Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer
Gracias a Isa por corregir este capítulo
Música de este capítulo:
Moon River-Andy Williams
Will You Love Me Tomorrow-The Shirelles
«Por último, el afirmado poder adivinatorio del sueño constituye otro objeto de discusión, en la que a dudas difíciles de dominar se oponen tenaces afirmaciones. Sin embargo, se evita negar rotundamente -y con razón- lo que de efectivo ha sido observado en este punto, pues para toda una serie de casos existe quizá la cercana posibilidad de una natural explicación psicológica.»
—Freud
9-IOTA
Ve la llave caer, hace un ruido metálico que resuena en la inmensa casa. Al agacharse ve la mano izquierda de Edward; nota que tiene un anillo en su dedo anular. Lo mira a la cara, aún agachada, y lo ve directamente a los ojos. Él no sonríe pero tampoco se ve enojado, tiene una extraña cara de preocupación que la deja inquieta. Edward toma la llave y la mete en su bolsillo. Bella se para y él se queda agachado viendo el suelo.
—¿Edward? —ella habla con voz baja y tono de preocupación.
Edward voltea y la sujeta con sus ojos verdes; son de recriminación y odio.
—Esta llave no te pertenece, Marie. No sabrías qué hacer con tu libertad.
Bella despierta abriendo sus ojos lentamente. La luz apenas entra por la ventana que es cubierta por una gruesa cortina verde. Se queda mirando el techo sin saber qué hacer con ese sueño; es un cambio drástico a los que ha tenido respecto a Edward. Él siempre se ve feliz y atento en sus sueños, mirándola con añoranza y tocando su mano. Esta vez, Edward la mira como si ella hubiera hecho algo malo. Bella sacude su cabeza, debe ser por la escena de la noche anterior; cómo la cena se fue en declive después de que Edward empezó a hablar con su padre. Afortunadamente terminó mejor de lo que esperaba.
Mientras se arregla para ir a la escuela, sólo puede pensar en que sean las 3 pm y ver a Edward al salir de la escuela, más aún, porque ésta es la última semana de clases y eso significa que las vacaciones estarán llenas de tiempo libre que puede llenar con visitas furtivas de Edward.
Las clases son un espejismo ante sus distraídos ojos y mente; las monjas apenas la contemplan, y Bella no podría estar más agradecida. Después del almuerzo, Bella va a su rutinaria hora de oración y contemplación a la capilla. La recibe un vacío cuarto de oración, no es raro, pocas chicas practican la oración por gusto o iniciativa propia. Bella la usa porque ha dado buenos resultados cuando tiene fuertes alucinaciones. Hablando de alucinaciones, cuando se sienta puede sentir a Alice a su lado.
—Suelo venir aquí porque las alucinaciones son menos fuertes cuando rezo, pero aquí estás —Bella dice sin ánimos de reclamo, sólo como un mero comentario.
—Rezar es bueno, Bella, la meditación te ayuda a concentrarte, es bueno para tu alma —responde Alice con templanza y voz seria.
Bella voltea y se le queda mirando.
—Alice, ¿eres yo? ¿Eres alguna parte de mí que me trata de decir algo? —Bella pregunta.
—Sería tan fácil responder esa pregunta, Bella, pero el resultado no sería el mismo. Te diré algo, soy tu amiga y jamás te haré daño. ¿Eso te hace sentir mejor? —Alice responde gentilmente.
Bella asiente. No desea presionar a ninguna alucinación suya, y de alguna manera considerar a Alice como amiga sería patético que ella misma fuera su mejor amiga; pero asume que podría ser peor.
—Quiero pedirte algo, Bella —dice Alice predeciblemente, pues siempre hay algo que desea de Bella.
Bella está acostumbrada a sus extrañas peticiones, desde hacer algo inusual pero inocuo, hasta poner música vieja que jamás había escuchado.
—¿Qué cosa? —pregunta Bella enfocando su mirada en el crucifijo frente a ella.
—Voy a dejar de..., aparecer por un tiempo. En ese tiempo quiero que no menciones mi nombre o nada acerca de mí. Ni siquiera a Edward —Alice dice enfáticamente.
Bella, extrañada, sacude su cabeza.
—¿Por qué? ¿Por qué te vas? ¿Por qué no puedo decir nada? —Bella pregunta en un susurro a pesar de que no hay nadie quien la escuche.
Alice se queda mirando al mismo crucifijo que hace momentos veía Bella y baja su mirada a su regazo.
—No puedo interferir más en tu vida, al menos no en estos momentos. Decir mi nombre a alguien o mencionar que me ves podría cambiar muchas cosas. Sólo ten confianza en mí, te prometo que es por tu bien —dice Alice mirándola con súplica.
Bella se queda quieta. Admite que siente un dejo de tristeza por no ver más a Alice, sabe que la va a extrañar.
—¿Cuánto tiempo te irás? —pregunta Bella tristemente.
—El tiempo necesario, pero regresaré cuando más me necesites. —Alice levanta su delicada mano y Bella casi puede sentir como Alice va a tocarla, pero Alice retrae su mano y sonríe mientras desaparece.
La tarde es agridulce. Bella se siente sola; aunque Alice no siempre estaba visible, sabía que estaba presente de alguna manera. Ahora puede sentir la ausencia de su amiga. ¿Cómo funciona eso? ¿Cómo puedes extrañar una alucinación, una parte tuya? Su ánimo mejora considerablemente cuando ve el auto de Edward estacionarse frente a la escuela. Las compañeras de Bella murmuran a su espalda cuestionándose quién es el conductor del automóvil. Cuando Edward sale, con sus lentes negros, su pantalón plisado, camisa blanca y corbata roja, los murmullos suben de nivel y de intensidad. Bella puede escuchar las preguntas y cotilleo de sus compañeras de clase que son totalmente ajenas a su vida. Bella las ignora y camina rápidamente para recibir a Edward.
Edward no la besa en público, no porque tema verse como un asaltacunas, más por recato y respeto al recinto y, porque no se vería bien en su impecable currículum social ese tipo de indecencia pública. Edward ríe por dentro cuando piensa lo bastante decente que es, comparado con lo que realmente hace. Bella no se molesta al ser solamente abrazada con un ligero toque en su cara por parte de las manos de Edward.
Él abre la puerta y ella entra con gracia esperando que Edward conduzca y se marchen de ahí de una vez por todas.
—¿Cómo te fue en la escuela? —él pregunta curioso.
Bella no recuerda nada de lo que pasó en clases, no puede decirle que estuvo pensando en él todo el día, así que se limita a contestar con la respuesta de facto.
—Bien, tú sabes, aprendí cosas, recé, comí…, lo de siempre.
Edward se ríe y sacude su cabeza.
—Bella, no soy tu padre, sólo te pregunto porque me interesa lo que pasa en tu vida. Además, no te ves muy entusiasmada , ¿no te gusta la escuela? —Edward pregunta más con tono paterno que de novio.
—No es eso, pero no ha sido fácil para mí, no desde que pasó lo de mi mamá. La gente dice cosas a mis espaldas, y tener amigos es..., complicado. —No puede evitar sentirse un poco deprimida por Alice y su latente ausencia.
—Entiendo, pero quitando eso, ¿no te atrae alguna materia? Ahora una chica tiene la oportunidad de ir a la universidad y tener una profesión; esta modernidad funciona a tu favor, ¿no crees?
Bella lo mira extrañada. Su padre definitivamente no lo diría de esa manera: diría algo como "estudia algo para ser una buena ama de casa, cocina, belleza o educadora y luego cásate". Bella bufa en voz alta cuando imagina querer tener una "profesión".
—¿Qué? ¿Crees que es gracioso? Yo no —dice Edward seriamente.
—Mi padre no cree en que una mujer deba tener una profesión —Bella dice en tono serio y distante.
—Pero no me interesa lo que piense tu padre, sino tú. ¿No quieres tener una profesión? No que sea malo si no lo quieres, sólo estoy curioso.
Bella se queda pensativa y después de varios segundos de silencio responde.
—Veterinaria supongo, eso envuelve caballos, o no sé, no creo que me interese algo realmente. Toda mi vida he pensando que no tiene caso, porque algún día alguien me meterá a un manicomio como a mi madre y tirará la llave para no poder salir nunca —Bella habla metódicamente, como si la idea fuera posible en cualquier momento.
Edward admite tener un poco de lástima por Bella, pero sabe que es una preocupación realista y tal vez hasta hace pocos días pudo haber sido posible, pero él no cree que Bella sea peligrosa como para ser encerrada.
Él toma su mano y entrelaza sus dedos, mientras la otra mano dirige el volante.
—Creo que tu futuro es brillante, Bella. Sé que es difícil contemplar algo más allá que ese miedo que tienes, pero honestamente te digo que tienes posibilidades de vivir una vida normal —Edward dice en su tono médico, pero extrañamente Bella lo toma como un canto de aliento.
Los dos bajan a una cafetería en el centro. Hay mucho bullicio por ser una tarde ajetreada donde muchos han salido del trabajo o bien van saliendo de la comida. Edward escoge una mesa en el fondo del café y jala la silla para que Bella se siente.
Su uniforme la delata, ahora mismo parece que está tomando café con su hermano mayor en vez de su novio; la diferencia de edad es más notable cuando ella viste su atuendo escolar y Edward su ropa casual pero elegante.
Bella pide una malteada y Edward también. La mesera los mira extrañamente, pero más por sentir la mirada inquisitiva de Bella que por la apariencia de la pareja y su pueril orden.
—Debe pensar que soy tu hermana —Bella dice casi en tono petulante, pero suena más a típica inseguridad adolescente.
Edward sonríe y, en un impulso que nace de no sabe dónde, toma a Bella de la cara y la besa, ahí frente a decenas de personas. Unos lo ignoran, pero la gran mayoría, los que miran, sólo notan a una pareja joven que demuestra su amor. Pero para Bella es la mejor demostración de que este hombre es suyo, tan suyo como ella pueda y quiera. Suspira cuando él separa sus labios de ella.
—Sueles hacer eso mucho —él dice con una encantadora sonrisa.
—¿Qué? —ella pregunta aún impactada por el beso.
—Suspirar. —Bella se ríe y se encoge de hombros.
—Eres bastante encantador, Edward Masen, ¿no te lo habían dicho? —Edward se ríe y toma la mano de Bella.
—Tal vez una o dos veces —él dice guiñando.
Los dos hablan de todo un poco. Edward comenta su breve historia; cómo vivía en California con sus padres: su padre un maestro de ciencias y su madre ama de casa. Da una breve explicación de cómo es que le ofrecieron en su último año de medicina la posibilidad de hacer sus prácticas en Chicago. Deja de mencionar, obviamente, todo lo relacionado con Kate; es algo que no está dispuesto a compartir con nadie y es muy doloroso para tan siquiera pensar en eso.
Bella ha dicho casi todo sobre ella, sólo rellena espacios vacíos sobre su infancia y su adolescencia con las preguntas que Edward le hace. Le dice que ha tenido las alucinaciones desde chica, pero eran esporádicas. No fue hasta que su madre murió que empezaron a incrementar y fueron más intensas. Revela cómo algunas se ven tan reales e incluso hablan con ella con tal familiaridad que la asustan; tiene cuidado de nunca mencionar a Alice ninguna vez, justo como prometió. Tal vez, la revelación más importante que Bella hace es que a veces ve a su madre, pero son raras ocasiones, y Renée nunca habla, sólo lo mira desde lejos, en ese bizarro atuendo negro que siempre lleva con un camafeo azul. Edward escucha atento, sin tratar de hacer preguntas que un psiquiatra haría, pero a veces falla.
—¿Por qué crees que nunca habla? —él pregunta curioso. Sabe que suena como psiquiatra, pero no podía dejar de preguntar.
Bella se ve inquieta y luego pensativa.
—Creo que en el fondo la rechazo, creo que teme acercarse a mí, pero es una alucinación, las alucinaciones son parte de uno —ella dice convencida—. A lo mejor una parte de mí no la perdona.
Edward levanta sus cejas en sorpresa. La introspección de Bella es algo que está aprendiendo a admirar; a pesar de que es una joven mujer, se ha dado cuenta cómo es capaz de ver el lado realista y maduro de las cosas. Sin contar con que es algo que él mismo hubiera dicho, es una conclusión bastante acertada, Freudiana inclusive.
—Pienso lo mismo, pero es comprensible. Eras muy joven cuando sucedió lo de tu madre, todavía no lo has asimilado correctamente... —Edward se detiene cuando mira a Bella sonreír pícaramente—. ¿Qué? —él pregunta confundido pero con una sonrisa.
—Nada, es sólo que... por un momento imaginé que eras mi psiquiatra. Tal vez deberías de serlo —ella dice coquetamente.
Algo que poco a poco a estado aprendiendo, es que Edward le hace hablar de esta manera más y más, ser más atrevida, espontánea, capaz de todo.
—Bueno, eso no sería bien visto desde el punto de vista ético dado que hay... poca objetivad de mi parte —él contesta levantando una ceja—, a menos, claro, que prefieras que sea tu psiquiatra en vez de tu novio.
Bella se mira sorprendida y luego sacude la cabeza tímidamente.
—Prefiero tenerte como novio.
—Me alegro, sería trágico estar atraído a mi paciente, ¿no crees? —él dice en tono serio, pero Bella se ríe.
—Sí, lo sería —ella dice una vez pasado su rictus—. Me alegro que seas mi novio, Edward, me alegro que hayas entrado a mi vida.
Edward sonríe, pero por dentro se pregunta cuánto tiempo tomará para que Bella se retracte de sus palabras.
La velada termina cerca de las 8 pm, después de un par de malteadas, un pastel de chocolate compartido y una caminata por el centro de la ciudad. Mientras rodean el camino a su casa, Bella no puede dejar de repasar la velada en su cabeza: Edward nunca la dejó de abrazar, o bien, tomarle la mano; es como si supiera que necesita que la toque para hacerla sentir relajada y segura. No puede creer la suerte que tiene de haber encontrado a este hombre, o más bien que él la haya encontrado.
Lo mira de reojo mientras conduce concentrado en el camino y contempla la seriedad de su perfil, pero ella sabe que una vez que miras a sus ojos, entiendes por qué Edward atrae a toda la gente, hombres o mujeres. Tiene un aura que emana encanto, carisma, fortaleza y seguridad; estar cerca de él la hace sentirse interesante y madura.
Su plática inteligente, su habilidad para escuchar y sus intrincados coqueteos ponen a Bella suspirando cada hora, tanto, que ha decidido controlar ese particular tic de afecto; cree que es exagerado cómo Edward la puede reducir a un manojo de reacciones juveniles. Ella jamás ha sido la chica que cae por el chico más guapo o por los integrantes de los grupos famosos: no se desmaya cuando Paul McCarney sale en la tele o grita cuando escucha en la radio a Elvis o Frank Sinatra. Sin embargo, eso no quiere decir que sea abstemia a admirar la belleza masculina, sólo que lo hace a discreción, con un toque de seriedad y aprehensión.
Pero admirar a Edward es diferente, es palpable y permitido dentro de sus rangos de decoro y alarmismo juvenil. Su intricada moral junto con su despertar emocional y sexual le hacen preguntarse si este hombre es así de atractivo o ella lo hace así, sólo porque la mira tan intensamente. Decide que Edward es tan atractivo y encantador como ella se imagina, tal vez sea una loca que alucina gente, pero la reacción de la gente hacia Edward es tan real como sus ansias de tocarlo en este momento.
En este corto periodo de tiempo siente que se ha hecho dependiente de Edward Masen: sus palabras le traen calma, su toque la relaja y su sonrisa la hace titilante de emoción; esa emoción prematura de enamoramiento que ella puede identificar tangentemente cuando la besa y recorre todo su cuerpo hasta llegar a su entrepierna.
Finalmente Edward llega la casa de Bella y sin demora baja del auto, abriendo la puerta de Bella; la ayuda a salir y todo ese tiempo ella intenta alguna artimaña para besarlo, justo como esa vez en el parque. Puede que la haya besado todo el día, en pequeños y castos besos, en superficiales caricias o en amables actos recíprocos de afecto; pero quiere eso que sintió en el parque. Desea sentir como la devora y la toca lascivamente, como lo hizo bajo los árboles de limón de su jardín.
Edward la ve refrescantemente nerviosa, impaciente, con mirada brillante; sabe lo que debe darle. Una pequeña recompensa por ser tan dócil y permeable a sus gustos y maquinaciones. La jala a la esquina más oscura como si el hecho de hacerlo la robara de una luz protectora. Ahora que la posee en sus manos, en ese oscuridad dosificada por pequeños destellos que emanan de la casa, puede tomar lo que quiere. La toma en sus manos, toca sus mejillas y la besa con el mismo abandono que ella pide silenciosamente.
Bella es arcilla en sus manos, es tan diligente en querer estar pegada a él, cada centímetro, como si no pudiera tener suficiente. Sus pequeñas manos tocan su pecho y tienen el atrevimiento de tocar sus pectorales y su vientre; es algo instintivo que Edward le toma de sorpresa. Gime sobre los labios de Bella tratando de contener tocarla de formas más vulgares. Sabe que la única forma de controlarla es dándole algo nuevo, algo inesperado. Edward mete su mano bajo el intrincado peinado de Bella y la jala más hacia él, luego la suelta para mirarla a los ojos y nuevamente la tiene consigo besándola completamente, metiendo su lengua subrepticiamente hasta que Bella responde con un delicado gemido que Edward sorprendentemente encuentra sensual.
Tal vez no es su tipo de mujer, pero es una mujer y él es un hombre después de todo. Mientras la besa no puede evitar querer tocarla, meter su mano bajo su conservador vestido y sentir en sus dedos la evidencia de que ella está igual que él; a punto de explotar si no paran ahora. Después de ese pensamiento, Edward se permite un respiro de realidad y controla la situación nuevamente. La toma de los hombros y la quita lentamente, con suavidad, tocando su cara mientras lo hace. Bella está destellante, como una luciérnaga que brilla incandescentemente antes de morir. Sus mejillas rojas y su respiración agitada igualan a las de Edward, salvo que él se ve ligeramente más compuesto.
—Deberías entrar, ya es tarde. —Edward le da un último beso, esta vez en la muñeca, como acostumbra despedirse, y espera a que ella se de la vuelta y entre a su hogar.
Minutos después, cuando Bella entra a su casa después de quedarse unos buenos 10 minutos en la ventana viendo como Edward salía de su casa, ella regresa a su cuarto casi flotando en las nubes.
Ojalá estuviera Alice aquí, es lo primero que piensa Bella antes de tirarse en la cama portando una gran sonrisa. Bella toca sus labios y piensa en todas las fabulosas cosas que le esperan con Edward.
NOTA DE AUTOR:
Quiero comenzar esta nota diciendo que la historia es sobre Edward y Bella y como se van a odiar; supongo que no es secreto que tarde o temprano él va a enamorarse de ella, lo que hay en el medio de todo eso es lo que me motivó a escribir esta historia. La historia secundaria de Alice es por su parte un factor importante, pero no se engañen, Alice es un medio para que esta historia funcione pero NO es la historia; la vamos a extrañar? seguro que sí, va a volver ? claro, como ella dijo, regresará cuando Bella más la necesite. También la "enfermedad" de Bella tampoco es parte principal de esta historia: va a llegar un momento en el que digan " ohhhh ya entendí" eso espero al menos lol . . De aquí en adelante todo irá un poquito más rápido y la historia empezará a llegar a su médula.
Gracias por leerme, por comentar y por arriesgarse en esto conmigo.
Saludos,
Eve
