Inercia

Capítulo 5.3

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Cuando llegó ese día, en seguida notó algo diferente en el ambiente: más ligero, menos gris.

Lo vio mordiéndose las uñas en un intento por opacar su costumbre de cantar a los gritos, mientras golpeteaba el piso al ritmo de otra canción mucho más movida y frenética y tamboreaba con la mano libre de la mesa a su pierna y viceversa.

Casi que hubo sonreído con diversión de verlo así, pero se limitó a una sonrisa breve, y a ver finalizados los movimientos rítmicos del argentino cuando lo notó sentarse a su lado.

Pero el mayor de ambos no tenía una cara enfurruñada, ni estaba dolido ni borró toda expresión de su rostro. Le dio un saludo con un asentimiento y se notó fresco al voltear su silla en dirección contraria, para alejarla de la suya y darle más espacio. Tenía una sonrisita alegre que le pintaba las facciones, como solo su tipo de sonrisa podía hacerlo.

No pudo evitar verlo con cierto grado de intensidad, sin saber muy bien por qué su corazón se mantenía sereno…

Estaba contento por él.

Seguía pasando el tiempo.

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