Capítulo VIII

Sepan que ¡lo amo!

Aunque Graham era un tipo sensible, era realista y consciente de que aquella atracción o enamoramiento por Regina, era algo pasajero. Si bien era inicialmente algo físico, a medida que el trato se hacía más cercano, más le gustaba la hermosa morena.

Aquel día fue espectacular. La complicidad entre ambos crecía, y en los intermedios hablaban de pasar todo el tiempo que pudieran juntos. Ella al principio temerosa de la inmersión, pero luego se relajaron. Tanto bajo el agua, como fuera de ella, no se podía decir que no fuesen recién casados.

- ¿Por qué no le decimos a tus amigos que se nos unan mañana? – se atrevió a preguntar Graham

- ¿A Emma y a Killian? – respondió Regina algo dudosa

La cara de la mujer se tornó en una expresión algo triste, que trató de disimular, como no dando importancia a lo que estaba diciendo

- No creo que quieran. Ellos están de Luna de Miel, y pues los terceros sobran – sonrió con algo de pesadumbre, que también quiso disimular

- Ah, no sabía – dijo Graham algo apenado por lo que pudiera haber hecho su pregunta en Regina – Era para salir en parejas. Pero tienes razón… los terceros sobran – miró a Regina con picardía, como para animarla a cambiar de tema

- ¿Sí?... si precisamente eso digo yo… Por qué me quieres compartir, si me tienes toda para ti – la sonrisa volvió al rostro de Regina, que lo miraba con mucha sensualidad y deseo

Graham se estaba arrepintiendo de lo que había dicho, pues la mujer estaba logrando intimidarlo

- Regina, y si ellos están de luna de miel, ¿qué hace una hermosa mujer como tú por aquí, tan sola? – Ahí estaba de nuevo Graham, haciendo distancia. No quería lastimarla, así que lo hizo con tono seductor, para disimular

- Bueno, pues… creo que el ridículo – la mujer bajó la mirada, y se veía que estaba apenada, y que la tristeza se había apoderado de ella – Emma y yo somos muy cercanas, le llevo como 10 años – sonrió con nostalgia – pero hemos estado juntas en las buenas y en las malas, desde que recuerdo

- Entiendo. Existe una hermandad entre ustedes – No quería lastimarla más, por la nostalgia que cargaban sus palabras, pero quería saber lo que realmente significaba la muchacha en su vida

- Bueno… Si, eso se puede decir Graham – lo miró con agradecimiento y nostalgia. Se podía ver cómo disimulaba la tristeza, pero las lágrimas en sus ojos pronto la delataron

- Regina, disculpa si me he metido en lo que no me importa. Yo… – Trató de hablar pero la mujer nuevamente lo interrumpió, llevando un dedo a su boca

- Shiii… Calla. Si no has hecho más que hacerme sentir deseada desde que te atropellé afortunadamente en el aeropuerto. Mira que tu cortada en el tobillo, puede ser lo mejor que me haya pasado – la mujer le sonreía con mezcla de dolor, agradecimiento y ternura en sus ojos – Deseo, en el mejor de los sentidos

- Eres una mujer hermosa – Tomó su mano, la alejó de su boca y la puso en su pecho – y lo sabes. Y tus ojos… esos ojos que cuentan lo que no me dices en voz alta…

- Gracias – giró la cabeza y bajó la mirada apenada, mientras se limpiaba las lágrimas

- Escucha Regina – tomó su barbilla con delicadeza, he hizo que sus miradas coincidieran – no tienes que contarme nada. Además, sólo somos dos Nombres sin apellidos. No tenemos que vernos más, pero ahora, mientras estés a mi lado, si quieres, será especial

La mujer lo miró con una ternura tal, que él no supo qué más hacer. Sólo pudo abrazarla fuertemente, mientras sus labios hacían contacto, en un beso sin movimiento pasional, pero si cargado de mucha entrega y desahogo.

Al minuto, se separaron y se miraron nuevamente. Regina lloraba, y reía a la vez. Y él sólo podía mirarla, embelesado. ¡Cómo le gustaba Regina! Esa mujer lo desarmaba.

- Vamos a cenar en aquel muelle. ¿Te parece? – le dijo a la morena, que se acomodaba el vestido y secaba sus lágrimas

- ¡Me parece perfecto! – suspiró relajada – Si, quisiera contarte algunas cosas

- Vamos a terminar de disfrutar el atardecer, y luego vemos qué me cuentas y qué no – La miró mientras tomaba su suave rostro entre sus manos

- Vamos… Aunque siento que quiero ser totalmente honesta contigo – tenía una expresión en su mirada de asombro – y la verdad eso me asusta

- Jajaja, Regina, por favor. No tienes que sentir miedo de lo que quieres hacer, y tampoco necesitas decírmelo todo. ¿Recuerdas nuestro acuerdo?

- Si, si, si… Las Vegas… Bla, bla, bla – se burlaba de Graham mientras caminaban hacia el muelle

Graham se sintió apenado, pero a la vez relajado, porque sabía que con semejante mujer había que poner límites. Más que por ella, por él.

Se sentaron en una mesa, justo al final del muelle. Estaban solos. El agua cocaba contra el muelle, con el suave oleaje del lugar, acentuando el sonido marino. La brisa de la tarde se tornaba ligeramente fresca, y ya el sol empezaba a caer en el horizonte, justo a su lado.

- Buenas tardes. Bienvenidos a Pirata Pier. Aquí está el menú. ¿Desean mirarlo primero, o ya saben qué quieren tomar? – Preguntó un amable empleado del lugar, que les hizo entrega de la carta

- Por lo pronto quiero agua helada por favor – dijo una Regina sonriente y extrovertida – Y una copa de vino blanco, de éste – he hizo una señal en la carta de vinos

- Correcto. ¿Y el señor qué desea? – se hizo un silencio mientras Graham miraba la carta y se preguntaba a sí mismo qué quería

- A ver – dijo Regina con mirada pícara y desafiante – Mi esposo también va a querer agua fría, urgente, porque ha hablado mucho – lo miró fijamente, divertida, y adivinándolo – Y va a querer… ummm… una cerveza Corona con limón.

Graham la miró sorprendido, y luego rió, porque eso era exactamente lo que había pensado que quería, y que meditaba en hacerlo, ya que no quería parecer corriente al lado de la fina dama.

- Si, eso es exactamente es lo que quiero – le devolvió la sonrisa – mi esposa y yo vamos a mirar la carta y cuando vuelva pedimos de comer. ¿Te parece querida?

- Si mi amor – Se inclinó y lo besó frente al camarero.

- Ok – sonrió con pena el camarero – ya se los traigo

No sabía bien por qué, pero Regina no había separado sus hermosos labios de su boca, así que siguió respondiendo con más énfasis al beso. Su lengua penetró en su boca, y ahora jugaba con la de la mujer.

La pasión iba aumentando, hasta que un sonido realizado por la mesera, que ahora aclaraba la garganta, los despertó de su sueño de pasión.

- Aquí tienen. Agua, la cerveza para el caballero y la copa de vino blanco para la dama. Que lo disfruten – mientras recibía señas y sonrisas de la apenada pareja.

Al irse la camarera, rieron con ganas. Estaban experimentando una sensación que no era propia de la gente de su edad. Por lo menos Graham, nunca se había sentido así. Su corazón latía apresurado, y todo lo que quería era salir corriendo de allí con esa mujer, y llevarla a su cama. Tal vez quedarse a vivir en aquel paraíso con ella, por siempre.

¿Qué decía? ¿Se estaba volviendo loco? No podía enamorarse así de una desconocida.

Ni con Rubí corría semejantes riesgos. Con las mujeres que había tenido, siempre se sintió motivado. Pero en ésta, había algo especial. No sabía qué, pero sabía que si seguía sin sentido lo que estaba pasando, eso no iba a acabar bien.

Y con Elsa… ¡Wow! El sólo pensamiento de Elsa lo entristeció. Pero, más que por el hecho de la historia, y de que no sentía ningún atisbo de culpabilidad, era porque se dio cuenta de la verdad. Aunque la amó como a nadie, nunca se había sentido con ella como se sentía ahora con Regina.

- Graham, ¿qué te sucede mi amor? – Una Regina preocupada lo miraba extrañada – Sé lo que estás pensando – la mujer bajó la cabeza

- ¿Si? A ver ¿qué estoy pensando? – Le sonrió con dulzura y levantó su barbilla para no dejar de verla ni un instante – Una cosa es saber que quiero cerveza, y otra en qué pienso

- ¡Tonto! – lo miró, le hizo mofa y sonrió – Lo que quiero decir es que… yo también me siento diferente a tu lado… o ¿no es eso lo que sientes?

La miró, y vio la secreta esperanza en esos ojos profundos, de un marrón intenso.

- Y que, pues… eres un hombre muy inteligente, y sabes que no te he dicho toda la verdad

- ¿Toda la verdad? – la miró extrañado, pero él sospechó a qué se refería

- Si, lo básico de mí. Sin apellidos, pero con la verdad de cómo estoy ahora… porque si vamos a iniciar una amistad…

- Regina, no te presiones. ¿Por qué no brindamos? – trató de hacerse el interesante, pero con eso de "Iniciar una amistad"… ¿Qué demonios significaba eso?. Ella lo quería matar… él quería iniciar algo más

- Graham… Me refiero a que contigo quiero todo, aunque sea por estos días, y aunque no nos volvamos a ver – lo miró con la solemnidad del caso, pero con el deseo que implicaba la palabra "todo"

- Ok Regina, entiendo. Somos adultos – Trató de disimular su excitación siguiendo con el cuento del brindis, levantando su cerveza – Por nuestro "todo" vacacional

- Por Nosotros… jajaja, tonto – alzaron los tragos y brindaron, mirándose divertidos y apasionados

Pidieron algunos platos con frutos del mar, más vino y más cerveza.

Después de un rato de mirarse en silencio, y de ver el ocaso. Regina, que miraba a su derecha el atardecer, suspiró y le dijo a Graham

- Soy una persona solitaria Graham, de esas que encuentran rara vez y cada tanto a alguien con quien compartir "algo", y tal vez "todo" – seguía de perfil, mirando el atardecer.

- Entiendo – asintió Graham, mientras la acompañaba en su visión del atardecer. No pudo evitar pensar lo que había hecho en secreto la noche anterior. Mirarla viendo el atardecer, y algo más

- Cosas como éstas – señaló el atardecer, luego la cena, y a él – representan para mí "todo"

- Lo tomaré como un cumplido – le sonreía. Le parecía más hermoso su perfil, con esa poca luz, más la de las antorchas. Amó la forma en que el viento acariciaba su cabello y lo ondeaba.

- Escucha Graham. He hecho cosas en la vida de las que no me siento particularmente orgullosa – colocó una expresión en su rostro que el hombre no supo definir – He tenido éxito en mi carrera, y muchos hombres no lo manejan con facilidad. Mi trabajo es difícil y…

- Escucha – la interrumpió – no tienes que darme detalles

- ¡Cielos Graham! ¡Ya lo sé! Es claro que no quieres saber nada de mí, pero estoy tratando de decirte algo importante, y tú sólo… sólo escucha ¿Si? – lo miró y le habló con molestia y decepción – antes de que me arrepienta

- Disculpa Regina… Por favor. Es sólo que… no quiero saber demasiados detalles, porque temo que voy a quererte seguir hasta el fin del mundo, si es necesario – se escuchó, y no supo de dónde habían salido esas palabras

- Graham – Lo miró con asombro, conmovida – está bien. Es sólo que pensé… ¡olvídalo!

- No quiero olvidarlo. Quiero que me lo digas. Cuéntame, que luego yo te hablaré de mí.

Se sonrieron mutuamente, con vergüenza y con ternura. Ella parecía tener muchas ganas de decirle a Graham cómo se sentía. Y él, no quería nada más que escuchar su sensual voz.

Suspiró la morena, y mientras tomaba de un trago su copa de vino, le hizo señas a la camarera para que le trajera la botella, y más cerveza para Graham.

- Wow… si te emborrachas voy…

- Vas a tener que aprovecharte de mí, así que me tomaré varias botellas si lo necesitas – le dijo, interrumpiéndolo, y volviendo a su pose de mujer fatal

- Eres increíblemente sexy, y lo sabes. Y sospecho que lo disfrutas tanto, que me siento como un ratón cerca de caer en la trampa.

- Jajaja… No soy un pedazo de queso Graham, pero quiero que disfrutes probarme y comerme completa – se le acercó a un centímetro de la cara, mirándolo intensamente

- Puede que tú seas muy sensual, e impactantemente hermosa… Pero te puede gustar tanto este roedor, que vas a querer más… – ahora él la retaba con un tono de deseo, y con las ganas vivas en la mirada

- Graham. Soy una mujer clara jajaja, bueno lo has notado – sonreía perversamente, de medio lado – te deseo

La tomó fuertemente por la cintura y la acercó a él, arrastrando la silla en el impulso. La besó. La pasión los estaba sobrepasando, cada vez más. Ella respondía al roce de sus labios, al movimiento de sus lenguas.

La mujer puso su mano en la entrepierna de Graham, y entonces él se separó de un tiro de ella, y le tomó la mano. Una Regina excitada, malévola y divertida lo miraba con una sonrisa retadora y perversa

- ¿Qué pasó Graham? ¿Le tienes miedo a tu esposa? Jajaja – su risa le sonó a burla, y a juego incitante

- No… tengo miedo de mí. De que nos lleven presos por actos lascivos en la vía pública. ¿Qué quieres que te diga Regina? Me muero por quitarte la ropa y hacerte mía, aquí, ahora

- Pues… si, no quiero conocer la cárcel de Aruba – bajo la mirada con satisfacción, mientras se mordía de forma incitante el labio inferior, haciendo notar su hermosa cicatriz. Para entonces, su pie descalzo subía por la pierna de Graham

- Regina… – le dijo, como quien regaña sin ganas a un niño, mientras les sonreía

- Está bien caballero. No abusaré de usted esta noche. ¡Lo prometo! – cruzó los dedos de las manos, detrás de su espalda, dejando que Graham la viera – Ups…

A la 2 botella de vino, Graham sintió que las cervezas no eran suficientes para él, y se le unió a Regina en su degustación.

Dos botellas más tardes (dos a la cuenta de Regina, y dos compartidas), estaban ligeramente ebrios, y algo alocados. Sorprendido de la resistencia de la mujer, decidieron volver al hotel.

- Oye esposo, mírame – Regina colocaba su cara muy cerca de la de Graham, y le agarraba con sus suaves manos la cara – vamos a la barra que está en la piscina del Hotel

- Regina… ¿No crees que ya hemos bebido suficiente?

- Shiiii… ¡Aguafiestas! Es temprano y la noche es joven. Y tú y yo nos vamos a amar toda la noche… ¿Escuchaste esposo? – sin duda ya las copas le estaban haciendo efecto de forma acelerada

- Regina… Vamos pues… - ¿A amarnos? La sola idea lo hizo sonreír

La mujer se paró, con algo de dificultad, causada por el alcohol. Y se dispuso a hablarle desde su sitio al mesonero que los había atendido inicialmente

- ¡Señor! ¡Señor, la cuenta! – dijo Regina en tono elevado

- Shiii… mujer, que te oyeron hasta en el parlamento. Loquita adorable

- Jajaja eso no es nada – lo miró desafiante mientras volvía a levantarse - ¡Atención! ¡Atención! Este hombre que está aquí es mi esposo – dijo para los presentes – nos acabamos de casar, y sepan que ¡lo amo! … Amor a primera vista, desde que lo vi en el aeropuerto

- Shiii… Regina – dijo en tono apenado y bajo a la mujer – Disculpen, está algo "alegre" – hablaba con la audiencia que parecía agradada con el acto de la mujer enamorada – Y… Yo también la amo.

Se besaron mientras el público aplaudía conmovidos, y mientras la cuenta llegaba.

- Te amo Graham…