Capítulo 9: Pasión controlada
El sonido de la lluvia contra el cristal despertó a Hermione, Harry que estaba a su lado se levantó y se sentó, la joven también lo imitó, pero se encontró con la mirada de su esposo.
-No hace falta que te levantes-gruñó- Tengo unas cosas que hacer sobre la carga y no podré llevarte.
-¿Vas a irte enseguida?-inquirió insegura.
-No, antes de irme me daré un baño y desayunaré-
-Entonces… sino te molesta, prefiero levantarme-dijo dulcemente.
-Haz lo que te plazca, a mi me da igual-gruñó Harry.
Trajeron agua caliente para el baño de Harry, cuando ambos estaban a solas, Harry se metió en el barreño de metal. Estaba de mal humor, Hermione se acercó asustada para ofrecerle sus atenciones y le quitó la esponja de la mano, el capitán la vio sorprendido.
-¿Qué quieres?- le preguntó –¿Es que te ha comido la lengua el gato?- Hermione inhaló aire y asintió con la cabeza.
-Yo… yo, quiero ayudarte con tu baño- la expresión de Harry se tensó.
-No es necesario, vístete y podemos desayunar abajo- La castaña se apartó nerviosa, tenía claro que debía permanecer alejada de Harry, para no irritarle más y no agobiarle con su cercanía.
La joven se dispuso a recoger la ropa interior del día anterior, se quitó el camisón y se puso el vestido azul que le había comprado, pero no consiguió más que llegar a unos cuantos corchetes.
Tendré que irme con el vestido desabrochado pensó la castaña, no voy a pedirle que me lo abroche, no quiero ser una molestia para él.
Empezó a desenredarse el cabello con las manos, mientras Harry terminaba de bañarse, finalmente salió de la bañera. Comenzó a secarse y a vestirse, todo lo hacía sin mirar hacia la dirección de Hermione. Se volvió para buscar una camisa limpia que había detrás de ella. Con el corazón en la boca, la joven se apartó cautelosamente de él, para no molestarlo, pero no solo llamó la atención de Harry sino que lo enfureció más.
-¡Tienes que ser tan asustadiza!-exclamó furioso –No voy a hacerte daño.
Hermione permaneció paralizada ante su mirada.
-Perdón… lo siento-murmuro –No quería ponerme en tu camino- Harry frunció el ceño y le miró.
-Me da igual si te pones en mi camino o te escondes. Pero entiende que yo no te voy a poner una mano encima, como tu tía. Nunca le he pegado a una mujer y no pienso empezar hacerlo-
Hermione lo miró insegura, sin saber si moverse o quedarse ahí, Harry se había alejado e intentaba atarse el corbatín, tiró de él muy enfadado. Siguiendo su impulso, Hermione se acercó a él, sin mirarlo. Le apartó las manos.
Harry la observó perplejo, pero su esposa no lo miró. Con dedos temblorosos, volvió a colocárselo y se lo ató, como había hecho tantas veces a su padre. El moreno aún la miraba y frunció ligeramente el ceño. Hermione tomó el chaleco con valor y lo sostuvo en alto, esperando a que el capitán se lo pusiera, luego tomó el abrigo, sintiendo que iba demasiado lejos con su nueva valentía, Harry hizo un ademán de que se detuviera.
-No importa- inquirió con voz áspera- Puedo hacerlo solo. Toma el cepillo y arréglate el cabello-
Hermione obedeció de inmediato, mientras se cepillaba. Harry se acercó a ella por detrás y empezó a abrocharle el vestido. Cuando acabo, ella le agradeció con una tímida sonrisa. Harry la vio y pudo notar en su mirada, que al igual que el día, su corazón brillaba resplandeciente.
En los días siguientes, la castaña se pasó la mayor parte del tiempo en la habitación, con Fred o George en algún lugar cercano. No sabía como Harry podía llegar a identificar a esos dos pelirrojos.
Veía a Harry por las mañanas, siempre desayunaban juntos, luego el se iba y llegaba hasta altas horas de la noche, mucho después de que ella se hubiera acostado.
El capitán siempre llegaba sin hacer ruido y se desvestía en la oscuridad con sumo cuidado para no despertarla. Pero Hermione abría los ojos y durante unos instantes al verle, se sentía segura de que él estuviera a su lado.
Era la quinta mañana y el día se había convertido en una rutina relajada. El humor de Harry se suavizaba cada que tomaba el baño. A veces, Hermione a veces le frotaba la espalda y él se quedaba inmóvil durante un largo rato. Un silencio que sin duda era apreciado por ambos.
Esos silencios eran dulces y tranquilos para ella, disfrutaban el uno del otro. Siempre había una palabra ocasional y breves servicios que se daban mutuamente, esos momentos convertían los días de Hermione en soportables. Incluso Harry había resultado ser un hombre dócil. Antes de partir después de cada desayuno, la besaba dulcemente en la frente.
Aquella tardía mañana de Octubre empezó de la misma manera que los días anteriores, bajaba con su mano sobre el brazo de Harry y se sentaban en la misma mesa de la esquina. Siguiendo la costumbre, el posadero les traía el café. Harry apuraba siempre el suyo, Hermione sin embargo le agregaba abundante crema y azúcar. La comida pronto les fue puesta, un enorme cuenco de pastel de cerdo y jamón. También había pan caliente con mantequilla y miel. Hermione miró el pastel y se estremeció.
Apartó ambos platos y escogió un pedazo de pan para untar y mordisquear, a pesar de no ser su bebida preferida, dio un sorbo al café para calmar su estómago agitado.
-He concertado las pruebas del vestuario para hoy-comentó Harry mordisqueando un pedazo de pan- Volveré por ti a las dos. Pídele a Fred que tenga el carruaje esperándonos.
Hermione asintió obediente y se inclinó para dar otro sorbo más, mientras Harry le acariciaba con indiferencia. Siempre que el la observaba de ese modo, la serenidad de Hermione se alteraba y se ponía en un estado febril.
Cuando el hombre estaba cerca de ella, su lengua se paralizaba y no podía pensar, ni dar una respuesta inteligente. Permaneció sentada y observándole de soslayo, hasta que Harry termino de comer.
Iba vestido de azul marino, el rígido cuello estaba bordado con hilo dorado, su camisa y chaleco de un blanco inmaculado. Estaban perfectamente colocados y desprendía un ligero aroma a colonia.
El cabello estaba completamente revuelto, como era habitual en él y era tan atractivo que todas las mujeres podían quedar desarmadas. Hermione se sorprendió al descubrir que ella lo encontraba sumamente atractivo y nada indiferente.
-Se me ha roto el puño de una de mis camisas-apartó el plato y se limpió los labios con la servilleta –Me complacería mucho que me la cosieras. George no es bueno con la aguja-la vio fijamente y arqueó una ceja- Supongo que tú sí.
La joven sonrió y se sonrojó, al saber que Harry requería de sus servicios.
-La costura es una de las primeras cosas que aprende una señorita inglesa-afirmó.
-Qué remilgada eres-susurró él.
-¿Disculpa?-inquirió vacilante, esperando que Harry no se estuviera burlando de ella. Se preguntó porque ahora perdería la paciencia con ella, si había sido muy tranquilo en los días pasados.
Pero el moreno se echó a reír y acerco su mano a un rizo castaño que caía sobre su hombro, lo acarició. Hermione se había lavado el cabello y lo llevaba hacia atrás, recogido con una cinta, dejando que unos tirabuzones quedaran sueltos sobre sus hombros y espalda.
-Nada, mi cielo-respondió sonriente-Solo pensaba en lo bien que estás en lo que refiera a los quehaceres de una mujer.
La joven sospechaba que se estaba mofando de ella, pero no estaba muy segura y no quería averiguarlo.
La puerta principal de la posada se abrió y un joven alto, de color y con un sombrero tricorne con galeones y abrigó azul entró dirigiéndose directamente hacia Harry.
-Buenos días, señor-saludó el joven –Buenos días señora-dijo inclinando la cabeza ante Hermione.
Harry presentó a Dean Thomas como un colaborador más de La llama y lógicamente a Hermione como su esposa. Dean no mostró sorpresa alguna ante tal revelación. Ni cuestionó sobre el tema. Sonrió hacia la mujer de su capitán, admirando su belleza exquisita.
-Es un placer conocerla- Hermione devolvió el saludo. Momentos después tomaron asiento.
-Me sorprende tu visita a estas horas de la mañana Dean. ¿Ocurre algún problema?- inquirió Harry.
-Todo va bien capitán- le aseguró – mañana podremos cargar el navío. Pero debo comunicarle que el encargado del almacén dice que hay una fuerte tormenta en el mar del norte. Tendremos que esperar una semana para poder levar anclas.
-Parece que cada día pierdo una oportunidad para salir de aquí. Comunica el problema Dean-.
-Si señor. Y no se preocupe, podremos marcharnos pronto.-
Pero Hermione no quería marcharse. Ella pertenecía a América. Era su hogar. Pero que iba a saber Harry al respecto.
Los dos hombres se marcharon, y la castaña espero hasta el regreso de su marido. Como había pedido, los gemelos le consiguieron una aguja, hilo y tijeras. Se sentó y empezó a remendar la camisa de Harry. Encontró la tarea relajante. Con la camisa en su regazo y el pequeño de tres meses en su vientre se sintió satisfecha. Se detuvo pensativa y su tranquilidad quedó atrás. Abandonaría América y llegaría a un lugar desconocido. Educaría a su hijo con personas que no conocía. Se enfrentaba a un tipo que la había amenazado. A una prometida ardida y una familia entera que no entendería nunca la confusión que ocurrió.
Las lágrimas opacaron sus ojos, pero no las derramó. Observó con paciencia a través de la ventana. Desde ese momento cada día seria un nuevo reto que tenia que afrontar, para convertirse en alguien mejor. Hermione terminó de remendar la camisa y la colocó cuidadosamente en la cómoda. Escuchó que en algún lugar de la ciudad las campanas de una iglesia comunicaban las dos de la tarde.
Al cabo de unos minutos escuchó lo pasos dirigiéndose hacia la puerta, ante la cual apareció Harry. Ella le saludo con una sonrisa.
-Veo que estás lista- comentó con aspereza mientras la observaba. Harry llevaba una capa de terciopelo gris sobre un brazo se acercó a ella y la desplegó. -Toma te traje esto. Supuse que está te quedaría mejor que una de las mías.-
Hermione la tomo entre sus manos. Era muy suave. Se la colocó y comprobó que era demasiado fina. Nunca había tenido una de esas, ni cuando vivió con su padre.
-Oh Harry es preciosa-
El capitán se acercó para abrochársela. Pero la joven estaba tan entusiasmada que no dejo completar la tarea. Se movía de un lado a otro para intentar vérsela puesta. Al final logró mejorar el humor de Harry.
-Estate quiera pequeña ardilla- ordenó alegremente.
Hermione rió y se inclinó sobre las manos de su esposo para seguir contemplando la capa.
-Ahora no veo lo que estoy haciendo- bromeó.
Una sonrisa cruzó el semblante de Harry. Disfrutaba de la alegría que había traído a Hermione con un regalo. Sus ojos verdes se oscurecieron instintivamente, su esposa había colocado una de sus manos sobre el pecho del moreno. Harry terminó la tarea y deslizó sus manos hasta la estrecha espalda. Atrajo a Hermione hacia sí. Esta se sintió débil, sus piernas le temblaban y su respiración casi se detuvo.
Sus ojos se quedaron conectados, el se inclinó un poco para comprobar la respiración entrecortada de Hermione, podía ver el brillo de sus ojos castaños, sus labios tan cerca de los suyos. El tiempo quedó suspendido en la habitación. Y se vio de pronto cortando la distancia.
Los labios de Hermione eran suaves y delicados, el sabor de su boca era un hermoso elixir que encendía sus deseos, estaba moldeada a él, su respiración se aceleró, casi sintió como ella deslizaba sus manos a través de su pecho hacia el cuello y de pronto…
El relincho de un caballo, rompió el hechizo.
Harry la tomó de la mano para colocarla sobre el pliegue del codo – Vamos cariño- la condujo hasta el pequeño carruaje que estaba en la entrada de la posada. Ayudó a Hermione a ascender a él. Fred los alcanzó antes de que partieran.
-Tengo previsto estar varias horas fuera, de modo que ten una mesa lista en la habitación para cuando regresemos. Además busca un baúl para mi esposa que se amplio y has que lo suban – sacó una bolsa de su abrigo y se la lanzó al criado – Que sea bonito –
-Si, mi capitán –
Harry subió al carruaje y se sentó junto a Hermione. El coche partió con una sacudida y siguió moviéndose por las calles abarrotadas. Hermione se apoyó en su esposo. El trayecto fue silencioso. Harry estaba conciente de la presencia de Hermione a su lado. Las suaves curvas de su cuerpo se apretaban contra el suyo. El fresco y limpio aroma lo dejó aturdido.
Madame Maxime los esperaba con una agradable sonrisa – Todo está muy bien, capitán Potter- le aseguró – no habrá ningún problema en tenerlo todo a tiempo.
La modista empezó a revisar los vestidos hilvanados. Hermione se acercó a Harry y le dio la espalda mientras se apartaba el cabello para que él desabrochara el vestido. Una extraña expresión se trazó en el rostro de Harry, dirigió sus dedos hacia los corchetes, pero estos resultaron ser más torpes de lo normal. Hermione se quitó el vestido y Madame Maxime le ayudo a probarse el primer traje.
-Es una suerte que la moda sea con una cintura tan alta, señora Potter, así podrá llevar los vestidos en los meses siguientes. -¿Le agrada el vestido, capitán? –Cuestionó la costurera- El color es muy atractivo.
Harry observó el delicado cuerpo de su esposa, casi sin percatarse del vestido azul que llevaba puesto. Murmuró una respuesta de conformidad y apartó la mirada.
Poco después el vestido fue retirado, mientras Harry estudiaba a Hermione furtivamente. Uno de los tirantes de la camisola se le había caído sin que se diera cuanta. Saboreó las suaves curvas de sus senos y la piel de su hombro. Se removió en la silla al percatarse de que la visión le había traído consecuencias físicas.
-Oh este negro es mi favorito. Es un color tan elegante – Harry empezaba a sudar. Poco antes, en la posada, estuvo a punto de romper su promesa. Habría colocado a Hermione en la cama y nadie le iba impedir hacerle el amor. De pronto la irritación lo embargo. Viendo a Hermione vestir y desvestirse era una tortura igual que sus promesas.
Con el ceño fruncido observó la pequeña habitación. Evito mirar a Hermione que volvió a desvestirse. Sino terminaban pronto se convertiría en un animal, y solo le bastaba la privacidad del carruaje para hacerle saber a Hermione su ferviente pasión y deseo por ella.
Muy a su pesar, Hermione siguió probándose mas vestidos. Se maldijo por haber comprado tantos. Por fin decidió a mirarla. El vestido que portaba le cubría el pecho. Allí de pie, tan inocente, la castaña se cuestionaba el origen de la excitación de su esposo.
Madame ayudó a la chica a ponerse otro vestido. Inmediatamente empezó hablar en francés. El corpiño del vestido era tan ajustado que los senos de Hermione se desbordaban. Harry volvió a moverse en la silla y maldijo quedamente.
-¡Esa Marie! Nunca aprenderá a coser, debo enseñarle su error- la corpulenta mujer salió del vestidor, dejando a Hermione pocas posibilidades de respirar entre tantos alfileres.
-¡Oh Harry! Me siento como un alfiletero. – La chica se acercó hasta las piernas de Harry, con un brazo hacia arriba. Harry palideció. Una línea roja marcaba la piel blanca de la axila, y un alfiler sobresalía de la tela, justo al lateral del pecho. La cabeza del alfiler estaba en el interior del vestido así que no podía ser sacado desde afuera.
De mala gana, Harry se levantó y colocó dos de sus dedos en el interior del corpiño. Ella estaba quieta, confiando en él. Sus miradas se cruzaron por unos segundos e inesperadamente Harry se ruborizó.
-¡Que demonios! – Pensó enfadado - ¡Ah hecho que me sonroje como un niño sin experiencia!
Se apartó bruscamente de ella. –Tendrás que esperar a que Madame regrese, yo no llego –
Ante tales modales, Hermione se alarmó. Era obvio que estaba molesto.
-¡Mira lo que has hecho!- gritó la mujer a la niña.
-Madame por favor – suplico Hermione – tengo que quitarme este vestido está lleno de alfileres –
-¡Bon Dieu! – Exclamó la costurera –Oh, Madame Potter, lo siento mucho. – inmediatamente Madame Maxime corrió a la niña que ocasionó tales problemas e incomodidades.
Ese vestido era el último, así que minutos después, para alivio de Harry, estaban con dirección a la posada. Este trayecto también fue en silencio. Cuando llegaron, era casi de noche.
En la habitación, harry dejó caer los paquetes, que contenían accesorios de Hermione, sobre la cama. –Esto es tuyo – dijo señalando un gran baúl con asas de metal brillante – debes colocar tus cosas ahí.
Hermione se quitó la capa, encendió una vela que estaba justo sobre la cómoda y vio que había una mesa con mantel blanco para dos comensales. La tarde había sido tan agitada que no se había percatado de lo hambrienta que estaba. Su estomago se quejo mientras colgaba la capa justo a un lado de la de Harry, en el perchero de la derecha.
Estaba ordenando los paquetes cuando llamaron a la puerta. Tras un "Adelante" de Harry esta se abrió. Eran Fred y George con la cena servidas en bandejas junto a una copa de vino. Lo dejaron todo en la mesa y se retiraron después de encender las velas restantes.
Hermione se acercó y empezó a servir estofado y verduras en los platos. Sin percatarse de que Harry la observaba, se peleo con el corcho del vino. Hasta que el capitán tuvo que auxiliarla un tanto desesperado. Hermione le dio las gracias en un murmullo y sirvió las copas.
-¿Puedo empezar a comer, Harry? –Suplicó – muero de hambre.
Harry aceptó y apartó la silla para que Hermione se sentara, después el hizo lo mismo tras un gran trago de ferviente vino.
Hermione se dedico a la comida con delicadeza, notó las miradas de Harry sobre su cuerpo, pero él evitaba mirarla a los ojos. El capitán comió poco, sin embargo relleno varias veces su copa.
Acabaron la cena sin dirigirse la palabra. Hermione cambió su vestido por una bata. Harry la observaba, en ese momento no tardo mucho en hablar.
-¡Maldición, Hermione! – Exclamó – Hay algunas cosas que debes saber de los hombres. No puedo...
Harry guardó silencio. Se detuvo en la ventana, fijando sus ojos en algún punto en la oscuridad. Después de esperar que continuara con la conversación, Hermione decidió guardar sus pertenencias en el cofre. Harry se dirigió hacia la mesa. Blasfemó al encontrar la botella del vino vacía. Se detuvo frente a Hermione. Tomo las delicadas manos entre las suyas y meditó las palabras.
-Hermione – dijo finalmente – Es un largo viaje hasta Londres. Estaremos juntos la mayor parte del tiempo en una habitación más pequeña, compartiremos la cama, hará mucho frió y no puedes andar sola por la cubierta entre mis hombres, puede ser muy peligroso, ya que serás la única mujer a bordo de "la llama" – se detuvo para saber si Hermione había comprendido lo que acababa de decir – Si un hombre tiene a una mujer hermosa junto a su lado por mucho tiempo, es inevitable que se la lleve a la cama, si eso no pasa es doloroso para él. Debe... –no pudo terminar la frase. Hermione enrojeció y soltó sus manos.
-Me quedaré en el camarote el tiempo que sea posible-
-Lo que estoy tratando de decirte es que...diablos...tendrás...que... va a ser un largo viaje... ¡Porque entre todas las mujeres te elegí! Me tientas y luego me niegas mis derechos maritales ¡Oh Dios! Crees que soy un niño inmune a tu presencia. Pero yo te tomaré donde y cuando me plazca – la tomó de los brazos – Que me condenen si no lo hago ahora mismo.
Se abalanzó hacia la cama con los brazos extendidos, intentando tomarla de la cintura. Hermione se asusto pero se apartó justo a tiempo. Harry cayó en la cama. Se apoyó en un brazo y observó a Hermione. Su piel blanca, las curvas de sus senos. Poco a poco se hundió en la cama lentamente vencido por el estupor del alcohol.
Hermione lo miraba con precaución. Se acercó a él e inspeccionó su rostro hundido en el edredón. Tenía los ojos cerrados y respiraba lentamente. Estaba completamente dormido.
Ahora estaba a salvo.
Se acercó más con intención de quitarle la ropa para que él pudiera descansar más cómodo. Pero no era tan fácil como parecía. Pesaba demasiado así que solo le quedaba ir a ver a Fred y George. Se colocó la capa y salió hacia la habitación de los criados.
Llamó a la puerta y escuchó como maldecían. La puerta se abrió mostrando a un pelirrojo despeinado y con una gran bata puesta.
-¡Señora! ¿Qué esta haciendo aquí?
-Necesito ayuda Fred-
-George-
-El capitán bebió demasiado y hay que moverlo – Hermione no hizo caso a la corrección que le hizo el pelirrojo.
-Si, en un momento –
Hermione volvió a la habitación. Minutos después Fred y George ya estaban con ella. Los gemelos observaron a Harry y se sorprendieron.
-Oh esta vez el capitán se ha superado – comentó George.
-No es algo habitual. Creo señora que él capitán trata de aliviar sus problemas de otra forma – añadió el otro pelirrojo.
Hermione no respondió. Se acercó a su marido para quitarle los zapatos. Fred y George le sacaron el chaleco, el abrigo y el corbatín. Harry no despertó a pesar de que fue movido y casi desnudado, ya que lo dejaron con los pantalones puestos. Lo cubrieron con la sabana. Colocaron una cubeta a un lado de la cama.
-Despertará hasta después de medio día, traeremos algo para aliviarle el dolor de cabeza.
-Buenas noches-
Los gemelos partieron. Cerró la puerta y se quitó la capa. Tomó el edredón de la cama y lo arrastró hasta la silla más grande que había en la habitación, donde se sentó y se cubrió. Tomo el hilo y la aguja y empezó a remendar otra camisa de Harry. Pero una rabia la embargó.
-¡Maldices a todas las mujeres castas y puras! Pero bien que me tomaste para saciar tus impulsos – la falta de respuesta la animó a descargar su ira. - ¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Esperarte en la cama y actuar como una prostituta cuando lo indiques con tus dedos? ¿Qué se cree? ¿Qué se me cae la baba de tan solo mirarlo y que estoy aquí para satisfacer sus deseos?
Observó a Harry desde la silla. Seguía inmóvil, durmiendo como un bebe. -¡Estúpido libertino! Soy una mujer. Lo que yo guardaba celosamente para él hombre que yo escogiera ¡Tu! Me lo robaste. Soy un ser humano y tengo mi orgullo.
Subió sus piernas en la silla para protegerse mejor del frío de la noche. Al volver a observar a Harry, una sonrisa se trazó en el rostro de la joven. ¡Era un hombre magnifico!
Eran más de las diez cuando despertó. Harry continuaba durmiendo. La joven se levantó y comenzó a vestirse. George le trajo una taza de té con panecillos. Una vez desayunado, la joven arregló la habitación y se dispuso a esperar a que su esposo despertara.
Después de medio día, escuchó un gemido procedente de la cama. Hermione continuó cosiendo tranquilamente. Harry se sentó al borde de la cama, hundió su cabeza entre sus manos. Se quejó. Miro a Hermione y se incorporó.
-Tráeme la bata – ordenó en un gruñido.
Hermione dejó de coser y fue hacia el armario. Harry se la arrebató de las manos y se la puso lentamente. Con mucho esfuerzo se dirigió hacia la puerta.
-Ten el baño preparado para cuando regrese- dijo – y será mejor que este caliente sino quieres que te muerda el trasero.
Tras cerrar la puerta, Hermione sonrió satisfecha por la irritación de su esposo. Lo tenía muy bien merecido, pero se apresuró a prepararle el baño. Harry regresó muy pálido, se quitó los pantalones y se los dio sin mirarla. Se introdujo en la bañera llena de agua caliente. Soltó una exclamación de alivio al sentir el agua en su cuerpo. Apoyó la espalda en el respaldo y permaneció inmóvil por un rato hasta que alguien llamó a la puerta.
-¡Basta! ¡Adelante! – gritó enfadado.
Fred entró en la habitación. Portaba una bandeja con una gran copa llena de coñac. Le dio la copa a su capitán y se retiro enseguida. Harry bebió el contenido de un trago. Con la esponja y jabón en mano, Hermione se acercó a la bañera para frotarle la espalda. El capitán tenía los ojos cerrados disfrutando de la sensación del alcohol en su cuerpo. Parecía feliz, demasiado feliz. Hermione tuvo la necesidad de interrumpir. Se aproximo a él, tiró el jabón en el agua con fuerza. Harry se sobresalto ante el agua que salpicó su rostro. Se sentó y la miró con furia.
-¡Sal de aquí! Puedo bañarme solo. No necesito una gatita que me rasque la espalda.
Hermione se alejó rápidamente hacia la puerta.
-¿Dónde crees que vas?
-Me pediste que me largara ¿no? Así que eso hago – Era domingo. La posada estaba casi vacía. Pidió un té y se sentó en una de las mesas. Platicó unos minutos con la esposa del dueño hasta que Harry se reunió con ella. Tenía el ceño fruncido. Una vez que la cocinera le sirvió un platillo habló con mal humor.
-Será mejor que tengas cuidado con lo que haces, señora mía- la volvió a amenazar – A menos que desees que te ponga en mis rodillas y levante tus faldas, no juegues conmigo, saldrás perdiendo.
Una vez más estaba completamente intimidada. Al retirarse a la habitación esa noche, Hermione se colocó en la cama lo más lejos de él, con el edredón hasta el cuello. Harry apagó las velas y se desnudó en la oscuridad. Permaneció largo rato observando el techo, Hermione le dio la espalda y maldijo en voz baja. Después de todo, no había pasado nada entre ellos ya que no sentía alivio en su cuerpo.
Muchas gracias a todos los lectores que me les esta gustando esta historia! Y aun más agradecida por sus reviews! De verdad, es una alegría poder recibir sus reviews, se sacan un sonrisa cada que recibo mi mensaje de alerta.
Nos leemos pronto.
