Disclaimer: Todo el mundo sabe que D. Gray-man no es mío y jamás lo será, es propiedad de la desaparecida Hoshino Katsura

Advertencias: Tendencias suicidas y una mente inestable(?)

Aclaraciones: Este capítulo es un experimento de mi parte, así que no esta construido como usualmente lo hago. Comienza con el final de capítulo y de ahí se hace una reconstrucción de los hechos a partir de fragmentos, hasta llegar al punto de partida visto por otra perspectiva. La última parte del cap., las cursivas quieren decir lo que está sucediendo en donde se encuentra Allen

Sin más, disfruten el capítulo


Capítulo 9

Punto crítico superado. Adiós mundo cruel.

...

Uno, dos, tres. ¿Qué es ese sonido tan constante? Claro, son los restos de tu cordura desquebrajándose, estrellándose de lleno contra la inexistente voluntad de vivir. Las vagas palabras dichas aquella última vez que se reunieron no podrán ser cumplidas. Le debes una disculpa a Mana por dejar de seguir caminando y también al imbécil ese por causarle tantos problemas. O quizás a este último no le debes ni eso porque por su culpa estás en esta situación tan extraña y divertida. No, él no tiene la culpa de esto. La culpa siempre ha sido tuya, él te lo advirtió desde el principio, tú te dejaste llevar por algo que jamás podría ser. Una suave y retorcida sonrisa es pintada en tus labios. Sientes como la conciencia comienza a alejarse de ti, así es mejor. Así dejas de sentir esa tristeza que te ha estado consumiendo durante esas ocho semanas en las que te han mantenido separado de él, quien ni siquiera ha intentado visitarte una sola vez. Lo dicho, a él no le interesas. Link siempre tuvo la razón.

Respirar comienza a tornarse complicado, sientes como la vida se escapa por tu brazo izquierdo, sientes como ese líquido carmesí que ya has visto tantas veces con anterioridad comienza a adornar y al mismo tiempo a mancillar la pureza de ese blanco recinto. La mancha que quede será difícil de limpiar una vez la sangre se haya secado. Ese pensamiento te ha dado una maravillosa idea. Intentas incorporate un par de veces, las mismas que fallas miserablemente, pues la fuerza ha comenzado a abandonarte también. Buscas la posición más cómoda sobre el suelo entonces y empapas tu dedo índice con el líquido. Lentamente empiezas a deslizarlo sobre un espacio de la superficie que todavía conserva su característica de inmaculado, con movimientos torpes, pero con una gran ilusión. Los trazos inseguros e improvisados comienzan a convertirse en letras entendibles. Suspiras al ver vagamente lo que has creado y te dejas caer sin oponer ya resistencia alguna, orgulloso porque pudiste resistir lo suficiente y plasmar el mensaje, a pesar de la pérdida de tanta sangre. Los párpados comienzan a cerrarse seguidamente y tú simplemente cedes a sus deseos de descansar.

Sí, la hora de descansar ha llegado por fin, te sientes medianamente satisfecho por todo lo que has logrado en la vida aunque aún faltaron muchas cosas más por vivir y experimentar. Lo que hubieras dado por sentir los labios de ese amargado acariciar tu cuello y dejar su marca, así como sus manos recorrerte por cada rincón de tu ser y esos brazos atrayéndote a su cuerpo, dejándote inundar y envolver por ese calor y aroma que sencillamente te atrapó. Actuaste tan impulsivamente una vez más en un arrebato de cordura. El dolor del brazo izquierdo ha desaparecido, la angustia, la desesperación, la tristeza, inclusive la felicidad también se han ido. Solamente, en esa blanca habitación adornada por rastros de manchas y líneas carmesíes, queda un cuerpo vacío incapaz de sentir algo más.

Ha llegado el momento de abandonar tu individualidad y volverte uno con el todo, mas las imágenes de quienes fueron importantes para ti comienzan a abarcar la oscura nada formada al cerrar los párpados. Mana, Road, Adam, Tyki, Cross, Link, una chica del pabellón A cuyo nombre no recuerdas y BaKanda. Después del recuento, el vacío, la oscuridad y la nada te envuelven y protegen. Tus sentidos se han apagado completamente y el suave ritmo de tu corazón comienza a ser cada vez más inexistente hasta que deja de existir. Una sonrisa termina adornando tu rostro para darle más ironía a la situación.

–Walker, ¿qué demonios sucedió aquí? –la respiración agitada se vio interrumpida en cuanto su mirada se encontró con tan devastadora escena adornada por el color carmesí. Sus piernas dejaron de sostenerlo y simplemente cedió, quedando de rodillas sobre la blanca superficie. De seguro su vista le estaba jugando una mala pasada, esa escena estaba completamente fuera de cuadro, Walker no podía, simplemente no podía… Sin embargo, el olor metálico perfumando la atmósfera le hizo saber que ese cuerpo rodeado por su propia sangre no era una cruel ilusión. La persona que lo hubo acompañado hasta hace unos instantes se esfumó del lugar.

Completamente fuera de sí, se incorporó y lentamente se dirigió a donde yacía Allen, sin querer asimilar la situación aún. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, descubrió el objeto utilizado para perpetrar el acto y soltó una risa irónica, no sabía exactamente si por la creatividad del chico o su estupidez por permitir algo así. Al seguir paseando su mirada por la zona visualizó un mensaje que le hizo estremecerse por completo y el rostro tan tranquilo del albino coronaba la retorcida escena. No, eso realmente no podía estar pasando, todo parecía tan surrealista, hace unas cuantas horas había platicado con el albino. Parecía bastante decaído, pero nada fuera de lo normal en un cuadro de depresión. Probablemente el cansancio hizo de las suyas y se encontraba soñando. Sí, debía de ser el cansancio, era lo más sencillo de creer.

El sonido de presurosos pasos llegando a la estancia lo sacó de su estado de enajenación y evasión de la realidad, volteándose parsimoniosamente en dirección a los entes entrantes para reconocer que eran personas vestidas de verde ¿por qué se movían tan rápidamente? ¿qué es lo que hacían ahí? No existía motivo alguno para su presencia en ese lugar, aun así continuó mirándolos curioso para entender su propósito ahí. Éstas articulaban palabras, pero los sonidos no lo alcanzaban y sus rostros mostraban demasiada preocupación. Repentinamente una camilla llegó también y un cuerpo fue colocado en el objeto con ruedas para desaparecer tan rápido como llegó. Se dio cuenta que estaba siendo presa del fenómeno denominado shock.

Ese cuerpo le resultaba familiar. Por supuesto que le era familiar, era nada más ni nada menos que Allen Walker, uno de sus actuales pacientes con problemas en su recuperación y a quien se negó a escuchar durante esas semanas. Una vez golpeado por los hechos y haberlos asimilado, se dejó caer una vez más y cedió ante todas esas emociones guardadas y sentidas en esos momentos.

Dos meses antes.

Los días del verano corrían con una peculiar lentitud, llevaba poco más de una semana en la blanca habitación y ya se sentía como una eternidad. Después de las palabras dichas por Link cuando le sacó de quicio, decidió cooperar a pesar de no creer ni un ápice en las mismas, eran sencillamente demasiado increíbles. Aunque si realmente quería creerlas, explicarían un poco los comentarios de Kanda. Negó suavemente con la cabeza y buscó alguna manera de hacer pasar el tiempo fluir más rápidamente, a pesar de saber de antemano que resultaría un esfuerzo inútil. Un leve ruido proveniente tras de la puerta le hizo colocar toda su atención al sitio y apreció un par de ojos cobrizos aparecer por ésta.

La húmeda brisa de la estación acariciaba su piel y jugaba con su cabello de nuevo. Se estiró enérgicamente y dejó escapar lentamente el oxígeno retenido por sus pulmones, la última visita de Link le trajo algo parecido a buenas noticias. Ese día comenzaría una nueva vida que implicaba la aplicación completa de su nuevo tratamiento y la continua resignación a vivir sin Kanda. Solo esperaba que los días siguientes no fueran tan duros como lo fueron en la blanca habitación, por lo menos ahora tenía la vigilancia forzosa brindada por Link a través de unos de los cuidadores, Tosuka si no recordaba mal, un poco de compañía era lo único necesario para continuar con su vida, o eso es lo que añoraba creer.

El resto del día transcurrió tal y como se había estipulado: comida con Jeryy, ingesta de los nuevos medicamentos, tiempo de recreación en la biblioteca del lugar, más comida con Jeryy y la hora de ir a su habitación. Estar de nueva cuenta en esas cuatro habitaciones supondría un momento de satisfacción y descansó, pero lo único que desencadenó en él fue un creciente sentimiento de angustia, la soledad brindada por la misma estancia no hacía más que obligarlo a pensar uno y otra vez ¿qué pasaría con él ahora? La última vez que vio a Kanda le dijo que haría todo lo posible para poder mantenerse lo suficientemente cuerdo y no dejaba de repetirlas porque quería creer que al repetirlas tantas veces se harían realidad, como si de un hechizo se tratara. Y era lo que más deseaba en ese instante. Intentando olvidarse de todo, se introdujo en su cama, se cubrió con las sábanas el rostro y rogó que conciliar el sueño no fuera una odisea.

Seis semanas antes.

Pasó las hojas del libro de manera monótona, las líneas escritas sinceramente no le interesaban en lo más mínimo, había cosas más importantes a las cuales prestarles atención, por ejemplo la cabeza no paraba de punzarle y no se sentía con ganas de nada, síntoma que lo hubo estado acompañado por hace más de cinco días. Solo quería llegar a tirarse a su habitación y no saber nada del mundo de nueva cuenta, pedirle a Tosuka que le diera otra de esas pastillas para ayudarle a descansar. El nuevo tratamiento estaba acabándolo. ¿Qué estaría haciendo Kanda en ese instante? Probablemente estaría en su jardín, atendiéndolo, brindándole la atención y el cuidado que él jamás recibiría a pesar de ser un ser humano que le quería demasiado. Movió lentamente su mano con dirección a su pecho y apretó fuertemente la camisa de ese sitio, intentando inútilmente menguar el dolor sentido. Dirigió una mirada discreta a su acompañante y se encontró con sus indiferentes ojos, suspiró derrotado y volvió su platina mirada a las amarillentas páginas de su libro de superación personal, sugerencia de su psiquiatra.

Cuando llegó el momento de volver a su habitación, la tristeza lo hizo su presa y el gris cielo no lo ayudaba a elevar sus ánimos. Esa noche su sombra se negó a bridarle esa pastilla que le permitía evitar encostrase con sus pensamientos y preocupaciones, excusándose con que ésta no estaba incluida en su tratamiento y podría interferir con los resultados. Se acomodó en un rincón de su cama y abrazó fuertemente sus piernas, hundiendo su cabeza sobre las mismas, intentando ignorar que la ausencia de todos aquellos que le habían brindado una difusa sensación de tranquilidad, de esperanza, le afectaba más que nunca y cuando se lo comentó a Link en la más reciente reunión le restó importancia al asunto, culpando a los medicamentos por su condición actual, tachándolo de algo pasajero, algo a lo que acostumbraría eventualmente y algo a lo que no debería brindarle demasiada importancia. Ya le había explicado con anterioridad que su actual tratamiento estaba diseñado para mejorar su condición mental y no deteriorarla. Unos tímidos sollozos comenzaron a inundar el blanco recinto.

Un mes antes.

El sol había sido cubierto por las nubes y eso retrasó algunos minutos su hora para levantarse. Avanzó con perezosos pasos a la ventana y observó su reflejo, tocó el vidrio y con mucho cuidado delineó suavemente el mismo, apreciando con calma las facciones que tenía frente a sí, los resultados del tratamiento solo se dejaban ver en lo pálido de su piel y en las notables ojeras. Suspiró cansinamente y se preguntó qué tanto estaría sufriendo Allen para permitirle controlar el cuerpo a su antojo sin prestar resistencia alguna.

Walker había sido sustituido por Nea hace dos días y ni el idiota de Dos puntos ni su amiguito de verde se habían percatado del cambio. Y no podía culparlos, él mismo se encontraba irreconocible, se aventuraba a decirlo, pero en esas condiciones su personalidad se parecía demasiado a la de Allen actuando normal, sus ganas de actuar como el chico malo se encontraban afectadas por el aumento en las dosis de su medicación. Si las cosas continuaban así terminarían mal, muy mal.

Allen sencillamente se dio por vencido y le cedió el puesto a él para tratar de sacarlo adelante, pero no había mucho que él pudiera hacer sino es que prácticamente podía hacer nada. El deseo de la última vez que sacó adelante al chiquillo, convertirse en el mejor pianista de El Arca ya no era factible y tratar de acercarse a Kanda Yu tampoco era posible sin meter en más problemas a Allen. Soltó un chasquido y se quedó analizando la situación por unos instantes, después se retiró de la ventana y continuó como si nada, restándole importancia al asunto; tarareando aquella melodía aprendida de memoria gracias a las partituras dadas por Cross, donde estaba escrita una canción de cuna hecha por Mana y que le cantaba por las noches desde que tenía uso de razón. Un momento, esos recuerdos no eran suyos, eran los de Allen. Soltó una risita irónica y confirmó que su situación estaría perdida sino cambiaban el tratamiento.

Salió de su habitación y ya se encontraba Tosuka esperándolo, quien le observó con detenimiento

–¿Todo bien, Walker? –habló repitiendo la línea de todas las mañanas

¿Tú que crees? ¿No parece que este chico se está desintegrado lentamente y su estupidez no les permite siquiera verlo? ¿No se dan cuenta que sus tontas razones para continuar con esto ni siquiera les deja ver lo que hay más allá de su nariz para percibir que Allen ya se ha ido y que incluso su segunda personalidad está tan inestable como la original? –se contuvo de decir todo lo anterior y sencillamente respondió lo siguiente –¿Por qué no habría de estarlo?

Su caminata al comedor comenzó instantáneamente y cada que pasaban por una ventana desviaba su mirada al clima ofrecido por el día, una llovizna ligera que ya llevaba algunos días azotando el lugar.

Tres semanas antes.

Nea estaba aburrido, Nea ya se había cansado a la rutina la que le tenían sometido, Nea quería divertiste un poco y Nea creía saber cómo conseguir esa diversión, además Nea ya no quería esos asquerosas pastillas que cada vez que las tomaba, sentía que una parte de él se perdía en algún lugar muy profundo de él, obligándolo a sentirse triste y deprimido. Nea no entendía por qué le llamaban Allen y cuando les dijo que él no era ese tal Allen solo le obligaron a tomar más pastillas. Entonces decidió responder bajo ese nombre y evitarse más problemas.

Tosuka y el albino iban en su usual recorrido para llegar a la ventanilla donde les entregarían la medicina del día, dos pisos más hacia abajo y se toparían con la jefa de enfermeras quien les trataría ambiente. Con una sonrisa maliciosa el ojigris disminuyó un poco su andar para alejarse algunos metros de Tosuka, le dejó que llegara al inicio de las escaleras y cuando estuvo a punto de descender el primer escalón, se encarreró lo suficiente para, a través de un certero empujón, tirarlo a través de las mismas. El joven cuidador perdió el equilibrio instantáneamente y se estrelló de lleno con los peldaños de madera, rodando incluso por la fuerza extra brindada a través de ese movimiento tan brusco, sin nada que pudiera hacer para evitarlo. Miró unos instantes la cara del joven quien le empujó y en ésta solo pudo apreciar y entender finalmente el horror que le habían estado pasar a Allen Walker. Si salía bien parado de ese accidente hablaría urgentemente con su amigo Link. Golpes en sus brazos, en las costillas y finalmente uno directo en la cabeza le hizo perder la conciencia.

Nea creyó que se sentiría feliz por librarse de ese sujeto, pero Nea solo se sintió muy triste por lo que hizo y corrió en dirección a su víctima, quien tenía una mancha roja en la cabeza. Nea se sintió asustado, Nea entonces supo que lo que había hecho era algo malo. Nea tomó a Tosuka entre sus brazos y con lágrimas en los ojos y un hilo de voz comenzó a mascullar aquella melodía de cuna que tanto le gustaba a pesar de no tener ni idea de dónde había salido, lo movió un par de veces, pero no lo respondió; palmeó su rostro un par de veces y tampoco respondió. Entonces Nea comenzó a gritar y a sufrir de un ataque de pánico y ansiedad porque no sabía qué hacer.

17 días antes.

Parpadeó seguidas veces antes de acostumbrarse a la luz del lugar, movió su cabeza lentamente hacia a la derecha y solo vio una cortina, giró ahora su cabeza a la izquierda y se encontró con un joven rubio y de cobriza mirada quien no despegaba su mirada ni un solo instante de él

–Una vez que tu bienestar físico haya sido diagnosticado, volverás a la habitación blanca, Walker –comentó y al instante se levantó del banco para dejarlo completamente solo

–Howard ¿qué hice? –comentó con un hilo de voz. No recordaba nada de lo sucedido durante la semana pasada. Lo más seguro es que Nea hubiera sido quien viviera esos últimos días

–No me vengas con eso, Walker. Tú bien sabes lo que hiciste –respondió con el tono más educadamente venenoso que pudo sin siquiera dirigirle la mirada –Ah, y volveremos a aumentar la dosis de tu medicación.

Dos semanas antes.

Miró con recelo su brazo izquierdo y lo levantó con ganas de alcanzar el techo mientras permanecía recostado en la acolchonada y blanca superficie preguntándose cómo es que había sido calificado como un sujeto peligroso. Dejó caer su brazo y continuó mirando el techo, percatándose sin querer hacerlo que cada día transcurrido el dolor en su pecho crecía más, así como ese vacío provocado tras la muerte de Mana no dejaba de aumentar. Él solamente quería ser feliz, continuar caminando como Mana se lo había indicado y tratar de sonreír de nuevo una vez más. Después de que la vida lo trató lo peor que pudo, logró encontrar la manera de poder cristalizar su único deseo, pero le fue arrebatada de una manera cruel.

Él solo quería estar con Kanda, ¿por qué no lo dejaban? Al parecer las palabras de Link eran ciertas hasta cierto punto. Ese japonés, aunque fuera de una manera indirecta, lo estaba matando, esos sentimientos que a esas alturas ya no sabía si describir como algo o positivo o no lo estaban consumiendo. Había momentos en los cuales ya no era capaz de distinguir lo real de lo falso, y además cada vez era víctima de ataques de pánico y depresión más agudos y constantes, cada día le costaba más recordar quién era y qué hacía ahí, teniendo la certeza que no era debido a Nea, después de lo dicho por Link no hubo habido rastro de su otra personalidad, otro motivo de alarma. Dejándose llevar ya por todo lo padecido, sus gemidos comenzaron a inundar el lugar y por cada uno de éstos dado, las ganas de seguir viviendo se desvanecían, ¿qué ganaría de seguir viviendo de esa manera tan patética, permaneciendo drogado todo el día? La vida ya no le estaba dando motivo alguno por el cual valía la pena soportar todos esos retorcidos actos preparadas para que él fuera el único en escena. Lo más sencillo sería terminar de una buena vez con su vida, de cualquier manera no había ser alguno a quien le doliera su ausencia y así, finalmente, todo su sufrimiento terminaría.

Una semana antes.

Se encontraba sentado, observando la nada. Los minutos corrían, se transformaban en horas y él permanecía completamente inamovible, cual de un muñeco se tratase. Unas marcadas ojeras adornaban su demacrado rostro y sus opacos ojos solo hacían sentir lástima por ese pobre ser, que parecía ya no tener alma sin embargo, una vaga promesa dicha por un asiático le mantenía a seguir respirando, a pesar de que le resultara demasiado doloroso. Antes de que todo eso comenzara, Kanda le había dicho lo mucho que le quería y que haría todo lo posible por estar de nuevo con él, pero nada más no llegaba la hora en la cual pudiera ver esa fría mirada una vez más, pero no importaba, él lo seguiría esperando aunque la vida se le fuera en ello. Por él valía la pena seguir soportando todo eso.

Link apreciaba por la rendija de la puerta a su paciente, realizando las notas correspondientes del día. Walker continuaba con ese profundo cuadro de depresión, la última vez que habló con él se dio cuenta que muchas cosas estaban mal desde antes del incidente que dejó en estado de coma a Tosuka; cosas que decidió ignorar ignorar para no tener demasiados cargos de conciencia. Suspiró cansinamente y continuó con sus notas queriendo pensar que a pesar de todo, ese tratamiento tan drástico estaba rindiendo frutos, por lo menos Nea ya no era un factor por el cual preocuparse demasiado, a pesar de saberse que la memoria de Walker estaba siendo derretida por tantos medicamento. Estaba al tanto que realizar la combinación de Paroxetina con Amitriptilina era una locura, un arma de doble filo donde las desventajas superaban al bienestar causado, mas era necesario para conseguir su objetivo ¿cuál objetivo? Cierto, mantener a Walker con vida.

En ese instante.

Admiró el paisaje, la lluvia continuaba acariciando suavemente la construcción. No recordaba con exactitud cuándo comenzó esa lluvia, pero sabía con certeza que ya llevaba algunos días cayendo, chasqueó la lengua ante tan horrendo clima. Por lo menos el baño dado tras su sesión de ejercicio lo mantenía en un humor relativamente aceptable. Mas el sentimiento de intranquilidad con el cual se despertó esa mañana se negaba a abandonarlo.

Casi dos meses habían transcurrido sin ver a Moyashi y los síntomas de la esquizofrenia comenzaban a regresar a niveles normales. Esa ausencia le estaba sentando de maravilla, por más molesta que le resultara. Quizás hasta al canoso también le estaba haciendo bien esa distancia y esbozó una triste sonrisa ante la idea. No lo negaría, le hubiera gustado trascender en esa relación de amistad entablada, pero sabía de ante mano que imaginar un destino juntos sería desastroso. Qué patético y cursi sonaba toda esa mierda. Así era mejor, estar separados era sencillamente lo más inteligente y sensato que podían hacer; odiaba admitirlo, pero no le quedaba más que verter su confianza en el rubio, para que ese Dos puntos hiciera bien su trabajo: cuidar al ser a quien él jamás podría proteger ni siquiera de sí mismo.

Sus pasos lo llevaron al comedor y se dispuso a pedir su comida de siempre, esperó por su orden y durante ese periodo una tontería le pasó por la cabeza Antes de que le fuera entregada su comida decidió agregar un alimento más, una brocheta de mitarashi dango, solamente por la mera curiosidad de probar esas cosas que tanto amaba el Moyashi y entender por qué las comía tanto. Sí, lo admitía, a pesar de no convivir físicamente con el canoso, ese sentimentalista lo acompañaba en sus recuerdos. Lavi solo se burlaba a la distancia ante tantas incoherencias de su parte y no lo culpaba porque él haría exactamente lo mismo. La orden estuvo lista y antes de dirigirse a su asiento, tomó la brocheta y se comió la primera bolita de masa de una sola mordida

–Tsk, demasiado dulce. Qué asqueroso –se tragó el bocado de muy mala gana y tiró al cesto de basura el resto de las bolitas de masa, importándole nada que se desperdiciara la comida

La soledad del recinto le impidió seguir soportando toda su situación, los medicamentos se habían encargado de desequilibrar su salud mental y sin mayores consideraciones tomó un cubierto de los traídos en la comida de ese día en uno de sus pocos momentos de lucidez, estando completamente consiente que estaba a punto de terminar con su vida. Lástima que no podría agradecerle a Link semejante imprudencia.

Se sentó en la mesa y su mirada se volvió a topar con el paisaje, la lluvia había cesado finalmente, tras su constante caída. Tomó el paquete de palillos para comenzar a degustar su soba y quitarse ese mal sabor de boca; al momento de separarlos se dividieron mal. No es que él creyera en la buena o mala suerte, pero esa tonta superstición acarreada con los palillos aumentó su sentimiento de intranquilidad.

Allen comenzó a clavar indiscriminadamente el cubierto sobre la pálida piel de su brazo izquierdo, con una constancia y fuerza impropias de su condición actual. Agradecía que la medicación dada a su persona durante todo ese tiempo estuviera surtiendo efecto y lo mantuviera en un estado donde la realidad y lo ficticio no se diferenciaban, impidiéndole así padecer todo el dolor provocado por sus acciones de terminar con su vida. Esbozó una enorme sonrisa al divisar el líquido carmesí fluir tímidamente a través de las laceraciones de su extremidad, comenzando a adornar de manera lenta la habitación.

Su soba había sido terminada, mas el dulce sabor de la golosina se rehusaba a abandonar su boca. Bastante molesto y hastiado dirigió su mano al recipiente que contenía el té verde pedido y en cuanto su mano rozó la porcelana, ésta se agrietó, dejando caer lentamente la infusión. Chasqueó la lengua con disgusto y maldijo entre dientes, sin quererlo su mente conectó ambos indicios de mal augurio. Rodó los ojos en un intento de alejar tantas estupideces de su imaginación, denominándolo sencillamente como paranoias suyas causadas por una serie de coincidencias. Además ¿qué es lo que podría andar mal?

Terminó de elaborar ese mensaje destinado al causante de su desgracia y cedió a los deseos de su cuerpo por descansar de una buena vez por todas, pues ya no tenía más que hacer en ese mundo. Sintió como cada uno de sus sentidos comenzaba a apagarse y a brindarle la serenidad que no había sentido desde niño. Al saber que el sufrimiento terminaría pronto, se dedicó a disfrutar los últimos instantes ofrecidos por la vida antes de que todo terminara, sin poder evitar esbozar una sonrisa de autosuficiencia. La paz y la tranquilidad lo inundaron, hasta que la nada se apoderó de él.

Cogió los retos de la taza y su plato para depositarlos en la ventanilla, una vez hecho se largaría a su jardín a meditar y sacarse ese sentimiento que no lo dejaba en paz. Rumbo a la salida, uno de los guardias había llegado exhausto con su compañera y tras murmurarle algunas palabras, ésta abandono su puesto, corriendo junto con el hombre agitado, con una mueca de verdadera preocupación. En ese instante su intranquilidad se convirtió en un mal presentimiento, un muy mal presentimiento, pues para su muy jodida mala suerte alcanzó a leer los labios del agitado guardia articulando el nombre del idiota a quien no podía sacarse de la cabeza: Allen Walker.


Notas de la autora -A-

Como siempre, antes que nada, una gran disculpa por los errores que de seguro se encontraron a lo largo del capítulo ;w;

Espero que este capítulo no les haya causado demasiada confusión, está medio revuelto, pero entendible hasta cierto punto. Si hay algo que no les haya quedado claro y esté en mis posibilidades por resolvérselo, pregunten ;)

Bien, pasando al capítulo... No se los negaré, me encantó escribir la primera parte donde se muestran los últimos instantes conscientes de Allen. Y como siempre, estoy abierta a recibir todos los jitomatazos o crítica constructiva que deseen aportar :D Lo de los 5 reviews sigue en pie, aunque no prometo mucho esta vez porque se acerca el final de semestre y eso implica trabajo hasta por los ojos(?), pero si me motivan lo suficiente, lo más seguro es que el siguiente capítulo ya conozcan el hermoso pasado de Kanda ;D Y todavía estoy recibiendo sus sugerencias para diagnosticar a Lenalee...

Querida Guest:

Muchísimas gracias por tu comentario tan lindo y completo, de verdad ;w; Me pusiste de buenas cuando lo leí. Realmente me siento contenta de que mi trabajo te agrade, seguiré esforzándome para que no te vaya a decepcionar (y mira que este capítulo me costó un montón sacarlo) Tu sugerencia de enfermedad me agradó bastante, me pondré a indagar más en ella a ver si la utilizo ;) Y en cuanto al asunto de Link y Kanda, pues como lo habrás notado lo sabrás hasta el siguiente capítulo xD Gracias una vez más y abrazos virtuales

Bueno queridos lectores, creo que eso es todo lo que tengo que decirles en esta actualización, no sin antes agradecerles por dedicarle un poco de su tiempo a este AU todo extraño xD

Hasta la próxima, mis mejores deseos y abrazos virtuales~

Maboroshi -W-