El destino, la casualidad, o lo que sea, le sonríe al día siguiente.

Vuelve a ver al lindo moreno, corriendo, y se alegra.

La primera interrogante surge: ¿por qué siempre está corriendo?

Pero, eso no es del todo cierto, hace una semana, y un día, no parecía tener prisa.

Viktor lleva su dedo índice derecho al centro de sus labios.

Su presa es un misterio.

Le agrada.

Esa misma noche, antes de ir a dormir, hace una llamada, y se acuesta con una sonrisa.