Hola de nuevo! se que tarde un poco en actualizar, me disculpo, pero entre la falta de inspiracion y la tarea no había tenido tiempo. Pero ya regresé con este nuevo capitulo que espero sea de su agrado.

Gracias a Vaneg97, Sirenita35 y naniari27 por sus Reviews espero que este capitulo les guste mucho y prometo ponerme a trabajar en los siguientes capitulos.

No les quito mas el tiempo, que lo disfruten mucho! Nos estamos leyendo.

Besos!

A.B.

9.- Enemistades

Sirius se había levantado y había ido en busca de whisky, no había señales de Marian, pasados veinte minutos se acerco a James y a Lily que estaba bailando al compas de la música.

-¿Han visto a Marian?-preguntó lanzando una mirada significativa a James. Éste le regreso una mirada de horror.

-Estaba contigo-

-Dijo que iba al baño…-Sirius se levo una mano a la cara-Soy un estúpido.- Lily miro alternativamente a Potter y a Black, parecía que se traían algo que aparentemente no querían que supiera.

-¿Qué pasa?-miró a James que hizo un gesto de preocupación-¿Por qué les preocupa que Marian no este? Seguramente fue a buscar a Remus a la enfermería-. James y Sirius se miraron alarmados, Lily no comprendía que estaba pasando pero la mirada de James le hizo saber que algo no estaba bien.

-Tú ve a la enfermería, yo iré al Gran Comedor, Lily ¿Podrías quedarte aquí y ver si llega?-le pidió el moreno.

-Yo… no entiendo- La pelirroja seguía perpleja por el misterio de sus amigos.

-Te lo explico después pelirroja-le dijo James besándole la mejilla y corriendo detrás de Sirius. Lily se quedó perpleja y solo los miró partir antes de acercarse a la barra y tomarse de un solo trago un Whisky de Fuego.

Sirius corría sintiéndose el peor de los imbéciles, si algo le pasaba a Marian por su culpa… intentó alejar ese pensamiento de su cabeza y llego al retrato donde dos viejas alcohólicas lo recibieron altaneramente.

-¡¿Usted también señor Black!-Le grito una Dama Gorda ebria desde el recuadro.

-Castillo embrujado-Dijo el moreno sin prestar atención.

-No te voy a dejar pasar, esa mocosa de Griffin ni siquiera a dicho gracias, la muy mal agradecida-Le respondió ella con aire de superioridad.

-¿Marian ya vino aquí?-le pregunto con un hilo de voz.

-Claro que vino, y me amenazo con llamar a Filch-

-La muy desgraciada-intervino Violeta. Sirius no se quedo a escuchar el cuento de esas dos, lo que quería saber ya lo sabía: no estaba ahí, ¿A dónde más podría haber ido? Corrió hacia la enfermería pero mientras bajaba las escaleras se topo con James que negó con la cabeza, casi sin aire. Regresaron alarmados al gran comedor donde vieron a Lily sentada sobre el suelo con el cabello hecho un desastre y el maquillaje corrido y una copa en la mano. James se acercó a ella y le quitó la copa. Ella lo miró y sin más se abalanzó sobre él para besarlo. James se quedó helado. La sujetó como pudo de la espalda y tiró de ella para ponerla de pie. Dejó que los labios de ella se deslizaran temerosos por los suyos, tenía el sabor del whisky impregnado en ellos: pero no le importo. Ella rodeo su cuello con sus brazos y él la sujetó de la cintura. Sabía que hace apenas unos instantes había algo que lo tenía preocupado pero después de aquel impulso de la pelirroja todo se había borrado de su sistema.

Sirius miró la escena sorprendido, así como el corro de alumnos curiosos que se había formado alrededor de ellos. La pelirroja, la mayor representante del club odiamos-a-Potter, el amor imposible de James… por fin había cedido. Los cuchicheos empezaron a llenar el ambiente, sobreponiéndose a la música. Pero a ellos no les importaba. Incluso Sirius, de la impresión había olvidado el asunto de Marian. Sonó el reloj anunciando la media noche y como pasa en los cuentos de hadas, despertó del sueño. Miró a James besando a la pelirroja y recordó a Marian. Pero antes de que tuviera tiempo de reaccionar una pequeña figura se acerco temblando hasta él: era Peter. Su amigo estaba pálido y le faltaba el aire

Algo iba mal.

Todo pasó en menos de una fracción de segundo ante sus ojos. Los alumnos los miraba: eran el centro de toda la atención. Sin pensarlo dos veces elevo la varita y convoco la travesura planeada para Quejicus. El pánico se hizo a su alrededor. James y Lily había rotó su abrazo y ahora miraban a Peter que aun no recuperaba el aliento. Solo una palabra salió de su boca Mordió. Lily los miró pero ellos no respondieron a sus gritos, salieron hechos una fiera hacia el Sauce. Peter miro a Lily y después de sonreír salió detrás de sus amigos. Con el alboroto que había causado el pequeño Monstro de Gives nadie notó la fuga de los Merodeadores, Lily no se demoró y corrió tras ellos, pero lo único que divisó a lo lejos fue a un perro y a un ciervo perderse en el límite del bosque prohibido.

Peter se acerco al botón del Sauce Boxeador: el primero en pasar fue el enorme perro negro, seguido del ciervo y la rata. Se escuchaban el rugido de una bestia, pero era un rugido lastimero, se apresuraron a llegar provocando el eco de sus patas en la casa. Al entrar a la habitación levemente iluminada por la plateada luz de la luna vieron al imponente Hombre lobo en un rincón, aullando con marcas de sangre en su pelaje gris. Y justo delante de la ventana yacía el cuerpo de Marian. Al verlos entrar el lobo los miró y se fue contra ellos. El ciervo se adelanto para frenarlo mientras miraba al perro y después el cuerpo de su amiga. Peter se subió por la cola del lobo y comenzó a darle pequeñas mordidas haciendo que el lobo aullara. Sirius recobro su forma humana y cogió a Marian entre sus brazos. Se volvió una última vez para ver como Peter salía disparado contra la pared y a James embestirlo hacia la pared.

Hacerla pasar por el túnel le llevo más tiempo del que hubiera gustado, pero era demasiado estrecho como para que pudiera pasar con ella en brazos. Cuando logró salir, la obscuridad lo envolvió por completo, la luna se había ocultado tras una densa capa de nubes. Se apresuro a ponerla de nuevo entre sus brazos y se echó a correr. Miraba de vez en cuando el cuerpo de su amiga, no podía hallar la herida que su amigo le había hecho, la sangre corría incontrolable por su rostro y parte de su hombro. Se sintió un imbécil por no haber previsto lo que ella planeaba, por no saber que no se quedaría tan tranquila, por no preocuparse cuando no la vio regresar cinco minutos después de que se había marchado. Tal vez si no hubiera estado sumido en sus pensamientos egoístas ella no estaría así, tal vez ella lo habría golpeado y lo odiara, pero estaría a salvo.

Entró al castillo, algunos alumnos que aún estaban en el Gran Comedor se alarmaron al ver al Merodeador con una chica bañada en sangre, unos soltaron grititos de horror, otros solo soltaron risotadas. El mostro de Gives había sido capturado por unos alumnos de Ravenclaw que en esos momentos silbaba en los brazos de una chica de Griffindor, las letras que recitaban "Cortesía de Los Merodeadores" brillaban con un rojo escarlata sobre el Gran Comedor. Parecía que muchos se habían refugiado en sus Salas Comunes, porque los alumnos eran pocos cuando Sirius pasó por ahí. Diviso la cabellera pelirroja de Lily no muy lejos de donde él paso, pero no había tiempo para detenerse. Subió las escaleras y sintió el entumecimiento de sus brazos por el peso de la chica, pero no se detuvo ni un solo segundo hasta llegar a la enfermería.

Dio una patada a las puertas y deposito a Marian en la primera cama que había. La miró alarmado, parecía inconsciente. Aporreo la puerta de la enferma como desquiciado hasta que ella abrió la puerta.

-¡Señor Black por Melin!...-

-Marian… Remus… ella-El aire le faltaba y solo pudo limitarse a señalar a la cama de su amiga antes de tirarse en el sueño de cansancio. La enfermera se tardo un poco en reaccionar, primero se fijo en Sirius lleno de sangre y después miró el bulto que estaba tendido en la cama. Encendió las velas de la estancia con un simple movimiento de varita y se acercó a examinarla. Sirius seguía tirado en el suelo mirándose las manos llenas de sangre, la sangre de su amiga. Si ella moría… No quería ni siquiera pensar en eso. Las puertas se abrieron de nuevo dando paso a Lily seguida de la profesora McGonagall. La pelirroja se acercó a Sirius llorando después de mirar a su amiga, la profesora se acercó a Pompy.

Sirius abrazó a la pelirroja. No creía soportar ver a su amiga en esas condiciones pero necesitaba verla, saber que estaba bien. Se levantó y dejo a Lily en el suelo. La profesora lo vio acercarse y le pidió que se acercara, la enfermera corrió la cortina justo cuando él estaba lo suficientemente cerca para verla.

-Ve por Dumbledore-Fue lo único que le dijo ella. Él asintió y después de tragar se echó a correr en busca de su director. No sabía cuando todo se había vuelto un caos. No tuvo que andar durante mucho tiempo ya que se encontró a su profesor saliendo de los baños de chicos con su capa morada de estrellas plateadas. Lo miró sonriente.

-Profesor-Saludó Sirius.

-Creo q fue una excelente broma señor Black-Alagó el director y después de echar un vistazo al estado del joven agrego-Creo que hay algo importante que quiere decirme-

-Griffin está en la enfermería, tuvo un encuentro con Lunático-. La expresión del director cambio súbitamente, sus rasgos parecieron ensombrecerse mientras su piel se tornaba pálida.

-Vallamos-Fue lo único que Dumbledore acertó a decir tomando por el hombro a Sirius que no demoro en obedecer las órdenes del director. Se pregunto cómo estaría James y se planteo en regresar con él.-Sera mejor que se quede con la señorita Griffin, estoy segura de que el joven Potter con ayuda de Pettegrew lograran controlar la situació dijo Dumbledore como en respuesta a una pregunta que no había formulado.

De regreso a la enfermería se aceró a la cama de Marian, donde las cortinas de nuevo permitían verla. Su piel estaba de un tono verdoso y una pasta de tono morado cubría parte de su rostro y el hombro izquierdo de su amiga. La señora Pomfrey ponía unas botellas de diferentes tamaños en el mueblecito de noche junto a su cama. La profesora McGonagall le explicaba al profesor lo que tenía su amiga, pero él no entendía lo que estaban diciendo, Se arrodillo a su lado y tomo la mano de ella entre la suya, la contempló ahí tendida, herida e inconsciente y no supo qué hacer, se quedo paralizado a su lado, mirando su rostro. Unas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, luego la rabia comenzó a apoderarse de él. Por su culpa ella estaba así, debía detenerla, debía haber hecho algo para evitar que eso pasara. Remus seguramente estaría enfadado con él cuando supiera que había pasado. La enfermera le pidió que se retirara mientras movía su varia pronunciando conjuros en voz baja.

-¿Qué es lo que ha pasado?-Quiso saber su profesora, él solo negó con la cabeza.

-No la detuve-Hundió el rostro en las manos tratando de controlar su ira.

-Señor Black, usted no tiene la culpa…-Comenzó el director.

-¿NO LA TENGO? ¡SE SUPONE QUE DEBÍA CUIDARLA! REMUS SABÍA QUE INTENTARÍA BUSCARLO, ÉL LO PREVINO, NOS ADVIRTIO Y A MI NO ME IMPORTO, PREFERÍ EMBRIAGARME ANTES QUE PREOCUPARME POR LO QUE MI AMIGO ME HABIA PEDIDO Y ES QUE ESTABA MUY OCUPADO PENSANDO QUE ELLA LA ESTABA PASANDO BIEN CONMIGO QUE LO OLVIDARIA POR UNA NOCHE, QUE NO LO HARÍA, PORQUE ELLA ME HIZO PENSAR QUE POR UNA NOCHE ÉL HABÍA DESAPARECIDO DE SU MENTE, QUE NO LE IMPORTABA…-Se levanto bruscamente y pateó la cama en la que se había sentado. Temblaba de rabia. Todo eso había sido su culpa.

-Estoy seguro de que por mucho que usted hubiera intentado detenerla, ella hubiera encontrado la forma de escapar-Le dijo en un tono amortiguado el profesor poniéndole una mano en el hombro como hacía poco lo había hecho. Sirius suspiró y miro una vez más a Marian. Ahora lo entendía. Entendía porque le molestaba que estuviera con Remus, porque esa noche para él había significado tanto estar con ella. ¿Cómo había sido tan ciego?

-¿La mordió?-

-Si-

Un nudo se formo en su garganta. Así que ella sería un licántropo, por su culpa, y por el resto de su vida.- ¿Dónde está Lily?-

-Bebió demasiado, la mande a dormir-. Esta vez la que había respondido había sido la enfermera. Se volteó de cara a los profesores y con un gesto les indico que necesitaba hablar con ellos en su despacho, ellos asintieron pero antes de desaparecer tras la puerta ella le dio a Sirius un botella pequeña Si despierta hazla beber esto Al cerrar, la puerta hizo un leve "plot", Sirius dejó la botella en la mesita de noche y se arrodillo a un lado de la cama de su amiga. La pasta que cubría su rostro se había convertido en una especie de costra de color purpura, su piel había abandonado el tono verdoso para tornarse en una piel grisácea de aspecto rocoso. La miró con detenimiento, su pecho subía y bajaba de forma irregular, y un sonido ronco, casi inaudible era lo que se escucha en vez de su respiración. Su boca estaba entre abierta, el resplandor de sus colmillos centelló, los miró por una fracción de segundo antes de que se detuviera a mirar sus labios. Esa curva casi perfecta que los adornaba curiosamente. Acaricio su rostro y se acercó, sin pensarlo a ella: y la besó. Deposito un beso en sus labios, y mantuvo su rostro cerca del de ella, con los ojos cerrados, aspirando su aroma.

De pronto sintió como unos dedos se aprisionaban a su mano y la miró. Ella sonrió levemente. No pudo evitarlo, simplemente la volvió a besar, tomo su mano entre la suya y dejo a sus labios moverse delicadamente sobre los de ella. Sintió como ella intentaba rechazarlo, pero su fuerza era poca, y él no quería parar. No fue sino hasta que sintió que ella simplemente se quedaba quieta, que se aparto. Se arrodillo de nuevo y la miró, ella le devolvía la mirada, una mirada cargada de dudas y tal vez un poco de ira contenida. Tomó aire, como para empezar a hablar, pero solo consiguió toser y llevarse la mano al pecho.

-Pompy dice que debes tomarla- Le dijo Sirius entregándole la botellita. Ella la miro y la tomo con la mano que no estaba aprisionada con la de Sirius, aparto el corcho con los dientes y comenzó a beberla sin preguntar. Una gota se derramo deslizándose por su mejilla: Sirius la paró. Era de un color rojizo parecido a la sangre.-¿Qué es?-

-Sangre-Dijo ella sin darle importancia.-¿Por qué me besaste?-

-¿Por qué sangre?-

-Respóndeme-

-Creo… que porque… te quiero- sonrió y volvió a preguntar-¿Por qué sangre?-

-Creo que… porque… soy un vampiro-Al responder inmediatamente apartó la vista de Sirius y este la miró fijamente.

-Bromeas… ¿Cierto?-

Pero antes de que ella pudiera responder, sintió como la mano de ella se aferraba con fuerza a su mano y como se encogía en su cama. Un grito ahogado salió de ella y enseguida salieron Dumbledore, McGonagall y Pumpy. La enfermera lo apartó bruscamente y trato de serenar a Marian, pero ésta se retorcía de dolor en la cama. Algo debajo de su piel parecía estar de fiesta, ya que pequeños bultos se vislumbraban a pesar de la poca luz que había. Su piel volvía a su color normal pero algo parecía atormentarla; cerraba los ojos con fuerza y se encogía cuanto podría abrazando sus rodillas. La enfermera no parecía saber que le pasaba, movía su varita intentando calmarla pero solo parecía empeorar más. Fue Dumbledore él que logró calmarla con un hechizo aturdidor.

Se quedó tendida ante la mirada de todos los presentes. Sirius no podía pronunciar palabra después de haberla visto en ese estado. Miró a sus profesores y el director le sonrió apaciblemente.

-Los espero mañana a todos en mi despacho, después de que el Señor Lupin esté mejor-

-Pero Marian…-

-Despertará mejor por la mañana-. Inclinó la cabeza y salió detrás de la profesora McGonagall.

-Usted debería dormir un poco señor Black-Le dijo Madame Pomfrey antes de desaparecer de nuevo tras la puerta. La miró acurrucada en la cama, con esos bultos en todo su cuerpo yendo y viniendo. Ella parecía dormida, Sirius apartó un mechón de cabello de su cara y besó su frente. Se sentó en el suelo sosteniendo su mano, pensando en lo que había pasado ¿Era ella un vampiro en realidad? ¿Qué pasaría con ella? ¿Por qué no la había cuidado mejor? Remus estaría furioso, o tal vez se sintiera culpable. ¿Ella sabía que había sido Remus quien la mordió? ¿Cómo explicaría todo lo que había pasado esa noche a su amigo? No debieron haberlo dejado solo esa noche, y tal vez Marian estaría bien. ¿Remus sabía que ella era un vampiro? ¿Por qué jamás lo había mencionado? Había mil preguntas rondándole la cabeza, angustia, culpa, confusión. Y fue con esos mismos pensamientos que cayó sumido en un inquietante sueño.

Los primeros rayos del sol se colaron por la mugrosa cortina de la casa de los gritos: la peor parte de la transformación ya había pasado, tomó su ropa, escondida debajo de un tablón falso y comenzó vestirse. Supo que las cosas se habían salido de control cuando noto varios rasguños en su pecho, y unas extrañas marcas en el brazo izquierdo que le escocían. Buscó a Peter con la mirada, ahí estaba en su sofá de siempre, y James estaba tumbado en la cama con un feo golpe en el labio. ¿Qué había pasado? Termino de vestirse empezando a sentir un frio recorriéndole el brazo, miró de nuevo la herida, pero parecían simples rasguños. Se acercó a sus amigos y los movió suavemente, el primero en despertar fue Peter que sonrió y comenzó a desperezarse. James tardo un poco más en despertar pero cuando lo despertó lo primero que hizo fue soltarle un golpe en el hombro.

-¡Me has dejado el labio horrible!-se quejo levantándose de la cama –Te he dicho que en la cara no… y lo primero que haces-. Después sonrió y abrazó a su amigo. –Vamos a la enfermería, creo que… si, debemos ir- Suspiró y sonrió nuevamente a su amigo. Pero Remus no se movió. Sabía que el hecho de que James estuviera con él, los rasguños y su labio roto se debía a que algo se había salido de control.

-Es mejor que lo veas por ti mismo- Le dijo Peter a su amigo mirando alternativamente a Remus y a James. No quiso hacer más preguntas. Salió corriendo en dirección al castillo ¿Dónde estaba Sirius? ¿Había pasado algo con su otro amigo? ¿Lo habría… mordido? Al entrar en los terrenos del castillo fue recibido por una ráfaga de viento helado que le alboroto los cabellos. Hecho una hojeada y vio a sus amigos detrás de él con paso apurado, tomo aliento y siguió corriendo. Sus piernas comenzaban a fallarle, y el aire en sus pulmones parecía ser escaso, la visión se le comenzaba a nublar pero no le importo. Era muy temprano para que los alumnos bajaran a desayunar y más después de una fiesta, pero unos cuantos estaba ya en el comedor gozando de tostadas y chocolate caliente. Unos cuantos se giraron al verlo pasar y lanzaron vítores: seguramente la broma de ayer habría sido magnifica. Subió las escaleras sintiendo sus rodillas vencerse bajo el peso de su propio cuerpo, pero detenerse no era una opción.

Los pasillos estaban desiertos, se escuchaba el eco de sus pasos al pasar como bólido por ellos. Por fin estaba frente a la puerta de la enfermería. Se detuvo a recobrar el aliento y como su corazón se desembocaba ¿Quién estaría tendido en la cama debido a él? Se llevo la mano involuntariamente a su herida: estaba helada y se había tornado de un color azuloso. Eso tampoco era normal. ¿Qué había pasado la noche anterior? Dio un último vistazo para ver si sus amigos se encontraban cerca, pero como no se veía nada; entró.

El corazón se le paralizó al instante, en la primera cama se hallaba un bulto de cabello castaño y piel marmórea, y a su lado Sirius dormido en el piso con la cabeza recargada en la pared. Un nudo se le formo en la garganta, se acercó hasta donde estaban ellos y la miro. Parecía estar simplemente dormida, a no ser por la plasta que cubría parte de su rostro y su hombro izquierdo. Su rostro era inescrutable. Sirius sostenía la mano de su amiga.

Solo se escuchaba el sonido que provocaban los ronquidos de Sirius y un sonido áspero, que parecía corresponder a la respiración de su novia. Intento tocarla pero su herida comenzó a doler de una manera casi insoportable, era como tener algo más frio que un hielo en ella. Se encaminó a la puerta para llamar a Madame Pomfrey pero esta salió anes de que pudiera moverse.

-Señor Lupin, recuéstese, parece exhausto- Le indicó la enfermera señalando la cama del otro lado de Sirius, él asintió con la cabeza y sin decir más se tiró en la cama. Aún con la vista fija en su novia. Madame Pomfrey se acercó a él con la acostumbrada poción que el bebió sin miramientos.

-¿Qué le ha pasado?-Pregunto cuando por fin pudo recuperar el habla. La enfermera se giró para ver a Griffin y su gesto se torció osco. Suspiro y miro a Remus.

-No lo sabemos-

-¿No lo saben?- Remus no daba crédito a lo que había escuchado. ¿No lo sabían? Era tan simple como decir, la mordiste, porque tenía la enfermera que mentirle.

-¿La mordí?- Sabía que si la respuesta era afirmativa no podría soportarlo.

-Sí-

-¿Se transformara?-

-No lo sabemos… ¿Qué tiene en el brazo señor Lupin?-. Éste se miro de nuevo la herida que tenía cubierta bajo su mano, el extraño color azuloso ahora brillaba de manera cristalina, como si se tratara de un vidrio y no de una simple herida, y el frío seguía sin apartarse a pesar de que su mano hervía bajo esa temperatura suya. La enfermera le dijo que dejara examinarlo y él tendió el brazo.

-¿Por qué no saben si se transformara? La mordí… con eso debería bastar ¿No?-

-No en estos casos…

La puerta se abrió súbitamente haciendo mucho ruido, lo que provoco que Sirius despertara.

-¡Por Merlin! ¿Qué te pasó en el labio? ¿Lily te mordió muy fuerte?- Dijo soltando una risotada.

-Escuche eso Black- Dijo la voz cantarina de la pelirroja detrás de James. Miró a su amiga y a Remus. Y se sentó en la cama de su amiga sin decir ni una palabra. James se acercó a Remus seguido de Peter. El silencio se apoderó de la estancia como un gas toxico, la enfermera rezaba en voz baja conjuros con la intención de hacer desaparecer la herida del brazo de Remus pero tras vanos intentos se giró para curar a James y a Peter que al parecer se había roto un brazo.

-¿Cómo les paso todo eso?- Preguntó Lily viendo como Madame Pomfrey se encargaba de ellos.

El silencio se volvió más incomodo que el anterior, Remus miró al piso y después a su novia, tendida en la cama inconsciente y con esa fea pasta cubriendo parte de su rostro. Nadie respondió a la pregunta de la pelirroja de inmediato. Solo se miraron unos a otros, en señal de complicidad. Pero no habían pasado más de unos cuantos segundos cuando Marian comenzó a reaccionar: no había nada de raro en su actitud, parecía simplemente que había despertado de un largo sueño, se estiró y dio un gran bostezo pero al alzar su brazo soltó un quejido y fue cuando cayó en la cuenta de donde estaba. Primero miró a Lily junto a ella, el techo blanco y la luz proveniente de esas enormes ventanas de la enfermería, miró a Sirius al otro lado sonriéndole, y al instante recordó lo que había pasado la noche anterior: la fiesta, su insistencia por encontrar a Remus… ¡Remus! Lo busco con la mirada y vio como él le devolvía la mirada, ella le sonrió pero él apartó la mirada. ¿Dónde estaba él cuando fue a buscarlo a la casa de los gritos? Recuerda haber visto a Peter gritándole que se fuera, a una enorme bestia abalanzándose sobre ella y después de ahí todo estaba borroso, recordaba haberse puesto a la defensiva, y sentir los grandes colmillos de la bestia enterrándose en su hombro, sintiendo que se partía a la mitad, y como ella en el afán de liberarse había clavado sus colmillos en alguna parte del animal, escuchar un chillido y un leve plum, y como su sangre comenzaba a arder en sus venas… Después lo único que recordaba era el rostro de Sirius sobre el suyo, y el cálido beso que éste le había dado, después más dolor.

-Tenemos que ver a Dumbledore- Dijo Sirius rompiendo el incomodo silencio.

-Es cierto-lo apremio la enfermera-Ahora que ya todos están bien y es mejor que se den prisa. Señor Lupin, pídale que examine esta herida… no sé de que pueda ser- se volvió y se acercó a un estante donde sacó la misma botellita de color rojo sangre que le había dado la noche anterior a Marian.- Debería tomarla cuanto antes- Marian suspiro y la tomó entre sus manos sentándose en la cama.-¡Qué esperan!-

Sirius se levantó del suelo y se alzo de hombros, tendiendo su mano a Marian para ayudarla a ponerse de pie. La enfermera agitó su varita y la plasta desapareció de su rostro. Unas feas marcas resaltaban justo en su hombro, eran de un blanco alarmante. Remus hundió más la mirada en el suelo y se levanto rápidamente para alejarse de ella, se sentía culpable: no tenía siquiera el valor de verla a los ojos. Ella lo miró alejarse ¿Por qué se comportaba así? James se encogió de hombros y fue con su amigo al igual que Colagusano. Lily se quedó detrás con Sirius y Marian cuando comenzaron a andar. Las ropas de todos tenían un aspecto horrible, así que Lily se había dado a la tarea de limpiarlos a todos con la varita antes de abandonar la enfermería.

El caminó fue muy incomodo, la tensión entre Remus y Marian era tangible, ella no quería acercarse pero no entendía porque la actitud del castaño, además tener a Sirius sosteniéndola del brazo la inquietaba ¿Por qué la había besado?. Remus por su parte miraba al piso al caminar, James tenía su mano sobre su hombro pero eso no sería suficiente para calmar su culpa. Sabía que jamás debía haber empezado a salir con ella, ahora la había lastimado y era la clases de heridas que no se curan con los años, no era simplemente un corazón roto, era una maldición de por vida. Peter iba sumido en sus pensamientos, James le dedicaba miradas intentando calmarlo; era su forma de decir que sin él las cosas serían peor. Lily miraba a James, no sabía que tanto recordaba de la noche anterior, que había sido producto de su imaginación y que no, pero estaba 90% segura de que el beso, había sido algo real. Luego estaba Remus, y esa desaparición, las marcas en el hombro de su amiga y la fea herida de él, si lo ponía en perspectiva… la herida de ella podía encajar en la de Remus si estos hubieran estado… No, eso era imposible, Marian no habría podido haber dejado una herida de ese tipo y Remus jamás hubiera lastimado de esa manera a su novia. Todo era una completa locura.

Al llegar, Peter susurro la contraseña a la enorme gárgola de piedra que se aparto para dejarlos pasar. No fue necesario tocar a la puerta, porque al llegar ya estaba abierta. Dumbledore les devolvía la mirada y les indicó que tomaran asiento. Cada uno se sentó frente al enorme escritorio del director, Marian miraba insistentemente a Remus, pero el parecía muy afligido por algo. Al haber tomado cada uno asiento el director se acercó a Marian y le dijo con una sonrisa amable.

-Debería tomarla ahora- refiriéndose a la botellita con la que jugueteaba. Ella ignoró el comentario del profesor y espero a que dijera algo mas, Remus se giró disimuladamente para saber si la poción era la misma que el tomaba, pero no era ni un poco parecida. El director se aclaró la garganta y se sentó en su gran silla aterciopelada esperando que ellos comenzaran, pero al ver que todos se mantenían en silencio dijo:-¿Alguien podría empezar? Creo que sería bueno que fuera usted señor Lupin, si no le molesta.-

-Claro profesor-Remus no podía negarse a nada que el director le pidiera, después de todo, él lo había admitido en el colegio a pesar de conocer su problema-Marian…-Un nudo se le hizo de nuevo en la garganta cuando ella lo miro sonriente, tomo un poco de aire y continuo.-Hay algo que debí haberte dicho antes, igual a ti Lily… hace mucho, no importa realmente como pasó pero, un…-Era imposible darle un nombre a lo que pasaba por su mente, era temor, odio… -soy un licántropo.- La mirada de su novia delató sus pensamientos, lo odiaba, lo sabía, sabía lo que eso significaba, ella parecía haberse quedado sin respiración, ya ni siquiera lo miraba, su mirada se había congelado en un punto inexacto de la estancia. Lily miraba a su amigo, pero en cuanto él la miró ella le sonrió apacible, haciendo que su angustia disminuyera un poco mas… sabía que Lily entendía eso, y que no le importaba, esa simple mirada, le había dicho que no importaba.

-No puede ser…-dijo en un susurro Marian aun con la mirada perdida. Sirius solo alternaba la mirada entre sus amigos y el director que los miraba a todos juntando sus largos dedos con un tamborileo incesante.

-Marian yo se que…-Empezó Remus pero ella no lo dejo continuar.

-No puede ser… yo… tú… entonces… Esa herida la hice yo-dijo señalando el brazo de su novio. Él la miro incrédulo y después negó con la cabeza.

-Ningún conjuro…-

-No fue un conjuro-lo miró a los ojos, sus amigos estaban inmutables, tan solo mirando, al igual que el director. Marian alzo la botellita.-Es sangre- Miradas llenas de interrogaciones se clavaron en ella-Sangre humana… soy-Soltó una risa irónica y se alzo de hombros-tu enemiga.- Mordió su labio inferior dejando al descubiertos esos perfectos y afilados colmillos que solía ocultar por medio de un hechizo que le mostro Dumbledore en su primer año.