Capítulo 8: Un secreto de Hermione
Parecía que el tiempo se había congelado. Draco había quedado allí estático, sin saber que era lo que tenía que hacer en ese momento. Su mano todavía sujetaba la de Selene, pero a quien veía frente a él no era a la chica que conocía, ya no era aquella extraña que lo escuchaba cuando estaba aburrido, no era con quien confabulaba contra Weasley, y si no lo estuviera viendo con sus ojos, no podría haber sido capaz de creerlo.
La veía junto a él, con la vista fija en el suelo, llorando en silencio como avergonzada de algo. Se veía muy pequeña y frágil, y aunque sólo era un poco más baja que él, le provocaba hacer algo, aunque su mente no le entregaba ninguna pista de qué podría ser. Finalmente optó simplemente por soltarla de su agarre, pero fuera de eso no movió ni un sólo músculo. Sin embargo, ella al verse liberada no lo pensó dos veces y salió corriendo del despacho, dejando a un aturdido Draco junto al director, mirando la puerta por la cual había salido.
- No puedo creerlo – habló Draco con tono sombrío.
- Esto más que creerlo debe sentirlo, señor Malfoy. Y estoy totalmente seguro, de que usted la aprecia y mucho, y no sólo a Selene si me permite agregar – dijo Dumbledore mirándolo significativamente – Si hubiese sido por ella, usted jamás se habría enterado de la verdad, como podrá haber notado. Selene tiene muy arraigada la idea que de esa manera estará más seguro.
- ¿Y por qué piensa eso?
- Yo no soy quien para contarle nada más, joven Malfoy, si quiere las mejores respuestas que puede obtener será mejor que vaya a hablar con ella. Luego puede ser demasiado tarde – Terminó de decir el director para luego abandonar la habitación.
Parado en medio del despacho, Draco entendió que tenía que afrontar aquella situación. Nada ganaba quedándose allí con la cabeza hecha un desastre. Además, él se merecía una respuesta, nadie podía venir y decirle que tenía una hermana a la que nunca había visto y luego irse para abandonarlo a su suerte, era como si lo que él opinara no valiera nada. De esta manera salió por el pasillo y tan decidido como había descendido por las escaleras las volvió a subir, aunque esta vez no iba a huir a ninguna parte, sino que todo lo contrario.
Agradeció mentalmente el no encontrarse con nadie en todo su recorrido y sólo se detuvo cuando estuvo a pocos centímetros de la puerta cerrada de la habitación de Selene. Decidido como estaba, golpeó un par de veces a la puerta, pero nadie atendió. Únicamente podía escuchar una gran cantidad de ruido al interior de la habitación, como si dentro se revolvieran diversas cosas y todas al mismo tiempo. Volvió a llamar, pero nuevamente no obtuvo respuestas, por lo que decidió entrar aunque fuera con magia, pero grande fue su sorpresa al notar que la puerta no tenía puesto el cerrojo. Abrió con toda la cautela de la que fue capaz y al tener la imagen de lo que pasaba dentro de aquel cuarto, pudo entender el sentido de las palabras de Dumbledore.
Selene estaba dentro de la habitación, pero ni siquiera se dio por enterada de que él acababa de entrar, estaba demasiado ocupada apuntando a todas las cosas de su habitación con su varita para que se encogieran, volaran a sus respectivos bolsos o simplemente desaparecieran. Ella estaba ordenando para irse, obviamente tenía planeado abandonar aquella casa, y puede que tal como lo dijo el director, después hubiese sido demasiado tarde.
Tan concentrada estaba en su labor que había olvidado cerrar la puerta y aún no se daba cuenta que no se encontraba sola en ese lugar. Recién cuando se giró un segundo para apuntar a una serie de libros, pudo ver quien la estaba esperando en el umbral de la puerta. Su rostro reflejaba completa sorpresa, pero ahora ya no se veía tan vulnerable como antes. No, ahora estaba decidida, eso se podía distinguir a cualquier distancia, y fue por ello que inmediatamente volvió a lo que estaba haciendo, como si nunca hubiese visto a Draco allí.
Él continuó mirándola sin decir absolutamente nada. La veía ordenar frenéticamente, usando su varita de forma rápida y fluida. Para él esto no era ninguna sorpresa, ya sabía que ella era una bruja, pero sin embargo, le volvió a la mente el momento cuando le había prometido que no le ocultaba nada más. Ahora, aparte de confundido, se sentía traicionado por una de las pocas personas que tenían su confianza, por quien más rápido se la había ganado.
Ninguno se dijo nada por los siguientes diez minutos, pero de todas formas Draco no se movió de su sitio, ni mucho menos le quitó los ojos de encima. Estaba serio y distante, como si todo lo que le rodeara le fuera indiferente. Sólo cuando Selene tomo sus bolsos y pasó por el lado de él para poder salir de allí, Draco se giró hacia ella y volvió a hablar.
- ¿A dónde crees que vas? – consultó con absoluta tranquilidad, paralizando a Selene en su salida.
- A de donde nunca debí haber salido.
- Se nota que no me conoces ni un poco si piensas que voy a permitir que te vayas así – dijo con un tono de voz ligeramente amenazante.
- Y se nota que tú tampoco me conoces si crees que vas a lograr asustarme con eso.
Selene estaba a punto de seguir con su camino luego de dar por terminada la conversación, pero no alcanzó a dar ni siquiera dos pasos cuando Draco cerró la puerta frente a sus narices con magia y más fuerza de la necesaria, para luego con un segundo movimiento deshacer todos los bolsos de ella, dejando todos sus objetos desparramados por el suelo.
- Vaya, creo que ahora tendrás que volver a comenzar – habló Draco con falso tono de inocencia.
- ¿Se puede saber qué es lo que pretendes? – se volteó hacia él, pero le contestó sin mirarlo a la cara.
- ¿Qué es lo que YO pretendo? ¡Ah!, disculpa, es que no sabía que ahora era yo quién estaba huyendo como una rata.
- Puedes decir todo lo que quieras, pero tú no sabes por qué yo hago las cosas.
- Obviamente no lo sé, si no eres capaz de decirme nada, ¡ni siquiera puedes mirarme!
- ¡Porque estás mejor así! ¡Ni que para mi fuera placentero todo esto! – los tonos de ambos iban en aumento. Era como ver una pelea de los jóvenes Lucius y Narcisa, en la cual ninguno pensaba ceder.
- ¡Tengo derecho a saber! Y no pienso irme sin obtener una respuesta. No pienso impedir que te vayas, pero de aquí no vas a salir hasta que me digas todo lo que sabes.
- No tienes idea de lo que me estas pidiendo.
- Puede ser. Pero prefiero tener que lidiar con las consecuencias, que pasar otro minuto sin saber por qué luego de 17 años vengo a recién enterarme de que tengo una hermana. Después de esto, puedes hacer lo que quieras con tu vida, yo no te lo voy a impedir, pero no pienso irme sin que antes me contestes.
- ¿Y qué se supone que quieres saber? – Selene estaba rendida, lo último que quería era discutir con él y al parecer no iba a tener más opción que hablar si quería acabar con todo eso.
- ¿Quién eres en realidad? – Draco no sabía por donde empezar, pero lo básico le pareció un buen inicio.
- Soy tu hermana…
- Creo que ya habíamos llegado hasta esa parte
- ¿Podrías dejarme continuar? Mi nombre es Naia Andrómeda Malfoy, pero para los muggles soy Selene Cole – contestó aún sin mirarlo y con la voz digna de una persona condenada a la horca.
- ¿Dónde estuviste durante todo este tiempo?
- En España, bueno, Barcelona para ser más exacta. Viví en una casa de acogida dirigida por muggles toda mi vida.
- Muy bien, ves, esto es un comienzo… – la picó Draco, pero siempre manteniendo el control de sí mismo - Sin embargo hay sólo un pequeño detalle que falta. ¿Por qué extraordinaria y supongo que cuerda razón, estás separada de nosotros? – hablaba como si se dirigiese a un niño pequeño
- Es suficiente – la respiración de Selene era agitada.
- No, no lo es. Respóndeme.
- Yo… Yo no… - por más que intentaba comenzar una oración de forma decente, no lo lograba y Draco estaba comenzando a perder la poca paciencia de la que estaba haciendo gala.
- ¡Tú, qué! No puede ser tan difícil de contar ahora que ya no tienes porque seguir mintiendo. Aunque por lo visto nunca te costó demasiado hacerlo.
- Necesitaba hacerlo…
- ¿Por qué?
- ¡Basta!
- ¡Por qué! – insistió.
- ¡Por Voldemort! – Terminó por gritarle, provocando que un escalofrío recorriera la espalda del muchacho al escuchar ese nombre – siempre fue por él. Si lo que quieres es culpar a alguien, cúlpalo a él.
- No entiendo.
- No hay mucho que entender, Draco – aclaró Selene y comenzó a relatar todo lo que sabía – Para nadie es un secreto que ese sujeto es un psicópata y en sus comienzos no era muy diferente. Hubo un momento en que nuestros padres eran personas medianamente normales, no ligados de forma tan directa a la magia negra, sólo un par de magos más comenzando su vida de casados. Pero una vez que Voldemort llamó a diferentes personas a que se unieran a su causa, pa… Lucius, tomó la decisión equivocada y acudió a ese llamado. Sin embargo, el Señor Tenebroso era aún más desconfiado de lo que es ahora y para poder ser parte de su séquito había que entregar un pago, un pago de sangre claro está, para probar de esta manera la lealtad que le tenías. Les exigió a cada uno de sus mortífagos que sacrificaran al menor integrante de su familia y como prueba llevaran su cadáver ante él.
- Mi padre sería incapaz de hacer algo así – para Draco su padre podía ser muchas cosas, pero jamás pondría en peligro a su familia, para él ellos eran sagrados.
- Obviamente que no lo hizo, sino yo no estaría aquí contándote todo esto. – rió ella sin un atisbo de alegría - En ese entonces yo con suerte tenía unos meses de vida y en ningún caso se plantearon matarme, por lo que le entregaron un bebé falso, aunque muy parecido a mí a Voldemort y decidieron que lo mejor era dejarme al cuidado de alguien que fuera incapaz de hacerme daño.
- Dumbledore.
- Sí, Albus. Él ha sido el encargado de mantenerme oculta todo este tiempo.
- Es ridículo, ¿por qué mi padre simplemente no se rehusó a hacerlo y dejaba de ser un mortífago?
- Porque Voldemort no dejaría con vida a alguien que osara rechazar la oferta de servirle, y en ese caso todos estaríamos en peligro. Seguramente tú no existirías siquiera si hubiese sido así.
Durante la conversación Selene se fue tranquilizando poco a poco, hasta que terminó sentada en una orilla de la cama, mientras Draco seguía exactamente en el mismo lugar y se limitaba a mirarla, aunque ella no podía hacer lo mismo.
- No creo en nada de lo que dices. Si fuera verdad, ellos te habrían buscado, habrían hecho hasta lo imposible por que volvieras a la casa luego de la caída del Señor Tenebroso, pero obviamente no fue así.
- Si no lo hicieron fue simplemente porque Lucius siempre supo, al igual que Dumbledore, que Voldemort iba a regresar. Ambos sabían que la noche que atacó a Potter, él no había muerto.
- Veo que tienes respuestas para todo.
- Porque es la verdad, sólo por eso. Aunque prefiero que no me creas de todas maneras, es lo mejor.
- Sigo sin entender por qué es malo que yo sepa todo esto.
- ¡Porque eres un Mortífago! Imagínate lo que te pasaría si Voldemort llega a enterarse de que yo sigo viva. Lo primero que haría sería acabar contigo como una forma de saldar su deuda y después continuaría por Lucius y Narcisa – ella se había vuelto a poner pálida luego de contestarle.
- Tienes miedo – afirmó enseguida, al notar su reacción - ¿Qué se supone que es lo que te aterra si él asume que tu estás muerta? Se supone que tú estás segura, no tendría por qué afectarte nada de esto.
- ¿Piensas qué es por mi? – Preguntó sin creerlo – ¡Entiende que no temo por lo que a mí pueda hacerme! ¡No quiero que les haga daño! Viví toda mi vida lejos de aquí con tal de mantenerlos a salvo ¡y no voy a peder todo eso! No me malentiendas, no me arrepiento, lo volvería a hacer una y mil veces con tal de mantenerlos a salvo. ¡Pero no puedo permitir que después de años él se entere de que todo, menos ahora que existe una mínima posibilidad de acabar con él gracias a la Orden! Yo no quiero que les pase nada… – había perdido toda la calma, todo lo decía con los ojos empapados de lágrimas y tiritando de vez en cuando.
Esa era una confesión que Draco no esperaba escuchar, en toda su vida, la mayoría de las personas, a excepción de sus padres, se habían preocupado por él porque tenían que hacerlo, nunca porque simplemente les importara. Sin embargo, ahora llegaba esta chica, que sólo lo conocía desde hace poco tiempo y que a pesar de nunca haber vivido con él, a pesar de ni siquiera estar segura de si él estaba interesado en ella más allá de la simple curiosidad, a pesar de todo, está allí sentada en esa cama temblando aterrada por la simple posibilidad de que él estuviera en peligro. Si bien, no terminaba de convencerse de todo lo que Selene le había dicho, parecía que todo aquello no era importante. Algo en ella le hacía creer en lo que decía. No era tan irrisoria la idea de que el Señor Tenebroso mandara a demostrar la fidelidad de sus aliados obligándolos a sacrificar parte de su familia.
Se encontraba en una posición en la cual no tenía ni idea de cómo proceder, ¿qué se suponía que tenía que hacer ahora? ¿Cómo tratar a alguien que creías conocer? No había ninguna lección, entre todas las que su madre le había dado en el pasado, que le entregara una pista sobre lo que el protocolo social le indicara que debía hacer. Fue por eso que hizo lo único, que se le ocurrió, era la mejor forma de continuar.
- Mi nombre es Draco Malfoy, doble espía de la Orden del Fénix, señorita, y ¿usted es…? – dijo estirando la mano hacia Selene en señal de saludo.
La ahora rubia chica no entendía absolutamente nada, pero ahí estaba Draco mirándola directamente como si no la conociera, sin ningún rastro en el rostro de demencia o locura. Él simplemente se veía tranquilo, esperando pacientemente a que ella se presentara, haciendo como si no se conocieran en un intento por volver a comenzar desde cero. Selene sólo pudo reír ante la idea y la forma en que él le ofrecía volver a empezar.
- Yo soy Naia Malfoy, alias Selene Cole, posible integrante a la Orden del Fénix, es un placer señor Malfoy – Terminó de decirle y tomando su mano, agradeciendo interiormente por la nueva oportunidad que el Slytherin le estaba dando.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Aún no entendía cómo Selene lo había convencido a no decir una palabra a sus padres sobre todo lo que había pasado. Lo único que recordaba en ese momento era una mirada digna de las de su madre, convenciéndolo a que no diría nada hasta que fuera seguro. Ahora estaba obligado a volver a su casa y ver a la cara a sus padres, teniendo que aguantar a cada instante la necesidad de pedirles una explicación, pero tendría que soportarlo, había prometido no decir nada y él podía ser muchas cosas, pero nadie podía negar que Draco Malfoy no fuera un hombre de palabra.
Ya habían pasado unos minutos desde que había dejado Grimmauld Place y ahora se encontraba en una habitación extremadamente amplia, con un par de ventanales que le entregaban gran luminosidad y con muebles de madera tallada. Nada allí hacía sospechar que ese era el dormitorio del Slytherin, era sólo una habitación maravillosamente decorada, en la cual no tenía porque estar encasillado en el papel que debía seguir según la casa a la que pertenecía, simplemente podía estar sin pretender ser como los demás esperaban que fuera, sin tener que cumplir con las expectativas de nadie.
Desde la posición en la que estaba podía apreciar perfectamente un cielo sin luna que atravesaba por el umbral de las ventanas, que sólo se veía interrumpido por un pequeño punto en movimiento que se dirigía hasta donde él se encontraba. No tuvo que pensar mucho para imaginar de quien podría ser la lechuza que ahora estaba aterrizando en el alero. Si había alguien que en ese momento necesitaría seguramente hablar con él, ese era su padrino Severus Snape. Se había retirado del cuartel de la Orden sin avisarle, y obviamente Dumbledore no le dijo cual fue el motivo por el cual Draco se había ido.
Esto era prácticamente la crónica de un regaño anunciado y lo peor era que no tenía ninguna excusa medianamente creíble con la cuál librarse de la que, posiblemente, fuera una larga noche. No podía simplemente plantarse ante el profesor de pociones con cara de inocencia y decir: "Lamento no haberte avisado de mi partida y no esperarte como de costumbre, pero encontré a mi hermana perdida y luego de una larga conversación sólo quería volver a casa", sí, eso hubiese sonado totalmente lógico.
Y tal como lo sospechaba, ahí estaba la pulcra letra de Severus Snape, pero que en vez de estar pidiendo una respuesta con las explicaciones del caso, le informaba que él iba a pasar personalmente a la casa de los Malfoy para obtenerlas. No pasaron ni cinco minutos desde la llegada de la lechuza, hasta que por la puerta de la Mansión los elfos domésticos dejaban entrar a una figura vestida de un completo y pulcro negro y con la expresión seria, prácticamente tallada, en su rostro.
Snape siempre había sido un gran amigo de Narcisa, se habían conocido tiempo después del matrimonio y desde entonces su amistad se fue haciendo más fuerte con el tiempo, por lo que no era de extrañar que él hiciera una de sus frecuentes visitas a la casa de los Malfoy sin invitación previa. Él había encontrado en aquella mujer aristocrática algo más allá que la simple compañía de una mujer de alta sociedad, sino que también tenía la admirable capacidad de saber escuchar y de poder entender las cosas, muchas veces sin la necesidad de explicaciones. Lo cual le daba una pequeña muestra de lo inteligente que era en realidad Narcisa Malfoy, a pesar de no necesitar muchas palabras para demostrarlo.
Esa noche, todo parecía como cualquier otra visita del profesor, pero Draco sabía que ésta no era por simple cortesía. Tal parecía que Snape tenía varias cosas que tratar con él, pero el problema es que el rubio no podía entender porqué era tan grave que por una vez no lo haya esperado para poder retirarse de la Mansión de los Black, tomando en consideración además que ahora utilizaba la chimenea y que no tenía necesidad de desaparecerse en un callejón apartado.
Finalmente, el profesor vio su oportunidad para poder hablar con Draco a solas, en el momento en que la dueña de casa se excusaba para poder ir a asegurarse que la preparación de la cena no tuviera ningún problema y que Lucius salía del recibidor también, argumentando que tenía que responder a una carta antes de que se hiciera más tarde. Al fin, tanto Snape como Draco se quedaron solos en aquella parte de la casa, de pie y cada uno esperando a ver si el otro tenía algo que decir.
- Veo que ya te haz recuperado – comenzó finalmente Snape.
- Si, no fue algo tan grave.
- No dirías eso si te hubieras visto Draco.
- De cualquier manera, dudo que sea de eso lo que tienes que hablar conmigo.
- Ese ataque no debería ni siquiera de haber ocurrido, y lo sabes.
- ¿Es que se suponía que debería haber dejado a Granger allí con Greyback?
- No, lo que se suponía es que no deberías preocuparte tanto por la señorita Granger, lo que debiste haber hecho fue pensar con la cabeza fría. Podrías haber hecho las cosas de otra forma y tal vez así evitar ponerte en peligro y delatar posiblemente tu posición en la Orden – los ojos negros de su profesor estaban fríos y serios, fijos todo el tiempo en él.
- Bueno, a menos que te consigas un giratiempos, supongo que no se puede hacer mucho.
- Ese no es el punto y lo sabes, Draco. Tienes que entender de una vez por todas que esto no es un juego, no es una competencia de nada. Estás envuelto en una de las sociedades más peligrosa del mundo mágico, donde la única buena noticia es mantenerse vivo al final del día. Si llegan a descubrirte no sólo tú pagaras las consecuencias, sino que Narcisa y Lucius también caerán contigo.
- No necesito que me lo recuerdes… - el más joven de los Malfoy siempre se sacaba un peso de encima cuando llegaba a su casa y podía decir que había sobrevivido a todas las cosas que podrían haber salido mal. Vivía con el peso constante en sus hombros de la incertidumbre y la impotencia, y su padrino no hacía más que enrostrarle una de las principales distracciones que tenía en ese momento.
- Espero que no sea necesario entonces que te lo vuelva a repetir, se supone que tú y Granger son los más brillantes de Hogwarts, deberían estar a la altura.
Terminando de decir eso, Severus Snape abandonó a Draco y se fue a los pocos minutos de la casa de los Malfoy, a pesar del ofrecimiento de Narcisa de quedarse más tiempo. El problema era que para Malfoy las palabras de su padrino no se desvanecían ni aunque él se hubiese ido. En el rubio había calado hondo la frase "deberían estar a la altura", ¿hasta cuándo él debería estar a la altura de los demás? ¿Hasta cuando debía cumplir con las expectativas de los demás, de su familia, de sus amigos e incluso de gente que él no conocía, pero que ellos si lo conocían a él? Estaba arto de toda aquella situación. Siempre debía ser un digno Malfoy, un digno representante de Slytherin, y un mago digno de ser enviado.
Mucho tiempo trataba de convencerse de que era eso lo que quería, que tal como le habían inculcado él debía querer ser el mejor de todos, él debía desear que todos lo admiraran. Sin embargo nada de eso había llegado en la forma en que se lo había esperado. Pasó su infancia con amigos que se unían a él por el dinero de su padre, con mujeres que se le acercaban por pertenecer a los Malfoy en vez de por ser Draco Malfoy y con contactos en todos lados, que muchas veces le importaron un reverendo pepino.
Y ahora no sólo debería cumplir con todo eso, sino que también debía dar el ejemplo por su rendimiento escolar. ¿Cuándo sería el día en que las cosas cambiaran, en que él no cumpliera con más expectativas que las propias y en que nadie le culpara por eso?
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Despertó ese día con la sensación de no haber descansado nada, tenía tantas cosas en mente que le era imposible descansar ni aunque durmiera mil horas. Además el que ese día volviera a tener una reunión de emergencia, de la cual se le acababa de informar, no servía para mejor su ánimo, ya que también debería acompañar a su padre al Ministerio. Comenzaba a extrañar terriblemente los días en que podía dormir hasta tarde y quedar desocupado luego del desayuno; cuando su principal problema era que los elfos domésticos no le obedecieran lo suficientemente rápido.
Cuando llegó al Ministerio en compañía de su padre todo parecía normal, era otra simple reunión de negocios, para que el fuera aprendiendo el manejo del negocio familiar. En el umbral de la puerta para invitados especiales los recibió Anne, como era costumbre, ella era la asistente de relaciones del lugar y se encargaba que las personas importantes no tuvieran ningún inconveniente en su estadía en el edificio. Sin embargo, la normalidad terminó en el momento en que después de desaparecer de la vista de la bruja, Lucius llevó a su hijo a una sala diferente a la de costumbre. La puerta frente a la que estaban no tenía ningún tipo de manilla ni cerrojo, simplemente era un lienzo de madera negra lustrada que al parecer se abría sólo al personal autorizado.
La hoja de ébano dejó entrar tanto a Lucius como a Draco, revelando la presencia de otras dos personas. Allí estaban Zabini, el padre de Blaise, junto a Alecto Carrow, con una sonrisa macabra que no podía significar nada bueno.
- Por fin llegas, Lucius, Alecto ya estaba comenzando a impacientarse – Habló Zabini.
- Lamento la tardanza, no habría sido tanto si nos hubiéramos reunido en un lugar menos público.
- Sabes perfectamente que el Lord, quiere que mantengamos nuestras rutinas normales en el Ministerio para no levantar ningún tipo de sospecha – alegó Alecto.
- Sí, lo sé, lo que no sé es por que nos citaron de forma tan urgente.
- No es por nada desconocido para ti, Lucius, se trata del ataque de hoy al Palacio muggle.
- El ataque no está planeado para el día de hoy – se apresuró a rebatir el rubio.
- En eso te equivocas, el ataque será hoy cuando el sol se esconda – les explicó Zabini.
- Al parecer el Señor Tenebroso quiere apurar un poco las cosas. Claramente no nos explicó el por qué – dijo Alecto.
- Ni que fuera muy difícil imaginar la razón – comentó el padre del mejor amigo de Draco - De seguro quiere tomar desprevenido a la persona que pueda estar traspasando información a los aurores.
- ¿Por qué no tratas a "esa" persona por su nombre? Es obvio que sospecha de Snape.
- Tienes razón, Malfoy, debe pensar que el tiempo trabajando como doble espía comenzó a afectarle. Según lo último que supe, en estos momentos Snape tiene prohibido alejarse del Señor Tenebroso, con tal de que este no lo pierda de vista – les explicó Alecto con cierta satisfacción al hablar.
- Supongo que eso era todo lo que tenían que decirme, ¿o me equivoco?
- No, eso era todo. Tú y tu hijo tienen que estar allí minutos antes de que oscurezca. Su ubicación se les revelará cuando lleguen.
- Perfecto – respondió Malfoy padre mostrándose todo lo orgulloso que podía – Nos veremos caballeros.
Draco no había participado en absolutamente nada de todo aquello, pero era mucha la información que había recibido sin proponérselo. Su padre sabía del ataque, el cual sería hoy. El Señor Tenebroso ya sospechaba de Snape. Tampoco estaba seguro de que la Orden estuviera al tanto de todo, ya que la reunión era mucho más tarde de cuando estaba planeado el ataque.
- ¿Tú sabías de este ataque? – le preguntó directamente a su padre cuando se encontraron solos.
- Sí, se me informó ayer, mientras tú estabas con Snape. La única a la que le había dicho era a tu madre – Lucius se detuvo en la mitad del pasillo y le habló en tono mucho más bajo a su hijo – Draco, debes ir a la casa ahora. Cuéntale todo a tu madre, no quiero que se aparezca fuera de allí bajo ninguna circunstancia. Yo llegaré dentro de poco, ya que tengo cosas que hablar con Yaxley antes de irme.
- Claro, padre.
De inmediato se fueron en direcciones opuestas. Aunque Draco no se iba precisamente hasta la mansión, no, el debía avisar a la Orden, tenía que avisarle a ella. Ésta iba a ser la mejor oportunidad que tendría para llegar a Grimmauld Place, el único problema es que su tiempo era limitado. Debía hacer todo y llegar a su casa antes de que su padre lo hiciera, provocando que la adrenalina comenzara a fluir por sus venas sin ningún impedimento.
Salió así al pasillo principal del Ministerio, estaba sufriendo un episodio de frustración consigo mismo, como de esos en que estas en un sueño hablándole a personas incapaces de escucharte, la única diferencia es que ahora corría o intentaba hacerlo disimuladamente a través de los pasillos del Ministerio con el único propósito de encontrarla y parecía que no avanzaba en lo absoluto.
Necesitaba verla, asegurarse de que todo aquello no la iba a tomar desprevenida o algo parecido. Tenía muy pocos minutos, tan escasos que sólo uno más de retraso significaría algo peor que la muerte como consecuencia. Sin embargo estaba decidido a llegar a Grimmauld Place a como diera lugar.
Sanpe estaba imposibilitado de avisar a la Orden, ya que desde el último encuentro en el Callejón Diagon, el Señor Tenebroso no tenía ninguna intensión de separarse del profesor de pociones con tal de asegurarse de que no estuviera relacionado con la extraña eficiencia con la que los aurores acudían a los enfrentamientos con los mortífagos. Por lo tanto, ahora Draco era el único que podía hacer algo para avisarles.
Llegó de esa manera a las chimeneas del ministerio y se sintió tentado de utilizarlas, hasta que notó que debería decir la dirección en voz alta y desistió de inmediato, ya que esa no era una opción en ese momento, tomando en consideración todos los mortífagos que allí podría haber.
Para todos los que se encontraban en aquella parte del ministerio, Draco lucía exactamente igual que siempre, iba con su mirada en alto, su porte indiferente y caminando relajado, enfundado en su impecable traje negro. Nadie allí notaba nada extraño ni fuera de la rutina diaria, o al menos eso parecía. El Slytherin iba tan preocupado de no toparse con nadie relevante, que no notó en ningún momento la presencia de alguien tras sus pasos. Aunque si algo le había quedado claro durante el cuarto curso era que siempre se debía mantener en Alerta Permanente.
Se encontró por fin con la salida alternativa del ministerio, la cual daba a una pequeña tienda en Londres Muggle muy mal surtida en la que se vendían botones, hilos y cremalleras, y en la que casi ninguna persona entraba. Pasó por ahí sin ni siquiera mirar a la pequeña mujer que hacía de dueña de la tienda y atravesó el umbral de la puerta principal, quedando de frente a un enjambre de personas que iban y venían en perfecta sincronía sin chocar ni desviarse de sus propósitos. Por un segundo se vio sin saber cómo había llegado a ese lugar, pero no fue más que un instante y se pudo en marcha enseguida hacia el primer callejón solitario se que detectó.
En todo momento sólo pudo visualizar un lugar a donde dirigirse y un solo rostro con quien debía encontrase. Esa constante angustia que se mantenía hace tiempo en su pecho ahora parecía apoderarse de todo en su interior. Aunque cuando por fin se vio sólo, sacó su varita y se desapareció raudo del lugar, dejando tras de sí sólo una extraña corriente de aire y un espacio vació que a nadie le llamaría la atención, pero que para la desconocida figura que lo vigilaba hasta hace unos momentos tenía una clara interpretación.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Era extraño verse a si misma sin un rumbo claro sobre lo que tenía que hacer. Por varios años su vida se había centrado en resolver un problema tras otro, atravesando diferentes situaciones con sus dos mejores amigos. Sin embargo, ahora que tenía tiempo para pensar y reflexionar, entendía que tanto su futuro como el de la gente que amaba era sólo una vaga ilusión de un mundo tranquilo y normal, era sólo una esperanza de paz en su horizonte que jamás se haría realidad con la amenaza de Voldemort sobre sus cabezas.
Y cómo si eso fuera poco, en su memoria aún se mantenía intacta la cara de Malfoy del día anterior, y por más que deseaba explicarse a sí misma que preocuparse por él era lo normal, pero por una extraña razón, le era imposible; el hecho que fuera miembro de la Orden o los años como compañeros de colegio no le parecían suficientes.
Siempre había pensado que la mente humana era la peor enemiga de sí misma si no la utilizaba de manera adecuada, y ésta era una perfecta ocasión para comprobarlo. No se suponía que pensara ese tipo de cosas sobre lo que podía pasar mañana y mucho menos que pensara en Malfoy, sino que ahora debería estarse centrando en cómo acabar con el Señor Tenebroso… pero simplemente no podía.
En ese momento sólo daba vueltas en la casa de los Black, con la pequeña ilusión de encontrar algo con lo que distraerse y evitar así los momentos de ocio que le provocaba ese tipo de confusiones mentales. De forma casi inconsciente terminó en un rincón desconocido de la casa para la castaña, era un pequeño salón en donde estaba situado un antiguo piano de cola, iluminado por los candelabros de la pared y sólo adornado por unos cuantos retratos de la familia Black que dormían profundamente. Era tal vez el cuarto más austero de la casa, pero ella no necesitaba nada más, lo adoraba tal y como estaba, y aunque parecía necesitar una limpieza, era sólo un detalle que no le quitaba la mística al lugar.
Con todo el tiempo del mundo se acerco a examinar más de cerca aquel instrumento que parecía hecho a mano dado el diseño que poseía en la madera tallada y se sentó en la butaca del mismo. El silencio allí sólo se vio interrumpido cuando Hermione levantó la tapa que cubría las teclas.
Había pasado muchos años de su infancia aprendiendo a tocar piano, lo cual sólo acabó porque había tenido que irse a vivir a Hogwarts, por lo que el piano no le era indiferente, sino que todo lo contrario, era con él con quien ella descargaba todas sus frustraciones cuando lo necesitaba mientras estaba en su casa, era en los momentos en que sus dedos danzaban alrededor de las teclas en que podía liberarse, podía dejar de ser Hermione Granger por unos segundos y simplemente dejarse llevar por alguna melodía que ella misma provocara.
El sonido del Canon de Pachelbel inundó el lugar, mientras la cabeza de la castaña se deshacía de cada problema con gran facilidad. Era una melodía que conocía de memoria, la reconocía como propia, sentía en cada fibra de sí misma como si fuera la primera vez que la interpretaba, ya que siempre le provocaba lo mismo, transportándola a años atrás cuando su madre tocaba el piano en la sala de su casa mientras su padre leía junto a ella.
Tocó durante muchos minutos, pasando desde el Canon al Nocturno N°2 de Chopin. Además había tomado la precaución de silenciar el lugar para mantener su anonimato dentro de la casa, ya que nadie en ese lugar sabía que podía tocar piano, era ese su pequeño secreto, algo que consideraba como muy propio y que no deseaba compartir. No era que fuera egoísta, sino que no necesitaba que nadie se enterara de algo parecía un detalle a sus ojos, era una parte de sí misma que prefería disfrutar en solitario, porque dudaba que alguien pudiera apreciarlo en la medida en que ella lo hacía.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Los pies en la tierra y su estómago donde se suponía que debía estar. Había logrado aparecerse como correspondía. Desorientado por la adrenalina contenía que aún llevaba en su cuerpo, Draco miró a su alrededor para poder ubicarse en donde se encontraba y cuando por fin logró ubicar las casas entre las que se encontraba escondida Grimmauld Place no tardó en dirigirse hacia ese lugar.
Ya prácticamente había llegado a su destino y con un mejor tiempo del que había esperado. Sin embargo, estaba completamente ansioso, en poco tiempo debería poner a prueba toda su destreza y autocontrol si quería salir vivo en lo que sabía iba a ser una gran batalla entre los mortífagos, la Orden y los aurores. Debería fingir que les hacía daño a sus contrincantes, que estaba preocupado por el cumplimiento de la misión del Señor Tenebroso y como si eso fuera poco, sabía que además debería velar, aunque fuera como un acto reflejo, de aquella castaña que no tenía para con él nada más que una cruda camaradería y un gran resentimiento que desgraciadamente estaba más que justificado.
En ese estado de creciente excitación era poco lo podía coordinar o hacer plenamente consciente, pero por lo menos pudo decir correctamente la clave que revelada la fachada del cuartel de la Orden y entrar en él. Aunque allí había algo extraño, si bien dentro de la antigua casa todo parecía normal físicamente, parecía que hubiese algo en el aire, una sutil diferencia que para su sorpresa lo tranquilizaba enormemente. Era como esa paz de un océano implacable y la fuerza del sol a través de las hojas de un árbol, le recordaba el jardín de la mansión Malfoy, pero de cualquier manera, eso no encajaba con lo que veía en ese descuidado lugar.
De inmediato se termino por calmar y avanzó por el estrecho pasillo con toda parsimonia, esta vez caminaba sin rumbo fijo, avanzando hacia donde sentía que debía ir. Era una ruta que había tomado en alguna ocasión, el problema es que ahora no tenía ninguna razón para ir hacia allá, sabía que debía encontrar a Hermione, pero algo en su interior le indicaba que estaba bien en seguir esta ruta.
Lentamente sus oídos fueron captando lo que se iría transformando poco a poco en una melodía desconocida para él. Era tan relajante que no pudo más que dejarse guiar por aquella música sin ofrecer ninguna resistencia, hasta que por fin llegó al salón de baile de la casa de los Black, lugar que por un segundo creyó que era su destino final, pero se equivocaba. Sus pies continuaron su camino como si nada hubiese pasado hasta detenerse junto frente a una puerta al costado de esa habitación.
Se detuvo allí, estático, sólo a centímetros del umbral de la puerta, disfrutando de lo que ya era una música fuerte y fluida. Puso su mano en la perilla y por fin pudo ver el contenido de la extraña habitación. Allí, sentada en la pequeña butaca frente al piano estaba la castaña que venía buscando desesperadamente desde hacía un rato. Estaba tan concentrada en el piano que no se había percatado de su presencia.
Veía como hipnotizado como Hermione se dejaba llevar por las notas finales del Nocturno, disfrutando de hasta el último segundo que podía de los acordes que había invocado.
Hermione estaba en paz, más serena de lo que había estado en mucho tiempo. Sólo ahora, que ya no tenía sus manos sobre las teclas, fue capaz de notar la corriente de aire que llegaba hasta su espalda, y de inmediato dirigió su mirada hasta la puerta. Quedó totalmente congelada al ver a Malfoy mirándola, quién sabe desde hace cuanto tiempo, y una cara que le sería imposible de describir, era una mezcla de alivio y sorpresa. Su secreto ahora estaba rebelado.
El ambiente quedó tenso en un minuto, ambos se quedaron mirando sin tener idea de lo que debían hacer. Draco la veía como si fuera su mayor descubrimiento y Hermione sólo esperaba a que él dijera algo que le permitiera saber que pasaba por la cabeza del Slytherin. No quería quedar más en evidencia de lo que ya estaba, pero con la sorpresa de su aparición había quedado con la mente en blanco y sin ninguna idea de cómo zafarse de cualquier tipo de pregunta o de cómo dar una explicación coherente de lo que estaba haciendo allí sin revelar la verdad.
- ¿Eras tú quien tocaba? – la pregunta de Draco iba directo al punto que la leona no quería abordar, pero en la cara de su interlocutor no encontró nada que le indicara el tipo de respuesta que estaba esperando.
- Sí, era yo - Hermione no pudo ni siquiera mentirle. No tenía como hacerlo, la respuesta era prácticamente obvia al verla allí sentada frente al piano y sin nadie más que la acompañara – No se suponía que nadie llegara hasta aquí.
- ¿Es qué acaso buscabas esconderte? – la pregunta de él no iba con la intensión de ofenderla, es más, lo dijo tan tranquilamente y sin ninguna muestra de burla, que ella se atrevió a contestarle honestamente.
- Más que esconderme, buscaba estar sola. Nadie aquí sabía que yo sé tocar el piano.
- ¿Por qué?
- Porque era mi pequeño secreto, no es algo que considere que el resto sabrá apreciar como yo lo hago, y si es así preferiría que simplemente no se enteraran.
- Si te sirve de algo, no diré nada. Tampoco es algo que salga en una conversación – le dijo Draco con una sonrisa torcida y prácticamente prometiéndole a Hermione que guardaría su secreto aunque no fue de forma explícita.
- Gracias – habló Hermione entendiendo el significado de sus palabras – Pero, ¿Qué es lo que haces aquí Malfoy? La reunión no es hasta dentro de varias horas.
Ella únicamente buscaba cambiar de tema, pero sin proponérselo reavivó en Draco la emoción que tenía hasta antes de entrar a Grimmauld Place. Cómo si despertara de un sueño vio pasar en su cabeza las imágenes que le explicaban el por qué había llegado hasta ese lugar y cómo lo había hecho.
- Tenía que llegar lo antes posible hasta aquí, traigo un mensaje muy importante para la Orden que no puede esperar hasta la reunión. Pero cuando entre a la casa comencé a escuchar un extraño sonido y por eso es que entre aquí.
- Estás mintiendo, Malfoy – dijo ella al terminar de escucharlo hablar.
- Para que iba a mentir para venir aquí, ni que ver a la Orden fue algo tan placentero.
- No me refiero a la razón por la que viniste a Grimmauld Place, sino a que es imposible que hayas escuchado ningún sonido desde fuera de estas paredes, silencié la habitación a penas entre a este lugar – hablaba como si estuviera ofendida, aunque en realidad no lo estaba tanto. Era sólo que él había violado uno de los momentos más suyos que había tenido desde hacía mucho tiempo y no era algo que le fuera a perdonar fácilmente.
- Tal parece que tanto tus habilidades mágicas como de deducción están comenzando a fallar Granger, ya que el sonido se escuchaba claramente fuera de la habitación y por eso es que vine a investigar.
Eso último descolocó a Hermione, ya que estaba completamente segura de que había realizado el hechizo y lo había hecho bien. Además no veía otra razón por la que Malfoy pudiera haber llegado hasta ese pequeño cuarto si prácticamente nadie antes que ella había llegado hasta ahí.
- ¿Y qué era eso tan importante que tenías que decirle a la Orden? ¿No se suponía que no podías esperar a la reunión?
La cara de Draco, si bien no pareció alterarse, tuvo un pequeño cambio en la mirada del Slytherin que fue prácticamente imperceptible, pero que de igual forma fue visto por ella. Ninguno de los dos tenía ánimos de pelear, pero tampoco sabían exactamente como se suponían que debía reaccionar entre ellos. Sus interacciones casi nunca, por no decir nunca, terminaban bien.
- Granger, tenemos muy poco tiempo. Apenas el sol se ponga esta noche, los mortífagos piensan atacar al Ministerio de Magia. Tienen muchos infiltrados dentro y ya tienen todo planeado. Snape ahora no puede moverse de donde está, ya que el Señor Tenebroso parece estar sospechando de él – Draco ahora recitaba todo aquello que se venía guardando y aunque exteriormente no demostrara su nerviosismo, había algo en su tono demandante de voz que le hacía entender a Hermione que de verdad estaba inquieto – Ellos quieren ver si la Orden aparece antes de tiempo, para ver si es él o no quien está dando información. Es prácticamente una emboscada, ya que si se aparecen Snape queda libre de sospecha, pero toda la Orden estaría a merced de un lugar cerrado lleno de mortífagos. Mientras que si no van, te puedo asegurar que para mañana ya no tendremos profesor de pociones.
Hermione se puso de pie inmediatamente y mientras trataba de procesar rápidamente toda aquella información salió del cuarto para poder llegar pronto hasta la cocina donde presumía podría encontrarse con los demás. Draco por su parte la siguió sin decir una palabra más, sabía que ella había entendido el mensaje y que era la persona idónea para que pudiera organizar a la Orden en poco tiempo, pero había algo que sabía que aún le falta por decirle.
Finalmente llegaron al pasillo principal que conectaba con la puerta de salida de la casa y allí donde se encontraron con Selene, quien estaba tomando su abrigo del perchero para aparentemente salir. Ya a estas alturas del día, volvía a tener la apariencia que todos conocían, pero que sólo Draco y Dumbledore eran conocedores de que no era real. La chica apenas giró su rostro al notar que venía Hermione en su dirección, pero cuando pudo ver una cabellera platinada detrás de ella sonrió como nunca había visto antes la Gryffindor y se encaminó directo hacia su compañero.
- ¿Qué se supone que haces tú aquí tan temprano? – dijo a modo de saludo e ignorando olímpicamente a Hermione.
- Venía a dar una información para la Orden que no podía esperar, pero ya me voy. ¿Y tú a donde crees que vas? – aquella última pregunta fue formulada de una manera más autoritaria de lo necesaria para el gusto de Hermione y tal parece que no fue la única en notarlo.
- Pues, yo no creo nada, yo voy a salir a Londres Muggle. – contestó la morena aún sonriendo.
- No puedes ir, hoy no puedes salir de esta casa – fue con esa última frase que algo en el interior de Hermione se removió sin que pudiera evitarlo, era obvio que Malfoy trataba de protegerla de cualquiera cosa que pudiera pasar dada la información que acababa de entregarle sobre los movimientos de los mortífagos.
- Lamento informarte que tengo que salir y que yo sepa no tengo por qué hacerte caso. – Selene comenzó a molestarse visiblemente por la actitud de él, pero eso no pareció alterarlo.
- ¿Estás segura? – contestó él como si nada.
- ¿Es que acaso me estás amenazando?
- No, pero por algo te estoy diciendo las cosas y deberías creerme – dijo mirándola directamente, mientras ella desviaba la mirada hacia un costado. Draco necesitaba que entendiera, por lo que la tomó del antebrazo para que ella volviera a mirarlo – Si vas a salir, hazlo, pero DEBES volver antes del atardecer – haciendo hincapié en la última parte.
- Está bien – le contestó Selene luego de un silencio – Ahora, ¿puedo irme ya? ¿O es que necesito volver a pedirte autorización? – preguntó irónica, logrando sacar una sonrisa torcida por parte de él, mientras Hermione sólo podía observar aquella escena con aparente indiferencia.
Draco por fin soltó el brazo de Selene y ella se retiró de la casa, dejando nuevamente solos a Draco con Hermione.
- Granger hay que avisarle lo más pronto posible a Dumbledore, deben encontrar la forma de organizarse antes de que anochezca – le comentó volviéndose hacia ella, pero Hermione ya no lo miraba.
- Sé muy bien lo que tengo que hacer, no necesito que me des instrucciones como lo haces con ella – contestó rápidamente, dejando a Draco fuera de lugar por unos segundos – Tal parece que tu nueva novia te salió menos dócil que Parkinson – dijo con un toque de sarcasmo – Pero ni creas que conmigo vas a poder hacer lo mismo. Aunque debo reconocer que me sorprende, nunca pensé que ahora te interesaras por los squib, pero debí habérmelo imaginado, por lo menos ella si proviene de una familia mágica, aunque ella no lo sea.
Si alguien le hubiese dicho que iba a escuchar semejante discurso por parte de Granger, se habría reído de buena gana al notar lo ridículo de la situación, sin embargo, tal parece que el asunto si iba enserio y ella le estaba haciendo prácticamente una escena de celos a toda regla, que nada tenía que envidiarle a las de Pansy. Cuando por fin pudo ponerse en el contexto de la situación y poner en orden toda la información que ella le había entregado, empezó a contestarle.
- De partida, ¿de dónde sacaste que Selene es mi novia?
- Desde que la tratas por el nombre y no por el apellido como a todos los demás, y obviamente estabas preocupado por lo que pudiera pasarle si se queda afuera.
- Y exclusivamente por eso ahora se supone que tengo novia nueva de la cual me vengo recién enterando – Draco se movió hasta quedar justo en frente de la mirada de Hermione y luego continuó hablando - Para que lo tengas claro, Granger, ella no es mi novia ni nada parecido – le comentó en un tono muy pausado sin ninguna otra intensión que hacérselo entender.
- A mi no tienes por qué darme ningún tipo de explicación – le dijo aún con resentimiento.
- No, tengo por qué, pero quiero hacerlo – Con eso último tomó por sorpresa a Hermione y cuando ella levantó su vista, él procedió a dar un paso hacia atrás para volver a mantener la distancia usual – Creo que ya me he quedado más tiempo aquí que el que debería, confió en que sepas dar la alerta pronto. Ah! Y antes de que lo olvide. Que ni se te ocurra aparecer por el Ministerio, Granger. No quiero verte ahí, ¿está claro? Ya dije que debías cuidarte – dijo con el semblante completamente serio y así retiro de allí antes de que pudiera hacer ninguna objeción, dejándola en medio del pasillo sin saber qué acababa de pasar entre los dos.
¡Hola a todas! (y todos, ya que uno nunca sabe jeje =] )
¿Cómo están? Espero que muy bien!, les dejo aquí otro capítulo que es un poco más corto que de costumbre, pero bueno.
Ojala les haya gustado, me encantaría saber lo que opinan de él en review, o si tienen alguna inquietud, yo estaré feliz de leerlas :)
Sé que antes siempre contestaba los comentarios, pero ahora me he visto con menos tiempo que nunca. Prometo que a penas pueda les contesto, por que siempre los leo y logran sacarme una sonrisa mis niñas.
Ni idea de cuándo vuelva, pero será a penas pueda! :) El siguiente capítulo se viene un poco más intenso, es lo único que les puedo adelantar.
Ya lo tengo prácticamente listo en mi mente. Sólo necesito de un momento para escribir y lo publico.
Saludos! espero que estén muy bien!
