siguiente clase y se la estrellé en la cara.
Me di la vuelta y el profesor me miraba raro. Me subí las gafas y le entregué el mismo papel de mi inscripción.
- Isabella Swan. Espero no tener problemas contigo, tu padre es un buen amigo, siéntate al fondo, en el banco vacío y espero que traigas contigo el libro de cálculo.
No le contesté, asentí y me moví hacia mi lugar. Después Cullen abre la puerta con la nariz roja. Ups. Creo que si alcancé su cara.
- Señor Cullen, llega tarde – empieza el profesor canoso. Cullen me da una mirada tratando de intimidarme, me giré hacia la ventana como si no lo hubiera visto.
- Lo siento profesor McArthur, le aseguro que no vuelve a suceder.
- Por ser la primera vez lo dejaré pasar, rápido, siéntese.
Escuche un banco moverse a mi derecha. No es cierto. No puede ser que se siente junto a mí de nuevo. De todos los bancos en el salón tiene que ser junto a mi, maldición.
- Isabella – me dijo con un poco más de… como decirlo… algo que supongo seria valentía en él. Pobre comelibros – si no hablas conmigo, se lo diré a tu padre – cuánto miedo – y supongo que él me creerá más a mí que a ti – no es estúpido el niño.
- ¿Qué quieres? – dije por lo bajo.
- Yo te llevaré a casa hoy, tienes gimnasia como última clase. Estaré en el estacionamiento. Si intentas deshacerte de mí, veras que no vas a poder, inmediatamente llamaré al jefe Swan y le diré todo lo que me has dicho. Y te harás a ti misma una mala jugada. ¿Entiendes? – dijo con determinación, pero soy más fuerte que él. Lo miré y su nariz roja me causó gracia.
- Claro, Rodolfo.*
- Vaya, tenemos una bromista – dijo con desdén y dirigió su mirada hacia el profesor.
Cullen, tu vida será tan miserable, que no sabrás a donde huir.
*Rodolfo: el reno con nariz roja de Santa Claus (papá Noel). Rudolph.
Con cariño:
Génesis Cullen Swan :)
Espero sus comentarios.
