Muy bien, chicas, lamento mucho decir que este es el antepenúltimo capítulo, o el penúltimo, no lo sé bien aún, de esta entrañable historia. Aquí se resuelve casi todo lo que es resoluble, así que no os deprimáis porque intentaré que sea hermoso y satisfactorio para vuestras mentes curiosas.

Os mando mil besos a mis lectoras, que a pesar de ser menos a las que estoy acostumbrada no no significa que os valore ni mucho menos, sino que os he cogido especial cariño, porque sí me habéis seguido hasta el final y habéis confiado en que, a pesar de escribir el tópico mas topicazo del mundo mundial habéis confiado en que yo sabría hacerlo ameno, divertido, agradable, picante y diferente.

Espero haberlo conseguido por vosotras, porque sois el viento que hincha las velas de mi barco, mis preciosas viciosillas ^^,

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-Pensaba que no querías verme más.

-Vamos, Malfoy, yo…

-No me sirven ahora tus excusas, y tampoco me sirvieron antes –le espetó. Ella, a pesar de mirar el cuerpo femenino desde arriba, pues él era mucho más alto que ella, se encogió sobre sus hombros, claramente afectada-.

-Vamos a hablar, solo un segundo –propuso ella-. Podemos ir a hablarlo a la sala de los Menesteres, a un aula vacía, donde quieras.

-No. Vamos a mi dormitorio.

-Pero yo soy un Slytherin, ya no puedo ir al dormitorio de Gryff…

-He dicho a MI dormitorio, de Capitán del Equipo de Slytherin. Tengo una sala de descanso privada en el despacho de los vestuarios de Slytherin, donde hay un sofá y una mesa, con una maquina de café –explicó el chico, sintiendo que se estaba comportando de una manera más amable de lo que pretendía ser-.

-De acuerdo –aceptó Hermione-.

Los chicos anduvieron separados al menos dos metros el uno del otro, en fila india, de camino a los vestuarios. Hermione iba a la cabeza, y Draco intentaba seguirla rápidamente, a pesar que iba a ser él quien abriera la puerta con su llave.

Tan pronto llegaron a la sala de vestuarios de los Slytherins que Hermione no se dio cuenta de lo rápido que habían ido sus pies para poder zanjar el tema de una vez por todas. Draco miró bajo el felpudo, sacó una pequeña llave plateada y la introdujo en el ojo de la cerradura, haciéndola girar dos veces a la izquierda y otras tres a la derecha. Abrió la puerta girando el pomo y le ofreció el paso a Hermione.

Al entrar, la primera impresión que obtuvo fue la de un dormitorio colonial gigantesco y tétrico, en el que había dos butacas que rodeaban una mesa pequeña, una pizarra de entrenamientos que, lógicamente, contrastaba escandalosamente con la habitación, una cama individual de tamaño considerable, un armario para guardar escobas y un largo sofá enfrentado a una mesita de café. El chico le ofreció asiento, y ella se sentó en la butaca que tenía mas cercana, aun sorprendida por los vistosos y plateados muebles con tapizado en terciopelo verde (al mas puro estilo Slytherin) que había en la habitación.

-¿Qué quieres decirme ahora, Granger? –le preguntó el chico, cortante-.

-He venido para pedirte disculpas –le explicó ella-. Yo hice algo que estuvo mal, y no creo que pueda solucionarlo borrando lo sucedido, pero a lo mejor puedes aceptar mis disculpas, porque...

-Dime, ¿Hiciste el amor conmigo solo por el hecho de recuperar tu cuerpo, o hubo algo más?

-¿Qué? –preguntó ella escandalizada-.

-Ya me has oído, ¿Hubo algo más tras esa intención?

-Bueno –intentó explicarse ella-, yo realmente lo hice en ese momento porque Dumbledore me lo recomendó, pero…

-Entonces no hay más que hablar –zanjó el chico, y se levantó bruscamente de su butaca-. Espero que tus padres sean buenos dentistas, porque tienes una carie que es un poco inquietante, y me la tendrán que arreglar estas navidades.

-¡No! –exclamó ella con horror-. Tu no vas a ir a ninguna parte hasta que no oigas lo que tengo que decir.

-Claro, porque tú lo has decidido así, ¿no? –le dijo el chico irónicamente-. Porque tú siempre lo decides todo por los demás –gritó-, y no se te ocurre pensar en otra cosa hasta que eres consciente de que te has equivocado –le reprochó. A la castaña le sorpendieron mucho esas palabras, pues le resultaron familiares-.

-¿Has estado hablando de mí con Ginny a mis espaldas? –exclamó, alzando la voz ella también-.

-Sí, porque ella es tu amiga, -especificó- y en cierto modo hemos llegado a llevarnos tolerantemente bien.

-Vaya, entonces no te importará que me haya aconsejado a venir a hablar contigo tu amigo Blaise, ¿no? –le resfregó ella. El chico abrió la boca de par en par, completamente atónito.

-¿Has hablado con Blaise sin consultármelo antes? –gritó, rojo de furia-. ¿Quién te ha mandado meterte en mi vida privada?

-Él se me acercó a mí anoche, yo no tuve ninguna culpa, ¡y además te recuerdo que es la bruta de Parkinson la que se mete en tu vida por ti, y en tus sábanas, por si fuera poco!

-¿Y a ti que te tiene que molestar lo que yo haga con mi vida privada, si tu misma has perdido la virginidad con tu enemigo del colegio por provecho propio?

-Eso no es así –dijo ella, dejando escapar dos lágrimas-.

-¡Es exactamente así! –dijo el chico, y volcó la butaca al suelo, irritado-. ¿Es que no entiendes lo que ha significado para mí? ¡Nunca me has resultado especialmente interesante, sexy, aduladora o sensual! ¿Nunca he podido permitirme el lujo de fantasear con la chica prohibida, la protegida de Potter y Weasley, la chica más odiada en mi familia dentro de los hijos de muggles, está escrito "prohibido el paso" por todos lados de tu cara! –le reclamó, como si ella hubiera tenido la culpa de todo eso-. Era fácil no pensar en ti como una chica, hasta que yo fui esa chica, y no tuve más remedio que conocerte, y…

-¡Eres un imbécil como la copa de un pino, niñato engreído y egoísta! –le gritó ella entonces, interrumpiéndole-. ¡Gracias una vez mas por recordarme que soy una doña nadie, y que nunca voy a ser suficiente para alguien como tú! –le regañó-.

-No lo entiendes, sigues sin entenderlo –le decía el rubio, que se había sentado a los pies de la cama y se enterraba el rostro en las manos-.

-¡Tú si que no entiendes nada! ¡NADA! –gritó ella, que se había puesto de pie y se había acercado a zancadas hasta su propio cuerpo-. ¡No entiendes que hice el amor contigo porque te… te…! –ella ahogó sus palabras en ese momento porque un beso las había roto en el borde de sus labios en un solo momento, y cerró los ojos para imaginar, soñar y dejarse llevar. Sintió unas manos rodear su cintura y hacerla caer a la cama, y entonces su labios se separaron. Y abrió los ojos.

A pesar del contacto con su piel, y a pesar de su intenso beso, ella seguía siendo un chico, mientras que ella veía su cuerpo tumbado bajo el de Draco Malfoy, que seguía siendo suyo. Por primera vez, aquello fue completamente indiferente. Fue igual que si ella tuviera pechos y una vagina, igual que si sus rizos castaños, que acariciaba en ese momento, los luciera ella en su cabeza. Nada de todo aquello era importante, ella quería demostrar… quería hacerle saber a él, Draco, que no había accedido a participar en algo tan intimo si no estuviera de verdad enam…

-Granger… seguimos siendo el otro –le dijo el rubio entre jadeos-.

-¿Y eso te importa? –le replicó ella, dándole un segundo beso-. Esta podría ser nuestra oportunidad de hacer cambiar las cosas. Nosotros no –especificó, viendo como el chico abría su propia boca para protestar-. Lo nuestro. Lo que llevamos meses fingiendo que no existe.

El chico miró su propio cuerpo sorprendido, pero aquella tensión que ambos sentían recorrer toda su espina dorsal le hizo pensar. Le hizo dejarse llevar por ella, y pudo sentir como tocaba con sus manos los fuertes pectorales que lo rodeaban. Ahora sentía como una mujer, ahora era capaz de sentir como nunca antes había sentido. Simplemente eran un hombre y una mujer, independientemente de quien fuese cada uno. Lo único que sentía era que su cuerpo de mujer deseaba aquel cuerpo masculino a su alrededor, regalando caricias y besos, mientras que se deleitaba con las yemas de sus dedos enredadas en su cabello rubio. Los millones de nervios que ambos tenían en punta se tensaron cuando notaron que una erección se pegaba todo lo posible hasta el vientre totalmente recto del cuerpo de la chica, que soltó un suspiro exasperado.

Aquella situación, que debería haberles parecido, cuanto menos, muy extraña, fue pasada completamente por alto por ellos, quienes prácticamente intentaban comerse entre ellos, con un fuerte pulso de sus labios que decidiría que no existía un vencedor. Caricias, besos, sus cuerpos acalorados bajo la ropa… pronto comenzaron ambos a desnudar al otro con parsinmonia, con mimos y siendo atentamente observados por el otro. Los chalecos cayeron al suelo con poca gracia, las camisas se desabotonaron, la falda se subió y los pantalones hicieron un ruido estrepitoso al caer con su cinturón al suelo. El Pecho desnudo de Draco Malfoy estaba completamente pegado al torso de Hermione, quien no parecía muy escandalizada al verse a si misma desnuda rente a los ojos de Draco Malfoy, que la miraba desde su cuerpo con deseo. Ella observó que su cuerpo despedía un suave calor, mezclado con un olor a moras de su baño diario que hizo que se volviera loca y salvaje por un solo segundo. Besó sus pechos con suavidad, acarició su cuello desnudo y cruzó una mirada con su nariz, llena de pequitas tostadas por el sol reflejado en la nieve.

Él puso una mano en su propio torso, como queriendo que ella terminara tumbándose bajo él en la pequeña cama individual, pero aquella vez fue diferente, y él tuvo que tumbarse en los almohadones mientras ella, muy lentamente, retiraba sus braguitas con sus huesudos y afilados dedos de varón. El chico se sintió profundamente cohibido ante tal gesto, aunque por alguna extraña razón no le desagradaba en lo más mínimo que aquello estuviese sucediendo. Por primera vez, Hermione no se avergonzó de sufrir una erección, por primera vez no pensaba en ella misma como una mujer atrapada en un cuerpo desconocido. Lo que hubiera por fuera no importaba, eso era irrelevante en los sentimientos… En ese momento lo importante era el conjunto, ellos dos sudando en la cama y a punto de colapsar sus nervios frente a lo que parecía inevitable.

-¿Quieres hacerlo de verdad? –le preguntó Hermione al chico, que sonrió y empujó un poco sus calzoncillos de seda negros, haciéndola aparecer desnuda ante sus ojos-.

A Hermione eso le bastó para apoyar sus manos entre la cabeza de su cuerpo, apartando sus propios rizos con las manos y notando la gran oleada de calor humano que despedían sus mejillas, completamente rojas de excitación. Se hizo un hueco entre las tiernas y calientes piernas de mujer, y miró de reojo hacia abajo antes de introducirse poco a poco en su cuerpo.

La sensación fue tan diferente que pronto pensó que podría acostumbrarse. No tenía la necesidad de gemir fuertemente, como seguramente hubiera hecho estando en su cuerpo de chica, pero sí oyó con excitación como su acompañante no podía evitar gemir levemente, lo cual encendió una llama en su pecho. Fue una sensación tan intensa que tuvo miedo de terminar a penas hubiese empezado. Optó por mover sus caderas con lentitud, mientras Draco enterraba los dedos en su espalda y los subía con desesperación hasta su cabeza y su pelo, atrayendo con brusquedad su rostro para apretar con los dientes su labio inferior. Hermione notó aquella gran presión de nuevo, aquello que no tenía nada que ver con su primera sensación como mujer aquel día, en el aula vacía.

Draco por su parte, tumbado en la cama, sintió presión, una fuerte presión en su interior, y aquello le hizo sorprenderse. No era habitual poder experimentar ese tipo de sensaciones en un chico de dieciséis años, pero, definitivamente, comenzó a pensar que aquello no era tan impresionante como vivirlo desde un cuerpo de varón. O eso pensó hasta que recibió una segunda embestida del cuerpo que lo invadía desde encima suya, y entonces volvió a sentir ese calambre que parecía acudir a poco rato, poco a poco, muy diferente del placer constante que recibía cuando él estaba poseyendo a una mujer.

Ambos deseosos de continuar, movieron sus caderas, prácticamente rozándose por completo, mientras que vivían su nuevo papel con intensidad y algo de miedo. No sabían que iba a ocurrir a partir de entonces, cuando el único contacto que habían podido recibir de sus propios cuerpos ya no existía, cuando ya nunca más podrían sentir de nuevo que vivían en si mismos, tocando a la otra persona. Ya eran del sexo opuesto, ya no podían tocarse mutuamente para sentir que eran de nuevo un chico o una chica.

Aquel pensamiento viajaba por las mentes de ambos, mientras que los nervios y la pasión se entremezclaban en sus alientos y sus cuerpos empapados, Hermione moviéndose con más rapidez, Draco haciendo esfuerzos por no chillar mientras enterraba sus uñas en la espalda que tenía encima, hasta que ambos, prácticamente agotados, notaron como a su garganta acudía el grito que acompañaba al mas intenso de los climax, que hizo que ambos cuerpos se estremecieran por un momento, apretados uno contra el otro.

Tras este intenso instante, en el que los ojos de ambos estuvieron en pleno contacto durante lo que a ellos les parecieron días, cerraron los ojos, con los dedos entrelazados, y Hermione, con el cuerpo de Draco Malfoy, se tumbó apretadamente a su lado, respirando con dificultad y notando los jadeos incesantes de su compañero sobre su pecho.

-No lo hice por cambiar nuestros cuerpos de nuevo –le aseguró ella-. Eso solo fue la excusa que utilicé para hacer esto, para hacer lo que tenía tantas ganas de hacer, sin sentirme culpable.

-¿Culpable? –le preguntó el chico-. No entiendo por qué deberías haberte sentido culpable. Tú puedes hacer lo que quieras.

-No es eso, no es tan sencillo –le replicó Hermione, mirándole por el rabillo del ojo-. Yo siempre pensé que mi primera vez sería con un hombre bueno, amable, cariñoso, atento, y que me amara. Y no esperaba que Draco Malfoy…

-Ah –la interrumpió el chico, sintiéndose de pronto muy tenso y enfadado-, y en lugar de un chico perfecto encontraste a Draco Malfoy, ¿no? Y eso te hizo arrepentirte.

-No fue exactamente así –le dijo ella, asustada por el tono autoritario de la voz del chico-. Realmente, cuando hice… en fin, "eso", contigo, pensé que había estado ciega, atolondrada.

-¿Ya no quisiste esperar a un chico perfecto y te conformaste conmigo? –le espetó con amargura, aunque sin saber muy bien por qué estaba adoptando esa actitud tan infantil-.

-No… realmente pensé seriamente que a lo mejor tú eras ese chico bueno, amable, cariñoso, atento, y que me… bueno, no exactamente que me ama, pero tu me entiendes –dijo ella rápidamente, como si así sus palabras sonaran menos pesadas-. En fin, quiero decir que, aunque seas un arrogante, creído, orgulloso, repelente, engreído y ostentoso imbécil –le dijo con un guiño de sonrisa en sus ojos- no quiere decir que en el fondo no puedas llegar a ser bueno y amable y todas esas cosas, ¿no?

-Eso te lo ha metido Blaise en la cabeza –le reprochó el-.

-Blaise me hizo plantearme las cosas con realidad –le confesó ella, apretando su mano aún-. Me hizo admitir que existía algo, Malfoy. Yo no dejaba de preguntarme si sentía algo por ti, por todo esto, pero la pregunta correcta era (y me imagino que tu pregunta correcta también lo es) "¿Esto que existe está bien? ¿Quiero hacer esto realmente, o me perjudicará?".

El chico notó un nudo en su garganta, puesto que eso era exactamente lo que Weasley le había dicho en un principio. Era muy difícil que dos personas como Hermione y él mismo admitieran lo que sentían así como así, después de tantísimas peleas y meteduras de pata a lo largo de seis años. Y si aquello llegaba realmente a alguna parte, sería realmente difícil mantenerlo a flote, puesto que las discusiones y riñas estaban aseguradas al 100%, por no mencionar los piques entre ellos y sus amigos si la noticia se diera a conocer.

-¿Y piensas que saldríamos perjudicados si…? en fin, es un caso completamente hipotético –se apresuró a aclarar Malfoy, mirándola con intención de parecer despreocupado-.

-Pienso que sería difícil. Que habría que ser discretos, y que hay mil maneras de que esto pudiera salir mal –se lamentó ella-.

-Pero con voluntad…

-La voluntad no lo es todo –le dijo ella cortante-. No lo es. La voluntad es prácticamente una utopía. Tus padres de desheredarían, te repudiarían en Slytherin, y a mi mis compañeros dejarían de hablarme. Por no decir que Ron y Harry se molestarían mucho conmigo, y quizá no me hablaran nunca más –le dijo con pena ella-.

-Con voluntad solo no se puede, eso es verdad –le aclaró el chico, girándose de lado para estar frente a frente con ella-, pero con algo más…

-¿Algo más? –preguntó ella, extrañada-. ¿Pretendes hechizar a todos los que se opongan a esto, o que?

-Me refiero a que una relación no se mantiene por voluntad si no tiene cimientos –le explicó el chico, intentando parecer de nuevo despreocupado y natural-. Se necesita algo más ahí para decidir que una pareja se apoye en la voluntad para seguir adelante, ¿no?

-¿Te refieres a…? –comenzó ella, pero el chico la volvió a interrumpir-.

-Granger, vamos, ¿Tu crees que te gusto? –le preguntó el chico, directamente. Ella pudo notar que, aunque la pregunta iba dirigida a sí misma, el se había puesto muy colorado dentro de su cuerpo-.

-Pujes claro que sí, imbécil, ¿Por qué crees que acabo de tener mi primera eyaculación con un cuerpo de hombre, por curiosidad morbosa? –le gruñó ella, sintiéndose muy ofendida-. Lo he hecho porque sabía que eras tú quien estaba conmigo. En cambio tú pareces hablar del tema como el que habla del tiempo que hará en el próximo partido de Quiddich.

-Se me hace complicado decir cosas de ese tipo, joder –le replicó entonces el rubio, incorporándose-. Nunca le he dicho este tipo de cosas a ninguna chica. Aunque en la práctica seas un chico –añadió-. No es sencillo.

-Sí lo es –se enfadó ella, también incorporándose detrás de él y soltando su mano-. Solo tienes que decir: "Hermione Granger, me gustas".

-Antes me bebo una solución de pus de bubotubérculo sin diluir –espetó el rubio, cogiendo su ropa de mujer e intentando cerrar su camisa-.

-¿Pero es cierto, no? Entonces no debería ser tan difícil decirlo –le dijo ella, yendo a por sus pantalones y sus calzoncillos negros-.

-¿Por qué es tan importante decirlo? Ambos sabemos ya que está pasando aquí, y lo veo innecesario porque…

-… porque nunca, jamás, ha salido una palabra bonita de tu boca que fuera dirigida a la Sangresucia Granger – comentó ella, muy atareada en encontrar los restos de su ropa-. Aunque ya supongo que no debiera ser de extrañarse. ¿Pero qué…?

-¿Y que quieres que te diga, que eres en este reino la mas hermosa? –le preguntó irónicamente, imitando el cuento de los hermanos Grimm-. Es que no lo eres, aunque a mi me gustas eso no significa que haya chicas menos hermosas que tú, ni menos quejicas, empollonas, sabelotodo, morenas, pecosas, y que tengan esas piernas tan… bueno, tus piernas son las mejores, -aceptó el chico sonriendo- pero…

-Cállate ya, no es por eso –le dijo la chica, y miró sus manos, miró un poco mas abajo y se sorprendió al ver, por primera vez en tres semanas, sus pechos desde sus propios ojos-. Malfoy, soy una chica.

-Y yo un chico, pero eso creo que lo teníamos claro desde hace mucho –ironizó él, agachado bajo la cama buscando el sujetador-. Y también quedamos en que eso no influye en…

-No, no lo entiendes, mírate.

El chico se incorporó, y entonces se dio cuenta de que apenas le había costado esfuerzo hacerlo. Miró sus manos, con su manicura aún perfecta y sus piernas, peludas de vello rubio, como debían ser. Y por poco le da un infarto al ver desde hacía tanto tiempo su pene escondido en las colgaduras de ropa de mujer que había ido recogiendo por el suelo. Miró entonces a Hermione, que sonreía radiante con la ropa de Slytherin colgada del brazo y que se tapaba con la mano libre sus pechos una y otra vez.

-Esto no será un efecto retardado, ¿No? –preguntó ella mirándolo con los ojos desorbitados. Se tocó un poco el pelo, y pudo notar que estaba mejor cuidado de lo que ella se había procurado mantenerlo jamás-. Quiero decir que…

-Que antes no pudimos volver a nuestros cuerpos tocándonos –terminó por ella el chico-. Pero… ¡Por Merlín! ¡Tengo un pene!

-Eres idiota –le sonrió Hermione, lanzándole su ropa y recogiendo la suya por el camino-. Estoy emocionada, ¿tu no lo estas?

-No sé como comportarme, hace ya casi tres meses que no… -dijo el chico, con una sonrisa boba plantada en su cara-. Pero, ¡volvemos a ser nosotros mismos! –Se alegró, y corrió hacia la chica, que ya estaba casi vestida, y la alzó en el aire dando un par de volteretas-.

-Si –dijo ella, pero su sonrisa de ánimo para Malfoy se había ido resbalando por su cara hasta no dejar ni rastro de ella. El chico la bajó y la miró confuso-.

-¿Y ahora que ocurre, Granger? Sé que vivir en mi cuerpo es una experiencia inolvidable y sabrosa –presumió el, con una sonrisa de suficiencia-, pero de ahí a que no quieras tu propio cuerpo…

-No es eso –dijo ella, y terminó de ponerse bien los calcetines mientras el chico se comenzaba a vestir-. Es que… ya no podremos vernos más, Malfoy.

El chico se detuvo con la camisa a medio abotonar, completamente anonadado. La chica miraba triste al suelo desde la cama, donde se había sentado, y él aún no comprendía por qué esa cara tan mustia. Después de todo, ellos habían recuperado su cuerpo ya, y por si fuera poco antes de las primeras vacaciones, justo a tiempo para volver cada uno a su hogar. Y cuando volvieran seguirían pasándose los apuntes y…

-Un momento –dijo el chico, sentándose al lado de ella-. ¿Estás segura de eso? Porque aunque no nos debamos pasar más nuestros apuntes y volvamos a nuestras clases, podríamos…

-¿Podríamos quedar y desvelar a todo el mundo que Hermione Granger, la Sangresucia, y Draco Malfoy, el príncipe de las serpientes, tienen un lío? –dijo irónicamente ella-. Claro, la g ente lo verá de lo mas corriente, por no decir lo contentísimas que se van a poner las chicas de Hogwarts cuando se enteren de que la única que no había babeado por tus ojos ahora está contigo. Y por no hablar de…

-¿De que más? –replicó molesto el chico-. Les debería importar un pepino lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer, Granger, ¿No crees? –le dijo, mirándola a la cara-. Nunca hubiera pensado que eras una chica que de dejaba influir por los cotilleos de la gente.

-Y no lo soy, pero… -ella se giró y tomó la mano del chico, que sonreía de medio lado, orgulloso de haberse salido con la suya una vez más-. Es que tu eres un cotilleo muy grande.

-Habló la mejor amiga de "El elegido" –le espetó-. Vamos, coge tu capa. Tenemos que ir a ver a Dumbledore.