N/A: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K. Rowling (salvo los inventados por mí) y no tengo intenciones de lucrar!!

N/A: Espero les guste este fic, y recibiré los reviews encantado!!!


Capítulo 9

Al otro día Harry se despertó abruptamente en su nueva cama de su nueva habitación. Aún desorientado, en cuanto abrió sus ojos no reconoció su cama ni el techo ni nada, y le costó algunos momentos darse cuenta de que ya no estaba más en el orfanato; era la primera vez que dormía en otro lugar que no fuera sobre el vetusto colchón de la institución que tanto había odiado o en una pequeña cama de un armario.

Unos golpes en la puerta lo hicieron saltar de la cama; vagos pero intranquilizantes recuerdos lo asaltaron de cuando los bravucones del orfanato hacían lo mismo sólo para molestarlo, pero el grito de su padrino Sirius desde el otro lado de la puerta lo calmó.

"Harry! Despierta, muchacho! Te queda poco tiempo para tomar tu desayuno!"

"Estoy despierto! En unos minutos estaré listo!" Respondió también con un grito. De pronto recordó lo que la profesora McGonagall le había dicho el día anterior: que las pruebas de Quidditch eran luego del desayuno.

"Maldición, estoy retrasado!" Gruñó mientras iba al baño a tomar una ducha; había pensado en ello toda la noche: darse una reconfortante ducha por la mañana, un lujo que nunca había podido darse en el orfanato.

***HP***

Algunos minutos después, luego de perderse por los pasillos de la planta baja pudo llegar finalmente al Gran Comedor, aliviado; aún había algún que otro alumno desayunando. El sol se filtraba por las altas ventanas y llenaba el ambiente de una calidez que Harry apreció con una sonrisa, y mientras iba caminando hacia la larga mesa de profesores recordó lo que Sirius le había dicho, sobre que Hogwarts tendría que haber sido su segundo hogar.

Lo que hubiese dado por ello! Estudiar magia en un colegio de esas características y rodeado de muchachos y muchachas de todas las edades hubiera sido genial, mucho más que su horrible vida llena de falencias y tristezas. Notaba el ambiente cargado de energía, y alumnos vestidos de bordó y dorado, colores que Harry sabía ya que pertenecía a la casa del equipo de Quidditch que ese día haría las pruebas.

Entusiasmado por el hecho de poder presenciar un deporte mágico con escobas que volaban ni se dio cuenta de que Hagrid aún lo esperaba en la mesa, con su desayuno listo.

"Buen día Jeremy! Creí que ya no vendrías a desayunar! Has pasado una buena noche?"

Harry se sentó y mirando atónito los huevos, el tocino, la manteca y los panes contestó: "Sí, gracias. A decir verdad… no creo haber dormido así de bien en mucho tiempo."

"Me alegra escuchar eso, muchacho!" Le dijo. "Ahora come rápido, las pruebas de Quidditch ya han comenzado."

"Qué? Ya? No quiero perdérmelas!"

"No te preocupes, duran algunas horas. Es cierto lo que me ha contado McGonagall? Sobre que nunca has visto un partido de Quidditch?"

"Sí, es cierto. Viví en un orfanato hasta ayer a la mañana, y Sirius me contó que mis tíos aborrecían todo lo relacionado con la magia."

La cara de Hagrid se frunció. "Tus tíos… esos pelmazos… que en paz descansen, lo siento Jeremy." Dijo disculpándose.

"Está bien, fue hace casi seis años, no te preocupes. Además eran unos pelmazos y además nunca me dijeron nada sobre magia ni sobre mi madre o mi padre."

Harry se dispuso a tragarse los huevos con tocino cuando Hagrid le posó una mano en su hombro que casi lo destartala.

"Sabes? Yo fui el primero que llegó a la casa de tus padres cuando quien-tú-sabes la destruyó, y…"

"Sí, lo sabía. Sirius me lo ha contado ayer." Interrumpió Harry, y prosiguió. "Aunque aún no comprendo por qué me tuvieron que dejar en la casa de mis tíos."

"Créeme muchacho, a nadie le gustaba la idea de dejarte en manos de esos muggles, pero Dumbledore tenía sus razones…"

"Oh, sí claro." Pensó sarcásticamente Harry.

"Buen día profesor Hagrid." Dijo repentinamente una voz que hizo que Harry levantara su vista. Hermione se había aparecido frente a la mesa de profesores sin que él se diera cuenta, ensimismado en sus pensamientos y en el suculento desayuno que por primera vez podía dejarlo totalmente satisfecho.

"Hola Granger, te puedo ayudar en algo?" Le respondió Hagrid.

"En realidad venía a buscar a Jeremy Harrison, la profesora MdGonagall me dijo que podía acompañarlo a las pruebas de Quidditch."

La muchacha hablaba tan rápido debido a sus nervios que Harry apenas podía seguirla; Minerva no le había dicho que sería ella la que lo acompañase a presenciar las pruebas, y esperó que fuera menos estricta y severa que el día anterior durante su recorrida por el castillo y los terrenos.

"Irás a presenciar las pruebas, Granger? Vaya, será tu primera vez creo." Dijo Hagrid sorprendido.

"Sí, es que… bueno prefiero hacer otras cosas antes que ver Quidditch."

"Sí, como leer libros en la biblioteca o regañar alumnos." Pensó Harry un poco fastidiado; hubiese preferido a Sirius como compañía o a cualquier profesor, salvo ese de cabello grasoso y negro que se llamaba Snape.

"Bueno, entonces los dejo. Suerte Ha… lo siento, Jeremy. Estaré en las gradas observando las pruebas por si me buscas." Dijo Hagrid levantándose.

"Oh, me olvidaba." Agregó mientras se iba; se acercó a Harry y susurró: "Puedes visitarme cuando quieras, muchacho. Vivo en la cabaña que está al lado del bosque, tomaremos té y charlaremos un poco."

"De acuerdo, lo haré." Le contestó Harry un poco incómodo ante la mirada de Hermione. Se dispuso finalmente a devorar su desayuno cuando de pronto los platos y las jarras de jugo de calabaza desaparecieron.

"Qué sucedió? Aún no he comenzado a desayunar!" Protestó el muchacho.

"Los elfos no pueden esperar hasta la noche a que termines tu desayuno." Le contestó Hermione con fastidio. "Vamos de una vez, los aspirantes al equipo de Quidditch tampoco te esperarán eternamente."

***HP***

"Ahora, Demelza! Tu turno!"

El grito de la pelirroja capitana del equipo de Quidditch de Gryffindor retumbó en los oídos de Harry, quien con sus ojos abiertos no se perdía detalle de semejante demostración de habilidad sobre escobas voladoras. Hacía ya casi media hora que asistía a las pruebas sentado sobre las gradas (con Hermione sentada a su izquierda) y aún no salía de su asombro; definitivamente insistiría a Sirius que le enseñase a volar de esa forma. Sí él podía transformarse en un perro no tendría problemas en montar escobas.

"Muy bien Cormac!" Gritó una muchacha de cabello castaño claro ante una nueva atajada del que estaba frente a los aros de la izquierda del estadio.

"Dean! Katie! Vuestro turno, vamos!" Volvió a gritar la pelirroja, y al instante un par de escobas salían del suelo ganando altura y esquivando pelotas.

"Lo siento Hermione, cómo me has dicho que se llamaban esas pelotas?"

"Bludgers." Le respondió sin ningún tipo de interés y sin quitar su vista de un libro.

"Oh, entonces las que deben pasar por entre los aros son las…"

"Quaffles." Volvió a decir la chica sin dejar de terminar la frase de Harry.

El tal Cormac atajaba las Quaffles con mucho estilo, según creía Harry, y salvo por un tiro de Katie ninguna pelota pudo atravesar ninguno de los aros. Lo veía seguro de sí mismo, y bastante engreído a decir verdad ya que cada vez que detenía un tanto se daba el lujo de saludar al público, en especial a algunas muchachas que lo alentaban sin parar.

"Ese Cormac lo está haciendo bien, bastante mejor que el pelirrojo anterior, cierto?" Preguntó Harry sin importarle el poco interés de Hermione. La chica levantó su vista y observó al muchacho de la cicatriz oculta.

"McLaggen? No lo sé, supongo. Y ya te he dicho que el pelirrojo anterior se llama Ron y es amigo mío, hizo lo que pudo pero al igual que el año pasado sus nervios lo traicionaron."

Había bastantes espectadores diseminados por las gradas, casi todos vestidos de bordó y dorado; a veces aplaudían algún tanto o alguna atajada, a veces abucheaban algún fallo o gritaban ante un golpe o caída. No podía evitar pensar nuevamente en lo que su padrino le había contado sobre que Hogwarts podría haber sido su segundo hogar; podría haber sido él tan bueno sobre una escoba como lo había sido su padre? Habría acabado él en esa casa llamada Gryffindor, también como su padre?

"Parece un deporte increíble Hermione, por qué no te gusta?" Preguntó Harry con curiosidad.

"Nunca fui buena montando escobas. Además te he dicho que prefiero hacer cosas más interesantes antes que arriesgar mis huesos allí arriba."

"A mí me gustaría, a decir verdad." Contestó Harry ausente, soñando e imaginándose arriba de una de esas rápidas y ágiles escobas.

Hermione levantó su vista del libro y miró a Harry. "Tú? No lo creo. Sólo un mago o una bruja puede interactuar con una escoba mágica."

Harry puso sus ojos en blanco y suspiró ante la altanera respuesta de la muchacha. "Y tú cómo sabes que no soy mago?"

"Muéstrame tu varita."

"No… tengo."

"Has tenido alguna vez una varita mágica?"

"Pues… no, pero…"

"La profesora McGonagall no me ha dicho que eras un mago. Desconozco quién es el extraño que te acompaña a veces y por qué has venido a este castillo pero…"

"El extraño es mi padrino." Interrumpió Harry; jamás le mencionaría a esa muchacha que cuando llegó con Sirius a Hogwarts había visto ruinas en vez del castillo.

"Bien, como sea. El punto es que sin magia y sin varita no eres un mago."

Harry se quedó callado unos instantes mientras miraba cómo los cazadores seguían probando a McLaggen bajo las órdenes de la pelirroja.

"Puedo no tener varita, y sin embargo ser un mago."

La muchacha miró nuevamente a Harry, y por su rostro de exasperación supo que había dicho algo estúpido.

"La característica principal de un mago es su magia, Harrison. Y la magia, como todos lo deberían saber, encuentra su mejor catalizador en una varita mágica. Las varitas mágicas concentran el poder de la magia, lo aprovechan al máximo, por lo tanto sin varita no hay magia. Créeme, sólo un hechicero muy poderoso puede realizar magia sin varita, y sólo a veces."

La muchacha hablaba tan rápido que Harry ya no sabía si eran nervios o si sabía tanto que apenas podía procesar esa información en palabras.

"Bien hecho Cootie!" Felicitó en un nuevo grito la pelirroja; aparentemente haber derribado a un aspirante a cazador con una bludger era algo para aplaudir en el Quidditch. Al terminar su grito, miró por enésima vez hacia donde Hermione y él estaban sentados (Harry ya había notado que miraba hacia ellos de vez en cuando) y levantó su mano, seguramente saludando a su amiga; pero ésta seguía ensimismada en su estimado libro.

"Hermione!" La muchacha voló en su escoba hacia las gradas y se detuvo en el aire a unos pocos metros de ellos. "Hola!"

"Qué?" Se sobresaltó Hermione. "Oh, hola Ginny!"

"Qué haces aquí? Pensé que odiabas el Quidditch!" Le dijo sonriente pero con algo de cinismo en su voz.

"Yo?"

"Sí, tú! Nos dijiste en el desayuno que tenías algo importante que hacer!" Completó la pelirroja riéndose.

"No, pues sí la verdad… tuve que venir porque…"

"Sí, ya veo!" Le interrumpió Ginny aguantando más risas y mirando a Harry; un segundo después regresaba a toda velocidad hacia el campo de juego para seguir dando instrucciones. Hermione se había puesto de todos colores pero el muchacho aún seguía pensando en el tema de la magia y la varita.

"Entonces, quieres decir que sólo sabré si soy mago cuando pueda utilizar una varita?"

Hermione bufó. "No, eso no es suficiente. La varita elige al mago, y sólo cuando la tomas puedes darte cuenta si te pertenecerá o no."

Harry no comprendió una palabra de lo que decía la muchacha; igualmente, de dónde sacaría una varita? Quizá si se la pidiera prestada a Sirius…

Unos alaridos generalizados lo sacaron de sus pensamientos, y vio cómo un par de alumnos habían caído de sus escobas y yacían doloridos en el césped.

"Bien hecho Peakes!"

El grito de felicitación de Ginny llenó de orgullo al chico y levantó su bate agradeciéndole.

"Esa Ginny también jugará en el equipo?"

"Sí, es la capitana del equipo, y la buscadora. Por qué lo preguntas?"

"Por nada, me da la impresión de que sabe motivar a los jugadores."

"Sí, supongo." Contestó Hermione displicentemente; unos segundos después miró a Harry fijamente. "De qué colegio provienes? Si eres un alumno de intercambio temporal debes asistir a algún colegio, cierto?"

"De Saint Niklaas, en Londres."

"Saint Niklaas? Nunca he escuchado sobre él."

"Porque no existe." Pensó Harry poniéndose nervioso; el plan de Dumbledore y McGonagall era que si alguien preguntaba sobre su procedencia, ése sería el nombre del mismo. "Está en las afueras de la ciudad, hacia el norte."

"Y… debo suponer que no es un colegio de magia."

"No, no lo es." Contestó Harry nervioso.

"Pero…" Comenzó a decir la muchacha pero se detuvo, aparentemente sumergida en sus pensamientos. "No comprendo, por qué un colegio normal haría un intercambio con un colegio de magia como Hogwarts?"

"Mi colegio no hizo ningún intercambio con Hogwarts, es sólo una excusa para que el Consejo Escolar no pregunte."

"Y por qué querrían ocultarte del Consejo Escolar? Quién quiere ocultarte del Consejo?"

Las preguntas cada vez más directas de Hermione estaban poniendo en un aprieto a Harry, y decidió contestarle lo menos posible; era una chica inteligente, y ni Sirius ni Dumbledore querían que nadie supiera quién era él en realidad.

"Qué está haciendo Ginny?" Preguntó Harry intentando cambiar de tema; la chica volaba con su escoba a toda velocidad, girando y cambiando de rumbo constantemente.

"Está persiguiendo la Snitch."

"La Snitch? Debe ser algo pequeño porque no veo que persiga nada."

"Eso es porque es muy pequeña y muy rápida; puede estar horas intentando cogerla. Ella es buscadora, es su función atrapar la Snitch. No me cambies el tema, Harrison!" Le recriminó Hermione.

"De qué hablas?"

"Te he preguntado quién quiere ocultarte del Consejo Escolar, y para qué."

Harry suspiró del fastidio. "Dumbledore."

La chica desvió su vista hacia delante, confundida. Su ceño fruncido no significaban buenas noticias: seguramente seguiría preguntando.

"Dumbledore? Conoces al director de Hogwarts?"

"Sí, acaso tú no?" Le respondió Harry con sarcasmo.

"Pues claro que sí, Harrison! Pero sólo de vista, nunca he hablado con él…"

"Ya deja de llamarme Harrison, Hermione. Mi nombre es Jeremy." Dijo, presa de la confusión ante un nombre que no era el suyo. Pero la chica parecía no escucharlo:

"Por qué quiere Dumbledore ocultarte del Consejo Escolar?"

La insistencia de la muchacha colmaba los nervios de Harry. No podía decirle que ese no era el verdadero motivo de su presencia en Hogwarts. "Porque conocía a mis padres; ellos eran magos." Respondió más tranquilo ya que eso no era una mentira precisamente.

"Tus padres eran magos? Ellos… fallecieron?"

"Sí, hace muchos años."

"Lo siento, no lo sabía."

"Descuida."

Hermione, aún sentada al lado de Harry no sacaba su vista de él. "Pero Jeremy, si ellos eran magos quizá tú lo seas. No has tenido manifestaciones de magia de pequeño?"

"Sí, pero…"

"Quizá seas un mago después de todo. Aunque no comprendo por qué Hogwarts no te ha inscripto cuando cumpliste once años. Eso es imposible."

"No, yo tampoco lo comprendo, y tampoco Sirius o Dumbledore o McGonagall." Se dijo a sí mismo Harry, un poco apesadumbrado, y contestó: "Quizá porque no soy un mago después de todo."

"Sí, puede ser. Qué extraño." Agregó Hermione.

"Por qué lo dices?"

"Porque la magia es hereditaria… aunque podrías ser un Squibb… y también están los casos inversos, como el mío, ya que mis padres no eran magos y…"

Hermione se interrumpió ya que tuvieron que agacharse para que un jugador montado en su escoba no les arrancara la cabeza al pasar justo sobre ellos a gran velocidad. Harry dio un alarido de satisfacción ante tan temeraria maniobra pero Hermione siguió como si nada.

"… Y yo resulté ser una bruja… No lo sé, podrías no tener magia pero si has tenido manifestaciones mágicas no entiendo por qué no te han mandado la carta del colegio."

Harry ya no prestaba atención a las elucubraciones de la chica. Se había vuelto a entusiasmar con las escobas y sus maniobras, y se sumergió en los constantes vítores del público. La muchacha que se llamaba Ginny había pasado tan cerca de ellos que casi los pasó por encima; de pronto un brevísimo brillo dorado apareció a la izquierda de su campo de visión y cuando pudo enfocar su vista le pareció ver un destello que pasaría cerca suyo a gran velocidad, justo en sentido contrario a cómo había pasado Ginny unos segundos antes.

Y sin pensarlo siquiera, extendió rápidamente su mano y un pequeñísimo objeto golpeó su palma fuertemente, provocándole un intenso dolor; la cerró en un puño para que no se escapara. Un extraño zumbido le hacía vibrar su adolorida mano, y creyó que había atrapado un gran insecto del tipo a una chicharra o un abejorro.

Algo sintió en el ambiente: un murmullo proveniente de la mayor parte de los que asistían las pruebas en las gradas se había generalizado, y notó además la mirada penetrante y de profunda sorpresa de Hermione; tenía sus ojos y su boca abiertos.

"Tanto problema por un insecto? Estarán protegidos en Hogwarts?" Pensó frunciendo su ceño y abriendo su palma lentamente.

Pero en vez de ver escaparse algún insecto grande y negro, una extraña y pequeña bola dorada permanecía en su palma, zumbando y agitando sus alitas.

***HP***

"Te digo que es un muchacho extraño! Le he preguntado algunas cosas y me dio la impresión de que estaba mintiéndome!"

La queja de frustración de Hermione provocó bufidos de exasperación en Ron y Ginny, quienes se hallaban descansando en uno de los sillones de la sala común de Gryffindor.

"Seguramente porque te has puesto fastidiosa, ya déjalo en paz!" Dijo Ron.

"No me puse nada, Ronald! Sólo le pregunté cosas que cualquiera le hubiese preguntado!"

"Pues yo no." Contestó el pelirrojo encogiéndose de hombros.

"Pues deberías! Cosas horribles están sucediendo todos los días afuera del castillo, quién sabe si Harrison es alguien que no es lo que dice ser?" Clamó Hermione.

"De qué demonios estás hablando? Acaso crees que es un espía o algo así?"

La incredulidad de Ron estaba agotando la escasa paciencia de Hermione. "No lo sé, pero puede ser, o no?"

"Estás demente? No nos has contado que fue Dumbledore el que lo trajo al castillo?"

"Sí… no lo sé." Respondió Hermione pensativa. "Puede ser una trampa. Además cómo es posible que la profesora McGonagall o el profesor Hagrid lo traten como si fuera un conocido de siempre! Incluso el profesor Snape parece odiarlo, como si llevara años odiándolo!"

"No lo sé Hermione!" Se fastidió Ron. "Ya déjalo, quieres?"

"No sentirás celos por la atención que los profesores le brindan, no?" Dijo Ginny por detrás del pergamino que leía.

"No se trata de celos, Ginny. Desconfío de él, eso es todo."

"Pues no tienes argumentos para desconfiar de él." Dijo Ron.

"Atrapó la Snitch dorada! Estaba sentado en las gradas y atrapó la Snitch Dorada! Dime cuántas veces has visto eso?"

"Un golpe de suerte, eso es todo." Murmuró Ginny, quien aún se debatía entre sentirse ofendida porque un desconocido haya atrapado la Snitch y no ella, o asombrada por lo mismo.

"Suerte? No estarás celosa por no haber podido atrapar la Snitch y él sí, cierto?" Le devolvió Hermione, con cinismo. Ginny bajó el pergamino y le sacó la lengua a modo de respuesta.

"Ustedes piensen lo que quieran, pero a mí Harrison me da mala espina."

"De acuerdo." Murmuraron en voz baja Ron y Ginny sin prestar interés alguno en la insistencia de la chica.

"Lo mismo que ese extraño que a veces he visto a su lado... si lleva siempre una capucha puesta, algo debe estar escondiendo."

Esta vez ninguno de los dos le respondió; Ginny seguía leyendo el pergamino y Ron se había recostado sobre el respaldo del sillón para estar más cómodo, cerrando sus ojos presa del cansancio por las pruebas y la frustración por no haber hecho una buena performance.

"Dime Ginny, cuándo nos dirás a quién escogiste para el equipo?" Preguntó Ron luego de un rato; la sala común estaba vacía ya que los alumnos se hallaban almorzando en el Gran Comedor.

"Mañana. Pondré el anuncio en las carteleras de los pasillos de la planta baja."

"Oh, bien... y dime, hermanita..."

"No insistas. No te diré nada y lo sabes."

"Pues podrías, no? Eres mi hermana después de todo!"

"Oh, quieres trato preferencial?" Preguntó Ginny con sarcasmo.

"No! Sólo que me digas si quedé en el equipo o no!"

"Te enterarás al mismo tiempo que todo el mundo... mañana!"

"Diablos Ginny! Sólo tienes que decir sí o no!" insistió Ron.

"Dedúcelo." Contetó parcamente Ginny.

"Que lo deduzca? Oh vamos Ginny, como voy a saberlo?"

"Pregunta a alguien que haya asistido a las pruebas." Dijo Ginny desganada.

"No haré tal cosa! Acaso crees que iré con un pergamino preguntándole a todos si estuve bien o no y escribiendo las respuestas?"

"Hmm... no creo que te convenga hacer eso."

"Qué significa eso?" Exigió Ron incorporándose y con sus orejas coloradas.

"Nada Ron, no significa nada!" Se fastidió Ginny. "Por qué no le preguntas a Hermione? Ella estuvo en las pruebas!"

Ron se sentó derecho en el sillón y mirando a Hermione preguntó nerviosamente:

"Hermione, has visto las pruebas, cierto? Cómo lo hice? Lo hice bien?"

"Hmm. lo siento, qué me preguntaste?"

Hermione estaba sumida en sus pensamientos sobre el extraño muchacho que decía llamarse Jeremy Harrison y el extraño que aparentemente era su padrino, y no había escuchado la pregunta interesada de su amigo.

"Que si lo hice bien!" Le contestó fastidiado Ron.

"Oh, pues yo... sabes que no me gusta el Quidditch, Ron."

"No quieres decirme, cierto? Crees que McLaggen lo hizo mejor que yo?"

Hermione abrió la boca pero no emitió palabra alguna; su amiga Ginny empero completó lo que ella iba a decir: "A Cormac sólo le convirtieron cinco tantos; ha hecho un muy buen trabajo."

"Lo sabía! Lo elegirás a él!" Se lamentó Ron.

"Elegiré al mejor guardián para el equipo, Ron." Dijo Ginny entre dientes y perdiendo la paciencia.

"Claro, es tu deber ya que eres el capitán del equipo." Agregó el pelirrojo con cinismo.

"Sí, y debo decirte que estoy conforme con el equipo que he podido conformar!"

"Eso espero, porque el puesto de buscador deja mucho que desear!" Siguió Ron cada vez más cínico. Ginny levantó la vista y clavó sus ojos en él con una mirada asesina.

"Sabes a qué me refiero! Te hubieses tardado siglos en atrapar la Snitch pero ese... Jeremy... sólo tuvo que estirar su mano para hacerlo! Y estaba sentado!"

El pelirrojo se levantó del sillón, cabizbajo, y con sus manos en los bolsillos se dirigió pesadamente hacia la escalera que llevaba a la habitación. Pero lejos de parecer furiosa, Ginny se mostraba intrigada y... curiosa; al igual que Hermione.