Entre sonrisas y verdades
Octava parte
-¿Qué le dijiste a mamá? Es raro que haya cedido en algo así –quiso saber Tom, buscando alguna forma de entretenerse.
Había pasado ya un tiempo desde que Bill prácticamente botase a Georg y a Gustav, y sin embargo, su hermano caminaba en la desordenada habitación, de un lado hacia otro, con ropa por todo lado y cosas tiradas sin cuidado, sin terminar de decidir en qué cosas llevar. Siquiera ya estaba vestido y el pijama estaba en algún lugar, olvidado. Su cabello estaba amarrado y su expresión era de impaciencia.
-La verdad. –Tom le miró con los ojos muy abiertos, haciendo que Bill se detuviera unos instantes y pusiera los suyos en blanco-. Le conté que queríamos pasar un tiempo a solas, ya sabes, como hermanos y todo eso. –Bill puso las manos en su cadera y Tom sonrió por el gesto-. Al principio no me creyó, incluso me insinuó que había algo escondido, pero al final pude convencerla.
-No prometiste hacer algo, ¿no? Dime. –Bill comenzó a caminar otra vez, sin responder, y Tom supo que lo más probable es que debiera de hacer algo desagradable por las próximas dos semanas-. ¿Qué tan malo es?
-Nada –dijo, dando la espalda a su hermano y metiendo algo de ropa interior en una mochila-, solamente debemos… llamarla todas las noches. –Tom hizo un sonido de molestia pero no dijo más, no era tan malo como hubiera podido ser. Bill siguió haciendo un desorden con sus cosas, sin decidirse por nada.
Tom estaba echado en la cama, con los brazos detrás de la cabeza. Se sentía intranquilo y ansioso por toda la situación, pero aparentaba total calma; todo lo contrario de su hermano que desde el primer momento que estuvieron solos, no pudo mantenerse quieto por más de unos cuantos minutos.
-Bien, ¿adónde se supone que vamos a ir? –Bill alzó los hombros, dando a entender que no tenía ni idea-. Interesante, hace un tiempo fui ahí y me divertí como nunca –sonrió y se incorporó, sujetando con una mano un brazo del otro y haciendo que se sentase a su lado-. A ver, ninguno tiene licencia aún, así que no podemos ir muy lejos…
-Tom –se quejó Bill, cambiando de posición y quedando arrodillado encima de su cama-, el punto es irnos, es estar solos; no ir a una playa paradisíaca en el fin del mundo o a algún lugar perdido en medio de la nada… o algo así. –Tom rió antes de poner una expresión de seriedad.
-Ya sé, pero tampoco podemos quedarnos en Loitsche.
Ninguno de los dos quería imaginar que pasaría si por casualidad alguien los veía. Todos los rumores que podrían surgir y comentarios malintencionados que, sin dudar, llegarían a oídos de David, y soportar el mal humor del manager no era algo entretenido de hacer. Sin duda lo mejor sería mantener el "anonimato".
-Lo sé –contestó Bill por fin, sacándole la lengua-. Por cierto, tienes que vestirte con ropa más… normal. –Su hermano le reclamó y él soltó una carcajada-. Sabes a lo que me refiero, nada de camisetas tamaño extra grande. Además, las rastas…
-No les pienso hacer algo –advirtió cogiendo con ambas manos su cabello con cariño en un gesto de protección. –Bill sonrió y se inclinó hacia delante antes de responder.
-No, se te ven demasiado bien como para hacerles algo. –Tom sonrió con autosuficiencia y asintió, con falsa gravedad, como si el asunto fuera de importancia-. Pero tienes que ocultarlas o algo así.
-Ya –aceptó-. Dejemos de hablar de mí. Nada de maquillaje para ti, ni ropa pegada, tampoco ponerte el cabello como si fueras un… -soltó una carcajada antes de completar y Bill le empujó antes de unírsele. Estuvieron por un rato riéndose, hasta que quedaron en silencio-. En cuanto a Andreas…
-Yo lo llamaré –se adelantó a decir Bill mientras se ponía de pie y Tom asentía.
Sabían que no tendrían suficiente tiempo libre para ver a Andreas antes de los días libres de navidad y fin de año, pero ¿por qué sentían que no importaba mientras pasaran un par de días solos? Al mayor de los gemelos el sentimiento le llamaba la atención, en cambio a Bill le hacía sentir una calidez extraña en el estómago, en el pecho, y eso le era agradable, a pesar de todo.
-¿Por qué no nos vamos de una vez? Me gustaría despedirme de mamá y de Gordon pero no quiero soportar su interrogatorio. –Bill aceptó que a él tampoco le gustaría, así que terminó de meter algo de ropa y, de la nada, salió corriendo de la habitación.
Tom se quedó extrañado, preguntándose a dónde rayos se había ido su hermano; pero sólo sonrió cuando unos instantes después Bill le gritaba con voz impaciente, desde el primer piso, que le estaba esperando para irse. Tomó la pequeña mochila de Bill y la suya hecha desde hacía casi una hora antes, de cuando sus amigos de la banda se habían ido. Cuando alcanzó a su hermano, éste estaba ya sentado en el lado del copiloto del auto de su madre, el mismo que solo usaba en casos "especiales", ya que no le agradaba manejar
Bill llevaba una gorra, lentes de sol y una expresión de aburrido.
-Tom, apúrate. –El mencionado no respondió, sino que dejó lo que llevaba en las manos en el asiento de atrás y se sentó allado de su gemelo. La llave ya estaba puesta-. ¿Tú… -Bill intentó hablar, una vez que arrancó el auto, pero pareció dudar mucho antes de terminar de decidirse hacerlo-… estás seguro de esto?
-No, la verdad no. –La respuesta hizo que Bill se quedara sin aire, sin embargo, la mano que Tom puso unos segundos en su muslo le tranquilizó-. Estaba bromeando, por supuesto que estoy seguro –le tranquilizó, a pesar de no estar muy confiado con nada. Bill le insultó, pero no dijo más.
Luego de veinte minutos salieron de la ciudad. Estaban en silencio, pero no era incómodo; por el contrario, estaban relajados La radio estaba puesta y cuando pasaron una de las canciones del grupo, Bill comenzó a tararear y para su sorpresa, Tom se le unió.
Con pocas horas podrían haber llegado a Hamburgo, pero sería una pérdida. La ciudad estaba infestada de gente que les reconocería inmediatamente, así que sin consultarlo, Tom se había dirigido al lado contrario. Después de manejar unas tres horas, entre conversaciones aisladas y comentarios sin sentido, llegaron a las entradas de una ciudad. Los hoteles y moteles comenzaron a desfilar, pero ninguno convencía a los gemelos. No habían pensado en dirigirse a un lugar así de buenas a primeras, sin embargo, era la mejor opción si estaban buscando privacidad.
-¿Qué te parece ese? –señaló Tom luego de unas cuadras y deteniéndose-. No parece tan malo. –No era un lugar agraciado a la vista, pero tampoco se veía una pocilga como el resto que habían visto. Bill se mordió el labio, pero finalmente asintió-. Bueno, decidido –dijo antes de mirar sus propias ropas y luego hacer lo mismo con su hermano. Frunció el ceño-. Estamos jodidos. –Bill hizo la misma inspección y sonrió.
-No. Tú sí porque sigues vestido como, bueno, como siempre. Debí de insistirte a que te cambiaras –se lamentó y Tom negó con la cabeza, sin poder imaginarse que hubiera pasado si su hermano le instaba a cambiarse; sin duda se hubiera visto ridículo y no gracias-. Voy a pedir cuarto, espera y… cruza dedos.
Luego de unos minutos estaban ya instalados en una habitación lo suficientemente decente como para sentarse en la cama sin asquearse o darse una ducha sin preocuparse de que al agua se volviese turbia de un momento a otro. Bill había tenido la suerte de que quien le atendió fuese un señor que no veía más allá de sus narices y estuviera más interesado en ver la mini TV que tenía debajo del mostrador que en ofrecer un buen servicio a los clientes.
-¿Tratas de seducirme, Bill? –preguntó Tom, cuando su gemelo comenzó a quitarse la ropa sin ninguna clase de reparo. Tom sentía más ganas de reírse que "seducido", sin embargo, se le hacía interesante.
-No sé –contestó, frunciendo el ceño y siguiendo con lo suyo-. ¿Funciona? –El de rastas rió pero, como había sido su costumbre a largo del día, luego de soltar una carcajada, ponerse mortalmente serio, carraspeó.
-Bill…
-Cualquiera diría que mi amor por ti es de un momento a otro, pero no es cierto. Es desde siempre. Sentir lo que siento por ti, a veces me parece lo más natural, otras el peor pecado que ha sido cometido.
-Bill…
¿Sabes qué es lo que se siente? –Bill había detenido sus movimientos en algún momento, quedando sólo con una camiseta puesta y ropa interior-. Y ni siquiera sé qué es lo que piensas, lo que sientes. No sé nada.
-Tú sabes que te quiero –dijo con una voz pequeña, una que casi desaparecía.
-Sí, pero un te quiero dista mucho de un te amo. Creo que soy medio anormal. No creas que me digo anormal por… no sé. –Bill no sabía exactamente cómo expresarse-. Es curioso. Ahora percibo como natural el amarte. Siempre te he amado y siempre lo haré, es un hecho –declaró con voz un poco vacía, una vez que pudo elegir las palabras.
-Bill –llamó Tom-, Bill, tú sabes que…
-Y además –continuó como si no hubiera escuchado lo dicho por su hermano-… quiero besarte, y eso sí lo veo extraño. Querer besar a mi propio reflejo. –En el pecho de Tom, por un instante, ardió el deseo de juntar sus labios con los de Bill, pero éste se desvaneció tan rápido que no pudo cristalizarse-. No creas que quiera que algo cambie entre nosotros. Solo quiero estar contigo –sonrió-. Quizá sea muy egoísta, pero no me alejes nunca de tu lado a pesar de todo.
-Nunca lo haría.
-Gracias. –Tom frunció el ceño.
-No es algo que debas agradecer –señaló y tomó aire profundamente antes de decir lo siguiente-. Bien, acabo de decidirlo. Debemos intentarlo ahora. –Bill que se había quedado inmóvil, pensando, le prestó atención y levantó una ceja, escéptico. Tom se quedó otros segundos en silencio, indeciso-. Ya sabes.
-No, no sé. –Lo cierto es que sí sabía a qué se refería su hermano, y de cierta forma le molestaba que lo viera como algo a lo que debía enfrentarse tarde o temprano y más aún después de haber expuesto su corazón, de sentirse algo vulnerable-. Si tú… -No pudo seguir hablando porque Tom se acercó y puso las manos en sus mejillas, sujetándole sin fuerza-. ¿Qué haces?
Tom no respondió, pero le observó fija y directamente a los ojos por unos instantes, antes de bajar la mirada a sus labios. Éstos estaban entreabiertos, dejando ver un poco de la hilera de dientes y la lengua. Bill no se movió, sintiendo que el corazón se le salía por la boca de lo rápido que latía, olvidándose de todo lo que había pensado y sentido antes. Mientras, Tom seguía acercándosele con una lentitud aniquiladora.
-Hazlo ya. –Solo unos pocos centímetros les separaban, podían sentir la respiración del otro en la cara, pero Tom no hacía el último movimiento-. Dios, todo tengo que hacerlo yo –susurró casi con ahogo y antes de obtener alguna reacción a sus palabras, rápidamente alzó los brazos que hasta el momento caían a un costado de su cuerpo y rodeó el cuello de Tom, terminando de acercarlo y presionando sus labios contra los suyos.
Cerró los ojos y se relajó ante el contacto tibio, sin embargo, Tom lucía impresionado. Poco a poco sus labios comenzaron a moverse, con suavidad, probándose recién por primera vez. Ambos ya tenían bastante experiencia previa para saber qué hacer, pero las sensaciones, las corrientes eléctricas desencadenadas por algo tan simple y complicado como un beso, intimidaban un poco. Antes de profundizar demasiado, Bill se separó y abrió los ojos. Sentía su cara arder y una agradable sensación recorriéndole de pies a cabeza.
-Siempre supe que todo tu bla bla bla de que besabas bien, era falso –anunció con una sonrisita de broma. Tom sonrió y movió sus pulgares, acariciándole-. Tom…
-Me gustó -contestó y volvió a acercarse. El segundo beso fue indudablemente diferente al anterior, hubo lengua, labios, saliva, disfrute y respiraciones entrecortadas. Si le preguntaban a Bill, las palabras que había dicho hacía un momento, se las hubiera tragado con ganas.
-Entonces, ¿te gusto? –Se separó- ¿Te gusta tu reflejo? –Tom sonrió y suspiró profundamente, alejándose para finalmente terminar sentándose en una de las camas.
-En serio me gustó besarte. –Si bien no era la respuesta que quería, le contentaba lo suficiente para no insistir. Tom puso una expresión pensativa-. Si alguien supiera… Imagínate la expresión de mamá o Gordon.
-Nadie debe saber –expresó Bill con seriedad antes de sonreír-. Bueno, nadie excepto Gustav y Georg que parecen saber más de lo que sentimos que nosotros mismos. –Tom asintió con seriedad, cerrando los ojos para darse énfasis y luego reír-. Tomi, nos estamos lanzando en picada hacia un abismo. –Tom respondió que lo sabía, pero sonriendo de manera cálida-. Pero estamos juntos en esto, ¿no? Nada puedo salir muy mal.
Tom sólo asintió esta vez, y Bill no sintió deseos que añadiera palabras, sabía que él también sentía lo mismo, así como sabía que en cuestión de expresarse su hermano, a veces, podía ser un completo inútil que no encontraba las palabras adecuadas.
Con un suspiro, cogió una toalla y comenzó a caminar hacia el baño.
-Oye, tengo hambre. ¿Ordenas una pizza? –dijo cuando estaba abriendo la puerta, pero antes de meterse y encerrarse, Tom caminó hacia él y le detuvo.
-Esa vez… que me viste con la pelirroja, ¿te gustó? –A Bill la pregunta le tomó por sorpresa, pero asintió- Lo imaginé, ¿a quién no le gustaría verme en plena acción? –Era un intento de llevar el tema a la broma, sin embargo Bill no pudo tomárselo así.
-Imbécil –dijo sin convencimiento y le hizo señas para que saliera, sin embargo, Tom no se movió-. No te olvides de la pizza y muévete.
-No, voy a bañarme contigo. –Bill le miró como si estuviera matando algún animal y Tom rió-. Vamos –canturreó-, sé que te gustaría verme desnudo y…
-No he hablado de sexo –interrumpió, frunciendo el ceño. Tom le sonrió y le comentó que hacerse el inocente no iba con él. Bill tornó los ojos-. No… En besarte sí pensé, ya te he dicho –dijo haciendo que la sonrisa de Tom se hiciera más grande-, pero no a llegar a más. -El ambiente era ligeramente tenso, pero… ambos se sentían bien.
-Yo sí.
-Sí, claro. Hasta hace un rato ni siquiera querías besarme y ahora…
-En serio –interrumpió Tom-, no lo vi como una posibilidad, ni nada; solo fue algo que pasó con Georg –Bill le miró, curioso- hace unos meses. Estábamos ebrios, y bueno. –Alzó los hombros y su hermano abrió la boca para de seguro hacer algún comentario sarcástico, pero él se adelantó-: No digas nada. Ese concierto estuvo intenso y David nos arruinó poniendo seguridad extra, así que…
-A lo interesante –pidió Bill, sacándose la camiseta. Tom hizo una mueca y le dijo "tonto", pero siguió hablando.
Tom Kaulitz y todas las personas que son cercanas a él, saben que puede decir muchas cosas durante las entrevistas, sin embargo, que las cumpla es algo difícil; y que después de un concierto especialmente agotador no piensa en fiestas ni en chicas para llevárselas a la cama.
Ese día no había sido muy diferente, así que después del show se había ido cada uno a su habitación; incluso los gemelos tenían las suyas separadas, para alivio de Tom ya que Bill y su mal genio de los últimos días era algo con lo que no quería lidiar. Después de una ducha, se puso su pijama con la intensión de acostarse y quedarse dormido mientras veía televisión; pero cuando estaba por saltar hacia la cama, alguien comenzó a tocar la puerta. Maldiciendo al infeliz y a toda su descendencia, la abrió, encontrándose con un sonriente Georg y un par de botellas que llevaba de contrabando debajo de la bata.
-¿Por…? –había intentado preguntar.
-Gustav sólo bebe cada vez que… -Georg se había detenido al darse cuenta de que no se le ocurría un buen ejemplo-, bueno, ya, sabes que nunca y Bill está siendo más Bill que siempre. Tú eres mi única opción.
-Muchas gracias –contestó poniendo los ojos en blanco-. Supongo que siempre es bueno que puedas contar conmigo. –Georg asintió y Tom alternó entre mirar con tentación su cama y las botellas antes de soltar un suspiro y sonreír, haciéndose a un lado. Dos horas después los dos estaban ebrios y riéndose por nada en particular.
-Tom –cortó la anécdota, Bill, impaciente-, has estado casi diez minutos hablando y hasta ahora no has dicho nada en concreto. –Su hermano sonrió y comenzó quitarse la ropa-. ¿En serio lo de bañarte conmigo?
-Sí –dijo sin detenerse mientras su gemelo le veía incrédulo-. Georg estando ebrio, sabes que dice disparates y ese día me preguntó que con quién de la banda me acostaría. Fue tan hilarante. –Tom sólo quedó en ropa interior, al igual que él y Bill sólo pudo tragar duro.
-¿Y tú le dijiste que lo harías conmigo? –Tom tenía torso ligeramente diferente al suyo, era un poco robusto y los brazos los tenía trabajados. No podía evitar sentirse turbado, desde que comenzó a pensar en él con un cariño más allá del de hermanos no lo había visto así, no con deseo- Mierda, Tom, te odio.
Su hermano le miró confundido.
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Gracias a mi beta. n.n
Duh, se supone que lime, ¿no? Pero… no puedo. Ellos se manejan solos.
Saludos.
