Disclaimer: Los personajes que se reconozcan de la obra maestra de Narnia le pertenecen a C.S Lewis. Los demás le pertenecen a Selene Antilles.
Summary: Inglaterra y la guerra han separado a los Pevensie, Peter se une al ejército para escapar de la tensión de su familia. Alguien tiene que salvarlo -enseñarle a amar Inglaterra otra vez- antes de que sea pero quien? Peter/OC
Capitulo IX- Cobardía y Filosofía
Los siguientes dos días del torneo de tiro con arco pasaron, un tiro perfecto tras otro. Rachel quería salir de su piel. No importaba lo mucho que lo intentara, era casi imposible evitar a Tal y a Peter. Cada vez que se daba la vuelta, allí estaba alguno de ellos. El tercer y último día de tiro con arco, estaba a punto de ofrecerlos a ambos como objetivos.
Sus planes para un baño relajante habían sido frustrados varias veces en esos horribles días, y recurriría a medidas desesperadas para asegurarse de que tendría éxito. Había pedido a Salia que distrajera a Tal en lo que terminara el torneo y se iría unos minutos antes, ya que Peter no podría seguirá porque Stilian había pedido que él presentara el premio al arquero ganador. Rachel regreso al palacio con segundos de sobra.
Se hundió aliviada contra la puerta, le coloco el seguro por si Peter decidía ir a su habitación. Había usado a propósito un vestido sin corpiño para poder quitárselo con facilidad, dejo el vestido marrón chocolate en el suelo. Los zapatos y la ropa formaron un camino al azar hacia la tina de la esquina. Salia había preparado amablemente su baño y lo calentó suficiente para que durara un buen rato. Rachel pasó las piernas sobre el borde de la bañera de plata, hizo una mueca de alegría pura al sumergirse en el agua humeante. Quito su cabello, para evitar que se mojara, se dedico a una larga siesta para descansar.
Un golpe suave, pero insistente saco a Rachel lentamente de nuevo a la conciencia. Sus ojos se abrieron atontados al notar que el agua ya estaba a temperatura ambiente. Oyó más atentamente los golpes, y se cubrió el rostro con las manos.
– ¿Quién es? .Grito irritada.
– Es Kaili. Una voz melodiosa respondió desde el exterior. Rachel salio disparada del agua, tomando una toalla en el camino. Hizo su camino a través de la desordenada habitación y abrió la puerta, sus mejillas rojas por la vergüenza.
– ¡Lo siento mucho! ¡Creí que era Peter! Se disculpo.
Los ojos de Kaili se abrieron -¡Oh no, lo siento yo! No quise que saliera de su baño.
– No, esta bien. De todos modos, estuve ahí mucho tiempo. Entre Su Majestad. Rachel abrió mas la puerta para que la reina Kaili entrara.
– Oh por favor querida, somos amigas ¿cierto? Mujeres al menos, Kaili estará bien.
Rachel rió cerrando la puerta – Por supuesto ¿desea sentarse? Perdón por el desorden.
– Esta bien. Mis habitaciones están igual de desordenadas. Confeso Kaili con una sonrisa de niña.
– Es bueno saberlo. Permítame vestirme y regresare. Rachel tomo su vestido del suelo y fue a cambiarse. Cuando salio, Kaili había encendido una vela para alumbrar la penumbra del anochecer.
– Bien ¿A que debo el honor? .pregunto Rachel sentándose poniendo sus manos sobre la mesa.
– Oh, yo solo quería asegurarme de que estabas bien-
– ¿Bien?
– Parecías muy apresurada hoy. Creí que algo estaba mal-
Rachel se sonrojo – No, nada malo. Solo estaba frustrada.
– ¿Con que? ¿O quien?. Kaili levanto una ceja, haciendo que Rachel se ruborizara más y apartara la mirada.
– Supongo que lo sabes. Murmuro.
– Bueno lo sospechaba. Ha sido un poco… exagero estos últimos días. Admitió Kaili.
– Me ha estado asfixiando. Ambos lo han hecho.
Kaili la miro - ¿Ambos?
– Oh bien, no hay otro. Rachel rodó los ojos. – Si no fueran tan molestos me halagara. Si uno de ellos no me volviera loca.
– ¿Cuál?-
Rachel la miro confundida – Bueno Peter, obviamente. Es decir no hay duda de que allí no hay nada.
– ¿No lo hay?. Pregunto Kaili.
– ¡No! Por supuesto que no. No pensaste que entre Peter y yo había algo. La risa de Rachel llegaba a la histeria – Por supuesto que no, solo fue un beso, eso no significa nada. Yo estaba allí y necesitaba a alguien, él no me quiere, es solo un bueno para nada y… Kaili se levanto y abrazo a Rachel que soltaba lagrimas frustradas.
– Shh… Esta bien. Déjalo salir. Murmuro frotando círculos en su espalda. Rachel lloro en silencio contra su hombro hasta que sus ojos estuvieron rojos e hinchados, pero por fin secos. Se aparto secando sus mejillas.
– Lo siento. Empezó, pero Kaili levanto una mano.
– Es obvio que lo necesitabas. Digo mientras toco una campana. Unos momentos después una criada toco la puerta y Kaili pido una jarra de te – Ahora ¿Qué paso?. Pregunto poniendo una mano sobre el hombro de Rachel.
Rachel apoyo sus codos en la mesa y su cabeza entre sus manos - ¡No se que hacer Kaili! Estoy muy confundida. Estoy en otro mundo. Tal vez estoy soñando… No, no, estoy loca.
Kaili tomo una taza que estaba junto a la mesa cuando la criada llevo la jarra de te. La vertió y le entrego la taza a Rachel – Estas despierta, pero no puedo garantizar que estas perfectamente sana.
Rachel rió suavemente y tomando delicadamente el líquido caliente, pregunto -¿Stilian te persiguió?.
– ¿Perseguirme? Se podría decir que eso. Pero como dije realmente vine de visita a Narnia y nunca me fui. Tuvimos un extraño noviazgo- dijo Kaili mirando a su taza de te.
Rachel escondió una sonrisa detrás de su mano y tomo un sorbo pensando - ¿Cuándo lo supiste? Me refiero a que ¿Cuándo supiste que él te amaba?.
Rachel levanto una ceja – Creo que fue cuando él mismo me lo dijo fuera de mi ventana. Nunca ha sido alguien sutil.
– Oh. Rachel frunció los labios - ¿Y tú? ¿Cuándo supiste que lo amabas?
– Creo que fue en el momento en que dijo que moriría…
– Bien, lo entiendo. Rió Rachel secamente.
– De verdad Rachel, cada amor es diferente. No creo que Peter sea del tipo que se pone de pie frente a la ventana de una mujer y lee poesía, pero eso no quiere decir que no sienta algo.
– Pero él no siente algo. Solo juega conmigo, porque no le agrada Tal.
– ¿Tal?.
– Es un medico de una isla. Es dulce, compasivo, respetuoso. Todo lo que Peter no es, por supuesto que no le agrada. Se burlo ella.
– Por supuesto que no le agrada. Le gustas.
Rachel rió sin humor – No, no lo hago. Él solo me molesta y disfruta hacerlo.
– Si no te importa que lo diga, pareces muy insistente en señalar una y otra vez que no le gustas. Sabes, por lo general eso significa que ya estas locamente enamorada. Kaili sonrió con picardía, guiñándole un ojo.
– ¡Kaili! ¡Eso no es cierto! Peter es un… Bueno él es…
– ¿El amor de tu vida?.
– ¡No!. Se quejo Rachel quejándose en su taza de te, incapaz de encontrar una respuesta adecuada.
– Bien, tal vez eso fue algo exagerado. Pero ahora, ¿admites que tienes sentimientos por él?. Rachel froto su frente.
– No lo se. Sinceramente no lo se. En un momento siento que puedo ahogarme en sus ojos, no importa lo cursi que sueñe, y luego quiero asesinarlo.
– Dime Rachel ¿te has enamorado antes?.
Miro a los ojos de la reina, nerviosa – Creí que lo estaba, una vez. Pero ahora no estoy tan segura. Sin duda nunca fue tan confuso como ahora.
Kaili sonrió ligeramente cuando se levanto – Piensa en lo que te acabo de decir. Y luego, ponte ese hermoso vestido blanco que vi en tu armario y ve con Peter a la cena. Con eso se fue. Rachel se quedo mirando la puerta cerrada, confundida, inquieta y tal vez un poco emocionada.
Rachel siguió el consejo de Kaili y uso el vestido blanco. Se ajusto a sus curvas como si hubiera sido hecho para ella, y casi parecía flotar a su alrededor. Lo admiro en el espejo, torciéndose de un lado a otro. El vestido era sorprendentemente medieval, y se cruzo por su mente que la costurera debía de ser una de esas ninfas. Rachel envidiaba su confianza. Incluso en ese vestido, se sentía fuera de lugar. No era que fuera tímida, se sentía… ansiosa. Su charla con la reina la había llevado por un camino que no había pensado antes. Miro el reloj que Peter había dejado para ella. Tomo una respiración profunda. Paso sus manos por los muslos, alisando las arrugas imaginarias.
– Ahora o nunca. Murmuro, pero en vez de eso, tomo su uniforme doblado en el armario. Saco un paquete de cigarrillos del bolsillo y encendió uno con una de las velas de la mesa. Apoyada en el marco de la puerta que daba al balcón, vio como los anillos de humo se filtraban en la noche.
– Sabes, dicen que esas cosas pueden matar. Dijo una voz desde el otro lado de la habitación. Rachel se sobresalto y se dio la vuelta. Peter estaba apoyado en la puerta, sosteniéndola con una mano para mantenerla abierta.
– Inclusa las enfermeras tienen sus vicios. Replico ella. Peter levanto una ceja en broma y ella se sonrojo, sabiendo lo que ella estaba pensando -¿Qué haces aquí Peter?.
– Me dijeron que me acompañarías a la cena.
– Oh bien. Rachel apretó el cigarrillo contra la pared de piedra y lo dejo caer en la taza vacía de la mesa e hizo su camino alrededor de la cama – Bien, vamos. Peter se hizo a un lado para dejarla pasar, pero se quedo sin aliento cuando la luz más brillante del pasillo la ilumino.
– ¿Qué?.
– Ah, nada. Te ves hermosa… Eso… Eso es todo. Balbuceo.
– Oh, gracias. Rachel aparto su mirada, poniéndola en el reloj, la escalera, las velas. Coloco un rizo rebelde tras de su oreja. Peter cerró los ojos, dejando que la imagen de la aburrida enfermera Winstrom entrara en su mente. Lo último que necesitaba era una niña ingles, se recordó, tratando de apartar de su mente preguntas como ¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo?. Suspirando cerro la puerta con fuerza, sobresaltándolos a ambos. Hizo un gesto hacia las escaleras y rápidamente las bajaron. Llegaron al escalón mas bajo. Rachel estaba a punto de entrar a la sala del banquete, pero el ligero toque de Peter en la parte baja de su espalda, hizo que continuara caminando por el pasillo.
– ¿A dónde vamos? ¡Creí que íbamos a cenar!. Exclamo ella, ignorando el calor que la mano de Peter vertía a través de su vestido.
– Vamos. Pero creí que te gustaría disfrutar de algunas fiestas locales. Peter sonrió.
– ¿Fiestas…Locales?.
Luciérnagas y velas emitían un resplandor romántico sobre la fiesta en el huerto que estaba un poco más allá de las tiendas. La música flotaba en el aire fresco. Los faunos y criadas bailaban danzas elaboradar, cada uno tratando de superar al otro. Los narnianos aplaudían y la alegría llenaba a los bailarines, todos junto a una hoguera que los alumbraba y calentaba. Peter entro sonriendo y detuvo una gran olla llevada por varios ratones.
– Dos tazones grandes por favor. Los ratones asintieron amablemente y se dedicaron a llenar los tazones.
– ¡Aquí están Su Majestad! Fue un honor. Uno de los nobles ratones se inclino al punto de que su nariz casi tocaba el suelo. Peter hizo lo mismo con una reverencia exagerada. Rachel soltó una risita, mientras Peter la jalo junto a él.
– ¡Ah Peter!. Él sonrió descaradamente y se irguieron, Peter le entrego un plato de estofado. Alp troto y se acostó junto a ellos, con la cabeza apoyada sobre sus patas. Rachel escondió su vestido alrededor de las rodillas y comió la comida.
Paso por lo menos una hora antes de que hablaran. Rachel se inclino sobre el hombro de Peter, su pelo rozando su barbilla. Peter noto que no llevaba el perfume de lavanda celestial antes de recordar que de seguro estaba en Inglaterra. La pequeña botella de vidrio, que probablemente era su perfume favorito, estaba a kilómetros y años de distancia, fuera de su alcance. Peter negó en su mente, estaba decidido a mantener su promesa de no pensar en Inglaterra, pero la presencia de Rachel dificultaba el trabajo.
Todo lo que hacia y decía servia para recordarle ese país devastado por la guerra y que había desgarrado a su familia, sin embargo, se sentía atraído por ella. Algo en ella provocaba sentir el impulso de tomarla en sus brazos y besarla sin sentirlo. El beso que habían compartido se negaba a salir de su mente. Cuando ella hablaba, él estaba fascinado por sus labios. Cuando dormía, todo lo que veía era sus parpados cerrados y su pelo sobre la almohada iluminada por la luz de la luna. Y cuando la vio con ese medico irritantemente perfecto, sintió ganas de perforar una pared.
El sonido de la voz de Rachel interrumpió sus reflexiones – Me encantan los niños.
Peter frunció el ceño y bajo su mirada hacia ella -¿Qué?
Riendo en voz baja, hizo un gesto a un grupo de niños jugando entre los bailarines. Vieron como un niño abrazo a una niña y la beso en la mejilla – Me encantan los niños. La gente piensa que son inocentes, pero eso no es lo que los hace increíblemente simpático, ellos experimentan todas nuestras emociones. La alegría, la tristeza, el odio, el amor… La única diferencia entre nosotros los adultos y ellos, es que ellos tienes el coraje de actuar sobre sus sentimientos…
– Y nosotros no. Termino Peter en voz baja. Ella asintió. – Rachel yo…Vamos a bailar. Cambio su frase a último momento, la imagen de que lo rechazara lleno su mente, se puso de pie y extendió una mano hacia ella.
Rachel lo miro y frunció el ceño – Dijiste que no te gusta bailar.
– ¡No, no! ¡Ese es Edmund! Pero no te dejes engañar. Es capaz de bailar alrededor de su ropa interior si piensa que así impresionara a una chica.
Rachel soltó una carcajada, mirando al fuego y luego a él. – No, en serio. Me dijiste que no irías al baile porque no te gustaba toda esa música moderna… ¡Oh! Ya veo. Con los labios apretados se levanto, haciendo caso omiso de la mano de Peter -¿Vamos?
Una sonrisa cruzo los labios de Peter y tomo la mano de Rachel, llevándola hacia el circulo de los bailares. Puso su mano en su cintura, tomando el ritmo del baile, dándole vueltas y vueltas. Su vestido se arremolinaba alrededor de sus pies, su cabello viajaba en el aire. Rachel se echo a reír alegremente cuando la levanto y Peter le dio vueltas en sus brazos cuando la canción termino. Empezó una nueva canción, mas lenta, Rachel puso sus manos en sus hombros. Sus dedos jugaban con el cabello de su cuello. Sus ojos viajaron por la cara de Peter, murmuro en voz baja – Necesitas un corte de pelo.
– Tal vez deberías hacerte cargo de eso. Susurro él inclinándose hacia ella.
– Tal vez deberia. Rachel inclino la cabeza hacia un lado, dejando caer sus parpados.
– ¡Rachel! Pensé que podrías contarnos acerca de Bitacion. Una voz grito, los dos saltaron y se separaron, aunque la mano de Peter continúo en su cintura.
– ¿Disculpa?. Pregunto ella, tragando saliva y parpadeando, metió un mechón de cabello detrás de su oreja.
– ¿Una historia? Acerca de su mundo. Así sabremos como es el mundo de donde los Reyes y Reinas de Antaño vinieron. Al igual que tu, claro. Su Majestad. Dijo Alp haciendo un gesto de respeto con la cabeza.
– ¿Qué yo les cuente? Pero ¿Por qué no Peter?. Protesto Rachel.
– Su Majestad ya nos ha dicho muchas historias de la Edad de Oro y del Rey Caspian. Es tu turno. Alguien bromeo.
Rachel miro a Peter con preocupación, casi pidiendo permiso para hablar de Inglaterra. Él se encogió de hombro sin comprometerse y miro a otro lado – Um, bueno supongo. Alguien le dio una silla, Rachel se sentó.
– Veamos… No se por donde empezar. ¿Qué les gustaría saber?
– ¿Cómo es la gente?. Pregunto una driada.
– Buenos ellos se parecen mucho a la gente de aquí, supongo. Es una cultura muy diferente, solo hay seres humanos y animales que no pueden hablar.
– ¿Solo bestias tontas?.
– Hmmm. Rachel asintió confirmando.
– ¿Y la música? Dijo un fauno.
– ¡Oh, es muy diferente! Se llama jazz. Hay muchas trompetas y canciones de amor. Rachel sonrió.
– ¿Trompetas en la música?
– Si. Y usamos la radio para hacer anuncio en vez de mensajeros. Al ver su mirada pérdida explico – Es una pequeña caja por donde se envía sonido y se oye música, noticias, ese tipo de cosas. La mayoría de ellos aun se veía confundidos, pero algunos pretendieron que habían entendido lo que quería decir.
– Dicen que los reyes y reinas siempre llegaban con ropa extraña. Recordó un enano.
– Eso es cierto. En Inglaterra, los hombres usan trajes o uniformes, como pantalones y un abrigo y a veces las mujeres también.
– ¿Las mujeres usan pantalones?.
– A veces. Un puñado de personas la miro escandalizado, pero las mujeres actuaron como si fuera una buena idea.
– ¿Y que pasa con las estrellas?. Pregunto un centauro desde atrás.
– ¿Las estrellas?.
– Los centauros estudian las estrellas. Gruño Peter explicándole, su barbilla apoyada en su mano.
– Oh. Bien, no se mucho acerca de las constelaciones, pero estoy casi segura de que son muy diferentes a las de aquí. Esta Acuario y Orión. Cada noche, siempre miro por la venta y veo a Orión, es la mas fácil de conseguir. Son tres estrellas brillantes que forman un cinturón.
– Luego esta la Lira. Tiene una historia muy triste. Orfeo era el músico más grande del mundo, su amor fue tomado por el dios del inframundo, Hades. Orfeo toco la melodía más bella jamás escuchada. Y fundió el corazón de Hades, y decidió liberar a su amor, pero Orfeo rompió un pacto, en el que había prometido no mirarla hasta que regresara a la superficie. Hades le llevo con él de nuevo hacia el inframundo y Orfeo no la volvió a ver hasta que murió. Dicen que los dioses pusieron la lira en el cielo para recordarnos el poder del verdadero amor.
Alp limpio una lagrima de su ojo con la pata, resoplando – Esa es una historia hermosa.
Rachel sonrió – Si, lo es. Miro a Peter, su mandíbula y puños estaban apretados, pero las comisuras de su boca estaban ligeramente hacia abajo.
– Cuéntenos mas, Lady Rachel, háblenos de sus vidas en ¿Cómo se llama?
– Inglaterra. Yo soy de Londres, que esta en Inglaterra. Es la ciudad capital. Peter es de cerca de Londres, creo. Hertfordshire ¿cierto?
Peter se puso de pie de inmediato, abriendo y cerrando las manos – De Finchley. Escupió – Pero yo no soy de ninguna parte cerca de Londres. Maldita sea, yo soy de Narnia. Con eso se giro y se fue, evidenciando su enojo en sus fuertes pasos.
Rachel se levanto, estirando una mano para detenerlo, pero él ya se había ido - ¡Peter espera! ¡Peter!. Miro al grupo asombrado, agradeciendo que ya muchos se habían ido – Disculpen. Levanto su falda, y corrió hacia la dirección que Peter había tomado.
– ¿Peter? Peter por favor. No seas ridículo. Eres demasiado sensible. Grito, sabiendo que estaba cerca.
– No lo soy. Respondió saliendo detrás de un árbol, sus brazos estaban cruzados sobre el pecho, desafiante.
Ella dejo escapar un suspiro. Si lo eres. Eres un tonto que no quiere madurar.
– Dilo de nuevo.
– Madura.
Peter se acerco, con las manos cruzados en su espalda -¿Qué te hizo contar la historia de Orfeo y su esposa?.
– ¿Por qué no?.
– No lo se. Has sido muy filosófica esta noche.
– ¿Eso es un problema?.
Él negó con la cabeza – No. Es solo curiosidad, eso es todo. Generalmente eres muy sencilla. No tienes problemas para hacerte oír. Pero me parece que estas esquivando algo.
Rachel se tenso y su postura se enderezo, poniéndose a la defensiva – He pensado lo mismo de ti toda la noche.
– ¿Lo haces ahora?. Su voz era mas suave, de repente, él estaba demasiado cerca, pero ella no hizo nada para alejarlo.
– Si. Susurro Rachel.
Peter levanto una mano y ligeramente paso una mano por el cabello de Rachel -¿Y que crees que pudo estar esquivando?
– Yo no… no estoy segura. Sus ojos se cerraban por el sueño, pero por las diminutas ranuras que quedaban solo podía centrarse en sus labios.
– Yo tampoco. Su voz era tranquila y la brisa fría se mezclaba con la nieve que caía suavemente. Mantuvo su calor con sus brazos, mientras los labios de Peter se posaban en su frente – Yo tampoco. Susurro él de nuevo. Ambos sabían que esa era una mentira cobarde.
¿Y que opinan? Amo a esta parejita, mee encanta *-*. Espero que les haya gustado.
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