Yuri on Ice no me pertenece, ni el derecho de sus personajes.
#¡Especial Filomeno!
2022 Septiembre, 23
Filomeno despertó temprano esa mañana. No era muy usual eso, sus horarios siempre habían sido diferentes y acordes a la cantidad de trabajo que tenía. Como estaba trabajando en el desarrollo de una aplicación móvil para una pizzería, se había quedado hasta tarde digitando código mientras escuchaba de fondo su lista de reproducción de los mejores temas usados en patinaje para su gusto.
Por supuesto, Filomeno no era su nombre. Solo era el nombre que él había usado para hacerse de una identidad en la red. Su nombre real era Raynald Ersek Villanueva, vivía en un piso compartido con su compañero de travesura y el encargado de la edición de su programa, Arnold Vidal, con quien estableció rápida amistad por la sangre ibérica corriendo en sus venas. Ambos tenían abuelos españoles, los de Filomeno emigraron hacía muchas décadas atrás y se asentaron en Londres. Arnold había emigrado por su cuenta hacía menos de diez años, aprovechando las ventajas de la UE mientras se hacía un espacio en la sociedad.
Filomeno movió un par de cosas en su closet mientras buscaba sus tenis converse, para complementar su atuendo desenfadado y cómodo. A pesar de que se vería con un cliente, no tenía intenciones de aparentar una formalidad con la que no vivía y por la cual, había decidido su carrera en la informática y trabajar como Freelance. La habitación mostraba cuál era su segunda mayor pasión además de la programación: tenía afiches de Víctor Nikiforov, Yuuri Katsuki, Christofer Giacometti y Jean Jacques Leroy, junto a unos más pequeños de otros patinadores. En su librero, se veía una colección de revistas donde estaban las fotografías de alguno de sus ídolos del patinaje; también tenía mercancía que crearon especialmente de Víctor Nikiforov, la mayoría importada de Japón. Había banderas de España e Inglaterra, Canadá, Rusia y Japón, también algunas fotografías de su último viaje. La almohada con el trasero del patinador suizo había sido su última adquisición.
—Ey, ¿estás listo? —Se asomó a la puerta Arnold, mirando a su amigo terminando de ajustar la chamarra—. ¡Ey no! Ponte más presentable, ¡es un cliente muy importante!
—¡Soy programador! ¡No agente de ventas! —Arnold soltó una carcajada con la queja de Filomeno, y se metió a hurgar en su closet—. Es en serio, no necesito cambiarme. —Ignorándolo, sacó una chaqueta negra más formal y una camisa de cuadros.
—Ponte esto y no quiero escuchar quejas. Te digo, ¡es un cliente muy importante!
Chistó y a regañadientes, Filomeno se cambió la parte superior de su vestuario, sintiéndose de inmediato incómodo en el nuevo atuendo. Con un par de palmadas, Arnold lo invitó a salir de la habitación. Se miró también él mismo al espejo, quien tenía un look similar: vaqueros, con una camisa de tono oscuro y una chaqueta formal, las que consideró dignas para la ocasión.
Cuando conoció a Filomeno, lo primero que llamó su atención era su fanatismo al patinaje sobre hielo. Te sabía identificar cualquier tipo de salto con solo verlo en la cámara, y había una pasión efervecente cada vez que explicaba cuál era la ejecución de cada uno de ellos. Se sabía la mayoría de los programas usados por los patinadores, en qué temporada y bajo qué traje; a su vez, también sabía cuáles eran los récords marcados. Tenía una memoria increíble para esos datos como para la programación, pero muchas veces se había sentido solo en su gusto. No había tenido con quien compartirlo: sus compañeros preferían pensar en juegos online, o soccer, o rugby, y las novias que tuvo no les llamaba la atención ningún deporte.
La primera novia lo había abandonado por aburrimiento, la segunda le fue infiel y la tercera por falta de gustos comunes. Tras los fracasos, Filomeno había decidido dedicarse al trabajo y enfocarse a su soledad. Se llenó de acné, no durmió suficiente y no le importó cuidarse demasiado, sin embargo, su rostro se iluminaba cada vez que daba inicio una nueva temporada de patinaje. Tampoco hubo forma de sacarlo a fiestas porque Filomeno resultó ser demasiado tímido, para sorpresa de muchos. Si supieran que el ídolo de aquel canal de Youtube era de los que sonreían tímidamente ante la gente que tenía cerca, seguramente no lo creerían.
Fue Arnold quien, en una noche de pizza y Coca Cola, le sugirió a Filomeno dar el siguiente paso. ¿Por qué no hablaba de su pasión por el patinaje al mundo? ¿Por qué no hacía un canal de youtube para ello? Si había jóvenes youtuber que podían hablar de cualquier tema, hacer chistes y jugar partidos de rol, ¿porque no podría hablar él del patinaje? Filomeno lo dudó por varios meses tras el inicio de esa temporada, pero al final, después de que Víctor Nikiforov ganara su quinta medalla de oro del GPF, se atrevió, y a pesar de que fueron al inicio apenas 10 likes (uno de su abuela, logró notar), Filomeno se sintió feliz de encontrar que había otras personas que compartían su gusto con él y solo, empezó a buscar y darle nombre a su canal.
En Filomeno, Rainald encontró eso que necesitaba en su vida: la libertad de compartir su pasión sin ser juzgado, sin ser ignorado y sin sentir que estaba solo en el mundo. A su vez, la experiencia le ayudó a recuperar la confianza en sí mismo y a mejorar sus relaciones interpersonales, aunque seguía prefiriendo sus tiempos de soledad.
Bajaron del autobús en la parada, y Arnold avanzó un poco más rápido mientras Filomeno se cerraba el abrigo. Hacía frío, era otoño en Londres y, por ende, la temperatura descendía. Filomeno se frotó las manos mientras cargaba su bolso mensajero con la sombrilla y se mostró curioso por el próximo encuentro.
—Ok, espérame aquí. —Filomeno pestañeó al no entender porque su amigo le pedía esperar afuera del local.
—¿Qué? ¿Me trajiste para quedarme afuera?
—¡No seas impaciente! Te envío un mensaje para que subas, es para asegurarme de que esté allí. Te digo, es alguien muy importante. —Volvió a remarcar Arnold, ganándose una mirada escéptica por parte de Filomeno.
Al final lo dejó ir, dedicándose a guardar sus manos en los bolsillos y mirar a la gente que caminaba a su alrededor. Estaban en la calle Carnaby, una de las calles más vistosas de Londres y conocido como un centro de moda, por lo cual no dudaba nada sobre la 'importancia' de la figura a la que iban a conocer. Quizás era alguna boutique que quería una aplicación de encargos, o algún restaurant que buscaba mejorar su sistema de clientes. Torció la boca, inseguro, hasta que recibió la entrada del mensaje diciéndole que podía subir y que la mesa estaba pegada al ventanal del segundo piso, al lado de un enorme florero de margaritas.
Filomeno decidió avanzar, sintiéndose nervioso ante la idea de estar con un desconocido 'importante' hablando de cosas que quizás no le interesaba. En el pie de la escalera del segundo piso, lo abordó Arnold con una enorme sonrisa y dirigiendo su celular hacia él.
—¿Qué demonios pasa contigo? —reclamó irritado, tratando de no levantar mucho la voz. Arnold se estaba comportando muy extraño.
—Lo siento Filomeno, no te dijo nada porque yo se lo pedí.
Ese inglés no era nativo, tenía una acentuación bastante marcada. Filomeno no pudo identificar su voz (sonaba distinto a la tv) pero sí pudo identificar su rostro cuando lo vio, sentado cómodamente frente a la mesa, con un traje blanco que contrastaba con su camiseta mostaza y cuyo pantalón llegaba a mitad de las pantorrillas. Casi se le cae la mandíbula cuando el joven cliente le sonrió, al quitar sus lentes y agitar ligeramente sus mechones lacios.
Phichit Chulanont estaba frente a él. El temblor en las extremidades de Filomeno no pasó desapercibido por la cámara, ni su emoción desbordante, mojando sus ojos rápidamente mientras enrojecía y no sabía qué hacer con sus manos.
—¡Oh por Dios! —Soltó un chillido, mientras intentaba acercarse, pero terminó encorvándose fruto de la emoción. Phichit soltó una risa cantarina. —Oh por Dios, ¡oh por Dios! ¡Es Phichit!
Gritó con tantas fuerzas que varios comensales giraron la mirada, curiosos, mientras veían a Filomeno agarrarse del brazo de Arnold, y este agitarlo muerto de la risa, intentando mantener la cámara para grabar el memorable momento. La grabación enfocó a Filomeno quien estaba aún tapándose la cara, mientras intentaba calmarse, y luego a Phichit, que un coloquial 'Hola' en tailandés, saludaba a la gente.
—¡Arnold, es Phichit! —Cuando se destapó la cara, ya esta estaba envuelta en lágrimas—. ¡El primer tailandés en llegar al GPF! ¡El primer tailandés en ganar un Four Continent! ¡El mejor amigo de Yuuri Katsuki! ¡Padrino de los Victuuri Words!
—Lo sé, lo sé, lo repites a cada rato. —Con buen humor, Arnold le dio palmaditas a Filomeno en la cabeza.
—¡Wow! ¡No sabía que tenía tantos títulos!
—¿Dios, puedo abrazarte? —Arnold estalló en carcajadas al escuchar la patética voz de su amigo, mientras se acercaba tembloroso a Phichit. El tailandés afirmó con buen ánimo y pronto concretaron el abrazo—. ¡Waa! ¡Abrazo a Phichit!
Aquello fue un momento de suma emoción. Arnold tuvo que acompañar a Filomeno al baño para que al menos se limpiara la cara, porque la tenía llena de mucosidad y lágrimas de felicidad. Luego, cuando lograron sentarse, Filomeno no podía dejar de retorcerse en el asiento, y el restaurant le extendió un poco de agua helada. Phichit le prestó su pañuelo para secarse y se rió mucho con las actitudes honestas de Filomeno, quien estaba francamente feliz. Incluso le tomó la mano y le dio muchos besos en el dorso, mientras era grabado, cosa que Phichit tuvo que detener para evitarse problemas con su novio. Cuando le dio la primicia de quien era, Filomeno volvió a chillar y a reír emocionado.
—No puedo creerlo en serio… ¡Este es el mejor día de mi vida! —repitió fruto de la emoción, sin pensar en que llevaba diciendo lo mismo desde que lo vio.
—Gracias Filomeno. De verdad tenía muchas ganas de conocerte, he seguido tu programa desde hace tres años.
—¡Todavía no me lo puedo creer! —gimió casi sin voz—. ¡Tres años siendo visto por Phichit!
—¿Por qué? Eres muy conocido en el mundo del patinaje artístico y yo muy conocido por amar las redes sociales. ¡Nuestro encuentro estaba predestinado!
—¡Aun así suena como lo más imposible que podía ocurrirme! —De nuevo dejó un par de lágrimas correr.
—Pues, creo que tú y yo vinimos para hacer posible lo imposible… —La cara de Filomeno al escucharlo fue muy elocuente. Incluso se sonrojó, mirando con ojos grandes la sonrisa confiada de Phichit mientras sacaba algo de su folio—. Filomeno, no creo que consiga a alguien mejor que tú para apoyarme en este proyecto. —Le extendió el folio, donde se leía en letras brillantes el título History Makers en base de cuero azul, y al abrirlo, estaban todos los detalles. Las fotos de los patinadores incluidos en el proyecto, la música, los diseños de vestuarios y la historia del primer show.
—Esto… esto no puede ser…
—Entonces Filomeno, ¿quieres hacer historia con nosotros?
Nota de autor: Este es un especial que escribí hace un año y pensaba liberar después del programa del test del patinaje. Un detallazo importante para unos eventos próximos que se viene en Matryoshka.
¡Especial Filomeno!
¿Cuál creen que será el papel de Filomeno en el proyecto de Phichit?
¡Espero que se emocionen como yo cuando llegue el momento de presentar en Matryoshka los resultados de este encuentro!
