After the Rain
Escrito por Kracken
Traducido por Aelilim y Van Krausser
Down Below #9
—¿Fibras de algodón?
—No.
—¿Caucho?
—No.
—Te pateé con la planta de caucho de mis botas. ¿Estás seguro que no es ese material?
—Sí.
—¿Sí de que lo fue o sí de que sabes que no fue? —Un suspiro—. ¿Qué significa?
—De aquí en adelante caminaremos.
—¿En serio? ¿Dijiste todo eso con un suspiro de descontento?
—Idiota.
Duo sonrió, abriendo la puerta del transporte y bajándose. Heero había conducido fuera de la carretera hacia un sitio con pinos. Estaba bien escondido, pero el otro adolescente estaba rompiendo ramas y colocándolas en el vehículo para ocultarlo mejor.
—Se marchitarán y alguien lo notará —señaló Duo, a pesar de que empezó a ayudar.
—No te tardarás tanto —contestó Heero—. No te salgas del plan que diseñé para ti, lleva a Deathscythe al hangar que Quatre ha preparado al oeste. Tienes las coordenadas memorizadas. ¿Entendido?
—Síiiii —replicó Duo, finalizando el trabajo con las ramas y sacando su mochila de la cabina de la furgoneta.
Ambos vestían ropa verde y marrón de camuflaje, pero Duo estaba utilizando lentes de sol oscuros con una gorra militar que escondía sus facciones, que a opinión de Heero eran demasiado reconocibles. Su larga trenza había sido metida dentro del uniforme, el bulto que formaba escondido por la mochila que colgaba de su hombro. Un buen disfraz para alguien que trataba de hacerse pasar por un soldado de Oz revisando el bosque. Un disfraz asqueroso para un joven delgado con un memorable rostro pícaro y un par único de ojos amatistas.
—¿Qué tanto miras, Yuy? —preguntó Duo con una sonrisa—. No creo que tenga tiempo para otra sesión de fricción y restriego, pero tal vez después de la misión podamos…
—No habrá más contacto entre nosotros —expuso Heero con frialdad, girándose.
Su declaración suscitó un inesperado silencio. Miró por sobre su hombro y se encontró a Duo observándolo con el ceño fruncido. Una emoción de aflicción fue removida con rapidez y Duo se puso su máscara de despreocupación de nuevo.
—Tú sales perdiendo, Heero —resopló—. Hay muchos beneficios de ser el amigo de Duo Maxwell.
—Trabajo solo —replicó, levantando su propia mochila. Empezó a caminar, pero la voz sobresaltada de Duo lo detuvo.
—¿A dónde vas?
Heero dijo con los dientes apretados: —Terminarás tú solo. La mayoría de las patrullas de Oz se han retirado del área y tienes habilidad para escabullirte. No creo que haya problemas para rescatar a Deathscythe. Yo tengo mi propia misión a la cual retornar y finalizar.
—Umh, Heero.
—¿Duo? —estalló impacientemente. Estaba pasando otra vez, ese sentimiento de no querer separarse de Duo, de preocuparse por él, rechazando que la soledad y el silencio volvieran a su vida. Ahogó el sentimiento con dureza.
Duo luchaba para admitir algo, pero su orgullo se entrometía. Al fin dijo: —Planeaba que vinieras conmigo y me dieras una mano.
—¿Qué te hizo pensar que te acompañaría?
Duo sonó irritado. —No lo sé, ¿quizá toda la planeación y el tiempo personal que invertiste en esto? Quizá fue estúpido de mi parte asumir que…
—¿Estás diciendo que no eres lo suficientemente competente para lograr la misión por tu cuenta? —interrumpió Heero, yendo al grano.
Duo siseó con furia, pero fue forzado a aceptar que era cierto.
—Sí. ¡Hace poco estaba en mi lecho de muerte, Yuy! No puedes esperar que esté corriendo y trepando grandes rocas como si fuera una maldita cabra montesa, encima cargando una mochila con armas y piezas, ¡y no necesitar ayuda!
Heero regresó sobre sus pasos y miró a Duo a los ojos con hostilidad.
—¡Comprometiste la misión al darme información falsa! Si no estás listo, no hay más opción que suspenderla y regresar a la base de operaciones.
—A menos que vayas conmigo y me ayudes —corrigió Duo—. ¿Cuánto puede demorar, Heero? Unas pocas horas de caminata y llegamos. Pondré a Deathscythe operativo y puedes dejarme después de eso. Transformaré en carne molida a todo aquel que se interponga en mi camino.
—No, ¡es inaceptable! —hirvió Heero.
Duo pestañeó.
—¿Lo es? —preguntó—. ¿Por qué? —presionó, presintiendo una repentina vulnerabilidad en Heero y cuestionándose qué era—. Explica tu lógica.
Heero no podía hacerlo sin revelar información personal. Su entrenamiento no se lo permitía.
—Somos incompatibles. —Era lo máximo que podía divulgar.
Duo estrechó los ojos. —No te agrado, ¿es eso lo que dices?
—No es importante para la misión —negó Heero.
—Bien, porque no te creería incluso si me lo dices. Eres frío como una roca espacial, Yuy, pero puedo notar que te gusta estar a mi alrededor.
—Mis gustos y disgustos no son…
—… de importancia —finalizó Duo—. ¡Ajá!, no lo estás negando. —Sonrió—. Está bien, Heero. De hecho, tú también me gustas. No sé por qué, considerando que no eres el señor Personalidad, y que tampoco eres mi tipo. Me gustan dispuestos y serviciales, no fríos e imposibles de obtener.
Duo estiró las manos, como invitándolo a que se acercara. Lucía un poco avergonzado y se percató de que decía la verdad. Si bien establecía que nunca mentía, el chico tendía más a evadir las preguntas que a ofrecer la verdad.
—¿Ves? —continuó Duo—. Puedo admitir que te encuentro agradable. ¿No puedes hacer lo mismo por mí?
—No —gruñó Heero—. Esta conversación no tiene ningún propósito. Tu inhabilidad para llevar a cabo la misión debería ser el tema.
Duo suspiró y dejó caer sus manos.
—Ok, si así es como lo quieres —guiñó un ojo—, pero ambos sabemos que me abriste las piernas.
Heero sintió una dentellada de enojo. Casi alzó un puño, queriendo aplastarlo contra la cara petulante de Duo. Se contuvo con esfuerzo. El otro piloto se había encargado de golpear algo sensible dentro de él y dolía. Era su actitud, cómo vulgarizaba el momento en el jardín en el que él había sentido algo fuerte entre ellos. Algo que todavía no entendía, pero sobre lo cual se sentía extrañamente protector; lo molestaba, hería y enfurecía.
—¡No es importante! —volvió a gruñir Heero, y sabía que se lo estaba diciendo a sí mismo—. Deja de pensar en eso. Deja de pensar en eso. Enfócate en la misión. La misión lo es todo. La debilidad corporal no es tolerable. Las emociones son una responsabilidad. Soy un arma. Duo Maxwell solo es una herramienta.
—¿Ah? —Duo lucía pálido y desconcertado, sus ojos abiertos en toda su capacidad. Parpadeó y tomó una gran bocanada de aire antes de decir—: ¿Qué acaba de pasar? ¿Eres tan fanático a la causa que no entiendes que los medios no justifican el fin? ¿O la gente que te lavó el cerebro no lo entiende? No soy una "herramienta", tú no eres un "arma". Es posible que sacrifiquemos nuestras vidas para que las colonias y la Tierra puedan tener libertad y paz, pero yo, al menos, no estoy dispuesto a sacrificar también mi humanidad. Soy Duo Maxwell, una persona que vive, respira y siente. Sangro color rojo, siento dolor, y tengo muchas emociones. Incluso así cumplo con el trabajo, Yuy, no se entromete en mi camino de volar el trasero de Oz. —Duo le dio un tirón a la mochila en su hombro—. Lamento no haber sido directo contigo acerca de mi condición física. Supongo que solo soy un humano orgulloso, ineficiente y frágil que quiere su gran juguete de vuelta. Así que necesito tu ayuda. Prometo no toquetearte o imponerte mi amistad si así lo quieres, pero tenemos que estar en esto juntos, ¿ok?
Heero prefería a Duo enfadado sobre el Duo amistoso. El primero lo enojada en retorno y eliminaba el peligro de reacciones y emociones no deseadas. Todavía se cuestionaba cómo el otro piloto era capaz de sacudir su perfecto control. El dolor siempre había sido un freno. Lo había vuelto un eunuco sexual y emocional. Sin embargo, Duo podía alcanzarlo, hacerle sentir cosas, hacer que su cuerpo y mente ignoraran la amenaza de agonía infernal por el simple acto de sonreír, o ser amigable…
No podía pensar en aquello, no resolvería el misterio sin invitar a que el dolor lo invadiera de nuevo. Era mejor estar enojado y no analizar por qué un adolescente con cara pícara y ojos amatistas podía remover cada cimiento de su entrenamiento como si hubiese sido construido en arena.
Heero asintió, aún con el ceño fruncido, permitiéndose estar irritado por la posición en la que estaba forzado a estar. Debía escoltar a Duo, que estaba débil, a reclamar su gundam, el cual tal vez ni siquiera estaba en forma para pilotear.
Duo recuperó su sonrisa, pero era cortante. Estaba molesto, pero se negaba a mostrarlo. Se encontraba acostumbrado a hombres y mujeres cayendo a sus pies y bajo el hechizo de su encanto sin fallas. Heero lo había rechazado de la peor manera, dejándolo con resquemor y sin palabras. No le gustaba que alguien que le hubiera quitado toda su humanidad en unas pocas palabras, despojándolo de su c… Duo se congeló con ese pensamiento. Estaba pensándolo, con el corazón también, pero se sentía incapaz de perseguir esa idea. Lo interrumpió y lo enterró. Heero solo había sido otra posibilidad de conquista, otro cuerpo dispuesto del montón, otro polvo, simple y conciso, ¿verdad? Era una mentira, pero Duo no tenía ningún escrúpulo para mentirse a sí mismo.
—¿Y bien? Ven conmigo y garantiza que saque mi gundam, o ve a hacer tus asuntos y arriésgate a que colapse en el bosque, sea capturado por las patrullas de Oz y revele la ubicación de Deathscythe.
La mano de Heero dio un tirón hacia su pistola, pero no la sacó. El rostro de Duo se allanó, sabiendo qué significaba ese movimiento. Heero estaba listo para matarlo y mantenerlo en silencio, pero estaba más dispuesto a sufrir su presencia peligrosa y asegurarse de que la misión fuera exitosa.
Forzó una sonrisa y se volteó para empezar a caminar hacia el bosque. Heero lo siguió sin una palabra y la sonrisa se volvió menos forzada y más relajada.
—¿Calcetines de poliéster? ¿Tal vez eso fue lo que te hizo desmayar?
—No estaba usando calcetines de poliéster —contestó Heero, confuso de por qué Duo estaba regresando al tema de conversación de antes, como si el intercambio de después no hubiera ocurrido.
—Yo tampoco —admitió Duo, pensativo.
«Exasperante», pensó Heero, y se preguntó si Duo no había enloquecido. —¿Entonces por qué sacaste esa conclusión?
—Bueno, no me vas a decir la razón real por la cual tuviste un ataque y te desmayaste —ilustró Duo—, a pesar de que sabes qué lo causó. Pensé que si te irritaba lo suficiente con estúpidas suposiciones, te cansarías y me dirías.
—¿Por qué me revelas tu plan? —preguntó Heero, aún más desorientado.
—Porque decidí que sería más irritante dejarte saber qué planeo —Duo rió entre dientes—. Así que… ¿Luz solar?
—No había —replicó.
—Así es, estaba nublado —Duo estuvo de acuerdo—. ¿Qué tal…?
—Tu plan no va a funcionar —interrumpió Heero con enfado—. No te contaría información personal a ti.
Duo le echó un vistazo sobre el hombro y sonrió en un gesto genuino. —Ya lo has hecho.
—Explícate —demandó Heero con dureza.
—Dices que no quieres estar conmigo, pero aquí estás. Dices que solo soy una herramienta, pero si realmente lo pensaras, no estarías contestando mi estúpida plática. Tienes sentimientos adentro de ti, Heero, por más que trates de negarlos.
—No trato de negarlos, pero no puedo dejar que me afecten de ningún modo.
—¿No te dieron a elegir? —preguntó Duo con una voz llena de simpatía y un poco de horror.
—¿Elegir? —hizo eco.
—Se acercaron a ti y dijeron, "¿oye, Heero, te importaría desligarte de todo lo que hace que valga la pena vivir para ser nuestro piloto gundam?", ¿o simplemente lo hicieron?
—No hubo elección —contestó, y de ahí en adelante no dijo más, negándose a escuchar o dejarse arrastrar en la conversación de Duo. Ese discurso lo enfadaba, pero no era un enfado que iba en dirección a Duo. Había mejores blancos, blancos de su pasado y de su presente, los hombres que lo habían moldeado a lo que era ahora.
Duo estaba frotándose la frente, Heero lo notó, así como notaba todo con la precisión de una máquina. Todavía sufría de dolores de cabeza, asumió, y empezó a preguntarse si acaso los doctores no habían cometido un error adrede que mataría lentamente al piloto de Deathscythe. Lúgubremente, apreció esa fortaleza de Duo para continuar, pero la preocupación de nuevo carcomió su subconsciente. La lógica le dictaba que no podía permitirse perder un piloto gundam, pero perder a Duo en particular retorcía sus entrañas de manera incómoda; provocaba que su ira incrementara y aún no era dirigida a Duo, sino a un grupo de doctores. Sintió una sensación de recompensa invadiendo su sistema en respuesta a su ira, pero no fue indulgente. Demasiada ira también ponía en peligro la misión.
Duo realizó la caminata hacia Deathscythe sin problemas, aunque estaba sudando y con las mejillas rojas. El gundam camuflado le hizo sonreír y acarició una pierna de metal con afecto, pero se sentó y puso la cabeza entre sus manos.
—D-dame unos minutos, ¿ok, Heero? —exhaló a través de lo que sin duda era un dolor intenso.
Heero asintió y empezó a desempacar las herramientas de Duo y las piezas, poniéndolas en el suelo de forma metódica y haciendo un inventario. Cuando acabó, levantó la vista y vio que Duo se había quedado dormido, su cara lívida y perlada de sudor.
Heero se enderezó y con lentitud le tocó la piel. Estaba húmeda y pegajosa, y Duo no reaccionó. Maxwell era un soldado, debía de haber reaccionado, debía de haber sacado un arma. No se había quedado dormido, conjeturó Heero. Estaba desmayado.
Misión fallida. Heero asimiló esa información y se negó a aceptarla. Duo descansaría y despertaría listo para pilotear a Deathscythe. Solo necesitaba tiempo; mientras tanto, Heero adecuaría el gundam para el viaje.
Echó a Duo en el suelo en una cama de hojas muertas y se encontró apartando el cabello húmedo de la cara del otro adolescente. Relajado, Duo lucía muy joven. Tenía pocas cicatrices, una en especial debajo de sus labios. ¿Era relacionada a la guerra o a su infancia? Heero la recorrió con un dedo, Duo tembló bajo su toque, pero no se despertó.
Heero retiró su mano, repentinamente curioso sobre el pasado de Duo. Quería saber más sobre él y aquello no tenía que ver con el propósito de una misión. El piloto lo intrigaba por su conocimiento de la gente, sus aptitudes, su pericia para manipular a los otros, a él, sobre todo. Era justo que se preguntara qué tipo de entrenamiento le había dado esas habilidades, ¿cierto? Si Duo moría, la información estaría perdida.
El misterio que era Duo Maxwell nunca sería resuelto y Heero se descubría queriendo resolverlo.
—No mueras —murmuró, ignorando la amenaza de dolor en su propia cabeza.
Se apaciguó al dejar a Duo para trabajar en Deathscythe, pero sus pensamientos no abandonaron el cuerpo desmayado.
