No es falsa alarma!

Es un capitulo nuevo, sin embargo estoy bastante oxidada así que es muy probable que noten una gran diferencia en mi manera de narrar, quizás luego le cambie algunas cosas al capitulo pero por ahora aquí esta además sino lo subia ahora iba a terminar borrandolo :/

Ojala les guste.

Besos (Elise)


No entendía esa ilusión casi desesperante que sufrían mis demás compañeras de clases por experimentar su primer beso.

A pesar de ser amiga del prospecto besable número uno en la escuela, mis pensamientos jamás se dirigieron hacia los labios de ningún chico, aún en los juegos del hambre cuando besaba a Peeta, lo hacía guiada por el mero deseo de sobrevivir entreteniendo a las masas con nuestro supuesto amor, sin tener la menor idea de lo que hacía, sin embargo hoy, aunque nuestra situación sigue siendo básicamente la misma, su beso se siente diferente, cuando acaricia mi mejilla y atrapa mis labios entre los suyos juguetonamente, mi cuerpo reacciona como si lo hubiera estado esperando hace mucho tiempo, por unos segundos pierdo la noción de tiempo y espacio dejándome llevar por la boca de Peeta jugando con la mía, invitándome a responder, y cuando lo hago y nuestras lenguas finalmente se encuentran me hundo en un abismo de sensaciones desconocidas pero placenteras.

¿Qué lo hace diferente esta vez?

¿Seguimos pretendiendo?

¿Él sigue pretendiendo?

¿Por qué quiero seguirlo besando?

Mi cabeza se llena de preguntas sin respuesta mientras que mi cuerpo sigue dejándose llevar por sus caricias. Mis manos se pierden en su cabello y él responde rodeándome con sus brazos.

No nos alejamos hasta que la música termina y es Peeta quien lo hace primero.

—Katniss —susurra, con su boca aún a milímetros de la mía —no hay que analizarlo de más ¿sí? —puedo sentir su aliento acariciarme de nuevo y mis labios pican de ganas de volver a sentirlo.

—¿Qué?— respondo algo desorientada —¿analizarlo de más?—

—Me refiero a que no hay que hacer una tormenta en un vaso de agua, fue solo un beso ¿verdad? —

Sé que no estoy en posición de reclamar porque yo lo he rechazado desde que nos casamos, desde que salimos de los juegos, y la Katniss racional tampoco quiere analizarlo de más sin embargo la otra Katniss de la que casi no sé nada, la que es nueva para mí, quiere analizarlo, quiere sentirlo.

No tiene que ser tan malo si tú no quieres, me dijo Cinna, y esto definitivamente no se sintió nada mal.

Peeta me mira a los ojos.

— ¿Todo bien? —

—Sí, todo bien… fue solo un beso como cualquier otro— respondo, haciendo alarde de una indiferencia que no poseo, no en ese momento.

Nunca me ha gustado sentir cosas que no comprendo y definitivamente es así como me siento, cuando Peeta se aleja para ir a buscarnos algo de comer y lo veo hablar y reír con un par de mujeres locales experimento unos celos cavernícolas de los que no me creía capaz y lo odio.

Odio estos nuevos sentimientos y odio a esta nueva Katniss que estúpidamente cree que Peeta Mellark le pertenece solo por un beso que ha comenzado de la nada.

—Tranquila, esas mujeres tienen maridos propios—

La voz de Finnick Odair a mis espaldas me hace rodar los ojos.

Lo que me faltaba.

—¿Te gusta llegar de improvisto verdad?—

—Admito que nuestros primeros encuentros han sido algo…. "impropios" pero tienes que admitir que encontrarlos cubiertos de condones puede sorprender a cualquiera —

—¿Puedes dejar el tema?—

—Tranquilízate —me sonríe con esa careta de galán de capitolio que solo me hace enfadar más — además no estoy aquí para hablar de la vida sexual de los amantes trágicos del distrito doce—

Suspiró.

—¿Entonces qué quieres?—

—Solo vengan a la playa a la media noche y allí hablaremos—

Su expresión se vuelve seria y algo de eso no me gusta.

¿Qué tema podríamos tratar con él que pudiera interesarnos?

—¿Para qué…?—

—Aquí no podemos seguir hablando— me dice tan despacio que apenas soy capaz de escucharlo.

Se da la vuelta antes de que pueda preguntar algo más, casi sale huyendo hacia el otro extremo de la plaza donde una mujer de cabello oscuro y expresión asustada le espera, él la toma de la mano y ambos desaparecen entre la gente.

La advertencia en su mirada antes de alejarse me dice que no estamos seguros. Que hay algo que debería saber si quiero mantenernos con vida.

Cuando Peeta regresa a mi lado me encuentro impaciente y para qué negarlo, asustada.

—Te traje una limonada, pareces acalorada—

Me froto el cuello y en efecto esta húmedo al igual que mi nuca.

—Solo estoy cansada, creo que regresare a la casa—

—Vamos a casa entones, no voy a dejarte sola ¿recuerdas?—

Intento sonreír pero sin mucho éxito.

¿Cuándo se va a acabar el miedo?

(***)

De camino a nuestro hogar temporal me la paso pensando en si decirle o no a Peeta lo que ha pasado con Finnick, pero él se me adelanta.

—¿Qué te dijo Finnick Odair cuando no estaba?—

Pasamos junto a algunos habitantes que nos miran y de inmediato Peeta me toma de la mano.

—Buen día —los saluda y ellos le responden igual.

Me quedo callada varios segundos y luego decido decirle la verdad.

—Quiere vernos a media noche en la playa— llegamos a la aldea de los vencedores y me saco los zapatos.

A diferencia del distrito doce, la aldea aquí se encuentra rodeada de arena y hermosas flores tropicales, junto a donde nos hospedamos incluso hay una gran palmera con cocos.

Sentir la arena debajo de mis pies me relaja.

—¿Para qué quiere vernos?—

Peeta parece desconfiar tanto o más que yo.

—No lo dijo, pero lucia algo asustado al final—

—No creo que debamos ir—

El noventa por ciento de mí está completamente de acuerdo con Peeta, no conocemos lo suficiente a Finnick Odair como para salir a media noche y acudir a su llamado. Sin embargo el otro diez por ciento quiere ir, necesita saber la razón de esa advertencia.

No es hasta que llegamos a la casa que lo descubro.

¿Cómo puedo ser tan estúpida?, por supuesto que no podíamos hablarlo allí.

Por eso su mirada seria, por eso salió casi corriendo del lugar.

Nos observan.

—Ya no hablemos de eso —miro a Peeta a los ojos intentando que me comprenda.

¿Por qué no lo había pensado antes?

Ellos pueden tener cámaras en estas casas también.

La idea me llena de paranoia, miedo, pero sobre todo coraje. Si mi acusación es real, el presidente Snow ya debe sospechar que este matrimonio no es verdadero, que Peeta y yo no estamos locos de amor el uno por el otro.

Puedo estar alucinando o perdiendo la razón de una vez por todas, pero cuando observo el techo y los rincones de este, casi puedo percibir un diminuto destello, los ojos de Snow observando cada uno de nuestros movimientos.

—¿Katniss estas bien?—

Es como si el suelo se desmoronara debajo de mí.

Nunca vamos a estar a salvo.

—¿Katniss?—

Observo a Peeta, sus ojos azules, su expresión desconcertada, y se lo que debo hacer, lo que debí haber hecho desde un principio.

Acorto la distancia entre ambos y lo beso, no dejo que me pregunte lo que está pasando aunque su mirada me lo dice todo cuando me alejo y comienzo a desabotonar su camisa.

—¿Qué-que haces?— él intenta detener mis manos pero no se lo permito.

Esta es la única manera.

—¿Qué parece que hago?— acerco mis labios a los suyos y lo beso de una manera que supongo podría ser sensual aunque no tenga la menor idea.

—Katniss no es…—

—Quedamos en no analizarlo de más ¿no es así?— acaricio su pecho —¿por qué crees que tenía aquellos preservativos sino era para esto?—

Desabrocho los botones de mi blusa y luego la dejo caer al suelo. Tal vez debí haber usado alguno de los elegantes sostenes que Cinna puso en mi maleta pero ya es muy tarde para eso y ahora estoy semi desnuda delante de Peeta.

Sus pupilas se dilatan.

—¿Tu… quieres esto?—me pregunta, apretando las manos como si estuviera a punto de explotar.

—Lo quiero— le digo —no me hagas rogar.

Y no es necesario que lo haga.

Peeta se termina de quitar la camisa, y lo siguiente que se es que estamos subiendo por las escaleras y más ropa comienza a desaparecer.