Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y su editorial. La historia es producto de mi locura, la cual amo compartir con ustedes.
NIÑAS! Hola...aqui les traigo el nuevo capitulo...espero les guste...nos leemos abajo! y como siempre, gracias a mi hermosa y unica beta Yanina! te quiero linda!
— ¡Pues me alegra que solo actúes! Espero que no te enamores de mí, Bellita —me dijo dirigiéndose hacia la salida—, porque esa actuación sería un papel que no te quedaría y que además… yo no te correspondería. —Me guiñó el ojo y el poco odio que ya sentía por él, aumentó nuevamente. ¿Enamorarme yo de él? ¡Por favor! Ni que estuviera loca—. ¡Te veré hasta el martes! En tu fiesta sorpresa de cumpleaños — gritó.
Capítulo beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)
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Capítulo 8
"Lo que menos tienes...Es lo que mas deseas"
Bella's Pov.
¡Tonta! ¡Tonta! ¡Tonta! ¡Tonta!, me repetía mentalmente. Cómo se me pudo cruzar en mi alocada cabeza que ese gordo alguna vez me correspondería, ¡ja! O lo que era peor ¡que se enamoraría de mí! ¡Por favor!
Aún tenía bien metidas las palabras de su comentario del domingo por la noche, me retumbaban en mi mente constantemente: "¡Pues me alegra que solo actúes! Espero que no te enamores de mí, Bellita, porque esa actuación sería un papel que no te quedaría y que además… yo no te correspondería". En su cara vi reflejada burla y eso me dio coraje y era algo que traía encima, todas mis esperanzas se vinieron abajo cuando me puse a pensar que él solo tenía a una persona en su mente y su corazón, y esa persona era nada más y nada menos que "Anabella". Él siempre veía en mí a ella, yo solo era su suplente y nada más, él nunca me vería como Isabella, siempre sería su Ana, tanto en su mente y corazón, como delante de su familia y de la sociedad.
Cuidaría muy bien mis movimientos en este juego, porque no quería salir perdiendo después de todo, además, odiaba al gordo, yo no podía enamorarme de él, aunque, pensándolo bien... ¿me haría daño divertirme un poco con él? ¡Quita ese pensamiento de tu cabecita, Bellita, además él no te va a corresponder! Pero solo sería diversión, ¿no? Sacar provecho de este enredo tan loco, ¡sí!, me divertiría con el gordo.
Dios, hoy era el temido martes que tanto odiaba que llegara, Rosalie y Alice creían que yo no sabía nada, es más, todos a mi alrededor creían eso, pero sin embargo el gordo había arruinado la sorpresa de mi "NO cumpleaños". Como era de costumbre me levanté temprano, eran como las 7 de la mañana, al parecer era un día lluvioso, de por si dicen: "martes 13, día de mala suerte", lo malo era que yo era bastante supersticiosa, ojalá no me fuera tan mal. Me duché, como ya se me venía haciendo costumbre y guardé muy bien mi pijama, al parecer muchos la aborrecían (Alice, Rosalie, Tanya y el gordo) y no quería que un día desapareciera, así como si la tierra se le hubiera tragado. Me metí al gran armario, al que aún no me acostumbraba, me puse unos shorts de color rosado de mezclilla y una blusita blanca bastante ligera, decidí andar descalza, me sentía más cómoda. Dentro de la casa no se sentía frío, la temperatura era buena, al parecer el gordo utilizaba mucha tecnología. Me amarré mi cabello húmedo en una coleta y me dispuse a ir a desayunar, según yo, a esta hora Tanya aún no tenía que estar, todavía faltaban 30 minutos para las 8 de la mañana.
Todo estaba callado, y en la mesa había un plato de cereal con un poco de leche, que alguien no se había terminado.
—Al parecer se nos hizo tarde —me dije, levanté el plato y me puse a lavarlo, recordando viejos tiempos, eso me pasaba cuando Kate se quedaba dormida a mitad de la sala.
Todo estaba demasiado callado, me dispuse a buscar algo donde pudiera escuchar música, fui a la sala y oprimí el mismo botón que la rubia había apretado días atrás e inmediatamente la enorme pantalla se desplazó. Puse un canal de música y empezó la canción de David Guetta con Nicki Minaj - Turn Me On y le subí todo el volumen. Me puse a bailar, bueno a moverme, sacar mis mejores pasos, eso lo hacía en casa cuando me sentía estresada, cerré los ojos y me dejé llevar, hasta el cabello me solté, anduve por la sala, comedor, cocina, acabó la canción y cuando abrí los ojos…
— ¡Jesús! —grité, el gordo rubio número 2 estaba parado en la puerta de la cocina, riéndose… no, burlándose de mí, mi corazón latía como si se fuera a salir.
—No… Edward se equivocó… no se parecen en todo, tú bailas bien, en cambio Anabella bailaba como si hubiese comido barreta… siempre se movía como si estuviera tiesa. —Se siguió riendo.
Yo suspiré tratando de respirar normalmente, ya que me había cansado de tanto moverme, sumándole la impresión de ver al tal Jason observándome.
—Me… —Respiré—. Me alegra saber que algo nos diferencie. —Me senté en uno de los bancos de la mesa blanca—. Pasa —le dije al gordo 2, inmediatamente se sentó en uno de los bancos, quedando al lado mío. Había visto muchas veces a Jason, pero nunca habíamos tenido la oportunidad de hablar, el hombre se veía buena onda, no me caería nada mal tener otro aliado—. Y… ¿a qué se debe tu…? ¡Aguarda! —grité—. ¿Cómo entraste si la puerta tenía seguro?
— ¡Tranquila Isabella! —Me sonrió naturalmente, ya no de burla—. Edward me dio una copia de llaves, ¿ya sabes?… Cuando algo se le olvida me manda a mí, o cuando se queda dormido yo lo vengo a despertar… cosas así, ¿entiendes?
Asentí.
—Entonces… ¿hoy se le olvidó algo? —le pregunté levantándome a buscar un vaso de leche y también le pasé uno a él, aunque no quisiera—. Toma.
—Gracias, la verdad es que no había desayunado. —Le sonreí—. Y contestando a tu pregunta… no, no se le olvidó nada, hoy vine a estar a disposición de la cumpleañera, ya sabes… a Ana le gustaba que cada cumpleaños Edward le dejara a alguien que anduviera con ella a las vueltas y a eso vine.
—Pero yo no soy Ana. —Rodé los ojos y tomé leche.
—Lo sé, pero hay que aparentar, el show debe continuar. —Asentí, no muy contenta—. Así que… —Se paró del banco y de pronto…—. Feliz, feliz no cumpleaños, a ti… a ti —comenzó a cantar imitando al sombrerero loco de Alicia en el país de las maravillas, me hizo reír mucho, este chico era muy buena onda—. ¿Puedo darte un abrazo?
— ¡Claro! Y gracias por el feliz no cumpleaños —le dije y me abrazó, era un abrazo sincero.
— ¡Ah! Te tengo algo. —Se alejó de mí, se metió la mano a la bolsa de su pantalón, sacó una cajita de color turquesa y me la entregó.
— ¡Odio los regalos, Jason! —le dije—. Además no es mi cumpleaños.
— ¡Ya lo sé, niña! — ¡Va! Otro que me decía niña—. Pero en esta ocasión tú no eres Isabella, tú eres Ana y punto. —Moví la cabeza en negación—. ¡Anda! Ábrela ya… mira. —Lo hice, era una hermosa pulsera de diamantes y en la mitad de esta había incrustada una esmeralda, ¡como el color de los ojos de Edward! —. Es hermosa, ¿eh?
— ¡Preciosa! Pero es demasiado —le dije sacándola de su cajita y mirándola, jamás en la vida había tenido algo de diamante verdadero en mis manos… hasta me temblaban de la emoción.
—Pero recuerda… no es tuya, querida —me dijo haciendo que le quitara atención a la pulsera y se la pusiera a él—. Tómala como… un aviso, sí, exacto, un aviso de que esta vida de farsa que llevas pronto se acabará, que al igual que la pulsera, todooooooo lo que estás viviendo es prestado, ¿sí? —Ya decía yo, era demasiada buena onda de este rubiecito, como para que todo fuera verdad.
—Sabes rubiecito… teniendo o no la pulsera… nunca se me va a olvidar que esta vida de mierda es una farsa…y ¿sabes qué? Métete tu puta pulsera por donde no te llega el sol. —Juro que iba dispuesta a tirarle la pulsera en la cara e irme, pero tenía que llegar en ese preciso momento la rubia coqueta.
— ¡Anita! ¡Nena! ¡Feliz cumpleaños! —gritó, dejando unas bolsas arriba de la mesa y yendo directamente a darme un abrazo—. 20 años, amiga, ¡por fin!
—Sí, Anabella, por fin 20 años… —dijo el rubio que seguía parado y yo con la caja de la pulsera en la mano—. Anda, linda, déjame ponerte la pulsera.
— ¡ .Digas! —dijo la rubia mirando la caja que traía en manos—. ¡Se la regalaste! Eres un amor de hombre, nene —gritó Tanya acercándose demasiado a Jason, al parecer le coqueteaba—. ¡Ábrela! Quiero verla ya, no puedo creer que te haya cumplido tu capricho, Ana. —Le sonrió más al gordo 2 y le plantó un beso en la mejilla, Jason sonrió, no le era indiferente, serían buena pareja, 2 rubios huecos se complementan.
—Lo que Anabella pida… es una orden. —Así que Jason adoraba a Anabella, mmm... aquí había gato encerrado—. No es lo que piensas —me dijo como si supiera lo que estaba pensando, ¿tan fácil era de leer? Creo que sí—. Déjame ponértela… —Y así lo hice, en ese momento sonó la puerta. La rubia coqueta fue a abrirla, más emocionada que yo por esa bendita pulsera—. Recuerda que antes de irte me la tienes que devolver —me dijo el gordo 2.
—Te la devolveré mucho antes… créeme. —Y le saqué la lengua. Equivocado estaba si me creía ratera.
— ¡Pero mira nada más a quién tenemos aquí!... —Era Alice, quien venía con un ejército de personas que venían cargando maquillajes, bolsas de ropa y no sé qué tantas cosas más y detrás de ella, una rubia que echaba lumbre por los ojos—. Al primer gorila que evolucionó. —Se acercó hacia Jason y Tanya se puso también muy cerca de él, como cuidando su territorio, al rubiecito se le iluminaron los ojos como si hubiese visto un milagro, se le veía más contento que cuando Tanya hace un rato le plantó un beso. Alice le dio otro sonoro beso en las mejillas, ¡vaya suerte del rubio!, en un solo rato dos besos—. ¿Me extrañaste, gorilita? —Le tenía abrazado del cuello con ambas manos, el tipo se veía contento y ella ¿también?
—Ni que fuera loco y masoquista, duendecito, por algo evolucioné y busco… cosas mejores. —Ella se separó de él y su cara cambió a enojo—. Pobre el que se enamore de ti. —Lo ignoró totalmente y se fue hacia mí, todos estábamos observando a esos dos—. Y ¿a qué se debe la sorpresa de tener a una gran estrella en la casa de la respetada y odiada Anabella Swan? Porque que yo sepa, Alice, Ana no es muy santa de tu devoción que digamos.
—Lo mismo me pregunto yo —dijo Tanya molesta por la presencia de Alice, era obvio, si la rubia coqueta era amiga de Anabella, eso quería decir que tampoco se llevaba bien con Alice, así que: ¡tenemos que dar explicaciones!, pensé—. Tú nunca vienes por aquí ni por equivocación, Cullen, ¿a qué debemos la respetable visita de la estrellita caprichosa de Hollywood? —le dijo sin separarse mucho de Jason y lanzándole miradas, de esas matadoras, a Alice.
—Chicos… —Hice que todos me miraran—. Verán… Alice y yo hicimos las paces hace unos días, como les dije… ese viaje me cambió y yo seré otra persona… así que Al y yo somos amigas, ¿de acuerdo, Tanya?
— ¿Y te dices mi amiga, Ana? —Me miró molesta y decepcionada—. ¡No puedo creer que no me lo hayas dicho antes!
—Discúlpame Tanya… no lo creí importante, créeme yo juzgué mal a Alice, también puedes ser su amiga, ¿no?
— ¡Ni de coña! —gritó la rubia molesta, alejándose de Jason y parándose de frente a mí—. Cómo es posible que seas amiga de esta, después de que te descubrió con Edward y le contó que tú y Jacob estaban… —paró su discurso en seco, como si estuviera revelando un secreto de muerte.
Yo me le quedé mirando con duda, no sabía de qué hablaba, aunque me pareció raro oír el nombre de Jacob otra vez.
— ¡Basta! —le dije a Tanya, aunque más tarde preguntaría por ese famoso Jacob. Miré molesta a Tanya—. Solo te aviso que Alice vendrá bastante seguido a casa y tú la recibirás amablemente, ¿entendido?
—Ana… yo, discúlpame, y aunque yo no quiera, así lo haré… —dijo la rubia muy apenada—, pero no seré su amiga, eso nunca. —Y salió de la cocina.
—Como quieras, rubiecita —le contestó Alice gritando en tono de burla y volvió a sonreír, Jason no le quitaba los ojos de encima—. Ana… hermosa. —Se acercó y me abrazó—. Feliz no cumpleaños —me susurró al oído, yo le sonreí y le correspondí el abrazo.
— ¡Gracias Alice!
— ¿Celebrarás como es debido, Anita? —me preguntó con una sonrisa malévola—. ¿Ya sabes?... Bailar, tomar y follar como una loca.
¿Qué? Sentí que mi cara se ponía de colores con esto último, esta chica me quería matar de una impresión.
— ¿Te has puesto colorada, Ana? —preguntó el rubio—. Pero si tú nunca te incomodas cuando de sexo se trata, recuerdas cuando me contaste cómo celebraste tu cumpleaños anterior con Edward y como él te metió la…
— ¡Cállate! —lo interrumpí—. He cambiado… eso que les quede bien claro y de hoy en adelante… no hablaremos más de sexo si es que yo no lo dispongo así, ¿entendido? —hablé un tanto avergonzada y un tanto molesta, últimamente el carácter Anabella cisne, se me pegaba como si ya viviera en mí. La cara de todos era de sorpresa, aunque a Jason y a Alice no los engañaba, no me acordaba que teníamos visita extra—. No me lo tomen a mal, chicos, pero quiero tener más privacidad con mi vida, solo es eso.
— ¡Pero si tú no eres…! —Jason iba a abrir la boca, pero se acordó que aún había compañía.
— ¡De acuerdo! —gritó Alice ignorando nuevamente a Jason—. Solo te doy ideas porque yo así celebré mis 20 años hace unos meses, mi Jasper me hizo ver el cielo de distintas formas —dijo la duende emocionada y suspirando, aunque yo no la conocía, podía jurar que estaba enamorada de alguien, enseguida me vino a la mente el rubiecito que estaba en esta misma cocina, lo volteé a mirar y seguí mirando a la duende con una sonrisa de oreja a oreja, como si de él estuviera hablando—. Así que… la recomendación está hecha, Eddie bebé estará encantado de cumplir tus caprichitos y más… si son de ese tipo —me dijo moviéndome una ceja.
— ¡Basta Al! Di una orden y es para cumplirse. —Le miré feo.
— ¡Ahh! Pero si lo Swan te sale por los poros, mujer —dijo Jason en tono burlón, preferí no contestar y comencé a caminar hacia la salida, donde se encontraba el ejército que Alice traía consigo—. ¡Hey! —gritó el rubiecito haciendo que volteara a mirarlo—. ¡Alto ahí mujer gruñona! —El Jason buena onda había regresado—. Enséñale a mi… a Alice —corrigió rápidamente como si hubiese cometido una metida de patas, aquí había algo raro entre estos dos, al parecer no solo yo tenía un secreto—, el regalo que te acabo de dar —me dijo.
Alice en un abrir y cerrar de ojos estuvo a mi lado.
—Pero si le has regalado lo que "Anafea" te pidió en su cumpleaños pasado, ¿no? —Tomó mi mano y observó detenidamente la pulsera, la soltó y lo miró sonriendo—. Pero mira nada más, cuando el rubio pobretón se lo propone se pone chulito, ¿no? —Se le acercó demasiado, aunque era bastante más chiquita que él, pero la duende imponía—. A ver… —le habló como retándolo, yo me sentía como una intrusa, estos dos tenían algo más—, si yo te pido algo ¿me lo darías?
—Tú lo has dicho, duendecita —le dijo Jason tomándola por la cintura y acercándola más a él. ¡Dios!, esto ya me estaba poniendo incómoda—, cuando quiero me pongo chulito, ¿no?
— ¡Lindura! —dijo Alice alejándose de él—. Entonces pensaré bien qué pedirte, a lo mejor no te alcance para comprármelo, con eso que no tienes ni donde caerte muerto. —Y ahí estaba, la Alice que no quería ver, la que le importaba la clase social y humillaba a la gente—. Me pregunto ¿cuántas veces te quedaste sin comer para juntar tanto dinero para eso? —le dijo en tono de burla, yo no iba a permitir que siguiera hablándole así a Jason, él merecía respeto.
— ¡Basta duende! — ¡Vaya! Pensé que el rubiecito estaba pasmado, pero habló para defenderse—. Por como eres nunca podrás ser feliz —le dijo dándole la espalda y yendo a servirse un vaso de agua, restándole importancia a los comentarios de Alice—. ¿Sabes? Compadezco a tu Jasper, todo lo que te soporta y a pesar de eso… te ama. —Tomó un sorbo de agua, pero Alice no se movió, parecía como si se hubiese enterado de algo que la desarmó por completo—. Me pregunto ¿cuándo lo presentarás?, ¿cuándo le darás su lugar?
— ¿Me ama?... —preguntó Alice con lágrimas en los ojos, Jason volteó a verla y se miraron a los ojos, ellos estaban hablando en su propio idioma y yo, al igual que el ejército de Alice, nos sentíamos como intrusos—. ¿Me ama? ¿Me ama? ¿Me ama? —repitió emocionada y acercándose a Jason, parecía que iba a abrazarlo, pero de repente se alejó y se situó a mi lado.
—Así es, Alice… te ama —le dijo Jason sonriendo—. Ya basta de tanta habladuría, duende, si Edward sabe que son casi las 9 de la mañana y Anabella no ha empezado a arreglarse se pondrá como loco.
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Y aquí estaba, dentro de mi "pequeño armario" sentada enfrente del espejo y Alice al lado mío.
—Bien chicos, manos a la obra, de ustedes depende que quedemos como estrellas… bueno, yo ya lo soy. —Sonrió—. Bella… —me dijo— ellos son mis maquillistas personales, se encargan de que me vea bien todo el tiempo, así que confía en ellos, te dejarán bellísima. —Asentí—. Ya les expliqué cómo será tu atuendo, saben bien qué harán contigo.
— ¡Claro! Las dejaremos hermosas a las dos —dijo un chico de cabello castaño, muy guapo por cierto—. Soy Randall —dijo tendiéndome la mano, yo correspondí a su saludo—. Siempre había querido conocerla, señorita Swan, pero Alice jamás me había dejado y ahora que tengo la oportunidad, déjeme decirle que la admiro y que es usted muy guapa.
Le sonreí, no sabía qué decirle.
—Es tu fan, Bella, dice que ama como te comportas delante de las cámaras y además ama a Edward y por eso también te envidia.
—Gracias —fue lo único que pude decir, le sonreí.
—Ellos son Maggie, Marco y Renata —dijo Alice señalándome a los chicos que estaban detrás de nosotros—, y pues a tu fan número uno, Randall, ya lo conoces, así que sin más, chicos, ¡manos a la obra!
Y así fue, empezaron con la bendita depilación, no es que yo nunca me hubiese depilado… lo hacía, solo que con rastrillos así no me dolía, pero en esta ocasión esos chicos lo hicieron con cera ¡Dios que dolor! Y más cuando me depilaron el área del bikini, ¡eso sí era dolor! Grité demasiado. Una vez depilada de todos lados, empezaron a pulir mi piel, cremas y más cremas. Después, manicura y pedicura, luego vino el tiempo del bendito peinado, me lo pusieron de lado y lo ondularon, se veía hermosa… no, me veía hermosa, solo faltaba el maquillaje.
—Vayamos a comer—dijo Alice, quien también se veía hermosa, su cabello estaba levantado en una coleta y se lo habían alaciado, se veía increíble, también le faltaba el maquillaje—. El maquillaje lo dejamos para después, son las 4 de la tarde, aún tenemos 2 horas para afinar detalles. — ¿Las 4 ya? Qué rápido había pasado el tiempo y yo sin sentirlo—. ¡Nos vemos geniales! —dijo Alice levantándose del asiento—. ¡Guau! Bella, te ves tan diferente, ella no se veía así de genial… y eso que todavía no acabamos.
— ¡Sí! —Estuve de acuerdo con la chica—. Nunca me había visto así, ¡jamás! —Me miraba al espejo y no podía creer que fuera yo, si Kate me viera, no lo creería. ¡Qué buen Feliz no cumpleaños! Sin duda el mejor, me dije a mí misma. ¿Le gustaría a Edward como me veía?, eso lo averiguaría más tarde.
— ¡Bien! Ustedes bajen a la cocina, ahí Tanya les dará de comer, en cuanto terminen regresan, queridos, no se pasen de media hora, ¿de acuerdo?
— ¡Claro! —contestaron los cuatro al unísono y sin más salieron de la habitación.
—Llama a Tanya, Isabella… —me dijo, yo seguía embobada viéndome en el espejo, enseguida volteé a mirarla—. Ese teléfono que ves ahí. —Me señaló uno que estaba pegado a la pared del armario, cerca del espejo—. Te comunica directo a la cocina con Tanya, pídele solo fruta, para las dos, ¿sí?
Asentí, le llamé y 5 minutos después ella subió con una bandeja con fruta y jugo de naranja, no habló ni me dijo nada, parecía molesta.
—No le ha de gustar que yo comparta este cumpleaños con su mejor amiga, ella siempre estaba al lado de Ana cuando de salidas o cumpleaños se trataba, se debe sentir desbancada.
— ¿Te molesta si le pido a uno de tus chicos que la arregle? —le dije, yo también me sentía mal por la rubiecita, después de todo, no me caía del todo mal. La duende me frunció el ceño—. ¡Por favor!
—Está bien, que la arregle. —La abrecé y nos dirigimos a una mesita que estaba en la recámara, nos sentamos y comenzamos a comer—. Me caes muy bien, Isabella, me he preguntado… ¿cómo era tu vida en Londres? Imagino que salías a comprar, a bailar, estudiabas, cuéntame, ¿sí?
Vaya, Alice era una máquina de preguntas, pero temía responderle, ¿y si me trataba igual que a Jason? Sus comentarios me lastimarían.
—Eh… yo… estudiaba —no sabía qué decirle, o mejor dicho, cómo contestarle.
—Solo respóndeme, ¿eres pobre, verdad?
— ¿Por qué te importa tanto la clase social de las personas, Alice? —le pregunté mirándola a los ojos.
—Dale gracias a mi madre, ella me recalca a cada rato eso y yo ya me acostumbré a ser así, Isabella, aunque te confieso que no me gusta ser de esa forma. —Vaya, al parecer estaba siendo sincera.
—Pues sí, Alice, soy pobre, sí estudio y no, desgraciadamente el mísero dinero que gano en mi trabajo no me alcanza para salir de compras o a bailar, apuradamente me alcanza para comer y pagar mis estudios. —Su cara era inexpresiva, pensé que se burlaría o que me haría comentarios como los que le hacía a Jason.
—Pues te envidio Bella… no cabe duda, tu historia debería de hacerse película, es más… la escribiré y le pondré algo así como: "Confusión inesperada", no, mejor "Inesperada confusión", sí, esto tiene que ser una película. —Me reí, Alice cada vez me sorprendía más—. Naciste con suerte, mujer, oye y tus padres, ¿saben todo lo que estás viviendo?
—Alice, yo no… no tengo padres —le dije bajando la mirada y poniéndome triste—. Yo creo que mejor esta conversación la dejamos para otra ocasión, ¿sí? Hoy solo quiero disfrutar y pasar bien mi "feliz no cumpleaños".
—De acuerdo, pero prométeme que me contarás después.
— ¡Prometido! —le dije e inmediatamente nos levantamos de la mesita y nos metimos al armario nuevamente—. ¿Alice? —le dije antes de que llamara a los chicos por el teléfono.
—Sí, Bella.
—Tú y… Jason, ¿tienen algo? —Su cara fue un poema, no sabía qué contestarme—. No me respondas nada, creo que ya lo sé, ahora tú prométeme que después me contarás qué sucede con él, ¿sí?
—Te lo prometo. —Y sin más llamó a los chicos.
—Oye, ¿hoy veré a ese famoso Jacob?
— ¿Famoso? ¿Ese naco? Noooo. —Alargó la o—. A él no lo verás, él es el amante de Anabella, por si te preguntabas quién era, él anda con ella donde sea que se encuentre. Solo que el tonto de Eddie no lo cree aún, no cree que su Anabella le ponía los cuernos, ¡pobre! Esa chica desde el principio solo le sacó dinero. —Yo la miré, no lo podía creer, así que Edward de verdad la quería y ella no. ¡Vaya tonta! De lo que se perdía, pero mientras yo estuviera con él, lo aprovecharía—. ¿Te gusta Eddie, no? —Me sacó de mis pensamientos y me agarró en curva, no sabía qué contestar—. Si piensas negármelo, te digo que no te creeré, sé que te gusta.
— ¿Pero a quién no le va a gustar un hombre así? —le dije respondiendo a su pregunta.
—Tú no le vas a sacar dinero, ¿verdad?
—Estoy necesitada, Alice, pero créeme, nunca haría eso y si estoy aquí no es porque yo lo quiero, estoy aquí por salvar a mis amigos y tener una vida mejor.
—Algún día me contarás cómo pasó todo y más del porqué estás aquí, ¿sí? —Asentí—. ¿Bella? —Volteé a mirarla—. Si te pido algo, ¿lo intentarías cumplir?
—Depende, si está en mis posibilidades, ¡con gusto! —Me senté enfrente del espejo, seguro el ejército de Alice no tardaba en subir.
—Enamora a Edward, Bella, cámbialo, haz que regrese el Edward de siempre, ¡por favor!
No me dio tiempo de responder, ya que el ejército llegó y se puso manos a la obra, pero yo me respondí a mí misma: No podía saberlo, pero si lo hacía, saldría perdiendo, porque él no me correspondería y además ese papel no me quedaba.
No sé cuánto tiempo más pasó, pero cuando quedé lista, parecía otra. Alice ni habló, solo caminó muy rápido y trajo consigo el forro donde estaba el vestido de infarto y unos zapatos de un tacón enorme, de color negro, sin duda lindos, pero temía perder el equilibrio con ellos. Me puso el vestido, debajo de este solo llevaba unas bragas diminutas rojas, ¡sin sostén!; y los zapatos. Me pasó una gargantilla con un rubí en el centro y unos aretes a juego, la pulsera no me la quité. Hoy valía mucho más que otras veces.
— ¡Lista! —chilló Alice—. A Edward se le saldrá el corazón cuando te vea.
El corazón me saltó a mí, lo que esta noche planeaba me saldría bien si a Edward le gustaba como me veía. Me miré de arriba abajo en el espejo de cuerpo completo, mi cabello se veía impresionante y mis ojos con ese maquillaje se me veían más grandes, parecía muñeca de porcelana fina. El vestido hacía que mi cuerpo se viera más delgado y alto, las curvas se asomaron como de milagro, jamás me había sentido tan sexy y segura. Y el escote, ¡no tenía palabras!
—Gracias por todo, chicos. —Ellos ya tenían todo levantado y comenzaron a salir—. ¡Ah! Por cierto, ¿podrían arreglar a Tanya? —Ellos asintieron—. Déjenla linda, chicos, díganle que es de parte de Bella, no mía. —Me reí, creo que no se llevarían bien—. También díganle que cuando esté lista suba, que su vestido y zapatos ya están listos. —Sonreí, Alice en el fondo era linda. Nos quedamos ella y yo—. Quedaste hermosa, Bella, ¿sabes? Tus ojos brillan más que los de Anabella y tú te ves mejor maquillada que ella, eres más linda.
—Gracias Alice, la verdad es que jamás me había visto así… tú no te vas a vestir. —Aún estaba con el pantalón deportivo, la blusa de tirantes y sus sandalias.
—Siempre hay una primera vez. —Sonreímos juntas—. Faltan pocos minutos para las 6, Bella, tengo que irme a vestir a casa, nos vemos más tarde. —Comenzó a dirigirse hacia la salida—. ¡Ah! Y cuídate de cuanta garrapata que ronde a Eddie esta noche, cuida bien a tu chico.
— ¡Alice espera! —grité cuando iba a salir y dejarme sola—. ¿Dónde será la fiesta? ¿Quién me llevará?
— ¡Vaya! ¡Sabía que Edward te diría lo de la fiesta! Es un chismoso. —Rodó los ojos—. Te aviso que te encantará, este año yo la organicé toda y por eso no vine a visitarte antes. —Sonrió orgullosa—. Bueno si fueras Ana, Jason seguro te iba a andar trayendo de un lado a otro, pero hace ya mucho rato se fue a alistar también, así que supongo que Edward manejará y él te llevará. —Mi corazón latió aún más fuerte, ¿le gustaría a Edward como me veía? —. Y el lugar de la fiesta sí lo conservaremos en secreto, por lo menos eso y otra cosa, soportarás a una Rosalie molesta, no dejé que viniera y te reclamara a ti por no mandarla a llamar y ahora sí te dejo, se me hace tarde. —Y se fue.
¿Cómo me defendería de Rosalie?
Salí de ese armario y abrí la ventana, el aire estaba bastante frío, mi piel se erizó, ojalá la fiesta fuese en un lugar cerrado, porque si era en algún jardín, tendría que usar abrigo para no morir de hipotermia. Observé el atardecer de Seattle, extrañaba Londres y en especial a mis amigos, recordé que Edward me había dado, bueno, más bien dejado un celular nuevo, de muchísima más tecnología que mi otro celular, de ahí me comunicaba con mis amigos en estos últimos días, aunque aún no entendía cómo entraba el gordo a mi recámara, si yo la cerraba con candado por dentro, por el miedo a que un día se le pegara la locura y quisiera entrar a terminar lo que quedó inconcluso aquella noche. Aunque… la idea ya no me resultaba tan descabellada, lo poco que había convivido con Edward y la actuación de un amor fingido me estaba convenciendo, aunque fuera de mentira, me iba a aprovechar esta noche de que me sentía segura y me veía sexy, hoy festejaría mi "no cumpleaños" con Edward, ¡sí que sí! No sabía cómo explicar, pero extrañaba ver a Edward, extrañaba besarlo, olerlo, verlo. No era amor, en absoluto, era algo así como... ¿deseo?, sí deseo, porque cada vez que lo veía sentía como calambres en mi estómago y hoy sentiría más que calambres al verlo, seguramente se vería tan sexy como siempre. ¿Es posible acostumbrarse tan rápido a ver a una persona? ¿Aunque solo lo conozcas y estés cerca de él apenas unos cuantos días?... Sí, creo que sí era posible y además de acostumbrarme a él, me estaba acostumbrando a esta vida, pero nadie me podría culpar de estarme acostumbrando a todo esto, ya que nadie se puede negar a una vida de lujos y comodidades, ¿no?
Mi celular vibró y me sacó de mis pensamientos, vi que era Edward el que me estaba llamando, me puse nerviosa, ¿y si no le gustaba como me veía?
— ¿Sí? —contesté nerviosa.
— ¿Podrías apresurarte a salir de ese jodido cuarto ya? —me dijo en ese tono seco y frío que ya se me estaba haciendo familiar—. ¿No se supone que ya estás lista? Falta poco para que sean las 7 y tú sigues sin bajar.
—Yo…
—Tú, te apuras que yo no tengo tu tiempo —no me dejo terminar de responder y casi me gritó, inmediatamente cortó la llamada y yo me apresuré a cerrar la ventana.
Pues, ¿cuánto tiempo tardé pensando? Me apresuré a tomarme la foto que pensé desde el principio e inmediatamente se la envié a Kate, de alguna manera quería compartir con ella uno de mis pocos momentos de felicidad y eso hice. Dejé el celular en la cama y me apresuré a ir a la sala, iba con los nervios hasta las uñas de los pies. Lo vería después de 2 días de no verlo, necesitaba, me urgía verlo y ahí estaba Edward, dándome la espalda, viendo el atardecer, así como lo hacía yo hace unos segundos, en una de sus manos traía una copa. Por lo que veía ya estaba listo y tenía puesto un traje gris oscuro. La única iluminación que había en la sala, era la que entraba por los grandes ventanales, ya se veía oscuro.
—Hasta que la señorita Swan se digna a bajar —habló aún dándome la espalda—. ¿Por qué tardaste tanto, Isabella? ¿Has oído ese dicho de… aunque la mona se vista de seda, mona se queda? —Maldito gordo, al parecer andaba de mal humor. De pronto se dio la vuelta y tuve la satisfacción de ver la viva impresión en su cara—. Pues puedo asegurarte que no te queda a ti, Isabella… tú naciste para tener esta vida, la vida llega a ser bastante cruel. —Esas palabras me hicieron sentir mucho más bonita y mucho más segura. Comenzó a acercarse más y más, dejó su copa en la mesa de centro y llegó hasta enfrente de mí, me miró de los pies a la cabeza y se detuvo en el escote—. ¡Alice! Esa mujer es peligrosa. —Se mordió el labio y sonrió de lado, me mataba.
— ¿Te… te gusta como me veo? —pregunté ansiosa por saber la respuesta, ¿le gustaría?
— ¿Que si me gustó? —me preguntó sonriendo, sentí su aliento en mi cara, extrañaba su olor—. Me encantó como quedaste nena y por cierto… —Se acercó a mi oído, me quedé pasmada y mi cuerpo reaccionó a su cercanía, necesitaba que me besara—. ¡Feliz no cumpleaños, Isabella! —No me dio tiempo ni de sonreír, se alejó de mi oído y tomó mi cara entre sus grandes manos, de un momento a otro, sentí sus labios sobre los míos y me rendí con un jadeo. Extrañaba que me besara, por mí no había problema, si quería que me besara a toda hora. Le di el total acceso a su lengua, era un beso de necesidad y deseo, en él no había amor, ni nada o al menos no de mi parte. Enredé mi manos en su cuello y lo atraje más a mí, acaricié su cabello y él bajó sus manos a mi espalda desnuda, ese contacto me hizo sentir húmeda en aquella parte intima, esa sensación ya se estaba haciendo común cuando lo tenía a mi lado. El beso seguía, pero de pronto tuve la necesidad de respirar y me separé, mas él, hizo un camino de besos por mi mandíbula, mi cuello y de pronto sus manos bajaron a mis glúteos, jadeé. Con ese movimiento, me hizo quedar mucho más cerca a él y sentir su… ¡sí!, su erección. ¿Estaba así por mí? ¿O pensaba que era Anabella? Como reacción a que ahora masajeaba mis glúteos, enrollé mis piernas a su cintura, sin importarme los tacones. No medí mis movimientos, solo me dejé llevar por el deseo, no me importaba si sucedía aquí y ahora, solo tenía la necesidad de tenerlo cerca y ese era mi objetivo esta noche. En algún momento Kate me dijo: "si lo deseas y lo tienes enfrente, aprovecha el momento, ¡vive!" Y pensándolo bien, la idea de Alice no era tan descabellada, celebraría a mi manera y disfrutaría lo que la tonta de Anabella no estaba aprovechando—. Creo… que será mejor que bajes de mí, Isabella. —Paró sus manos y dejó de besarme, me sentí decepcionada, pero en el fondo él sabía que no era Anabella. Interiormente bailé de felicidad—. Ese vestido te queda hermoso y si te estropeo el maquillaje Alice me va a matar. —Avergonzada desenrollé mis piernas y me separé de él, me le quedé mirando y sonreía—. Además de que ya es tarde y tenemos que llegar a tiempo a tu fiesta. —Me sonrió demasiado coqueto.
—No tienes que actuar, Edward —le dije, quería estar segura que eso que había hecho era por deseo y no por comparación—. Aquí no estamos enfrente de nadie, además de que yo no soy Anabella.
—No me importa, deseaba hacerlo, hoy te ves muy apetecible —me dijo aún estando parado enfrente mío y sonriendo. ¿Le pedía ahora lo que quería que me regalara? —. Y quita esa cara de incrédula y vámonos que tenemos que llegar a esa fiesta. —Regresó su cara seria, de plano podía asegurar que este hombre era bipolar, no le pedí nada… por el momento—. Ahora sí, preciosa, vamos a fingir como siempre.
—Claro… como siempre, Edward —le dije, me tendió un abrigo negro y salimos del departamento.
Enseguida salimos, me puse el abrigo y me tomó de la mano, caballerosamente me abrió la puerta de un Volvo plateado que no había visto, después él se subió. Hacía 5 días que no salía al movimiento de la ciudad, hasta rara me sentía, el tráfico era tranquilo y ya estaba anocheciendo.
—Te lo digo de verdad, Isabella, te ves muy bonita esta noche. —Su mirada estaba fija en la carretera—. Y por lo que veo Jason ya te dio el regalo que más esperaba Anabella para su cumpleaños, vaya alcahuete, siempre cumpliendo los caprichitos de mi… de Swan. —Ignoré esa última corrección, estaba feliz y no dejaría que el fantasma de esa chica estuviera hoy aquí.
—Sí, en la mañana llegó a dármela, jamás había tenido algo tan caro encima de mí… y gracias Edward, tú también te ves bien. —Y sexy, completé mentalmente. Aparte de su traje gris oscuro, traía una camisa blanca con rayas grises y una corbata que estaba a juego con el traje. No me contestó solo sonrió.
—Habrá muchas personas muy cercanas a Anabella en esa fiesta, trataré de no despegarme de ti para que no metas las patas, ¿de acuerdo? —Asentí, aunque no quisiera reconocer, cuando andaba de buenas, su compañía era buena—. Pórtate bien, Isabella.
— ¿Edward? —Suspiré, lo que le iba a pedir a continuación era atrevido y delicado.
—Dime Isabella. —Su mirada seguía fija hacia la carretera.
—Si me porto bien y al final de la fiesta te pido que me cumplas algo, ¿lo harías?
—Si en mis manos está… claro que lo haría. —Sonreí, ¡claro que en sus manos estaba! —. Y se puede saber ¿qué es?
—Al final de la fiesta, Edward… al final de la fiesta, será como mi regalo de "no cumpleaños".
Él sonrió. El resto del camino fue en total silencio.
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Pasó como media hora y ahora estábamos en la casa de Edward, se bajó del Volvo y yo esperé a que él abriera la puerta para salir. Eso hacía Anabella, pensé. Me tendió la mano y yo se la tomé, aquí teníamos que actuar.
— ¿Venimos por alguien, gor… Edward? —le pregunté, de pronto él entrelazó su mano con la mía, mi piel se erizó y mi corazón se hinchó de alegría. Es actuación, me recordé a mí misma.
—No, Isabella, aquí es la fiesta y lamento decirte que pasarás un poco de frío… —Miró nuevamente hacia mi escote—. La fiesta será en el jardín y deberás quitarte el abrigo. —Lo que me temía, pasaría frío. Abrió la puerta de su casa y no había ningún alma, todo estaba tan callado. Ahí dentro, en esa sala tan lujosa, el clima era cálido. Se paró detrás de mí y me quitó el abrigo, de pronto su mano se deslizó desde mi hombro hasta mi cintura, yo cerré los ojos disfrutando la caricia—. Pero puedes tomarte unas cuantas copas para soportar el frío, aunque no tengas 20 años… te doy permiso de hacerlo, Anabella bebía —me susurró al oído, ¿estaba seduciéndome?
—Gracias por su permiso, señor Cullen… —Me separé de él y comencé a caminar hacia el interior de la casa—. Pero le recuerdo que yo trabajaba en un bar y tomaba lo que yo quería. —Sentí sus pasos detrás de mí.
—Pero le recuerdo, señorita Watson… que en esta ocasión usted ya no es independiente, ahora usted está conmigo y es mi deber cuidar a una niña. —Rodé los ojos, ¿no se daba cuenta que yo no era una niña? —. Que es caprichosa y mal criada.
— ¿Así tratabas a Anabella? ¿Cómo una niña?
—Anabella no era como tú... —me dijo casi en un susurro. No podía creer las palabras que estaba oyendo, era la primera vez que me decía que era distinta. No pude evitar sonreír—. Era mejor, chiquilla. —Adiós sonrisa estúpida, hola gordo idiota.
—Pero si ha llegado la pareja más envidiada de la sociedad —comentó una Rosalie con el cabello lacio, maquillada muy poco y con un vestido negro de encaje, pegado a su figura, hasta los pies, se veía hermosa—. Ana, nena, ¡feliz cumpleaños! No lo puedo creer, los 20 que tanto esperabas, ahora sí ya podrás hacerte ese tatuaje. — ¿Tatuaje? Solo para eso quería tener 20 años la tonta esa ¿para hacerse un tatuaje? Se acercó y me abrazó—. ¡Dios! —gritó cuando vio mi mano—. ¡Te la regaló! Jason cumplió su palabra, ¡pobre hombre! ¿Cuánto habrá gastado? —La rubia tomó mi mano entre las suyas, observando a detalle la pulsera. Después le preguntaría a Jason por qué causaba esa impresión en todos.
— ¿Hermosa, no? —le dije a Rosalie sonriendo, después sentí como Edward me abrazaba por detrás, yo me sentí incómoda al principio, pero después me relajé. Al parecer hoy, tenía más confianza en acercarse a mí y en lo mínimo me molestaba, lo malo es que me estaba acostumbrando muy rápido. Pasó sus manos por mi cintura y puso su mentón en mi hombro, sentía su respiración y eso me hacía reaccionar de una manera placentera.
—Se le queda corto, Anita… y los regalos que faltan, ya verás. ¡Bien!... Creo que es hora de entrar a… a ver algo que tenemos que enseñarte. —La pobre Rosalie seguía pensando que yo no sabía nada—. ¿También saldrás a cenar? Yo…
—Mejor entremos, Rose… —la cortó Edward cuando vio que no sabía cómo explicar.
—Te ves hermosa, Rosalie —le dije, Edward me soltó y se puso a mi lado, me tomó la mano y comenzamos a caminar hacia la piscina.
—Tú también, Ana, pero eso no quita que no te reclame. —Comenzó a caminar junto con nosotros, se puso a mi lado y también me tomó la mano libre—. ¿Te arreglaste sin mí? Dejaste que Alice fuera contigo, ¡no lo puedo creer! Si el año pasado no dejaste ni que entrara a tu fiesta y este año, dejaste hasta que la organiza… —Se tapó la boca, ya había metido la pata, yo hice como que no entendí.
—Alice llegó sin que yo supiera… y según tenía entendido Edward y yo, solo tendríamos una cena… privada. —Volteé a mirar al gordo y me sonrió, estaba mintiendo bien—. Y a eso vamos… a cenar, ¿no?
—Sí, bebé —me dijo Edward sonriendo, ahora ya había oído un nuevo nombre para mí, ¿cuántos faltaban? —, solo vamos a cenar.
—Solo por esta ocasión te disculpo, pero la próxima Ana, juro que dejo de acompañarte de compras, jamás volveré a ir a tu casa y nunca…
— ¡Basta Rose! —Ya íbamos llegando a las escaleras de la piscina.
Mis ojos casi se salen de las cuencas, había muchísima gente, flashes que comenzaban a ser disparados, y la piscina estaba toda decorada con flores de distintos colores, pero el que más sobresalía era el azul turquesa, mi favorito. Alrededor de esta había mesas redondas, con adornos y todas listas, había una mesa de bocadillos e iluminación con velas y luces más intensas, parecía de película. Al fondo de la piscina, había una enorme foto mía, que decía: "Feliz cumpleaños Anabella" y había un grupo tocando música romántica, sin duda mi mejor "no cumpleaños".
— ¡Sorpresa! —gritaron todos al unísono cuando me vieron.
Yo dejé de observar todo y me fijé en todas las personas que me sonreían, todos creyendo que yo era Anabella, mas sin embargo le sonreían a Isabella Watson. Edward me apretó más la mano, ahora estaba nerviosa, ¿quién era toda esa gente? Rosalie bajó y se puso al lado de Emmett. Yo seguía parada en las escaleras, al lado de Edward, vi que ahí estaban todos los Cullen, incluido Jason, quien se veía distinto a como se veía todos los días con su traje negro. La duende traía un vestido con un escote de corte de corazón, color rosa pálido y también era largo. Esme llevaba uno color verde con mangas tres cuartos y largo, se veía muy linda. Seguí mi recorrido y vi que ahí estaba esa pareja que yo no quería ver, los Swan.
— ¡Vamos Bella! —me dijo Edward invitándome a bajar, yo lo seguí.
Por los nervios, ni frío sentía. Bajé y los abrazos, bendiciones y buenos deseos no faltaron. Primero fueron los Cullen, después personas que yo no conocía, pero que Anabella sí, Edward en ningún momento se separó de mí y cuando me hacían preguntas y veía que yo no sabía qué responder, él lo hacía. Más y más abrazos, ya me estaba cansando.
— ¡Linda! —Una mujer rubia, parecida a Tanya se acercó a mí, pero primero miró a Edward y le sonrió—. Feliz cumpleaños, me alegra que me hayan invitado a tu fiesta. —Me abrazó, ¡puaj!, era más coqueta que Tanya, pero mucho más linda y fina que ella—. Eddie… —le habló seductoramente a Edward, este sonrió respondiéndole, ¿también le estaba coqueteando? Se acercó a él y le dijo—: ¿Volverás a salir conmigo? Esa noche nos divertimos mucho, ¿no? — ¿Esa noche? Sentí mi cara hervir de rabia, ¿le coqueteaba delante de mí?
—En cuanto esté disponible, Jane, prometo llamarte para ponernos de acuerdo. — ¿Jane? El nombre me sonaba, pero no, no podía ser esa misma Jane, aunque me caía muy mal.
—Pues no creo que esté libre ninguna noche más, querida… —le contesté a la rubia, tomando de la mano nuevamente a Edward—. Ya estoy yo a su lado y no necesita más compañía que la mía, ¿verdad amor?
Edward sonrió satisfecho y complacido, no había oído esa risa suya, pero la amé. La rubia se alejó y le vi bastante molesta.
—Claro bebé, con tu compañía me basta… Lo siento Jane, pero no creo llamarte pronto, alguien me tendrá bastante ocupado. —Me besó la mejilla y me sujetó por la cintura. La actuación de hoy, sin duda era la mejor. La rubia ni adiós dijo, solo se fue—. Cada vez mejoras más, Isabella, creo que esta noche podrás pedirme lo que quieras y yo te lo daré.
Una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro. Esta noche prometía mucho y no desperdiciaría para nada la buena disponibilidad de Edward. Me sonrió y nuevamente unió sus labios a los míos y yo gustosa le respondí. Me estaba acostumbrando muy rápido a este show.
¿Que les parecio? ¿merezco un review?
como ven que la que le dara doleres de cabeza a Alice sera Tanya?
quien sera la que se los de a Bella?
No me maten por favor...la fiesta aun prometo muchoo... esta solo es la primera parte y una vez mas, gracias por leerme...pronto subo el proximo capitulo, y las sigo invitando a unirse al grupo... "Inesperda Confusión" con todo y comillas! unanse... nos leemos prontooo, espero sus comentarios, besos lizz! por cierto... ya estoy de VACACIONES!
