Quinta lección:
Clases particulares, nadie te enseñara lo que yo:
Dos semanas, dos malditas semanas desde que había visto por última vez a su profesor en prácticas Potter, y la última imagen que tenía de él, era devorando la boca de la fastidiosa de la profesora Weasley.
Si antes encantamientos le parecía una pérdida de tiempo, ahora la consideraba odiosa.
No pasaba un maldito día que no la odiase un poco más.
Para colmo de males, se había sorprendido cuando en todo el fin de semana no había visto al profesor Potter en el castillo, pero más cuando llego el Lunes, y no hubo rastro de él en la clase de defensa.
No se había atrevido a preguntar por su ausencia, pero tanto Lavender como Parvati, lo habían comentado con ella, esta última, llevaba una temporada volviéndola loca, pues decía que si el profesor Potter no se había apartado de ella enseguida tras enseñarla a lanzar aquella maldición, era porque se sentía a gusto en esa posición.
Eso sumado a su propia mente la estaba enloqueciendo, al tercer día de ausencia de este, no pudo contenerse más:
"Se encontraban las tres sentadas juntas esperando a que el profesor Black comenzara con la clase, parecía estar buscando algo.
-Y una vez más el buenazo no está.
-No lo llames así Lavender.
Recriminó molesta, esta solo sonrió a sus palabras:
-¿Qué sentiste al tenerlo abrazado a ti?
-No lo tuve abrazado a mí, ¿y qué voy a sentir?, me estaba enseñando a conseguir formular bien una maldición nada más.
-Eso lo sabemos Hermione, el profesor Potter es mucho profesor.
Parvati rompió a reír y en cierto modo se sintió ofendida, pues de todas ellas, era a ella a la que este había besado, y no solo una vez.
-¿Preguntamos porque no está?
-Quizás esté de exámenes o algo.
Aporto Parvati, ella asintió sin muchas ganas, la verdad es que deseaba que preguntase alguna de ellas:
-Entonces los profesores Malfoy y Weasley, deberían estar también allí.
-No tiene porque, recuerda que el año anterior la profesora Weasley tuvo que marcharse dos semanas antes.
¿Por qué tenían que nombrarla?, apretó los puños enfadada y sin querer golpeó la mesa ante ella. Todos a una la miraron, incluido el profesor Black.
Este la miró primero intentando localizar de donde provenía el ruido para seguidamente al verla a ella, fruncir el ceño molesto:
-¿Algún problema señorita Granger?
Su tono era frío y claramente distante y molesto, eso la sorprendió, siempre había creído que su profesor la estimaba.
-Nos preguntábamos donde se encuentra el profesor en prácticas Potter.
Esa frase, transformó el semblante de su profesor, a una máscara fría como el hielo, y sus ojos grises la atravesaron como dos puñales:
-No le concierne en lo más mínimo.
-¿Cuánto tardará en regresar?, la verdad es que se le echa de menos.
Aportó Lavender a su lado, este ahora la miró a ella, y percibió que suavizaba su mirada:
-No puedo hablar por él, solo sé que regresará. Y ahora a retomar las clases."
Ninguna se había atrevido a formular una nueva pregunta sobre el paradero de este en los días siguientes, y ahí se encontraba un día más asistiendo a clase de Defensa sin la presencia de este en el lugar.
Lo peor de todo es que debido a la ausencia de él y a su estúpida preocupación por desear saber donde estaba o que le sucedía, había metido la pata aun más en sus otras asignaturas, y eso había desembocado en una llamada de atención de su profesora favorita y en otras dos semanas sumadas a sus clases particulares de pociones.
Pues cada maldito día de la primera semana de estás, había conseguido cinco pociones sin efectuar correctamente en la mañana y otras cinco en la tarde. La segunda semana pese a su ensimismamiento, Lavender había conseguido que se centrara en las horas de pociones, pero en la tarde no contaba con su presencia lo que la llevaba a otras cuatro pociones fallidas.
Volvía a ser viernes y solo deseaba que en esta ocasión si que consiguiese efectuar al menos una decente.
No deseaba más clases particulares con ambos profesores de pociones, no obstante agradecía la presencia del profesor Snape en todo momento, pues eso significaba que las miradas de Malfoy se quedaban en eso, en miradas nada más.
Recibió la clase de defensa sin recibirla ciertamente y pensando de nuevo el motivo de su ausencia, había llegado a plantearse hasta la posibilidad de que le hubiese sucedido algo.
Negó fuertemente, no podía ser eso ¿verdad?, los habrían avisado ¿cierto?, sí, si le hubiese pasado algo se lo dirían a ellos.
Con esos pensamientos en mente, tomo una decisión, en cuanto terminara esa maldita poción iría a ver a la irritante hermana de Ron y le preguntaría a ella. Después de todo era la futura esposa de este, ella tendría que saber, la cuestión era, ¿se lo diría?
Había notado que del mismo modo que a ella no le agradaba ella, ella parecía tenerla entrecruzada, no del mismo modo que ella la tenía, pero sí cerca.
¿Podría ella saber lo que había pasado entre ellos?
Al llegar al aula de pociones, escuchó las indicaciones del profesor Snape y se dispuso a comenzar, era una poción a realizar en dos horas, terminaría cerca de las nueve, quizás siguiera cenando cuando ella terminase.
Se puso a ello, y tras una hora y media, escuchó que le susurraban:
-Parece que en esta ocasión sí que lo conseguirá.
Miró de reojo a Malfoy, pero prefirió ignorarlo, sobre todo el hecho de que se encontrase tras ella.
No obstante y pese a su intento le era imposible conseguirlo, iba a echar una nueva babosa a la poción cuando sintió que detenían su mano:
-Si haces eso, la poción se irá al traste preciosa.
Rápidamente aparto la mano y miró al frente, ni rastro del profesor Snape, ¿dónde se había metido?, siguió con la poción, solo que ahora se movía con más rapidez.
En cuanto terminó sonrió triunfante, lo había conseguido. Llenó uno de sus frasquitos y se giró para entregárselo a Malfoy.
Sin embargo tuvo que agarrarlo con fuerza con las dos manos pues estuvo apunto de dejarlo caer al encontrarse tremendamente cerca de este.
-Veo que al fin has conseguido que te salga bien, ¿te parece una recompensa?
Antes de que pudiera negarse, recibió los labios de este sobre los suyos, intentó alejarse, pero sintió la mano de él sobre su espalda acercándola a él. Mientras que la otra mano le quitaba el frasco de las manos.
No supo que hizo con el mismo, solo supo que ya no lo tenía en sus manos porque sintió que colocaba esta en su nuca a la par que intentaba profundizar el beso.
Saliendo de la sorpresa, apoyó sus manos sobre el pecho de este y lo empujó lejos de ella, aunque no es que consiguiera alejarlo demasiado:
-¿Qué cree que hace?, suélteme ahora mismo.
-La otra noche no era eso lo que deseabas.
-La otra noche lo confundí con mi novio, ya se lo dije.
Este rompió a reír a la par que la acercaba más a él y ella intentaba alejarse:
-El hermano de Ginny es un soso, preciosa, ambos sabemos que eso es mentira.
-No lo es, le he dicho que me suelte, ¿se le olvida que soy su alumna?
Este sonrió de medio lado y apresó su labio inferior entre los de él:
-Eso solo lo hace más excitante.
Asustada, no solo por sus palabras sino por la respuesta de su propio cuerpo, forcejeó por separarse de él, no obstante no consiguió demasiado.
Este volvió a besarla con fuerza, y justo cuando consiguió separarse de nuevo de él, colocando una vez más sus manos en su pecho con los puños cerrados sobre la camisa para alejarlo, la puerta de la clase se abrió:
-Mira quien esta de vuel…
Ambos miraron hacía la puerta y sintió que su corazón se detenía para seguidamente comenzar a latir con una fuerza sorprendente.
-¿Qué demonios significa esto?
El miedo recorrió cada parte de su cuerpo, no obstante también el alivio, pues Malfoy tardó escasos segundos en liberarla, pudo ver como la hermana de Ron daba un paso hacía atrás:
-Clases particulares, me temo que la señorita Granger no ha hecho su mejor trabajo en mi clase últimamente y precisaba un apoyo extra.
La voz del profesor Snape se escuchó tras los recién llegados, ¿había visto algo?, eso era lo que reflejaban los ojos de Malfoy, el miedo a que este lo hubiese visto así con ella, ¿por qué no le preocupaba que lo hubiesen pillado los otros y sí Snape?
Sintió sus ojos verdes encima de ella, y no pudo evitar dar un paso hacía atrás asustada y chocando contra la mesa:
-Clases particulares, comprendo, sin duda estarán siendo muy provechosas.
Su voz sonaba fría y parecía cargada de seriedad, Malfoy mostró el vial que ella había llenado anteriormente y declaró:
-Puedes apostar por ello compañero, sabes que soy un profesor excepcional.
Este le giño un ojo a Potter, mientras que ella pudo notar la mirada enfurecida dirigida a ella, a la par que la hermana de Ron los miraba sin poder terminar de creérselo:
-Si ese es el caso, señorita Granger, entonces ya puede marcharse, el Lunes a la misma hora.
Rápida como nunca antes se creyó posible, recogió todo y huyó del lado de Malfoy, al pasar cerca de la profesora Weasley esta la fulminó con la mirada, ¿qué demonios le pasaba?, sabía que no se llevaban, pero ahora parecía deseosa de matarla.
Pese a chocar contra él, no fue capaz a mirarlo, dos semanas deseando verlo y justo cuando volvía, la encontraba en esa situación con Malfoy.
Corrió todo lo que pudo y se refugió en la biblioteca, era consciente de que esta no tardaría en ser cerrada, pero necesitaba la calma de la misma. ¿Por qué se había sentido tan sumamente mal cuando él la había mirado?, ¿por qué se sentía culpable?
Debía ser por Ron, debía sentirse culpable por besar a otro que no fuera Ron, y sin embargo solo podía pensar que a quien había traicionado era al profesor Potter y no a este.
Rompió a llorar sin entenderse a sí misma. Quería a Ron con locura, pero en esos momentos no estaba presente para ella, en esos momentos los ojos verdes acusadores y sentenciándola la perseguían.
¿Quién era él para juzgarla?, ella no era culpable de nada de aquello, Malfoy la había forzado, podía entender que no era eso lo que pareciese a simple vista, pero podían preguntar, no juzgar sin más.
Las luces de la biblioteca comenzaron a titilar, las miró sin comprender, pues estas nunca hacían esto, seguidamente escuchó un fuerte portazo y rápidamente se puso en pie asustada.
-¿Qué demonios se supone que estás haciendo?
-Venga ya Harry, eres consciente de que no es la primera vez que lo hago, ¿qué más te da?
-¿No comprendes lo que esto puede acarrearte Draco?
-Por favor Ginny, tú también no, la conozco desde hace años, además, nunca me pillaran.
Podía imaginarse la sonrisa de suficiencia que brillaba en los labios de Malfoy en esos instantes.
-Lo vi hace un rato, ¿y si llega a entrar Snape antes que nosotros?
Reclamo la hermana de Ron.
-Lo tenía controlado, tenía un hechizo en la puerta, vosotros no sois enemigos, por eso no se activó.
-¿Enemigos?, Draco, puedes terminar en Azkaban por esto, ¿en qué estás pensando?
-Azkaban, venga ya, eso es una patraña del viejo y ya, entiendo el estado de Harry, pero Gin, tú compartes mi filosofía, ¿a qué viene esta bronca?
-No volverás a acercarte a ella Draco.
La voz del profesor Potter pareció reverberar por toda la estancia a la par que la risa de Malfoy:
-Anda ya, si dijéramos que la chica no disfruta con mis besos, pero vosotros mismos lo visteis, y porque no la viste hace dos semanas, ese día me beso como si no hubiese un mañana.
-¿Hace dos semanas?
Escuchó que preguntaba Weasley:
-Sí, la noche en que tú madre te llamo.
Varios cristaleras estallaron en ese preciso instante, y ella misma se pegó a la ventana, ¿qué demonios estaba pasando?
-No te lo repetiré dos veces Draco, esto se terminó ya, no pienso consentirlo.
-Mira, esto es así de simple Harry, no pienso detenerme porque tú lo digas, si quieres delatarme adelante, la pregunta es, ¿serás capaz de verme en semejante lio por tú culpa?
Escuchó como la puerta se abría y seguidamente era cerrada, una nueva vidriera estalló a la par que escuchaba:
-MALDITO SEA.
Un fuerte golpe se escuchó, sin duda acababa de golpear una mesa con el puño cerrado.
-Harry detente, te vas a lastimar.
-¿Es qué no lo entiendes?, maldita sea Ginny, ¿qué demonios voy a hacer?
-Cualquier cosa menos meterte, Harry, no hagas una locura, sabes que puedes buscarte un buen problema, Sirius.
-Lo sé, maldita sea lo sé.
El silencio se hizo en todo el lugar:
-Y si lo que Draco dijo es cierto, Harry, temo que no podamos intervenir.
-¿Cierto?, ¿el qué?
Escuchó como se habría de nuevo la puerta de la biblioteca y como esta decía:
-Si ella disfruta sus besos, Harry, Draco, es como una droga, adictivo.
En cuanto la puerta se cerró de nuevo, los cristales de las ventanas estallaron en mil pedazos:
-Maldición.
La ventana que se encontraba tras ella estalló también y no pudo contener un grito y cubrirse con los brazos mientras se alejaba de esta.
En cuanto se recuperó del susto, se giró para encontrarse con la mirada de este sobre ella. Sus ojos verdes brillaban con tal intensidad que si las luces no estuviesen juraría que podría distinguirlos sin ninguna duda.
Antes de lo que creyó posible lo vio caminar hasta ella y agarrarla de ambos brazos:
-Tu maldita…
-No, yo no, tú te besaste con ella, tú fuiste quien me dejó como idiota deseando estar en su lugar.
Se calló en el acto, ¿qué diantres acababa de decir?, no le dio tiempo a repasarlo, pues él ya la estaba besando, llevó sus manos hasta su cuello, y seguidamente colocó él las suyas sobre su cintura.
Se besaron con intensidad y deseo, con anhelo por parte de ambos, en esos instantes no había dominante ni dominado, eran ambos luchadores, declarando de cada cual el territorio permitido.
Se separaron por falta de aire, y no obstante este no parecía dispuesto a dejarla ir, por el contrario, sintió que la empujaba contra una de las mesas y sin dudar la alzaba para quedar sentada en la misma, en cuanto sus labios volvieron a hacer contacto, ella corroboró su teoría sobre el brillo de sus verdes ojos.
Pues las luces se apagaron en ese instante.
Sin pensar en nada, llevó sus manos hacía el pelo de este y se lo despeinó mientras exploraba su boca a gusto.
Sintió como él llevaba una de sus manos de su cintura hacía abajo y se sintió nerviosa, ¿qué estaba haciendo?, NO, mejor dicho, ¿qué estaban haciendo?
Este se separó de sus labios y buscó su cuello, en cuanto sintió sus labios en el mismo, toda su sangre pareció hervir, y su boca quemaba por volver a besarlo de nuevo.
No obstante este se acercó a su oído y le susurró:
-Nunca más, nunca más lo volverás a besar, ¿me has escuchado?
Ante esas palabras se quedó muda, ¿a quién se supone que no volvería a besar?, este se separó de ella, y con una de sus manos la obligó a que lo mirara a los ojos, en cuento hizo contacto con sus ojos supo la respuesta.
-¿Me has escuchado?
Asintió, a la par que ella misma se mordía el labio inferior:
-No hagas eso.
Ella se detuvo en el acto y seguidamente declaró:
-Ron, él…
Este apoyó su frente en la de ella:
-Tampoco, él tampoco, nadie, maldita sea, nadie más te besará, nadie te tocará, nadie que no sea yo, te enseñará lo que quieras saber.
-Quiero que me acaricies.
Esa simple frase, consiguió que este se tensase, cuando miró sus ojos percibió un brillo que reconoció como el mismo que la primera vez que lo vio:
-Explica eso.
Escuchó que le susurraba con una voz algo ronca. Desconcertada lo miró sin comprender:
-¿Explicar?, ¿Qué tengo que explicar?
Al escucharlo gruñir, y seguidamente reír se descolocó:
-Maldita seas, sigues siendo tan malditamente ingenua, quizás sea mejor decirte que hay diferentes clases de caricias pequeña, y créeme, algunas podrían hacerte volar, mientras que otras te harían desear arder en el infierno en lugar de seguir sintiéndolas, a la par que por nada del mundo desearías que me detuviera.
Recibió una sonrisa de las que tanto le gustaban y se sintió temblar, ¿sería eso verdad?, tras plantearse esa pregunta, notó que una de las manos de él, descendía por encima de la tela de la túnica hasta llegar a su muslo y se detenía en el mismo.
-¿Quieres que te demuestre el punto?
Fijó sus ojos en los verdes de él, y colocó ambas manos a cada lado de su rostro para seguidamente acercarse a sus labios:
-Sí profesor.
Sin más apresó sus labios, y lo beso, este respondió al beso, a la par que su mano con bastante agilidad, conseguía esquivar la tela de la túnica, y se colocaba en su rodilla, en el mismo instante en que sintió la mano de este acariciar la misma, su cuerpo pareció cobrar vida por sí solo y temblar.
A la par que él profundizaba el beso, sintió, como este alzaba su pierna para obligarla a rodear su cintura con la misma, a la par que comenzaba a descender su caricia hacía su muslo.
Iba tan sumamente lento, que todo su cuerpo temblaba casi sin control, no sabía si de miedo, excitación, anhelo, deseo, o simplemente por el hecho de ser quien era quien la estaba tocando de esa forma.
Detuvo su caricia en mitad de su muslo, y en lugar de seguir avanzando, decidió volver a recorrer el mismo camino hecho hasta el momento, eso le hizo sentirse fastidiada y gimió en forma de protesta.
Eso ocasionó que este descendiera el ritmo del beso, pese a que ella no deseaba eso, por lo que cuando sintió que se iba a separar de ella, tomo las riendas del mismo, y lo intensificó de nuevo.
Fue el turno de él de gemir contra sus labios y sin dudar llevó una de sus manos hacía la corbata de él decidida a deshacerse de la misma, no obstante, este rápidamente apartó su mano de su muslo y la detuvo.
En cuanto consiguió romper el beso y detener la lucha que había comenzado por esa pequeña prenda, este declaró:
-Tienes que detenerte, esto no. –se percató de que tragaba en seco para aclarar su voz, la cual sonaba demasiado ronca: -No sabes en qué puede desembocar, y no deseo que esto pase, no de momento, no aquí, ni ahora, y mucho menos en nuestra situación.
-¿Situación?
Preguntó separándose de él, al ver que este se alejaba de ella:
-Sí, esto no está bien, diría que es una locura, y pese a que he intentado controlarme a mí mismo, no me has puesto las cosas fáciles en lo absoluto, y con Draco de por medio…
Calló un momento para seguidamente declarar:
-Eres mi alumna, esto nunca debería haber pasado, de hecho no debe volver a pasar, y me encantaría ser lo suficientemente fuerte y tener la voluntad necesaria para detenerlo aquí y ahora, decirte que no te vuelvas a acercar a mí, que no me mires en clase, que me ignores por el pasillo, que te dediques a prestar toda tu atención en el irritante pelirrojo ese que tienes por novio.
Pero no me hago ilusiones, no soy tan noble y mucho menos tan poco celoso, soy una persona penosa y que si algo es mío, no me gusta que nadie mas lo toque, mire, o pose su mirada sobre ello.
Y sé que al final terminaría de nuevo como siempre que te encuentro tras mucho de evitarte. Es decir volviéndote loca a ti y a mí mismo.
-No puedo romper con Ron, él…
-Lo sé y no te voy a pedir que lo hagas, no soy quien para pedirte algo así, estoy seguro de que ni tú misma te sentirás capaz de continuar con esto si sigues con él, lo que quiere decir que lo terminarás, en el momento en que lo termines, se acabó, a mí solo se me rechaza una vez, no soy segundo plato de nadie.
Esas últimas palabras se las dijo mirándola fijamente y en ese mismo instante tomó una decisión, más no se percataría de la misma hasta más adelante.
-¿Qué pasa con la rojiza?, según Ron están planeando su boda.
Este rio divertido por algo, y declaró:
-Créeme pequeña, esa boda solo está en la mente de nuestras madres, ella y yo nunca lo hemos pensado en lo más mínimo.
-¿Seguro?
No supo el motivo pero este volvió a romper a reír, sin esperárselo este se acercó de nuevo a ella y contra sus labios susurró:
-Puedes apostar por ello pequeña, ella y yo solo nos desahogamos mutuamente a veces.
-¿Desahogaros?
-Mejor no preguntes, aún no.
Sin más, la beso, y agradeció que las luces estuviesen apagadas y que nunca nadie entrara a la biblioteca una vez las luces de esta se encontraban apagadas. Ese era el único lugar donde seguro nunca los podrían pillar a esas horas.
Este se separó de ella y le susurró:
-Ve a cenar pequeña y descansa.
Sin más se separó de ella, y lo vio alejarse de allí, tras salir de la biblioteca ella se quedó sola en la misma. ¿Qué se supone significaba lo que acababa de pasar ahí?, ¿quería decir que estaban juntos y a la par no?
Él le había dicho que podía seguir con Ron, pese a que le había garantizado que era celoso y que no le gustaba que nada de él lo tocase otra persona. Pero ella no era de él.
Eso era lo que le había querido decir, que pese a todo, a los besos y a la promesa que le había hecho, ella no era de él, al menos aún no. ¿Podría serlo en alguna ocasión?
Lo único que era, era su alumna.
Ese pensamiento la hizo sentir un escalofrío, su Alumna, era cierto, ella era su alumna, ¿qué había dicho la hermana de Ron?
"puedes terminar en Azkaban por esto"
Miró rápidamente a la puerta por la que este se había marchado, ¿podía eso ser posible?
Negó, no, tenía que ser mentira, ¿por qué se arriesgaría él a ir a Azkaban?
