DESAPARECIDA

DECISIÓN

-¡ESPERA AHÍ KENTA! ¡DEVUÉLVEME A MI HIJA, DESGRACIADO!

El aludido no respondía, solo seguía corriendo con un envoltorio abrazado a su pecho, hacía un pequeño tramo que se había dado cuenta de que era perseguido por el vicepresidente de su empresa, Ogino Akio, lo había escuchado tecleando un mensaje en el celular, luego de lo cual, había comenzado a correr, no recordaba bien el camino, pero estaba tratando de llegar al último lugar donde había visto a la chica, ahora que había visto que su plan se venía abajo, necesitaba recuperar el cuerpo inerte de la chica para poder enviárselo a la familia en pedacitos y huir.

-¡KENTA!

Akio Ogino, Vicepresidente de la empresa más grande en aquella zona, corría desesperado por el bosque, sabía que había policías buscando por todas partes, pero no parecía haber rastro de ellos, así que se había apresurado a enviarle un mensaje a su mujer, pidiéndole que ella y el oficial que la acompañaba en casa se apresuraran a entrar al bosque, finalmente había recordado aquel camino, por lo que le puso algunas indicaciones de a dónde iban en el celular, definitivamente, aquel extraño túnel sería el mejor lugar para ocultar el cuerpo de su hija.

El viento seguía aullando, Chihiro ya había llegado hasta las escaleras de piedra con la estatua de la rana de donde salía el mar, pronto escuchó unos pasos a su espalda, al voltear se encontró con Boh, portando todavía su ropa de entrenamiento y una lanza, seguramente su maestro no estaría muy complacido de que hubiera escapado de la clase, después de todo, los shinigamis no parecían espíritus demasiado pacientes cuando enseñaban el arte del combate.

-¡SEN! ¿Qué haces aquí?

-El viento… suena peor que las veces que entré por ahí… creo que alguien viene.

-Vete, regresa al Aburaya, yo me encargo.

-¡No! Te lo agradezco Boh, pero creo que debo estar aquí ahora… no me preguntes… solo lo presiento.

El chico ya no dijo nada, solo adoptó una posición defensiva cuando salió la primer persona, un hombre delgado, de cabello corto peinado hacia atrás, mirada inteligente y corriendo con algún envoltorio extraño bajo un brazo, Chihiro palideció al verlo, lo había reconocido igual que Boh… era el jefe de los secuestradores.

-¡Ese maldito! –Pronunció el joven mientras comenzaba a bajar la escalinata.

-¡No, por favor no!

-No te preocupes Sen, yo estoy aquí, te protegeré o Kohaku San no me lo perdonará nunca.

Una segunda persona salió entonces del túnel, Chihiro quedó casi en shock… era su padre, persiguiendo al hombre que la había secuestrado, corriendo sin ver nada más.

-¡Boh, espera!

-¿Cómo que espere? Tengo que bajar ahí, tengo que matarlo antes de que llegue y te haga daño.

-Mi padre está ahí abajo también.

-¿CÓMO?

Estaba aterrada y confundida, todo pasó demasiado rápido, un enorme dragón blanco con la melena verde aguamarina descendió en ese preciso instante sobre el jefe de los secuestradores, Akio Ogino se quedó ahí, perplejo, había caído sentado ante la impresión de ver aquella criatura salir de quien sabe dónde, Kenta por su parte había soltado las cosas para poder correr más rápido, buscando un lugar donde esconderse del dragón, estaba a punto de ser atrapado cuando encontró una especie de gruta formada por varias piedras de río, se metió ahí sin rechistar mientras el dragón lanzaba una flama azul, la cual solo alcanzó a congelar la superficie de algunas piedras, el rugido que aquella enorme bestia soltaba era de furia, justo en ese momento la madre de Chihiro y un hombre de tal vez 25 años salieron también del túnel, fue ahí cuando Chihiro reaccionó.

-¡HAKU, ESPERA, NO LO HAGAS, HAKU!

-¡Más rápido por favor! –Decía Ogino Yuko con aprehensión- solo debemos seguir el camino hasta la estatua de piedra, ¡DEPRISA!

-Señora Ogino, tranquilícese, este camino está demasiado engañoso y… ¡LA ESTATUA!

El hombre alcanzó a frenar justo a tiempo para no golpear la estatua de piedra, apenas a 2 milímetros de impactar contra ella, estaba dando un suspiro por haberla librado cuando escuchó un fuerte portazo y vio a la señora Ogino corriendo hacia el interior del túnel, no le quedó más que perseguirla, el túnel era largo y oscuro, terminando en lo que parecía una estación de trenes abandonada, la mujer no se quedó ahí parada, siguió corriendo y el hombre que la había conducido corrió también detrás de ella con resignación, en el momento que lograron salir al exterior escucharon un ruido apabullante, algo similar a un rugido, ambos se quedaron estáticos al observar al enorme dragón blanco que intentaba mover unas piedras gigantescas con su pata de largas garras.

Aquello debía ser una pesadilla, ¿de dónde había salido ese dragón? Akio Ogino se encontraba aterrorizado observando cómo su presa era cazada por aquel enorme dragón salido de los libros de mitología shinto de su hija… cuando la escuchó gritando "¡HAKU, ESPERA, NO LO HAGAS, HAKU!", su rostro volteó desesperado, sus ojos buscaron, él mismo se olvidó de aquel inmenso dragón solo para ver a su hija, vestida con lo que parecía una yukata tradicional en aguamarino y bajando a toda velocidad por unas largas escaleras de piedra con dirección hacia el dragón… ¿Qué estaba haciendo? ¿No se daba cuenta de que aquella bestia era peligrosa?

-¡CHIHIRO! ¡CHIHIRO NO TE LE ACERQUES! ¡CHIHIRO!

El miedo la corroía, aquel ruido ensordecedor la había hecho detenerse a tiempo para encontrar a su marido sentado en el suelo a unos metros de ella, justo antes de darse cuenta del inmenso dragón raspando con sus zarpas entre algunas piedras con lo que parecía hielo, escuchó a su hija y alcanzó a verla bajando unas escaleras con una yukata aguamarina, no sabía que estaba pasando, pero su corazón se había sentido tranquilo hasta que escuchó a su marido gritándole a su pequeña, lo vio levantarse y correr hacia su hija, la cual a su vez, se dirigía corriendo hacia el dragón como si no escuchara a su padre.

-¡CHIHIRO!

Y ella misma comenzó a correr mientras lágrimas de auténtico terror recorrían su rostro demacrado, acababan de encontrarla viva, no soportaría ver cómo era destazada por aquella bestia, debía salvarla.

-¡HAKU!

Solo unos metros más y llegó junto al dragón, se paró entonces frente a las piedras con los brazos abiertos y la mirada fija en el dragón, interponiéndose entre la presa y el cazador, el cual se congeló al momento.

-¡No lo hagas! ¡Por favor, no lo mates!

Ante su atenta mirada de súplica, el cuerpo del dragón explotó entre luz, escamas y pétalos de flores, dando lugar al alto hombre de cabellos negros y ojos verdes de ropas blancas al cual había estado esperando, estaba furioso, podía notarlo en sus ojos, estaba realmente furioso mientras se acercaba a ella.

-¡NO! ¡DEBE PAGAR POR LO QUE TE HICIERON!

-Sí, estoy de acuerdo en que debe pagar, pero no aquí, por favor, Haku

-¿Por qué debería perdonarle la vida a esa escoria? ¿ES QUE NO RECUERDAS EN QUE ESTADO LLEGASTE AQUÍ? ¿YA SE TE OLVIDÓ TODOS LOS CORTES Y LOS GOLPES QUE TUVE QUE CURARTE?

-Haku, por favor… mis padres.

El dragón se detuvo en su avance, volteando el rostro al lugar del cual provenían aquellas voces que había estado escuchando, ahí estáticos, a un par de metros de él y Chihiro se encontraban los Ogino, observando perplejos lo que acababa de pasar, notó también a Boh en guardia cerca de las rocas, al menos tenían rodeado a ese fastidioso humano.

-¡BIEN! Se hará como desees, pero no entiendo porque demonios no puedo matarlo.

-Si él muere aquí, mis padres serán inculpados de homicidio y tendrán que ser encerrados en una cárcel… deben llevarlo para que las autoridades de mi mundo se encarguen de juzgarlo y hacerlo que pague por sus pecados.

Los ojos del antiguo guardián de río se abrieron con desconcierto ante aquellas palabras, se acercó hasta la joven y la abrazó con cuidado, al menos tenían atrapado al tipo, al parecer, había llegado justo a tiempo, era lo que pensaba justo antes de agachar su rostro un poco, para que sus labios quedarán lo más cerca posible del oído de la joven entre sus brazos.

-Chihiro, ve con tus padres, Boh y yo sacaremos a ese tipo de ahí y lo obligaremos a ir a tu mundo… tú por otro lado me debes aun una decisión sobre nuestro futuro.

La chica solo lo miró antes de darle una afirmación con la cabeza, estaba de acuerdo en que tenían que hablar.

No sabían bien que había pasado, primero había un dragón furioso y terrible sediento de sangre, y solo de repente, ante la inminente muerte de su hija, el dragón había explotado, dejando en su lugar a un hombre que primero había discutido con su pequeña para luego abrazarla con sumo cuidado, no sabían que pensar o cómo reaccionar hasta que la vieron alejándose de aquel extraño para dirigirse a ellos, la primera en reaccionar fue Yuko, que no tardó en correr la poca distancia que la separaba de su hija para abrazarla mientras lloraba.

-Chihiro, ¡Estas bien! Pensamos que habrías muerto hija, pero estás bien… estás viva.

-¡HIJA! –Akio no pudo decir más, las lágrimas corrían por su rostro mientras abrazaba a su pequeña, la cual los abrazó de regreso.

-Estoy bien, no se preocupen, estoy bien.

-Tu madre y yo estábamos tan preocupados, habíamos pensado que ya no te encontraríamos con vida, yo estaba persiguiendo a Hizawa Kenta pensando… pensando que me guiaría a tu cadáver… pero estás viva… déjame verte hija, anda.

Tanto Yuko como Akio se hicieron para atrás enseguida para revisar a su única hija, ambos se mostraron felices al notar que su pequeña estaba bien, sin siquiera un rasguño, solo entonces se dieron cuenta realmente de sus ropas y de su mirada triste.

-Chihiro, hija, ¿estás bien? –Preguntó Yuko un poco angustiada- ¿Dónde habías estado?

-Mamá, creo que habrá tiempo para explicar después, Haku y Boh no podrán contenerse mucho tiempo, hablaremos en cuanto ese hombre esté atado… ¿con quién llegaste mamá?

-Es verdad, el oficial Hibiki del departamento de policías venía detrás de mi… pero… mira, ahí está… ¡HIBIKI SAN, ACERQUESE PRONTO! Tu padre me envió un mensaje de que viniera aquí con el oficial Hibiki, es una larga historia, ven, vamos, pongámonos a salvo mientras ellos se encargan de todo.

-Si mamá, está bien.

Hibiki Akuma, técnicamente era un novato, hacía 3 años había entrado al cuerpo de policía, llevaba un par de meses en el área de secuestros cuando lo enviaron disfrazado de civil a la casa de los Ogino, estaba preparado para defender a aquella mujer en caso necesario, estaba preparado para escoltarla a la central de policías o bien a la morgue en cuanto sus jefes lo llamaran… pero nada, absolutamente nada, lo había preparado para ver todo lo que había sucedido en aquel lugar, estaba perplejo, con su arma desenfundada y sin saber a dónde apuntar cuando la señora Ogino le gritó para que se acercara, este lo hizo, su extrañeza se hizo notar aun más cuando se dio cuenta de que la joven a la que habían abrazado los Ogino era la misma chica de las fotografías de la casa.

-¿Me llamaba Ogino san?

-Sí, mira, al parecer esos dos solo están tratando de atrapar al tipo que secuestró a nuestra pequeña, ve con ellos, parece que al fin han atrapado al secuestrador que faltaba.

-Por supuesto señora… por cierto… ¿ella es su hija?

-Sí, así es, esta preciosa jovencita es mi niña.

-¡Felicidades señora! A estas alturas, es un verdadero milagro que esté todavía viva y sana.

No dijo más, se apresuró a acercarse a los dos jóvenes vestidos con ropas antiguas, se sentía receloso, uno de ellos era un gigante y el otro había emergido de un dragón, sospechaba que aquellos eran espíritus, y que el hombre de cabellos negros era el dragón que había visto explotar furiosamente hacía un momento, después de todo, era shintoísta desde pequeño.

-Mi nombre es Hibiki Akuma, ¿Cuál es la situación del sospechoso?

-¿Sospechoso? –Respondió el gigante dejando fluir la voz de un adolescente mientras seguía apuntando a las piedras con su lanza.- Ese hombre de ahí no es ningún sospechoso, él y dos de sus pestilentes amigos venían persiguiendo a Sen hace días.

-¡Boh guarda silencio!

-¡PERO KOHAKU SAN…

-¡Guarda silencio!

El hombre de los ojos verdes no lo había visto directamente, pero la mirada feroz y su voz profunda eran suficientes para intimidarlo a él y al gigante que estaba al otro lado de las piedras, rápidamente, Hibiki sacó unas esposas de entre sus ropas mientras observaba mejor la situación, podía escuchar una respiración acelerada en el interior de las rocas, comenzó a caminar despacio y con cuidado alrededor de ellas, solo entonces notó que la entrada había sido sellada con hielo.

-Esta cosa de aquí… ¿hay manera de derretirla?

-¡Por supuesto que la hay! ¿Qué planea hacer? –Respondió el ojiverde con desprecio.

-Necesito entrar ahí y poner estas esposas en las manos del… secuestrador… una vez tenga las esposas puestas no podrá escapar, lo llevaré ante la justicia.

-Bien, prepárese entonces… ¡BOH! NO LO DEJES QUE ESCAPE.

-¡POR SUPUESTO QUE NO LO DEJARÉ ESCAPAR! ¿CON QUIEN CREES QUE ESTÁS TRATANDO?

Hibiki y el gigante estaban listos, el hombre de cabellos negros se acercó entonces hasta las piedras por el lado contrario al que ocupaba el gigante, tocó las piedras y dijo algunas palabras, el hielo se transformó en agua y el sospechoso intentó escapar en el acto, sin embargo no tuvo éxito alguno, la lanza del gigante alcanzó a cortarle un poco las ropas mientras lo detenía, Hibiki no supo decir si aquel golpe con que lo había derribado había sido intencional o no, lo único que sabía, era que debían evitar que escapara, así que se lanzó sin pensarlo mucho sobre aquel hombre, a todas luces, oficinista, y luego de someterlo y voltearlo le colocó las esposas para proceder con el cateo reglamentario… no tenía ningún arma.

Una vez registrado y comprobado que aun estuviera consciente, levantó al sospechoso y lo obligó a caminar donde las víctimas, Hibiki no tuvo que voltear para saber que era seguido muy de cerca por aquellos espíritus, no fue sino hasta que llegaron donde los Ogino que todo pareció volver a la calma.

-¿Cuánto tiempo dices que llevas viviendo aquí? –Preguntó sin poder creer lo que escuchaba Ogino Akio

-Un mes papá… yo tampoco puedo creer que hayan pasado tan solo 4 días allá.

La conversación se detuvo al acercarse tanto el oficial Hibiki como Hizawa, Boh y Kohaku a ellos, Chihiro se acercó entonces a aquel hombre, sintiéndose todavía temerosa, lo observó a los ojos, respirando profundamente para controlar su miedo.

-¿Por qué a mí?

-Por el dinero niña, ¿Por qué más? Si a tu padre no le hubieran dado ese puesto habría sido otra.

-Aun no entiendo, ¿Por qué causar tanto daño solo por dinero?

-¿Sabes cuantos años me estuve esforzando para llegar siquiera a rozar el puesto que tiene tu padre?

Había odio y malicia en aquellas palabras, había rencor, y eso no hizo más que enfurecer a Chihiro quien no tardó en soltar una sonora bofetada en el rostro de aquel hombre, su mano le había dolido luego del impacto, pero no le prestó atención, solo entonces volteó a ver al oficial Hibiki.

-Lléveselo a donde tenga que llevárselo, no miren atrás antes de salir del túnel, no recordarán nada de lo que ha pasado aquí, se lo aseguro, solo espere un momento, necesito que mis padres salgan junto con usted.

-¿Chihiro? –Dijo su madre extrañada por el significado que guardaban aquellas palabras, ¿Qué estaba sucediendo?

-Mamá, papá, tengo que hablar con ustedes un momento, Boh, Haku, ¿podrían ayudarle al oficial Hibiki a vigilar a este hombre?

-¡Por supuesto! –Dijeron los dos espíritus al unísono, alejándose junto al policía y al secuestrador, acercándolos al túnel de la pared roja en el costado de la estación de trenes.

-Chihiro, ¿a qué te refieres con que nos espere para salir? –Cuestionó su padre.

-Yo no iré.

-¿Cómo? ¡Pero, pero hija! ¿Qué hay del templo, y de tus amigos, que hay de…

-Mamá, de verdad, lo lamento mucho, no puedo ir… hablé con el Dios de la Montaña el día que logré escapar, él se encargó de que yo tuviera un lugar donde quedarme, también habló conmigo, no puedo ser la Miko de su Templo.

-¿Cómo? ¿El Dios de la Montaña? ¿De qué estás hablando hija?

El tono de voz de su padre era de frustración, enojo y confusión, ellos no podían comprenderlo.

-¿Recuerdan que nos perdimos en el túnel cuando nos mudamos? En realidad, no nos perdimos, estuvimos aquí, pasamos muchas cosas en este lugar, este es el mundo de los espíritus, nuestra estancia aquí es la razón de que nos volviéramos shintoístas, fue por estar aquí que cambiamos los tres… sin embargo… nuestra estancia aquí es la razón de que yo ya no encaje allá afuera.

-¿A qué te refieres? –Preguntó Yuko acongojada al presentir el rumbo que estaba tomando aquella conversación.

-Mamá… no recordamos nada porque el túnel tiene varios hechizos que evitan que los humanos podamos recordar… aun así… yo… mi corazón se quedó aquí… tal vez mi memoria no me dejaba recordar nada, pero mi corazón… el dragón que vieron hace un rato es el espíritu del Rió Kohaku, él me salvó de ahogarme cuando era niña, ¿lo recuerdas mamá? ¿Recuerdas que me dijiste que nadie podía creer que yo hubiera sobrevivido a ser arrastrada por su cauce? Sobreviví porque él me salvó… y fue él quien me ayudó para que lográramos salir de aquí la vez pasada… él me protegió también cuando fui perseguida hasta aquí…

-Entiendo que le debas a ese dragón, pero, ¿es necesario que te quedes aquí hija?

Ambas mujeres se miraban con tristeza a los ojos, las lágrimas comenzaron a salir poco a poco de los ojos de la más joven de ellas, su padre intentó acercarse para consolarla, pero la joven solo retrocedió sin dejar de ver a sus progenitores, finalmente había tomado una decisión, debía comenzar a afrontar sus consecuencias.

-Lo amo… yo… me quedaré aquí, con él, sé que esto sonará a locura, pero este es mi lugar, él me seguirá a donde yo lo guíe mamá, por favor, no se enfaden con él, papá, piénsalo, ¿qué podríamos hacer una persona como yo y un espíritu como él en nuestro mundo? Nunca lograremos adaptarnos, en cambio aquí…

-Chihiro… por Kami Sama, niña, ¿qué vamos a hacer nosotros sin ti?

Esta vez dejó que su padre la abrazara, su madre se acercó también, los tres lloraban, los tres sabían que aquello era una despedida, una para siempre, no había nada más que hacer al respecto.

-Papá, por favor, cuida de mamá, sigan adelante, se que olvidarán que me han visto viva aquí, pero quiero pensar, que en su corazón sabrán que estoy bien, y que soy feliz, por favor, no se preocupen más, yo los amaré por siempre, los recordaré por siempre, solo no podré volver.

-Hija, -Dijo Yuko, intentando que la voz no se le quebrara por el llanto- ¿Cómo nos pides eso?

-Mamá, en verdad, lo lamento…

Había pasado un rato desde que los Ogino comenzaran a hablar, el gigante y el policía estaban más preocupados por el hombre con las manos esposadas que el dragón, el cual no había perdido de vista la escena que se desarrollaba frente a sus ojos, los vio llorar, tuvo que suprimir el impulso de correr hacia Chihiro para consolarla y secar sus lágrimas, el ver todos aquellos abrazos, todas aquellas lágrimas, le dio a entender que se quedaría con Chihiro en aquel mundo, ella se estaba despidiendo de sus padres, y él no se atrevía a acercarse a molestarlos, después de todo, él la tendría a su lado para siempre, y sus padres en cambio solo la tendrían lo que durara aquella despedida.

-Hibiki kun… ¿Qué pasará con este hombre?

El aludido volteó a ver al hombre con la ropa blanca y azul, dándose cuenta de que, a pesar de darle la espalda, estaba consciente de que tanto él como el prisionero y el gigante seguían existiendo.

-Lo llevaremos ante nuestra justicia, será juzgado según las reglas de los hombres… aunque… sin evidencia de la muerte de la señorita Ogino, seguramente solo lo sentenciarán por secuestro y extorción.

-Ya veo… ¿Qué necesitan para confirmar la muerte de Chihiro en su mundo?

-¿Cómo dice?

-Mírelos, están despidiéndose, ella al fin ha tomado una decisión, se quedará con nosotros, aquí estará a salvo de secuestradores y violadores… sin embargo, para ustedes ella habrá muerto, ¿Qué se necesita para confirmar que ella ha muerto en su mundo?

Hibiki observó al espíritu pensativamente, entonces, sin dudarlo mucho, contestó.

-¿Ve el envoltorio que dejó caer por ahí?

-Sí, lo veo, ¿qué es?

-Al parecer es una bolsa de arpillera… ¿pensabas que estaba muerta y te llevarías ahí su cadáver?

El detenido solo afirmó con la cabeza, no estaba dispuesto a decir nada más, era su derecho guardar silencio.

-Bueno, ahí tiene su respuesta, coloque dentro la ropa de la señorita Ogino, rómpanla, si pueden ponerle un poco de sangre, eso serviría para demostrar que ella ha muerto y que este desgraciado intentaba ocultar las pruebas.

-Comprendo… ¡Boh, no tardaré mucho, te los encargo!

-Cuenta conmigo Kohaku San

El dragón se apresuró corriendo por la escalera de piedra, su velocidad era muy superior a la del humano más rápido del mundo, no tardó mucho en llegar a la habitación de Chihiro en el Aburaya, se apresuró a buscar, guiado por su olfato, sabía que Chihiro no había permitido que lavaran su uniforme escolar, también sabía donde lo había escondido para evitar que Lin lo quemara o le hiciera algo, lo tomó entonces y salió corriendo de regreso a la antesala del túnel que conectaba ambos mundos, a gran velocidad recogió también el envoltorio, que efectivamente, era una bolsa de arpillera donde estaban ocultos los zapatos de Chihiro.

Minutos más tarde todos se encontraban reunidos en la puerta del túnel, los padres de Chihiro le estaban dando un último abrazo, ya habían sido presentados con el dragón, al cual Akio Ogino veía con suma desconfianza, más aun después de que este le pidiera a Chihiro que se cortara la palma de la mano para colocar rastros de sangre en la ropa de su uniforme, mismo que hizo jirones antes de meter a la bolsa de arpillera, aunque, debía aceptar que ese truco de la lucecita mágica lo había dejado impresionado, después de que lo hiciera, no había quedado ni una sola marca del corte que su hija se había hecho en la mano derecha.

-Cuídate mucho hija, -Dijo la señora Ogino abrazando a Chihiro- piensa en nosotros por favor.

-Lo haré mamá, cuídense también, no dejen de ir a rezar al templo, y grábenselo en el corazón, yo estaré bien aquí, seré feliz.

-En cuanto a ti… Kohaku –Dijo el padre de Chihiro sin dejar de golpear al dragón en el pecho con su dedo índice.- Como no protejas bien a nuestra hija…

-Lo sé señor, la protegeré con mi propia vida de cualquier peligro, no se preocupe.

-Más te vale, te estamos dando nuestro mayor tesoro.

-También es mi mayor tesoro… ella es la razón de mi existencia.

No lo demostró, pero aquellas palabras habían tranquilizado el corazón de Ogino Akio, quien terminó dándole la mano a Kohaku en señal de paz, luego de lo cual, tanto él como su esposa dieron un último abrazo y un último beso a su hija, para poder salir antes que Hibiki y el secuestrador de su hija, ninguno volteó atrás, para cuando salieron del túnel ya no recordaron nada, sin embargo, al encontrarse con que el secuestrador iba esposado y luego de ver el contenido de la bolsa de arpillera, ambos se abrazaron llorando mientras el oficial Hibiki llamaba a su jefe para informar la situación, era un hecho, habían atrapado al cerebro detrás del secuestro de su pequeña hija, la cual había debido morir en el proceso.

...

Notas de la Autora:

Mil disculpas, mi laptop murió y apenas logré conseguir que me mandaran mi respaldo desde casa de mis padres ;_; así que, de nuevo, mil disculpas, en todo caso, espero que este caótico capítulo no haya estado muy reborujado, por cierto que... si, decidí que Chihiro se quedara en el Mundo Espiritual, hay otro fanfic por ahí en la sección inglés titulado "Crossing Over" de pooky11602 bastante bueno donde es Haku el que decide convertirse en humano, a mi me encantó, de hecho me dio un par de ideas para convertir a Chihiro en espíritu, no sé, tal vez haga una traducción más adelante sobre ese maravilloso fanfic, por mientras, espero que este cap haya sido de su agrado, si fue así y si no lo fue, no dejen de mandar un review a esta humilde escritora, que por cierto, debo agradecer esta semana a Elhier por su comentario.