¡Hola gente bonita! Aquí me tienen después de dos semanas… creo que más o menos eso es lo que me estaré tardando en actualizar ya que la universidad y las atenciones de la casa no me dan tiempo (es difícil estudiar en otra ciudad y más si estas tu sola). Apenas dos semanas de escuela y ya tengo mil tareas, exposiciones y exámenes x_x, pero ni modos, hay que echarle ganas.
Hay buenas y malas noticias, la mala (que no sé si es tan mala) es que pues si, al fic le quedan pocos capítulos (no sé cuantos exactamente) y eso me hace estar muy triste porque realmente amo escribir La Sangre del Rey no ha Muerto. La buena (por lo menos para mí) es que estoy trabajando ya en la continuación (el primer capítulo está casi terminado), todo comenzó con un fic que iba a ser independiente que sería una parodia sobre Luffy después de convertirse en Rey de los piratas… pero después replantee idea y se convirtió en otra cosa totalmente diferente y que tiene mucha relación con el inicio de este capítulo. Ojala y si ustedes me dan la oportunidad estaremos discutiendo a finales de septiembre sobre este nuevo Fic (que aun no sé como titularlo y ya me duele la cabeza de tanto pensar).
Sin más por ahora me despido de todas ustedes con un besote enorme, ojala les este yendo muy bien… ojala todas fuéramos como Zilion que se la pasa de vacaciones jejeje. Gracias por sus comentarios y todos los lectores anónimos muchas gracias también.
Disclaimer: One Piece no me pertenece, todo es obra del ingenioso Oda-Chin
La Sangre del Rey no ha Muerto
Hotarubi
No lo entendía, ¿Por qué abrazaba con tanta fuerza a ese muchacho? Era como si no quisiera que se alejara de él, como si el simple hecho de romper su agarre le provocara un dolor incontenible. Lo miró una vez más, sin duda había visto esos ojos grises en otro lado pues conocía perfectamente la mirada de tristeza que le estaba mostrando. Si no fuera por los minúsculos detalles que conocía a la perfección pudo haber dicho que se trataba de él, pero sería algo ilógico… era verse como en un espejo.
Se inclinó sobre él para susurrarle algunas palabras, mismas que ni siquiera pudo escuchar a pesar de que era él quien las estaba emitiendo. Se apartó un poco y lo miró por última vez, le sonrió como nunca lo había hecho antes. Eran tan aterradores esos sentimientos que mantenía en su pecho que no podía hacer otra cosa salvo mirar como lentamente la imagen de ese joven se desvanecía frente a sus ojos, como esa imagen le arrebataba el aliento.
Abrió los ojos de golpe, su pulso estaba alterado y le dolía levemente la cabeza, tomó asiento pesadamente y trató de calmarse ¿Qué era ese sueño que acababa de tener? Nunca antes había visto a ese sujeto y mucho menos en el lugar donde lo había soñado, ambos de pie en la cubierta del Moby Dick. Suspiró inquieto, parecía todo tal real, como si se tratara de un recuerdo más que simples imaginaciones suyas.
Bellany aun se encontraba dormida al otro extremo del lugar, sonrió al verla, el día anterior había sido muy agradable pese a los malos momentos que llegaron a experimentar. Aun quedaban mínimas cosas que hacer en el barco de Muchi así que era mejor que se despabilara de una buena vez para poder empezar con el trabajo.
No parecía que justamente el día previo había estado despejado pues la mañana estaba acompañada por un viento fuerte y precipitación moderada. Afortunadamente el trabajo por realizar era desde el interior del barco, unos cuantos retoques a la carena y uno que otro pañol y todo estaría listo. Los golpes de los martillos resoban en el interior del barco, señal de que cada quien diligentemente se disponía a hacer lo que le correspondía. La humedad del ambiente comenzaba a cobrarles factura con el abundante sudor en sus cuerpos, era mejor refrescarse un poco antes de proseguir.
Ace en compañía de otros hombres que trabajan junto con él en la reparación de la carena se dirigieron a la cocina del navío para tomar algo fresco, ahí se encontraba Bellany con Makoto quienes conversaban amenamente mientras preparaban algunas bebidas para el resto de la tripulación.
-¡Makoto, necesito un trago de agua! –demandó uno de los acalorados hombres.
-Preparamos algo para ustedes –le ofreció un vaso con la bebida.
-Enseguida les serviré un poco a cada uno, tomen asiento por favor –dijo Bellany.
Repartió a cada hombre el líquido que sus sedientas y secas bocas pedían, por último se colocó detrás de la barra, Ace se acercó hasta ella.
-¿Cansado?
-Acalorado seria la palabra adecuada –se quejó el moreno.
-Es extraño que tu lo digas –le sonrió.
-Ser de fuego no me hace inmune al calor.
-Es lo que veo… ¿aun les falta mucho?
-Si seguimos a este paso terminaremos en unas tres horas –Colocó su vaso en la barra chocándolo levemente contra esta.
-¿Estás bien? –Lo miró preocupada.
-No tuve una buena noche, es todo.
-Si es por lo de ayer… -se apresuró a responder.
-No fue por eso – dijo inquieto Ace, quien con un ademan de su mano tiró el vaso de cristal al suelo haciendo que se fragmentara.
-Hoy estas muy distraído –lo miró con calma y después se agachó para recoger los trozos que habían caído de su lado.
-Lo siento mucho –expresó con un mohín.
Bellany se encontraba recogiendo los trozos de cristal cuando alguien descuidadamente tropezó con ella, empujándola y a consecuencia uno de los vidrios atravesó la palma de su mano provocando un incesante sangrado.
-Perdona no te mire allá abajo ¿Te duele mucho? –preguntó preocupado el pirata.
-Solo un poco – minimizó en un gesto de dolor mientras se detenía el sangrado con la otra mano.
-Está sangrando mucho – le dijo Ace mientras colocaba un pequeño trapo en la herida- ¡Oye, Makoto! –llamó al doctor.
-Ustedes siempre causando problemas –refunfuñó- Déjame ver…
-¿Cómo luce? –preguntó Hiken.
-Necesitara unas cinco puntadas, el equipo médico debe de estar en algún lado, iré por él. Aguarden aquí –Ordenó antes de marcharse.
-Realmente lo siento mucho Bellany- Chan –seguía disculpándose el hombre.
-No es para tanto, estoy bien –le sonrió.
-Ace, te encargaremos el cuidado de Bellany-Chan en lo que Makoto hace la curación. Regresaremos al trabajo.
-De acuerdo.
-Otra vez hago que pierdas tus labores.
-Esta vez será por poco tiempo, espero –le sonrió.
-No deja de sangrar –Miró el liquido oscuro que le escurría por el brazo.
-De cierto modo también fue mi culpa.
-Fue un accidente.
-Limpiare tu brazo –le dijo mientras tomaba una toalla.
-Es la primera vez que sangro de esta manera.
-Esto es solo algo pequeño –una sonrisa burlona se apoderó de su rostro.
-Como piratas debes de haber recibido muchas heridas, imagino que esto no debe de ser nada comparado con alguna que pudiste tener –expresó mientras observaba como limpiaba su brazo cuidadosamente.
-Hace mucho tiempo que no recibo un golpe –seguía centrado en la acción.
-Recuerdo que hace no mucho yo fui capaz de hacerlo y si mi memoria no me falla había un hilo de sangre –bromeó.
-Ahora podrás presumir que eres una de las pocas personas que pudo golpear a "Puño de fuego Ace" –dijo algo arrogante.
-Tal vez alguien me pida que le diga como lo hice…
-Sera una lástima porque solo funciona si se trata de ti –la miró a los ojos, ya había parado de limpiar y ahora con ambas manos se encargaba de sujetar la mano herida de Bellany.
-Tal vez haga que bajes la guardia y en esos momentos alguien más te ataque.
-Bien, no tengo miedo de eso.
-Seria un ataque sorpresa, podrías morir… -dramatizó.
-Como dije, no tengo miedo.
-¿Ni siquiera a la muerte? –preguntó curiosa.
-No –dijo sin vacilar ni un segundo.
-Entonces… ¿si murieras en estos momentos, no te arrepentirías de nada? –lo miró fijamente.
-Siempre he tenido una motivación principal por la cual he vivido… y ya la he encontrado desde hace algún tiempo, así que realmente no me importaría morir en estos momentos.
-Un hombre que no le teme a la muerte… eso es muy interesante.
-Sin embargo, aun tengo muchos pendientes que realizar, así que la muerte no está en mi lista de encuentros próximos –le sonrió.
-Has vivido siempre siguiendo tus convicciones, no hay nada de qué arrepentirse. Supongo que por eso el miedo no forma parte de tu vocabulario… después de todo es el gran impedimento para realizar muchas cosas –dijo con pesadez.
-No hay nada de malo con temer, yo temo incluso de algunas cosas… pero vencer esos miedos es lo que nos hace crecer y ser más fuertes –le acaricio la cabeza revolviendo sus cabellos azabaches.
-Es fácil decirlo.
-Tengo buenas y malas noticias –dijo Makoto que recién entraba a la cocina.
-¿Qué pasa? –preguntó Ace.
-La buena es que encontré lo necesario para curar a Bellany, la mala es que entre lo necesario no incluyo la anestesia –puso el botiquín en la barra.
-Seré valiente… o al menos tratare.
-Bien –comenzó a sacar las cosas.
-Que duela lo menos posible –le extendió la mano herida.
-Oye Ace ayúdame, sujeta su mano por favor, tratara de contraerla por instinto y podría lastimarse.
-¿Lista?
-¿No puede doler tanto o sí? – Resignada colocó la mano en la barra.
Con toda la firmeza que pudo Ace tomó su mano en un fuerte agarre para que ella no pudiera retraerla, pasó el brazo por debajo del suyo y Bellany se colocó detrás de él, recargándose en su espalda para así no poder ver la curación. No pudo evitar apretar con fuerza la cintura de Ace al sentir la aguja atravesarle la piel cortada, cada vez que esta se encajaba en su piel lo hacía, callando su grito en la espalda del moreno.
Cuando Makoto terminó de darle la última puntada sintió que pudo respirar nuevamente, su frente estaba sudada y la mano le dolía ahora más, pero la curación era necesaria pues la herida tenía algo de profundidad. Terminaron vendándole la mano para finalizar, le punzaba y apenas si podía moverla. Ace acercó una silla para que tomara asiento.
-Fuiste muy valiente Bellany-Chan –dijo Makoto.
-Pan comido –contestó sarcástica.
-¿Estás bien? –preguntó Ace.
-Sí. He resistido cosas peores –suspiró cansada.
-Debe de haber dolido mucho también –Sabia que se refería a la cicatriz de su espalda.
-Como no tienes una idea –agachó la vista para ver la mano vendada.
-Yo me encargare de Bellany, no te preocupes Ace.
-Lo siento mucho, no quise causarte este mal rato –Le dijo a Bellany.
-Fue un accidente, realmente no ha sido nada –le sonrió.
-Te lo encargo Makoto –se dirigió al hombre antes de salir.
Otro dolor mas para su cabeza, definitivamente ese no estaba siendo para nada su día. Podía sentir los dedos clavados de Bellany en su cuerpo, el ardor en su espalda por sofocar los gritos en ella. «Su espalda» pensó, después de todo, si había soportado esa gran quemadura algo como unas simples puntadas deberían de ser insignificantes. Pero eso no era lo que le agobiaba, ese simple suceso era posiblemente una probada de lo que podría ocurrir en el futuro.
Conocía perfectamente con el tipo de personas que se metería de llevársela a su lado, ya le había hecho daño una vez y de seguro no se tentaría el corazón para hacerlo de nuevo. Después de todo él era un marino, y no uno cualquiera como ella había mencionado con anterioridad, sumándole claro está a un sinfín de piratas y caza recompensas que tenia tras su cabeza. Así que ¿qué debería hacer? Posiblemente ella tenía razón, eso no podía ser, pues implicaba exponerla ante riesgos que tal vez no podría superar en ocasiones y no le cargaría la mano a su padre o al resto de la tripulación con problemas que no le competían. Sabía que si quería a Bellany a su lado debía protegerla por cuenta propia.
Entonces todo comenzaba a parecer más resignación que otra cosa, ¿suprimir sus sentimientos sería lo más adecuado? ¿Debería de seguir el ejemplo de ella? No, Portgas D. Ace nunca huía de una batalla y esta era una, la cual le importaba en gran medida y ese era precisamente el maldito problema: ya había perdido a un hermano y aun camarada, así que si había ocasiones en las que no podía proteger a sus seres queridos. La idea comenzaba a metérsele más en la cabeza ¿Qué pasaría si no fuera capaz de protegerla a ella de alguna amenaza? Principalmente "esa" que sabía perfectamente que sería su mayor problema.
El trabajo se volvió más pesado con sus preocupaciones en primer plano, la realidad que había evitado finalmente comenzaba alcanzarlo haciendo que se preocupara. Notó sus hombros caídos y ese semblante cansado, no era sin duda el andar estoico que siempre demostraba. Caminaban uno al lado del otro rumbo al manglar en pleno silencio, detrás de todos los hombres de Muchi. Ocasionalmente lo miraba de reojo, sin duda, algo estaba molestando al moreno.
-En verdad Ace, no te sientas culpable por lo esta mañana –lo tomó de la mano.
-No es precisamente eso –apretó los dedos de Bellany contra su palma.
-Te encuentras raro desde la mañana ¿Qué te pasa?
-Solo estaba pensando en algunas cosas, no me prestes atención.
-Si necesitas hablar sabes que estoy para escucharte.
-Lo sé –dijo casi en automático.
-Deberás darte un buen baño y descasar, creo que lo necesitas –dijo con preocupación.
-Si –respondió desganado.
-Ace, no me gusta verte actuar de esta manera –dijo con desazón deteniéndose.
-Disculpa, es solo que tengo en mente algunas cuestiones que no sé cómo responder –le sonrió apenas notoriamente.
-Las respuestas vendrán solas, no te angusties –suavizó su mirada.
-Espero que no tarden mucho en llegar.
-Si las apresuras entonces no tendrán tanto valor. Deja que todo fluya a su ritmo.
-Lo intentare –le sonrió.
-¿Qué te parece si te llevo a un lugar genial esta noche?
-Suena interesante –reanudó el paso.
-Es uno de mis lugares favoritos, tal vez te ayude a despejar tu mente.
-Ayudaría mucho.
Tal como propuso lo que hizo recién llegando a la choza 27 fue tomar una larga ducha, lo necesitaba y sus músculos tensos se lo estaban agradeciendo enormemente, para su fortuna podía calentar instantáneamente el agua haciendo así a un más placentero el baño. No saldrían hasta caída la noche así que tenía un par de horas para dormir y así cambiar el semblante de pesadez que mostraba su rostro.
Para cuando abrió los ojos ya todo estaba en penumbras, señal de que había dormido un poco más de la cuenta. Bellany de seguro no quiso despertarlo por la mala cara que tenia, dejándolo así descansar todo lo que necesitaba. La buscó con la mirada, la pequeña veladora que se mantenía en el centro del lugar le permitió divisarla dormida en un rincón recargada contra la pared. Se levantoóy camino hasta ella.
El crujir de la madera producto de las pisadas de Ace la despertó, realmente solo estaba dormitando. Lo examinó con la vista, lucia mejor sin esa fatídica mirada en su rostro.
-¿Haz dormido bien? –preguntó Bellany.
-Muy bien, gracias. ¿Te he despertado?
-No, solo estaba medio dormida. Esperaba a que despertaras, parecías estar muy cómodo así que decidí dejar que lo hicieras por cuenta propia.
-Ahora me siento renovado, ¿Ya es muy tarde para ir al lugar que mencionaste?
-No estoy muy segura de que hora sea exactamente, pero, estamos a buen tiempo.
-Vayamos –le extendió la mano para levantarse.
-No está muy lejos de aquí –tomó su mano.
El estrecho y resbaladizo sendero se iba ensanchando mientras más se introducían entre la espesura del bosque, era casi la misma ruta que usaban para ir a Alpinia, solo que a mitad del camino se desviaron hacia el este. Si no fuera por las llamas de Ace no hubieran sido capaz de ver nada, el camino estaba más oscuro de lo normal pues a pesar de que la lluvia estaba presente ningún trueno, rayo o relámpago hacía gala esa noche.
Tras caminar alrededor de 20 minutos Bellany se detuvo frente a lo que parecía ser un pequeño lago rodeado de abundante vegetación. Pequeñas flores violetas salían de alrededor colocándose en puntos estratégicos que hacían al lugar más vistoso. Le pidió a Ace que cesara en sus llamas, esperaron un par de segundos pero nada parecía ocurrir.
-Se supone que debería de estar lleno de cientos de luciérnagas –dijo con un mohín de enfado.
-Parece que hoy tomaron un día libre –bromeó.
-No es justo, hicimos todo el viaje hasta acá por nada… yo quería que las vieras.
-Seria un espectáculo bonito, sin duda.
-Yo que tenía tantas ganas –dijo con resignación.
-¿Te gusta mucho este lugar?
-Por este lugar encontré el manglar. Regresaba de Alpinia hacia Anemos, me desvié en el camino y termine en este lugar –se recargó en un árbol-. Fue muy hermoso, después de eso trate de encontrar el camino de regreso a casa y terminé topándome con el manglar…
-Entonces este es un lugar especial –recalcó Ace.
-Claro, gracias a este lugar nos conocimos hace un mes –le sonrió-. Pero es una lástima que las luciérnagas no quisieran mostrarse esta noche.
-Podemos hacer algo al respecto –Avanzó hasta quedar de frente a la orilla del lago-. No será lo mismo, pero, no está de más intentarlo.
No sabía exactamente lo que trataba de hacer Ace, lo miró extender sus manos con las palmas abiertas, concentrado con el mirar calmo. Sus manos comenzaron a tornarse fuego entre colores verde y amarillo brillante, desde la punta de sus dedos empezaron a salir pequeñas esferas brillantes de la misma tonalidad que la de sus manos.
Las esferas comenzaron a distribuirse por todo alrededor, dejando una leve sensación de calor cuando pasaban cerca de su cuerpo. Todo era tan hermoso y perfecto no importaba que fuera artificial, de hecho, prefería ese espectáculo al que la naturaleza le proveía. La lluvia lo estaba empapando y aun así no cedía de producir el brillo que emanaba de sus manos. Podía moverlas a voluntad así que las revoloteaba por encima del lago en una bella danza brillante.
Se acercó hasta él quedando a su costado, había aprendido a degustar cada una de sus facciones, especialmente su sonrisa que le provocaba tanta paz, tal vez era lo que más le gustaba de Ace; esa curvatura ascendente de sus labios que lo hacía lucir más encantador. Su mirada se desvío al espectáculo, mismo que parecía venir hacia ella.
Lo miró incrédula mientras el brillo de las esferas ahora la rodeaba a ella en una calmada coreografía, iluminando su rostro que era acariciado por las gotas de lluvia. La sensación cálida que emitían se sentía bien. Los minúsculos roces contra su piel eran casi como una caricia de Ace para ella. Atrapó una con la mano que no estaba herida, solo un segundo pues tuvo que soltarla para no provocar una quemadura de gravedad, después de todo se trataba de fuego.
Sus manos rosaban el contorno de cada una de las minúsculas bolas que estaban a su alcance, apenas lo necesario para que no quemaran sus dedos. Más que pendiente estaba Ace de los movimientos de Bellany que ya se había sincronizado perfectamente con la danza de su Hotarubi. No podía evitarlo más tiempo, no quería ni lo deseaba por todo lo que le había dado vuelta esa mañana tras el accidente. Sabía que no debía hacerlo pero aun así no le importo.
Una por una las pequeñas luces fueron desapareciendo del lugar mientras más concentrado estaba en los labios de ella, el sabor dulce de su boca combinado con las gotas de lluvia que lograban colarse le sabían de maravilla. Sus manos le acariciaron la espalda justo en el punto donde sabia que la cicatriz se presentaba, la sintió tensarse y tratar de separarse de él pero no se lo permitió. Sea lo que fuese a ocurrir en el futuro no le importaba en esos momentos, solo quería sentirla ahí bajo la lluvia, sus labios contra los suyos pidiendo que el tiempo se detuviera. No importaban las consecuencias de sus actos, ni de ella ni de él, lo que importaba era lo que sentía y estaba seguro de que era eso… amor, esa clase de amor que no había experimentado nunca y que realmente jamás estuvo buscando.
La falta de aliento hizo que ambos se distanciaran, los labios le quemaban y podía sentir aun sobre su cuerpo el agarre del moreno a pesar de que ya no estaban presentes sus manos. Lo miró con aflicción unos segundos, al final no pudo sostenerle la vista… era imposible para ella no ceder ante las acciones inesperadas del moreno. Simplemente se volvían irresistibles, no por el hecho de ser un contacto físico intimo sino por todo lo que lograba transmitirle con ese gesto. Mucho más allá de recordarle que estaba mal, que ella era hija de un marino y él un pirata buscado, sentía eso que le llenaba el pecho de felicidad; esa que con tan solo verlo sonreír le bastaba para no desear otra cosa que simplemente observarlo, clavar sus ojos en los negros de él y olvidarse de cualquier cosa que pudiera estropear esa felicidad.
-Lo lamento –se disculpó Ace.
-Hoy te has disculpado mucho, ¿Lamentas haberme besado? –se acercó a él.
-No –la miró a los ojos-. Lamento haberlo obtenido a la fuerza.
-Eres un pirata después de todo, tienes que tomar todo de esa manera –bromeó.
-Quisiera que este no fuera el caso.
-Al parecer no opuse mucha resistencia –colocó la mano vendada sobre su pecho.
-¿No le temes al fuego? –preguntó con un tono de voz algo apagado mientras palpaba la herida de la mano de Bellany.
-No al tuyo –miró su mano entre las de Ace.
-Podría hacerte daño.
-Lo sé, pero es tan hermoso que no puedo alejarme de él –le acarició la mejilla.
-Me siento muy confundido en estos momentos –cerró sus ojos.
-Igual yo… no sé cómo manejar esto, no a estas alturas.
-Quisiera llevarte conmigo –le dijo sin titubear.
-Sabes que eso es imposible.
-Es difícil más no imposible.
-Deja de sentirte tan afligido por esta cuestión, no vale la pena –sopesó.
-No quisiera que por mi culpa te pasara algo malo. En mi situación actual es probable que no pueda protegerte de todo –tensó sus manos en la herida.
-Lo sé, por eso tu vida está afuera en el mar y el vasto mundo… la mía se encuentra en esta isla.
-Ahora entiendo el por qué dicen que las mujeres son el mayor problema de un hombre –rió a medias.
-No sé si ofenderme o sentirme halagada por ese comentario.
-¿Qué debería hacer? –Soltó la pregunta al aire-. Aun quedan muchas cosas que debo hacer, muchas que no permiten estancarme en un solo lugar.
-Ace –lo llamó con aflicción.
Había muchas cosas por las cuales trabajó arduamente durante tantos años, tenía que capturar a Teach y darle una lección por su traición, debía mantenerse al lado de su padre para impulsarlo hasta convertirlo en el Rey de los piratas, aun tenía que cuidar de su hermano menor y verlo llegar hasta la cima. Esas cargas eran ya muy pesadas para él, no porque no pudiera cumplirlas, sino por todo lo que significaban. Eran sus prioridades y por nada en el mundo las dejaría a un lado.
Pero la situación estaba complicándose cada día más, ya ni por lo menos podía controlar sus impulsos. Pero el peso de llevar a alguien a su lado entre las fieras batallas era mucho, ya había perdido a Sabo y Thatch ¿Qué pasaría si ahora la perdía a ella? Por más que deseara llevarla consigo no podía, así que simplemente se quedaría en eso, en un deseo.
Tal vez lo que hacía menos pesada la imposibilidad era que Bellany no se mostraba entusiasmada con el hecho de que eso pudiera ocurrir, siempre manteniendo los pies en la tierra y priorizando los objetivos de Ace ante cualquier cosa, y le gustara o no era un alivio para él pues no convertía la situación en algo más duro de lo que ya era. Miró su mano vendada, definitivamente no podría soportar provocarle dolor, un escalofrío recorrió su espalda al recordar sus labios contra su espalda suprimiendo el dolor cuando la aguja le atravesaba la piel. No, no lo soportaría.
-Ace ¿estás bien? –Le preguntó preocupada al notar que no respondía a sus llamados.
-Sí, estoy bien –le sonrió.
-Creo que es hora de volver al manglar. Mañana debo de regresar al pueblo por cosas.
-Sobre eso… creo que debes dejar de realizar esos actos –más que una sugerencia parecía una orden.
-¿Disculpa? –preguntó confundida.
-Cuando Muchi o yo no estemos para protegerte ¿Quién lo va hacer?
-Puedo cuidarme sola. Recuerda que llevo dos años haciendo esto.
-No todas las personas serán buenas contigo ¿Qué vas a hacer si alguien trata de propasarse contigo? No tienes la fuerza para hacerles frente.
-Ya me las arreglare en esos momentos –Odiaba que Ace se metiera en ese asunto, comenzaba a molestarse.
-Matare a cualquiera que se atreva a hacerte algún daño –dijo sin escrúpulo alguno.
-No es asunto tuyo, mucho menos cuando te hayas marchado –trató con todas sus fuerzas de no sonar enfadada.
-Si llego a saberlo te puedo jurar que lo haré. Por eso te pido que dejes de asistir al Manglar.
-Lo siento mucho –dijo con el semblante oscurecido-. Pero eso es algo en lo que no tienes jurisdicción, esa es mi vida y no pretendo cambiarla. No tienes derecho a decirme eso –contestó molesta-. Es egoísta de tu parte, debes aceptarlo así como yo acepto tu vida de pirata.
-Temes por mi seguridad, pero dejas a un lado la tuya así como así, se que no puedo obligarte a nada –apretó sus puños-. Pero si estas tan dispuesta a disponer de tu vida por la mía te pido a cambio que aceptes lo mismo.
-No entiendo…
-¿Qué tan débil crees realmente que soy? Si piensas que no sé quién te ha hecho la marca de tu espalda lamento informarte que no es así. Incluso si tuviera que luchar contra él por ti no lo dudaría ni un momento.
-Si sabes quién es el responsable entonces entenderás fácilmente por qué no puedo dejarte estar a mi lado. Conoces su fuerza y no dejare que te arriesgues –Habló con dureza.
-¿Tanto te ha hecho sufrir para que le tengas ese profundo temor? -La abrazó.
-No es la cicatriz lo que me duele. Pero si no hubiera sido por ese incidente jamás hubiera pensado en ayudar a las personas del manglar, así que de alguna manera él al igual que este lago ha contribuido a nuestro encuentro. Por eso –se aferró a él- no permitiré que sea él quien me lo quite. Mientras este en mi el poder evitarlo así será.
-Estas peleando mí batalla, ¿Qué clase de hombre sería si dejo que eso pase?
-Uno con más cabeza que corazón.
-Te has percatado que siempre terminamos peleando después de…
-Si –rió quedamente contra su pecho-. Todo se ha vuelto muy difícil.
-Tal vez somos nosotros los que lo hacemos parecer así.
-Pues no contribuyes mucho a la resolución.
-¿Me estas echando la culpa? –cuestionó con un ligero tono de indignación.
-Regresemos, la lluvia es muy helada –se apartó de él.
-Siempre cambias de tema cuando te conviene.
-¿Comenzaremos una nueva discusión? –comenzó a caminar.
-Para eso necesitaría besarte de nueva cuenta –Siguió su paso sonriendo arrogantemente.
-Muy gracioso.
-Seguiré tu consejo. Dejare que el tiempo me dé la respuesta en esta ocasión –Se colocó a su costado.
-Es lo mejor que puedes hacer. Para ambos.
No podría ser un paseo completo u oficial sin que ella no terminara en el suelo, no pretendió esconder su risa al verla caer, después de todo no había sido un golpe fuerte. Esos minúsculos momentos, los pequeños detalles de una vida cotidiana sin mayores preocupaciones le hacían muy feliz. Un cambio muy radical entre su vida diaria a comparación de esas "vacaciones" que estaba tomando. ¿Entonces consideraba la posibilidad de querer algo como eso? No, su vida debía mantenerse en movimiento por ahora, pero sabía que algún día necesitaría un lugar para volver, uno donde alguien especial lo esperara y así concluir su viaje en el mar para emprender otro de la misma magnitud. Debía de admitir que sus pensamientos se volvían muy egoístas, aunque solo eso tenía por el momento; una esperanza de volver.
