Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Bueno, estoy de nuevo con una actualización, siento mucho la tardanza, pero tuve unos cuantos problemas visuales, así que no pude hacer mucho, espero que la historia siga siendo de su agrado, muchas gracias por el apoyo.

Ya saben, cualquier error, por favor, no duden en decirlo, gracias por todo.


James observó a su alrededor completamente sorprendido con lo que estaba viendo. —No me jodas –murmuró con la boca un tanto abierta.

—Ese vocabulario, James, eres un Dragonólogo, y supongo que uno profesional, ahora tienes que estar en modo: Asesor de Aurores, y no como el hijo del jefe –gruñó su padre.

—Lo siento, papá –se disculpó –es sólo que realmente me sorprende que estén en una maldita bodega algo tan preciado como huevos de Dragón, aunque tengo que concederte que la temperatura es buena.

—Eso no lo dijo Hagrid –admitió encogiéndose de hombros.

—Cómo olvidar que siempre ha querido uno, creo que el amor se le iría un poco después de que pasara el metro de altura –se burló.

No dijeron nada, la inmensidad de la bodega se debía más que nada al hechizo de expansión indetectable, se adelantó a los pasos de su padre cuando se topó con un huevo extraño; su inquietud de inmediato llamó la atención de Harry.

—James ¿qué ocurre? –interrogó frunciendo el ceño.

—No puedo creerlo –musitó fascinado –éste huevo –lo señaló.

—Ya lo he visto antes –informó Harry.

—Es que no lo entiendes papá, este huevo…

—Es bastante delicado, así que no deberías tocarlo o moverlo –Sirius Potter se levantó rápidamente, se giró hasta el hombre que había interrumpido su emoción.

—Así que sabes qué clase de dragón es.

—Desde luego que sé qué clase de dragón es, incluso tu hermana lo sabría –se burló.

—Stuart por favor –pidió Harry haciendo que el hombre asintiera, se acomodó el traje y se aclaró la garganta.

—Lo siento, señor Potter, pero su hijo no ha querido comenzar con el pie derecho nuestra relación próximamente familiar –sonrió.

—Sigo creyendo que Lily merece a alguien mejor que tú, simplemente eso, no es un delito ¿o sí, Auror? –se burló.

—No –admitió –pero tienes que saber que el señor McLaggen está como asesor de Auror junto contigo.

—Ahora eres experto en dragones –se burló.

—Lily y yo estuvimos seis años en una comuna en Portugal –informó tranquilo –en lo que terminé mi carrera, después, vinimos a Inglaterra.

—No te creo –soltó enfadado.

—Pude quedarme en la comuna, pero Lily odiaba esa vida, soportó bastante bien seis años viviendo en otro lugar, por mí, y como me gusta la carrera, pero no más que ella, en cuento terminé, acepté el trabajo en el Ministerio, como el jefe, así que podría tener todo, un trabajo bueno que me gustara, y sobre todo, a la mujer que amo junto a mí ¿es algo malo, señor Potter? –observó a Harry.

—No, todo lo contrario, me alegra que haya un hombre capaz de hacer por mi hija todo eso –aceptó.

—Muchas gracias, tal vez tenga que disculparme por no convencerla antes de que debería ir con ustedes, pero si alguien aquí conoce mejor que yo lo testaruda que es, es usted.

—Ni como negar eso –sonrió Harry –ahora, ¿qué hay con ese huevo?

—Es un Hocilargo Portugués –contestó McLaggen tranquilamente.

—Nunca escuché de esa clase –admitió Harry frunciendo el ceño.

—Es lógico que no lo hiciera, señor Potter, se presumen extintos incluso antes de que nuestros bisabuelos vinieran al mundo –observó al asombrado Auror.

—Entonces…

—Se dice que nació de un cruce –informó James inclinándose hasta el huevo.

—Es bastante delicado –insistió McLaggen –en Portugal es una de las especies más protegidas, es por eso que se presume extinta, no hay ninguna persona fuera de nuestra comuna que sepa de su existencia, bueno, sólo alguno que otro Dragonólogo –se encogió de hombros.

—Ningún miembro de la comuna portuguesa ha salido de ahí en los últimos meses ¿quién más sabe de esa clase de dragones? –cuestionó Harry haciendo que McLaggen titubeara un poco y su gesto se volviera uno apenado.

—No conoces a los miembros ¿cierto? –se burló James.

—A decir verdad, conozco a todos y cada uno que conoce de esta clase de dragón.

—Bien ¿quiénes son?

—No son muchos, uno es Alex Gómez de España, el jefe de la comuna en Cataluña –informó, y esperó a que Harry lo apuntara –fuera de la comuna Adam Jackson, de Norteamérica –se encogió de hombros, Fido Bá, de Brasil –contestó.

— ¿Son los únicos que saben de esa clase? –cuestionó.

—Bueno –se llevó la mano a la nuca y observó a James –Charles Weasley fue el primero en saber de ellos –contestó haciendo que James se enfureciera.

—Estás diciendo que mi tío, el mejor Dragonólogo del mundo es parte de una red de traficantes –intentó írsele encima pero Harry lo detuvo –eres un…

—Yo sólo estoy diciendo que él era el más interesado en esa clase de dragón en mis seis años en Portugal, visitó a tu hermana las veces que estuvo en la comuna, puedes preguntarle, los estudió incluso mejor que nosotros –se encogió de hombros –y la verdad, no estoy seguro de que no supieras de esto, después de todo, serás el nuevo jefe ¿no es así?

—James –pidió su padre.

—Sí, sabía de ellos, pero no…

—Creo que oficialmente no puedes ser asesor de Auror –contestó indignado –y tampoco puedes regresar a Rumania en lo que te descartamos completamente de los sospechosos.

—Pero…

—Informa a todos que moveremos la ubicación…

—Tranquilo, señor Potter –lo detuvo McLaggen –daré mi palabra por él –señaló a James –no quiero comenzar con el pie izquierdo nuestra relación laboral próxima, con su permiso.

Stuart se alejó con la vista al frente, caminando engreídamente, no podía creer que Lily saliera con eso, que se fuera a casar con un idiota como McLaggen.

—Puedes odiarlo todo lo que quieras, pero lo cierto es que realmente ha salvado tu trasero en éste momento ¿lo entiendes? –Bufó su padre –no puedes…

—Fue un secreto papá –gruñó James –no podía decir nada de eso, es un secreto de comuna ¿bien? Como nuevo jefe tenía que saberlo, pero ya lo ha dicho ese estúpido, es el mejor secreto jamás guardado.

—Aun así, Charlie no se librará de ser inspeccionado –contestó –y estaré muy pendiente de ti.

—Hola James –saludó una chica con una sonrisa radiante, haciendo que Harry elevara una ceja en consternación.

—Oh, hola, Lily –sonrió –bueno, te presento a mi padre…

—Ya conozco al señor Potter, hemos estado trabajando para ellos en lo que se soluciona todo esto.

—Vaya, ya veo –sonrió.

—Es que ustedes se conocieron en la oficina del Ministerio –sonrió Harry.

—No –contestó James –en un bar, de hecho.

—Los dejaré charlar tranquilos –apretó el hombro de su hijo y se alejó.

James sonrió incómodo a Lily, si bien el sexo con ella era bueno, quería limitarse sólo a eso, pero algo en él hacía que por momentos, se obsesionara a niveles extraños con ella, algo que sólo su hermana había logrado.

—Bien –sonrió entusiasta –entonces ¿quieres que te lleve a conocer nuestro zoológico privado? –sonrió encantadora.

—Sería magnífico –aceptó observándola.

Su vista se perdió en la cascada pelirroja a lo lejos, la chica de vestido a lápiz, recalcando sus curvas estaba colgada del cuello de Stuart McLaggen mientras lo besaba de una forma que no le agradó ¿por qué no podía simplemente superarlo? Tenía a una chica encantadora junto a él, pero no, su vista siempre iba al frente, buscando a la Lily equivocada.

—Supongo que después de recorrer el lugar podemos ir a comer juntos ¿no es así?

—Bueno, en realidad…

—Por fa…

—Oigan –los detuvo Stuart y con un movimiento ligero les pidió que se acercaran.

—Señor McLaggen –saludó la rubia y su mirada chocó con la de la pelirroja en una sonrisa extraña.

—Veo que tu buen gusto en hombres sólo fue mientras intentaste quitármelo ¿no? –se burló la pelirroja.

—Tu hermano es un hombre atractivo –contestó enfadada la rubia.

—Supongamos –se burló divertida.

—Ya, tranquilas, creo que quedó claro a que Lily prefiero en la cama todas las noches –contestó un poco incómodo –bien ¿tienen planes para comer?

—Sí –contestó James –Lily y yo pensábamos ir a comer –contestó.

—De acuerdo, pensaba invitarlos yo, pero creo que tendremos una hora para nosotros –acercó a su prometida a él y la besó.

—Que disfruten su comida.

—&—

James apareció recién duchado en la casa de sus padres para la cena, no podía negarse a ir, menos con Lily ahí, tenía que hablar con ella de ser posible, volver a besarla, se estaba volviendo loco de celos al verla con McLaggen.

—Necesitamos hablar –la sujetó del brazo y la sacó del lugar, hasta el cobertizo.

—James, suéltame o te juro que gritaré y le diré a nuestros padres lo que intentas hacer.

—Sólo quiero hablar contigo.

—Bien, entonces para hablar, no necesitas sujetarme como si fueses un bárbaro ¿o sí?

—Lo siento –aflojó su amarre y la observó un momento.

—No sé qué es lo que quieres decir, pero dilo.

—No comprendo por qué quieres que las cosas entre nosotros sigan sin ser arregladas, pero en cambio, con Albus, ya te comportas como la Lily adorable y linda…

—No soportas la poca atención ¿no es así? –se burló –James, las cosas entre tú y yo jamás serán iguales, y tú mejor que nadie lo entenderás.

—Lily, estoy intentando solucionar…

—Ya no pidas perdón –contestó fastidiada –si al fin de cuentas, te perdonaré, porque ya no me importa lo que pasó hace años, pero si es lo que quieres, bien, ya todo olvidado, hermanito –le guiñó un ojo, haciendo que el semblante de su hermano se endureciera.

—Tampoco es lo que quiero.

—Entonces, dime ¿qué es lo que quieres, James? –lo observó –supongo que ahora que eres un hombre independiente puedes tener a todas las mujeres que quieres y que Lily la rubia –puso los ojos en blanco –es algo más que una conocida, si ya tienes a tu Lily ¿por qué me sigues molestando a mí?

— ¿Eso es lo que crees que es?

—Yo no lo dije ¿recuerdas? Una Lily para James, bueno, ya la tienes, déjame en paz, posiblemente yo no tenga un James, pero tengo un Stuart, que déjame decirte, hace de todo, menos que te extrañe –besó su mandíbula.

—Puedes comportarte como una chica ruda, sin sentimientos, pero los dos sabemos que soy la razón por la que actúas así.

—Es dulce, pero creo que Teddy ya te dijo la teoría que tiene y que no puedo sentir nada –sonrió divertida –James, puedes intentar lo que quieras, pero el pasado lo veo a través de un vidrio sólido, incapaz de quebrarse, es más fácil hacerte caer a ti, que al revés –acercó su cuerpo contra él –lo noté cuando me viste desnuda en mi casa –bajó la voz –y antes de eso, cuando nos encontramos con Ted –acarició el pecho de su hermano –puedes negarlo cuanto quieras, pero si yo quisiera, haría de ti… mi juguete favorito –murmuró en su oído –así que dime James ¿eso es lo que quieres? ¿Estar en mi cama mientras Stuart no lo está?

—Lily –tragó saliva mientras su hermana bajaba su mano hasta su entrepierna.

—Oigan, chicos, la cena está… -Albus se quedó de pie, completamente sorprendido –no de nuevo –pidió.

—Tranquilo, Al –sonrió Lily alejándose de James –las cosas han quedado claras para James ahora –suspiró –o eso creo.

—Lo estabas manoseando, Lily ¿qué querías dejar en claro?

—Que no importa cuanto lo intente, Stuart McLaggen será mi esposo y no hay nadie que lo evite –sonrió –las libertades en nuestra relación es lo que nos hace estar el uno con el otro.

—Deberías adelantarte, Lily –pidió Albus sin quitar su vista de su hermano mayor, ocasionando una sonrisa divertida en los labios de su hermana.

—Bien –aceptó, se acercó a él y sujetó su hombro para recargar su mentón en él, observando un segundo después a James –no te pelees, no merece la pena.

James observó a otro lado cuando las palabras de su hermana lo golpearon fuertemente, no podía creer que Albus estuviese en mejores términos que él con ella.

—Creí que te gustaba una rubia ojos azules –atacó Albus.

—Al, en serio, no estoy…

—Siete años, a nuestros padres y a mí nos tomó siete malditos años recuperar a Lily, no te voy a dejar joderlo de nuevo ¿comprendes? Así que es mejor que te dediques a esa rubia, y dejes a Lily en paz, porque te guste o no, ella se casará con Stuart McLaggen.

—No puedo creer que la quieras casada con ese idiota que se la pasó todo Hogwarts insultándote.

—Sí, no me importa, cuidó de Lily todo el tiempo que estuvo lejos de la familia, y no conforme con ello, hizo que volviera aquí, así que voy a lanzarte cualquier maleficio si intentas joder las cosas de nuevo ¿lo comprendes? Así sea necesario decir que te hacen falta unos cuantos tornillos.

—A ti también, no fui el único que se acostó con Lily –bramó enfadado.

—Pero el único que le ve como algo que no está permitido ¿no es así? James, Lily ya lo superó ¿por qué tu no? Si hace años eras quien decía que todo esto estaba mal.

—Las cosas no son tan sencillas, intento recuperarla, Albus.

—Recuperarla ¿para qué o qué? ¿En qué forma quieres recuperarla, James? ¿Cómo tú hermana pequeña o como una mujer a la cual puedes follar? –frunció el ceño enfadado.

—A nuestra Lily, no importa de qué forma, pero a nuestra Lily, no al chiste que es ahora.

—Claro, como ya no está deprimida, llorando porque no la amas, quieres recuperarla.

—Hablé con Teddy.

—Oh, otro idiota –se burló –sigue siendo tu amigo, imagino que no te ha dicho lo que ha pasado en estos años ¿no?

—Tu pelea con Scorpius me la dijo –se encogió de hombros.

—Bien ¿te dijo que estuvo saliendo con Lily en plan relación?

—Eso no es cierto –contestó ofendido.

—Pues sí, es cierto, en cuanto te fuiste, ella pasó una mala temporada, se hizo novia de Scorpius en el colegio, pero se acostaba con Ted en vacaciones, cuando los descubrimos Scorpius y ella terminaron, pero no ella y Ted, papá supo del romance y todo, no tengo idea de porque terminaron, pero sin duda duraron bastante.

—Él intenta ayudarla –informó a su hermano que soltó una risotada.

—No sé si eres patético o muy ingenuo.

—Tú eres sanador ¿no? –Su hermano asintió –Lily sufre de algo llamado Síndrome del Corazón Roto ¿lo has escuchado antes?

—Sí, un amigo hizo su trabajo final sobre algunos síndromes extraños, inspirado por el cuento de Beedle el Bardo –aceptó encogiéndose de hombros.

—Bueno, él cree que Lily padece ese síndrome, según lo que me contó, ella mostró síntomas después de que volvió a Hogwarts, cuando me fui, así que ha pasado tiempo investigando todo eso, Lily me lo ha dicho, es su musa, su inspiración, pero por esa razón.

—James, no sé qué tanto sea cierto lo que Teddy te dijo, pero de que en un momento vio a Lily como algo más que una niña, lo hizo, pregúntale cuanto duró su relación, y si es honesto y muy tú amigo, te dirá la verdad.

—&—

Lily se dejó caer sobre el sofá, recargada sobre su hermano Albus, mientras éste la abrazaba, subió sus pies sobre el regazo de su padre que no dijo nada.

—Hace mucho que no pasábamos una tarde familiar –admitió el mayor de los Potter con una sonrisa.

—Ya no somos unos niños –contestó Lily.

—Lo sé, a veces extraño cuando eran unas pequeñas bolas de carne corriendo en pañales por todos lados.

—Supongo que para ti es divertido, después de todo, mamá siempre se ha encargado de cuidarnos, lavarnos, lavar las cosas.

—Tenemos un elfo doméstico –contestó Harry.

—Mamá es perfeccionista, así que no comprendo cómo se casó contigo, le gusta la perfección.

—Claro ¿quién es alguien perfecto para tu madre si no soy yo?

—Cualquiera –bromeó y soltó un chillido divertido cuando su padre pellizco la piel de su empeine.

—Sigue así niñita y conseguirás una reprimenda –bromeó.

—Ya ¿mandarás a James a darme nalgadas? –elevó una ceja observando a su hermano que le dedicó una mirada extraña.

—No, James jamás ha podido contigo, le tengo más fe a Albus –se rió.

—Bueno, lamento decepcionarte, papá –sonrió Lily –pero James siempre pudo conmigo –se mordió el labio cuando su padre giró a ver a su hijo mayor.

—No lo creo, era bastante flojo de carácter cuando se trataba de ti.

—Bueno, le encantaba…

—Golpear a las mujeres nunca ha sido lo mío –interrumpió a su hermana que se burló y negó.

—Pues de lo que te pierdes –sonrió –obviamente no es como si fueses a golpearla al grado de mandarla a San Mungo, sino más bien golpearla de tal forma que se ex…

—Nada de pláticas sexuales contigo.

—Oh vamos papá, no es algo nuevo para mí –contestó.

—Sin duda es algo nuevo para mí, escuchándote hablar de sexo como si se tratara del día nublado, y no malentiendas, me alegro que encontraras a alguien con quien vivir tu sexualidad, es sólo que… eres mi hija, y hay formas en las que no quiero imaginarte, me parece muy bien imaginarte yendo al altar, pero no después de eso, y me parece muy bien imaginarte siendo madre, pero no en el proceso para serlo ¿comprendes?

—Eres exagerado, eso es lo que comprendo.

—Bueno, llámame exagerado entonces.

—&—

James caminó con el torso desnudo a lo largo de la pequeña sala, se giró sorprendido cuando alguien apareció, su cara no mejoró cuando vio de quién se trataba.

—Se nota lo feliz que eres de verme –se burló la chica.

—Bueno, tomando en cuenta que si Albus no interviene, le hubieses dicho a nuestro padre lo que hacíamos para divertirnos los tres.

—Era una actividad recreativa, recuerdo que así lo llamabas ¿qué tiene de malo? –sonrió.

—Dime mejor que haces aquí –gruñó.

—No estoy porque quiera estarlo, créeme, tengo mejores cosas que hacer.

—Ya que estamos solos –frunció el ceño –y hablando de Albus, me dijo que estuviste saliendo con Teddy.

—Estuve saliendo –soltó una débil sonrisa –eso no ha terminado, que yo y él sepamos ¿por qué?

—Bueno, como estás a punto de casarte con Stuart.

—Creo que olvidaste lo que les dije a Albus y a ti ayer, mi relación con él ha durado, porque no estamos atados el uno al otro, nuestra relación es algo… especial, si quieres llamarlo así.

—Por supuesto, me sorprende que no te duela compartirlo.

—Él me comparte, además, no es el único en compartir ¿cierto? Hasta donde yo sé –caminó un poco sentándose en el brazo del sofá –comparten una aventura llamada Lily –sonrió –oh, claro, dos aventuras llamadas Lily –se encogió de hombros –necesito un apodo o algo así para diferenciarme a mí misma –frunció el ceño consternada.

—Por lo visto no le interesa tanto tu prometido.

—Claro que no, por eso los dejé teniendo sexo mientras yo venía a hacer su trabajo –sacó algo de su bolso y lo extendió.

— ¿Qué es eso? –fue hasta ella.

—No lo sé ¿Tengo cara de saber lo que hacen en ese Departamento? –Gruñó –como sea, tengo una cita, te veré después hermanito.

—Sabes –la detuvo –lo estuve pensando.

— ¿El qué? –enarcó una ceja confundida.

—Lo que hablamos ayer, antes de que Albus nos interrumpiera, y… sí, es lo que quiero.

La pelirroja frente a él volvió a subir su ceja, acompañada de una mueca de no comprender de lo que estaba hablando, así que era su oportunidad, avanzó hasta ella, dudó un momento que no duró mucho para su sorpresa.

Las manos de Lily se colocaron en el pecho de James al momento en que lo alejó de su cuerpo, el sabor de sus labios no había cambiado en esos años, no mucho aparte de la personalidad y la forma de su cuerpo lo habían hecho.

—Creo que es momento para decirte que estaba bromeando, te diré algo James, ya no soy esa Lily a la que llevaste a un paraje desierto e hiciste que admitiera lo que sentía para no abandonarla ahí –sonrió –mucho menos a la que le pusiste una prueba para demostrar cuanto te amaba y sí, en pasado –aclaró ante la mirada dura de su hermano.

—No creo que estuvieses bromeando, Lily.

—James, soy una mujer, sí, tal vez no voy a las marchas feministas y crea que ir con las tetas al aire sea la mejor forma de reclamar mis derechos –se burló –pero yo decido que si voy a acostarme con alguien que no es mi prometido, al menos poder elegir a quién.

—Entonces deja de jugar –gruñó.

—Jugar es divertido ¿o no lo es?

—Por supuesto que no.

—Ya, sólo es divertido cuando tú lo haces ¿no es cierto, James?

—Yo jamás jugué contigo, Lily.

—Supongo que lo que quieres decir, es que tengo que sentirme culpable por que una vez te amé, que a pesar de que dijiste que estaba prohibido enamorarse, lo hice –sonrió –déjame explicarte algo sobre la sociedad, James –se acercó a él tranquilamente –follarte a tu hermana, también está prohibido y adivina qué, tú lo hiciste.

—No fui el único –rebatió.

—Oh no, yo no estoy diciendo que lo fueras, pero ya ves, las cosas entre Albus y yo, no se fueron a la mierda, bueno, sí, al inicio y por siete años, pero ahora somos tan hermanos como lo fuimos en el pasado.

— ¿Por qué conmigo no puede ser igual?

—Veamos, porque él no viene a mí con su cara de cachorro herido a decirme que quiere estar en mi cama de nuevo.

— ¿Lo estaría? –cuestionó enfadado.

Lily ladeó la cabeza. —Posiblemente –admitió.

—Albus, Edward, Stuart y no sé cuantos más.

—Es mi decisión, y no puedes hacer nada contra eso –sonrió –aunque puedo saber que mueres por hacerlo ¿no? –Susurró en su oído –tengo que admitir que es divertido, James, después de tantos años, me estás dando el poder de volverte loco.

—Siempre has tenido ese poder –murmuró sujetándola contra él –y no entiendo el por qué.

—Eres un caso perdido, James Sirius Potter –se burló de él.