Capítulo 9: Después de tanto tiempo

El tiempo transcurría irremediablemente lento en la más absoluta soledad. Sin duda este hecho no debería resultar demasiado relevante para el bueno de Remus Lupin pero, ironías de la vida, así era. Los días pasaban uno tras otro sobrios y sin vida dentro de su impuesta prisión del número 12 de Grimmauld Place.

Leyendo un libro sin leer, bajo la ventana de su ahora dormitorio, oyó que alguien se acercaba escaleras arriba a grandes zancadas. No le hizo falta levantar la vista para saber quien se había detenido ante su puerta entreabierta:

-Hasta cuando piensas seguir así, Lunático- inquirió la voz de Sirius. Su grave tono parecía indicar que su paciencia finalmente se había agotado, no así la de Remus.

Por única respuesta obtuvo uno de sus ya habituales silencios. El licántropo pasó una de las páginas de su libro con indiferencia fingiéndose muy absorto en la lectura. Aquello terminó por desquiciarle. En dos pasos, el animago le quitó de las manos el dichoso libro y lo arrojó sobre la cama con rudeza.

-¡Se puede saber qué haces!- exclamó Remus plantándole cara.

-¡Devolverte a la realidad! ¿O es que piensas tirarte hay todo el verano? ¡Por Merlín, llevas días abatido! Hasta cuando vas a seguir así, ¿eh? No comes, no duermes, no sales… Intentas parecerte a mí, ¿o qué? ¡Y no me vengas con la escusa de la luna llena que ya han pasado dos semanas desde entonces!

-Estoy pasando una mala racha. Eso es todo. Y para que lo sepa,: no tener casa ni trabajo no ayuda mucho a mejorar las cosas.

Sirius suspiró abiertamente mientras paseaba la mirada por la habitación. Intentando buscar las palabras adecuadas. Algo que estaba comprobado que no se le daba demasiado bien. Después de un rato volvió a posar la mirada en su amigo.

-¿Tanto te ha afectado que Nymphadora haya cambiado las guardias por Snape?- apenas se notaba el tono de pregunta en su voz.

Remus apretó los labios. Escuchar sus remordimientos en boca de su mejor amigo le dolía aún más.

-… No es sólo por eso- dijo- Si al menos me lo hubiera dicho. Si no me hubiese tenido que enterar por Dumbledore no me hubiera importado tanto. Lo peor no es eso… lo peor es su indiferencia en cada una de las reuniones de la Orden, las únicas ocasiones ya que tenemos para vernos. Su silencioso rechazo me mortifica. No sé, antes no era así. No paraba de repetirme que éramos amigos, que confiara en ella, pensé que en verdad le importaba, Sirius. Pero me volví a equivocar- tomó aire-. Tonks no es distinta a las demás…

-No digas eso. ¡Claro que lo es! Tiene que tener algún problema para que actúe de esa manera- caviló-. ¿Por qué no hablas con ella?

-Ya lo intenté. La primera vez, me dijo que tenía prisa y en la segunda ocasión que conseguí reunir el suficiente valor me volvió a decir lo mismo. Si no quiere verme yo no la voy a obligar.

-Pues yo sí.

-Sirius, por favor. No lo hagas. Déjalo pasar.

-¿Y mientras tanto qué? Te tiras las horas muertas intentando negar que estás perdidamente enamorado de Nymphadora Tonks.

Remus apretó aún más los dientes mientras miraba hacia otro lado.

-Yo no estoy enamorado de ella- afirmó todavía sin mirarle.

-Intenta convencerte a ti mismo, pero no a mí.

El licántropo abrió la boca con expresión airada, pero el sonido estrepitoso del timbre terminó por frenar su réplica.

-Maldita sea- blasfemó Sirius al oír inmediatamente los alaridos de su querida madre-. ¡Cuántas veces tengo que decir que no toquen el timbre! ¡Cómo si no supieran ya pasar sin llamar antes!

-Mira a ver quién es. Yo mientras tanto voy a cerrar las cortinas- gritó su amigo haciéndose escuchar entre las quejas de la señora Black.

-Bien.

Ambos salieron a la carrera con los oídos bien tapados. Mientras Remus se detenía en el corredor, Sirius corría en dirección a la entrada, derrapó en el vestíbulo y tomó aire antes de abrir no sin antes tomar algo de cautela…

-Hola, Sirius- saludó Tonks desde el otro lado. Llevaba dos maletas, una a cada lado. La escena para el animago resultaba tan familiar como desconcertante…-. Malas noticias: Mi casa se cae a pedazos, y nunca mejor dicho. Los obreros al parecer hicieron el cemento sin agua, muggles- inquirió-. En fin, hubiera utilizado la magia, pero mis vecinos ya se han dado cuenta de su ligero hundimiento. De modo que estoy sin casa hasta nuevo aviso y me preguntaba si mi querido tío…

-Primo- la atajó él con el ceño fruncido. Eso de tío le hacía parecer mayor.

-…Si mi querido primo- se corrigió- podría hacerme un huequecito en su enorme casa- sugirió mordiéndose el labio inferior a modo de súplica.

Sirius levantó una ceja de incredulidad. No podía creer lo que le estaba pidiendo. Echó la cabeza hacia atrás con gesto de arrogancia, como en sus viejos tiempos de rebelde sin causa.

-¿Pero tú qué te has creído?

-¿Perdón?

Su elaborado ardid parecía de los más creíble e inocente. Aún con la primera sorpresa en el rostro no conseguía entender la evidente hostilidad de su pariente. ¿Qué habría pasado por alto? Ella misma había derruido los cimientos de su propia casa para que su treta resultara perfecta, había estado las dos últimas semanas practicando delante del espejo su discurso hasta finalmente no derramar ni una sola lágrima, incluso había conseguido engañar de mejor manera a su estado de animo para que no se viera reflejado en su pelo. ¿Por qué no le había conseguido engañar?

-No te hagas la despistada conmigo. Sabes perfectamente de lo que te estoy hablando- inquirió él nuevamente-. ¿No tenías otro hogar al que acudir? ¿Al de tus padres, por ejemplo? No, que va, la señorita tuvo que venir precisamente aquí- enfatizó.

-Lo siento, Sirius…, pero mis padres están de viaje y no sé cuando volverán. No tengo llaves de su casa y si entro por la fuerza temo ser el blanco de sus más complejos hechizos protectores. Podría pedirle este favor a alguna de mis amigas, pero no quería ser un estorbo. Pensé que para ti no lo era… Ya veo que me equivocaba…

Sin apartar el contacto visual de sus ojos, recogió sus maletas del suelo. Luego, dándole la espalda se dispuso a bajar los pequeños peldaños de la entrada.

-Espera- la retuvo Sirius. La joven se detuvo mientras dejaba de darle la espalda, aunque en esta ocasión no le mirara a la cara-. Yo no he dicho que fueras un estorbo- suspiró-. Sabes perfectamente que puedes quedarte aquí- continuó intentando moderarse-. Pero no sé si te acordarás de que Remus también está viviendo en esta casa… Pensé que el hecho de tener que convivir juntos dañaba seriamente tu plan por eludirle.

He ahí el cabo suelto… Remus.

-Evitándole no vas a conseguir nada- continuó- y menos aún con la puñalada trapera de las guardias.

-Lo sé… yo, en verdad lo siento. Lo siento mucho. Pero… es que… n-no quiero hacerle daño. No le merezco siquiera como amigo, es demasiado bueno, demasiado honesto, demasiado…

-Espera un momento- interrumpió Sirius con la mano levantada-. ¡Ya sé lo que te pasa!- exclamó con un deje de triunfo en sus ojos. Al fin había resuelto el comportamiento de la chica. Casi suspiró de alivio ante el semblante desconcertante de la metamorfomaga. Con una sonrisa picarona y un guiño de ojo se apoyó en el marco de la puerta con aire enigmático-. A ti lo que te pasa es que te gusta Remus.

-¿Qué?- balbuceó-. N-no… A mí no m-me gusta… Bueno, tal vez sólo un poquito… Pero, oye, ¡no es mi culpa! ¡Toda mujer que le haya visto sin camiseta se sentiría atraída por él! ¡Oh, Merlín pero si tiene unos abdominales que se podrían hacer galletas encima de ellos!

'Uy, ¿eso lo dije en voz alta?'

Sirius soltó varias carcajadas.

-¡Pues si que ha cambiado el cuento! ¡Ahora resulta que Caperucita se quiere comer al lobo! Auuuuu- más carcajadas-. Esto si que no me lo esperaba de ti, pequeña Nimphy.

-Ya, pues no tienes que esperar nada más de mí porque Caperucita no sacará nunca esa fierecilla que lleva dentro en presencia del lobo. El lobo es demasiado bueno para alguien como ella.

De inmediato, el animago le tapó la boca con una mano, y cogiéndola de la otra por un brazo, la obligó a entrar en la casa. Cerró la puerta y trastocado volvió a fijar sus ojos en ella…

-Esto es más serio de lo que creía. ¡Bendito sea Merlín! ¡Estás enamorada de…!

Esta vez fue Tonks quién le tapó la boca.

-¡Ssshh! ¿Quieres que te oiga medio Londres?

-Perdón- se excusó una vez liberado de su mordaza-. ¿Pero lo estás?

Tonks bajó la mirada al suelo.

-Yo no quería que pasara- susurró separando una a una las palabras-. Pero… No dejo de pensar en él…

Esa era la verdad. Una milésima parte de toda ella.

-Bueno, pues eso tiene fácil solución. Habla con él y dile lo que te ha llevado a esta situación.

-No puedo. En realidad esto no debería estar pasando.

-Nadie elige de quien nos enamoramos, Tonks- susurró de manera fraternal su primo.

Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. A pesar de todos sus esfuerzos, la mascara había logrado desprenderse de su rostro. La joven asintió con la cabeza a las palabras dichas por el animago.

Sirius se enterneció ante la escena. Al final lo que había surgido como una locura en su imaginación había terminado por hacerse realidad en su consciencia.

-Anda ven aquí- Sirius la estrechó entre sus brazos, arrullándola para que dejase de llorar.

'Pobrecita. Menuda le ha caído- pensó para sus adentros-. Enamorarse del prejuicioso de Lunático.'

Alguien carraspeó a la entrada del vestíbulo.

-¿Interrumpo algo?

Ambos dirigieron sus miradas hacia Remus. Toda su expresión facial y corporal hacían denotar su grado de hostilidad. Tenía los brazos cruzados sobre su pecho, el ceño fruncido y los labios apretados en actitud ofensiva. Sirius intentó contener una carcajada, mientras Tonks procuraba limpiarse las lágrimas disimuladamente con la manga.

-Vaya, Remus. No te habíamos oído llegar.

-Eso mismo he pensado yo- dijo él mientras esbozaba una sonrisa peligrosa.

Tonks se quedó perpleja. ¿A qué venía esa actitud? Ni siquiera la había mirada en todo el rato que habían permanecido allí, sólo a Sirius que parecía querer fulminarle con la mirada.

El animago hizo caso omiso de su mal genio y sonrió con una radiante sonrisa en su rostro.

-¿A qué no sabes qué?- preguntó en tono juguetón-. Nimphy va ha quedarse a vivir con nosotros- añadió mientras le pasaba un brazo por encima de los hombros y le besaba la mejilla.

Ahora que había descubierto sus celos le encantaba ponerle violento…

-… Sólo por algún tiempo. Si tú quieres, claro- dijo ella mirándole con algo de pesar. Fue entonces cuando la miró por primera vez en mucho tiempo a los ojos. Un escalofrío recorrió su columna vertebral por unos escasos segundos, los suficientes hasta que Remus volviera a apartarlos de ella.

-Esta no es mi casa. Puedes hacer lo que quieras siempre que su verdadero propietario te lo permita.

Sirius notó como el cuerpo de Tonks se ponía rígido bajo su abrazo. Sus palabras parecían haberle dolido tanto o más que uno cruciatus malintencionado. Miró al licántropo con gesto reprobatorio, pero él ni siquiera le miraba.

-Voy a subir las maletas. Es obvio que necesitáis hablar- inquirió expresamente a su amigo. Recogió los enseres de la joven y se encaminó en dirección a la escalera mirándoles por encima de su hombro. Poco después desapareció el rumor de sus pasos.

No sabían que hacer. Mucho menos que decir. El silencio se prolongó varios minutos.

-Esto es ridículo…- refunfuñó al fin el licántropo mientras daba unos pasos en dirección a la cocina.

-Espera, Remus- le retuvo. Volvió a girarse, volvió a sentir la misma punzada de dolor al ver sus brillantes ojos. Ella tragó saliva, necesitaba calmarse…-. Lo siento mucho- añadió en un hilo de voz.

-Lo sientes… ¿Eso es lo único que se te ocurre decir?- inquirió exasperado-. Me he pasado dieciocho días, seis horas, quince minutos y diez segundos pensando en todo lo que he podido hacer mal hasta este momento; algún sólo pretexto que explicara porqué de repente no querías saber nada de mí.

Las lágrimas volvieron a aflorar esta vez de manera silenciosa.

Remus no se esperaba una reacción así. Era la tercera vez que la veía derrumbarse ante su presencia, y aún así, el estomago volvió a encogerse de la misma manera que en las anteriores ocasiones.

¿Por qué le dolía tanto verla así?

Su resentimiento era una muestra justa por el trato recibido de ella. No podía un día desaparecer de su vida y al otro volver como si nada hubiera ocurrido sólo con pedir perdón. Las cosas no eran así, pero ¿por qué entonces se sentía tan mal? ¿Era Tonks una bruja tan poderosa que conseguía obnubilar a la propia razón?

-Ojalá pudiera enfadarme contigo. Te lo juro, me gustaría mucho- añadió entristecido. Luego, tomó aire-. No sé porqué no puedo hacerlo. No sé porqué no me marcho ahora mismo por esa puerta, sólo sé que no puedo vivir sin ti, y me duele tanto saber que tú sí…

Tonks no se esperaba una reacción así. Era la primera vez que le veía derrumbarse ante su presencia y eso le dolió más que nada. Ahora sabía que su hostilidad era solo una fachada, no podía elegir cuál de las dos hubiera preferido…

-Eso no es cierto, yo también te he echado de menos… Mucho.

-Pudiste haberlo evitado.

-No, no hubiera podido-Tonks desvió la mirada. No soportaba verle así. Después de una pausa, prosiguió-… Cuando me acompañaste a casa, pensé en lo que me dijiste… El Señor Oscuro acaba con la vida de las personas a las que más queremos, y yo no soportaría que te hicieran daño por mi culpa. Ya me amenazaron con mi familia la vez que me torturaron. Y no quiero que vuelva a ocurrir, no quiero que esta vez utilicen tu nombre en sus amenazas…

No reaccionó. Algo se había roto. Un sabor amargo se hizo latente en su garganta al escuchar sus palabras. El mundo se detuvo, ahora solo estaba ella… Sus lágrimas empañaban sus hermosos ojos oscuros, su pelo era ahora de una tonalidad rosa, pero sin brillo.

-¿D-de modo que ese era el motivo por el que me has evitado todo este tiempo?

Ella asintió sin palabras.

-¿Y… porqué has decidido venir ahora?

-Ya te lo dije- le miró mientras otra lágrima caía sobre su mejilla-. Te echaba de menos. Sé que resulta un poco egoísta por mi parte- tomó aire-. Intenté no volver a verte, pero yo tampoco podía vivir sin ti. Tenía la esperanza de que me perdonaras… en realidad no me lo merezco.

Tonks se rascó de manera nerviosa el antebrazo izquierdo. La marca tenebrosa le ardía intensamente bajo una multitud de vendajes y el fino tejido de su manga larga de verano. Por su parte, Remus estaba en otras cosas en ese momento. Miró a todas partes, hasta finalmente situar su vista en la joven:

-No puedo perdonarte…- dejó la frase en el aire. A continuación, hizo una pausa que a ella se le antojó peor que la maldición asesina-; porque…- suspiró- no hay nada que perdonar.

Él la sonrió con timidez, esperando ver que hacia ella. Tonks sollozó aún más. Casi hubiera preferido que no la perdonara, pues de ese modo su traición no tendría mayor repercusión para él en un futuro cada vez más cercano. Remus se acercó a ella para limpiarle con el dorso de la mano una de sus lágrimas, buscó su mirada, y finalmente la encontró.

Él la sujeto los brazos. Hasta ese momento no se habían percatado de la cercanía de sus cuerpos. Ella le miraba a los ojos sin poder ni desear apartar la mirada. Antes de que sus contradictorios pensamiento se hicieran eco en su cabeza, Remus se inclinó y puso su boca sobre la de ella. Los ojos de Tonks se dilataron por la sorpresa: era tan inesperado. No sólo la acción de él sino la reacción de ella, el sobresalto que la había recorrido todo su ser al sentir sus labios…

Justo en el momento en que ella se disponía a recibirle, el licántropo se separó como si una repentina corriente eléctrica hubiera atravesado todo su cuerpo.

-… Lo siento- alegó jadeante-. Por favor, perdóname. No sé que me ha pasado-se llevó una mano a la cabeza apretando sus sienes. Parecía muy alterado.

-N-no importa, Remus… De verdad… No tienes que disculparte.

Remus apretó los párpados. Un dolor inexplicable recorría todo su cuerpo. Tenía que calmarse.

La joven se alarmó. De manera temblorosa le tocó con su mano en uno de los hombros.

-Remus, ¿estás bien? ¿Quieres que llame a Sirius?

-¡No! No es nada. Estoy bien, estoy muy bien. Ya me siento mucho mejor- añadió de manera nerviosa-. Sólo necesito un poco de agua…

-Voy por ella.

-¡No! Digo, no…- alegó intentando moderarse-. Ya voy yo. Gracias.

De manera presurosa de encaminó en dirección a la cocina, mientras Tonks con la boca abierta de desconcierto, le seguía con la mirada. ¿Qué le habría pasado?

Una gutural voz a su espalda la hizo salir de su ensimismamiento…

-Mírala- inquirió el elfo doméstico-, la hija de aquella asquerosa traidora, suspirando por un inmundo hombre lobo. Si mi pobre ama lo viera, qué diría…

-¡Cállate!

Kreacher esbozó entre sus numerosas arrugas, una sonrisa calculadora. Tonks se asustó aunque no quisiera exteriorizarlo abiertamente.

-Mmm- gruñó, una vez más, de manera audible-. En ese caso: que diría la ama Narcissa si se enterara…

Con aquella incógnita suscrita en el aire, el elfo recogió con parsimonia el recogedor lleno de polvo y se marchó, tan sigilosamente como había venido, dejando con el corazón en un puño a la desdichada metamorfomaga.

Al parecer, entre las filas de aquel bando, no sólo se contaba Snape como único traidor, sino también al viejo sirviente de los Black. Si ella había venido a vigilar de cerca los entresijos del cuartel general, Kreacher tenía la misión de vigilarla a ella y advertir a los mortífagos cualquier comportamiento extraño en la joven.

Estaba acorralada, encerrada… y ahora sus padres no estaban cerca, les había sugerido unas largas vacaciones en Nueva Zelanda con el objetivo de no ser descubiertos por aquellos cuyo nombre odiaba pronunciar, pero ella, en el fondo, sabía que nada podía escapar a la voluntad del Señor Tenebroso, por eso debía hacer cuanto le ordenara.

Debía ser más cuidadosa. Sobre todo con Remus.

Si Kreacher les advertía lo que había ocurrido esa misma tarde en el vestíbulo, sus peores temores se verían confirmados… Irían a por él de una manera más activa, pues como miembro de la Orden del Fénix siempre había estado en su punto de mira, pero si esta vez llegaran a descubrir sus sentimientos, Merlín sabe que sería capaz de hacer cualquier cosa que le pidieran con tal de saberle a salvo.

'Ojala no me hubiera enamorado de él. ¡Ojala pudiera evitarlo!'

Posó alguno de sus dedos sobre los labios anteriormente besados por el licántropo. ¿Por qué lo habría hecho? ¿Había sido sólo un impulsoó? Tenía que ser eso, sino después no se hubiera sentido tan avergonzado...

Sus palabras llegaron claras y nítidas a los resquicios de su memoria:

' -Ojala pudiera enfadarme contigo. Te lo juro, me gustaría mucho. No sé porqué no puedo hacerlo. No sé porqué no me marcho ahora mismo por esa puerta, sólo sé que no puedo vivir sin ti, y me duele tanto saber que tú sí…'

'No puedo vivir sin ti… no puedo vivir sin ti…'

-No puede ser- negó ella notando como una fuerza mayor le oprimía los pulmones.

-¿Qué no es posible?- preguntó la voz de Sirius al entrar en el lugar.

Tonks sacudió la cabeza. Desde luego que no era posible.

-Eh, nada- dijo mientras buscaba una escusa-. S-sólo pensaba en voz alta. Cosas mías…

-Ya- enarcó una ceja el recién llegado. Después mirando a su alrededor, preguntó-: ¿Dónde está nuestro lobuno compañero?

-Ha ido a la cocina… Por cierto, ¿dónde has subido mis cosas?- alegó cambiando de tema-. Me gustaría irme a dormir. He tenido un día muy difícil.

-De eso nada. Primero me cuentas que os habéis dicho, después cenamos y luego si quieres te vas a la cama. ¡Mi casa, mis normas!- enfatizó-. Así que ya estás empezando a largar por esa boquita.

Tonks resopló. Entrar en razón con él era algo imposible y, por tanto, se dispuso a contarle su encuentro con la mayor brevedad posible:

-Le pedí perdón.

-¿Y después?- le instó

-Hicimos las paces.

-¿Y?

-L-le abrace…

-¿Y?

-Me… besó. ¡Y deja ya de interrogarme!- exclamó al percibir las nuevas preguntas que se le empezaban a formar en la boca-. Fue sólo una tontería. Él me pidió perdón después y se marchó. Así de simple.

-Con que una tontería, ¿eh?

-Sí, eso es lo que he dicho.

-¿Entonces porqué sigues dándole vueltas como una adolescente?

-Pues…- balbuceó-. No lo sé…- suspiró está vez.

-Déjame decirte una cosa: estás lunatizada, ¡y mucho! No te sientas frustrada a muchas chicas les pasa, o al menos les pasaba.

-Qué bien- alegó de manera irónica-. Debo suponer entonces que es extremadamente grave porque ya estoy sufriendo los efectos secundarios.

-Efectivamente. Pero no te preocupes, existe una cura infalible.

-¿En serio?- preguntó la chica siguiéndole el juego-. ¿Y cuál es?

Sirius se puso bastante serio. Las palabras así lo requerían.

-Tienes que decirle que le quieres.

-¡No!- exclamó alarmada-. ¡Nunca debe saberlo! ¿Me has oído? Sirius, prométemelo. Prométeme que no le dirás nada, por favor- suplicó-. Es lo único que te pido.

'Maldición, ha puesto su carita de niña buena… ¡Vamos, Canuto, resiste! Pero, mírala, con esa cara de no haber roto un plato en su vida, que sin duda eso es algo muy poco probable porque con lo patosa que es… ¡Ay, esos ojos! ¡Nooo!''

-Está bien- refunfuñó finalmente. Su táctica de persuasión para con sus primo parecía seguir funcionando a la perfección-. Promesa de Merodeador- añadió con desgana.

La joven le plantó un gran beso en la mejilla.

-Muchas gracias, Sirius.

-Anda tira hacia la cocina antes de que me arrepienta.

Cada cual con sus pensamientos, siguieron por el estrecho corredor en dirección a la amplia cocina. Tonks iba delante, mordiéndose el labio inferior de manera nerviosa, mientras a su espalda, y sin que pudiera verle, Sirius esbozaba una maliciosa sonrisa que hacia denotar sus misteriosas conjeturas. Llegaron al umbral de la puerta y cuando penetraron en su interior se toparon con una imagen poco común…

Remus se encontraba sentado en el extremo más alejado de la mesa, con varios envoltorios de chocolate a su alrededor, delatando su crimen, y devorando al mismo tiempo la mitad de una enorme tableta. Cuando les vio, rápidamente se apresuro a guardar las pruebas de su chococidio.

Por su parte, el animago tuvo que fingir un ataque de tos para disimular su risa.

-Tienes un poco de chocolate aquí- indicó él de manera divertida.

Remus un poco sonrojado se limpió aquel lado de la boca. Tonks no pudo contener una sonrisa, parecía tan niño…

-Como pilles un empacho a mí no me mires. Te lo advierto.

-Tranquilo, está todo controlado. Sólo ha sido un bajón de azúcar- añadió poniéndose en pie y obligándose a cambiar de tema -. Bueno, sentaos. Esta noche me toca a mí hacer la cena.

-¿Qué vamos a comer?- preguntó curiosa la metamorfomaga aún sin parar de sonreír.

-Yo votaría por esa cosa redonda y grasienta que los muggles solteros comen siempre… ¿Cómo se llamaba? Mmm.

-Pizza- se adelantó Remus.

-¡Eso!

Tonks rió con ganas.

-Me apetece una pizza- alegó ella-. ¿Quieres que te ayude?- le preguntó con timidez.

-Oh, no… Ya puedo yo solo, gracias...

-Sí, no creas que los magos somos tan inútiles- añadió el animago sentándose a la mesa-. No dejes que Molly te llene la cabeza con eso.

Sirius continuó charlando acerca de ese tema y otros más que se le fueron ocurriendo sobre la marcha aún cuando Tonks no parecía manifestar ningún tipo de interés por escucharle. Su mente no estaba allí, sino en el lado opuesto de la cocina viendo trajinar con torpeza al licántropo. ¿Estaría pensando él también en aquel beso?

Un vaso se rompió bajó las torpes manos de Remus. Apresurándose por arreglar su torpeza se maldijo así mismo rogando porque ninguno de los allí presentes se hubieran dado cuenta de su irreflexivo nerviosismo.

'¡Eres un crío, Remus J. Lupin!- volvió a reprenderse- Acabas de fastidiarlo todo, absolutamente TODO. ¿Por qué la besaste? ¡Por qué! Ella ni siquiera te respondió. ¡Eres un hombre lobo! ¡Por Merlín!'

Con ojo avizor, Sirius observaba a su amigo mientras continuaba con su absurda plática. Ella estaba demasiado enfrascada en la visión de Remus. No había que ser un genio para saber lo que ambos pensaban. Finalmente decidió poner fin a eso:

-… y luego podemos matarlos a todos y jugar al Quiddith con sus cabezas. ¿A ti que te parece?

-Me parece bien- alegó Tonks ensimismada.

-No me estás escuchando- afirmó él.

La chica dejó de apoyar la cabeza sobre una de sus manos para mirar a su primo y salir de su estado de ensoñación.

-Claro que sí- alegó ella a la defensiva.

-¿Y qué he dicho?

Tonks se quedó pensativa. Acababa de ser descubierta.

-Lo que suponía- sonrió él y alzando un poco más la voz, añadió-: Que sepas que al menos podías prestarme algo de atención en vez de mirar con tanta insistencia el trasero a Remus.

Otro vaso se rompió.

El licántropo se giró a tiempo de ver a una pálida metamorfomaga que, como era de esperar, al cabo de unos segundos se transformó en su ya habitual rubor. Ella le miró riendo de manera nerviosa…

-Y-yo no…

-Sí, claro… Excusas…- insinuó Sirius cansinamente. Después, con total normalidad, a pesar del claro bochorno de la chica, se giró hacia su amigo que en ese momento permanecía anclado en el suelo-. ¿Está ya la cena?- preguntó sonriente.

Remus sólo alcanzó a asentir con la cabeza. No muy seguro de si debía darse la vuelta, recogió con cuidado las tres jarras de cerveza de mantequilla y, haciendo levitar la pizza, se encaminó lentamente hacia la mesa. Después de servirles se sentó frente a ellos.

-Mmm, vaya- enfatizó Sirius, devorando ya una de las porciones-. No es que aprecie la comida muggle, pero esta cosa no está del todo mal.

Apenas consiguió arrancarles alguna triste sonrisa. Sus dos amigos estaban completamente abstraídos. Remus al menos era incapaz de levantar la vista hacia otro lugar que no fuera su cena o la propia mesa. A su lado, la joven si parecía mirarle de vez en cuando con algo de disimulo aunque sin poder ocultar su grado de timidez y turbación. En ese momento, estaba claro que debía volver a intervenir…

Sirius miró a su alrededor y descubrió bajo su brazo un envoltorio de chocolate. Se le iluminó la cara al instante, pero se obligó a adoptar una posición de mayor indiferencia.

Paseó el reluciente papel entre sus dedos, dándole un nuevo mordisco a su pizza.

-Qué curioso- dijo aún con la boca llena- ¿Sabéis lo que me ha dicho Arthur esta misma mañana?

-¿Qué?- preguntaron los dos a la vez. Ambos estaban deseando romper aquel tétrico silencio.

-Dijo…- añadió él con parsimonia mirando el vacío envoltorio-; que los muggles creen que el chocolate es el mejor sustitutivo del sexo. ¿Tú que crees, Lunático?

El licántropo encajó sus palabras como un bofetón. Siempre había creído que Sirius tendría algo de decoro al hablar de ciertos temas en la mesa, pero nuevamente volvió a sorprenderle…

Su amigo abrió la boca perplejo. Después de eso seguramente tendría que replantearse su carrera en Broadway.

-¿Entonces es cierto?- preguntó con fingimiento-. ¡Vaya!- exclamó con un guiño-. Al parecer acabo de descubrir tu pequeño secretito.

-¡No es por eso!- inquirió él a la defensiva. Acababa de sacarle los colores y eso para Sirius era muy, pero que muy buena señal. Remus miró entonces a la joven que contemplaba la escena con los ojos abiertos. Decidió aclarar un poco las cosas, pues al parecer no habían quedado muy claras…- Es sólo por las transformaciones. Por eso tengo que…

Sirius deicidio cortarle y salirse completamente por la tangente.

-¿Cuánto hace que no tienes relaciones?

Otro bofetón…

-Vamos- le instó el animago-. No puede ser más tiempo que yo- sonrió.

-Sirius… No creo- balbuceó-, que sea un tema apropiado para nuestra nueva invitada- volvió a mirar a Tonks que, como era de esperar en esos casos, no sabía si salir corriendo o desmayarse allí mismo.

Su primo se giró hacia ella y alternativamente hacia él aparentando una total incomprensión. Acto seguido se encogió de hombros.

-¿Y qué hay de malo en ello?

Un gesto de interrogación apareció en el rostro de Remus. Después, el otro Merodeador añadió:

-Quiero decir- concretó-, que estamos entre amigos, ¿no? Venga no seas tímido: cuéntanos tu experiencia- dijo con aire analítico.

Boqueó como pez fuera del agua. No había manera de escaparse de aquella embarazosa situación en la que le había puesto su hasta ahora mejor amigo. Nuevamente miró a Tonks en busca de ayuda, pero ella todavía seguía bajo el efecto indirecto del hechizo Petrificus Totallus. No había manera de escapar para su desgracia.

-Está bien…- suspiró con las mejillas encendidas-. F-fue hace… más de un año.

Sirius sonrió complacido.

-¡Ves!- inquirió- ¿A qué no ha sido tan difícil? Ya te dije que sería menos que yo… ¡13 años!- exclamó con exaltación-. Para volverse loco. No se lo deseo ni a mi peor enemigo… bueno, a Quejicus sí- ahora volviéndose hacia Tonks, dijo-. ¿Y tú, Nimphy?

Su rostro y cabello adquirieron una tonalidad rojiza. No esperaba que se dirigiera a ella en ese tipo de conversación.

Por suerte Remus intervino rápidamente en su ayuda al ver su alarmada expresión:

-No tienes porque contestar- miró de manera reprobatoria a Sirius-. Olvídalo…

-No, no importa… de verdad- dijo para sorpresa del licántropo-. Siempre viene bien desahogarse.

Tragó saliva insuflándole valor.

En ese instante, se dijo así misma que no valía la pena seguir ocultando ese secreto, había otros en su vida muchísimo peores que no podía revelar. Al contrario que este cuya custodia solo guardaba su moral.

Los dos amigos intentaron descifrar la oscura sombra del pasado que envolvió su rostro en la tristeza de un amargo recuerdo. Su cabello fue apagándose. Pareció marchitarse sin remedio ante sus ojos. Tenía la manos sobre la mesa y se las acariciaba de manera nerviosa. De pronto dijo en un susurro…

-Por desgracia, fue mi primera y última vez. Yo acababa de cumplir 17 años y él…- hizo una pausa-, me invitó al baile de Navidad de ese año. Yo siempre estuve enamorada de él y, que quisiera venir conmigo, fue como un sueño hecho realidad… Los chicos me consideraban rara y, en ese momento, pensé que él a pesar de todo también me quería. Nunca fui tan feliz, me puse un vestido precioso, rosa- concretó-. Pero… sólo bailamos una pieza, después me llevó afuera. Fue entonces cuando me contó sus verdaderas intenciones… Yo no había pensado en esa posibilidad. Estaba asustada, no estaba preparada… Él se enfadó, yo no quería que se fuera, le quería y no quería perderle así que accedí… Ojala no lo hubiera hecho. Se portó mal conmigo, rompió mi vestido y… me hizo daño. Después me dijo que me olvidara de él…

Remus y Sirius escucharon atónitos su dolorosa confesión viendo luego llorar desconsoladamente a la joven metamorfomaga. Su primo, pensó que nunca se había sentido tan culpable. No era esa la intención que había tenido al sacar ese tema tan inocente y, al mismo tiempo, tan indecoroso. Un sentimiento de rabia se apoderó de él ante aquel mal nacido que le había hecho tanto daño. La consoló en sus brazos, arrullándola tiernamente como a una niña pequeña. Aún así, ella seguía llorando.

Sirius miró a su amigo pidiéndole apoyo, pero él se encontraba demasiado compungido como para advertir la presencia de otra persona que no fuera ella.

Sólo oía sus sollozos repercutiendo en sus oídos. Odiaba verla así, odiaba ver empañados sus hermosos ojos, no ver su sonrisa, no oír su risa… Aquel ángel no debería llorar, eso no estaba bien. ¿Cómo podía haber existido en el mundo una sola persona capaz de aprovecharse de eso? Remus no podía comprenderlo. No entendía como algunos hombres eran capaces de abusar, insultar e incluso golpear a otras mujeres. Era irracional, ni siquiera los animales se comportaban así y lo más absurdo de todo era que, en ese mundo de locos, él era el monstruo.

Le gustaría tanto coger a ese repugnante ser y enseñarle que todas y cada una de las mujeres deben ser tratadas como las princesas que en realidad son, que su amor no es nada comparado a cualquier otro sentimiento terrenal o celestial… Le gustaría tenerle tan cerca en ese momento y hacerle pagar por tanto.

Aquel deseo le hizo cerrar su mano derecha en un fuerte puño.

Nada le producía tal repulsión, pues gracias a unos cuantos como él pagaban todos.

-¡Maldita inmundicia humana!- exclamó Sirius con la mandíbula bien apretada-. ¡Cómo se atrevió! ¿¡Quién demonios es!? ¡Te juro que lo mato! ¡Lo mato!- ella sollozó aún más fuerte. Se dio cuenta entonces que ese no era el consuelo más apropiado para ese momento-. Ya, Nimphy, tranquila- cambió el tono de su voz-. Yo y Remus te cuidamos, ¿lo ves? No pasa nada. Ese monstruo no volverá a ponerte una mano encima. No debes permitir que algo así te marque para el resto de tu vida. Existe otra clase de personas que son todo lo contrario a cuanto conociste y me atrevo a añadir que están muy cerca de ti… Y tú lo sabes.

Sabía a quien se refería y por ello, asintió.

-Bien- sonrió él de medio lado-. ¿Te encuentras mejor ahora?

Volvió a asentir. A pesar de todo aún se veía incapaz de pronunciar palabra. Sirius echó entonces su silla hacia atrás y todavía sosteniendo a la frágil muchacha se fue levantando con lentitud.

-Te acompañaré a tu cuarto- le dijo. Miró un instante a Remus. Él permanecía completamente ausente-. Ahora vuelvo- repuso sin demasiada fe en ser escuchado.

Cuando se marcharon del lugar, el licántropo seguía torturándose en su fuero interno por no haber hecho nada, por no haber dicho nada, por no haber expresado nada. Acababa de besarla, acababa de sentir en él revivir unos sentimientos que los habría creído por siempre enterrados. Jamás había experimentado un deseo tan grande, ni siquiera cuando creía amar en su adolescencia a aquella que tanto dolor y adicción le causaba.

Ahora sabía que su joven compañera había perdido la virginidad a manos de un energúmeno, pero ¿sería él tan distinto de aquel? Cuando sus labios se rozaron, una criatura dormida en su interior había despertado con un anhelo de deseo impetuoso. Él sabía que de haber mantenido el contacto con sus labios, esa criatura habría podido salirse de control. Era algo nuevo, nunca antes le había ocurrido algo así…

Tal vez podía haberla hecho daño inconscientemente.

No volvería a ocurrir. Sus labios a partir de hoy deberían de estar vedados para el licántropo. Era lo mejor para ella. No volvería a besarla, no volvería siquiera a tocarla.

Las lágrimas le empañaron la vista ante ese pensamiento. Completamente sólo en la cocina se tapó el rostro con las manos, repugnándose como lo había hecho toda su vida por lo que era, anhelando como todos los días y todas las noches ser una persona normal y corriente.

Desear que todos los libros sobre licantropía tuvieran razón y que fuera cierto eso que afirmaban de que los seres como él no tenían corazón, y que no podían amar.

... Cuán equivocados estaban.


N/A: ¡Hola a todos! ¿Qué les ha parecido? Espero vuestros reviews

Como siempre muchas gracias a todos los lectores. En especial a: lobitablack (Me alegro que te haya gustado el personaje de Ted. A mi desde luego me pareció de lo más divertido...) , camilooza lunks (espero que te haya gustado el ansiado primer beso. En cuanto a las dudas que tenías la primera no puedo contestarla... Ya la sabrás a su debido tiempo! jaja La segunda sí y la tercera no, al menos no como la otra vez. Espero haberte aclarado algo), Dorita Tonks (doble gracias ;D), Nataa (yo también estoy deseando que llegue el momento de la verdad. ¡Ted es genial!), Galy (Sigue estando picante? xD), NatuBlack (No te preocupes. Más vale tarde que nunca jeje) y maring (Le diré de tu parte a Remus que no se enfade, pero no prometo nada...)

Un abrazo:

Sisa Lupin