¡Hola hola gente bella!
Gracias por su paciencia, sus palabras y, como siempre, su tiempo. A veces siento que digo demasiado "gracias" pero pues es que... gracias por la oportunidad que nos están dando a mi historia y a mi. Y ya, no voy a dar más lata para dejarlos leer. Que disfruten este capítulo.
Frotó la manzana grande y roja contra su camisa antes de darle un mordisco. Sven lo miró con reproche.
-Tranquilo amigo, también hay algo para ti-dijo sacando de su bolsillo una zanahoria.
El reno la devoró gustoso mientras Kristoff, recargado en la carreta, seguía con su fruta. Había sido un día de mucho trabajo, tenían bien merecido ese pequeño descanso. Miró hacia el puerto, en donde ondeaba la bandera de Arendelle en la punta del mástil del barco insignia. Pensó en lo contenta que se pondría Anna; su hermana había tardado más del tiempo estimado en regresar.
-Hey Sven, ¿nos damos una vuelta por el puerto?-propuso, a lo que su compañero asintió encantado.
Era una mañana agitada y el lugar estaba abarrotado. Se abrieron paso entre la gente con mucho esfuerzo pero no lograron acercarse mucho. Estaban por dar media vuelta y marcharse cuando la carroza de la reina pasó a unos metros frente a ellos. Entonces vieron a Elsa comenzar a descender. Kristoff sonrió con el recuerdo de la promesa hecha a Anna de que al regresar su hermana las llevaría a ambas de picknick a orillas de un río cristalino que había encontrado en la montaña. Un gruñido de Sven lo regresó a la realidad.
-¿Qué sucede amigo?
El reno señaló con la cabeza la pasarela del barco. De inmediato el hombre supo la razón de su inquietud: junto a la joven reina bajaba una pequeña e inquieta criaturilla de cabellos rojos.
-¿Ese quién es?-preguntó Kristoff frunciendo el ceño.
Sin poder aguantar más la curiosidad comenzó a abrirse paso a codazos entre la gente. Aún no estaba lo suficientemente cerca cuando vio al niño parar en seco, señalar hacia algún punto abajo, en el pueblo, y gritar con emoción.
-¡Mila moma!
No supo que la sorprendió más, si la exclamación del niño o el gesto maternal con el que Elsa le acarició la cabeza.
"Algo aquí está raro" pensó el rubio. Sven llegó hasta él pero antes de lograr hacer alto Kristoff lo hizo dar la vuelta y regresar por donde venía.
-Será mejor que nos demos prisa para regresar al palacio.
Sven entró en los terrenos del palacio con un trote ligero, atravesando las puertas y moviendo la cabeza en señal de saludo a los guardias a cada lado de las puertas; a diferencia a Kristoff, que seguía siendo un poco reservado, el reno se había hecho bastante popular entre la servidumbre. Kristoff desmontó y apuró el paso, casi arrastrando a Sven tras de sí.
-¡Vamos amigo! Tenemos que encontrar a…
-¡KRISTOOOOOOF!-resonó la inconfundible voz de la princesa. Inmediatamente la vieron correr hacia ellos.
-¡Hay, Anna! ¿Qué tal?
-¡Vamos vamos vamos vamos!-apremió jalando de su brazo.
-¿A preguntar a Gerda si el almuerzo está listo? Me parece una buena idea.
-No, ¡llegó Elsa! vi el mástil de su barco desde la ventana de mi habitación. Por fin, siento que tiene años lejos de aquí.
Se veía tan emocionada que resultaba contagioso. Kristoff no pudo reprimir una sonrisa, la partida de Elsa había dejado desconsolada a Anna y ya no sabía que más hacer para regresarle el buen humor. Además, tenía que ser completamente honesto, él también la extrañaba, sin Elsa, ¿quién más podía poner orden a las locuras de la princesa y de Olaf? ¿Quién más crearía bellísimas y perfectas esculturas de hielo para decorar los jardines los fines de semana? Y ¿con quién más sostendría una conversación adulta, seria, sin bromas y constructiva y entretenida a la vez, si no era con Elsa? La pelirroja comenzó a andar, comentando algo respecto a buscar a Olaf, cuando él la tomó por el brazo y la detuvo.
-Escucha, Anna, estaba hace un momento en el puerto y… bueno… vi algo.
-¿Algo… bueno, o malo?-preguntó Anna con genuina preocupación.
-Pues no creo que sea malo. Pero tampoco estoy seguro de que sea bueno. Es que, no lo sé, es desconcertante.
-Kristoff me estás preocupando. ¿Está todo bien? ¿Algo pasa a Elsa?
-Sí. ¡Digo, no! Es decir, ella se ve bien, pero… Anna, Elsa no regresó sola.
Se quedó un momento en silencio, en espera de que la pelirroja procesara la información. A juzgar por su expresión, le costó un poco asimilarlo, hasta que una enorme y emocionada sonrisa se dibujó en su rostro.
-Oh por dios Kristoff, ¡¿Elsa ha traído un prometido con ella?!
-¿Qué? ¡No!-Anna parecía decepcionada-es que…
Las ruedas del carruaje lo interrumpieron. Al mirar hacia las puertas vieron el elegante carro de colores dorados y púrpuras atravesarlas, con las cortinas abiertas y a una sonriente Elsa moviendo los labios a través de los cristales. La velocidad del coche comenzó a disminuir hasta detenerse, y Anna corrió hacia él, pero una blanca y pequeña figurilla con caminado torpe la interceptó en su trayecto.
-¡Elsa está aquí!-dijo Olaf, retomando la marcha al lado de la chica.
-Lo sé Olaf-respondió ella-vayamos a darle un abrazo.
Con emoción la vieron bajar elegantemente. Ambos alzaron los brazos, en un intento de hacerle señas para llamar su atención, pero el movimiento paró en seco cuando, ignorándolos por completo, la joven reina se dio la vuelta y estirando los brazos hacia el interior del coche, tomó a un pequeñito pecoso de su interior. Se quedaron con la boca abierta. El niño le sonrió con dulzura, y ella respondió de la misma forma para a continuación dar instrucciones a la servidumbre que se acercaba mientras sujetaba al niño sobre su cadera.
-¿Qué está sucediendo?-preguntó Anna estupefacta.
-Ah, sí, ¿recuerdas que te dije algo sobre que traía compañía?-comentó Kristoff acercándose a ellos.
Nadie movió un solo músculo, hasta que finalmente la reina se fijó en ellos. Fue una sorpresa, o eso parecía significar el repentino rubor en sus mejillas. Rápidamente pero con cuidado puso al niño sobre el suelo, lo que desconcertó al pequeñito bastante.
-¿Moma?-preguntó jalando su falda y mirándola hacia arriba.
-Anna-fue lo que dijo Elsa.
La chica no reaccionó. Tuvo que darle Kristoff un pequeño empujón para hacerla volver en sí.
-Amm, ¡hola hermana!-la saludó tímidamente con la mano, dando pequeños pasos hacia ella. Elsa abrió sus brazos y también se acercó hasta envolverla con ellos.
-Te extrañe mucho Anna.
-Y yo a ti-aspiró profundamente con la nariz enterrada en su hombro, y el dulce y fresco olor, tan familiar y que tanto echaba de menos, la reconfortó.
-¿Cómo has estado? ¿Cómo van las cosas por aquí?-miró a su alrededor, al palacio-Todo sigue en pie, supongo que bien.
-¡Ja, ja! Te dije que podía hacerme cargo, no tenías por qué preocuparte tanto.
Ambas rieron, pero fueron interrumpidas por una trémula vocecita a espaldas de la rubia.
-¿Moma?
Elsa se giró y las mariposas en el estómago volvieron a revolotear.
-Amm, Anna-comenzó, deshaciendo el abrazo y regresando al lado del niño. Lo tomó de la manita y se quedó de pie junto a él-quiero presentarte a Friederick-a continuación se acuclilló y habló al pequeño-Friederick, ella es mi hermana, la princesa Anna.
Él la miró con atención, examinando a la jovencita de trenzas rojizas, orbes azules y mejillas salpicadas de pequitas.
-Picesa Nanna-repitió con suavidad.
La aludida se acercó hasta poder arrodillarse frente a él.
-Hola Friederick, mucho gusto.
El niño miró a Elsa.
-¿Picesa Nanna?
Ella asintió, sonriendo.
-Sí. Tu tía Anna.
-Tu… espera, ¿qué?-preguntó la princesa, agitando la cabeza confundida.
Friederick la miró nuevamente, entrecerró los ojos y, en un movimiento que duró apenas una fracción de segundo pero que no escapó al atento ojo de Anna, arrugó su respingada nariz.
-Picesa Nanna-repitió con seguridad y mayor volumen.
-Sé que es algo inesperado Anna, pero de verdad quiero explicarte lo sucedido. Intenté enviarte una carta antes de partir de las Islas del Sur pero…-"una excusa Elsa, tuviste todo el maldito viaje para hacerlo pero no se te ocurrió planear una excusa".
-Seguro la tormenta retrasó el barco con la correspondencia-dijo Anna-Kai dijo que eso era posible, que no tenía que preocuparme por no recibir tus cartas.
Sólo hasta entonces Elsa pensó en lo desconsiderado que había sido de su parte no informar al menos que estaba por ponerse en marcha de vuelta a casa, y lamentó profundamente la preocupación que su hermana debió sufrir durante su ausencia. Estaba por ofrecer una disculpa cuando el pequeño muñeco de nieve se acercó a ellos.
-¡Olaf!-lo saludó-Te extrañé mucho Olaf, no sabes lo feliz que me hace verte de nuevo.
-¡Hola Elsa! ¿Cómo estuvo tu viaje? ¡Ven Kristoff, a saludar a Elsa!-gritó, y volviendo a dirigirse a la reina, agregó-Tardaste mucho en regresar, Kristoff dijo que seguramente tu barco había naufragado con la tormenta y ya estabas muerta-Anna miró con reproche al rubio, que a pocos metros de ellos bajó la vista al suelo mientras se rascaba la nuca-Ohh, ¿y quién es este pequeñito? Hola amiguito, soy Olaf, ¡y adoro los abrazos!
Con cada paso que el hombre de nieve daba hacia él, Friederick se pegaba más a Elsa, hasta que finalmente se echó a llorar.
-Oh, no no no no no-dijo la rubia tomándolo entre sus brazos-está bien cariño, está bien, es sólo Olaf, es un amigo-lo obligó a despegar el rostro de su pecho y mirar al muñeco.
-Lo siento mucho, Cedrick-dijo Olaf suavemente.
-Friederick-lo corrigió Elsa.
-Friederick. No quería asustarte, sólo… quería darte un abrazo-abrió sus delgados brazos y sonrió al niño.
Indeciso, miró primero a Elsa, quien asintió, para después acercarse a Olaf y rodear su cuerpo de nieve con sus bracitos. Olaf correspondió al abrazo, y al poco tiempo el pelirrojito soltó una carcajada.
-Está fiyo-dijo-¡como la magia de la moma!-gritó emocionado señalando hacia Elsa.
-Sí, así es, ¡Elsa me creó con su magia! Qué divertido ¿no?
Friederick rio y volvió a abrazar a Olaf.
-Elsa-susurró Anna sólo para que su hermana la escuchara-me siento confundida, ¿quién es él?
La reina se puso en pie, mordiéndose el labio y retorciéndose las manos.
-Es… una larga historia. Pero prometo que te la contaré toda-se apresuró a agregar al ver la decepción en el rostro de la pelirroja. Suspiró-es sólo que no sé por dónde comenzar.
-Pues por el principio, naturalmente.
-Bien, pues…
-¡Moma!-interrumpió el niño, jalando nuevamente su falda con insistencia-mi panza-dijo tocándose con ambas manos.
-¿Te duele?
Él asintió.
-Hace así: grrrr.
-Oh, ¡tienes hambre!-dijo Anna.
Friederick la miró, frunciendo el ceño, y volteando el rostro con desdén se dirigió a Elsa-Quele comila.
-¡Cierto! No hemos tomado el almuerzo. Anna, Olaf, ¿por qué no lo llevan al comedor y piden que vayan sirviendo? En un momento me reúno con ustedes, sólo tengo que dar un par de indicaciones más por aquí.
-Bien. ¿Vienes Friederick?-lo invitó Anna ofreciéndole su mano.
El niño dudo. No, en realidad no dudo, se rehusó, no se movió ni un milímetro hasta que Elsa lo animó a ir. Un poco renuente aceptó la invitación y tomó la mano de la princesa. Olaf se acercó y lo tomó de la mano libre, y eso le agradó.
Elsa los vio marcharse, incluso podía escuchar la animada vocecilla de Anna describiéndole el interior del castillo. Sonrió. Los vio desaparecer en el interior, satisfecha, y sólo entonces se percató de la presencia de Kristoff. Se acercó a él lentamente y cuando estuvo cerca lo saludó.
-Hola, me da gusto volver a verte.
-Ah, ¡hola! A mí también me da gusto verte, es bueno tenerte de vuelta. Y lo que dijo Olaf de que naufragara tu barco, era sólo una broma. Ni siquiera se lo dije a él, fue a Sven, pero ya vez como es, tan… metiche y… ocurrente y…
-No tienes de que preocuparte, te creo-dijo sonriendo con sinceridad-Yo...-se aclaró la garganta-creí que nos acompañarías de regreso al palacio-Kristoff parecía confundido-Es que te vi en el puerto, con Sven. Y por un momento pensé… bueno, no lo sé, creí que te gustaría subir a nuestro coche.
-Oh, sí. No, lo siento. No me lo tomes a mal, es sólo que Anna te echaba mucho de menos y quería avisarle que ya estabas aquí, para que se animara.
-Sí, claro. Luego ya no te vi y pensé que sería por eso. O… por alguna otra razón.
Ninguno de los dos dijo más, guardando incómodo silencio y evitando mirarse el uno al otro. Finalmente Elsa no pudo más.
-Kristoff, sobre Friederick, él…
-Escucha Elsa, no tienes que darme explicaciones. No a mí.
Ella bajó la vista.
-Creí que lo habías visto conmigo en el puerto y bueno, pensé que te habría parecido raro y todo eso.
-Sí, raro y todo eso, y sería una mentira decirte que no me da curiosidad conocer la historia completa, pero la verdad Elsa, no tienes por qué contármela. El niño es especial para ti y eso es todo lo que debe de importarme.
Ella suspiró aliviada. Charlar con Kristoff siempre le hacía bien.
-De verdad te lo agradezco.
Ambos sonrieron, sintiéndose un poco más relajados.
-Bueno, te esperamos entonces en el comedor; mejor corro antes de que Anna de cuenta de todo lo que sirvan en la mesa.
-Claro, allá nos vemos-respondió la reina. Dio media vuelta e hizo señas a un lacayo para que se acercara.
-Elsa-la llamó Kristoff una última vez, haciéndola girarse nuevamente-De todos modos Anna me contará todo una vez que se lo hayas explicado, lo sabes ¿verdad?
Ella ahogó la risa, y rodando los ojos fingiéndose fastidiada, respondió.
-Lo sé Kristoff, siempre lo he sabido.
Amigos, acabo de darme cuenta de que estoy confiando demasiado en mi ortografía y no he pasado el auto corrector por este documento antes de subirlo, pero como ya no tengo tiempo de revisarlo (porque como siempre, ya es madrugada acá por mis lares) si ven ustedes algo raro, no duden en hacérmelo saber.
Gracias (sí, otra vez) por leer. Una vez más, sus comentarios y críticas serán, como siempre, muy bien recibidas.
Nos vemos, bye bye! :D
