Loki:Espía de Asgardia.

Misión: #Sigyn.

Capítulo 9.

En alguna parte de Asgard, tras el muro mágico...

Allá, bajando las infinitas escaleras, en las profundidades del Palacio Real, se esconde un ser misterioso.

Está preso, pero a la vez es libre, pues él será el rey.

Mientras espera con ansias el día de su glorioso ascenso al trono dorado, vigila a quién desee desde su asiento con su mágica esfera de cristal; sólo por el puro placer de entretenerse un rato observando las dichas o desdichas de alguien más, incluso de su propia persona, su joven y asquerosamente noble, joven persona.

Reía con gustosa maldad aunque también con pena, al creerlo tan ingenuo y desgraciado. ¿Cómo se le ocurría secuestrar al ser que estaba destinado a causarle la perdición en Helheim y pretender ayudarlo? ¿Acaso no podía ser más idiota?

-¡Condenada Hela, tan lista como su padre!- siguió riendo, con una pizca de orgullo en su mirada.

Tal vez lo mejor sería dejarlo ir con "La Muerte", hija de Hela, hacia el reino de los muertos y permitir que la diosa lo consuma a nada. Tal vez sería la oportunidad ideal para quitarse a ese lastre de encima y evitar por completo un cambio en el destino. Pero lo piensa con más claridad, y los resultados no son muy buenos. Su única alternativa es evitar que entre a Hel, pues corre el riesgo de morir y por ende, él dejaría de existir en el futuro.

El viejo Loki, el Loki del futuro, tomó una decisión.

Pero justo cuando pretendía poner en marcha su primer paso del plan, las puertas invisibles de su estancia se abrieron, comprimiendo los muros mágicos.

-Siempre es un placer recibirla en mis aposentos, Frigga, Madre de todos.-Saludó cortésmente, aún sin darse vuelta hacia la diosa. Antes, borró la imagen de Alfheim bajo una capa de neblina en su esfera mágica.

-Loki, imagino que para estas alturas ya debes saber lo que ocurrió ayer en el Palacio- Frigga entró al cuarto, cerrando las paredes tras ella. Por la expresión seria en su rostro se podía deducir que estaba al tanto de la huida de Loki con La Muerte, lo cual no le hacía la menor gracia.

-Es un muchacho muy listo, madre de todos- giró para verla, disimulando una sonrisa burlona al ver a la reina tan furiosa y por la mentirilla que acababa de decir. Para él no era listo, para él era la versión más patética, vulgar e imbécil de sí mismo, detallitos que muy pronto iban a cambiar. Frigga torció el gesto con enfado y un poco de decepción: Su "querido" hijo, su espía al que tanto adoraba y en que tanto confiaba, le había jugado una mala pasada ante toda Asgard. Y ahora... ahora, corría a él, el viejo y detestable Loki, a buscar ayuda. Típico.

-¿Sabes dónde está, cierto?- preguntó ella, directo al grano. Al parecer, no quería que pasara a una simple visita familiar.

-Me temo que sí. Y no son buenas noticias la que tengo para usted, mi reina.

-Habla ya, embaucador. Loki podría estar en peligro ahora, y Amora también.-Ahora sí salieron a la luz sus verdaderos sentimientos: Miedo y pena.

No estaba enojada con el espía por su traición, y si lo estaba, al menos el sentimiento no era tan grande como el de preocupación, temía por su vida. Tal vez por eso no había ido a buscarlo en compañía de las otras dos diosas, era una madre aterrada, no una reina. Aquello molesto al futuro rey. Frigga, siempre tan blanda y permisiva, con su amor y apoyo sólo lograba que el joven retoño fuera más y más bueno, cosa que al viejo Loki no agradaba en nada.

-No debería preocuparse por él, Loki no desea que su majestad lo busqué ni mucho menos que se angustie por su huida con La Muerte. Cree saber lo que hace y en mi opinión, lo mejor sería dejarlo así- contestó claramente molesto pero fingiendo despreocupación.-Está a salvo...por ahora.-sonrió y Frigga palideció.-En cuánto a Amora, ella...

-NO-lo interrumpió ella- No Loki, no lo dejaré sólo y tú tampoco lo harás. Debes obedecer a nuestro trato, como yo ya lo hago teniéndote aquí. No sólo por su bien, sino por el de todos, con esa cosa por ahí suelta, todos corremos peligro.

-¡Bien!-sentenció el dios del engaño, levantando los brazos con desdén y con el gesto más amargo y fastidiado que pudo hacer en el momento. Frigga no estaba dispuesta a renunciar a su idea de salvar al joven espía. No tuvo más opción que confesar dónde se encontraban ambos jóvenes:- Están en Alfheim, en lo alto de las montañas, es todo lo que pude rastrear de él, más que de él, de la energía de Gram. ¿Contenta?- No quería hacerla enojar, podía arruinar sus tratos y sus planes en el futuro. Mejor sería cooperar.

-Será suficiente por ahora. Mandaré las tropas hacia ese reino.- Frigga dio la vuelta, dando por terminada la charla pero Loki la detuvo de nuevo al hablar.

-Yo no lo haría- coreó con cierto tonillo burlón en su voz, haciendo que la diosa volviera su vista hacia él.

-¿A qué te refieres?

-Mi estimada Frigga- se puso de pie, encaminándose hacia ella enigmáticamente. Cubriendo a la mujer por completo con su sombra. Era enorme.-Alfheim aún no está curada de las revueltas en sus pueblos más grandes. Lady Sif y los tres guerreros no han podido contener los disturbios en varias zonas. Me parece que están muy ocupados por el momento. Si su intención es capturar a La Muerte, mi reina, sin los guerreros no es posible y con un simple y débil ejército asgardiano tampoco. Todo se irá a la basura.

-¿Qué propones entonces?-sugirió ella. Dándole la aprobación y la lógica a sus palabras-Los dioses tienen prohibido salir de Asgard, Heimdall ha sellado por expresa orden mía la salida a todo ser con fuerzas más allá del nivel estándar nuevo portador de Mjolnir no ha aparecido. No tenemos ningún otro apoyo

-Se equivoca, Madre de todos.- sonrió él, volviendo a su lugar en su provisional trono, Frigga lo siguió con la vista. Apoyando los codos en los brazos de la silla y entrelazando sus manos apenas un poco. Loki se inclinó un poco y sonrió de nuevo.- Aldrif Odinsdottir.

-¡Ángela!- exclamó con sorpresa. Los ojos azules de Frigga brillaron con esperanza. ¡Cómo no se le ocurrió antes!

-Exacto. Lo único que debemos hacer es localizarla y ella le dará caza a La Muerte. Según sé, ningún demonio se le ha escapado nunca. Es perfecta para esta misión. Misión Sigyn já! Qué título más adecuado.

La Madre de todos restó importancia a sus mofas y lo que a ella le parecían incoherencias de un loco como él y sonrió por primera vez. De buen ánimo ahora que había encontrado la solución, gracias al viejo Loki.

-Buen trabajo rey Loki. Traeré las buenas nuevas pronto y espero lo mismo de ti- le hizo una leve y educada reverencia con la cabeza.

-Regrese cuando guste, Madre de todos- copió el saludo. Sentándose firme en su silla de plata.-No tengo planes para salir este fin de semana- terminó mordaz.

Frigga salió, cerrando con su magia los muros.

-O tal vez sí...una pequeña visita a Helheim no me caería mal...

Mientras tanto en las altas montañas de Alfheim.

Sigyn, recostada en un sillón, en plena sala, miraba por la ventana el paisaje frío, pensativa.

No había mucho que apreciar ahí, en aquel pico congelado entre las montañas, salvo la luz del amanecer queriendo atravesar las espesas nubes para calentarla un poco, aunque eso no hacía falta: Loki había instalado un extraño aparato que apareció con magia para contener una temperatura agradable en la cabaña.

Loki era generoso y amable como nunca antes nadie lo había sido con ella.

Y ahí estaba, pensando otra vez en Loki.

Puede que comenzara con el pie izquierdo con él, pero luego de sus promesas estaban en buenos términos, endebles sí, pero por el momento estables. Al menos prometió no apuñalarla nunca más.

Aunque ella no le dio su palabra de no intentar matarlo de nuevo, pues tampoco podía hacerlo.

Luego de su amena e incómoda conversación, Loki fue a descansar un poco, confiando en que ella no escaparía ¿a dónde iría con sus poderes bloqueados y el mortal frío en el exterior? a ninguna parte. Estaba atrapada, jodida: Los dioses la buscaban, el espía la había secuestrado y llevado a un lugar donde no podía matar a nadie y posiblemente, Hela también la buscaba, furiosa.

-¿Despierta tan temprano?- La voz de Loki la sorprendió, sacándola de sus pensamientos, haciendo que girará hacia él.

Él bostezó mientras limpiaba sus ojos y se estiró un poco. También iba descalzo y con ropa más ligera.

Sigyn sonrió dulcemente y luego volvió su vista hacia la ventana y el viento frío de afuera.

-Yo no duermo.-contestó sin verlo cuando lo sintió a su lado- Como tampoco me alimento de esa comida tuya- le dijo recordando su anterior charla, cuando él le ofreció a probar una pieza de lo que parecía pan y lustre rosado. Asegurando que no tenía veneno y era delicioso-… No desde el hechizo de Hela.

-Debes estar cansada de todas formas-le siguió él, sólo por hablar de algo.

-Sí, aunque no tanto como tú-ella sonrió, mirándolo al fin- Para ser un dios, te agotas muy rápido.

Loki resopló con aburrimiento, sentándose en el suelo. Ella no estaría feliz hasta que le dijera más sobre él, según lo entendía.

-Ya te lo dije antes, no soy un dios.

-¿No?- Sigyn se extrañó, inclinándose sobre el brazo del sillón para ver a su compañero mejor- ¿Entonces?

Bien, si quería ganarse más su confianza, tenían que conocerse mejor...pesé a que eso iba en contra de sus propias reglas y métodos.

-Nací en Midgard- respondió al fin-Mejor dicho, renací en Midgard. Pero soy natural de Jotunheim.

-Ya veo... ¿Y qué hay de Asgard?- Ella estaba segura de que tenía algo que ver con esa gente, aunque no quisiera aceptarlo.

-Asgard es mi hogar de crianza. Fui adoptado por la familia Real.- Esperaba no estar diciéndole demasiado, además no importaba, ella ya conocí bastante bien el Palacio y a la Corte asgardiana.

-¿Príncipe de Asgard?-A loki le llamó la atención que ella se impresionara con eso, su tono de voz la delataba.- ¿Eso cierto? ¿En verdad eres príncipe de Asgard?- Volvió a mirarlo con sus ojos llenos de curiosidad, no había nada más en esa mirada azul cielo, ningún atisbo de malicia, sólo genuina curiosidad. Él era experto, el maestro de los mentirosos y pudo ver con claridad que no había muestras de engaño en su actitud.

-Sí, lo soy. -sonrió.

-Segundo en la línea, ¿cierto? Tu hermano sería Thor, aunque él ya no es digno del mazo mágico, sigue siendo el heredero.

-Sí...- hizo una sí que estaba desconfiando de ella. Puso cara seria- ¿cómo sabes eso de Thor?

Sigyn guardó silencio, apenada y un tanto asustada por la mirada calculadora de Loki sobre ella.

-Dime, Sigyn-continuó él, poniéndose de pie y cruzándose de brazos.- ¿cómo supiste eso?

-Yo...yo lo escuché en Asgard, lo dioses lo dijeron en su reunión.

No pareció convencido y siguió observándola con recelo, caminando de un lado al otro.

-¡Es verdad! Nunca antes había oído de él, no que lo recuerde al menos.

-De acuerdo...- Loki volvió a sentarse, solo que esta vez en el sofá, junto a ella.-Te creo.- Sigyn le devolvió la mirada y él a ella- Los dioses de la corte pueden ser unos chismosos, de hecho lo son. Juzgan a todos pero ellos son peores.

Guardaron silencio un instante.

-Te odian.- afirmó Sigyn.- ¿por qué?

-Odian a todos los que no sean como ellos y su doble moral, pero si quieres saber, es porque cometí crímenes atroces e imperdonables contra Asgard, de hecho contra todo Yggdrasil...-sonrió.

-woow ...- exclamó Sigyn.

-Pero me odian aún más, porque Madre de Todos me dio una segunda oportunidad.

Sigyn pareció comprender. Atando cabos sobre lo que él le había dicho, más todo lo que había escuchado, llegó a una única explicación: Él trabajaba para ellos para pagar por sus crímenes.

-Muy lista- dijo él, sonriendo y ella se sorprendió ¡¿Leía mentes también?!- Sí, lo hago.

-Me asombras, en verdad. Tienes habilidades muy buenas...seguro hay más que sólo eso. -bajó la cabeza, de pronto triste. Mirando sus manos con atención.

-Sí, hay más, tal vez luego te muestre un poco. ¿Sigyn?...- La aludida volvió hacia él.- Tú también las tienes...-Trataba de ser condescendiente con ella. Él sabía qué era usar sus poderes para el mal si la naturaleza lo ordenaba.- Sólo es cuestión de voluntad, de fuerza y valentía para retar a la maldita creación y demostrarle que si se puede cambiar si uno así lo desea. Mírame a mí...-se echó a reír de un chiste que sólo él y su yo interno conocían.- Mi alma le pertenece a Madre de todos, pero soy libre en algún sentido.

Ella sonrió. Loki le inspiraba confianza y paz, como si al fin hubiese hallado lo que estaba buscando...en él. Seguridad y amor fraternal.

-Espero poder hacerlo igual que tú.

Loki no dijo nada más, ni siquiera parecía haber estado escuchándola. Estaba callado, ido totalmente. Como si presintiera algo.

Y así era, no le gustaba para nada la presencia que sentía. Relativamente cerca, en el reino. Conocía esa energía.

-Sigyn, hay que huir de aquí.-Se puso de pie, cambiando con magia sus ropas. Ya ni la miraba, sólo se movía rápido. Recogiendo algunas cosas.- ¡Ahora!

-¿Qué sucede Loki?-la preocupó bastante su actitud. Temiendo lo peor. Así que se puso de pie también, siguiéndolo hasta la puerta.

-Tendremos compañía.- le contestó serio.