DOS NOCHES (¿O DÍAS?) ANTES
Hermione se miró en el espejo mágico, el vestido confeccionado por Anya le quedaba perfecto, no sabía si era la magia del espejo o si realmente ella se veía tan maravillosa. Anya seguía trabajando, concentrada en la costura, pero admirando su obra en el cuerpo de Hermione.
-Es increíble…y fue tan rápido- dijo la joven
-Movimientos vampíricos- dijo Anya guiñando un ojo y terminando la última prenda.- Bastará con este vestuario por algunas noches, ya me dirás cuál fue tu favorito.
Anya se acercó a Hermione y le alisó el vestido, sacudiéndolo como si tuviera polvo.
-En cuanto a tu vestido para el baile de Máscaras, quedará terminado en unas horas, debo poner mayor empeño en una prenda como esa…necesito inspiración.
-Gracias Anya-Hermione miró el guardarropa donde la había arrojado Mercutio- Lamento lo ocurrido.
-Yo no-dijo Anya sonriendo- Mercutio lo merecía. No debe olvidar que los vampiros tenemos limitaciones ante la magia. Somos poderosos es cierto, pero los magos poseen algo que nosotros no: mortalidad; la mortalidad te da determinación, los vampiros somos inmortales.
Hermione percibió nostalgia en las palabras de Anya, miró su vestido color vino, le sentaba muy bien, aunque seguía sin ser consciente de su belleza, Hermione se admiró de sí misma.
-Serás toda una tentación mañana en el baile-dijo Anya-, todos aspirarán a poseerte, tu sangre es demasiado para nosotros: una joven y valiente hechicera…incluso yo…
Anya apartó el cabello que Hermione tenía enredado en la nuca y aspiró su aroma, la bruja tembló entre excitación y nerviosismo
-Lo siento…-dijo Anya posando sus labios sobre la pálida piel de Granger, sólo un instante, después se apartó cabizbaja, sintiéndose torpe y embriagada. Suspiró con tristeza, pensando en su pasado mortal.
-Ten cuidado, no pierdas tu determinación, no olvides que tu poder de hechicera te fue concedido para grandes cosas, no dejes que la seducción de un ser obscuro te arrastre a una vida donde la sed nunca se sacia.
Al decir esto, Anya avanzó de espaldas a un obscuro rincón y ante el asombro de Hermione, se hizo invisible; seguía sintiendo su presencia, pero no podía verla.
-Vámonos Vilche- dijo Hermione sin dejar de mirar el rincón donde Anya se escondía, no sentía temor sino mucha simpatía por aquella vampira melancólica.
Vilche llevó de vuelta a Hermione por la misma puerta, en silencio llegaron a la mansión de Lucius.
-Vilche se encargará de guardar sus hermosos vestidos, el amo la espera en la biblioteca.
-¿Biblioteca?- los ojos de Hermione brillaron. "Oh, tonta nerd, deja de pensar en tus libros…aunque…podría ser útil un mapa". Granger atravesó la mansión Malfoy a pie, era un lugar tétrico, iluminado por luces que emanaban de lugares inciertos, había habitaciones en las que el techo era tan alto que no podría verse el final y los pasos de la joven hacían eco en el silencio absoluto. "Este sería mi hogar…dulce, dulce hogar", nisiquiera su primera noche en Hogwarts le causó tal miedo. Llegó a la enorme puerta de la biblioteca y cuando estaba a punto de llamar, la puerta se abrió sola.
-Entra-dijo la voz de Malfoy, él estaba sentado en un enorme sillón verde, leía un enorme libro sin título, cuando alzó la vista y miró a Hermione ataviada con su nuevo atuendo, estuvo a punto de tirar el libro.
-Oh…veo que Anya ha aplicado sus grandes conocimientos en ti- dijo Malfoy levantándose y haciendo señal a Hermione para que se sentara cerca de él, ella se sentó con precaución, tratando de controlar sus emociones, ¿por qué el poder vampírico hacía tan seductor a Malfoy?, ¿o acaso siempre había sido así y ella nunca pudo verlo?
-Le agradezco todo esto señor Malfoy…le agradezco que no me haya comido.
-No por el momento, querida, la noche es joven…bueno, aquí es siempre de noche. Quiero mostrarte mi sitio favorito de esta mansión, esta biblioteca contiene toda clase de libros, de todos los tiempos hasta la actualidad, un mortal no podría leerlos ni en tres vidas de mago…tú tendrías toda la eternidad para disfrutarlos, estos y los que vengan en un futuro.
Hermione aspiró el aroma de los libros, conocía el aroma de los libros antiguos y los libros nuevos, en esa biblioteca ambos aromas se combinaban hermosamente, su olfato de sabelotodo se deleitó por unos momentos.
-Escuche señor Malfoy, no estoy aquí para jugar a la Bella y la Bestia con usted, sé que tiene la intención de encontrar a un compañero y yo…si es necesario tomaré el lugar de Draco.
Lucius miró fijamente a la joven, percibió un ligero estremecimiento por el miedo, pero su valor era más intenso, la lealtad hacia los suyos, hacia el mundo mágico. "Una hechicera admirable", pensó con seriedad, "¿seré capaz de arrebatar semejante tesoro al mundo de la magia?...¿es posible que una mujer de raza impura tenga tal poder y tal…belleza?". Su mirada se detuvo en el delicado cuello de Hermione, un cuello largo, elegante, percibió el perfume natural de la joven, el sexo de Lucius latió un instante, su muerto corazón revivió ante la sangre poderosa de Hermione.
Lucius se acercó a Granger lentamente, ninguno bajó la mirada, ella valiente con la cabeza en alto y él, soberbio, su altura le hacía mirarla hacia abajo, como si mirase a una esclava.
Se besaron inevitablemente, respirando profundamente, pensando ambos "¡por fin pruebo tu sabor!", sus labios se entreabrieron, sus lenguas se encontraron, dos sensuales serpientes humedeciéndose una a la otra, la de Lucius era intensa y salvaje, la de Hermione era apasionada aunque tierna. Lucius la abrazó por la cintura y la atrajo suavemente hacia su sexo, estaba duro y descaradamente lo frotó contra el vientre de ella; la hechicera gimió quedamente al sentirlo, echando hacia atrás su cabeza, dejó al descubierto la desnudez del cuello, para Lucius fue una visión tan exquisita, como verla desnuda y atrapando nuevamente la boca de Hermione, la llevó flotando lentamente hasta una alfombra de la biblioteca, era una alfombra de un material vampírico, tan suave y tersa, que tan sólo con el tacto en los brazos desnudos de Granger, logró un poco de humedad en su sexo. Los dos se frotaron uno contra otro en aquella alfombra, sus cuerpos y sus lenguas sedientos, las manos tocando urgencia, cuello, espalda, piernas, sexo…Lucius tenía una erección enorme, ¿cómo era posible para un no vivo si los órganos ya no debían funcionar?, pensó Hermione; Lucius adivinó su conmoción:
-Es gracias a la sangre de mis víctimas- dijo él.-la sangre fluye y entonces…
Hermione imaginó a las víctimas de Lucius, el éxtasis final mientras morían; la excitación le hizo desabrochar su vestido para mostrarle sus senos, eran tersos y redondos, llenos del perfume que enloquecía a Lucius; el mortífago quedó sin aliento ante esa visión virginal.
-Oh, Hechicera…
Hermione abrió las piernas, ofreciendo todo a Lucius.
-Estoy lista- dijo.
Y después sólo vio los ojos de aquél hombre sobre ella, dominándola y llevándola a un éxtasis desconocido, donde la sangre fluía con rapidez en todo su cuerpo, estallando en el sexo, mientras se desangraba entregando su alma a Lucius Malfoy.
