CONOCIENDO TU VERDAD:
Había algo extraño en Edward, ella lo notaba y no sabía como sentirse al respecto. Lo amaba, era su mejor amigo, pero estos últimos días era…era como si estuviera al lado de otra persona completamente distinta. Al conocer a sus familiares, tontamente, pensó que las dudas se irían rápidamente, pero se equivocó de cabo a rabo. Su familia, tan extraña e inusual como él, le habían traído más dolores de cabeza y dudas existenciales que el propio Edward.
-¿Qué te pasa princesa? Te veo muy distinta, ¿Estás bien?-preguntó Edward una tarde, mientras, echados en su cama, escuchaban música.
-Estoy bien.- respondió con una sonrisa.- Solo es el stress de la escuela, ya sabes, exámenes y todo eso.-Esperaba que se creyera la mentira, mentía muy mal, no sabía como al profesor de teatro le podía parecer que era una buena actriz.
-Bella, eres muy mala mintiendo, ¿me vas a decir qué te pasa?- preguntó mirándola fijamente a los ojos.
Sentía que podía perderse en ellos, que ellos podrían sacarle hasta el más mínimo de sus secretos, pero no…tendría que ser fuerte, no podía perder justo ahora, tendría que mantener la concentración.
-Estoy bien Edward, en serio…solo estoy cansada.- mentira.- No desperdiciemos estos momentos, no estamos solos siempre.- suplicó, si su novio la seguía presionando en esto terminaría confesando, y eso era lo último que quería.
-Tienes razón.- respondió sonriendo. Wau, esto era extraño.- No hay que agobiarnos con tonterías, hay que disfrutar este maravilloso momento juntos.- Esto era extraño, no solía darle la razón, pero la verdad, no se quejaba. No le molestaba en absoluto.
Me miró, y pude reconocer en sus ojos amor, un amor incondicional hacía mí, un amor que había sido demostrado en diferentes oportunidades, pero pese a todo ahora era puesto a prueba por las incesables mentiras de Edward, lo amaba pero no podía soportar seguir con alguien que no me decía la verdad sobre si mismo. Pero en esos maravillosos ojos no solo distinguía amor, sino también pasión, una desbordante y alocada pasión hacia Bella.
Una pasión que se había hecho manifiesto en varios momentos de la relación de ambos jóvenes, una pasión que en un par de adolescentes, llenos de hormonas, era a veces demasiado intensa.
-Técnicamente no estamos solos.- respondió Bella, cuando Edward por fin la soltó del largo y pasional beso que le había dado.- Toda tu familia está aquí.- susurró avergonzada.- Aunque claro aquí dentro estamos solos, lejos de que nos puedan ver o escuchar.- su novio se rió de repente, fue una risa sarcástica, como si algo de lo que Isabella dijo, le hubiera parecido especialmente chistoso.
-¿Qué da tanta gracia?- preguntó con una sonrisa. Repasó mentalmente cada palabra pronunciada, pero ninguna daba gracia, al menos no para ella. Entonces, ¿De qué demonios se reía Edward?
-Nada, recordé algo chistoso.- respondió, aún riéndose.
No me creía ni de lejos que esa fuera la verdadera razón, pero bueno, no puedo obligarlo a que me diga…aunque quizás… ¡No! ¡No! ¡Cálmate Bella! Estás siendo una melodramática por tonterías sin importancia.
-¿Solo es eso?-inquirió nerviosa, mirando al suelo.
-Por supuesto que sí, niña tonta.- susurró juguetonamente, para colocarla en su regazo, mientras delicadamente le acariciaba el rostro con el dorso de su mano.- Te amo, muchísimo Bella, lo sabes, ¿verdad?- no respondió, no sabía lo que él sentía, no sabía si estaba jugando con ella. No sabía nada, eso la frustraba, el creer saber todo sobre este hombre y luego darse cuenta que no lo conocías en absoluto.
-Te amo Edward.- era lo único de lo que estaba segura en este momento, de lo mucho que lo amaba.
-Te amo mi amor.- susurró, para luego lanzarse a sus labios, Bella lo deseaba, lo deseaba demasiado, y en ese preciso instante solo pensaba en tenerlo más cerca de lo que ya lo tenía.
-Ay Edward, te necesito.- gimió, para luego besarle el cuello, y echarse encima de él. Edward le pasaba las manos por todo su cuerpo, acariciándolo levemente.- ¡Oh! Edward.- jadeaba y gemía, descontroladamente, solo quería más fricción.
Parecía que Edward también la seguía, que deseaba esto tanto como ella, cuando sintió que la nada su novio se congelaba y levemente la alejaba.
-¿Qué pasa?-preguntó contrariada. ¿No estábamos hace tan solo unos instantes tan bien y de repente…? ¿Qué mierda paso?
-Solo no creo que deberíamos hacer esto.- susurró dulcemente, pero algo acalorado.
¿Qué? No entendía nada.
-Dame una buena razón por la cual deberíamos parar.- pedí autoritaria.
-Es la casa de mis padres, Bella.- ¿Ahora se le ocurre ponerse de puritano?
-¿Y eso qué? No te pusiste así cuando paso algo similar en la casa de mis padres.- intensifiqué el mí. No entendía a este hombre. ¿Qué mierda?
-Eso fue diferente.- susurró nervioso. ¿Es que acaso se estaba encerrando en sus propias contradicciones?
-¿Y me puedes explicar porque? ¿Cuál es la maldita diferencia?
-Es que aquí nos pueden escuchar Bells.- susurró preocupado.
Claro, ándale a contar esa historia a otro.
-Oye, no seas idiota, ni que tus padres tuvieran oído supersónico, estábamos en tu habitación, en un tercer piso, en paredes prácticamente ionizadas, si no quieres dímelo, pero no me vengas con estúpidas excusas.- él se quedó mudo observándola, ni en mil años se hubiera esperado esa reacción de Bella.- Yo me largo.- se salió rápidamente de la habitación, ignorando los gritos de Edward y las despedidas de sus hermanos.
No podía pensar en eso en este instante, le saldrían canas si seguía irritándose así, ya luego hablaría con Edward, cuando ambos se hayan calmado y piensen las cosas con cabeza fría. Al ya estar más o menos lejos de la casa, se dio cuenta de que no llevaba su cartera, maldiciendo regresó a la casa caminando.
"Maldito sea Edward que no me deja traer mi auto, y por su culpa tengo que hacer a pie el camino"
Al entrar a casa de los Cullen, se sorprendió al no encontrar a nadie, caminó buscando su bolso, que estaba olvidado a un lado del enorme sillón de cuero blanco de la sala, ya se iba a ir cuando un ruido proveniente del sótano llamó su atención.
"No tenía ni idea de que tenían sótano. Otra mentira más que adicionarle a Edward" pensó sarcástica, mientras, curiosa como siempre, se dirigía hacia el lugar proveniente del sonido.
Bajó por las pequeñas escaleras de cemento, escuchaba voces más abajo, reconoció la voz de Edward y de otro hombre.
-Tranquilo Edward, todo va a estar bien, los días malos los tenemos todos, pero no hay nada que una buena bebida no calme.- susurró un hombre, en obvio gesto de camaradería.
¿Acaso a Edward le gustaba tomar?
-Está bien hermano, tal vez esto me ayude, además un poco no le hace daño a nadie.- susurró Edward apesarado.
-Es cierto, además las Bambies no son lo mismo.- comentó con gracia, Edward rió por el comentario.
¿Bambies?
Con cautela me acerqué más para ver que hacían y fue ahí cuando casi me desmayo: Estaban 2 hombres, mi novio era uno de ellos, el otro era uno fornido e igual de pálido, pero eso no fue todo, en las manos de Edward estaba una bolsa de sangre de la cual chupaba ansiosamente.
-¡Oh Dios!-susurró horrorizada, casi para si misma, pero rápidamente las dos caras voltearon violentamente hacía mí.
-Bella.- susurró Edward, de su boca caían líneas de sangres, y sus dientes, inmaculadamente blancos, ahora estaban rojos de la sangre recién tomada.
Corrió con todo lo que pudo, pero al llegar a la puerta, Edward ya estaba ahí esperándome.
-¿Cómo demonios…?-no era posible, había corrido mucho más rápido que él.
-Bella, por favor, déjame explicártelo…-suplicaba, con la cara aún manchada de sangre.
-No hay nada que explicar.- susurró en casi estado de shock, eso no podía estar pasándole.- ¿Qué eres?-preguntó valientemente.
-Soy un vampiro.- susurró imperturbable.
