Resumen: Tras haber abandonado el Campamento Jaha, Clarke ha salido en busca de olvido. Tratando de reprimir todos los sentimientos que tenía dentro suyo: la culpa y el miedo, ha terminado donde menos se lo esperaban. Con una nueva nación levantándose, nuevos enemigos salen acecho, no solo su gente y los Terrícolas están en peligro sino que su propia mente está en juego. Clarke intentará llevar la paz a toda costa ya sea aumentando los fantasmas del pasado o sin ellos. Una nueva batalla está por comenzar y vidas caerán.

~ Disclaimer: The 100 es una serie de ciencia ficción y drama creada por Jason Rothenberg y basada en la novela escrita por Kass Morgan.


~ INQUEBRANTABLE ~
9

Clarke mantuvo control total sobre su cuerpo mientras observaba a los Seskianos que la tenían atada. La muchacha no iba a quebrarse para ellos. No iba a revelar la ubicación del Campamento Jaha y tampoco iba a suplicarles. No planeaba darles el placer de verla quebrada.

Los dos hombres armados cansados de la situación comenzaban a irritarse más. La mujer vestida de blanco sacudió la cabeza, miró a sus dos hombres y con un gesto de cabeza estos se acercaron hacia la pelirroja con las porras llenas de su propia sangre. Clarke los vio acercarse a ella, apretó la mandíbula con fuerza lista para lo que seguía.

Sintió las primeras punzadas cerca de sus costillas y no pudo evitar gritar. Las porras, que antes habían tenido un color blanco en los látigos finales, se podían apreciar de un tono rojo carmesí, un tono brillante de rojo y un tono oscuro. Escuchaba el sonido cortar el aire y luego el sonido de su propia carne ser azotada. Su piel ardía, su cuerpo ya no podía aguantar más de la tortura.

La muchacha gritaba y se retorcía del dolor, pero no cedía. No iba a revelar nada de lo que ellos querían. La mujer exasperada se levantó de la silla en donde se encontraba y camino hasta la muchacha.

– Eres tan fuerte – Su tono de voz era dulce y venenoso. Sacudió la cabeza – ¿Cómo puedes aguantar tanto?

Clarke no respondió.

La mujer sacudió la cabeza mirando a los demás – Sigan así hasta que hable. Estoy segura de que no puede aguantar más. Falta poco para que se quiebre –

Los dos hombres asintieron.

– Si es necesario… cambien el método –

La muchacha comenzaba a preguntarse si la mujer aún quería información o solo estaba usándolo como excusa para verla retorcerse de dolor. Tal vez Unade ya no quería la información, quería verla quebrada, llorando por suplicas cargadas de piedad. No le sorprendería si en realidad eso es lo que la mujer quería.

Los hombres volvieron a golpearla con más fuerza incluso, con más ferocidad y ya sin paciencia. Uno de ellos había dejado de golpear y se había dirigido hacia donde estaban las armas, sin vacilar tomó una especie de bate cargado de clavos. La mirada de la pelirroja se abrió de golpe, apretó los puños e intento forcejear, pero se topó con la sorpresa de que no podía ni siquiera hacer un movimiento.

Vio balancear el arma de un lado a otro mientras él sonreía con demencia caminando hasta ella. Menciono la palabra «sufrir» en Trigedasleng y camino detrás de ella, donde Clarke no podía verlo.

Cerró los ojos y no chillo, no grito, no lloro… no sintió el golpe. Sus ojos se abrieron por completo, podía sentir lagrimas quemar en ellos, pero el dolor no lo sentía. Sus puños se apretaban con fuerza, sus crecidas uñas perforaron las palmas de sus manos y sus brazos estaban tensos. Sintió como algo fue arrancado de su cuerpo con fuerza, pero no había sentido el golpe, entonces supo que todo su cuerpo ya estaba adormecido como para sentir más dolor.

El hombre rió lanzando el arma a sus pies y ella pudo ver la sangre entre algunos clavos. Tragó saliva con horror antes de mirar a ambos hombres. El segundo hombre, aquel que sostenía la porra, golpeó al soldado que le había clavado el bate y luego la miró a ella.

Ambos la dejaron sola. Su cabeza se balanceaba de atrás hacia adelante, sus rodillas cedían y sus brazos eran jalados con fuerza hacia arriba por las cadenas, pero el dolor ya no estaba. Ella estaba adormecida.

No estaba segura de cuánto tiempo estuvo así, no estaba segura de nada. Quizás horas, quizás días, quizás solo minutos pasaron antes de que Unade volviera a entrar en la habitación. Dos hombres entraron con ella, pero era diferentes a los rostros que ella había estado mirando durante un tiempo. Desencadenaron sus muñecas y tobillos y ella se derrumbó en el suelo sin siquiera poder levantarse un centímetro. La mujer ordeno a los hombres en su idioma llevarse a la chica y sin poder pelear la chica cerró los ojos.

Era consciente de que la estaban trasladando a otro lugar, quizás otra habitación de tortura o quizás a un pozo donde morir en paz, no sabía y no le interesaba. Sintió que había sido arrojada hacia el suelo, y no por el golpe lo sintió sino por lo helado de éste. Abrió los ojos hacia uno de los hombres que le ataba una cadena en uno de sus tobillos y el otro le dejaba un plato con comida y agua frente a ella.

Unade la miró fríamente. Los dos hombres salieron y la mujer dio unos pasos hasta ella.

– No pienses que vas a morir pronto. Voy a hacer que sufras realmente cuando puedas recuperarte un poco más. No me sirve de nada que no sientas los golpes o te mueras sonriendo. Voy a encontrar la localización de tu gente y esas armas, voy a matar al Comandante y a su paso a todos los que se metan en mi camino y tú, tú solo eres la primera de muchos, Wanheda –

Clarke levantó a mirada, sus ojos cansados, pero aún frunciendo el ceño comprendiendo la palabra por la que la había llamado.

– ¿Creías que no sabía que la Asesina de la Montaña estaba bajo mi mano? – Ella sonrió cruelmente – Conseguiré la información y luego te mataré. Eso bastará para debilitar aún más al Comandante

La mujer se dirigió hasta la salida sin voltear a mirarla una vez más. Todo lo que Clarke podía recordar de ese momento era esa sonrisa fría y la expresión sin sentimientos que le enseño antes de decidir que debía irse.

Dejó caer la cabeza sobre el helado suelo y cerró los ojos. Apretó los puños con impotencia y luego gruñó.

¿Cómo había llegado hasta esto?

Cuando abrió los ojos fue la primera vez en que escucho a su estómago gruñir. Ella intentó levantarse y se sorprendió de poder lograrlo un poco, aunque el punzante dolor en su espalda y a sus costados la hizo retroceder un poco. Tocó con cuidado las heridas.

No estaba muerta… aún.

Eso era bueno. Tenía que agregarlo a la lista de sus logros:

1.- Matar a trescientos soldados
2.- Matar a aliados por un misil
3.- Matar a Dante Wallace
4.- Matar con la radiación a los que la ayudaron
5.- Conseguir donde pasar el invierno
6.- Sobrevivir a una tortura de Unade

Estaba segura de que no estaba orgullosa de ninguno de sus logros en esa lista y estaba segura también de que había muchos más que esos, porque aún se torturaba con muchas de sus acciones pasadas, principalmente la muerte de muchas personas.

Gimió mirando hacia el plato de comida. El trozo de carne y el pan lucían bastante bien ante sus ojos. No comía mucho allí, solo le daban de vez en cuando para alargar su vida y el agua para no deshidratarse. Ella solía comerlo sin rechistar, primero porque la obligaban a hacerlo y se lo daban en la boca igual que a un bebé y segundo porque también su estómago pedía y a veces no podía ni siquiera ignorarlo.

Arrastró su mano hacia el plato y con un gruñido tomó el pan, lo abrió y metió el trozo de carne. Le dio un mordisco.

Comió en silencio antes de tirarse de espaldas, reprimiendo el gemido de dolor. Miró el techo y luego cerró los ojos.

Estaba claro que Unade la tendría allí unos días para que se recuperara antes de volver a llevarla a la habitación aquella. Cerró los ojos con calma, se sentía derrotada, casi estaba por rendirse y permitir que siguiera la tortura… pero ella no era así y no comenzaría a serlo.

Con esfuerzo giro su cuerpo para soportar los dolores de su cuerpo mientras se sentaba sobre sus piernas. Miro a su alrededor con firmeza buscando algo con que romper la cadena.

Clarke iba a salir de allí por las buenas o por las malas, y dado que había tenido que sufrir mucho, sería por las malas.

A tientas comenzó a tocar el suelo esperando encontrar algo que le ayudar a romper la cadena de su pie. Un cuchillo sin filo, el mismo plato de comida o algo más, lo que sea. Sintió algo duro, debía ser una roca y no era más grande que su puño. Lo tomó con fuerza y comenzó a golpear la cadena. Gruñó cuando el golpe colisiono contra su tobillo, pero ya no le importaba un poco más de dolor solo para poder salir de allí.

La acción no estaba dando resultado. Clarke comenzó a irritarse más, escucho unos pasos resonar con un eco hacia donde ella estaba y supo que alguien se estaba acercando. Escondió la roca detrás de ella, apretándola con fuerza y se lanzó al suelo cerrando los ojos.

La puerta se abrió con un rechinido poderoso. Intentó no agitar su respiración mientras esperaba a que alguien se acercara.

Ella estaba decidida a salir de allí.

Escucho el plato de metal chocar contra el suelo y solo pudo adivinar que quién había entrado lo había tomado. Ella apretó la roca y como pudo golpeo las piernas de la persona derribándola. Su rival gruñó. Clarke observó en la oscuridad al hombre que había derribado, un digno soldado de la Nación del Salvaje Mundo. Dirigió su mano rápidamente hacia un cuchillo e intentó hacerle daño a ella. Con la roca que tenía escondida golpeo la mano del hombre haciéndole caer el cuchillo y luego lo golpeo a él. El hombre se golpeó la cabeza contra el suelo. Ella lo observó por un momento esperando a saber si haría algún movimiento, pero no hizo nada, lo que la tranquilizo por un segundo.

Comenzó a buscar las llaves de la cadena y en cuanto las encontró se la quitó rápidamente. Tomó el cuchillo del hombre y con mucho esfuerzo, sosteniendo su mano en el costado izquierdo de su cuerpo, comenzó a levantarse del suelo apoyándose en la pared. Sostenía el cuchillo con la mano izquierda mientras con la derecha buscaba apoyo en la pared. Ella miró al hombre y luego comenzó a caminar hasta la salida.

Si iba a salir de allí no podía volver al bunker a buscar sus cosas por más que lo quisiera, no estaba en condiciones. Lo que más odiaba era tener que dejar el reloj de su padre allí, si fuera por ella entonces correría a buscarlo, pero no estaba segura de poder resistir mucho antes de caer desmayada.

Se escondió entre las sombras mirando hacia la cantidad de hombres que estaban caminando despreocupados por los Campos, la mayoría se dirigía hacia la cúpula en el medio de los Campos. Ella fijo su mirada en la obvia salida custodiada por dos guardias, lo que no era la mejor idea y luego en los bunkes. Desde su posición extraña tenía una vista clara de los cuatro bunkers, no estaba segura de en donde estaba metida ella, pero tampoco estaba segura de nada allí dentro.

Recordó a duras penas cual era el bunker por el cual los prisioneros habían escapado y recordó cual era en donde estaban sus cosas, aunque solo podía guiarse por la posición de la entrada de lo contrario no habría logrado entender nada.

Si se movía con cautela y silencio hacia uno de los bunker podría encontrar sus cosas, pero no tenía mucho tiempo antes de que alguien fuera a ver por qué el guardia se demoraba tanto. Ella debía moverse hacia el otro bunker, en el cual la salida estaba a soltó metros de distancia.

– Mierda – Susurró cuando vio a un Guardia acercarse a donde ella se encontraba. Miró al hombre en el suelo y luego echó un vistazo a su alrededor. En una esquina, detrás de la puerta, se escondió esperando al hombre que entraría.

En su cabeza la frase no matar resonó, pero ella ya no estaba segura de sí era válido en ese momento. Solo le importaba salir de allí.

El hombre que había entrado tenía una extraña cicatriz en el cuello, Clarke frunció el ceño pensando que vagamente la habría visto antes, pero no estaba segura. Él camino hasta el soldado derribado y luego soltó un par de maleficios contra ella. Supo que se trataba de aquel hombre cruel que había obedecido todo sin rechistar. La ira de pronto le estaba sobresaltando el corazón. Podía acabar con él o podría huir sin que la viera, pero no estaba segura de cuál era la mejor opción.

Dudó.

El hombre se volteó hacia la habitación y saco un machete de la vaina colgada en su espalda. La muchacha apretó el cuchillo con más fuerza. Comenzó a hablar al aire llamándola por Wanheda, algo que le molesto bastante, hasta que se detuvo en algún punto. De espaldas a ella, Clarke se movió en silencio lo mejor que pudo hasta la puerta para salir, pero nada más poner un pie fuera sintió que era jalada bruscamente del cabello y lanzada al suelo. Todo estaba oscuro por un segundo antes de que ella apretara el cuchillo en su mano y rodara por el suelo cuando el machete se dirigió hacia ella. Pateó al hombre lo mejor que pudo y luego rasgo su piel con el cuchillo. Él gruñó tomando a la muchacha de la muñeca. Le dio un fuerte golpe en el estómago y luego la empujo contra una pared. Tenía una mirada endemoniada que si no fuera por la adrenalina en su cuerpo seguramente Clarke se habría quedado paralizada al verlo. Ella intentó soltarse del agarre del hombre clavando el cuchillo en su brazo. De pronto lo vio todo rojo. El soldado no había dejado de gruñir sobre que cuando menos se lo esperara él iba a matar a su gente dejándola viva a ella para que pudiera verlo todo y luego la mataría. El color rojo en sus ojos se intensifico y la fuerza que no tenía hace un momento salió de la nada. Empujo al hombre contra el suelo y comenzó a golpearlo con todo lo que tenía hasta que como último recurso clavo el cuchillo en su pecho.

Él emitió un grito que seguramente atraería a más soldados, pero ella no se detuvo allí. Arrancó el cuchillo y volvió a clavárselo una y otra vez hasta que el cuerpo había dejado de retorcerse y a mancharse con sangre. Después de unos minutos y muchas puñaladas, Clarke se quitó de encima del hombre respirando pesado. Ella miraba hacia abajo sin entender que había sucedido. Apretó los puños con más fuerza y luego se dirigió hasta la puerta en tiempo muerto.

Todo a su alrededor parecía ir en cámara lenta. Camino por los Campos despreocupada, sin importarle si uno de los Soldados la veía y la atacaba. Sostenía aún su costado derecho con cuchillo en mano y se aseguraba un apoyo en cualquier muralla que estuviera a su lado. Se dirigió hasta el bunker y empujo la puerta con fuerza. Jadeo.

Alguien grito y ella pudo darse cuenta de que ya la habían detectado y la atacarían dentro de poco. Clarke observó el interior del bunker y pudo ver que la puerta que antes había sido abierta ahora estaba con un candado. Ella no tenía nada para romperla, pero le bastaba con un fierro para lograr romperlo. La adrenalina regreso a su cuerpo y se movía más rápido que antes, buscando algo que fuera necesario para romper el candado, estaba por tratar de romper algún barrote de las celdas cuando encontró algo que parecía interesante. Tomó las cadenas y las enrollo alrededor del candado, luego sujeto ambos extremos y jalo de ellas con fuerza. Todo lo que necesitaba era que el candado cediera y funciono en poco tiempo. Logró abrir la puerta y correr en dirección al bosque con toda la velocidad del mundo.

Se metió en el bosque y corrió sin detenerse. Podía escuchar a los guerreros detrás de ella, gritaban direcciones, la buscaban a toda costa y casi podía imaginarse la mirada de Unade en su rostro cuando ésta se hubiera enterado que la muchacha había escapado.

Siguió corriendo. No iba a detenerse por nada del mundo, salvo por esos dos hombres que estaban de espaldas a ella en su camino. Retrocedió tan pronto como pudo y se escondió en unos árboles, busco con la mirada un posible camino y rápidamente se dirigió hasta el.

Dio unos saltos sobre unos troncos caídos, probablemente puestos a propósito por ellos. No estaba segura de adonde se dirigía, pero donde sea estaba corriendo lo más rápido que podía.

Una flecha rozó su hombro y ella supo que la estaban siguiendo. Intentó aumentar la velocidad para tratar de perderlos. Izquierda, derecha, derecha, izquierda, recto, izquierda, corrió tan rápido como pudo logrando evadir a algunos de ellos.

No estaba segura de en donde se encontraba. La espesura verde del bosque se había vuelto escasa debido al invierno. Se encontraba con unas cuentas motas de nieve en la tierra que seguramente estaba grabando sus huellas, lo que le complicaría la escapada, pero no tenía donde ir.

Con la respiración enganchada a su garganta y las pisadas pesadas, corrió como pudo por todo el bosque. No importaba el dolor punzante en sus costados, no importaba si la seguían, ni siquiera le importaba cubrir sus huellas, solo quería escapar de esa pesadilla.

En algún momento se detuvo. Estaba cansada y la adrenalina se estaba drenando lentamente de su cuerpo causando que los dolores de sus ardientes heridas la hicieran caer. Sus piernas cansadas ya no estaban seguras de poder sostener su peso.

Se apoyó en un árbol con un brazo, su cuerpo amenazaba con derrumbarse. Estar de pie y despierta era todo un logro que ni ella podía creer, el dolor persistió y gritó sin poder contenerse, sostuvo con su mano izquierda uno de sus costados sangres y gruñó.

Cerró los ojos con fuerza mientras reprimía otro grito. Sus ojos dejaban caer las lágrimas silenciosas con el creciente dolor en su costado. Había sufrido cosas peores que esa y por alguna razón eso la había matado. Se sentía horrible. Camino unos pasos más, su mano jamás abandono el costado de sus costillas sangrante, el lado izquierdo. Volvió a apoyarse en un árbol, respiro pesado.

Estaba decidida a avanzar. Ahora que su mente podía pensar con más claridad que antes tomó nota del asunto y sabía que debía moverse cuanto antes hacia un escondite. Dio un par de pasos hasta que el sonido inconfundible de algo moviéndose cerca le llamó la atención. De espaldas y con las rodillas flexionadas se apoyó en el árbol, desenfundo uno de los cuchillos y miró hacia el frente, lista para atacar.

En el estado en que estaba era sencillo que pudiera morir en el intento, pero si iba a morir entonces lo haría luchando.

Entonces los pasos se hicieron más fuerte, sintió el movimiento hacia su derecha y con toda la fuerza que le quedaba se lanzó hacia la persona que estaba allí. Apuntó el cuchillo directo al cuello de su atacante quién sin problemas logro darle la vuelta a la situación estancándola en el suelo, llevándose un fuerte golpe en la cabeza y en el cuerpo. Sus ojos estaban cansados y no podía moverse de la situación.

Era oficial: moriría allí mismo.

– ¿Clarke? – La voz era conocida, pero los ojos de la muchacha ya estaban cansados como para mirar a su oponente. Lo siguiente que sabía era que se había desmayado porque todo estaba completamente negro y esperaba que no fuera una broma que la voz era la de Octavia.

Continuará…


N/A: Bien este es el capitulo de hoy y espero que les haya gustado. Quiero decirles que tengo una cuenta en Wattpad, pero nunca he escrito allí, al menos por ahora y no la hice hace mucho, pero desde hace tres meses tenía unos mensajes que no sabía que eran mensaje hasta ayer en la noche, como sea, lo que iba diciendo es que muchos siguen preguntando sobre VA el tercer libro y yo ya he dicho que voy a continuarla, luego de que termine Inquebrantable, así que mientras esperan les invito a leer este fics y a decirme si les gusta o no.

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