The Legend Of Zelda.

La historia de un Corazón valiente.

Último capítulo.

Parte 1.

Me levanté de mi lecho, y caminé hasta Epona. El señor Fausto trató de detenerme recordando que yo no estaba en condiciones, pero eso era lo último que me importaba. Debía darme prisa e ir a buscar a mi amada antes de que fuera demasiado tarde. Al entrar en el pequeño establo, Epona trató de ponerse de pie, pero se le doblaron las patas y cayó de vuelta al suelo. Me acerqué a ella, dejándole un beso en su frente. Le acaricié el hocico, tratando de que se calmara.

-Ya, ya, Epona, tranquila. Gracias por salvarme, de verdad que eres una amiga de verdad… Nunca te voy a dejar, mi Epona…

Rubí entró al establo, con un balde lleno de heno. Al sentirlo, mi yegua empezó a comerlo, lo cual era buen signo de que se estaba recuperando.

-Link, no puedes regresar por tu amada en este animal, está muy herido, debes tomar otro.

-¿Otro?

-Sí, mira aquí, este caballo negro se llama Taurus. Es un animal muy rápido, fuerte y leal. Pero no se confía de inmediato con un jinete que no conoce. Si deseas que te lleve a donde debas ir, es necesario que te familiarices.

-No tengo de otra. Zelda no puede esperar más tiempo.

Me acerqué a dicho caballo, lo tomé de las correas y traté de montarlo sin éxito. La segunda vez, le hablé despacio, como cuando Epona era una pequeña potranca. Taurus se quedó sorprendido, mirándome extrañado. De pronto, me dio tremendo golpe con su cabeza en el pecho, que caí sin remedio de espaldas. Rubí se asustó y fue a ayudarme, Epona le miró con unos ojos molestos, pero me dejó sin palabras el hecho de que le relinchara a ese caballo, como si lo hubiera regañado.

El caballo miró a Epona, se le acercó con cuidado y le rozó el hocico, lo cual fue un acto muy tierno, recordándome a mí y a Zelda, en aquello viejos días. De nuevo tomé las riendas del caballo y esta vez logré subirme sobre su lomo. Rubí estaba emocionada, manteniendo su distancia. Le pedí que abriera más la puerta del establo y en un solo segundo ya estaba corriendo con Taurus, por aquellos pastizales. Le acariciaba su crin, llamándolo por su nombre, era como si desde siempre fuéramos compañeros.

-¡Link!-Gritaba Rubí, siguiéndonos sobre un caballo más claro y joven que Taurus. Ambos cabalgamos un rato, riendo, jugando carreras, mientras que el señor Fausto nos veía desde su cabaña.

Después de una hora, dejamos a los animales en el establo y entramos a la cabaña, ya era medio día.

-Link, domaste a ese semental en un santiamén, como si lo conocieras de toda la visa, me dejaste sorprendido…-Confesó el viejo-Debes llevarlo contigo, será un honor para mí y mi nieta que lo uses en tu aventura Héroe de Hyrule.

-Gracias, de hecho eso mismo le iba a pedir, señor. Necesito ir al lugar donde tendrán encerrada a Zelda, y después me las arreglaré con ese imbécil de Francois.

-Me parece una mentira lo que dices, el rey Francois asesinando a su mujer…-Don Fausto se frotaba la barbilla, en son de pensar-Pero su padre fue peor, el anterior rey de Britania, Aldaminus VI, dijo que su primera esposa había muerto en la noche de bodas de un infarto, lo cual no fue creíble, ya que ella era una mujer joven, saludable y no tenía parientes enfermos en su familia. Quizá él la mató como Francois quiere hacerlo con la reina.

-Pues si la maldad viene de familia, entiendo muchas cosas, pero no dejaré que toquen a Zelda, yo la amo…

-Oh, Link…-Rubí se enterneció a sobre manera-Zelda es una chica afortunada, espero que la rescates y que puedas detener a nuestro malvado rey.

-Eso haré.

Rubí preparó al caballo y por la noche partí al claro del bosque, aun con la cabeza caliente de todos esos pensamientos. Zelda, tan linda, una mujer bella, de admirable sabiduría y humildad, no iba a dejar que la lastimaran, esos bandidos se arrepentirían como nunca el haberla ofendido de ese modo. Entré a Britania sin ser visto, llevando una larga túnica negra con capucha, logrando pasar desapercibido a esa hora. La luna brillaba en todo su esplendor, mientras que los búhos resonaban con sus tétricos cantos a la entrada al lago Uriohn. Corrimos los kilómetros que había dicho Francois estaba el escondite de los secuestradores y esperé a detectar su maldita presencia. Vigilé el resto de la noche, nada pasaba. Recorría el camino en busca de señales, hasta que a la tarde del siguiente día vi un coche que llevaba dos personas afuera guiando a los caballos. Nadie iría a esa parte del bosque, así que sabía esa era mi señal, además de que sentí la mano del Link del Tiempo sobre mi hombro.

Saqué mi arco y flecha, preparándolos en un instante. Seguí con mi vista al conductor y en el punto preciso le disparé la flecha justo en la cabeza. De inmediato me escondí detrás de un árbol. Pararon el coche, buscando con la mirada al culpable. Otra flecha lanzada, esta vez atravesó el pecho del compañero del finado. Dos sujetos más se bajaron del coche, y uno de ellos llevaba a Zelda, arrojándola al suelo vilmente. Eso me enfureció.

Ella estaba asustada, había sangre en su ropa y su cara. Estaba atada, con la boca amordazada. Saqué otra flecha asesinando al tipo que la bajó del coche, el que quedaba tomó a Zelda como escudo humano, sabía que él era el siguiente en morir. Caminé entre la hierba, buscando un punto indicado para dispararle la flecha pero se movía demasiado. Si le disparaba quizá lastimara a Zelda, así que esperé a que dejara de moverse tan solo por cinco segundos, el tiempo que tardaba la flecha en recorrer los metros que nos separaban y atravesarlo.

Cuando dudó y se quedó quieto, la flecha cortó el aire y se clavó en su cuello, mientras soltaba a Zelda y veía la sangre escurriendo de su ser. El hombre cayó de rodillas, así que salí y me encontré con Zelda, temblando y con sus ojos llorosos.

-¡L… Link! ¡Mi amado Link…! Me dijeron que, que estabas muerto…

-Zelda, preciosa… Eso te lo dijeron para que te angustiaras… Tanto como me angustie al saber de tu secuestro.

-¿Cómo lo supiste?-Me preguntaba mientras la desataba.

-Pues he oído a tu esposo, el mismo Rey Francois lo ha planeado todo, tu muerte, la guerra, todo lo malo que nos ha pasado es culpa suya.

-Oh, entonces es verdad… En sueños creí oírlo decir que me lastimaría mucho, pero dudaba, creí que estaba loca… Oh, Link, gracias por rescatarme… No sé cuantas veces te debo la vida.

-Shh… No digas eso. Para mí es un honor estar a tu lado en los momentos que mas me necesites, recuerda mi juramento como caballero de Hyrule. Además, amor, eres la mujer de mi vida.

-Lo sé… ¿Cómo pudimos ser tan tontos? Nunca debimos separarnos, pasara lo que pasara… Ahora míranos, casados con otros… Y por lo que se, Malon te dará un hijo.

-Ah, Zelda, eso no es del todo verdad.

-¿Qué dices, Link?-Sus ojos azules me miraron extrañados.

-Malon si tendrá a un hijo, pero no mío. Me engañó con tu esposo, él es el padre de ese bebé.

-¡Diosas! Pero no me sorprende del todo. Yo nunca compartí mi cama con él, era obvio que buscara a otra compañera. Pero lo que me preocupa es que Francois estaba loco mencionando un tesoro de las Diosas del reino de Klontmen, que eso lo convertiría en el supremo gobernante del mundo…

-No es una locura, es verdad… Mira mi mano, Zelda, mira su brillo…

El signo de la Trifuerza brillaba en mi dorso, Zelda lo tocó impresionada. Su mirada lucia perdida, admirando tal evento.

Link… Entonces no soy la única…

-¿No eres la única? ¿De qué estás hablando?

-Mira esto…

Zelda se despojo del guante blanco de su mano y pude apreciar que ella poseía al igual que yo el signo de la Trifuerza, brillando como el sol.

-Entonces, eso significa que tú, Zelda, eres otra elegida de las Diosas.

-Así es, Link. Sabes que esto es algo poco común, así que lo guardé en secreto. Quise saber lo que significaba, pero nadie podía decírmelo, hasta que una noche oí una tierna voz femenina que me decía lo importante de mi parte en esta guerra y mi lucha por tu amor.

-Zelda, a mí me pasó lo mismo, pero era la voz de un joven, decía ser mi antepasado Link, el legendario Héroe del Tiempo…

-¡Link! ¡Eso significa que somos los descendientes de Link y Zelda! Aquellos que derrotaron el mal hace siglos, y ahora nos tratan de guiar en contra de Francois… Ella me dijo que estaba rodeada de gente mentirosa y soberbia, que mi esposo era más terrible de lo que me imaginaba y que fuera muy fuerte.

-Los espíritus del pasado nos quieren ayudar, pero lo que debemos hacer es ir al Pico nebuloso, en las montañas nevadas. Tu marido está en camino y cuando vea que yo he desaparecido y que tú no te hayas en este lugar, empezará a sospechar. Será mejor llegar antes que él al Tesoro de las Diosas. Lo siento por los klontmenitas que no logramos salvar, espero que las Diosas los recompensen.

-Entiendo Link. Te ayudaré, en todo lo que pueda.

-No, tú debes esconderte, no puedo llevarte y…

-No, Link… Yo puedo ayudarte. Juntos debemos derrotar a Francois y evitar que tome el Tesoro de las Diosas. Si lo hiciera, me sentiría muy culpable al respecto. Yo sé que puedo pelear. Mi madre lo hacía, al igual que mis antepasados.

-De acuerdo, pero si vemos demasiado peligro, te vas de inmediato. Ahora, subamos a Taurus, el nos llevará a lo que queda de Klontmen y llegaremos al Pico Nebuloso por otro camino, rodeando las montañas nevadas. Los Klontmenitas no me dijeron exactamente donde estaba escondido el tesoro, pero confiaban en mí como el elegido.

-Pues somos dos elegidos, lo encontraremos pronto.

Subimos al caballo y cabalgamos por horas hasta que salimos al paso del Puente, un camino peligroso que rodeaba las montañas nevadas. Como su nombre lo indica, es un puente, pero cuelga a 2500 m del abismo. Taurus no quería cruzarlo, y el frío aumentaba, no había tiempo para dudar.

-Es casi imposible, el caballo no lo cruzará Link…-Noté que los dientes ya le castañeteaban a Zelda.

-Sé que lo hará, él no nos dejaría, es muy buen corcel. Es solo cuestión de darle confianza.

-Pero es un caballo…

-Me va a entender, ya lo verás… Toma mi túnica, hacer frío.

-Pero Link, a ti nada te protege, solo tus ropas.

-No importa. Ponte mi túnica, Zelda.

Caminé unos pasos por el puente, tratando de que Taurus me siguiera. Pero parecía que no quería.

-Vamos, Taurus, se que se ve peligroso, pero ya he caído por un precipicio, ahora estoy de nuevo de pie, y debo salvar a esa gente inocente, solo cuento con Zelda y contigo… Vamos, amigo…

En eso, sintió que mi pie se había atorado en medio de dos tablones, y el puente empezó a mecerse de un lado a otro, en tanto estaba casi a punto de caer al abismo, cuando uno de los extremos del puente amenazó con romperse.

-¡LINK!

CONTINUARA…

Hola de nuevo. Pues varias cosas ya fueron reveladas, este final será de dos partes, la siguiente será la última. Pues ojala y Link y Zelda lleguen al Pico Nebuloso y logren derrotar a ese desalmado de Francois. Muchos ya me han dicho que lo odian, eso significa que logre crear un verdadero villano, que gusto.

Sigan comentando, que pronto publico la segunda parte de este final. Mándenme su buena vibra y que esto quede a pedir de boca.

Para que lo sepan, odio a Malon, nunca me ha agradado ni en el video juego. Este Fic es una manera de desahogar mi furia. (Si, furia, como no…) ;D

NOTAS: Los personajes no son míos, le pertenecen a la empresa Nintendo. Los personajes y lugares que desconozcan son de mi autoría.